Autor, Literatura, Marzano-Lesnevich

Nada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich

Llegué a este libro de casualidad. Fue Diego, lector del blog, que me lo recomendó. Simplemente lo anoté y esperé a que le llegara su turno.

Lo compré un tiempo después y decidí empezarlo enseguida, más que nada porque la curiosidad me empujaba a su lectura. Como sabéis no suelo leer las sinopsis, así que no sabía con detalle de la temática de la historia, más allá de lo que aparece en el subtítulo: un asesinato y unas memorias.

Nada más real que un cuerpo es la historia de un asesinato real. La muerte de Jeremy, de 6 años, que murió en Luisiana en 1992  y por el cual el pedófilo Ricky Langley fue condenado a muerte.

En el caso de las memorias, y al contrario de que lo yo habría adivinado, son las memorias de la propia Alexandria Marzano-Lesnevich.

Inicialmente, darme cuenta de que la autora se iba a atrever a contar la historia de Jeremy Guillory y la suya de forma paralela, me hizo enarcar una ceja. ¿Cómo de importante se tenía que considerar la autora para pensar que al lector le podía ser interesante lo que tenía que contar de su familia? ¿Quién es capaz de comparar una vida normal con el asesinato de un niño?

Al principio del libro no sabemos de qué lo que nos quiere contar la autora sobre sí misma, lo que sí sabemos es el modo en el que conoció la historia de Jeremy: unas prácticas para un bufete de abogados en el que el caso Langley aparecía como uno a estudiar. Se añade además que la propia Marzano-Lesnevich comenzó su experiencia como firme opositora de la pena de muerte. Estos tres elementos (su conocimiento del caso, sus convicciones éticas y su propia experiencia personal) le conectarán con un caso atípico del que iremos conociendo más detalles poco a poco.

Para ello, la autora se apoyará en informes, grabaciones, testificaciones y también en información sobre la vida de la familia de Jeremy y el pasado de Langley para acabar explicando qué antes, durante y después, abarcando también lo que sucedió en los juicios posteriores. Una investigación muy pormenorizada que ella misma incluye al final del libro, en un epígrafe fuentes consultadas, donde explica el fundamento de cada afirmación que ha ido vertiendo anteriormente.

Los capítulos del crimen se alternan con la vida de la autora. Lo cual genera un desequilibrio del que se sabe aprovechar: si al principio la historia que más nos interesa conocer es la de la muerte de Jeremy, hacia la mitad del libro cuando nos explica su historia, la cosa cambia.

(No quiero desvelar sobre qué se trata en concreto. Sólo apuntar que la duda que embargaba al principio desapareció cuando narró no sólo lo que le sucedió sino lo que conllevaba su experiencia).

Nada más real que un cuerpo es un libro extraño. A camino entre un true crime del estilo de A sangre fría, de Truman Capote, pero en el que se incluyen hechos autobiográficos y reflexiones concretas sobre temas éticos (la pena de muerte, el papel de los adultos ante determinadas situaciones) y otros procesales como el sistema judicial estadounidense. Pero es también casi un thriller, casi una historia de autoficción (de las que, no sé si es que abundan mucho o me paso leyendo una detrás de otra), casi una novela policíaca. Si no fuera porque desgraciadamente, todo lo que cuenta es cierto y detrás de cada testigo, de cada prueba y debajo de la historia de Langley está Jeremy: su vida perdida y su dolor, el sufrimiento de su familia y la injusticia de perder a un pequeño cuando apenas había empezado a vivir.

Dice en la sinopsis (que, ahora sí, he leído), que es un libro inquietante. Quizá han incluido inquietante que es un adjetivo mucho más pintón que el que habría incluido yo: molesto. Molesta leer sobre una muerte real. Sabemos lo que hay ahí fuera, pero es molesto que nos lo recuerden, que despojen de la impersonalidad tanto al criminal como a la víctima: narrar cómo era su vida y los pequeños detalles nos hace darnos cuenta de que tanto unos como otros están ahí, cerca. Y eso inquieta. Molesta también porque nos hace reflexionar: sobre la culpa, el remordimiento, sobre los secretos (todas esas cosas que se saben, se susurran, se comentan), determinadas cosas que se dan por hecho (esa persona siempre ha sido así) y se aceptan sin preguntar. Molesta conocer la historia de la autora.

Leer Nada más real que un cuerpo ha sido como correr un sprint sin estar preparado. Tienes ganas y lo lees rápido, lo devoras, te ansía conocer más; pero llega un momento en el que tus pulmones no dan más de sí, las piernas sólo sienten calambres y tu cerebro empieza a lanzar mensajes de autosabotaje. El libro te molesta. Ya no necesitas más detalles, sólo parar.

Nada más real que un cuerpo es también un libro de los que pasan desapercibido como lo pasan en la parrilla televisiva los programas de sucesos a pesar de que siempre, siempre, estén ahí.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La mezcla, extraña, entre narración objetiva, memorias y temáticas a reflexionar.
Contras
  • La última tercera al incluir más detalles, la fuerza inicial desaparece.
  • Libro molesto.

Namaste.

Literatura

El ángel del olvido, Maja Haderlap

Os comentaba en una entrada anterior que había pasado por un bloqueo lector.

Pues bien, hoy os traigo uno de los causantes del parón.

El ángel del olvido (Periférica, 2019), llegó a mi estante tras acudir a una librería. No conocía nada ni del libro ni de la autora y tampoco tenía ninguna referencia de ellos. Decidí colarlo entre mis lecturas animada al saber que se trata de una novela corta, que apenas llega a las 300 páginas.

La acción se sitúa en Austria, en la frontera con la antigua Yugoslavia. Nuestra protagonista es una pequeña que, desde sus ojos de niña narra la vida con su familia en una época en la que las heridas de la Segunda Guerra Mundial no han llegado a cicatrizar. La historia pintaba bien, parecía perfecta para empatizar con los personajes y acabar a lágrima viva.

El estilo, lleno de lirismo, ponía una nota de color que se contraponía con la evidente tristeza de las anécdotas y situaciones de los personajes.

He caído dentro del carcaj de la muerte, he oído su respiración, he palpado sus fauces.

Página 69

Sin embargo, nada de lo anterior conseguía que leyera 30 o 50 páginas de golpe. Imposible. Escogía este título, apenas leía 10 páginas y acaba postergando su lectura. Decidía empezar otro libro, y trataba de convencer de que cuando terminara este nuevo, esta vez sí, iba a seguir con El ángel del olvido hasta por fin terminarlo. Pero nunca ocurría. Pasaron los días y las semanas hasta que por fin acepté que el denominador común era este libro.

Así que, siguiendo mis propios consejos para superar un bloqueo lector, acepté que este libro no es para mí. Que esta lectura no conecta con mis gustos o que simplemente, no la he pillado en buen momento.

Aceptemos que no siempre se acierta, que no todas las lecturas del año son fantásticas y maravillosas y que muchas acaban relegadas a, precisamente, lo que adelanta el título: el olvido.

Que sean pocas, que sepamos escoger es también parte del éxito del año lector. Ser capaz de huir de modas, reconocer voces o temas que no nos interesan, saber qué es lo que nos conviene y nos gusta leer, huir de determinadas novedades. No es fácil. De todo se aprende. Y si no se acierta, como en este caso, pues a otra cosa. ¡Será por libros!

Namaste.

 

 

Literatura, Smiley

Un amor cualquiera, Jane Smiley

Fue en 2019 cuando descubrí a Jane Smiley con La edad del desconsuelo, que no sólo me gustó sino que lo incluí entre las mejores lecturas del pasado año. Así que cuando me enteré de que Sexto Piso volvía a publicar a la autora, este título pasó a mi lista de libros que leer. ¡Gracias por el envío, chicos!

Como habréis visto en el anterior post, ya he comprado otro título de ella (además por el que le dieron el Pulitzer, Heredarás la tierra), con lo que podréis imaginaros que Smiley se ha hecho por derecho propio, un hueco entre mis autores a los que seguir la pista.

Un amor cualquiera narra la historia de los Kinsella. Una familia con cinco niños aparentemente normal que cambiará de rumbo cuando el padre se lleva a los niños a otro país de un día para otro. La fractura de la familia como punto de partida de un camino que marcará una bifurcación entre lo que pudo haber sido y lo que fue.

Aún con un planteamiento aparentemente triste, los derroteros que toma la autora para contarnos la historia de la familia están bastante alejados del componente lacrimógeno. Smiley decide dar un salto temporal, que los niños sean adultos y que, con el manto de serenidad del tiempo puedan conversar y reflexionar sobre lo que supuso en su vidas.

Hay cosas que podemos hacer sin problema en nuestra familia – comer tranquilamente, prestar dinero, contar secretos – pero cuando nos juntamos, los ecos del pasado nos desbordan.

Página 15

Lo que consigue es generar un interés adicional más allá de la relación paterno-filial, con lo que podemos conocer los roles y la relación de los hermanos entre sí, sus caracteres y su vida adulta.

Un amor cualquiera es una de esas novelas que te sacan de un bloqueo lector. Que te animan a abandonar cualquier pantalla a la que estés pegado para meterte de lleno en sus páginas. Es una de esas historias donde la acción es parca, siendo importante las conversaciones, lo pequeño del día a día: una mirada, un café pendiente, el regreso de alguien querido. Sutilezas que parecen fáciles de conseguir pero que engañan.

¿Cuántas veces no hemos podido empatizar con un personaje después de mil páginas? Más de las que me gustaría admitir. ¿Y por qué con Smiley todo es tan sencillo? ¿Cómo conseguirlo en menos de 150? No tengo respuesta. Lo que sí sé es que esa aparente sencillez viene de la mano de una sensibilidad que me topado, con varias autoras: Nell Leyshon o Jesmyn Ward, por poner dos ejemplos. Historias sencillas, sin alharacas, que demuestran lo difícil que es narrar lo pequeño y lo bonito y elegante que lo hacen ellas.

Aprovecho para animaros a leerla, regalarla a vuestros seres queridos y de paso os dejo una cita que me ha gustado:

¿Es que no basta con vivir y morir? ¿Por qué hay que dejar constancia de todo?

Página 91

Eso. Por qué.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Historia intimista, elegante y aparentemente sencilla.
  • Te saca de un bloqueo lector y es perfecta para meterte de lleno hasta que la terminas. Exactamente como el rato que me brindó al tomar la fotografía.
Contras
  • Al ser tan corto quieres saber más de la familia. ¿Habéis visto This is Us? Pues eso.

Namaste.

 

IMM, Literatura

IMM (68): el regreso.

31 de agosto. Día Internacional del Blog. Buen momento para volver por aquí y dejaros unas palabras después de tanto, tanto tiempo.

La vuelta a la mal llamada Nueva Normalidad me dejó bastante descolocada. En junio me prodigué poco por aquí y en julio directamente desaparecí. Mis vacaciones coincidieron con un bloqueo lector que me llevó hasta agosto, donde la falta de tiempo me animó a mis pocas ganas de leer para avanzar poco o nada en mis lecturas.

Pero al final, poco a poco, los días se hacen paso y aunque he ido escogiendo lecturas más o menos sencillas que me ayudaran a seguir mi bajo ritmo lector, he podido acabar algún que otro libro que os iré enseñando.

Además, como era de esperar, tenía muchas ganas de pasarme por las librerías. En este caso os traigo el primer pedido que hice, 10 libros, la cifra que suelo comprar cuando me acerco a la Feria del Libro de Madrid. Son los siguientes:

  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad. La edición la firma la editorial Navona, que ha decidido sacar una línea con los libros ineludibles, los que siempre figuran en la lista de libros atemporales. Justo lo estoy leyendo ahora mismo. Es corto así que espero terminarlo en breve.
  • Nada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich. Recomendación de Diego por Instagram (otro lector enamorado de Libros del Asteroide). Un libro que tenía curiosidad por conocer. Como siempre, no leí la sinopsis antes de comprarlo. Os adelanto que hay un asesinato, el resto lo dejo para la reseña, que ya lo he terminado.
  • Hambruna roja, Anne Applebaum (Debate). Suelo comprar ensayos históricos sobre temas que me interesan. El Holodomor ucraniano es uno de ellos, así que me decidí por este.
  • Mientras agonizo, William Faulkner. A pesar de que ¡Absalón, Absalón! en la estantería desde hace bastante, me tentó esta edición conmemorativa de Anagrama y al final se vino conmigo.
  • Heredarás la tierra, Jane Smiley (Tusquets). He leído un par de libros de esta autora (La edad del desconsuelo y Un amor cualquiera) y ambos me gustaron. Con este título le dieron el Premio Pulitzer así que mis expectativas son muy altas.
  • Viaje a Rusia, Josep Pla (Destino). La pluma lúcida e inteligente de Pla la disfruté en El cuaderno gris, y me apetecía volver a él. Ha pasado demasiado tiempo, lo sé.
  • La piedra de toque, Edith Warton. Esta edición la firma Circulo de Tiza. Y sí, de verdad que este va a caer en breve.
  • Middlemarch, George Eliot (Alba Editorial). Uno de mis eternos pendientes que quiero leer cuanto antes. Libro largo, mítico, de esos que hay que leer y que admito, me avergüenza decir que yo aún no lo he leído.
  • La palabra del mudo, Julio Ramón Ribeyro. Descubrí al autor por el ensayo de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén. No lo he leído nunca y tras ver esta edición del 90 aniversario de Seix Barral me animé a escoger este título. No me digáis que la portada no es preciosa.
  • Howards End, E. M. Foster. Lo he visto mucho por redes sociales y todo el mundo habla de él. Tengo curiosidad por conocer su contenido, porque como siempre, no sé de qué trama. Sólo sé que me atrae mucho. Sí, también es bastante largo.

Y vosotros, ¿qué estáis leyendo? ¿Habéis leído alguno de los que traigo?

Felices lecturas.

Namaste.