Autor, Literatura

La casa de los lamentos, Helen Garner

Regreso, en este tórrido verano que estamos sufriendo, para seguir dejando constancia respecto a mis últimas lecturas. Sigo leyendo aunque tengo las neuronas bastantes fritas y de ahí mi ausencia por estos lares.

Hoy os traigo La casa de los lamentos de Helen Garner (Libros del KO, 2018), es un libro de no ficción en relación al juicio que tuvo lugar por el presunto asesinato de un padre a sus tres hijos.

El caso se sitúa en Australia en el año 2005. Un padre, con sus tres hijos en el coche se dirige a dejar a los pequeños con la madre tras pasar juntos el Día del Padre. De camino, pierde el control del vehículo y acaba dirigiéndolo a una balsa. Sus tres hijos se ahogan, él consigue escapar. Lo que se dilucida en el juicio es si el accidente fue premeditado, como violencia vicaria hacia la ex esposa, o si como dice el conductor, sufrió un ataque de tos que originó que se desmayara durante unos segundos.

Helen Garner acude a diario a las sesiones del juicio, donde se acumulan una serie de testigos, a favor y en contra, que testifican sobre el matrimonio, las intenciones del padre y su situación médica. Todos aquellos que se hayan enfrentado a una sentencia o que hayan visto un juicio saben perfectamente qué problemas hay en narrar lo que allí acontece: el puro aburrimiento. Porque unos dicen una cosa y otros la contraria, porque unos médicos testifican que puede ser que sí se haya desmayado por un ataque de tos y otros que no. Garner lo que hace en poner por escrito cada dato, cada detalle, cada comentario. Lo cual nos lleva al total y puro aburrimiento, tras la reiteración de la información, las acusaciones, los testigos más o menos fiables, las tácticas de los abogados. Al contrario que otros libros como el famoso V13 de Emmanuele Carrère (donde analiza el origen de la célula terrorista y hombre tras hombre los pasos de los asesinos) un suceso como este tiene pocas ramificaciones, pocas implicaciones más allá de la duda, el dolor y la rabia de la familia.

Me ha sorprendido que en muchos lugares especializados comentan que La casa de los lamentos es muy interesante porque la periodista ahonda en la psicología de los personajes. A mí no me ha parecido para nada así, me ha parecido un libro muy descriptivo y redundante, que no ahonda demasiado en nada más porque sus únicas fuentes son las judiciales. Para aportar algo más que el juicio en sí la periodista debería haber tenido una investigación paralela con alguna otra fuente que supusiera una novedad.

Me ha parecido un quiero y no puedo, algo que parece prometer un libro como El adversario de Emmanuele Carrère pero que queda en una crónica judicial poco interesante que seguramente habría quedado mucho mejor como reportaje en una revista, ahorrando tiempo un lector que se merece algo más que reiteración de datos.

FICHA:

Del estilo de:V13 de Emmanuele Carrère.
Pros– La historia podría haberse quedado en un reportaje largo.
Contras– Repetitiva y sin análisis.

Namaste.

Autor, Literatura

Alimentar a los fantasmas, Tessa Hulls

Igual que menciono que apenas veo películas, o que tengo muchas de esas consideradas imprescindibles pendientes de ver, cuando hablo de novelas gráficas digo que he leído algunas pero que tengo considerables lagunas.

Más tarde, cuando la conversación avanza, me doy cuenta de que poco a poco he ido leyendo unas y otras, al menos las más relevantes, al menos las indispensables. Porque con la tontería, y año tras año, trato de estar al día con esas historias que en forma de viñetas han conseguido un podido por derecho propio en la literatura.

Alimentar a los fantasmas (Reservoir Dogs, 2026) ha sido la galardonada con el Pulitzer, como ya lo fuera esa otra maravillosa historia de Art Spielgelmann, Maus. Ambas tienen un par de componentes en común: son autobiográficas y analizan el pasado de sus progenitores.

Esta es la historia de tres mujeres que comienza cuando la abuela y la madre de Hulls huyen de la China maoísta, primero de Shanghái y después de Hong Kong para acabar emigrando a Estados Unidos.

Sun Yi, la abuela, se convierte en escritora superventas al narrar la historia de su exilio, pero ese éxito viene de la mano de una pesada losa: la de la enfermedad mental, al sufrir una crisis nerviosa que la hará dependiente de su hija.

La madre de Tessa, Rose, es la bisagra de ambas relaciones. El único contacto con Sun Yi, madre china que no habla inglés, y el enlace con las raíces de Tessa, en quien trata de trasladas sus obsesiones, exigencias y visión cultural, sin entender que su hija no comparte la cultura, los miedos ni los principios que mantiene ella.

Quizá si Alimentar a los fantasmas hubiera mantenido la importancia de la vida de abuela y madre me habría gustado más, pero Tessa Hulls incluye una parte muy grande en relación a su infancia y a la escritura de este libro, un ejercicio de autoficción de esos que están tan de moda, en el que se excede con páginas de más.

Pero como todo en la vida, bien está lo que está bien hecho, y en este caso creo que a pesar de tratarse de una buena historia adolece de fallos en relación a la información que quiere incluir: múltiples reiteraciones datos, mientras que en otras ocasiones se aporta una información nueva por la que se pasa por encima a pesar de tener relevancia, saltos temporales que desorientan al lector, y en general la sensación de que esa división de 9 partes más epílogo es artificial, o se ha trabajado de forma individual y pierde la unidad que se supone en este tipo de historias.

Mención aparte, porque quizá esto sea cosa mía, es esa visión típicamente estadounidense que, siento admitirlo, rechazo de plano. Me refiero a esa teatralización de los sentimientos, a esas exageraciones a las que estamos demasiados acostumbrados, esa visión estadounidense en la que todo parece un plató de televisión y donde las lágrimas han de ser derramadas para demostrar el dolor porque hay alguien mirando. Por desgracia no he marcado ninguna viñeta en la que os pueda demostrar este punto, es esa sensación de falsedad en la forma de contar las cosas, esos diálogos hueros que vemos en realitys y películas de segunda fila, no sé si entendéis por dónde voy.

Hay incluso paralelismos o comparativas entre una vida y otra, a la hora de mencionar la incomprensión, que personalmente, me generan vergüenza ajena. Esto es, comparar la represión y soledad de Sun Yi, que se tuvo que mantener al margen de su familia para que la maquinaria represora del Estado no les matara con la soledad de una hija de inmigrantes en los Estados Unidos de los 90 me genera un rechazo difícil de obviar. La autora no se despeina y es capaz de poner ambas situaciones con una página de diferencia, haciendo la cosa mucho más desagradable.

No sé si achacarlo a un caso de pura egolatría, o a la tendencia de hacer todas las historias como autobiográficas para captar la atención de un lector moderno al que la China le Mao le queda lejos pero que quizá pueda comprender mejor los problemas de ansiedad de la autora. Quizá haya sido una exigencia de la editorial, o una decisión de Hulls, no sé. Lo que sí veo es los problemas que genera y no es sino un desequilibrio apabullante entre las dos historias previas a la suya en favor de sí misma y su proceso de sanación y de escritura. Cuando, evidentemente, lo interesante son esas dos mujeres que solo se tienen una a la otra y que se enfrentan a un enemigo externo y además a otro enemigo interno.

Probablemente el problema radica de base: que Hulls jamás pudo mantener una conversación con su abuela, que toda la información que tuvo venía filtrada por su madre por lo que la información está necesariamente sesgada y limitada por la visión infantil que podía no comprender cada paso que daba Sun Yi. Incluso cuando visita a otros familiares chinos, dado que ella no habla chino, la traductora sigue siendo Rose.

No quiero que penséis que no me ha gustado absolutamente nada esta historia, porque me ha gustado en gran parte, pero tengo la sensación de que esto de las tres generaciones de mujeres chinas lo hemos visto mejor organizado en otro libro, que no es sino esa maravilla que es Cisnes salvajes de Jung Chang.

Namaste.

Autor, Literatura, Martin

Fuego y sangre, George R. R. Martin

De vez en cuando leo bestsellers y no podía faltar en este blog la reseña de Fuego y sangre, la precuela de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin, una saga que he leído por completo a falta de la sexta entrega y que fue adaptada con mucho éxito a televisión. Por aquí tenéis las reseñas de todos ellos: Juego de tronos, Choque de reyes. Tormenta de espadas, Festín de cuervos y Danza de dragones.

En esta ocasión nos trasladamos al pasado para conocer la vida de los Targaryen desde el primer Aegon, el Conquistador y la fundación de Desembarco del Rey hasta la guerra entre las dos secciones de los Targaryen (también denominada Danza de Dragones, una coincidencia evitable con el quinto título de la otra saga, la verdad).

Por algún motivo y por mi propia responsabilidad al no leer sinopsis, pensaba que el libro iba a tratar hasta los últimos momentos de El Rey Loco y que así engarzaría directamente con la saga de la serie televisiva, pero no es así, ya que el libro termina bastantes años que el último de los Targaryen. La realidad es que esta precuela está dividida en dos partes, la segunda de la cual versará sobre los últimos de la sangre del dragón. Cuándo la veremos, pues imagino que nunca.

En fin, los errores y los aciertos de Martin son los que ya imaginamos: en un lado, mucha imaginación, lucha por el poder y buena creación de los personajes y sus pulsiones. Por otro, hilos desiguales, reiteraciones que se notan sobre todo en los cambios de capítulos, en otras ocasiones información que falta que aparece después, ambas circunstancias consecuencias de haber escrito el libro en momentos temporales diferentes; y por supuesto, como en el resto de sus novelas, páginas de más.

En relación a la edición, la cosa es aún más ardua. Lo primero: la falta de un mapa de todo Poniente es una falta difícil de obviar. Se incluye un árbol genealógico en el se podría haber incluido más información, como la correspondencia jinete-dragón. Y después está la traducción. No augura nada nuevo comprobar hasta 5 traductores en la misma historia, y se nota muchísimo cuando hay un cambio de uno a otro, por las expresiones y reiteraciones del vocabulario que tienen algunos. Bastante vergonzoso y difícil de justificar: una edición que no se ha revisado, que debió de pulir los errores y conseguir un texto más uniforme para un lector que de más tiene como haberse gastado 25 euros en una edición que, si tienes suerte, no se desmonta mientras la estás leyendo. Todo esto se debería dar por sentado pero ya sabemos que la realidad es otra, y lo cierto es que deja en mal lugar a una editorial grande que compró los derechos de una historia a lo gallina de los huevos de oro. Total, la fama precede a la historia y puedo maltratar las novelas de 20 formas posibles porque aún con esas, los lectores vendrán a mí. Tirón de orejas para Plaza y Janés.

Mentiría si no admitiera que en el primer tercio de la novela me ha entretenido y me ha alegrado empezarla. La combinación de mitología, variedad de historias y crueldad es algo reconfortante, o simplemente regresar a la familiaridad de un mundo del que creías que ya no podías volver siempre deja una sensación cálida en el corazón lector. Pero como siempre en Martin, sus novelas son desiguales: flaquean en algunas tramas, sobran hilos en otras y hay demasiada paja y reiteración.

En fin, y por no repetirme con lo que ya he comentado, soy lectora y siempre leo antes de ver la versión cinematográfica. En este sentido, me parece que he cerrado el círculo de la historia de Poniente, un mundo que va a quedar en el imaginario de lo fantástico para siempre.

Y eso ya es mucho decir.

FICHA:

Te gustará si te gustó Danza de dragones, George R. R. Martin.
Pros– El mundo propio que crea Martin,
Contras– La traducción debería tener una unidad de la que carece.
– Hay reiteraciones y sobran páginas.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (117): libros nuevos y la Feria del Libro de Madrid

Un año más, el Retiro se viste de gala para atender a la literatura. Las casetas y los lectores aparecen a finales de mayo para inundar el parque de libros, comentarios y firmas y para, por supuesto, aumentar la lista de pendientes. En esta ocasión he aprovechado para conseguir la firma de dos de mis autores vivos favoritos: Mircea Cartarescu y Gustavo Faverón Patriau. Además, cómo no, para hacerme con un buen puñado de historias. Estos son los que se han venido conmigo:

  • Gente independiente, Laxnell (Trotalibros, 2026). Llevo mucho, mucho tiempo con esta novela en el punto de mira, y no me escondo, lo que me echaba para atrás eran las 800 páginas de una historia que desde fuera parece larguísima. Finalmente, tras valorarlo mucho, lo he acabado comprando, espero poderlo leer pronto porque he leído opiniones elogiosas y tengo muchas ganas de ponerme con él.
  • Abril o nunca, Juan Gómez Bárcena (Seix Barral, 2026). Los que lleváis tiempo conmigo ya sabéis que sigo a a este autor desde hace tiempo, por aquí habéis visto pasar Kanada, Los que duermen, Ni siquiera los muertos y Lo demás es aire, así que tenía ganas de hacerme con su última novela y aproveché para conseguir su firma también.
  • Por senderos que la maleza oculta, Knut Hamsun (Nórdica, 2026). De la biblioteca del Nobel noruego me faltaba este título que la editorial ha publicado recientemente. Es su última historia y creo que en el orden de lectura este libro no está entre los primeros. Sin embargo, me quedo más tranquila sabiendo que descansa junto a sus hermanas que ya sabéis cómo va esto de los libros y de repente algunos desaparecen. De nuevo, si no habéis leído al autor, os recomiendo no perderos Hambre, que además tiene nueva edición en Nórdica. Aquí os dejo la reseña.
  • Fonseca, Kane (Impedimenta, 2026). Una parte de la historia de la vida de Penelope Fitzgerald novelada que tiene muy buena pinta. Ojalá leerlo ya, porque siendo sincera aún me quedan otras novelas de la autora británica pendiente de leer. El ansia, imagino.
  • Galán, Alston Anderson (Trotalibros, 2026). Un conjunto de relatos ambientados en Estados Unidos que no pensaba comprar pero que Jan me ha recomendado. Ha acabado en mi bolsa. Cosas de la Feria.
  • Nosotros, Yevguieni Zamiatin (Salamandra, 2023). Dicen que es la primera de las distopías. Comentan que a George Orwell le influyó para escribir 1984. Llevaba tanto con ganas de comprarlo que no podía faltar en mi lista tras verlo por muchos sitios.
  • Canción dulce, Leslie Smiliani (Cabaret Voltaire, 2017). Llego tardísimo a este libro que todo el mundo a estas alturas ya he leído. Y yo no es que no haya leído éste, sino que tampoco me he estrenado con la autora. Voy a contrapie pero ya sabemos que los libros no caducan. Lo paso a la lista de libros próximos porque quiero colarlo ya.
  • Nunca me abandones, Kazuo Ishiguro (Compactos de Anagrama, 2007). Tengo mala experiencia con los autores asiáticos, aunque sé que no debería generalizar para todo el continente, la verdad, y más con este que por lo que dice todo el mundo es más británico que japonés. Este dicen que es uno de esos libros que hay que leer. Como en otras ocasiones, la editorial decidió cambiar la portada para que apareciera un fotograma de la película, algo que me no me gusta nada, pero bueno, es la única edición que hay de esta historia.
  • Corazón salvaje, Larry Kingford (Dirty Works, 2025). Este es el primer título de una saga de ocho novelas, los típicos que reconozco que no son para mí o al menos no correspondo al nicho de lectores interesados en este tipo de literatura. Sin embargo, de vez en cuando y viendo buenas opiniones de lectores por redes, lo acabé anotando por eso que tenemos demasiado los lectores: curiosidad.
  • La hora de la estrella, Clarice Lispector. (Debolsillo, 2025) A los anteriores se suma este título que me regalaron por el Día del Libro, de un autora que tengo pendiente desde hace mucho del que parece el mejor libro para comenzar a leerla.

Me han quedado por comprar un par de libros de Bryce Echenique, que aún no lo tenían en la caseta de Anagrama, esos los dejo para la próxima vez.

Namaste.

Autor, Literatura, Pérez Galdós

Siguiendo con la Primera Serie de los Episodios Nacionales: tercer y cuarto títulos

Después de leer Trafalgar y La corte de Carlos IV, continuo con la primera saga de los Episodios Nacionales de Galdós leyendo El 19 de marzo y el 2 de mayo y Bailén.

Comentaba en esa entrada que mi intención era seguir leyendo la saga en meses impares de 2025. La realidad es que no conseguí hacerlo, así que he empezado este 2026 leyendo 2 más de la Serie con el objeto de seguir avanzando, aunque sea poco a poco, con esta magna tarea.

Como las dos anteriores, la tercera y cuarta son también diferentes entre sí, ya que mientras que El 19 de marzo y el 2 de mayo es una historia más lenta de los cambios de ubicación de Gabriel y la historia entre bambalinas, en Bailén acudimos al pueblo jienense para conocer de primera mano la primera batalla que pierden los franceses en España.

En este sentido, la primera tiene un ritmo más lento y la segunda uno más rápido, que se corresponde con los movimientos de las tropas y con los diálogos de los vecinos de Bailén que narran lo que ha acontecido.

Llega la parte más interesante para mí, la verdad, porque admito que todas las tramas de Gabriel en búsqueda de su enamorada me dan bastante igual, y esta desconexión me hace aburrirme o buscar el resto de los hilos de la historia que ocurre a espaldas de protagonista. Igualmente, el aspecto folletinesco de Galdós empuja a saltarse detalles en los que se detiene más de lo que le interesa a un autor de 2026.

En cualquier caso, la guerra está aquí. Supongo que las novelas más interesantes están por venir.

Namaste.

Autor, Literatura, Singer

Los hermanos Ashkenazi, Israel Y. Singer

El problema de la lista infinita de pendientes es que cualquier libro que sea recomendado hoy, por decir una fecha, va a acabar siendo leído dentro de, siendo optimistas, 4 o 5 años, siempre que por algún motivo no se cuele entre los que se leen en el momento de la compra que son los menos.

Los hermanos Ashkenazi (Acantilado, 2017) cumple con creces lo anterior. Lo compré en 2019, cuando me recomendaron este título del hermano Singer no galardonado con el Nobel. Su extensión, en otra serie de cosas relegaron su lectura año tras año. Me propuse leerlo en 2023 pero no ha sido hasta 2026 que no me he puesto con él.

El título de la novela ya nos adelanta a los protagonistas de la historia: dos hermanos judíos. Uno listo, el otro fuerte, dos antagonistas, rivales, que toman caminos muy diferentes en la ciudad de Lodz de principios de siglo XX.

Los cambios en la sociedad polaca, la transformación de una ciudad cualquiera en la capital textil del país, la lucha entre empresarios por hacerse el control de la ciudad, además de los cambios políticos que van impactando en su mundo en el que la religión jasídica que profesan marcan su visión y tradiciones, mientras la mentalidad de los protagonistas va cambiando poco a poco.

Como buenos hermanos, no pueden ser más parecidos a Caín y Abel. Simja, el inteligente, orgulloso y ambicioso que busca convertirse en el rey de la ciudad a cualquier precio. Yánkev, por contra, es el hermano fuerte, simple pero noble, que busca hacer siempre lo correcto.

Ambos tienen sus formas de hacerse notar en un mundo en el que está todo por ganar. Ambos son víctimas de un férreo control familiar, que comienza desde niños y que les marcará en el futuro, para tratar de huir o de cambiar aquello que no les agrada.

Un tercer personaje que va cobrando más y más importancia según vamos leyendo es Lodz. Ciudad gris y sucia, supone el punto central de la industria textil polaca, despreciada por unos pero atrayente para los que quieren auparse con dinero ante una sociedad brutalmente capitalista en la que vale más quien más tiene.

Como todas las novelas largas, hay periodos más entretenidos y otros que decaen. Hilos que se pierden en pro de otros que parecen menos interesantes. Personalmente me ha dado rabia que no haya existido algún tipo de equilibrio entre los hermanos, porque a pesar de que se trata de una novela coral, es Simja el centro de atención de toda la acción. 700 páginas de hermanos en las que Yánkev parece un secundario en muchas ocasiones. Quizá es que no se trata de una novela de hermanos, algo que confunde al leer el título, sino de una historia de la ciudad de Lodz, esa que pasa de ser un pueblo a una potente ciudad, en un momento de muchos cambios: desde la Revolución industrial hasta la Gran Guerra.

En este sentido no es la novela redonda que esperaba. Es una buena historia, sí. Nos acerca a un mundo de costumbres y tradiciones que un cristiano al uso desconoce, y se situa en un momento histórico en el que no pudo haber más cambios en una zona fronteriza que añade complejidad a la situación. Sin embargo, se me ha hecho algo arduo en varios momentos, más bien por aburrimiento que por estar mal escrito, porque Singer es un buen narrador, sencillo en su forma de describir, que mide bien los diálogo y crea personajes complejos y potentes, pero que en concreto parece que se pierde de lo que quiere contar hacia la mitad de la historia.

En definitiva, un buen libro, pero lejos de la imagen que tenía de lo que me iba a encontrar.

Ahora me falta leer a su hermano.

FICHA:

Te gustará si te gustó La amiga estupenda, Elena Ferrante. (por la relación entre los personajes)
Los Netanyahus, Joshua Cohen. (en relación a la religión)
Pros– Radiografía perfectamente la sociedad de la época.
Contras– Desequilibrio entre los hermanos.
– En algunos momentos la trama decae y puede resultar aburrido.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (116)

Van pasando las semanas y no os he enseñado las compras de los últimos meses, que son las siguientes:

  • Hambre, Knut Hamsun (Nórdica, 2026). Este libro ya lo habéis visto por aquí, pero en otra edición que no acababa de llevarse bien con el resto de libros que tengo del noruego, así que sí, caí en la tentación de volver a comprarlo para que todos sean de la misma edición, y para la relectura, claro. Hamsun es genial, ya sea Pan, Victoria o este, tenéis que leerlo.
  • Este mundo ciego, Jesmyn Ward (Sexto Piso, 2026). De los autores que a uno les gustan ha de leerse todo lo que se puede. La autora me convenció con La canción de los vivos y los muertos y tenía ganas de hacerme con esta nueva novela que acaba de publicarse.
  • El americano tranquilo, Graham Greene (Libros del Asteroide, 2026). Cuando no sabes qué leer, cuando encadenas varias lecturas que no te han convencido, lo mejor es recurrir a esos escritores de calidad que sabes que narren lo que narren lo van a hacer estupendamente. Eso le sucede al británico. Tengo en casa Brighton Rock sin leer pero este título, que es una de sus historias más cinematográficas, también tenía que venirse a casa. Por aquí tenéis El final del affaire y El revés de la trama, todos de Libros del Asteroide.
  • Desde hace dos mil años, Mihail Sebastian (Impedimenta, 2025). Este libro lo descarté cuando lo vi por redes, por eso de que no hay tanto tiempo suficiente como para leer todos los libros que nos llaman la atención. Pero más tarde leí una opinión lo suficientemente elogiosa para desear leerlo, así que he acabado comprándolo, aunque lo difícil es sacarle hueco para su lectura.
  • Revolución, Hugo Gonçalves (Libros del Asteroide, 2025). Tengo la sensación de que de los vecinos portugueses leemos siempre lo mismo, al genial de Fernando Pessoa y Sostiene Pereira de Tabucchi, pero nada más. Este es un libro para salir de esa dictadura y conocer algo más de su historia reciente, de la que admito sólo conozco sólo alguna pincelada.
  • El sueño del jaguar, Miguel Bonnefoy (Libros del Asteroide, 2025). Otro hueco que tengo, en este caso en relación a la literatura hispanoamericana, es la de Venezuela. De hecho sólo tengo un libro de Miguel Otero Silva, aún sin leer, Casas muertas, Oficina número 1. No es el mismo caso puesto que Bonnefoy es medio chileno y nació en Francia pero en esta ocasión la faja me ha seducido. Me gustan las historias que engloban varias generaciones.
  • El cabello de Venus, Mjaíl Shiskin (Impedimenta, 2026). Regalo por mi cumpleaños, viene avalado por Nuria de Moito Conto, y es un autor ruso, así que pinta bien.
  • Koljós, Emmanuele Carrère (Anagrama, 2026). Un autor asiduo por aquí, del que me quedan apenas un par de libros de leer de su obra. Ya os he hablado de Una novela rusa, El adversario, Limónov, De vidas ajenas, El estrecho de Bering, El bigote y V13. Crónica judicial que leí a principios de este año, así que estaba claro que iba a acabar comprándolo. Lo están poniendo por las nubes pero ya sabemos que con este autor tooooodo son elogios.
  • Madame Vargas Llosa, Gustavo Faverón Patriau (Fulgencio Pimentel, 2026). Como leo pocos vivos es lógico que a los que sí que leo acabe comprando sus obras en cuanto salen. De este ya tenéis mi opinión aquí.
  • Alimentar a los fantasmas, Tessa Hulls (Reservoir Dogs, 2026). No es que sea demasiado lectora de novela gráfica, pero si a una de ellas le dan el Pulitzer, voy de cabeza. Ya me pasó con Maus, de Art Spiegelman, esa obra de arte con mayúsculas sobre ratones y campos de concentración. A este le sacaré hueco en cuanto pueda.

Mi intención es no comprar nada más hasta la Feria del Libro de Madrid, allá por el mes de junio, pero ya sabemos que la carne es débil y el jueves es el Día del Libro.

Contadme, ¿habéis comprado mucho últimamente?

Namaste.

Autor, Literatura, Schweblin

Kentukis, Samanta Schweblin

Sin haberlo planeado me acerco a un nuevo libro de la argentina cuando sale la noticia de que ha sido galardonada con el premio AENA y un millón de euros (lo de que una empresa pública que gestiona aeropuertos se dedique a organizar un premio literario me lo tiene que explicar alguien con dibujitos).

Evidentemente lo anterior fue pura coincidencia, porque lo que me trae de regreso a leer a la argentina fue lo contenta que terminé tras la lectura de Distancia de rescate (Seix Barral, 2025) que dan ganas de releer en el mismo momento que terminas la última frase. Así que he tratado de compensar mi llegada tan tarde a una autora tan talentosa que escogí Kentukis (Seix Barral, 2025) otra de sus novelas.

El planteamiento es el siguiente: vivimos en un mundo en el que se ha creado un sistema de conexión mundial entre amos y mascotas robotizadas, similares a los antiguos Furby. Me explico: compras un peluche y en el momento de la conexión te conectas con quien sea que haya comprado un acceso a un muñeco de forma aleatoria. Según tengas suerte o no puedes acabar con el individuo interesante o de tu bloque o viajar a un país en la otra punta del mundo y conocer una cultura nueva.

Esto, que parece ciencia ficción no deja de ser eso que hacemos a diario a golpe de scroll con las redes sociales de turno: meternos en la vida de una persona que nos muestra sin tapujos su día a día, su casa, lo que hace y lo que no, sin que ellos sepan quiénes somos los que miramos (o incluso alardeando de que hay mucha gente mirando, claro). Hay quien comparte su día, sus aficiones, incluso que se graba en momentos íntimos, que detallan casi cualquier cosa que les ocurre. Y claro, los demás también mostramos retazos de nuestras vidas. Algo que nos parece normal ahora pero que si rascamos un poco, se asemejaría a un episodio de Black Mirror.

Esto ocurre en Kentukis: conexiones variopintas como las que tenemos en redes sociales, algunas de ayuda y apoyo entre gente solitaria, otras divertidas y graciosas, pero también malintencionadas, que pretenden usar su información para obtener algún tipo de rédito o que, directamente buscan imágenes sexuales que compartir con otros depravados.

Schweblin crea una historia multicoral en el que acompañamos a kentukis y amos en la evolución de sus relaciones desde el momento de la primera conexión. Saltar de unos a otros aporta dinamismo en una historia que engancha desde la primera página, que equilibra las líneas más lentas al ser compensadas con tramas más dinámicas, generando un ritmo rápido. Si bien hacia la mitad la historia se resiente, por exceso de detalles, donde creo que habrían sobrado unos cuantos capítulos en beneficio de continuar con esa velocidad propia de las redes: todo ya. Mañana estaremos a otra cosa.

Si algo es la buena literatura es visionaria, ese poder de anticipar problemas, de teorizar lo que puede suceder, de analizar los peligros que pueden tener las cosas que van ocurriendo. Esto hizo la autora ya en 2018 con esta historia. Darle banda ancha a un anónimo a que sepa dónde vivimos, cuál es nuestra rutina o qué tenemos en la nevera es concederle un poder enorme que, en manos equivocadas ya sabemos que puede terminar mal.

En resumen, aún con las expectativas altas que me dejó Distancia de rescate, Samanta Schweblin consigue una novela interesante y entretenida en un tono y tema y estilo muy diferente de la anterior. En este sentido, se nota que es cuentista, por eso de ser certera en sus frases, algo que se agradece mucho en estos tiempos donde otros creen que la literatura se hace al peso.

Seguiré leyendo a la autora, lo próximo deberían ser sus cuentos, pero está claro que con una obra tan interesante, Schweblin va a pasar a formar parte de los autores a los que leo anualmente.

Supongo que tras ese abultado cheque seguirá escribiendo, ojalá con la misma calidad.

FICHA:

Te gustará si te gustó Distancia de rescate, Samanta Schweblin
Pros– Inteligente, certero. La variedad de tramas ayudan al ritmo y a enseñar distintos aspectos de la experiencia.
– Lo visionaria que resulta la historia.
Contras– Hacia la mitad la historia decae, se podrían haber suprimido algunos capítulos.

Namaste.

Autor, Faverón Patriau, Literatura

El particular mundo de Gustavo Faverón Patriau

Tras la lectura de Vivir abajo (Candaya, 2019) y Minimosca (Candaya, 2024) que acabaron en lo mejor de las lecturas de sus respectivos años, me lancé de cabeza a conseguir el resto de los libros de este talentoso peruano, y por eso compré El anticuario y decidí leerlo a principios de 2026.

Previa a sus otras dos novelas más largas, en El anticuario (Candaya, 2015) Faverón se desquita con uno de sus temas predilectos: la locura. Daniel, protagonista de la historia, es acusado de un crimen, uno nuevo tras el que motivó su entrada al centro, y será un amigo, a la postre el propio autor, quien lo visite.

De nuevo, el autor juega con la confusión y la ambigüedad y la fina línea entre la cordura y la locura además de entre los propios personajes. A veces no sabemos quién es quién, si alguno de ellos son personajes inventados por los locos o si, precisamente, el loco es el más cuerdo de todos.

Pero qué vamos a pretender entender de una novela que comienza así:

Según la esposa de Conrado Lycosthenes, que era extranjera, en su país las mujeres ponían huevos como las gallinas. Conrado la mató, y en el lecho de muerte encontró un huevo amarillo y a través de la rajadura de su cáscara vio el rostro dormido de una criatura idéntica a él.

Página 9

Como en Vivir abajo, como en Minimosca, hay otro papel importante en torno a la violencia. En el mundo de Faverón siempre hay crímenes, asesinatos despiadados, masacres impunes, que en muchos casos no se sabe bien quién cometió.

Estilísticamente comparte con sus hermanas la casi ausencia de diálogos, y esos párrafos frenéticos que comienzan por un tema, terminan por otro y que invitan y presionan al lector para que siga leyendo.

En este caso, si la lectura de sus novelas más largas, que llegan a las 700 páginas, se os hace complejas o más complicadas por falta de tiempo, El anticuario puede ser una buena puerta de entrada a su obra, ya que es una historia más corta y más asequible que las anteriores.

Sin pretenderlo, hace poco he terminado de leer la última de sus novelas publicadas, Madame Vargas Llosa (Fulgencio Pimentel, 2026) y es que al enterarme de que Laura, de Librería Girasol, iba a organizar un club de lectura con presencia del autor, no podía perder la oportunidad, así que adelanté su lectura.

Mucho más corta que las anteriores, Madame Vargas Llosa viene con el sobrenombre de Más opio para el pueblo, iniciando una nueva serie de historias conectadas entre sí que según el propio autor serán más numerosas y más cortas a la vez, pudiendo llegar a las 7.

En Madame Vargas Llosa encontramos un claro homenaje al Nobel, en el que además, lo predominante son las historias: las que busca el novelista que da nombre a la novela, las que trata de plasmar Ruy Guerra en sus películas, las de las telenovelas del loco Fittipaldi.

Una madrugada abrí las ventanas de mi departamento y, debajo, pasaron los años haciendo morisquetas por las calles de Río de Janeiro, desfilando al pie de mi balcón, uno tras otro, como los carros alegóricos del carnaval de la pena.

Página 79

Y es que sí, Fittipaldi es un loco que también, como Daniel en El anticuario, pasa por un psiquiátrico, que ha cometido un crimen, pero que no se sabe muy bien si es víctima o verdugo.

En esta ocasión el personaje de Madame Vargas Llosa es la que presenta el elemento diferenciador con la ambigüedad que supone ir vestida del novelista y actuar como si fuera él, mientras busca plasmar algunas de sus historias. Además, en esta ocasión, los capítulos son más cortos, por lo que la lectura resulta más asequible que en las anteriores.

El resto, puro Faverón: conexiones entre personajes, historias llenas de vericuetos entretenida y con más humor que en las anteriores.

Piénselo, dijo él. Piénselo bien y escriba un libro que sea la historia de su vida, y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros, del mismo modo que la vida nos enajena y nos empuja a ser otros, como me ha pasado a mí y le ha pasado a usted (…).

Página 159

En este caso la novela resulta más prima que hermana de las anteriores, pareciendo un tríptico entre El anticuario, Vivir abajo y Minimosca y una nueva serie de historias que comienza esta Madame Vargas Llosa. Perfecta para conocer al autor, Madame Vargas Llosa resulta más amable que las anteriores, menos cruel.

Leedle y me comentáis. Insisto porque de verdad es un autor muy bueno. Y porque ya sabéis, en un mundo de novelitas sencillas, de fórmulas reutilizadas una y mil veces, llegar a un autor original, valiente y arriesgado es siempre motivo de celebración.

Por este tipo de autores es que soy lectora.

FICHA:

Te gustará si te gustó Vivir abajo, Gustavo Faverón Patriau.
Pros– Las conexiones entre los personajes.
– El particular mundo de locos, violentos y amantes de las historias que despliega.
Contras– Sus novelas más largas me parecen más completas y redondas.

Namaste.

Autor, Literatura

Niebla, Miguel de Unamuno

En la lista de los libros permanentemente pendientes estaba este, Niebla (Austral, 2010) de Miguel de Unamuno. Uno de los típicos títulos que se suelen incluir como lecturas obligatorias en el instituto pero que en mi caso nunca me llegaron a mandar. Escuché que se recomendaba leerlo, fueron pasando los años hasta que lo compré y por fin decidí que este era su momento (en parte porque planeo leer La península de las casas vacías de David Uclés y muchos lo mencionan como influencia clara).

Empiezo para deciros que debo de ser una rara avis pero las ediciones de Austral no me gustan. El exceso de notas al pie me saca de la historia, aclarar determinadas palabras básicas me parece redundante. Sé que su propósito no soy yo como lectora pero qué le voy a hacer si su catálogo es inmenso y no se puede huir de ellos. Intento, cada vez, no prestar atención a los numerillos de marras, pero lo siento, se me van los ojos.

Niebla tiene como protagonista a Augusto, un solterón bonachón que vive con su pareja de sirvientes. Dedicado parte de su vida al trabajo y a la contemplación, su vida cambia cuando conoce a una pianista, o a la imagen ideal que de ella tiene, como veremos más tarde, para pasar a la niebla del amor. A la duda perpetua.

Pero la historia va más allá de una simple trama de amor, ya que lo que se plantea es una historia de espejos, o más bien una historia de metaliteratura, porque entre las dudas de amoríos y existenciales de Augusto, la verdad se revela y se le comunica su existencia puramente literaria, algo que trata de resolver conversando con su autor, en una entrevista interesante y graciosa que nos plantea el vasco.

Esta es la parte verdaderamente importante, la que sale más allá de la trama de amoríos, la que enfrenta a la criatura y a su creador, la que plantea elementos filosóficos y desestabiliza al protagonista, ¿puede decidir el creador cuándo poner fin a la vida de la criatura?

Niebla es lo que esperaba y más, ya que la primera parte también es interesante, plagada de frases que se dedica Augusto y que conversa con su fiel perro Orfeo:

Ésta es la revelación de la eternidad, Orfeo, de la terrible eternidad. Cuando el hombre se queda a solas y cierra los ojos al porvenir, al ensueño, se le revela el abismo pavoroso de la eternidad. La eternidad no es porvenir. Cuando morimos nos da la muerte media vuelta en nuestra órbita y emprendemos la marcha hacia atrás, hacia el pasado, hacia lo que fue. Y así, sin término, devanando la madeja de nuestro destino, deshaciendo todo el infinito que en una eternidad nos ha hecho, caminando a la nada, sin llegar nunca a ella, pues que ella nunca fue.

Página 98

Sin embargo es el tercio final el que le da la importancia que tiene a la historia. El que la saca y la pone como referencia en la literatura: la parte que plantea un juego de espejos donde el personaje puede enfrentarse al creador, donde puede refutar todo lo anterior que sucedió, dudar sobre cada acción del pasado.

Tristísima, dolorosísima había sido últimamente su vida, pero le era mucho más triste, le era más doloroso pensar que todo ello no hubiese sido sino sueño, y no sueño de él, sino sueño mía. La nada le parecía más pavorosa que el dolor. ¡Soñar uno que vive… pase, pero que le sueñe otro!

Página 242

En definitiva, Niebla es una deliciosa historia, con mucha profundidad y que aguanta relecturas, con muchas referencias, y un planteamiento absolutamente genial.

Este es mi recordatorio para que escojáis ese libro que se os resiste sacar de vuestra lista de pendientes y, ahora sí, lo leáis.

FICHA:

Te gustará si te gustó La vida es sueño, Pedro Calderón de la Barca.
Oblómov, Goncharov.
Pros– Capítulos cortos, reflexiva, interesante y amena.
– El juego que desarrolla Unamuno en la parte final.
Contras– La edición de Austral.

Namaste.