Autor, Butler, Literatura

Algo en lo que creer, Nickolas Butler

Con el paso del tiempo hay autores a los que recurro cuando me entero de que van a sacar algún libro nuevo. Literatura algo ligera pero siempre entretenida y de calidad: Maggie O´Farrell, Nell Leyshon o Nickolas Butler son tres ejemplos.

Algo-en-lo-que-creerDe Butler ya había leído Canciones de amor a quemarropa (2015) y El corazón de los hombres (2017) así que cuando Libros del Asteroide anunció que iba a publicar otra novela suya lo anoté en mi lista de la compra libresca yé y lo compré para leerlo cuanto antes. Mi intención, además de pasar un buen rato con la lectura, era comprobar si mis ganas por leer a Butler estaban cayendo en picado o bien había algún tipo de salvación posible.

Y es que mientras que la primera me pareció muy buena a El corazón de los hombres le saqué unas cuentas pegas, así que ¿me convencería esta tercera?

En Algo en lo que creer Butler centra la historia en el personaje de Lyle, un hombre a punto de jubilarse que vive con su mujer en un pueblo de Wisconsin. Su familia y su círculo cercano de amigos se ven sacudidos por dos problemas que desestabilizan su tranquila vida. Por un lado, el regreso de la hija y el nieto. La alegría del regreso al hogar paternal se ve eclipsada por la irrupción de Steve, pastor de una extraña congregación religiosa que comienza una relación con la hija. Por otro, la enfermedad de Hoot, amigo del protagonista, situación que le hace enfrentarse a una crisis existencial.

Ambos hilos confluyen en un tema raíz, tal y como lo adelanta el título: la fe.

Shiloh, la hija, comienza a cambiar hábitos para adaptarse a la congregación religiosa. El protagonista, escéptico, no ve con buenos ojos al cantamañanas de Steve. Además, la enfermedad incurable de su amigo le hará rememorar su vida, enfrentándole a una muerte que ve cercana.

Es un milagro, pensó. Todo ello. Es un sueño, es un sueño milagroso, sin duda, estar vivo, haber vivido.

Página 279

Todo esto, lo que surge después y cómo van actuando los personajes en el desarrollo de la trama no me ha acabado de convencer. La actitud tolerante de los padres frente a las decisiones de la hija, excusando, justificando o incluso alentando la fe extremista de ésta, (que llegan a participar en actos ceremoniales con los que no comulgan sólo para que ella no se moleste) son actos y posiciones con los que no conecto. Al no conectar no puedo sentir la empatía que busca el autor, así que me acabo saliendo de la historia, me es incompresible y por tanto, irreal.

Quizá en una sociedad como la norteamericana, o en determinados Estados o comunidades la trama que nos cuenta Butler sea común. El propio autor avisa que:

Esta novela está parcialmente inspirada en los sucesos ocurridos en Weston, en el estado de Wisconsin, el 23 de marzo de 2008.

Así que me he acordado mucho de la anterior novela de Butler. En aquel caso, en el tema scout: entiendo a lo que se refiere, comprendo la sensación de camaradería, aventura o compañerismo que narra pero me es tan ajeno como si viniera un extraterrestre a explicarme sus problemas. Lo escucho pero no me cala.

Si nos centramos en el estilo, al contrario que en otras de sus novelas, en Algo en lo que creer apenas hay saltos temporales. La historia es mucho más lineal, centrada en el personaje principal y abandonando la voz coral de los otros dos libros que he mencionado. Creo que esa linealidad le hace ganar orden pero perder dinamismo, incluso llega a aburrir al lector en determinados momentos. 

Lo que sí sabe hacer bien el autor es describir unas relaciones sólidas y creíbles entre los personajes, trasmitir amor y ternura en ellos, creando una red familiar con la que podemos conectar, especialmente en la relación abuelo-nieto.

Nada hay tan pesado en el mundo como el féretro que porta el cuerpo de un niño pequeño, pues ningún adulto que haya soportado alguna vez esa carga puede olvidarla jamás. Enterrar a un hijo es una tragedia a la que muchos padres no logran sobreponerse nunca. Oscurece el sol, arrebata el color, apaga la música. Disuelve los matrimonios como un ácido, desangra la felicidad  y no deja tras de sí más que un rastro inerme de gris desesperación.

Página 309

Me gusta el estilo de Butler. Cómo envuelve con sus tramas y las relaciones entre sus personajes, que se centran en el amor y la amistad. Cómo resuelve las historias (¿es casualidad que los fragmentos sean todos del final del libro?), la inclusión de la ternura, el amor, la esperanza. Sin embargo, me temo que sus temáticas o intereses van por otros derroteros totalmente diferentes de los míos. 

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo crea la relación entre los personajes.
  • El final del libro.
Contras
  • Historia plana, con determinados momentos aburridos.
  • No  he podido conectar con la historia más que en momentos puntuales.

Namaste.

 

Huisman, Literatura

Fugitiva y reina, Violaine Huisman

Cuando compré este libro, justo hace un año, jamás habría pensado que iba a leerlo en las circunstancias que nos acompañan, en un confinamiento que cambió nuestras vidas de un día para otro. Lo que al principio parecía un guión de alguna película apocalíptica (escenas de pánico, supermercados desabastecidos, imágenes de centros hospitalarios atestados…) acabó siendo una realidad a la que nos hemos tenido que acostumbrar.

Fugitiva-y-reinaDigo esto porque las condiciones extraordinarias que vivimos me han influido más de lo que me gustaría admitir en la lectura de Fugitiva y reina. El hecho de que lo empezara antes de todo esto y lo haya terminado hoy mismo ha convertido mi lectura en algo no lineal que roza la irrealidad.

Fugitiva y reina (Hoja de Lata, 2019) narra la vida de Catherine Cremnitz, parisina, desequilibrada y madre de dos niñas. Sí, una historia de madres (¿otra? Estaréis pensando muchos, ¿acaso están de moda?).

La estructura es bastante importante para comprender la historia de Catherine. En la primera parte su hija pequeña es la narradora, centrándose en la personalidad y relaciones de su madre con el resto de los miembros de la familia, además de contar algo de su pasado y de sus problemas mentales.

Mamá tenía en los labios aquel perfume a muerte cuando venía a arroparme por las noches.

Página 32

En la segunda parte,  sin embargo, aparece un narrador omnisciente que nos adentra a la realidad de Catherine desde el momento de su nacimiento, por lo que podemos rellenar los huecos con nueva información y colmar las lagunas de la narración de la primera parte.

De este modo, Fugitiva y reina es una novela autorreferencial, donde ambas partes se retroalimentan y donde se nos presenta distintas visiones de la misma situación.

Y aquí entra en juego lo que comento en el primer párrafo: la lectura de esta historia se ha visto afectada por mi reducida concentración, por lo que determinadas referencias, hechos, e incluso situaciones no las he podido encajar como debiera cuando se explican con claridad en la segunda parte. Un lector más atento habría captado más referencias, más contradicciones entre una parte y otra: bien porque la niña que nos cuenta lo que sabe no lo conoce o no lo sabe analizar bien porque el narrador omnisciente detalla aspectos que conocíamos pero quedaban oscuros.

Dicho lo cual, Fugitiva y reina es un libro (la verdad que no sé hasta qué punto puede considerarse novela o autoficción porque es la propia Violaine Huisman la que nos cuenta sobre su madre) que incluye a la vez multitud de referencias culturales (de arte, política, urbanismo o moda) a la vez que el estilo se mantiene en un plano poético difícil de describir. Certero y lírico a la vez, pero conservando un punto de fuerza y humor negro.

Estaba orgulloso, decía ella, de sus progresos cuando, después de haberla corregido por enésima vez, ya no decía te se cae sino se te cae, la dije de que viniera sino le dije que viniera, ni detrás mío sino detrás de mí. Sin embargo, había veces en que le decía que podía irse a tomar por culo con sus lecciones de mierda, detrás de mí o delante de mí si se te antoja. Entonces no cometía errores. Cuando lo insultaba, cuidaba su sintaxis.

Página 84

Precisamente el estilo es lo que la distingue de otras historias de madres, de otros libros en los que la visión infantil es matizada por el adulto que escribe para que las cosas no suenen demasiado crueles. Aquí eso no pasa. Catherine es mostrada tal y como es: apasionada, extravagante e inconsciente, injusta en ocasiones, dependiente en muchas otras, pero alejada siempre del ideal de madre. Huisman no necesita caer ni en las exageraciones ni en la caricatura emocional para describirla porque su madre tiene las suficientes aristas como para describir cada una de ellas y así evitar reducir su papel a un personaje de cuento o culebrón.

Vengo del comentario que hizo Moli en su día y destaco algo que ella menciona para describir el estilo de la autora:  escribe como todos los franceses: sin pudor y a las bravas. No sé si todos los franceses escriben así, pero sí que se aprecia algo diferente a la visión anglosajona de condenar o ensalzar las figuras maternales como héroes o villanos. Aquí eso no pasa.

Pero si hay dos cosas en el mundo de las que se puede decir con certeza que son imperfectas, estas son el amor y el lenguaje. Las palabras mancilladas por siglos de uso inadecuado, consumidas por los tópicos, arbitrarias, hacen siempre el papel de traidoras. ¿Y qué decir del amor, eterno inconstante, que se empeñaba en engatusarla? Las repeticiones de mamá eran una forma de declarar su fracaso, de reconocer la imposibilidad de lograr una versión definitiva (…) Era incomprensible, porque todas las palabras de todos los diccionarios no habrían bastado para explicar lo que guardaba en el pecho.

Página 94

Probablemente el acierto principal sea que Huisman, desde su papel de hija narradora, ha tenido la suficiente inteligencia y sangre fría como para contar una realidad incómoda, un relato que en ocasiones deviene en cruel pero que no deja de ser verdad. Y eso se aprecia en la lectura: lo que cuenta no es una exageración o una situación edulcorada, no hay cartón-piedra, ya me entendéis.

Fugitiva y reina es un libro que va de menos a más. Este es el típico libro que uno no sabe si dejar pasar cuando lo ve en la mesa de novedades pero que cuando lo terminas  te alegras de haber prestado atención.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La importancia en la estructura de la historia.
  • El estilo de Huisman directo, lírico y certero.
Contras
  • Prefiero los libros que tengan más paradas en capítulos o subcapítulos en lugar de 90 páginas del tirón.
  • La portada, que no me gusta nada.
  • Mi capacidad de concentración me ha hecho perderme detalles que un lector más atento captará.

Namaste.

Autor, Del Molino, Literatura

La hora violeta, Sergio del Molino

Leo a Sergio del Molino tras haber disfrutado La España vacía y pasar con algo de indiferencia por La mirada de los peces. La hora violeta era el título lógico que leer, una historia que mencionó el propio autor en la presentación de El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández. Mientras que Hernández comentaba por encima la situación que le llevó a escribir su libro (el shock derivado del crimen en el su mejor amigo mató a su hermana para posteriormente suicidarse), del Molino, al hilo del comentario sobre dolor, mencionó la pérdida de su hijo y de paso comentaron la necesidad de ponerlo por escrito, poniendo letras y espacios a sus duelos.

La-hora-violetaMás tarde La hora violeta me venía a la mente de vez en cuando, pero cada vez que lo buscaba en una librería no lo tenían. Llegué a pensar que o bien estaba descatalogado o parecía que el destino no quería que leyera este libro.

Finalmente lo encontré en una librería antes de irme de vacaciones. Estuve tentada de llevarlo conmigo, pero teniendo en cuenta la temática decidí que debía esperar a una estación más fría y un momento más propicio. Creo que acerté.

Sergio del Molino nos cuenta la historia de Pablo, su hijo, un niño al que se le diagnostica leucemia. Su feliz infancia se ve trastocada por el inicio de la enfermedad, por consultas médicas y pruebas para determinar qué es lo que le sucede al pequeño.

La única palabra que creo que hace justicia a este libro es desgarrador. Podría añadir muchas más: injusticia, soledad, crueldad, todas referidas a una enfermedad que a Pablo le toca sufrir y a la que sus padres se tienen que acostumbrar: tratamientos, noches en el hospital, la lucha diaria contra el cáncer, sacar las fuerzas donde no las hay para seguir levantándose, para seguir acompañando a Pablo.

Hijo mío, ¿me perdonarás alguna vez? ¿Sabrás disculpar que no pueda salvarte? (…) Estás solo ante los monstruos, cariño mío.

Página 86

Las últimas páginas son absolutamente devastadoras. Del Molino no se detiene en nada. No es necesario: lo ha sufrido, lo ha vivido y ahora simplemente plasma lo que le tocó.

Qué injusto. Qué cruel. Una enfermedad que se ceba con un niño que apenas si ha empezado a vivir. Una lucha (como del Molino me niego a utilizar lenguaje bélico como el que se utiliza en las campañas publicitarias) desigual en la que sólo se puede resistir, y cruzar los dedos, y confiar en los médicos. Eso y esperar.

La hora violeta es también un libro que se refiere a otros. Y así me recuerda que sigo sin haber leído Mortal y rosa,  el afamado texto de Francisco Umbral. 

Si Pablo fuera mi personaje, no habría muerto. (…) Pero esta historia la han escrito otros por mí. Yo sólo la estoy llorando.

Página 166

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (65)

Os dejo por aquí los primeros libros que han llegado a mis estantes en este año recién empezado.

En primer lugar, los libros que me regalaron en Navidades:

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  • Los asquerosos, Santiago Lorenzo (Blackie Books, 2018) Mis sensaciones encontradas con Los asquerosos empezaron prácticamente desde su publicación. Al igual que El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, el libro de Lorenzo aparecía en la lista de lo mejor publicado pero a la vez otras muchas voces discrepaban y lo incluían entre los que tienen una gran campaña de márketing detrás (os dejo aquí la reseña de Gabriel). Sin embargo, mi balanza se decantó por leerlo cuando vi al autor en La Resistencia. Me pareció interesante, caústico e inteligente. No tardaré mucho en leerlo.
  • La campana de cristal, Sylvia Plath (Mondadori, 2019). No he leído a Plath, pero su única novela es uno de esos libros que hay que leer. Desde hace un tiempo buscaba una buena edición. Ha sido suerte que Mondadori haya decidido reeditarlo. Va a caer en breve. Y esta vez no es broma.
  • Damas asesinas (Impedimenta, 2019). Si Damas oscuras fue un perfecto regalo el pasado año, esta recopilación de cuentos tiene exactamente la misma pinta: bonito lo de dentro y bonito lo de fuera. El típico libro que es un placer regalar y que te regalen.
  • El mar, el mar, Iris Murdoch (Lumen, 2019) Son varios los lectores que han recomendado este libro. Nunca he leído a Murdoch pero creo que ya va siendo hora. A pesar de la horrible portada (¿o solo me lo parece a mí?).
  • 1001 libros que leer (Grijalbo, 2016). Creo firmemente en el poder del autoregalo. Y este es el de este año. Amante de las listas y curiosa por ver qué libros se incluyen, cuáles he leído y los que me faltan (que son muchos, y al final me acabo poniendo deberes), lo he comprado tras verlo en Instagram a Elena (@Paperdreams). Planeo pasar unas cuantas tardes revisando qué hay y qué tengo pendiente. Sé que habrá algunos que me sorprenda encontrar, otros que eche en falta y me tiraré de los pelos al encontrar otros tantos que esperan en mis estantes. Ya os contaré.

Y ahora, los libros que se vinieron conmigo en mi última visita a la librería:

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  • Algo en lo que creer, Nickolas Butler (Libros del Asteroide, 2020). Tras haber leído Canciones de amor a quemarropa y El corazón de los hombres (los dos de la misma editorial, de 2015 y 2017 respectivamente), quería leer este nuevo título. Butler es uno de esos autores de historias amables al que me gusta regresar.
  • Lanny, Max Porter (Penguin Random House, 2020). Para ser totalmente sincera, no tengo ni idea de la trama de esta novela. Mi cerebro lo ha relacionado con Lanny Budd, por ser tocayo, y otra parte de mi razón me dice que el hecho de que haya estado nominada al Man Booker Prize ya es referencia suficiente, pero la verdad es que no sé. ¿Podría ser la típica novedad que acabo despellejando?
  • Los motivos de Aurora, Erich Hackl (Hoja de Lata, 2020). Conocí esta historia porque la editorial compartió el hecho real que motivó este libro: una madre que mata a su hija. Me pareció suficiente, lo anoté y aquí está.
  • La madre de Frankenstein, Almudena Grandes (Tusquets, 2020). Esperaba este quinto Episodio de una Guerra Interminable tras haber leído los anteriores, aunque bien es cierto que el cuarto, Los pacientes del doctor García, acabó en despelleje. Costumbres, ya veis. A Grandes la leo desde hace mucho y sigue siendo una tradición para mí estar al tanto de lo que publica. Curiosamente no sabía que también utiliza la historia de Los motivos de Aurora en la trama. Dos libros conectados que quiero leer YA.

Y vosotros, ¿habéis comprado muchos libros estos dos meses? ¿También tenéis una lista con la fecha de los lanzamientos que queréis comprar?

¡Felices lecturas!

Namaste.

 

Autor, Halfon, Literatura

El boxeador polaco, Eduardo Halfon

Llegué a Halfon por David Pérez Vega. Comentó por Twitter que había leído varios libros del guatemalteco, y lo anoté. Más tarde tuvimos una conversación sobre cuál es el mejor libro para empezar a leerle y David me recomendó este.

El-boxeador-polaco

La publicación de esa nueva edición, de manos de Libros del Asteroide y su envío por parte de la editorial (¡muchas gracias!), hizo el resto. Hacía bastante tiempo que no leía relatos y decidí que éste iba a ser el primer libro de 2020. Generalmente me gusta alternar libros largos y cortos además de diversas temáticas, así que este título me pareció perfecto tras terminar otros libros largos.

El boxeador polaco incluye varios relatos de diversas temáticas, en el primero de ellos, Lejano, Halfon narra parte de la historia de un alumno al que le da clase. Conforme iba leyendo más párrafos me iba encontrando destellos de brillantez:

Pensé en los alumnos como Annie Castillo, que vivían tan cerca de un caserío como Pamanzana, pero que también vivían tan ciegamente lejos de un caserío como Pamanzana, Mirando el polvo y las chozas, pensé en todos esos cuentos que, enclaustrados en un mundo más perfecto, leíamos y analizábamos y comentábamos como si en realidad fuese importante leerlos y analizarlos y comentarlos. Y ya no quise seguir pensando.

Página 37

Posteriormente Halfon nos presenta a un pianista serbio. que será el centro de varios de los relatos: Epístrofe, Postales, La pirueta. Conocemos a Milan Rakic a la vez que Halfon, y poco a poco, página a página, se irán conociendo. Posteriormente se separan hasta que llegado un punto Halfon decide seguir su pista y viajar a Serbia. Al existir un hilo conductor tanto temática como temporal, mejor leerlos en el orden que aparece en esta edición. Me sucedió que en un momento de escasez de tiempo, pretendí saltarme un de los cuentos más largos y dejarlo para después, pero nada más leer una página me di cuenta de que en este caso no es posible. En este sentido, los textos se retroalimentan, los temas vuelven y las conversaciones se rememoran. He anotado muchos fragmentos, os dejo este:

Yo puedo ausentarme por completo. Eliminarme por completo. No como muerto, sino como alguien que jamás ha existido. Un mundo sin mí.

Página 124

Os preguntaréis de qué viene el título, quién es ese boxeador que aparece montando en bicicleta en la fotografía de la portada. Como podéis intuir esta edición toma el título de un relato que comienza así:

69752. Que era su número de teléfono. Que lo tenía tatuado allí, en su antebrazo izquierdo, para no olvidarlo. Eso decía mi abuelo. Y eso creí mientras crecía. 

Página 87

Mi sensación en todo momento ha sido la de encontrarme con un estilo brillante, relatos que con una aparente sencillez consiguen demostrar qué es la literatura. Son destellos, frases, párrafos, el modo de llevar al lector de un tema a otro, pequeñas cosas que distinguen los buenos libros de los malos. No puedo más que alegrarme ante este descubrimiento. Porque como os podéis imaginar, Eduardo Halfon va directo a mi lista de pendientes.

Para mí, todo un acierto, una voz distinta, potente y especial, uno de esos títulos que te sacuden y te zarandean, perfecto para sobrepasar una crisis lectura o animarse a empezarlo si no se tiene demasiado tiempo.

Gracias de nuevo a Libros del Asteroide por el ejemplar. Y gracias, David, por acercarme a un autor que mucho  me temo, se me habría pasado. Cuando cuestionan el uso de Internet siempre me acuerdo de estas cosas.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Estilo brillante, la sensación de ir saltando de un tema a otro sin notar el artificio que hay detrás.
  • Libro que reconcilia; esto es literatura.
Contras
  • Os aviso cuando se me ocurra alguno.

Namaste.

Literatura

Propósitos para 2020

Os dejo los propósitos lectores de este 2020. Sé que nunca los acabo cumpliendo, pero qué queréis que os diga, me encanta hacer este tipo de listas. Además me ayuda a organizar y planificar algunas de mis lecturas y siempre viene bien echar un vistazo a lo que tenemos esperando en los estantes.

Durante este 2020 quiero leer…

  • A Benito Pérez Galdós. Mi relación con el canario se truncó nada más empezar: me pusieron como lectura obligatoria en el instituto Misericordia y sin merecérselo le hice la cruz y jamás lo he vuelto a leer. Este año se celebra el centenario de su fallecimiento, así que ya va siendo hora de saldar cuentas. Mi idea era empezar con alguno de los Episodios Nacionales (tengo en casa La corte de Carlos IV) pero esta edición de Fortunata y Jacinta me está poniendo ojitos. ¿Qué opináis? ¿Qué libro suyo me recomendaríais? (Isi, como experta en Galdós, ¡ayuda!)

Además, he escogido alguno de los títulos que tengo como pendientes (los podéis encontrar en la pestaña Mi (nueva) lista de 30 libros, sigue en construcción, así que me podéis recomendar alguno más que se sume a la lista):

  1. ¡Absalón, Absalón!, William Faulkner.
  2. Diario de un hombre decepcionado, W. N.P. Barbellion.
  3. Orgullo y prejuicio, Jane Austen.
  4. La mujer de blanco, Wilkie Collins.
  5. El mundo de ayer, Stefan Zweig.
  6. El día del Watusi, Francisco Casavella.
  7. A sangre y fuego, Chaves Nogales.
  8. La campana de cristal, Sylvia Plath.
  9. El manuscrito encontrado de Zaragoza, Jan Potocki.
  10. Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt.

Mantengo mi intención de leer en inglés, creo que podría leer mucho más de lo que lo hago actualmente, la verdad.

Sin embargo, sobre lo de no comprar libros, bah, ¡a quién quiero engañar si luego no lo cumplo!

Namaste.

P.D. Os dejo la ganadora del sorteo en los comentarios del sorteo II.

Autor, Gornick, Literatura

Mirarse de frente, Vivian Gornick

Mirarse-de-frenteVuelvo a Gornick como el que queda con un amigo interesante para tener una conversación. No sabes de qué tratará, en qué temas acabaréis deteniéndoos, cuáles pasarán de largo, pero sabes que sus anécdotas, recuerdos e ideas serán interesantes. Que mirarás el reloj pensando que no es posible que se os haya hecho tan tarde.

Si has leído Apegos feroces y de la La mujer singular y la ciudad, ya sabes cómo es la autora. Certera e inteligente, narra su vida aderezándola de comentarios, pensamientos y encuentros de todo tipo.

Como una buena conversación los temas fluyen, saltan de unos a otros, se recuperan más tarde, se pliegan o requiebran. En algunos se detiene más, en otros menos. En este caso en Mirarse de frente destaca como tema la soledad:

Durante años mis elecciones estuvieron fuertemente condicionadas por lo que yo consideraba una preocupación colosal: me mantenía en guardia contra el miedo a la soledad. (…) El  miedo a la soledad, defendía yo por entonces, era responsable de tantos pactos con el diablo hechos por tantas mujeres que luchar contra esa angustia se convirtió en mí en una cuestión política.

Página 104

Me ha interesado especialmente esta reflexión en la que Gornick se da cuenta de que ya no escribe cartas y analiza por qué:

En nuestros días escribir una carta es una decisión, mientras que cando yo era pequeña era una forma de vida. (…) Si me dan a elegir entre llamar por teléfono y escribir una carta, tengo que concluir que prefiero la llamada porque es por lo que opto nueve de cada diez veces. Pero no es que lo prefiera, es simplemente lo que hago. Es lo que todo el mundo hace: la respuesta habitual del mundo en que me ha tocado vivir, uno que no exige voluntad activa.

El mundo que me ha tocado vivir. Eso sí que es una frase para pararse a pensar. Una frase que me hace fruncir el ceño; que provoca un eco desagradable en la cabeza; que incluso me entristece.

Página 120

 

Es un placer leer a alguien que alumbra luz a determinados temas, que atrapa la atención del lector. Me da la sensación cuando leo a Gornick, que me hable de lo que me hable me interesa, por sus anécdotas y sus análisis, porque me hace reflexionar en cosas que nunca habría pensado por mí sola.

Ya sea cuando habla de amor, amistad, trabajo, familia o soledad, la autora aporta su particular visión sin olvidar un punto humorístico al narrar anécdotas. Lo que le ocurre a Gornick puede no distar demasiado de lo que pasa a cualquier otro humano, pero el prisma con el que ve su realidad es tan particular como especial.

Como decía más arriba, si has leído a Gornick tienes una idea de lo que te vas a encontrar. Pero si nunca has leído uno de sus libros te recomiendo que escojas uno y te acerques a su franca inteligencia. Ya sabes: el sorteo de Apegos feroces sigue activo.

Gracias a Sexto Piso por el envío. 

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Visión incisiva que analiza y va al grano.
  • Los temas que trata: amistad, soledad.
Contras
  • Hay más saltos de temáticas y por ello parece que tiene menos hilos conductores que sus antecesoras.

Namaste.

Autor, Literatura, Vila-Matas

El viaje vertical, Enrique Vila-Matas

No sin un punto de vergüenza reconozco que nunca había leído a Vila-Matas. Darme cuenta de que, aunque mi memoria me juegue una mala pasada y no lo recuerde del todo, tengo firmado el ejemplar desde 2014, me hace enrojecer todavía más.

Fue tras una conversación con Ana cuando decidí que eso se iba a acabar y que había llegado el día en el que leería El viaje vertical.

El-viaje-verticalLa trama ya la adelanta el propio autor en el título: acompañamos al protagonista en su viaje. Un viaje vertical que comienza en Barcelona y acaba en las islas Madeira.

Al contrario que otras muchas historias que tratan sobre viajes (me viene a la mente Canadá de Richard Ford), no se trata de un viaje de iniciación, en el que el protagonista ha de enfrentarse al inicio de su etapa como adulto. En este sentido, Vila-Matas utiliza el viaje como hilo conductor y también como origen del aprendizaje. Y como contrapunto añade el elemento discordante: el aprendizaje de un personaje jubilado. Mayol, antiguo empresario, político retirado y nacionalista catalán convencido, que tiene que asumir las consecuencias de la separación de su mujer en un momento en el que no sabe a lo que aferrarse.

Para ello huirá de su Barcelona natal e iniciará un viaje, mientras que paralelamente rememorará su vida, repasando los grandes hitos de su infancia, anterior a la Guerra Civil, y ahondando en sus miedos e incertidumbres.

Y qué raros son los recuerdos cuando son, además, inventados. La memoria verdadera de la torre veraniega de sus pobres padres la enlazó, a través de un enigmático túnel de su cerebro, con un recuerdo falso, tan improbable como inventado, pero que sintió necesitaba tener en aquel momento.

Página 157

Uno de los elementos que más me ha gustado ha sido el uso del narrador. Un narrador omnisciente que no se mantiene al margen y se va dejando ver según avanzamos:

Ya sólo le faltaba decir que Lisboa era airosa en su serpentear y era una inquietante ciudad en la que uno nunca sabía si acababa de llegar al fin del viaje o al punto de partida. Ya sólo le faltaba decir que Lisboa era una ciudad que a veces parecía surgir como una serpiente surge de su piel. Pero esto será mejor que lo diga yo de mí mismo, que a veces tengo la impresión de que surjo de lo que he escrito como una serpiente surge de su piel, aquí en esta isla de palmeras y eternidad donde todos lo días hundo en tinta mi pluma y donde el tiempo, en su teatro armado sobre la calma y el poco viento, también para mí pasa lento y pasa fácil, porque la vida aquí es fácil, y mi reloj muy lento y, además, para qué negarlo, yo sólo soy un principiante, el principiante más lento.

Página 153

Autor de culto, aclamado por crítica y con fieles seguidores, Vila-Matas demuestra su buen hacer tejiendo una historia aparentemente simple pero con muchas lecturas y referencias. Apenas unos pocos personajes son los necesarios para dar forma a El viaje vertical. Tampoco necesita más.

Lo importante de este libro de Vila-Matas, probablemente también de otros del autor me atrevería decir, es cómo cuenta lo que sucede. A fin de cuentas la trama no tiene mucho artificio, pero cómo va añadiendo diversos temas y el modo que tiene de utilizar el estilo es significativo. Son muchos los fragmentos destacables, decenas de reflexiones y píldoras que va dejando el autor aquí y allá.

En definitiva, me ha gustado mucho. No sé por qué he tardado tanto en leer a Vila-Matas. ¿Cuál creéis que debería ser el siguiente?

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Demostración de literatura: cómo hacer fácil lo difícil y crear una lección de novela.
  • Multitud de fragmentos destacables.
Contras
  • Suceden pocas cosas y eso provoca algunos momentos en los que parece que la trama no avanza.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (64)

Encaramos el fin de este año y por ello os traigo los últimos nuevos libros antes de la llegada de la Navidad, donde espero que los Reyes se acuerden de mí y me traigan buenas y gratificantes lecturas. Terminada la indirecta, os dejo los últimos libros de 2019:

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  • Testamento de juventud, Vera Brittain (Periférica & Errata Naturae, 2019). Este libro comenzó a aparecer por las redes sociales de forma muy constante. Lo cierto es que no lo conocía, pero leí en diagonal la sinopsis y, quizá porque me recordó a la saga de Lanny Budd, decidí leerlo. Gracias a R. por el regalo.
  • Los recuerdos del porvenir, Elena Garro (Alfaguara, 2019). Desde hace muchos, muchos años, tenía este libro anotado en mi libreta de Plan Infinito, pero era imposible encontrarlo: ni librerías de segunda mano ni nada, parecía descatalogado y no había forma. Por suerte, los señores de Alfaguara han decidido publicarlo y me han dado una alegría.
  • Goethe en Dachau, Nico Rost (ContraEscritura, 2018). Son varios los lectores que han hablado estupendamente de este libro pero no lo encontraba en ninguna librería. Tras un tuit de Marta, editora de ContraEscritura, donde se quejaba de lo mal que le habñian devuelto una caja de ejemplares, comenzó una corriente lectora de solidaridad. Cuando llegué al hilo me di cuenta de que era la editorial del libro de Rost, así que aproveché para hacer un pedido.
  • Felicidad conyugal, Lev Tolstói (Acantilado, 2012). Tenía ganas de hacerme con un ejemplar de este libro corto del genio ruso desde hace tiempo, y en el evento de Oda a Tolstói aproveché para comprarlo.
  • La suerte de Omensetter, William H.Gass (La Navaja Suiza, 2019). No conocía para nada este libro, pero primero Aramys y después Ana me hicieron interesarme por él. En una visita a Tipos Infames se vino para casa.
  • El boxeador polaco, Eduardo Halfon (Libros del Asteroide, 2019). En este caso la recomendación viene de David, de Desde la ciudad sin cines, a quien le pedí opinión sobre el mejor libro del autor para empezar a leerle. El envío corre a cargo de la editorial, ¡muchas gracias!
  • Confesión,  Lev Tolstói (Acantilado, 2008). No lo conocía, pero al leer un fragmento en la Oda a Tolstói me convenció totalmente y quise comprarlo. Al igual que Felicidad conyugal es un libro bastante corto así que espero poder colarlo dentro de poco tiempo (¡ja!)

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de estos libros? ¿Por cuál empezaríais? ¿Esperáis que Sus Majestades os traigan alguna lectura?

Namaste.

Autor, Literatura, Némirovsky

Suite francesa, Irène Némirovsky

Tenía apuntado el nombre de la autora, Irène Némirovsky, desde hace tiempo inmemorial. Cuando me acerqué a comprar uno de sus libros dudé de si debía leer primero El baile o este que os traigo hoy. Os seré sincera: fue la extensión lo que me hizo decantarme por Suite francesa. Ante la duda, siempre escojo el libro más largo.

Suite francesaDecidí empezarlo un poco por casualidad, con esa sensación de que ya le tocaba y animada por las buenas críticas que había leído de muchos lectores, así como los comentarios que recibí por redes sociales cuando mostré que lo estaba leyendo. Me dio la impresión de que Némirovsky tiene una opinión unánime por parte de los lectores.

Como podréis imaginar, iba con las expectativas altas. Haber conocido a tantísima gente que lo recomendaba mucho me predispuso a pensar de que era una obra fantástica y mi sensación permanente es que es muy diferente de lo que imaginaba que era.

Suite francesa narra diferentes historias de la vida de los franceses durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Familias, personas, parejas que tienen que movilizarse por miedo a la represión del invasor, que un día deciden recoger sus bártulos y abandonar la ciudad para intentar acceder a España, Portugal o huir de Europa.

También es la historia de los que se quedan: de aquéllos que tienen que convivir con el enemigo y han de adaptarse a su nueva situación, muchos de los cuales acaban alejando oficiales del Ejército nazi en su propia casa. En resumen: los personajes de Suite francesa son los antihéroes, aquéllos que normalmente no aparecen en las historias de esta época.

Todos los que lo rodeaban, la gente, su familia, sus amigos, le inspiraban sentimientos de vergüenza y de furia.  Los había visto en las carreteras, a ellos y a otros por el estilo, se acordaba de los coches llenos de oficiales que huían con sus preciosas maletas amarillas y sus pintarrajeadas mujeres; de los funcionarios que abandonaban sus puestos; de los políticos que, presas del pánico, dejaban un rastro de carpetas y documentos secretos a su paso; de las chicas que, después de haber llorado como convenía el día del Armisticio, ahora se consolaban con los alemanes. “Y pensar que nadie lo sarbá que alrededor de todo esto se urdirá tal maraña de mentiras que aún acabarán convirtiéndolo en una página gloriosa de la historia de Francia. Removerán cielo y tierra para sacar a la luz actos de sacrificio, de heroísmo… ¡Con lo que yo he visto, Dios mío! Puertas cerradas a las que se llamaba en vano para pedir un vaso de agua, refugiados saqueando casas… Y en todas partes, en lo más alto y lo más bajo, el caos, la cobardía, la vanidad, la ignorancia… ¡Ah, qué grandes somos!

Página 193

A partir de un elenco variado de personajes Némirovsky va tejiendo historias, algunas independientes, otras entrelazadas, que tienen como telón de fondo la Francia ocupada. Y una de las claves de esta novela es precisamente esto: los personajes normales y corrientes que hacen lo necesario para sobrevivir, y precisamente por eso cometen actos necios, cobardes y egoístas. El olor de la supervivencia.

Por ello, muchos son acusados de colaboracionistas. Un capítulo esencial lo dedica la autora a las mujeres que hacían compañía a los soldados nazis, apostando por un bando que creían ganador.

El estilo de Némirovsky es brillante, poético pero crudo, siendo capaz de añadir descripciones y también reflexiones y párrafos como éste:

La certeza de mi libertad interior -respondió Maurice tras un instante de reflexión-, que es un bien precioso e inalterable, y de que conservarlo o perderlo sólo depende de mí. De que las pasiones llevadas hasta el extremo, como ahora, acaban por apagarse. De que lo que ha tenido un comienzo tendrá un final. En una palabra, de que las catástrofes pasan y hay que procurar no pasar antes que ellas, eso es todo. Así que lo primero es vivir: Primum vivere. Día a día. Vivir, esperar, confiar.

Página 221

Sin embargo, las expectativas han estado, en toda la lectura, por encima de lo que leía. Esperaba una obra maestra y me he encontrado una buena novela, pero a medio hacer. Creo que se nota bastante que la autora no tuvo tiempo a revisar y corregir la trama, no existen puntos álgidos ni puntos de inflexión y la historia acaba resultando bastante plana.

La verdad es que quiero puntualizar lo importante del epílogo, donde se incluyen cartas y fragmentos de diarios de Némirovsky, y así conocemos lo que le ocurre a ella: el miedo por ser judía, los intentos de zafarse de la maquinaria nacionalsocialista, pero también los borradores y planes que tenía de los personajes, su intención de continuar escribiendo por un lado u otro.

En definitiva, una buena lectura, pero sinceramente, esperaba otra cosa. ¿Decepcionada? Sí. ¿Arrepentida? No.

FICHA:

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Pros
  • La creación de personajes antihéroes.
  • El epílogo es parte fundamental de la lectura.
Contras
  • Esperaba mucho más.

Namaste.