Autor, Garro, Literatura

Los recuerdos del porvenir, Elena Garro

Los lectores tenemos, por definición, muchos pendientes. Los recuerdos del porvenir era uno de ellos, de los que figuran como necesarios leer si conoces algo del boom hispanoamericano. 

El ensayo de Aquellos años del boom  de Xavi Ayén no hizo sino ponerme más deberes. Tampoco ayudó que este título fuera difícil de encontrar. Por suerte Alfaguara ha sacado recientemente una edición con la que, ahora sí, poder leerlo.

De Los recuerdos del porvenir dicen que es el antecedente del realismo mágico, el primer libro que adelanta lo que después explotaría García Márquez en Cien años de soledad.

¿Exageran? Os dejo su inicio:

Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Solo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me acuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo solo soy memoria y la memoria de mí que se tenga.

Página 15

El narrador es Ixtepec: el pueblo testigo de la acción y narrador omnisciente (¿se puede ser más omnisciente que un lugar?).

Ixtepec guarda en sí la memoria y el recuerdo de lo que ha sucedido en su tierra. También reconoce las señales que traen la futura confrontación. Sabe que sus vecinos callan sus secretos. Sabe que el recién llegado, ese hombre joven al que miran de reojo todas las muchachas, no ha viajado al pueblo por casualidad.

¿Cuál fue la lengua que por primera vez pronunció las palabras que habían de empeorar mi suerte?

Página 82

Ixtepec no lo sabe. Lo que sí siente es un cambio en el ambiente, una modificación de las rutinas y costumbres, frases que susurran, rumores que corren por sus calles: la pólvora que corre en un momento de exaltación posrevolucionario. La chispa para que los hombres del general Francisco Rosas se pongan nerviosos y desde el Hotel Jardín ultimen sus acciones.

Los recuerdos del porvenir es una novela sobre el tiempo. Sobre su paso y sobre cómo están conectadas las cosas. En Ixtepec, si paran el reloj de cuco, el tiempo no pasa. Como buen pueblo del realismo mágico, algunas cosas no funcionan tal y como esperamos:

-¿Qué horas son, Señor Presidente?

– ¿Cómo quieres que te diga la hora si desde aquí no veo las estrellas?

Página 239

 

Elena Garro consigue equilibrar el aspecto realista de la historia con el contexto histórico siempre presente, con determinados elementos propios del realismo mágico. Sin embargo, la reacción y el comportamiento de los personajes se acerca mucho más a una novela al uso que a Cien años de soledad.

Los recuerdos del porvenir es también una novela que despierta emociones, donde la violencia y la crueldad forman parte del día a día. Además, es una historia de mujeres. Mujeres que callan y actúan sigilosamente. Mujeres que dicen que sí pero que cada uno de sus actos se rebelan contra el que oprime.

La novela es sencilla pero compleja, anima a leer y aún así, poco a poco nos vamos dando cuenta cómo estamos metidos en la historia de un pueblo que sigue dudando sobre el momento exacto en el que las cosas se torcieron.

¿De dónde llegan las fechas y a dónde se van? Viajan un año entero y, con la precisión de una saeta, se clavan en el día señalado, nos muestran un pasado, presente en el espacio, nos deslumbran y se apagan. Se levantan puntuales de un tiempo invisible y en un instante recuperamos el fragmento de un gesto, la torre de una ciudad olvidada, las frase de los héroes disecados en los libros o el sombro de la mañana del bautizo cuando nos dieron un nombre.

Página 274

Os podréis imaginar que mis expectativas a la hora de encarar la lectura eran muy altas. Temía decepcionarme, encontrar algo que no me acabara de convencer. Nada de eso. La buena literatura es eso: algo sencillo pero nada fácil de conseguir. Una historia interesante, personajes con los que empatizamos. Una sensación. En este caso, un pueblo.

Este libro se va directo a la lista de lo mejor de este año. Os recomiendo que no lo dejéis pasar.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Estilo sencillo, crudo y sensible a la vez.
  • Multitud de citas y frases destacadas, elegantes, certeras, poéticas.

Contras

  • Al principio me han despistado los nombres de los personajes. He acabado haciéndome un esquema.

Namaste.

Autor, Hernández, Literatura

Intento de escapada, Miguel Ángel Hernández

Si me seguís de forma habitual ya habréis visto que de un tiempo a esta parte la autoficción se ha colado por estos lares. Con el paso del tiempo ya no sé cuál fue primero de entre El adversario de Carrère, Las posesiones, de Llucía Ramis, El asesino tímido de Clara Usón o  El dolor de los demás de Miguel Ángel Hernández.

Lo que sí que os puedo asegurar es que con el primero que he repetido desde entonces es con el último. El libro de Hernández me animó a tomar nota de otras novelas del murciano y acabé comprando este Intento de escapada que acababa de publicar Anagrama en su versión Compacta.

Como me ocurre en muchas otras ocasiones, el recién llegado adelantó por la derecha a muchos otros libros que estaban esperando turno. La curiosidad, como me suele pasar, ganó la jugada.

Intento de escapada tiene como protagonista a Marcos, estudiante de Bellas Artes y aparente alter ego del autor. La llegada a su ciudad de un famoso artista cambiará sus aburridas rutinas y acabará adentrándose en el centro de la rompedora obra de Montes. Además, acabará observando y analizando su realidad, que hasta ese momento había pasado desapercibida y se pondrá al límite, tanto en la teoría como en la práctica.

En esta ocasión el autor no se pone al frente de la historia, como sí hizo con El dolor de los demás, aunque bien es cierto que aparecen determinadas similitudes entre ambos que no podemos pasar por alto (aunque tampoco son concluyentes del todo, teniendo en cuenta que Marcos no comenta nada sobre los beneficios de la siesta).

El estilo de Hernández aúna dos cosas que podrían parecer contrapuestas: el cultismo y la facilidad en la lectura. Mientras que por un lado nos cuenta una historia de temática especializada en el arte, donde abundan las reflexiones de la evolución del arte actual, además de los límites éticos de los actos, por otro lo hace de una manera aparentemente sencilla, con multitud de coloquialismos y diálogos muy del día a día para ir introduciendo sus temas. El hecho de que los capítulos sean muy cortos (apenas dos o cuatro páginas), invita a seguir leyendo para acabar conociendo la historia completa de Jacobo Montes.

Quizá la principal diferencia con El dolor de los demás sea que Intento de escapada es un libro menos desgarrador en intenso. Mientras que el primero nos araña las entrañas con este segundo es más fácil mantenerse alejado. Ayudará también lo que os interese el arte también, por supuesto.

En cualquier caso, es siempre una alegría leer un libro antiguo de un autor que nos gusta y encontrar esa brillantez en sus líneas.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Culto por el tema que trata pero sencillo en el estilo.
  • Capítulos cortos y directos al tema.

Contras

  • Me he sentido menos conectada con la historia que en El dolor de los demás.

Namaste.

Autor, Ernaux, Literatura

El lugar, Annie Ernaux

Allá por verano, cada vez que me metía en Internet me topaba con el nombre de esta autora. Distintos lectores leían diferentes novelas suyas, todas desconocidas para mí. Lo que tenían en común es que todos ellos hablaban muy bien de Annie Ernaux.

Así que decidí leerla, me acerqué a una librería y compré este título, como podría haber comprado cualquier otro. Lo colé entre mis lecturas, animada por las buenas críticas y alentada por lo corta de longitud de la novela.

El lugar es un libro autobiográfico en el que la propia Ernaux nos cuenta parte de su historia. Se centra en su vida familiar y rememora sus recuerdos a raíz de la muerte de su padre, describiendo su vida y reflexionando tanto en la relación que mantenían como en el cambio de mundo de ambos. Dos generaciones distintas, separadas en parte por la educación y el mundo en el que viven: el padre, un hombre rural que llegó a tener un pequeño comercio y ella, la hija que abandona el ambiente familiar y se abre paso en el mundo universitario para acabar viviendo en la ciudad.

El retrato viene a ocupar todo el espacio; la idea, a avanzar por sí sola.

Página 40

La fórmula de la autora combina, por un lado, el análisis de la realidad de ambos mundos contrapuestos, describiendo pequeños momentos, rellenando silencios y gestos con un estilo directo y certero que abandona cualquier tipo de artificio y que no tiene relleno.

El lugar es una de esas historias bien escritas y bien podadas. Bien escrita porque Ernaux se detiene en mencionar y dejar caer muchos temas, lo cual nos conecta más con la historia y bien podada porque no existen páginas de más, algo que se agradece profundamente.  

Yo consideraba que él ya no podía hacer nada por mí. Sus palabras y sus ideas no tenían cabida en las clases de francés o filosofía, en los ratos que pasaba en los canapés de terciopelo rojo de mis amigas de clase. En verano, por la ventana abierta de mi habitación, oía el ruido de su rastrillo aplanando la tierra removida.

Escribo, quizá porque ya no teníamos nada que decirnos.

Página 75

El lugar es también la melancolía del adulto que, ante la muerte de un familiar comprueba que ese mundo ha desaparecido, que su muerte deja un vacío imposible de llenar, que su ausencia pone punto y final a una serie de recuerdos, anécdotas e historias compartidas que ya no volverán.

No sé si es la mejor novela con la que comenzar a conocer a la autora. Lo que sí os puedo decir es que me ha gustado. Quizá no tanto como a otros lectores, pero me parece un buen libro, perfecto para cuando tenemos poco tiempo o como me pasó a mí, cuando sufrí un bloqueo lector.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • Libro sencillo pero directo en el que reflexiona certeramente sobre la historia entre padre e hija.
  • Perfecto si tenéis poco tiempo para leer o estáis en una fase poco lectora.

Contras

  • Su lectura absorbe y acabas aparcando otros libros.

Namaste.

Autor, Conrad, Literatura

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

El corazón de las tinieblas es uno de esos libros que hay que acabar leyendo. Un clásico que suele figurar en todas las listas de obligada lectura, que hay que conocer para saber de primera mano el motivo por el que ha pasado a la posteridad. 

El corazón de las tinieblas es un libro corto, de apenas 200 páginas. Prescinde de introducción así que desde la primera frase sabemos que Charles Marlow nos va a contar su historia sin dar rodeos. Lo hará añadiendo pocas descripciones, apenas deteniéndose en las reflexiones de lo que le ocurre y en la acción propiamente dicha. La suya es la historia de una expedición que tiene como fin encontrar al misterioso Kurtz, jefe de una explotación de marfil que como consecuencia de su exagerada ambición se ha ganado muchos enemigos.

El momento y el lugar: el Congo en la época del colonialismo belga, donde la violencia, el racismo y el odio al diferente se unen fuerzas a la lucha de poder en la zona.

Vemos lo que ve el narrador: un paisaje muy diferente a lo que está acostumbrado, un mundo misterioso en el que no sabe qué se va a encontrar. Sentimos lo que él siente: el miedo y la incertidumbre, la rabia y la incomodidad. Para ello Conrad más que describir en muchas ocasiones sugiere: aludiendo y dando a entender. 

Lo desconocido, esas ansias de expedición de otras épocas y la aventura constante de luchar contra un enemigo invisible.

¿Lo ven? ¿Ven la historia? ¿Ven algo? Me parece que trato de contarle un sueño: el intento es en vano, porque ningún relato de un sueño puede trasmitir la sensación de soñar esa mezcla de absurdo, sorpresa y perplejidad en un estremecimiento de rebeldía esforzada, esa sensación de ser capturado por lo increíble que es la esencia misma de los sueños.

(…)

No, es imposible; es imposible trasmitir la sensación de vida de una época cualquiera de nuestra existencia, aquello que constituye su verdad, su significado: su esencia penetrante y sutil. Vivimos igual que soñamos: solos…

Página 59

De Conrad poco puedo decir que no se haya dicho ya. Necesita sólo dos frases para demostrar que sabe lo que se hace. Que escoge las palabras bien medidas, sabiendo dónde y cómo ralentizar la trama, cómo conseguir el efecto deseado de tensión, estrés o directamente el aburrimiento de ver las horas pasar.

Qué cómica es la vida, ese misterioso arreglo de lógica implacable para un propósito fútil. Lo máximo que se puede esperar de ella es cierto conocimiento de uno mismo, que llega demasiado tarde, y una cosecha de remordimientos inextinguibles.

Página 154

Si habéis visto Apocalypse Now os encontraréis una historia familiar. Coppola se basa en esta novela y le da una vuelta, ambientándola en la guerra de Vietnam. Aunque con más artificio más acción,  el resto de los elementos son comunes y fácilmente reconocibles.

Mi caso es probablemente atípico: leí la novela teniendo la película muy reciente, por lo que me fue inevitable comparar.

Lo cierto es que El corazón de las tinieblas me ha dejado un poco fría. Me explico: aprecio el contenido de calidad, el modo de llevarte por la historia, pero el fondo de ella, todo lo que quiere contar, no me ha llegado. Al igual que cuando pasas por un escaparate de alta costura y eres capaz de apreciar la calidad y el trabajo que hay detrás de una creación, con este libro me ha pasado lo mismo: no es para mí.
Sé que no la recomendaré porque no es una historia que me haya tocado la fibra, porque se me ha quedado siempre en la parte objetiva de saber que es literatura con mayúsculas. Lo es, no tengo la menor duda, pero no es para mí. Como no lo es El gran Gatsby, de Fitzgerald.

¿Qué es lo que echo en falta? ¿Quizá algo de subjetividad de los personajes? ¿Más reflexión? Sinceramente, no lo sé. 

¿Ha podido influir en mi opinión haber visto primero la película? Probablemente. Pero ya sabéis, el modo en el que percibimos un libro es tiene mucho que ver por todo aquello que hemos leído o visto antes.

Si lo habéis leído, decidme cuál es vuestra opinión. Si no, tomad nota de esta edición: bonita, con letra grande y generosa en márgenes. La firma Navona en su colección Ineludibles.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La demostración de literatura desde la primera página.
  • No hay paja, todo es parte de lo que nos quiere contar Conrad.

Contras

  • Su lectura no me ha entusiasmado, no he podido conectar con ella.

Namaste.

 

 

Autor, Literatura, Vallejo

El infinito en un junco, Irene Vallejo

De repente las redes sociales se llenaron de esta portada, de este título, con una autora para mí desconocida. De historias de griegos y romanos y de un canto al amor por los libros. Eso decían todos. Y como siempre, caí.

El infinito en un junco es todo eso, sí. Como adelanta el subtítulo, trata sobre la invención de los libros en el mundo antiguo. Nos acerca a los primeros escribas, a los poetas, a los creadores de historias.

En cambio, los libros de Atenas, Alejandría y Roma nunca han callado del todo. A lo largo de los siglos han mantenido una conversación en susurros, un diálogo que habla de mitos y leyendas, pero también de filosofía, ciencia y leyes. De alguna forma, quizá sin saberlo, nosotros formamos parte de esa conversación.

Página 71

Vallejo nos cuenta sus historias: las leyendas, los datos históricos, las referencias; las primeras tejedores de historias, los poetas, los amantes de los libros. Lo hace de una forma entusiasta, como lectora ilusionada que busca conversación y reconocimiento en el que lee (que levante la mano quien no ha sentido eso: las obsesivas ganas de contar a todos lo maravilloso que es un libro). Lo hace bien porque es sincera. Atrapa con su modo de contar la historia porque nos recuerda a lo sencillo, el ímpetu casi infantil, las ganas de compartir lo que uno ama.

Y así de repente te das cuenta de que en lugar de leer un capítulo has leído 50 páginas y que por esa voz has dejado de lado otras tantas que llegaron antes y esperan pacientes. Creo que lo consigue porque más allá de los datos, las referencias y toda la información interesante consigue conectar con algo que todos los lectores tenemos dentro: la ilusión. Ese sentimiento de descubrimiento inicial que todos hemos sentido al descubrir un nuevo autor, un título nuevo, alguien que es capaz de poner en palabras sensaciones que pensábamos propias. Un sentimiento que parecía olvidado, sepultado por nuestra vida de adulto, pero que brilla cuando alguien pone su foco en ella.

Entiendo la alegría por este libro porque yo también la siento. Sin embargo, a partir de la segunda parte, cuando Vallejo se centra en Roma, mi visión del ensayo cambió un poco. La reiteración de ideas, la sensación de utilizar los mismos argumentos que habían aparecido antes o exactamente las mismas anécdotas de páginas anteriores consiguieron aplacar las ganas de quererlo recomendar a todo el mundo. Al final, como muchos otros libros, la certeza de que con menos páginas habría evitado la repetición o de que se aprovecha en demasía esa ilusión que conecta con nuestro niño interior (o sea, con la super-explotada nostalgia) me hizo ver unos detalles que al principio no vi.

Coincido con Mientrasleo cuando dice que le cuesta ver como un ensayo puro y duro. Creo que no lo es precisamente por algo que he mencionado ya: los sentimientos. Las sensaciones. A los ensayos al uso les importa poco la conexión que hayas tenido con un título. Aportan información de muchos tipos: son objetivos. Probablemente ahí radica el éxito de El infinito en un junco: es un libro que nos hace sentir bien. Nos hace sentir importantes como lectores y además formar parte de una comunidad especial de personas que valoran la página escrita.

Nuestra piel es una gran página en blanco, el cuerpo, un libro. El tiempo va escribiendo poco a poco su historia en las caras, en los brazos, en los vientres, en los sexos, en las piernas.

Página 79

El infinito en un junco es un libro a medio camino entre un ensayo ligero y el amor de la autor por los libros. Eso es lo que le hace especial y consigue conectar con los lectores. Es un libro bonito que nos hace sentir bien. Teniendo en cuenta que seguimos en 2020, no es poca cosa.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La mezcla entre la información que aporta y el amor que destila en cada frase.
  • Perfecto para arrebujarse con él y una manta y pasar la tarde.

Contras

  • Ganaría con menos páginas.
  • El uso de la nostalgia como estrategia para conectar con el lector me empieza a cansar.

Namaste.

 

Autor, Cartarescu, Literatura

El ala izquierda (Cegador I), Mircea Cărtărescu

No sabía qué contar de este libro en la reseña. Según iba leyendo pensaba en lo difícil que me iba a resultar encontrar palabras para todo lo que sugiere esta lectura. Sin embargo, el autor acudió a mi ayuda cuando me dio la clave en la recta final del libro, concretamente en la página 310:

En ese sueño que he intentado describir a lo largo de tantas páginas y que tuve por primera vez a los doce años, inmediata o casi inmediatamente después de abandonar el hospital de Colentina.

Efectivamente. El ala izquierda es un viaje onírico, irreal, donde las reglas del mundo ordinario no tienen cabida. Nuestro protagonista es Mircea, niño débil que es internado en un sanatorio con objeto de tratar su enfermedad. A partir de ahí, una acumulación de situaciones diversas, extrañas, que aparecen y desaparecen sin saber bien cuándo o cómo. La sensación de estar siempre en movimiento sin llegar a ninguna parte.

El espacio es el paraíso, el tiempo es el infierno. Y qué extraño resulta que, al igual que en el símbolo de la bipolaridad, en el centro de la sombra se encuentre la luz y que en la luz esté la semilla de la sombra (…). La memoria, el tiempo del reino sin tiempo. El amor, el espacio del territorio sin espacio. Las semillas opuestas y, sin embargo, tan semejantes de nuestra existencia, unidas por encima de la gran simetría y anulándola en un único sentimiento inmenso: la nostalgia.

Página 75

Las fronteras se difuminan y la habitual trama clásica de las novelas no existe. Aquí no hay introducción, nudo y desenlace. Los nudos aparecen y desaparecen, evolucionan en otras tramas y terminan o no. Me ha pasado, al igual que aquél secundario de la película Origen, que en multitud de ocasiones me he preguntado, ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué han hecho los personajes, o qué ha desarrollado el autor para partir de algo que no tiene nada que ver con lo que estoy leyendo ahora mismo? No sé. No lo recuerdo. Al igual que en un sueño, tan sólo sé lo que tengo delante de mis narices. El resto es hipótesis.

Se dio cuenta de repente de que abandonaba el Relato, de que había llegado a las zonas laterales en las que todo se sume en la sombra, a un mundo en construcción, con el espacio y el tiempo apenas brotados. Siguió avanzando, sin embargo, hasta que de él no quedó sino el avanzar. El mundo era ahora sucio y deforme como la plastilina en la que se han mezclado todos los colores, todos los muñequitos, todas las manzanitas. Poco después, todos los rasgos desaparecieron en la matriz final: la noche. Que se disipó también en lo no-pensado, lo no-escrito, lo no-existente. En la página blanca sobre la que me inclino y que no volveré a profanar con la simiente obscena de mi bolígrafo.

Página 252

El mundo de Cegador es el poder de evocar recuerdos personales, pretéritos y sin importancia, pero que cobran vida como mero reflejo den la experiencia personal del protagonista. Baste un ejemplo: la página 314 nos devuelve a un momento del siglo pasado en el que volver a casa tras una tormenta y referirse a un baño cobran la mayor de las importancias. Pero a la vez es un ejercicio de literatura malabarista, que juega con situaciones variopintas e irreales: sectas, pasadizos y ángeles (por mencionar tres) bajo la mirada impertérrita de una Bucarest siempre al borde de la ruina y de la demolición.

Me temo que esta reseña no refleja ni una mínima parte de esta, citando a la sinopsis, caleidoscópica historia. Fijaos si yo misma tenía dudas de cómo haceros partícipes de esta novela que he postergado escribirla hasta ahora, a pesar de que lo leí en lo más duro del confinamiento.

También esta experiencia extraña ha tenido mucho de esta historia, o más bien, ambos se han unido en un momento en el que lo real tenía mucho de literario y lo literario pasó a formar una parte básica de la rutina. Para mí El ala izquierda forma parte de la experiencia de este extraño 2020.

Tal vez en el corazón del corazón de este libro no haya sino un grito amarillo, cegador, apocalíptico.

Página 309

Y tal vez ese grito apocalíptico sea un chillido que se entiende mucho más en un 2020 de locos. En cualquier caso, y como siempre os digo, leed a Cărtărescu. Acercaos a conocer su literatura. No os arrepentiréis.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Multitud de fragmentos interesantes, alegóricos, poéticos.
  • Impecable edición de Impedimenta.

Contras

  • Como en los sueños, genera confusión, desorientación y desasosiego.

Namaste.

 

Autor, Literatura, Marzano-Lesnevich

Nada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich

Llegué a este libro de casualidad. Fue Diego, lector del blog, que me lo recomendó. Simplemente lo anoté y esperé a que le llegara su turno.

Lo compré un tiempo después y decidí empezarlo enseguida, más que nada porque la curiosidad me empujaba a su lectura. Como sabéis no suelo leer las sinopsis, así que no sabía con detalle de la temática de la historia, más allá de lo que aparece en el subtítulo: un asesinato y unas memorias.

Nada más real que un cuerpo es la historia de un asesinato real. La muerte de Jeremy, de 6 años, que murió en Luisiana en 1992  y por el cual el pedófilo Ricky Langley fue condenado a muerte.

En el caso de las memorias, y al contrario de que lo yo habría adivinado, son las memorias de la propia Alexandria Marzano-Lesnevich.

Inicialmente, darme cuenta de que la autora se iba a atrever a contar la historia de Jeremy Guillory y la suya de forma paralela, me hizo enarcar una ceja. ¿Cómo de importante se tenía que considerar la autora para pensar que al lector le podía ser interesante lo que tenía que contar de su familia? ¿Quién es capaz de comparar una vida normal con el asesinato de un niño?

Al principio del libro no sabemos de qué lo que nos quiere contar la autora sobre sí misma, lo que sí sabemos es el modo en el que conoció la historia de Jeremy: unas prácticas para un bufete de abogados en el que el caso Langley aparecía como uno a estudiar. Se añade además que la propia Marzano-Lesnevich comenzó su experiencia como firme opositora de la pena de muerte. Estos tres elementos (su conocimiento del caso, sus convicciones éticas y su propia experiencia personal) le conectarán con un caso atípico del que iremos conociendo más detalles poco a poco.

Para ello, la autora se apoyará en informes, grabaciones, testificaciones y también en información sobre la vida de la familia de Jeremy y el pasado de Langley para acabar explicando qué antes, durante y después, abarcando también lo que sucedió en los juicios posteriores. Una investigación muy pormenorizada que ella misma incluye al final del libro, en un epígrafe fuentes consultadas, donde explica el fundamento de cada afirmación que ha ido vertiendo anteriormente.

Los capítulos del crimen se alternan con la vida de la autora. Lo cual genera un desequilibrio del que se sabe aprovechar: si al principio la historia que más nos interesa conocer es la de la muerte de Jeremy, hacia la mitad del libro cuando nos explica su historia, la cosa cambia.

(No quiero desvelar sobre qué se trata en concreto. Sólo apuntar que la duda que embargaba al principio desapareció cuando narró no sólo lo que le sucedió sino lo que conllevaba su experiencia).

Nada más real que un cuerpo es un libro extraño. A camino entre un true crime del estilo de A sangre fría, de Truman Capote, pero en el que se incluyen hechos autobiográficos y reflexiones concretas sobre temas éticos (la pena de muerte, el papel de los adultos ante determinadas situaciones) y otros procesales como el sistema judicial estadounidense. Pero es también casi un thriller, casi una historia de autoficción (de las que, no sé si es que abundan mucho o me paso leyendo una detrás de otra), casi una novela policíaca. Si no fuera porque desgraciadamente, todo lo que cuenta es cierto y detrás de cada testigo, de cada prueba y debajo de la historia de Langley está Jeremy: su vida perdida y su dolor, el sufrimiento de su familia y la injusticia de perder a un pequeño cuando apenas había empezado a vivir.

Dice en la sinopsis (que, ahora sí, he leído), que es un libro inquietante. Quizá han incluido inquietante que es un adjetivo mucho más pintón que el que habría incluido yo: molesto. Molesta leer sobre una muerte real. Sabemos lo que hay ahí fuera, pero es molesto que nos lo recuerden, que despojen de la impersonalidad tanto al criminal como a la víctima: narrar cómo era su vida y los pequeños detalles nos hace darnos cuenta de que tanto unos como otros están ahí, cerca. Y eso inquieta. Molesta también porque nos hace reflexionar: sobre la culpa, el remordimiento, sobre los secretos (todas esas cosas que se saben, se susurran, se comentan), determinadas cosas que se dan por hecho (esa persona siempre ha sido así) y se aceptan sin preguntar. Molesta conocer la historia de la autora.

Leer Nada más real que un cuerpo ha sido como correr un sprint sin estar preparado. Tienes ganas y lo lees rápido, lo devoras, te ansía conocer más; pero llega un momento en el que tus pulmones no dan más de sí, las piernas sólo sienten calambres y tu cerebro empieza a lanzar mensajes de autosabotaje. El libro te molesta. Ya no necesitas más detalles, sólo parar.

Nada más real que un cuerpo es también un libro de los que pasan desapercibido como lo pasan en la parrilla televisiva los programas de sucesos a pesar de que siempre, siempre, estén ahí.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La mezcla, extraña, entre narración objetiva, memorias y temáticas a reflexionar.
Contras
  • La última tercera al incluir más detalles, la fuerza inicial desaparece.
  • Libro molesto.

Namaste.

Literatura

El ángel del olvido, Maja Haderlap

Os comentaba en una entrada anterior que había pasado por un bloqueo lector.

Pues bien, hoy os traigo uno de los causantes del parón.

El ángel del olvido (Periférica, 2019), llegó a mi estante tras acudir a una librería. No conocía nada ni del libro ni de la autora y tampoco tenía ninguna referencia de ellos. Decidí colarlo entre mis lecturas animada al saber que se trata de una novela corta, que apenas llega a las 300 páginas.

La acción se sitúa en Austria, en la frontera con la antigua Yugoslavia. Nuestra protagonista es una pequeña que, desde sus ojos de niña narra la vida con su familia en una época en la que las heridas de la Segunda Guerra Mundial no han llegado a cicatrizar. La historia pintaba bien, parecía perfecta para empatizar con los personajes y acabar a lágrima viva.

El estilo, lleno de lirismo, ponía una nota de color que se contraponía con la evidente tristeza de las anécdotas y situaciones de los personajes.

He caído dentro del carcaj de la muerte, he oído su respiración, he palpado sus fauces.

Página 69

Sin embargo, nada de lo anterior conseguía que leyera 30 o 50 páginas de golpe. Imposible. Escogía este título, apenas leía 10 páginas y acaba postergando su lectura. Decidía empezar otro libro, y trataba de convencer de que cuando terminara este nuevo, esta vez sí, iba a seguir con El ángel del olvido hasta por fin terminarlo. Pero nunca ocurría. Pasaron los días y las semanas hasta que por fin acepté que el denominador común era este libro.

Así que, siguiendo mis propios consejos para superar un bloqueo lector, acepté que este libro no es para mí. Que esta lectura no conecta con mis gustos o que simplemente, no la he pillado en buen momento.

Aceptemos que no siempre se acierta, que no todas las lecturas del año son fantásticas y maravillosas y que muchas acaban relegadas a, precisamente, lo que adelanta el título: el olvido.

Que sean pocas, que sepamos escoger es también parte del éxito del año lector. Ser capaz de huir de modas, reconocer voces o temas que no nos interesan, saber qué es lo que nos conviene y nos gusta leer, huir de determinadas novedades. No es fácil. De todo se aprende. Y si no se acierta, como en este caso, pues a otra cosa. ¡Será por libros!

Namaste.

 

 

Literatura, Smiley

Un amor cualquiera, Jane Smiley

Fue en 2019 cuando descubrí a Jane Smiley con La edad del desconsuelo, que no sólo me gustó sino que lo incluí entre las mejores lecturas del pasado año. Así que cuando me enteré de que Sexto Piso volvía a publicar a la autora, este título pasó a mi lista de libros que leer. ¡Gracias por el envío, chicos!

Como habréis visto en el anterior post, ya he comprado otro título de ella (además por el que le dieron el Pulitzer, Heredarás la tierra), con lo que podréis imaginaros que Smiley se ha hecho por derecho propio, un hueco entre mis autores a los que seguir la pista.

Un amor cualquiera narra la historia de los Kinsella. Una familia con cinco niños aparentemente normal que cambiará de rumbo cuando el padre se lleva a los niños a otro país de un día para otro. La fractura de la familia como punto de partida de un camino que marcará una bifurcación entre lo que pudo haber sido y lo que fue.

Aún con un planteamiento aparentemente triste, los derroteros que toma la autora para contarnos la historia de la familia están bastante alejados del componente lacrimógeno. Smiley decide dar un salto temporal, que los niños sean adultos y que, con el manto de serenidad del tiempo puedan conversar y reflexionar sobre lo que supuso en su vidas.

Hay cosas que podemos hacer sin problema en nuestra familia – comer tranquilamente, prestar dinero, contar secretos – pero cuando nos juntamos, los ecos del pasado nos desbordan.

Página 15

Lo que consigue es generar un interés adicional más allá de la relación paterno-filial, con lo que podemos conocer los roles y la relación de los hermanos entre sí, sus caracteres y su vida adulta.

Un amor cualquiera es una de esas novelas que te sacan de un bloqueo lector. Que te animan a abandonar cualquier pantalla a la que estés pegado para meterte de lleno en sus páginas. Es una de esas historias donde la acción es parca, siendo importante las conversaciones, lo pequeño del día a día: una mirada, un café pendiente, el regreso de alguien querido. Sutilezas que parecen fáciles de conseguir pero que engañan.

¿Cuántas veces no hemos podido empatizar con un personaje después de mil páginas? Más de las que me gustaría admitir. ¿Y por qué con Smiley todo es tan sencillo? ¿Cómo conseguirlo en menos de 150? No tengo respuesta. Lo que sí sé es que esa aparente sencillez viene de la mano de una sensibilidad que me topado, con varias autoras: Nell Leyshon o Jesmyn Ward, por poner dos ejemplos. Historias sencillas, sin alharacas, que demuestran lo difícil que es narrar lo pequeño y lo bonito y elegante que lo hacen ellas.

Aprovecho para animaros a leerla, regalarla a vuestros seres queridos y de paso os dejo una cita que me ha gustado:

¿Es que no basta con vivir y morir? ¿Por qué hay que dejar constancia de todo?

Página 91

Eso. Por qué.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Historia intimista, elegante y aparentemente sencilla.
  • Te saca de un bloqueo lector y es perfecta para meterte de lleno hasta que la terminas. Exactamente como el rato que me brindó al tomar la fotografía.
Contras
  • Al ser tan corto quieres saber más de la familia. ¿Habéis visto This is Us? Pues eso.

Namaste.

 

IMM, Literatura

IMM (68): el regreso.

31 de agosto. Día Internacional del Blog. Buen momento para volver por aquí y dejaros unas palabras después de tanto, tanto tiempo.

La vuelta a la mal llamada Nueva Normalidad me dejó bastante descolocada. En junio me prodigué poco por aquí y en julio directamente desaparecí. Mis vacaciones coincidieron con un bloqueo lector que me llevó hasta agosto, donde la falta de tiempo me animó a mis pocas ganas de leer para avanzar poco o nada en mis lecturas.

Pero al final, poco a poco, los días se hacen paso y aunque he ido escogiendo lecturas más o menos sencillas que me ayudaran a seguir mi bajo ritmo lector, he podido acabar algún que otro libro que os iré enseñando.

Además, como era de esperar, tenía muchas ganas de pasarme por las librerías. En este caso os traigo el primer pedido que hice, 10 libros, la cifra que suelo comprar cuando me acerco a la Feria del Libro de Madrid. Son los siguientes:

  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad. La edición la firma la editorial Navona, que ha decidido sacar una línea con los libros ineludibles, los que siempre figuran en la lista de libros atemporales. Justo lo estoy leyendo ahora mismo. Es corto así que espero terminarlo en breve.
  • Nada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich. Recomendación de Diego por Instagram (otro lector enamorado de Libros del Asteroide). Un libro que tenía curiosidad por conocer. Como siempre, no leí la sinopsis antes de comprarlo. Os adelanto que hay un asesinato, el resto lo dejo para la reseña, que ya lo he terminado.
  • Hambruna roja, Applebaum (Debate). Suelo comprar ensayos históricos sobre temas que me interesan. El Holodomor ucraniano es uno de ellos, así que me decidí por este.
  • Mientras agonizo, William Faulkner. A pesar de que ¡Absalón, Absalón! en la estantería desde hace bastante, me tentó esta edición conmemorativa de Anagrama y al final se vino conmigo.
  • Heredarás la tierra, Jane Smiley (Tusquets). He leído un par de libros de esta autora (La edad del desconsuelo y Un amor cualquiera) y ambos me gustaron. Con este título le dieron el Premio Pulitzer así que mis expectativas son muy altas.
  • Viaje a Rusia, Josep Pla (Destino). La pluma lúcida e inteligente de Pla la disfruté en El cuaderno gris, y me apetecía volver a él. Ha pasado demasiado tiempo, lo sé.
  • La piedra de toque, Edith Warton. Esta edición la firma Circulo de Tiza. Y sí, de verdad que este va a caer en breve.
  • Middlemarch, George Eliot (Alba Editorial). Uno de mis eternos pendientes que quiero leer cuanto antes. Libro largo, mítico, de esos que hay que leer y que admito, me avergüenza decir que yo aún no lo he leído.
  • La palabra del mudo, Julio Ramón Ribeyro. Descubrí al autor por el ensayo de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén. No lo he leído nunca y tras ver esta edición del 90 aniversario de Seix Barral me animé a escoger este título. No me digáis que la portada no es preciosa.
  • Howards End, E. M. Foster. Lo he visto mucho por redes sociales y todo el mundo habla de él. Tengo curiosidad por conocer su contenido, porque como siempre, no sé de qué trama. Sólo sé que me atrae mucho. Sí, también es bastante largo.

Y vosotros, ¿qué estáis leyendo? ¿Habéis leído alguno de los que traigo?

Felices lecturas.

Namaste.