IMM, Literatura

IMM (67)

Acabó el confinamiento y abrieron las librerías. Y aunque aún nos queda bastante para volver a la normalidad (me niego a decir eso de nueva normalidad) regresar a la librería es algo que deseaba hacer.

Durante este tiempo he confeccionado mi particular lista de la compra librera. Tengo que admitir que, al igual que cuando vamos al supermercado con hambre acabamos alejados de la lista original, sólo he podido tachar un título. Aquí mis adquisiciones:

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  • Personajes desesperados, Paula Fox (Sexto Piso, 2020). Le había echado un ojo cuando se publicó, pero fue You, la serie de Netflix, la que me hizo anotarlo por simple y llana curiosidad. Caerá en breve.
  • La muerte en Venecia, Thomas Mann (Debolsillo, 2020). Mis intentos de leer al alemán se frustraron cuando leí La montaña mágica. Como podréis imaginar, me sigue dando mucho respeto volver a leerle, así que, por supuesto, queda descartado Los Buddenbrook. La muerte en Venecia parece una buena opción, a ver si esta vez no se me hace bola.
  • Trampa 22, Joseph Heller (Random House, 2019). Esta novela lleva, sin exagerar, unos 15 años en mi Lista Infinita. En muchas ocasiones lo he buscado, pero bien sea por descatalogado, por haber quedado en el olvido o por mala suerte nunca lo encontré. Casi al salir camino de la caja vi la portada, me gustó mucho y pensé que ya era hora de acercrame a este libro del que todos hablan estupendamente.
  • Ninguno de nosotros volverá, Charlotte Delbo (Libros del Asteroide, 2020). El relato de una superviviente de Auschwitz. Tenía que comprarlo.
  • Las bodas de Cadmo y Harmonía, Roberto Calasso (Anagrama, edición 50 aniversario, 2020). Desconocía este libro, pero David lo recomendó en su cuenta de Instagram. Esta edición corresponde a la conmemorativa por los 50 años de la editorial Anagrama. Os aviso que son peligrosos, que han seleccionado lo más destacado y dan ganas de comprarlos todos. Mucho cuidado.

Y vosotros, ¿habéis ido ya a vuestra librería? ¿También tenéis lista de la compra?

Decidme, ¿por cuál creéis que debería empezar?

Namaste.

 

Literatura

Undécimo aniversario

Otra vez es 23 de mayo. Eso significa que estoy de celebración, que este espacio cumple años. 11 en este caso.

Poco más puedo decir después de todos estos años que no sepáis ya.

Llevo 11 años y muchas cosas han cambiado. Los blogs están muertos, eso nos dicen, ha pasado su momento, no estamos en 2012, aunque muchos nos resistamos a dejarlos marchar. He pensado muchas, muchas veces por qué.

Estoy rodeada de personas que hicieron lo que se dice que hay que hacer: cerraron el blog, o lo dejaron de actualizar, lo cual acaba siendo lo mismo. Asumieron que no es tiempo de escribir y se pasaron a otras plataformas. Algunos acabaron en Youtube, otros trasformaron sus reseñas para adaptarse a Instagram, redujeron sus frases para adaptarse a otro medio. Se modernizaron.

Yo no. No sé si soy como la aldea gala que resiste o simplemente una estúpida que no quiere asumir la realidad, pero sigo aquí, y más aún, sorprendentemente con más periodicidad, con más entradas, otro año más.

Once.

Si algo nos ha enseñado este arranque de 2020 es que nunca se sabe. Como vengo haciendo estos años, no puedo prometer seguir otro año, no sé si llegaré a 12. No lo puedo prometer y no lo voy a hacer.

Lo hacemos y ya vemos, y si hay que celebrar otro año más, que sea a vuestra salud.

A la vuestra, lectores y acompañantes, comentaristas, antiguos y nuevos. Los que me mandáis mails, los que comentáis, los que me escribís por redes sociales.

Sigamos leyendo.

Felices lecturas.

Namaste.

Literatura, Stach

Kafka, Reiner Stach

La absolutamente descomunal y última biografía de Franz Kafka pasó a mi lista de deseables desde que vi que Acantilado la publicaba en 2016. No mucho después me encontré con este artículo de opinión con el que, al contrario que pudiera parecer, me entraron más ganas de leerlo, a pesar de su más que cuestionable título.

Todos sabemos que la pluma de Alberto Olmos es muy crítica, muchos dicen que demasiado, que le gusta la polémica y dar que hablar. La verdad es que me guardé el enlace para comprobar si le daba la razón en algunas de las cosas que menciona (spoiler: sí).

KfkaKafka, de Reiner Stach es una biografía enorme, editada en dos tomos de más de 1200 páginas cada uno. Páginas de papel de biblia, tapa dura, edición con caja apta para los más bibliófilos, y Kafka, autor objeto de culto para muchos.

Como imaginaréis, su lectura me ha acompañado muchos meses. Prácticamente todo el año 2019: lo empecé en abril y lo terminé la tarde del 31 de diciembre. Un libro tan largo necesita mucho, mucho tiempo para abarcarlo. También se ha hecho esperar esta reseña: lleva en el tintero desde enero pero la dejé reposar tanto que aquéllo parece un pasado de otra vida.

Una vez explicado lo visible llegamos a lo que nos ofrece la lectura: como podréis imaginar por la extensión se trata de una biografía muy pormenorizada de la vida del insigne checo, que incluye fragmentos, citas, cartas, fotografías y detalles de sus relaciones familiares y amistosas, de sus viajes, su trabajo y todo lo relacionado con la literatura y el momento de empezar a escribir.

2.400 páginas son muchas. Son muchas, muchas páginas. Muchas muchas para hablar de UN solo autor, de UN solo escritor del que para más inri no vivió demasiado, no fue demasiado prolífico ni tuvo demasiado éxito y no nos quedó demasiada información que trocear.

Teniendo lo anterior en cuenta, la estrategia de Stach es bien sencilla: como realmente hay muchas cosas con las que indirectamente se puede hablar de Kafka, pues hablemos de ellas, lo cual incluye la historia de Checoslovaquia, la descripción de los barrios de Praga, las consecuencias que tuvo el Plan de Saneamiento de la ciudad, por mencionar tres.

¿Quién puede decir que esto NO es hablar de Kafka? ¿Puede alguien dudar de que Kafka no era checo, praguense y judío? Y claro, ya que hablamos de Kafka tenemos que hablar de Max Brod, lo que lleva a Stach a hablar de la vida de Brod, de su obra y también de  su vida personal. Pero claro, si Kafka tenía otros amigos y otros compañeros, pues incluyamos unas cuantas páginas de la vida y obra de cada uno ellos. Y así, porque Kafka trabajaba en una compañía de seguros, también conoceremos los cambios legislativos de los seguros en la Praga de la época, los cambios por los que se tuvo que aplicar con su checo o las puntas de trabajo que le originó la nueva normativa: ¿qué mejor que contarnos el absolutamente tedioso trabajo de Franz que haciéndonos partícipes de él?

¿Acaso alguno de vosotros, malpensados, se le ha pasado por la cabeza pensar que esto son trampas? ¿Que realmente no está hablando de Kafka sino que se centra en otras personas que no son el autor objeto de estudio? Cómo sois.

Aunque claro, algunos podrían opinar que conocer determinados cambios legislativos que le afectaban a Kafka en su día a día no implica que conozcamos más a la persona. ¿Qué me decís, lectores que estáis al otro lado? ¿Si alguien desmenuzara vuestra rutina, explicando con detalle en qué trabajáis, la normativa relacionada que se os influye, sea cual sea, diríais que os conoce mejor? ¿Aporta algo saber con qué producto de limpieza os abasteceis en el supermercado? ¿Os describe de algún modo saber a qué supermercado vais a comprar?

En la noche del 21 de junio de 1621 reinaba en la ciudad vieja de Praga una tensión pletórica de miedo. Casi nadie fue capaz de entregarse al sueño, se cuchicheaba y se rezaba en grupo, se comprobaban los cerrojos de las puertas y se prestaba oídos al exterior, donde ruidos marciales anunciaban los horrores al día siguiente.

Página 54 (el capítulo se llama No pasa nada en Praga y me parece muy acertado).

Una de las principales fuentes para conocer a Kafka que utiliza Stach son las cartas y los diarios. Tener de primera mano escritos personales de Kafka ayuda a comprender sus actos y podemos conocer más a fondo lo que pensaba. El problema es que acudir a las cartas nos conduce, obviamente, a conocer no lo que pensaba, sino lo que escribió. Y en relación a los diarios, lo que queda que escribió después de un proceso de edición enorme así como la pérdida de otros tantos tras la muerte del checo. En resumen: es bien complejo saber qué se le pasaba realmente a alguien. O quizá interesa darle más importancia de la que tiene a una carta, porque para Stach en un texto no se puede sino ser siempre sincero. Siempre, siempre, siempre.

Entonces, ¿corresponde al biógrafo rellenar los huecos de cosas que no dijo, de actos que no sabemos? Para Stach sí. Para Stach es lícito que él explique cómo se sentía Kafka a raíz de un comentario que le escribió a Brod, o lo que pensaba realmente de un problema que tenía. ¿Acaso los demás tenemos argumentos para llevarle la contraria?

Para Stach sí pero para mí, no. Todo lo que se sale de lo que se lee o de la biografía es hipótesis. Y siguiendo ese hilo cualquier otra conclusión a la que llegue esta hipótesis es pura invención:

Hacía diez años que Kafka no veía el mar, y le pareció como si se hubiera vuelto más bello durante ese largo tiempo. Le hacía feliz verlo, aunque ya no pudiera sumergirse en él con tanta inocencia como antes.

Página 2144

Parece como si Stach tratara a su biografiado como una personaje de novela, algo que podemos apreciar a lo largo de todo el libro: por un lado, lo trata de forma uniforme, como si fuera la misma persona con 18 años que con 30. Por otro, el autor opta por organizar gran parte del libro por temáticas, incluyendo pocas fechas y apoyándose en textos anteriores o posteriores al momento en el que se supone que está para reafirmar su argumento.

Con esto no quiero decir que la biografía no esté ordenada cronológicamente, porque obviamente, empieza con el nacimiento de Kafka (o con el momento histórico) y el libro termina con su muerte, pero lo cierto es que durante este camino, Stach se bifurca en temáticas diversas y acaba generando situaciones absurdas, no por los saltos temporales sino por incluir una carta de 1918 para reforzar una teoría de 1915. Me ha ocurrido que he tenido que revisar en qué año estaba porque me despistaban los fragmentos. En este sentido, me ha ayudado tener a mano el cómic de la biografía de Kafka de Robert Crumb. Como podréis imaginar, es un libro prácticamente esquemático comparado con este ensayo, pero en los momentos iniciales Stach se empeña en hacer referencias a personas que aparecen más tarde en la vida del escritor (como Felice y Milena), así que conocer a grandes rasgos la vida de Kafka es recomendable.

En general, el tono de Stach se mueve en un terreno de soberbia y ego difícil de obviar:

El biógrafo no puede dar consejos, y el diagnóstico a distancia, sin tener en consideración los cambios habido en las relaciones humanas en el transcurso de generaciones, incluso de épocas sucesivas, es una de las más repugnantes manifestaciones secundarias de esa nivelación histórica que se viene observando desde hace décadas, bajo el imperio discursivo de la psicología.

Página 1127

Critica Olmos en el artículo que ha encontrado dos erratas. No puedo más que llevarle la contraria. ¿Dos? ¿Sólo dos? ¡Si antes de llegar a la página 150 yo había encontrado por lo menos cuatro! ¿Será que  leyó menos de las 1.200 páginas que admite que leyó realmente? No lo sé. Lo que sí que puedo decir es que me he encontrado decenas de erratas. Decenas. Lo cual, quizá, no tiene tanta importancia si tenemos en cuenta que se trata de un libro tan inmenso. No sé, casi parece imposible que se edite una biografía de estas características sin una sola errata (pensamiento de Laura cuando iba por la página 600). Sin embargo, cambié radicalmente de opinión cuando llegué a la página 716 y me encontré una errata en el apellido del autor. Sí, habéis leído bien. Yo tampoco podía creérmelo. Tuve que parpadear y mirar de nuevo, porque no podía ser. Porque sencillamente no me cabe en la cabeza cómo se puede dejar mal escrito el puñetero apellido del autor sobre el que trata el libro, que para más inri tiene CINCO PUTAS LETRAS Y SE REPITEN CON DOS CONSONANTES Y UNA SOLA VOCAL. Con ello no quiero decir que un apellido más largo hubiera tenido menos delito, solo puntualizar que si escribes mal Knausgård al menos hay una cierta dificultad, dos vocales, varias consonantes juntas y hasta un circulito encima de la a.

Pero, y aquí viene lo mejor, esa errata no ocurre una sola vez, porque, voilà, en la página 1478 vuelve a aparecer. ¡Albricias! ¡Viva Kakfa!

También he encontrado exasperantes algunas de las expresiones que se incluyen. No digo que no sean correctas, sólo que me chirría el abuso de los anglicismos para referirse a determinadas cosas que se podrían haber traducido con una palabra en castellano. Quizá si la biografía hubiera sido de Bill Gates pues vale, incluye lo de start-up y aquí paz y después gloria, pero siendo de un escritor praguense que vivió entre el siglo S.XIX y el XX pues no entiendo bien por qué optar por small-talk teniendo otras muchísimas otras opciones. Quizá es que no seamos native speakers y no entendemos la modernidad.

De hecho Kafka tuvo la sangre fría de viajar en Pentecostés (…) y, en medio de las masas de excursionistas, visitar algunos hot spots recomendados por la guía Baedeker.

Página 1497

Dice Olmos:

¿De verdad alguien está leyendo una pedazo biografía de Kafka de más de 2000 páginas para mencionarlo con pedantería en cualquier reunión social que se precie? Olmos debe de tener unos amigos muy redichos o una vida muy aburrida para recurrir a esto.

En este punto no puedo sino llevarle la contraria: a mí sí me interesa cuántas habitaciones tenía la casa de soltero de Kafka. Entre otras cosas porque puede afectar muy mucho a su proceso creativo (¿acaso no era importante saber que Kennedy Toole escribía en una base militar o que Kerouac alquilaba la máquina de escribir? ¿No es importante saber si Dickens publicaba por fascículos o si Bolaño tenía problemas financieros?)

Aunque sí coincido con Olmos en una cosa: cualquier buena biografía que se precie ha de basarse en algo contundente: si se admite que el autor estaba contento / deprimido / eufórico debe ser porque lo dijo, lo escribió o lo comentó. No porque imaginamos que debió de sentirse de una terminada forma en una situación. ¿Cuál es el problema? Que si lo que vas a hacer es transmitir lo que Kafka escribió por carta, dime por qué narices estoy leyendo una biografía de 2000 páginas en lugar del diario de marras. Preguntas sin respuesta.

Pero es que hay más: el autor es capaz de utilizar el mismo argumento para decir una cosa y su opuesto: si en la página 1836 nos dice que Conversaciones con Kafka de Gustav Janouch no es una fuente fiable porque se han comprobado numerosos errores cronológicos (nota al pie 14, página 1836), esa misma fuente tiene validez en la siguiente página. Bienvenidos a la nave del misterio.

Obviamente no todo van a ser cosas negativas: se incluyen fragmentos interesantes de la obra del checo, además de conocer muchos aspectos de su vida que sí me parecen interesantes (qué tipo de estudiante era, las influencias de los amigos y los círculos literarios en los que se movía), los viajes que hacía, qué veía, en qué se interesaba, o la historia de la idea que quería patentar con Max Brod… y para un fanático resulta muy interesante indagar en esos detalles, consiguiendo una imagen más global y poliédrica del autor. Te deja además con las ganas de leer las fuentes a las se refiere: las cartas, los diarios y el resto de obra que aún me queda por conocer. Este libro alimenta tus ganas de seguir leyendo a Kafka.

Si habéis llegado hasta aquí, gracias. Prometo que esta reseña interminable será una excepción.

Sigamos leyendo.

Namaste.

 

 

Autor, Hackl, Literatura

Los motivos de Aurora, Erich Hackl

Los motivos de Aurora (Hoja de Lata,  2020) se vino conmigo en mi última visita a la librería previa a todo este lío del confinamiento. Lo compré junto con La madre de Frankenstein de Almudena Grandes, que también aborda esta historia. Estuve dudando si leer primero uno  otro pero fue la extensión la que decantó por éste.

Los-motivos-de-AuroraMi intención original era leer un par de capítulos para evitar seguir leyendo historias más densas y sesudas. Sin embargo, me encontré con este inicio:

Un día, Aurora Rodríguez comprendió que tenía que matar a su hija.

Página 9

Y claro, no pude dejar de leer, hasta conseguir lo contrario de lo que esperaba: aparqué el resto de los libros hasta que terminé este.

La historia de Aurora Rodríguez es a la vez la historia de Hildegart, una joven precoz, pionera como intelectual y conferenciante que buscaba mejorar las condiciones de las mujeres en las dos primeras décadas del siglo XX. Referente de la época, comenzó a leer a los dos años y a los trece empezó la universidad. Su madre, volcada en su aprendizaje, alejada del padre y organizada estrictamente para invertir su tiempo en las temáticas a las que se debía dedicar. El ocio no cabía en la vida de Hildegart. A fin de cuentas ella sería lo que la madre no pudo ser.

No se entiende entonces, por qué la madre decide matar a la hija. Por qué después de tanto esfuerzo y sacrificio, dispara a Hildegart, qué se le pudo pasar por la cabeza a Aurora para cometer el crimen.

Y a esto es a lo que se dedica Hackl: a novelizar la historia de ambas, a narrar lo que pudo haber sido. A poner blanco sobre negro la relación de dependencia entre ambas y la sensación de pérdida de Aurora cuando su hija comienza a hacer vida de adulta.

El realismo en política nos atonta, dijo Hildegart, nos vuelve sumisos.

Página 97

El problema es que sabemos que es novelizar cuando leemos la nota del autor, que nos deja claro que aunque determinada información sí es histórica, el resto es pura invención.

Si acepto que se publique esta novela ahora, treinta y tres años después de la primera edición, precisamente en España, a pesar de sus elementos ficticios que consideraría como infracciones intolerables si aspirara a relatar la historia verídica de Aurora, es por creer que la mayor parte de las obras literarias y dramáticas publicadas o puestas en escena trataban el caso desde una óptica intimista y personalizada, haciendo hincapié en la terrible opresión que la madre (…) ejercía.

Página 148

Esta aclaración me hizo darme de bruces con una realidad: también esto es ficción. Releo la sinopsis y mi confusión se mantiene. Esperaba un texto periodístico del estilo de Operación Masacre de Rodolfo Walsh o Viaje a la aldea del crimen, de Ramón J. Sender.

En definitiva, mi sensación es agridulce. Me ha gustado descubrir la historia de Aurora y de Hildegart pero porque en todo momento pensaba que cada información era histórica, y no basada en hechos reales.

Me da rabia que sea así porque durante todo el texto de Hackl me vi a mí misma metida de lleno en la historia, con la sensación de haber sido teletransportada a la España de la época, empatizando con una Hildegart que es despreciada por ser joven y mujer, cuando lo que tenía destinado ser era el nombre propio que consiguiera liberar a las mujeres del control férreo de sus maridos.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo está narrada la relación madre-hija.
  • No lo puedes soltar hasta que se termina.
Contras
  • Empecé el libro pensando que no era ficción.
  • Entiendo la referencia clara pero no toda Castilla es La Mancha. Página 49.

Namaste.

Autor, Literatura, Portela

Formas de estar lejos, Edurne Portela

Regreso a Portela tras haber leído Mejor la ausencia  (Galaxia Gutenberg, 2019)una novela muy potente que me hizo querer conocer más la obra de la autora. Así las cosas, acabé comprando Formas de estar lejos (Galaxia Gutenberg, 2019) no hace demasiado, y decidí leerla durante este confinamiento por tener más tiempo para dedicarle y por prever que iba a querer meterme de lleno en ella.

Formas-de-estar-lejosLa protagonista de la novela es Alicia, universitaria que llega a Estados Unidos por motivos profesionales y que se enamorará de Matty, un estadounidense con todo lo que cualquiera podría desear para llegar a exitoso.

Sabemos desde el primer momento que la cosa ha acabado en divorcio. El propio prólogo se titula Poco antes del final así que la autora deja claro desde el primer momento que esto es algo muy diferente a una historia de amor.

Aunque obviamente parte de su trama incluye los momentos románticos de los protagonistas: cuando se conocen y cada uno de los pasos que van dando en su relación, pero centrándose siempre en todos aquellos aspectos que van agrietándola: el modo en el que se desdibuja el carácter de ellos para adaptarse a la pareja y la forma sibilina en el que la violencia y la presión se incluyen como elementos ordinarios en su día a día.

Todo esto lo vamos viendo poco a poco a lo largo de los capítulos, los cuales van alternando narrador: tanto los dos protagonistas como uno omnisciente y las notas del diario de Alicia.

Formas de estar lejos es una historia con la que arrugar el morro de forma constante. Portela nos va dejando pistas, indicios, detalles que Alicia no ve o pasa por alto pero que van añadiéndose a otros tantos. Matty huele a gato encerrado desde que aparece. Pero hasta que Alicia sea capaz de verlo por sí misma iremos acompañándola en un camino pedregoso y tortuoso que la llevará al divorcio primero y a la libertad después.

Como ya demostrara en Mejor la ausencia, la autora es una escritora con recursos que le ayudan a desnudar los personajes y así podemos conocer sus miedos, inseguridades, donde la violencia está siempre presente, de una manera u otra.

Os dejo el fragmento que más me ha gustado, está en el final, así que evitad leerlo si no queréis información de más:

Pongo un océano de por medio pero no quiero empezar de cero, no quiero borrón y cuenta nueva, no quiero reconstruir mi vida sin entender cómo he llegado aquí.  Me llevo mis ruinas conmigo, las respetaré y las interpretaré, haré de ellas un lugar hospitalario y atenderé a los mensajes que me comuniquen sus fantasmas. Y tal vez, quizás, llegará el día en el que sobre ellas construya mi nueva ciudad.

Página 238

Formas de estar lejos es un buen libro, quizá me gustó más Mejor la ausencia, me parece una novela más redonda (o simplemente lo que influye sea el factor sorpresa). Lo que me alegra es pasar a la autora como buen asidero lector en caso de necesidad.

No dudéis en leerla y luego en venir a contármelo.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Perfecta si estás pasando por una crisis lectora.
Contras
  • El estilo de Portela requiere todo nuestro tiempo y atención.

Namaste.

Autor, Ayen, Literatura

Aquellos años del boom, Xavi Ayén

De un tiempo a esta parte, tengo la costumbre de añadir un ensayo a mis lecturas, de modo que leo a la vez una o dos novelas y también un ensayo. Mientras que en el pasado la temática eran siempre histórica, he ido alternando y ahora me centro también en otra área. Tranquilos que no me he ido muy lejos porque es la literatura. Leer sobre los detalles relacionados con escritores, biografías, correspondencia y todo aquello que les ocurría mientras escribían las grandes obras me parece muy interesante, además de centrar en un contexto histórico-social al propio autor y a su obra.

Aquellos-anos-del-boomPues bien, en los primeros momentos del confinamiento me costaba bastante concentrarme, sobre todo en prosas líricas como la que estaba leyendo: El ala izquierda de Mircea Cărtărescu me parecía una lectura demasiado compleja con la que mi mente se evadía de forma constante. Recordé que compré este libro hace una vida, y decidí que era buen momento (justo tras releer Cien años de soledad) de hincarle el diente.

Lo que no esperaba es que Aquellos años del boom (RBA, 2014) iba a ser una lectura para leer de corrido, siguiendo la manida expresión se lee como una novela. Llegó un momento en el que no podía parar de leer, quería seguir conociendo los detalles uno detrás de otro, a pesar de contar con más de 700 páginas.

Os podréis imaginar por la portada que esos dos escritores que miran al horizonte con punto de hastío son los principales pilares sobre los que centra este ensayo. Efectivamente. La publicación de Cien años de soledad como hito fundacional y La ciudad y los perros como cimiento de otras muchas que vendrían después, articulan el fondo del boom.

El resto, personajes clave que situaron a Barcelona como el epicentro de un boom latinoamericano con múltiples voces y mucho bueno por escribir. Así, conocemos la intrahistoria del trabajo de Carmen Balcells (la mítica Mamá Grande) y de Carlos Barral, editor de Seix Barral.

El resto de escritores no se quedan atrás: Carlos Fuentes, Álvaro Mutis, Julio Cortázar, José Donoso, Sergio Pitol… por decir algunos. Cada uno tiene su propio capítulo en el que podemos conocer un poco de su biografía, así como sus intereses y parte de su obra. Anécdotas, comentarios, la relación que tenían entre ellos… múltiple información que se va incluyendo para que conozcamos uno poco más profundamente a este conjunto de escritores. No todos forman parte del denominado boom (por llegar más tarde, por ser más jóvenes… etc), pero todos tienen mucho que decir.

En cualquier caso, autores de Hispanoamérica que por primera vez saltan las fronteras nacionales, cruzan un océano y se convierten en la revolución de la literatura de los años sesenta y setenta. Obras míticas de autores diversos, que coincidieron en un espacio tiempo y que, cada uno con su visión del mundo, configuraron un nuevo mapa literario.

Lo que puedo resumir felizmente en un par de líneas, lo que ahora sabemos todos (su éxito superventas, su reconocimiento a través de múltiples premios, el Nobel), entonces no dejaban de ser escritores que trataban de hacerse un hueco. La fama y el prestigio vendrían más tarde. Mientras tanto tenían bastante con lidiar con el tema económico. El objetivo: ser capaz de profesionalizarse y vivir solo de la literatura. El obstáculo: la censura, por supuesto:

De todos modos, la peor censura del mundo no era la española, sino la soviética. Un día me llegó la traducción al ruso de La muerte de Artemio Cruz. ¡Tenía solamente treinta páginas! Fui a pedirles explicaciones y me dijeron: Es que hemos eliminado todo lo relativo a política y sexo. ¡Qué maravilla!, -les respondí- ¿De dónde habrán sacado ustedes las treinta páginas que quedan? ¡Si todo el libro va de eso!

Página 608

Una de las principales pegas que le veo al ensayo es que no tiene un orden cronológico, sino que los capítulos se agrupan por temáticas. Esto genera reiteraciones o bien omisiones que quedan suplidas un poco más adelante. Por ejemplo: el segundo capítulo está dedicado a Gabriel García Márquez, el proceso de edición y detalles concretos sobre la publicación. El camino que ha tomado Gabo desde su Colombia natal no se detalla hasta varios capítulos más tarde, donde evidentemente, se vuelve a mencionar su obra magna.

Lo mismo sucede con otras personas que aparecen como clave en algunos momentos (Esther Tusquets, Beatriz de Moura), se presupone que ya sabemos quién son para, algo más tarde, describir a ambas.

Como podréis imaginar, después de leer este libro sales con otro montón de títulos pendientes de leer: bien sean autores nuevos (para mí, Rybeiro o Bryce Echenique), algunos conocidos (me dan ganas de releer La muerte de Artemio Cruz, que por cierto, la reseña que publiqué en su momento ha desaparecido), además de un puñado de ensayos que giran sobre este mismo tema.

En resumidas cuentas: me lo he pasado pipa. No sólo con la información objetiva de la historia (contratos, información sobre las editoriales, ferias… etc) sino también conocer un poco más la personalidad de este grupo de escritores. No se puede pedir más.

FICHA:

Te gustará si te gusta
  • La literatura hispanoamericana.
Pros
  • Incluye a la vez información objetiva y muchas anécdotas y detalles que nos hacen conocer a los escritores.
  • Anotar otros tantos títulos para leer.
Contras
  • El orden temático (y no cronológico) del ensayo.
  • Excesiva subjetividad en algunos temas. Le quitaría unas cuantas páginas, por ejemplo en el capítulo 3.

Namaste.