Os traigo por fin la última entrada de los libros que leí en 2025, con dos títulos dispares pero que merecen la pena.
Un héroe de nuestro tiempo de Lérmontov es uno de esos títulos que figuran como precursores y base de los grandes escritores rusos, aunque bastante menos conocido, al menos en España que los títulos de Tolstói, Dostoievsky o Gógol.
A nivel estructural, la historia tiene algo del Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki, esto es, se narra la historia que dejó un personaje en sus diarios, y estos han pasado de mano en mano hasta que alguien lee su contenido.
El protagonista es Pechorin, un héroe de esos que no acaban de ser tal, un viajero que se pone en riesgo, que se enamora de mujeres simplemente por hacer algo, a quien nada llena ni nada le acaba de interesar del todo. Un héroe romántico, que valora poco la vida, que asume los riesgos porque nada merece su tiempo y su verdadera pasión. Tal y como lo he descrito parece un personaje fútil, inútil y poco interesante, pero justo lo contrario. No sólo por las preciosas descripciones de Lérmontov, como la que sigue:
Lo primero es que no se reían cuando reía él. ¿Nunca habéis tenido ocasión de observar semejante fenómeno en algunas personas? Es indicio de mal carácter o de tristeza profunda y constante.
Página 56
Sino porque en su fuero interno, entendemos al héroe que no quiere admitir cosas que no puede controlar, como su amor por Vera. Pechorin es un nihilista, un hombre cuya única certeza es la muerte.
Hago memoria de todo mi pasado e, involuntariamente, me pregunto: ¿para qué he vivido? ¿Con qué fin nací?
Página 151
Lo de menos es la creación de esa imagen de la ruleta rusa, la primera en la literatura por lo que comentan los entendidos.
Mi edición la compré de segunda mano en la Villa del Libro, pero lo tenéis en Nórdica.
El nadador en el mar secreto de Kotzwinkle es una novelita corta, prácticamente un relato, de menos de 100 páginas de un autor estadounidense que me habían recomendado mucho. En esta edición de Navona de 2025
La historia comienza con Diane rompiendo aguas, como inicio de un parto que termina de la más cruel de las maneras. Kotzwinkle le da a su estilo un punto denso, pesado, en el que cada palabra parece estar medida para trascender, para posarse en nuestras entrañas. En la sinopsis hablan de poesía, pero para mí es justo lo contrario, es la más espeluznantes de las narraciones, la prosa más certera para poner en nuestro pecho una losa, la de la muerte. La de la incomprensión sobre la situación que están viviendo los personajes.
Esta es la razón de nuestro esfuerzo, que pueda venir el amor al mundo.
Página 35
En cierto modo me ha recordado a Una cuestión personal de Kenzaburo Oé, por esa crudeza, a la vez que por ese uso magnífico del lenguaje, que con pocas páginas consigue un golpe de efecto brutal.
En breve más reseñas.
Namaste.










