Fue en 2019 cuando descubrí a Jane Smiley con La edad del desconsuelo, que no sólo me gustó sino que lo incluí entre las mejores lecturas del pasado año. Así que cuando me enteré de que Sexto Piso volvía a publicar a la autora, este título pasó a mi lista de libros que leer. ¡Gracias por el envío, chicos!
Como habréis visto en el anterior post, ya he comprado otro título de ella (además por el que le dieron el Pulitzer, Heredarás la tierra), con lo que podréis imaginaros que Smiley se ha hecho por derecho propio, un hueco entre mis autores a los que seguir la pista.
Un amor cualquiera narra la historia de los Kinsella. Una familia con cinco niños aparentemente normal que cambiará de rumbo cuando el padre se lleva a los niños a otro país de un día para otro. La fractura de la familia como punto de partida de un camino que marcará una bifurcación entre lo que pudo haber sido y lo que fue.
Aún con un planteamiento aparentemente triste, los derroteros que toma la autora para contarnos la historia de la familia están bastante alejados del componente lacrimógeno. Smiley decide dar un salto temporal, que los niños sean adultos y que, con el manto de serenidad del tiempo puedan conversar y reflexionar sobre lo que supuso en su vidas.
Hay cosas que podemos hacer sin problema en nuestra familia – comer tranquilamente, prestar dinero, contar secretos – pero cuando nos juntamos, los ecos del pasado nos desbordan.
Página 15
Lo que consigue es generar un interés adicional más allá de la relación paterno-filial, con lo que podemos conocer los roles y la relación de los hermanos entre sí, sus caracteres y su vida adulta.
Un amor cualquiera es una de esas novelas que te sacan de un bloqueo lector. Que te animan a abandonar cualquier pantalla a la que estés pegado para meterte de lleno en sus páginas. Es una de esas historias donde la acción es parca, siendo importante las conversaciones, lo pequeño del día a día: una mirada, un café pendiente, el regreso de alguien querido. Sutilezas que parecen fáciles de conseguir pero que engañan.
¿Cuántas veces no hemos podido empatizar con un personaje después de mil páginas? Más de las que me gustaría admitir. ¿Y por qué con Smiley todo es tan sencillo? ¿Cómo conseguirlo en menos de 150? No tengo respuesta. Lo que sí sé es que esa aparente sencillez viene de la mano de una sensibilidad que me topado, con varias autoras: Nell Leyshon o Jesmyn Ward, por poner dos ejemplos. Historias sencillas, sin alharacas, que demuestran lo difícil que es narrar lo pequeño y lo bonito y elegante que lo hacen ellas.
Aprovecho para animaros a leerla, regalarla a vuestros seres queridos y de paso os dejo una cita que me ha gustado:
¿Es que no basta con vivir y morir? ¿Por qué hay que dejar constancia de todo?
Página 91
Eso. Por qué.
FICHA:
| Te gustará si te gustó |
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| Pros |
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| Contras |
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Namaste.


Mientras que otros lectores empiezan por los libros cortos, yo lo dejé para el final.
Mi intención original era leer un par de capítulos para evitar seguir leyendo historias más densas y sesudas. Sin embargo, me encontré con este inicio:
La protagonista de la novela es Alicia, universitaria que llega a Estados Unidos por motivos profesionales y que se enamorará de Matty, un estadounidense con todo lo que cualquiera podría desear para llegar a exitoso.
Pues bien, en los primeros momentos del confinamiento me costaba bastante concentrarme, sobre todo en prosas líricas como la que estaba leyendo: El ala izquierda de Mircea Cărtărescu me parecía una lectura demasiado compleja con la que mi mente se evadía de forma constante. Recordé que compré este libro
A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España es un compendio de once relatos que tienen como punto en común el momento histórico en el que tienen lugar: la Guerra Civil española. Redactados entre 1936 y 1937, fueron publicados en Chile con posterioridad, pero en España tuvimos que esperar bastante más tiempo para tener una edición como esta (de hecho, fue en 1993 cuando se editaron nueve de estos relatos, los otros son eran hasta ahora inéditos).
Mi prejuicio con esta lectura pasaba por imaginármelo como una lectura ardua, lenta y muy reflexiva, quizá porque sabía que en parte es una historia autobiografía y por conocer el fatídico final de Plath, que se suicidó con apenas 30 años.
