IMM, Literatura

IMM (85)

Os traigo las que quizá serán las penúltimas incorporaciones a mis estantes de este año, antes de la llegada de la Navidad.



  • Los chicos de Hidden Valley Road, Robert Kolker (Sexto Piso, 2022). Tras buenísimas opiniones que he leído por redes, finalmente yo también he caído. Le tengo unas ganas bárbaras, a ver si despejo las lecturas en curso y me pongo con él.
  • El tugurio, Émile Zola (Trotalibros, 2022). Un tochazo de la mano de Trotalibros, que para mí será mi segundo Zola tras Germinal, que leí hace más de una década. Recuerdo que me gustó mucho.
  • El estrecho de Bering, Emmanuel Carrère (Compactos de Anagrama, 2022). El último libro publicado del francés es un corto ensayo que ya he podido leer. La reseña en breve.


    Últimamente me ha dado por los ensayos, así que los siguientes se han venido conmigo:

  • Las tierras arrasadas, Emiliano Monge (Random House, 2015). Marta me lo recomendó hace tiempo, y por entonces muchas señales fueron las que me hicieron toparme con el autor y, en especial, con este título muchas veces. Finalmente lo encontré en una visita a Tipos Infames.
  • Autores, libros, aventuras, Kurt Wolff (Acantilado, 2010): libros sobre libros. Libros de editores que han publicado a Kafka o a Mann. No digo más.
  • Guerra y lenguaje, Adan Kovacsics (Acantilado, 2008) ¿Cómo cambia la lengua la guerra? ¿Qué usos del lenguaje cambian cuando deja de funcionar la normalidad de la paz? ¿Cómo se estira y cambia el lenguaje cuando queda lejos la paz? Me parecen preguntas muy interesantes que, creo, tratará de poner luz el autor.
  • Viaje al pasado, Stefan Zweig (Acantilado, 2009): el austríaco eterno. De nuevo. A pesar de que tengo muchos libros suyos pendientes este también se une, y fijaos que creo que será el próximo que lea suyo, que ahora estoy enfangada en libros largos y necesito algo breve.

  • Diarios de la Revolución de 1917, Marina Tsvietáieva (Acantilado, 2015). Tengo muchas ganas de acercarme a esta autora, ampliamente recomendada, para ello he comprado dos libros, sus diarios por un lado.
  • Mi madre y la música, Marina Tsvietáieva (Acantilado, 2012): y por otro este breve librito que creo que será el primero que lea suyo.
  • Gran Hotel Europa, Ilja Leonard Pfeijffer (Acantilado, 2021): me pusieron en la mira esta novela en Moito Conto, sobre la turisficación de los destinos vacacionales.

Y vosotros, ¿qué libros habéis comprado últimamente?

Namaste.

Autor, Literatura, Tolstoi

La muerte de Iván Ilich, Lev Tolstói

Allá por 2019, cuando tuvo lugar la Oda a Tolstói, anoté este título para hacerme con él en cuanto tuviera ocasión. Sabía que tras Guerra y paz, éste tenía que leer el siguiente del autor.

Admito desde ya que con los rusos, al menos con los dos mastodontes, Dostoiesvki y Tolstói, he empezado siempre por el final. En lugar de acometer primero lecturas cortas, me lancé con sus novelas insignias: Crimen y castigo y Anna Karénina, respectivamente. Tiempo después me he dado cuenta de que lo natural habría sido empezar por El jugador y por esta que os traigo hoy. Sea como sea, el orden influye, y la visión que tenemos del autor cambia según por dónde lo enfrentemos; pero para mí ya es tarde.

La muerte de Iván Ilich es la historia de un funcionario de la administración zarista cuyo objetivo es subir peldaños en su carrera profesional y ganar importancia en los ámbitos de la sociedad.

Sin embargo, su plácida existencia se ve truncada por varias cosas: la primera, sus expectativas, que se ven frustradas por lo rígido de la burocracia rusa y que además afectan al resto de su existencia. La segunda, el tiempo, que pasa demasiado deprisa.

El autor ya lo deja claro en las primeras páginas de la novela:

La vida de Ivan Ilich no podía haber sido más sencilla, más corriente ni más terrible.

Página 30

Iván Ilich es un tipo recio, trabajador, serio; que espera ascender y tener su vida lo más controlada posible, lo cual significa alcanzar lo que sugiere su estatus: poseer una vida tranquila, sin sobresaltos, en la que sea valorado y retribuido a todos sus niveles, esto es, un matrimonio sólido, una carrera profesional en ascenso y la satisfacción de su importancia social.

Con el paso del tiempo su ambición original y su satisfacción obtenida por los logros que va consiguiendo se van convierto en hastío y frustración. Las cosas no son como había planeado, y todo lo que un día pensó que le reportaría felicidad y tranquilidad no es suficiente.

Además, con el paso del tiempo, llega la enfermedad, lo que le hace replantear su vida, si ha vivido como debía, si algo de lo que ha hecho en sus años de vida tiene sentido, si mereció la pena.

Pero ¿qué había pasado? ¿Por qué? No podía ser. No podía ser que la vida fuera tan absurda y repugnante, ¿por qué morir, y además sufriendo? Había algo que no cuadraba.
<<¿Cabe la posibilidad de que no haya vivido como debería haberlo hecho? >>- se le pasó de pronto por la cabeza- Pero, ¿cómo es posible? Si he hecho siempre lo que correspondía en cada momento.

Página 131

La muerte de Iván Ilich fue escrita en 1886, en los años finales del autor, y trasmite la crisis existencial que vivió en aquélla época.

Muy diferente de sus novelas más largas, esta nouvelle de apenas 100 páginas trasmite a la perfección el cambio de expectativas y situaciones que sufre una misma persona en varios momentos de su vida, desde la ambición y la fuerza de la juventud hasta la duda de la mediana edad para acabar en tedio y decepción en la vejez.

Mención especial merece la edición de Nórdica, ilustrada, de tapa dura y gran calidad del papel, que hace la lectura mucho más agradable y placentera.

No me extiendo más, de haberlo empezado al comenzar a leer esta reseña ya habríais leído la mitad.

FICHA:

Te gustará si te gustó El jugador, Fiódor Dostoievski.
Pros – Con pocas páginas nos demuestra la calidad del autor.
– Ideal para comenzar con el autor.
– Las reflexiones que incluye.
Contras – Muy decimonónico.

Namaste.

Autor, Literatura

Trampa 22, Joseph Heller

Yossarian. Ese es el nombre. Quedaos con él.

No os preocupéis que va a ser difícil que se os vaya de la cabeza.

Yossarian es un piloto bombardero de un batallón acampado en una isla italiana en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

El muerto de la tienda de Yossarian era un engorro y a Yossarian le caía fatal, a pesar de no haberlo visto nunca. Tenerlo allí todo el día le molestaba tanto que había ido varias veces a la sala de instrucciones a quejarse al sargento Towser, que se negaba a admitir incluso que dicho hombre existiera, cosa que, naturalmente, había dejado de hacer.

Página 44

Yossarian quiere volverse a casa. Está harto de tanta misión, así que ha decidido hacerse el loco.

El problema es que, paradójicamente, el reglamento establece que nadie en su sano juicio querría pilotar un bombardero, así que alegar lo anterior demostraría que está cuerdo (¿qué loco presentaría una alegación en un procedimiento?), con lo que acaba cayendo en la Trampa 22, que le obliga a seguir pilotando.

– ¿Qué me harían si me negara a cumplir las misiones? – preguntó en tono confidencial.

– Probablemente te fusilaríamos – contestó Wintergreen.

– ¡Cómo que me fusilaríais! – exclamó Yossarian sorprendido -. ¿Por qué ese plural? ¿Desde cuándo estás de su parte?

– Si van a fusilarte, ¿de qué lado quieres que me ponga? – replicó Wintergreen.

Página 93

Para que Yossarian regrese a casa sólo ha de cumplir el número de batallas requerido. Ese es su principal su objetivo, hasta que se da cuenta de que jamás lo conseguirá: cuando está a punto de lograrlo, el general correspondiente siempre acaba aumentándolo.

– ¿Yossarian? ¿Quién demonios es ese Yossarian? ¿No será ese que se emborrachó (…)?

– El mismo. Es asirio.

– Ese loco hijo de puta.

– No está tan loco – objetó Dunbar- Jura que no piensa ir a la misión de Bolonia.

– A eso me refiero – replicó el doctor Strubbs -. Ese loco hijo de puta quizá sea el único cuerdo que queda.

Página 274

En Trampa 22 (Random House, 2019), Joseph Heller nos familiariza con la asombrosa fauna que plaga el ejército. Un elenco de personajes de todo tipo: orgullosos, ambiciosos, peligrosos especuladores, vagos y algún loco despistado que sólo quiere que se acabe la guerra.

Todos los oficiales y soldados tenían que invertir la paga entera en comer. Les quedaba otra alternativa -naturalmente, existía una alternativa, porque Milo detestaba la coacción y era un ruidoso defensor de la libertad de acción -: morirse de hambre.

Página 485

Estructuralmente, Trampa 22 es una novela muy interesante. Al empezarla, podría parecer que se trata de una novela lineal, cronológica y sin ningún tipo de pretensión. Sin embargo, cuando más avanzas más te das cuenta de lo complejo de la estructura, de los detalles que conectan unos capítulos con otros y de las situaciones circulares que se van explicando desde diferentes puntos de vista.

Para ello, Heller encabeza cada capítulo con el nombre del personaje, que aunque pareciera que se trata de la acción centrada en él, en ocasiones el mencionado sólo aparece tangencialmente. Otras, regresa a un evento conocido para narrarlo desde otro punto de vista, o para prestar atención a un detalle no mencionado antes, enfrentando la narración presente con la pasada.

Lo anterior, junto con los personajes que llegan al imaginario para quedarse, conforman una historia sardónica y desopilante, llena de humor negro, situaciones frustrantes e increíbles y diálogos maravillosos.

– El delito que ha cometido es muy grave, padre – dijo el comandante.

– ¿Qué delito?

– Aún no lo sabemos – contestó el coronel. – Pero vamos a averiguarlo. Y desde luego, sabemos que es algo muy serio.

Página 499

La multitud de personajes y su continua mención, en particular cuando acabamos de empezar la historia y aún no estamos familiarizados, hace que sea complejo saber quién es quién (si como a mí, os ocurre que la jerarquía del ejército os baila, ya ni os cuento).

Los diálogos y los razonamientos de los personajes merecen una mención aparte: son sardónicos, irreales, absurdos e increíbles, plagados de humor negro, de sátira, de crítica:

Pero lo contuvieron el recuerdo de su mujer (…) y la confianza que desde siempre había depositado en la sabiduría y justicia de un Dios inmortal, omnipotente, omnisciente, humano, universal, antropomórfico, angloparlante, anglosajón y pronorteamericano, y que había empezado a flaquear.

Página 379

Trampa 22 es una historia que reconozco, se puede hacer algo pesada, por la reiteración de las acciones, y la sensación de tedio que trasmite, pero nada es casual. Y lo mejor: merece la pena, porque es divertida, crítica, llena de humor y de absurdeces, frustrante y odiosa a la vez, sorprendente y brillante cuando menos te lo esperas.

Qué genial este libro, lectores. Qué pena no haberlo leído antes, haber conocido a este soldado que parecía tan cuerdo… ¿cómo se llamaba?

– ¿Es que no lo entiendes? Estoy majara (…) Soy un demente.

– ¿Y qué?

– ¿Cómo que y qué? – A Yossarian no le cabía en la cabeza que el doctor Danika no lo comprendiera -. ¿No te das cuenta lo que eso significa? Puedes darme de baja y mandarme a casa. No van a mandar a luchar a un loco para que lo maten, ¿no?

– ¿Y si no, ¿quién iría?

Página 405

Hacedme caso: leedlo.

FICHA:

Te gustará si te gustó Matadero cinco, Kurt Vonnegut.
Pros – Compleja estructuralmente, plantea muchos temas y es crítica y original.
– Los diálogos.
Contras – Hasta que conoces quién es quién la historia puede ser confusa.

Namaste.

Autor, Bloom, Literatura

El canon occidental, Harold Bloom

Os traigo uno de esos ensayos fundamentales a la hora de entender la literatura, y que se suele definir como lectura obligada: El canon occidental (Compactos Anagrama, 2001) del estudioso Harold Bloom, crítico y teórico literario.

Tenía pensado leerlo desde hace mucho, pero fue realmente el curso que hice de crítica literaria de José Carlos Breto el que acabó adelantando puestos a este libro.

No pretendo que este sea un análisis pormenorizado de un ensayo de un señor que sabe de libros mucho más de lo que puedo llegar a conocer jamás, sino sólo unas pinceladas para cualquier otro lector que se anime a considerar El canon occidental entre sus futuras lecturas.

En El canon occidental, Bloom trata de establecer una lista de libros básicos que han supuesto los cimientos y bases para la concepción de Occidente en la literatura. Así, va haciendo un repaso cronológico de los autores y obras fundamentales de nuestro imaginarios, analizando desde la temática hasta la creación de los personajes o la variación de los estilos literarios y justificando por qué ha de ser incluido en el canon.

Divide su ensayo en cinco partes o edades bien claras en sus inicios pero más complicadas de definir después: la edad teocrática, esto es, la base teórica y filosófica de la concepción de Occidente: con muchos griegos, otros tantos romanos y la Biblia y Homero para llegar a la Edad Media y San Agustín; la edad aristocrática, donde se sientan las bases de la novela, con Shakespeare y Cervantes a la cabeza y Goethe y Schiller como autores finales del periodo, la edad democrática, donde ya nos situamos en el siglo XVIII y principios del XIX nos lleva a Victor Hugo, Dickens, Dostoievski y Twain y la edad caótica. mucho más diversa, que engloba un elenco muy diferente de autores Malraux o Hardy, Woolf y Kafka, Borges y Faulkner.

Cuando uno comienza a leer un ensayo como este, sabe de antemano que la profusión de detalles es esperable, lo que sí que no esperaba eran las páginas reiterativas en su loa continua a Shakespeare. Porque el inglés no sólo tiene sus propios capítulos donde desgrana su obra, sino que en otros aparece casi más que el autor en cuestión, como bien ocurre con el capítulo de Shakespeare o Chaucer.

En este sentido, se nota claramente que Bloom es un autor anglófilo que lo más que ha leído ha sido literatura escrita en inglés. Sorprende sobre todo cuando, en el glosario final del libro, incluye títulos de referencia de literatura en francés o alemán y, centrándome en la literatura escrita en español, omite grandes títulos para incluir otros prácticamente desconocidos.

Muy interesante para conocer autores de esos que tenemos pendiente y motivarnos a subirles puestos en nuestra lista de pendientes, El canon occidental es un ensayo para leer poco a poco y para utilizar como referencia bien antes o después de las lecturas de los clásicos. Bloom puede poner luz en textos que quizá se nos puedan hacer complejos o pesados y ayudarnos a escoger lectura.

Aún con todo, no es un ensayo para recomendar a todo el mundo, pero si os interesa como a mí conocer más los entresijos de la literatura, este ensayo ha de figurar entre vuestros títulos.

Y ahora me doy cuenta de que cada vez leo más ensayos, ¿y vosotros?

Namaste.