Autor, Conrad, Literatura

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

El corazón de las tinieblas es uno de esos libros que hay que acabar leyendo. Un clásico que suele figurar en todas las listas de obligada lectura, que hay que conocer para saber de primera mano el motivo por el que ha pasado a la posteridad. 

El corazón de las tinieblas es un libro corto, de apenas 200 páginas. Prescinde de introducción así que desde la primera frase sabemos que Charles Marlow nos va a contar su historia sin dar rodeos. Lo hará añadiendo pocas descripciones, apenas deteniéndose en las reflexiones de lo que le ocurre y en la acción propiamente dicha. La suya es la historia de una expedición que tiene como fin encontrar al misterioso Kurtz, jefe de una explotación de marfil que como consecuencia de su exagerada ambición se ha ganado muchos enemigos.

El momento y el lugar: el Congo en la época del colonialismo belga, donde la violencia, el racismo y el odio al diferente se unen fuerzas a la lucha de poder en la zona.

Vemos lo que ve el narrador: un paisaje muy diferente a lo que está acostumbrado, un mundo misterioso en el que no sabe qué se va a encontrar. Sentimos lo que él siente: el miedo y la incertidumbre, la rabia y la incomodidad. Para ello Conrad más que describir en muchas ocasiones sugiere: aludiendo y dando a entender. 

Lo desconocido, esas ansias de expedición de otras épocas y la aventura constante de luchar contra un enemigo invisible.

¿Lo ven? ¿Ven la historia? ¿Ven algo? Me parece que trato de contarle un sueño: el intento es en vano, porque ningún relato de un sueño puede trasmitir la sensación de soñar esa mezcla de absurdo, sorpresa y perplejidad en un estremecimiento de rebeldía esforzada, esa sensación de ser capturado por lo increíble que es la esencia misma de los sueños.

(…)

No, es imposible; es imposible trasmitir la sensación de vida de una época cualquiera de nuestra existencia, aquello que constituye su verdad, su significado: su esencia penetrante y sutil. Vivimos igual que soñamos: solos…

Página 59

De Conrad poco puedo decir que no se haya dicho ya. Necesita sólo dos frases para demostrar que sabe lo que se hace. Que escoge las palabras bien medidas, sabiendo dónde y cómo ralentizar la trama, cómo conseguir el efecto deseado de tensión, estrés o directamente el aburrimiento de ver las horas pasar.

Qué cómica es la vida, ese misterioso arreglo de lógica implacable para un propósito fútil. Lo máximo que se puede esperar de ella es cierto conocimiento de uno mismo, que llega demasiado tarde, y una cosecha de remordimientos inextinguibles.

Página 154

Si habéis visto Apocalypse Now os encontraréis una historia familiar. Coppola se basa en esta novela y le da una vuelta, ambientándola en la guerra de Vietnam. Aunque con más artificio más acción,  el resto de los elementos son comunes y fácilmente reconocibles.

Mi caso es probablemente atípico: leí la novela teniendo la película muy reciente, por lo que me fue inevitable comparar.

Lo cierto es que El corazón de las tinieblas me ha dejado un poco fría. Me explico: aprecio el contenido de calidad, el modo de llevarte por la historia, pero el fondo de ella, todo lo que quiere contar, no me ha llegado. Al igual que cuando pasas por un escaparate de alta costura y eres capaz de apreciar la calidad y el trabajo que hay detrás de una creación, con este libro me ha pasado lo mismo: no es para mí.
Sé que no la recomendaré porque no es una historia que me haya tocado la fibra, porque se me ha quedado siempre en la parte objetiva de saber que es literatura con mayúsculas. Lo es, no tengo la menor duda, pero no es para mí. Como no lo es El gran Gatsby, de Fitzgerald.

¿Qué es lo que echo en falta? ¿Quizá algo de subjetividad de los personajes? ¿Más reflexión? Sinceramente, no lo sé. 

¿Ha podido influir en mi opinión haber visto primero la película? Probablemente. Pero ya sabéis, el modo en el que percibimos un libro es tiene mucho que ver por todo aquello que hemos leído o visto antes.

Si lo habéis leído, decidme cuál es vuestra opinión. Si no, tomad nota de esta edición: bonita, con letra grande y generosa en márgenes. La firma Navona en su colección Ineludibles.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La demostración de literatura desde la primera página.
  • No hay paja, todo es parte de lo que nos quiere contar Conrad.

Contras

  • Su lectura no me ha entusiasmado, no he podido conectar con ella.

Namaste.

 

 

IMM, Literatura

IMM (69)

Os traigo las últimas adquisiciones de los meses de verano y principios de otoño.

Lo cierto es que ante un bloqueo lector como el que he pasado recientemente, lo que menos que apetecía era comprar más, teniendo en cuenta que tengo en casa bastante para leer. Pero claro, también es cierto que hay novedades apetitosas, títulos que me llaman y nuevos autores a los que descubrir. Así que os presento las nuevas incorporaciones librescas:

  • Lo que fue presente, Diarios, 1985-2006, Héctor Abad Faciolince (Alfaguara, 2020). El autor de la genial El olvido que seremos en formato diario. La verdad que yo pensaba que el siguiente libro que leería del autor sería El amanecer de un marido pero al ver esta reciente publicación me atrajo lo suficiente para fijarme en ella y alguien que me conoce bien me la regaló.
  • Mi año de descanso y relajación, Ottessa Moshfegh, (Alfaguara, 2019). Algo similar me ha ocurrido con esta autora estadounidense de extraño apellido. Esperemos que sea para mí. La recomendación viene de manos de Sergio.
  • El revés de la trama, Graham Greene (Libros del Asteroide, 2020). La llamada segunda parte de El final del affaire que tenía que acabar en mis manos. La primera me sorprendió muchísimo, es un libro genial. De esta no espero tanto, veremos.
  • El lugar, Annie Ernaux (Tusquets, 2002). No sé bien por qué pero de golpe las redes se han llenado de libros de esta francesa. Decidí comprar uno de ellos para conocer de primera mano qué escondían sus páginas. Podría haber sido otro, y la verdad que no sé si se empezaría mejor por otro título, pero el caso es que se trata de una novela de 100 páginas. Lo he leído ya así que en breve tendréis la reseña.

 

  • Bienvenida a casa, Lucia Berlin (Alfaguara, 2019). Textos autobiográficos de Berlin, que nos acercan a la peculiar vida de la autora de Manual de mujeres de la limpieza y Una noche en el paraíso. Sin más. La curiosidad me ha podido en este caso.
  • Monasterio, Eduardo Halfon (Libros del Asteroide, 2014). Al autor guatemalteco lo descubrí a principios de este año con El boxeador polaco, que me gustó mucho. Desde entonces ando en un modo exaltada/fanática buscando sus libros y comentando sus bondades. A mí, que soy una neófita en el autor. En fin, este será el segundo título suyo que lea y creo, por extensión y por las ganas que le tengo, que caerá en breve.
  • Diarios, Iñaki Uriarte (Pepitas editorial, 2019). Para mí, Uriarte es un desconocido del que no sé nada más que el esbozo que aparece en este ejemplar. Han sido varias las vías que me han hecho fijarme en este título: Xacobe Pato, primero y más tarde Moli y Jesús. Los tres hablan muy bien de él. No creo que sea coincidencia.

Lo que son las cosas: últimamente estoy acercándome mucho a los diarios, no sé si será un moda, pero parece que el mundo editorial o yo misma he abandonado la autoficción para centrarme en los diarios de escritores.

Y vosotros, ¿habéis comprado muchos libros últimamente?

Namaste.

Autor, Literatura, Vallejo

El infinito en un junco, Irene Vallejo

De repente las redes sociales se llenaron de esta portada, de este título, con una autora para mí desconocida. De historias de griegos y romanos y de un canto al amor por los libros. Eso decían todos. Y como siempre, caí.

El infinito en un junco es todo eso, sí. Como adelanta el subtítulo, trata sobre la invención de los libros en el mundo antiguo. Nos acerca a los primeros escribas, a los poetas, a los creadores de historias.

En cambio, los libros de Atenas, Alejandría y Roma nunca han callado del todo. A lo largo de los siglos han mantenido una conversación en susurros, un diálogo que habla de mitos y leyendas, pero también de filosofía, ciencia y leyes. De alguna forma, quizá sin saberlo, nosotros formamos parte de esa conversación.

Página 71

Vallejo nos cuenta sus historias: las leyendas, los datos históricos, las referencias; las primeras tejedores de historias, los poetas, los amantes de los libros. Lo hace de una forma entusiasta, como lectora ilusionada que busca conversación y reconocimiento en el que lee (que levante la mano quien no ha sentido eso: las obsesivas ganas de contar a todos lo maravilloso que es un libro). Lo hace bien porque es sincera. Atrapa con su modo de contar la historia porque nos recuerda a lo sencillo, el ímpetu casi infantil, las ganas de compartir lo que uno ama.

Y así de repente te das cuenta de que en lugar de leer un capítulo has leído 50 páginas y que por esa voz has dejado de lado otras tantas que llegaron antes y esperan pacientes. Creo que lo consigue porque más allá de los datos, las referencias y toda la información interesante consigue conectar con algo que todos los lectores tenemos dentro: la ilusión. Ese sentimiento de descubrimiento inicial que todos hemos sentido al descubrir un nuevo autor, un título nuevo, alguien que es capaz de poner en palabras sensaciones que pensábamos propias. Un sentimiento que parecía olvidado, sepultado por nuestra vida de adulto, pero que brilla cuando alguien pone su foco en ella.

Entiendo la alegría por este libro porque yo también la siento. Sin embargo, a partir de la segunda parte, cuando Vallejo se centra en Roma, mi visión del ensayo cambió un poco. La reiteración de ideas, la sensación de utilizar los mismos argumentos que habían aparecido antes o exactamente las mismas anécdotas de páginas anteriores consiguieron aplacar las ganas de quererlo recomendar a todo el mundo. Al final, como muchos otros libros, la certeza de que con menos páginas habría evitado la repetición o de que se aprovecha en demasía esa ilusión que conecta con nuestro niño interior (o sea, con la super-explotada nostalgia) me hizo ver unos detalles que al principio no vi.

Coincido con Mientrasleo cuando dice que le cuesta ver como un ensayo puro y duro. Creo que no lo es precisamente por algo que he mencionado ya: los sentimientos. Las sensaciones. A los ensayos al uso les importa poco la conexión que hayas tenido con un título. Aportan información de muchos tipos: son objetivos. Probablemente ahí radica el éxito de El infinito en un junco: es un libro que nos hace sentir bien. Nos hace sentir importantes como lectores y además formar parte de una comunidad especial de personas que valoran la página escrita.

Nuestra piel es una gran página en blanco, el cuerpo, un libro. El tiempo va escribiendo poco a poco su historia en las caras, en los brazos, en los vientres, en los sexos, en las piernas.

Página 79

El infinito en un junco es un libro a medio camino entre un ensayo ligero y el amor de la autor por los libros. Eso es lo que le hace especial y consigue conectar con los lectores. Es un libro bonito que nos hace sentir bien. Teniendo en cuenta que seguimos en 2020, no es poca cosa.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La mezcla entre la información que aporta y el amor que destila en cada frase.
  • Perfecto para arrebujarse con él y una manta y pasar la tarde.

Contras

  • Ganaría con menos páginas.
  • El uso de la nostalgia como estrategia para conectar con el lector me empieza a cansar.

Namaste.

 

Autor, Cartarescu, Literatura

El ala izquierda (Cegador I), Mircea Cărtărescu

No sabía qué contar de este libro en la reseña. Según iba leyendo pensaba en lo difícil que me iba a resultar encontrar palabras para todo lo que sugiere esta lectura. Sin embargo, el autor acudió a mi ayuda cuando me dio la clave en la recta final del libro, concretamente en la página 310:

En ese sueño que he intentado describir a lo largo de tantas páginas y que tuve por primera vez a los doce años, inmediata o casi inmediatamente después de abandonar el hospital de Colentina.

Efectivamente. El ala izquierda es un viaje onírico, irreal, donde las reglas del mundo ordinario no tienen cabida. Nuestro protagonista es Mircea, niño débil que es internado en un sanatorio con objeto de tratar su enfermedad. A partir de ahí, una acumulación de situaciones diversas, extrañas, que aparecen y desaparecen sin saber bien cuándo o cómo. La sensación de estar siempre en movimiento sin llegar a ninguna parte.

El espacio es el paraíso, el tiempo es el infierno. Y qué extraño resulta que, al igual que en el símbolo de la bipolaridad, en el centro de la sombra se encuentre la luz y que en la luz esté la semilla de la sombra (…). La memoria, el tiempo del reino sin tiempo. El amor, el espacio del territorio sin espacio. Las semillas opuestas y, sin embargo, tan semejantes de nuestra existencia, unidas por encima de la gran simetría y anulándola en un único sentimiento inmenso: la nostalgia.

Página 75

Las fronteras se difuminan y la habitual trama clásica de las novelas no existe. Aquí no hay introducción, nudo y desenlace. Los nudos aparecen y desaparecen, evolucionan en otras tramas y terminan o no. Me ha pasado, al igual que aquél secundario de la película Origen, que en multitud de ocasiones me he preguntado, ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué han hecho los personajes, o qué ha desarrollado el autor para partir de algo que no tiene nada que ver con lo que estoy leyendo ahora mismo? No sé. No lo recuerdo. Al igual que en un sueño, tan sólo sé lo que tengo delante de mis narices. El resto es hipótesis.

Se dio cuenta de repente de que abandonaba el Relato, de que había llegado a las zonas laterales en las que todo se sume en la sombra, a un mundo en construcción, con el espacio y el tiempo apenas brotados. Siguió avanzando, sin embargo, hasta que de él no quedó sino el avanzar. El mundo era ahora sucio y deforme como la plastilina en la que se han mezclado todos los colores, todos los muñequitos, todas las manzanitas. Poco después, todos los rasgos desaparecieron en la matriz final: la noche. Que se disipó también en lo no-pensado, lo no-escrito, lo no-existente. En la página blanca sobre la que me inclino y que no volveré a profanar con la simiente obscena de mi bolígrafo.

Página 252

El mundo de Cegador es el poder de evocar recuerdos personales, pretéritos y sin importancia, pero que cobran vida como mero reflejo den la experiencia personal del protagonista. Baste un ejemplo: la página 314 nos devuelve a un momento del siglo pasado en el que volver a casa tras una tormenta y referirse a un baño cobran la mayor de las importancias. Pero a la vez es un ejercicio de literatura malabarista, que juega con situaciones variopintas e irreales: sectas, pasadizos y ángeles (por mencionar tres) bajo la mirada impertérrita de una Bucarest siempre al borde de la ruina y de la demolición.

Me temo que esta reseña no refleja ni una mínima parte de esta, citando a la sinopsis, caleidoscópica historia. Fijaos si yo misma tenía dudas de cómo haceros partícipes de esta novela que he postergado escribirla hasta ahora, a pesar de que lo leí en lo más duro del confinamiento.

También esta experiencia extraña ha tenido mucho de esta historia, o más bien, ambos se han unido en un momento en el que lo real tenía mucho de literario y lo literario pasó a formar una parte básica de la rutina. Para mí El ala izquierda forma parte de la experiencia de este extraño 2020.

Tal vez en el corazón del corazón de este libro no haya sino un grito amarillo, cegador, apocalíptico.

Página 309

Y tal vez ese grito apocalíptico sea un chillido que se entiende mucho más en un 2020 de locos. En cualquier caso, y como siempre os digo, leed a Cărtărescu. Acercaos a conocer su literatura. No os arrepentiréis.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Multitud de fragmentos interesantes, alegóricos, poéticos.
  • Impecable edición de Impedimenta.

Contras

  • Como en los sueños, genera confusión, desorientación y desasosiego.

Namaste.

 

Autor, Literatura, Marzano-Lesnevich

Nada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich

Llegué a este libro de casualidad. Fue Diego, lector del blog, que me lo recomendó. Simplemente lo anoté y esperé a que le llegara su turno.

Lo compré un tiempo después y decidí empezarlo enseguida, más que nada porque la curiosidad me empujaba a su lectura. Como sabéis no suelo leer las sinopsis, así que no sabía con detalle de la temática de la historia, más allá de lo que aparece en el subtítulo: un asesinato y unas memorias.

Nada más real que un cuerpo es la historia de un asesinato real. La muerte de Jeremy, de 6 años, que murió en Luisiana en 1992  y por el cual el pedófilo Ricky Langley fue condenado a muerte.

En el caso de las memorias, y al contrario de que lo yo habría adivinado, son las memorias de la propia Alexandria Marzano-Lesnevich.

Inicialmente, darme cuenta de que la autora se iba a atrever a contar la historia de Jeremy Guillory y la suya de forma paralela, me hizo enarcar una ceja. ¿Cómo de importante se tenía que considerar la autora para pensar que al lector le podía ser interesante lo que tenía que contar de su familia? ¿Quién es capaz de comparar una vida normal con el asesinato de un niño?

Al principio del libro no sabemos de qué lo que nos quiere contar la autora sobre sí misma, lo que sí sabemos es el modo en el que conoció la historia de Jeremy: unas prácticas para un bufete de abogados en el que el caso Langley aparecía como uno a estudiar. Se añade además que la propia Marzano-Lesnevich comenzó su experiencia como firme opositora de la pena de muerte. Estos tres elementos (su conocimiento del caso, sus convicciones éticas y su propia experiencia personal) le conectarán con un caso atípico del que iremos conociendo más detalles poco a poco.

Para ello, la autora se apoyará en informes, grabaciones, testificaciones y también en información sobre la vida de la familia de Jeremy y el pasado de Langley para acabar explicando qué antes, durante y después, abarcando también lo que sucedió en los juicios posteriores. Una investigación muy pormenorizada que ella misma incluye al final del libro, en un epígrafe fuentes consultadas, donde explica el fundamento de cada afirmación que ha ido vertiendo anteriormente.

Los capítulos del crimen se alternan con la vida de la autora. Lo cual genera un desequilibrio del que se sabe aprovechar: si al principio la historia que más nos interesa conocer es la de la muerte de Jeremy, hacia la mitad del libro cuando nos explica su historia, la cosa cambia.

(No quiero desvelar sobre qué se trata en concreto. Sólo apuntar que la duda que embargaba al principio desapareció cuando narró no sólo lo que le sucedió sino lo que conllevaba su experiencia).

Nada más real que un cuerpo es un libro extraño. A camino entre un true crime del estilo de A sangre fría, de Truman Capote, pero en el que se incluyen hechos autobiográficos y reflexiones concretas sobre temas éticos (la pena de muerte, el papel de los adultos ante determinadas situaciones) y otros procesales como el sistema judicial estadounidense. Pero es también casi un thriller, casi una historia de autoficción (de las que, no sé si es que abundan mucho o me paso leyendo una detrás de otra), casi una novela policíaca. Si no fuera porque desgraciadamente, todo lo que cuenta es cierto y detrás de cada testigo, de cada prueba y debajo de la historia de Langley está Jeremy: su vida perdida y su dolor, el sufrimiento de su familia y la injusticia de perder a un pequeño cuando apenas había empezado a vivir.

Dice en la sinopsis (que, ahora sí, he leído), que es un libro inquietante. Quizá han incluido inquietante que es un adjetivo mucho más pintón que el que habría incluido yo: molesto. Molesta leer sobre una muerte real. Sabemos lo que hay ahí fuera, pero es molesto que nos lo recuerden, que despojen de la impersonalidad tanto al criminal como a la víctima: narrar cómo era su vida y los pequeños detalles nos hace darnos cuenta de que tanto unos como otros están ahí, cerca. Y eso inquieta. Molesta también porque nos hace reflexionar: sobre la culpa, el remordimiento, sobre los secretos (todas esas cosas que se saben, se susurran, se comentan), determinadas cosas que se dan por hecho (esa persona siempre ha sido así) y se aceptan sin preguntar. Molesta conocer la historia de la autora.

Leer Nada más real que un cuerpo ha sido como correr un sprint sin estar preparado. Tienes ganas y lo lees rápido, lo devoras, te ansía conocer más; pero llega un momento en el que tus pulmones no dan más de sí, las piernas sólo sienten calambres y tu cerebro empieza a lanzar mensajes de autosabotaje. El libro te molesta. Ya no necesitas más detalles, sólo parar.

Nada más real que un cuerpo es también un libro de los que pasan desapercibido como lo pasan en la parrilla televisiva los programas de sucesos a pesar de que siempre, siempre, estén ahí.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La mezcla, extraña, entre narración objetiva, memorias y temáticas a reflexionar.
Contras
  • La última tercera al incluir más detalles, la fuerza inicial desaparece.
  • Libro molesto.

Namaste.

Literatura

Diario de un hombre decepcionado, W. N. P. Barbellion

Mi historia con este libro empezó hace más de una década. Su portada estaba siempre ahí, observándome, cada vez que me acercaba a la biblioteca que frecuentaba entonces. Recuerdo leer parte de la sinopsis, sopesarlo, hojearlo, pensar en leerlo. Pero eso nunca ocurrió, el ejemplar siempre regresó a su estante.

Su título me hacía pensar y tratar de adivinar: ¿por qué ese hombre está decepcionado? y también, ¿por qué aparecen insectos en su portada? ¿Qué relación podía haber entre ambos?

15 años después me lo encuentro en la pantalla de mi móvil a través de una reedición de la mano de Alba. Esta vez no se me iba a escapar.

Por fin me pude acercar a lo que trata esta historia. Y fueron muchas cosas las que no conocía, por ejemplo, que Barbellion no es sino un pseudónimo de Bruce Frederick Cummings, que decidió cambiar su nombre para no afectar demasiado a su familia al publicar sus diarios. Escogió la inicial de tres personajes históricos que consideró fracasados o decepcionantes: Wilhem, Nerón y Pilatos.

Si nos atenemos a lo que escribe el autor, nos encontramos en un cuaderno  o diario de un aficionado a la zoología que comienza en 1903, cuando Cummings tiene 13 años. Al principio no es más que la observación de los elementos que va viendo en sus paseos. Posteriormente su diario se convierte en algo mucho más personal, a medida que va cumpliendo años y van apareciendo los síntomas de una enfermedad que acabaría siendo esclerosis múltiple.

Somos todos tan egotistas que una pena o una dificultad – si es lo bastante grande – hace que nos sintamos importantes (…). Un hombre con un motivo de queja es siempre feliz.

Página 108

El diario de un hombre decepcionado es uno de esos libros especiales porque en cada página te encuentras una cita, una reflexión, un comentario gracioso o triste, pero en cualquier caso la pura esencia de la humanidad en pequeñas dosis.

Son multitud los fragmentos que he anotado, montones las referencias, he sonreído y también me ha dado pena la vida de un autor que tenía mucho por delante pero que se tuvo que enfrentar al propio fallo de su cuerpo cuando más ganas tenía por hacer cosas. Ambos sentimientos son frecuentes y el autor lo sabe:

Es demasiado inconcebible la idea de que uno pueda estar bajo tierra con un tiempo primaveral como éste. ¿Quién puede decirme lo que me espera? La vida se abre ante mí, la vislumbro y las puertas vuelven a cerrarse con estrépito. Se hace la oscuridad. Ésa será mi historia.

Página 125

La reedición de esta historia, a manos de una editorial que cuida mucho sus libros es una alegría para los lectores. Saber que más allá de las modas (sean sagas fantásticas, thrillers eróticos, pseudo novela negra… ) hay un elenco de editores dispuestos a rescatar libros tan especiales como éste, a darnos la oportunidad de leerlo diez años después, y a muchos otros a descubrirlo es todo un acontecimiento. Lo digo agradecida porque me temo que no habría acabado leyéndolo de no haber conocido esta nueva edición.

El diario de un hombre decepcionado va de cabeza a mis lista de mejores libros de este malogrado 2020, lugar que tenía que haber ocupado hace ya demasiado tiempo. Por suerte, nunca es tarde, el papel y la tinta son pacientes. Y quizá, este año ERA el año en el que tenía que leer este diario. Quizá todo esto que nos ha traído 2020 nos conecte mejor con la historia de Cummings.

1 de enero de 1917

El Año Nuevo ha llegado como un ladrón en la noche, sin hacer ruido, sin campanas, sirenas ni canciones, por orden del Gobierno. Nada podría haber sido más adecuado que esta entrada furtiva, visto lo que el año ha venido a robarnos en estos próximos doce meses.

Página 359

O quizá sea hablar por hablar. No sé. Lo que sí sé es que yo soy lectora por libros como éste.

Animaos a leerlo, y cuando lo hagáis, pasaos por aquí o escribidme y me decís si no os conmueve hasta las lágrimas la página 395.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Monto
Contras
  • Al ser tan corto quieres saber más de la familia. ¿Habéis visto This is Us? Pues eso.

Namaste.

 

Literatura

El ángel del olvido, Maja Haderlap

Os comentaba en una entrada anterior que había pasado por un bloqueo lector.

Pues bien, hoy os traigo uno de los causantes del parón.

El ángel del olvido (Periférica, 2019), llegó a mi estante tras acudir a una librería. No conocía nada ni del libro ni de la autora y tampoco tenía ninguna referencia de ellos. Decidí colarlo entre mis lecturas animada al saber que se trata de una novela corta, que apenas llega a las 300 páginas.

La acción se sitúa en Austria, en la frontera con la antigua Yugoslavia. Nuestra protagonista es una pequeña que, desde sus ojos de niña narra la vida con su familia en una época en la que las heridas de la Segunda Guerra Mundial no han llegado a cicatrizar. La historia pintaba bien, parecía perfecta para empatizar con los personajes y acabar a lágrima viva.

El estilo, lleno de lirismo, ponía una nota de color que se contraponía con la evidente tristeza de las anécdotas y situaciones de los personajes.

He caído dentro del carcaj de la muerte, he oído su respiración, he palpado sus fauces.

Página 69

Sin embargo, nada de lo anterior conseguía que leyera 30 o 50 páginas de golpe. Imposible. Escogía este título, apenas leía 10 páginas y acaba postergando su lectura. Decidía empezar otro libro, y trataba de convencer de que cuando terminara este nuevo, esta vez sí, iba a seguir con El ángel del olvido hasta por fin terminarlo. Pero nunca ocurría. Pasaron los días y las semanas hasta que por fin acepté que el denominador común era este libro.

Así que, siguiendo mis propios consejos para superar un bloqueo lector, acepté que este libro no es para mí. Que esta lectura no conecta con mis gustos o que simplemente, no la he pillado en buen momento.

Aceptemos que no siempre se acierta, que no todas las lecturas del año son fantásticas y maravillosas y que muchas acaban relegadas a, precisamente, lo que adelanta el título: el olvido.

Que sean pocas, que sepamos escoger es también parte del éxito del año lector. Ser capaz de huir de modas, reconocer voces o temas que no nos interesan, saber qué es lo que nos conviene y nos gusta leer, huir de determinadas novedades. No es fácil. De todo se aprende. Y si no se acierta, como en este caso, pues a otra cosa. ¡Será por libros!

Namaste.

 

 

Literatura, Smiley

Un amor cualquiera, Jane Smiley

Fue en 2019 cuando descubrí a Jane Smiley con La edad del desconsuelo, que no sólo me gustó sino que lo incluí entre las mejores lecturas del pasado año. Así que cuando me enteré de que Sexto Piso volvía a publicar a la autora, este título pasó a mi lista de libros que leer. ¡Gracias por el envío, chicos!

Como habréis visto en el anterior post, ya he comprado otro título de ella (además por el que le dieron el Pulitzer, Heredarás la tierra), con lo que podréis imaginaros que Smiley se ha hecho por derecho propio, un hueco entre mis autores a los que seguir la pista.

Un amor cualquiera narra la historia de los Kinsella. Una familia con cinco niños aparentemente normal que cambiará de rumbo cuando el padre se lleva a los niños a otro país de un día para otro. La fractura de la familia como punto de partida de un camino que marcará una bifurcación entre lo que pudo haber sido y lo que fue.

Aún con un planteamiento aparentemente triste, los derroteros que toma la autora para contarnos la historia de la familia están bastante alejados del componente lacrimógeno. Smiley decide dar un salto temporal, que los niños sean adultos y que, con el manto de serenidad del tiempo puedan conversar y reflexionar sobre lo que supuso en su vidas.

Hay cosas que podemos hacer sin problema en nuestra familia – comer tranquilamente, prestar dinero, contar secretos – pero cuando nos juntamos, los ecos del pasado nos desbordan.

Página 15

Lo que consigue es generar un interés adicional más allá de la relación paterno-filial, con lo que podemos conocer los roles y la relación de los hermanos entre sí, sus caracteres y su vida adulta.

Un amor cualquiera es una de esas novelas que te sacan de un bloqueo lector. Que te animan a abandonar cualquier pantalla a la que estés pegado para meterte de lleno en sus páginas. Es una de esas historias donde la acción es parca, siendo importante las conversaciones, lo pequeño del día a día: una mirada, un café pendiente, el regreso de alguien querido. Sutilezas que parecen fáciles de conseguir pero que engañan.

¿Cuántas veces no hemos podido empatizar con un personaje después de mil páginas? Más de las que me gustaría admitir. ¿Y por qué con Smiley todo es tan sencillo? ¿Cómo conseguirlo en menos de 150? No tengo respuesta. Lo que sí sé es que esa aparente sencillez viene de la mano de una sensibilidad que me topado, con varias autoras: Nell Leyshon o Jesmyn Ward, por poner dos ejemplos. Historias sencillas, sin alharacas, que demuestran lo difícil que es narrar lo pequeño y lo bonito y elegante que lo hacen ellas.

Aprovecho para animaros a leerla, regalarla a vuestros seres queridos y de paso os dejo una cita que me ha gustado:

¿Es que no basta con vivir y morir? ¿Por qué hay que dejar constancia de todo?

Página 91

Eso. Por qué.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Historia intimista, elegante y aparentemente sencilla.
  • Te saca de un bloqueo lector y es perfecta para meterte de lleno hasta que la terminas. Exactamente como el rato que me brindó al tomar la fotografía.
Contras
  • Al ser tan corto quieres saber más de la familia. ¿Habéis visto This is Us? Pues eso.

Namaste.

 

IMM, Literatura

IMM (68): el regreso.

31 de agosto. Día Internacional del Blog. Buen momento para volver por aquí y dejaros unas palabras después de tanto, tanto tiempo.

La vuelta a la mal llamada Nueva Normalidad me dejó bastante descolocada. En junio me prodigué poco por aquí y en julio directamente desaparecí. Mis vacaciones coincidieron con un bloqueo lector que me llevó hasta agosto, donde la falta de tiempo me animó a mis pocas ganas de leer para avanzar poco o nada en mis lecturas.

Pero al final, poco a poco, los días se hacen paso y aunque he ido escogiendo lecturas más o menos sencillas que me ayudaran a seguir mi bajo ritmo lector, he podido acabar algún que otro libro que os iré enseñando.

Además, como era de esperar, tenía muchas ganas de pasarme por las librerías. En este caso os traigo el primer pedido que hice, 10 libros, la cifra que suelo comprar cuando me acerco a la Feria del Libro de Madrid. Son los siguientes:

  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad. La edición la firma la editorial Navona, que ha decidido sacar una línea con los libros ineludibles, los que siempre figuran en la lista de libros atemporales. Justo lo estoy leyendo ahora mismo. Es corto así que espero terminarlo en breve.
  • Nada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich. Recomendación de Diego por Instagram (otro lector enamorado de Libros del Asteroide). Un libro que tenía curiosidad por conocer. Como siempre, no leí la sinopsis antes de comprarlo. Os adelanto que hay un asesinato, el resto lo dejo para la reseña, que ya lo he terminado.
  • Hambruna roja, Applebaum (Debate). Suelo comprar ensayos históricos sobre temas que me interesan. El Holodomor ucraniano es uno de ellos, así que me decidí por este.
  • Mientras agonizo, William Faulkner. A pesar de que ¡Absalón, Absalón! en la estantería desde hace bastante, me tentó esta edición conmemorativa de Anagrama y al final se vino conmigo.
  • Heredarás la tierra, Jane Smiley (Tusquets). He leído un par de libros de esta autora (La edad del desconsuelo y Un amor cualquiera) y ambos me gustaron. Con este título le dieron el Premio Pulitzer así que mis expectativas son muy altas.
  • Viaje a Rusia, Josep Pla (Destino). La pluma lúcida e inteligente de Pla la disfruté en El cuaderno gris, y me apetecía volver a él. Ha pasado demasiado tiempo, lo sé.
  • La piedra de toque, Edith Warton. Esta edición la firma Circulo de Tiza. Y sí, de verdad que este va a caer en breve.
  • Middlemarch, George Eliot (Alba Editorial). Uno de mis eternos pendientes que quiero leer cuanto antes. Libro largo, mítico, de esos que hay que leer y que admito, me avergüenza decir que yo aún no lo he leído.
  • La palabra del mudo, Julio Ramón Ribeyro. Descubrí al autor por el ensayo de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén. No lo he leído nunca y tras ver esta edición del 90 aniversario de Seix Barral me animé a escoger este título. No me digáis que la portada no es preciosa.
  • Howards End, E. M. Foster. Lo he visto mucho por redes sociales y todo el mundo habla de él. Tengo curiosidad por conocer su contenido, porque como siempre, no sé de qué trama. Sólo sé que me atrae mucho. Sí, también es bastante largo.

Y vosotros, ¿qué estáis leyendo? ¿Habéis leído alguno de los que traigo?

Felices lecturas.

Namaste.

Autor, Literatura, Murdoch

El mar, el mar, Iris Murdoch

Las formas que tiene un libro de llegar a nosotros son variadas, pero siempre, siempre, parece que nos buscan. Un título, el nombre de un autor, es recomendado, aparece en las noticias, lo vemos en la librería, de repente nos persigue.

El-mar-el-marEl mar, el mar (Lumen, 2019), es uno de esos casos. Primero varios lectores lo proclamaron una de sus mejores lecturas de 2019. Más tarde no paraba de encontrarme loas a la prosa de la autora, nueva para mí, además de reediciones de sus novelas.

A principios de este año decidí comprarlo, a pesar de la espantosa portada (¿o no?), enseguida lo colé en mi orden de lecturas, animada por las buenas opiniones.

Lo que me encontré no era para nada lo que esperaba. Como es habitual, no leí la sinopsis ni el tema del que trataba, además de leer las reseñas en diagonal, sólo interesada en el motivo por el que tenía que leerlo y no la temática ni la trama para evitar excesiva información.

La novela no empezó nada mal. Un antiguo director de teatro decide mudarse a la costa inglesa, alejarse de los focos y de su antigua vida londinense y comienza a rememorar su vida. Enseguida me encontré con pruebas de la pluma de Murdoch:

Siempre sentí que estábamos en el mismo barco, compartiendo la misma aventura. (…) Disfrutábamos de nuestra recíproca compañía y estábamos ávidos de ella. Esta sí que es una prueba: más que la devoción, la admiración, la pasión.

Página 59

El problema es que mientras incluye reflexiones interesantes y potentes descripciones también va añadiendo párrafos de este tipo:

He almorzado ya, y ahora voy a describir la casa. Pero antes diré que he comido con sumo placer lo siguiente: tostadas calientes con mantequilla y pasta de anchoas, judías estofadas con apio picado, tomates, zumo de limón y aceite de oliva. (Un aceite de oliva bueno, de veras de los sabrosos, es esencial; me he traído una provisión de Londres.) Unos pimientos verdes habrían sido un feliz complemento, solo que en la tienda de la aldea (a unos tres kilómetros de agradable camino) no pude encontrarlos. (No hay quien reparta provisiones a un lugar tan remoto como Shruff End, de manera que lo traigo todo, incluso la leche, de la aldea.) Después, plátanos y crema, con azúcar blando. (Los plátanos se han de cortar, jamás hacerlos puré, y la crema ha de ser ligera.)

Página 28

No sé qué me disgusta más: la descripción exagerada de la comida como si esto se tratara de una receta de cocina, la reiteración exagerada de los paréntesis o el punto ANTES del signo ).

El caso es que ya estaba con la mosca detrás de la oreja, pensando que esperaba que la cosa no fuera así durante las 700 páginas de la historia, porque, siendo sincera, me aporta bastante poco la descripción reiterada de la dieta de una persona. Y la verdad es que pasadas las primeras decenas de páginas nuestro protagonista comienza a hacer un recorrido caótico por las personas que han pasado por su vida: desde la relación con su familia hasta amantes y compañeros de trabajo. La propia autora se encarga de describirlo mejor que yo:

En fin, me parece que estoy escribiendo un poco de todo al mismo tiempo, en una especie de revoltijo. Tal vez debiera considerar este diario como unas notas preliminares. Me resistiré, al menos de momento, a la tentación de contar los recuerdos de mis producciones. Se me conoce por mi interés en Shakespeare, pero, como es de suponer, he hecho de todo. Pero basta de jactancias. El objeto de estas divagaciones era la presentación de Clement Makin. Pero la pobre Clement puede esperar; la verdad es que no tiene otra alternativa. Esa gran pugna de voluntades se ha terminado para siempre. Y ahora estoy aquí sentado, admirándome de mí mismo. ¿Es que he abjurado de esa magia y ahogado mi libro? ¿Habré perdonado a mis enemigos? ¿La entrega del poder, la mutación final de la magia en espíritu? El tiempo lo dirá.

Página 75

Me parece bastante representativo este fragmento, porque incluye cada uno de los aspectos que Murdoch irá reiterando en el resto de la novela: divagaciones, menciones de personajes que no se desarrollan, reflexiones y más divagaciones. (Las descripciones del agua, el mar y la costa inglesa también son frecuentes, claro).

Desconocía si el tono del libro iba a seguir así durante el resto de páginas que me quedaban. Llegada a la página 250 ya podía decir, sin ninguna duda, que este libro no es para mí. El exceso de descripciones, la divagación constante, y después, cuando de verdad narra las situaciones que ha vivido con todos los personajes que lleva mencionando 300 páginas, darse cuenta de que lo que está narrando es una historia de amor y obsesión, que recuerda incluso a los culebrones, por las idas y venidas, los comportamientos exagerados de amor y odio, los misterios y desapariciones.

Lo siento pero nada de lo narra Murdoch me interesa: lo del fondo es una historia mil veces vista y la forma me parece excesivamente pormenorizada sin llegar a encandilarme.

Los personajes son histriónicos, exagerados, increíbles. Toman decisiones surrealistas, aceptan motivos peregrinos, abandonan su voluntad según lo que necesita el pedante de Charles Arrowby.  La relación con Hartley toma unos derroteros entre absurdos e increíbles.

En definitiva: mi primer libro de Iris Murdoch ha sido un fracaso.  Soy consciente de que mi opinión va contracorriente tanto de público como de crítica (no en vano este libro ganó el Premio Booker), pero simplemente, esta lectura no es para mí.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Destellos de buena literatura que salpican el texto.
Contras
  • Exceso de descripciones y divagaciones.
  • Desconexión con la lectura por falta de interés.
  • Página 337: en lugar de poner el famoso DIY plantan un HUM y se quedan tan panchos. Traducción de 2004.

Namaste.