Archivo para 22 agosto 2019

22
Ago
19

Relatos de Kolimá, Varlam Shalámov

No sabría decir cuándo apareció esta serie en mi vida lectora. Quién fue quien me lo recomendó o si simplemente fue la curiosidad de ver la saga de Shalámov de cuándo en cuándo en las librerías. Digo librerías y no Internet porque hay libros, como éste, que aunque han pasado a la historia de la literatura no se leen demasiado, o al menos no se ven por las redes.

Por otro lado tenía mis dudas porque en su día no conseguí terminar Vida y destino (algo que actualmente ni siquiera me gusta admitir) y quién sabe si el de Grossman tenía algo que ver con esta saga.

IMG_20190710_091942Relatos de Kolimá es una historia tan clara y directa que te cuenta de qué trata sólo con leer el título: diferentes vidas, diferentes situaciones sólo con una cosa en común: la ubicación blanca y común de Kolimá.

Shalámov sabía de lo que hablaba: arrestado en 1937 por realizar actividades trotskistas contrarrevolucionarias, fue condenado a cinco años de trabajos forzados en Kolimá. Por suerte, acabó siendo liberado y desde 1954 hasta 1973 trabajó en su libro de relatos cortos sobre la vida en el campo de trabajo que verían la luz como Relatos de Kolimá. Una saga compuesta por seis libros en los que narra su vida en el campo. En español los encontramos todos en Minúscula.

Como decía más arriba, tener en mente el abandono de Vida y destino me predisponía a pensar que se me iba a hacer muy cuesta arriba. Nada más lejos de la realidad: la principal ventaja respecto a Vida y destino es que los capítulos son cortos y que no hace falta seguir el hilo de un personaje en concreto. Al tratarse de vivencias del campo no siempre son los mismos personajes las que los narran, lo cual ayuda a seguir leyendo, más si alternamos su lectura con otras más amables.

Si por algo se caracteriza Kolimá es por ser una lectura dura, tanto como las condiciones de vida de los presos: el frío, la falta de comida y el extenuante cansancio, en definitiva, la supervivencia pura y dura. Compartimos parte de ese sufrimiento y nos ponemos en la piel de la persona que pelea por las cosas que los demás damos por hecho: un jersey, un par de botas, unos calcetines. La relación de poder entre unos presos y otros, la vida del hampa, las presiones entre jefes y subordinados, el poder de colocarse al lado de la estufa o de tener unos buenos zapatos, la importancia una manta o de poder descansar en el hospital, la cruda cotidianidad de 50 grados bajo cero. Todo eso es Siberia. Todo eso es Kolimá. Y todo eso, aunque a día de hoy nos siga sorprendiendo, ocurrió realmente.

Me comí las gachas, el pan, me tomé tres taza de té con azúcar.

Página 239

Comentaba por redes sociales que con este libro me parecía que nunca lo estaba leyendo en la ubicación idónea: un plácido parque, una bonita playa, 30ºC… todo ello me hacía desubicarme, alzar la vista y comparar la realidad que estaba viviendo con lo que leía. Pênsar que nada se asemejaba a lo que estaba pasando.. Y vosotros, ¿cómo lo véis? ¿Creéis que hay determinadas lecturas que no pegan para unas estaciones o momentos concretos? Aunque claro, ¿cuándo sería entonces el momento y lugar perfecto para leer una historia tan dura? Nunca.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Capítulos cortos.
  • Estilo directo y sin alardes.
Contras
  • El precio del libro, para lo pequeño que es, se me antoja caro.
  • Historia dura, hay que coger aire de vez en cuando. El nudo en el estómago es inevitable.

Namaste.

12
Ago
19

Una tumba para Boris Davidovich, Danilo Kis

Conocí a Kis porque lo mencionó Vila Matas. No tenía más referencia que esa, tampoco tenía muy claro por dónde empezar, así que al final, en una Feria del Libro, me acerqué a la caseta de Acantilado a echar un vistazo a varios de sus títulos, y entre este y Salmo 44 acabé quedándome con el más largo.

Una-tumbaLeí este libro a principios de este año. No, no es una errata. Fue uno de los primeros libros que leí en este 2019. Después lo dejé en el estante de libros para reseñar y se quedó sepultado por otras lecturas que llegaron más tarde y salieron antes de ahí. Quizá os preguntaréis por qué.

Fácil. No tenía ni la más remota idea de qué escribir.

Los que lleváis tiempo leyéndome sabréis que no escribo las reseñas en cuanto termino el libro, sino que la dejo reposar un poco. Generalmente con distancia soy capaz de analizar mejor las cosas, aunque lógicamente se pierde en el detalle gano en perspectiva de ver la historia en su conjunto. Pero claro, esto también tiene inconvenientes, si el libro no me ha gustado demasiado lo borro de mi memoria. O quizá no, porque pensándolo soy capaz de describir los libros que no me han gustado, los despellejes, los que no he sabido por dónde coger.

Sin embargo, Una tumba para Boris Davidovich tiene una laguna en mi mente. No creáis que la laguna viene motivada por la cantidad de semanas que han pasado desde que lo leí. Qué va. Tuve la sensación de que la historia se me estaba escapando, de que se me escurría de las manos y de la mente, de que no me estaba disgustando pero tampoco me gustaba lo suficiente como para dejar algún tipo de poso en mi mente. Y es que la sensación de que este libro estaba siendo invisible me acompañó durante toda la lectura y también cuando puse punto y final, me confesé a mí misma: lo he leído pero ya se me ha olvidado.

Él no estaba interesado en los supuestos hechos, ni tampoco en los supuestos caracteres sino en aquellas conjeturas y en su funcionamiento dentro de la lógica; sus motivos podrían resumirse, al fin y al cabo, en los mismos que tenía Novski al rechazar por completo cualquier conjetura, partiendo de un esquema completamente distinto ideal e idealizado.

Página 141

Lo he leído, lo sé. Pero no me sugirió nada. Quizá como cuando lees el diccionario, una palabra detrás de otra, una letra y otra letra, pero si te preguntan de qué va ¿qué podrías responder más que generalidades?

He estado tentada de no dejar esta entrada por aquí, pero cambié de idea al pensar que en las reseñas, en las columnas literarias, en las redes sociales, solo vemos libros buenísimos, libros fantásticos, o justo lo opuesto: libros malos, aburridos.  Así que vengo a comentar un libro que me ha dejado fría, que dudaré haber leído dentro de dos años, porque sí, los lectores no siempre acertamos, no siempre nos encanta lo que leemos, y ya está. Se aprende, se apunta y se sigue leyendo.

Probablemente esta historia me habría gustado más si no hubiera leído otras historias, como El caso Tuláyev  de Victor Serge o quizá la fama y el reconocimiento vienen de la mano de la polémica que causó Kis con sus libros. No lo sé, la conclusión es que este libro no es para mí.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Al menos es corto. (?)
Contras
  • No me ha dicho nada, perdí el interés de lo que ocurría en la historia.
  • Estilo del autor es enrevesado.

Namaste.

05
Ago
19

Mejor la ausencia, Edurne Portela

Hay títulos o autores que de repente aparecen frente a una y no se van. Te siguen con una frecuencia inesperada, agarran y no sueltan. De repente Edurne Portela aparecía en la portada de muchos de esos libros, en redes sociales, en reseñas, como esta de Marta, una y otra vez. Y después, cuando por un tiempo dejé de encontrármela, la autora figuraba en encuentros, certámenes y cursos. Más tarde, cuando hablando con Pedro sobre libros (¡cómo no!) me dijo que tenía uno para prestarme temí que fuera uno de Portela. No me equivocaba. Ahí seguía el destino insistiendo.

Mejor-la-ausenciaComo ya sabéis, no suelo leer la sinopsis, así que lo que sabía de la historia era lo que me había comentado Pedro: que se trataba una historia simétrica a Patria, de Aramburu. La radiografía del conflicto vasco pero contado desde otra perspectiva. Mi percepción, quién sabe por qué, era que en este caso, Mejor la ausencia se trataba de un libro denso. Nada más lejos de la realidad.

Si lo comparamos con Patria,  cambia, en primer lugar, el uso temporal: mientras que en la de Aramburu los saltos temporales eran constantes dado que eran el método utilizado para unir pasado y futuro, Mejor la ausencia presenta una novela más lineal, comenzando en los años 80 hasta nuestros días. A priori podría parecer que el efecto conseguido es una pérdida de dinamismo. Sin embargo Portela no lo necesita porque lo puede conseguir por otras vías, y ahí entra en juego la narradora: Amaia. Utilizar su punto de vista de niña que no comprende del todo qué está ocurriendo nos hace querer leer más, distribuye la información a lo largo del texto, y además consigue generar empatía, lo cual nos acerca a su percepción personalísima de la realidad familiar.

Como en Patria, coincide el lugar donde se sitúa la acción, el País Vasco, pero mientras que en la novela de Aramburuse mantiene un tono más neutro (algo que parece perfecto para su versión cinematográfica. De hecho hay prevista ya una serie), Portela opta por olvidarse de ser aséptica y narrar desde las entrañas de Amaia, primero una niña, después una adolescente. La pequeña de cuatro hermanos que no entiende demasiado bien las ausencias del padre, el hermano enfermo que tirita, los pósters en la pared de uno de sus tatos.

Mejor la ausencia destaca por dos cosas: la fuerza y la violencia. La fuerza de una narradora con carácter, que se va a enfrentar a la realidad que le ha tocado vivir, y la violencia de lo que se encuentra más cerca de lo que pensaba.

Lo complicado es conseguir que la voz de Amaia sea creíble en cada momento, y eso lo resuelve la autora modelando las descripciones y la visión de la protagonista. Así, cuando es niña vemos la inocencia, pero también sus arrebatos de furia y rabia ante la impotencia que siente en el hogar. En la adolescencia el pasotismo, la rebeldía, el inicio de un camino que le lleva contracorriente de su familia, que le enfrenta a los silencios de su Ama y al pasado de su Aita. El personaje de Amaia adquiere un peso muy significativo en la historia, además de permitir al lector acercarse e ir conociendo la información necesaria en cada momento. Precisamente de haber prescindido de ella, de haber escogido un narrador omnisciente, la historia habría perdido el aspecto animal que sale de las entrañas de la benjamina de la familia.

Descubriremos lo que sucede al mismo tiempo que la benjamina, aunque lo vemos venir y lo intuimos mientras que ella, desde el punto de vista inocente de una niña no sabe interpretar determinados detalles que el adulto que ve con otros ojos sabe intuir: el hermano enfermo, que tirita y al que hay que cuidar quizá no tenga fiebre, quizá revuelve el cajón buscando algo en concreto; las ausencias del padre, los silencios y las medias palabras.

Sorprende que la historia no pierda un ápice de fuerza y que consiga mantener al lector pegado a sus páginas. No es fácil crear ese efecto, pero menos lo es mantenerlo en sus 200 páginas. Temía que el final iba a llevarse al traste la historia pero me equivocaba. En este caso el recurso de la vuelta a los orígenes se hace totalmente necesario.

Para mí, este libro ha sido un gran descubrimiento. Y sí, ya voy buscando más libros de la autora. Gracias de verdad a todos los que habéis conseguido que Portela se cruce en mi camino. Me temo que se me habría pasado sin vosotros.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Con rabia, Lorenza Mazzetti.
  • Subsuelo, Marcelo Luján.
Pros
  • Trasmite tanta fuerza que me ha sido imposible escoger un fragmento pequeño.
Contras
  • Dejad todo lo que estéis leyendo o viendo, este libro os absorberá por completo.

Namaste.




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