Mientras leía la apabullante biografía de Kafka escrita por Reiner Stach (sigo con ella, espero terminarla este año) me iba enfangando más y más en la vida del checo; hasta que llegó un momento en el que decidí que también me apetecía leer alguna de sus obras. De Kafka he leído La metamorfosis, El proceso y El castillo. Estaba bastante claro que tenía que ser el relato de En la colonia penitenciaria, que compré este mismo año en la Feria del Libro.
En este breve relato nos encontramos los elementos típicamente kafkianos (la incomprensión y soledad, la apabullante burocracia) en pequeña escala. Sin ir más lejos en esta edición que presenta Acantilado es más largo el epílogo que el propio relato.
Aquí conocemos el uso de una temible máquina utilizada para impartir justicia.
– ¿Conoce él su sentencia?
– No -dijo el oficial, y quiso continuar de inmediato con sus explicaciones, pero el viajero lo interrumpió:
– ¿Él no conoce su propia sentencia?
– No- repitió el oficial; se detuvo entonces un momento, como si esperara del viajero una argumentación más detallada de su pregunta, y añadió-: Sería inútil comunicársela. La experimentará en su propio cuerpo.Página 16
En este caso, importan tan poco los personajes que Kafka ni siquiera se detiene a asignarles una inicial. El viajero, el oficial, el soldado y el condenado son las cuatro patas para articular una historia en la que realmente ellos no son protagonistas. Bien podrían ser caras de un dado. Son tan intercambiables que no reconoceríamos a uno ni a otro: las descripciones son mínimas, los caracteres que los identifican prácticamente no existen.
El eje central es la máquina, ese aparato singular del que ya nos avisan en la primera página y el lugar donde se instala: la colonia penitenciaria.
El resto, la duda de cada uno de los principios que conocemos, de forma más o menos soterrada: la crítica a un mundo que le quedaba poco para desmoronarse, los dobles juegos para que el mismo principio sirva aquí y para mí y no para los demás. El autor escribe, en cierto modo, de su propio tiempo. De esa Europa abocada a una guerra mundial, del colonialismo y del uso y abuso de los principios jurídicos básicos.
Soy de tochos. No lo puedo evitar. Y entre una obra corta y una larga suelo quedarme con la segunda. Sin embargo, si queréis leer a Kafka En la colonia penitenciaria es una buena opción. O podéis hacer lo que yo: obsesionaros, leerlo todo y luego volverlo a leer en el original alemán.
FICHA:
| Te gustará si te gustó |
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| Pros |
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| Contras |
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Namaste.

Decidí empezarlo un poco por casualidad, con esa sensación de que ya le tocaba y animada por las buenas críticas que había leído de muchos lectores, así como los comentarios que recibí por redes sociales cuando mostré que lo estaba leyendo. Me dio la impresión de que Némirovsky tiene una opinión unánime por parte de los lectores.
En cuanto a la película, se trata de una producción muy fiel a la novela, que mantiene hasta la estructura que planteaba Orejudo. En este sentido son pocas las licencias que se toma, tan sólo omite algunas de las historias secundarias que aparecen al final del libro (otras aparecen mencionadas de corrido por un secundario que se las cuenta a otro personaje).
esté compuesto por 15 relatos de diferente extensión, temática y estilo.
Colar una lectura tan corta como esta es bien sencillo, y lo cierto es que tenía muchas ganas, pero tuve que esperar a encontrar el momento perfecto para tener tiempo de enfrascarme al 100% en su lectura.
Como casi siempre, no leí la sinopsis, sino que me metí de lleno en una historia de poco más de 200 páginas que me obligó a continuar leyendo aunque mi planteamiento inicial era tomármelo con mucha más calma. No pudo ser. Y quizá no pudo ser por el modo que tiene el autor de ir utilizando los recursos a lo largo de la historia, donde aguarda paciente e inofensivo hasta que nos lanza un gancho en el estómago.
Busqué este libro pero nunca lo encontraba, hasta que me topé con
Colé su lectura entre otras que en teoría iba a leer antes para conocer de primera mano este ensayo rural que nos ofrece María Sánchez.
El libro se centra en el descubrimiento de un nuevo poema de Emily Dickinson, que aparece bastante tiempo después de encontrarse los demás. La composición aparece en una subasta de Sotheby´s en 1997, y desde el primer momento acapara el interés de múltiples compradores. Sin embargo, el responsable de su compra se da cuenta de que algo va mal cuando unas semanas más tarde aparece el nombre de Mark Hofmann entre los antiguos propietarios del poema, colocándolo en el punto de mira ante una posible falsificación.
Así que al enterarme de la publicación de este libro y al ver la novela recomendada por las redes sociales, me sorprendió el título y también la temática, alejada de la que yo esperaba y con la que había asociado al autor.