Autor, Literatura

La casa de los lamentos, Helen Garner

Regreso, en este tórrido verano que estamos sufriendo, para seguir dejando constancia respecto a mis últimas lecturas. Sigo leyendo aunque tengo las neuronas bastantes fritas y de ahí mi ausencia por estos lares.

Hoy os traigo La casa de los lamentos de Helen Garner (Libros del KO, 2018), es un libro de no ficción en relación al juicio que tuvo lugar por el presunto asesinato de un padre a sus tres hijos.

El caso se sitúa en Australia en el año 2005. Un padre, con sus tres hijos en el coche se dirige a dejar a los pequeños con la madre tras pasar juntos el Día del Padre. De camino, pierde el control del vehículo y acaba dirigiéndolo a una balsa. Sus tres hijos se ahogan, él consigue escapar. Lo que se dilucida en el juicio es si el accidente fue premeditado, como violencia vicaria hacia la ex esposa, o si como dice el conductor, sufrió un ataque de tos que originó que se desmayara durante unos segundos.

Helen Garner acude a diario a las sesiones del juicio, donde se acumulan una serie de testigos, a favor y en contra, que testifican sobre el matrimonio, las intenciones del padre y su situación médica. Todos aquellos que se hayan enfrentado a una sentencia o que hayan visto un juicio saben perfectamente qué problemas hay en narrar lo que allí acontece: el puro aburrimiento. Porque unos dicen una cosa y otros la contraria, porque unos médicos testifican que puede ser que sí se haya desmayado por un ataque de tos y otros que no. Garner lo que hace en poner por escrito cada dato, cada detalle, cada comentario. Lo cual nos lleva al total y puro aburrimiento, tras la reiteración de la información, las acusaciones, los testigos más o menos fiables, las tácticas de los abogados. Al contrario que otros libros como el famoso V13 de Emmanuele Carrère (donde analiza el origen de la célula terrorista y hombre tras hombre los pasos de los asesinos) un suceso como este tiene pocas ramificaciones, pocas implicaciones más allá de la duda, el dolor y la rabia de la familia.

Me ha sorprendido que en muchos lugares especializados comentan que La casa de los lamentos es muy interesante porque la periodista ahonda en la psicología de los personajes. A mí no me ha parecido para nada así, me ha parecido un libro muy descriptivo y redundante, que no ahonda demasiado en nada más porque sus únicas fuentes son las judiciales. Para aportar algo más que el juicio en sí la periodista debería haber tenido una investigación paralela con alguna otra fuente que supusiera una novedad.

Me ha parecido un quiero y no puedo, algo que parece prometer un libro como El adversario de Emmanuele Carrère pero que queda en una crónica judicial poco interesante que seguramente habría quedado mucho mejor como reportaje en una revista, ahorrando tiempo un lector que se merece algo más que reiteración de datos.

FICHA:

Del estilo de:V13 de Emmanuele Carrère.
Pros– La historia podría haberse quedado en un reportaje largo.
Contras– Repetitiva y sin análisis.

Namaste.

Autor, Literatura

Alimentar a los fantasmas, Tessa Hulls

Igual que menciono que apenas veo películas, o que tengo muchas de esas consideradas imprescindibles pendientes de ver, cuando hablo de novelas gráficas digo que he leído algunas pero que tengo considerables lagunas.

Más tarde, cuando la conversación avanza, me doy cuenta de que poco a poco he ido leyendo unas y otras, al menos las más relevantes, al menos las indispensables. Porque con la tontería, y año tras año, trato de estar al día con esas historias que en forma de viñetas han conseguido un podido por derecho propio en la literatura.

Alimentar a los fantasmas (Reservoir Dogs, 2026) ha sido la galardonada con el Pulitzer, como ya lo fuera esa otra maravillosa historia de Art Spielgelmann, Maus. Ambas tienen un par de componentes en común: son autobiográficas y analizan el pasado de sus progenitores.

Esta es la historia de tres mujeres que comienza cuando la abuela y la madre de Hulls huyen de la China maoísta, primero de Shanghái y después de Hong Kong para acabar emigrando a Estados Unidos.

Sun Yi, la abuela, se convierte en escritora superventas al narrar la historia de su exilio, pero ese éxito viene de la mano de una pesada losa: la de la enfermedad mental, al sufrir una crisis nerviosa que la hará dependiente de su hija.

La madre de Tessa, Rose, es la bisagra de ambas relaciones. El único contacto con Sun Yi, madre china que no habla inglés, y el enlace con las raíces de Tessa, en quien trata de trasladas sus obsesiones, exigencias y visión cultural, sin entender que su hija no comparte la cultura, los miedos ni los principios que mantiene ella.

Quizá si Alimentar a los fantasmas hubiera mantenido la importancia de la vida de abuela y madre me habría gustado más, pero Tessa Hulls incluye una parte muy grande en relación a su infancia y a la escritura de este libro, un ejercicio de autoficción de esos que están tan de moda, en el que se excede con páginas de más.

Pero como todo en la vida, bien está lo que está bien hecho, y en este caso creo que a pesar de tratarse de una buena historia adolece de fallos en relación a la información que quiere incluir: múltiples reiteraciones datos, mientras que en otras ocasiones se aporta una información nueva por la que se pasa por encima a pesar de tener relevancia, saltos temporales que desorientan al lector, y en general la sensación de que esa división de 9 partes más epílogo es artificial, o se ha trabajado de forma individual y pierde la unidad que se supone en este tipo de historias.

Mención aparte, porque quizá esto sea cosa mía, es esa visión típicamente estadounidense que, siento admitirlo, rechazo de plano. Me refiero a esa teatralización de los sentimientos, a esas exageraciones a las que estamos demasiados acostumbrados, esa visión estadounidense en la que todo parece un plató de televisión y donde las lágrimas han de ser derramadas para demostrar el dolor porque hay alguien mirando. Por desgracia no he marcado ninguna viñeta en la que os pueda demostrar este punto, es esa sensación de falsedad en la forma de contar las cosas, esos diálogos hueros que vemos en realitys y películas de segunda fila, no sé si entendéis por dónde voy.

Hay incluso paralelismos o comparativas entre una vida y otra, a la hora de mencionar la incomprensión, que personalmente, me generan vergüenza ajena. Esto es, comparar la represión y soledad de Sun Yi, que se tuvo que mantener al margen de su familia para que la maquinaria represora del Estado no les matara con la soledad de una hija de inmigrantes en los Estados Unidos de los 90 me genera un rechazo difícil de obviar. La autora no se despeina y es capaz de poner ambas situaciones con una página de diferencia, haciendo la cosa mucho más desagradable.

No sé si achacarlo a un caso de pura egolatría, o a la tendencia de hacer todas las historias como autobiográficas para captar la atención de un lector moderno al que la China le Mao le queda lejos pero que quizá pueda comprender mejor los problemas de ansiedad de la autora. Quizá haya sido una exigencia de la editorial, o una decisión de Hulls, no sé. Lo que sí veo es los problemas que genera y no es sino un desequilibrio apabullante entre las dos historias previas a la suya en favor de sí misma y su proceso de sanación y de escritura. Cuando, evidentemente, lo interesante son esas dos mujeres que solo se tienen una a la otra y que se enfrentan a un enemigo externo y además a otro enemigo interno.

Probablemente el problema radica de base: que Hulls jamás pudo mantener una conversación con su abuela, que toda la información que tuvo venía filtrada por su madre por lo que la información está necesariamente sesgada y limitada por la visión infantil que podía no comprender cada paso que daba Sun Yi. Incluso cuando visita a otros familiares chinos, dado que ella no habla chino, la traductora sigue siendo Rose.

No quiero que penséis que no me ha gustado absolutamente nada esta historia, porque me ha gustado en gran parte, pero tengo la sensación de que esto de las tres generaciones de mujeres chinas lo hemos visto mejor organizado en otro libro, que no es sino esa maravilla que es Cisnes salvajes de Jung Chang.

Namaste.