Autor, Fo, Literatura

El país de los cuentacuentos, Darío Fo.

En El país de los cuentacuentos, Darío Fo nos cuenta la historia de su infancia en una pequeña ciudad de Italia y en un momento en el que comienza a existir la agitación que después desencadenaría en la Segunda Guerra Mundial:  entre ellos, contrabandistas y anarquistas pero sobre todo personas que inventan cuentos e historias imaginadas, de ahí el título del libro.

 

La novela está fragmentada en pequeños capítulos de diferentes temas y con distintos protagonistas. Personalmente, este hecho hizo que fuera difícil seguir la historia, ya que al no tener un hilo continuo y bien definido no me daban demasiadas ganas de continuar. Más adelante la cosa mejora y va cogiendo tono: el niño Fo va creciendo y nos cuenta cosas más interesantes, como el fragmento que os dejo a continuación, donde se produce una lucha en un jardín con unos peculiares contrincantes:

 

“¿Quién ha hecho este desastre?”, casi me agrede la señora. “¿De quién es esta maza de hierro?” La levanta del suelo, sacándola de los dedos cerrados de Apolo. “¿No irás a decirme que es parte de la estatua? ¡Apolo con maza!

“No, señora, la maza es mía… y también el hacha que ha partido el centauro en dos es mía… pero yo no sé nada… y tampoco entiendo qué hace la ninfa con el arco en la mano… y con los brazos abiertos en el aire… pues antes los tenía bajados, estoy seguro… con una mano en el pecho… y estaba vuelta, así… Sin duda esta noche alguien las ha movido. Estas esculturas no van a moverse solas. ¿Quién ha metido el arco en la mano de la ninfa? Lo tenía el centauro que ahora está ahogado en el lago sin cabeza”.

“Los amos me miran incrédulos, me agobian a preguntas. “Perdonen que me atreva, pero para mí que aquí ha pasado una auténtica tragedia. Yo ya noté enseguida cómo se miraban, ella y él…. el medio caballo… ¡con unas ganas! Y sobre todo tenían que haber visto la cara tensa de Apolo… ¡realmente pálido, como la estatua de un celoso! Yo juraría que ha sido Apolo, que ha destrozado el centauro, y luego la ninfa, enloquecida de dolor, se ha vengado ensartándole flechas.”

El amo se ríe: “¿Una tragedia de amor y de celos entre monumentos?” “Pues claro, no pensarán que he hecho yo solo este desastre. Además, para arrastrar al estanque a ese pedazo de centauro haría falta un tractor… ¿El tronco del centaturo está en el tractor? Yo no sé nada… ¡Basta! ¡Me quieren volver loco! ¿Pero esto qué es, una broma? ¡Pues no me hace gracia!”

“Insultos, burlas, amenazas… Y al final aquí estoy, en el manicomio. Están todos locos.”

 

Pero en general, el libro me ha dejado un poco fría. No existe la chispa que yo esperaba encontrar en los recuerdos que nos narra Fo, hay poca conexión con el lector, tampoco se crea esa intimidad por contar el pasado… en definitiva, que no me ha convencido.

 

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • La familia de Fo. Fantástica.
  • El divertido fragmento de las estatuas.
Contras
  • No consigue conectar con el lector.
  • Las historias están demasiado fragmentadas. Ausencia de hilo conductor.

 

 

Namaste.

Autor, Literatura, Padura

La neblina del ayer. Leonardo Padura.

Portada del libro del cubano
La neblina del ayer, Leonardo Padura

Conocí este autor y este libro porque me lo prestó Pedro.

 

Después Aramys me confirmó que le había gustado. He aquí mi reseña.

 

La neblina del ayer es una novela negra ambientada en La Habana. El protagonista, un policía reconvertido en buscador de libros antiguos, se ve involucrado en un crimen que, simplemente por ocio pretende resolver. Así la cosa, Padura nos va introduciendo en la ciudad, en la personalidad de sus habitantes y en su modo de ver la vida.

 

Lo importante de esta novela, lo verdaderamente embriagador es toda esa descripción, todos esos personajes que pugnan por sobrevivir en un mundo complicado, además de un estilo peculiar del autor, con un llamativo uso de los adjetivos y de la forma de componer las frases.

 

En aquel tiempo de juventud, luego de una noche de muchos tragos, (…) una punzada en la rodilla debido al golpe que se había propinado con el borde afilado de la cama en cuya reputa madre solía cagarse tras cada colisión: mas todo era pasajero y curable con una ducha y un par de duralginas.

 

Pero donde el lector se convence es cuando llega al momento en el que Mario Conde se manifiesta como un gran aficionado a la lectura, y nos cuenta su pasado:

 

Aun cuando el Conde prefería gastar sus días en juegos de pelota, en mataperrear por las calles y robar mangos, su curiosidad innata le hizo dar el primer paso firme hacia la bibliofilia cuando, leído en éxtasis emocional El conde de Montecristo, quiso saber sobre el destino final de Edmundo y Mercedes y salió a la caza del segundo acto de aquella aventura fabulosa y entrontró a un Dumas decepcionante, casi cruel, que en la novela La mano del muerto destrozaba la felicidad por la que tanto habían luchado el generoso Dantés y su amada Mercedes. Un par de años más tarde, ya matriculado en el preuniversitario, otra vez la curiosidad había venido en su ayuda, aunque en esta ocasión de manera definitiva: después de leer, como ejercicio de clases, un rídiculo condensado de La Ilíada, Conde había ido a la bien poblada biblioteca del viejo instituto de La Víbora en busca de una edición completa del poema homérico y, ya intrigado por la suerte de aquellos guerreros, procuró algunas respuestas en La Odisea y de manera natural, casi por caída libre, penetró en una trampa sin salida cuando quiso saber sobre el destino del resto de los héroes griegos.

 

O cuando en un delirio mantiene una especie de conversación con un autor de renombre:

 

¿De verdad eres ? No lo puedo creer… (…) ¿Pero no me digas que eres ?, había insistido el Conde, abrazado por el júbilo, sin escuchar los reproches de su interlocutor: aquello, claro, estaba deseando ocurrir, y durante muchos años de su vida el Conde lo había deseado, aun cuando sabía imposible que aquello ocurriera: el hombre lento y pálido era uno de sus dioses inamovibles, eso mismo, un ser iluminado, casi un mutka, el que conoce a Dios -o al menos alguien que se le había acercado muchísimo, por vía de la perfección-, y tenerlo allí, a su lado, oírlo, era un inconmensurable privilegio. Siempre había querido tanto hablar contigo, logró decirle, con voz tomada por la emoción, pero no para hablar de la muerte y el sufrimiento, ni siquiera de la reencarnación, que, la verdad, me importa un carajo, con una vida de mierda ya tengo bastante, así que no aspiro a otra. Yo quería hablar contigo de algo más difícil, o más intangible, como tú dices… Dime por favor, ¿cómo se hace para escribir historias realmente escuálidas y conmovedoras? ¿Cuál es el secreto?

 

He omitido lo que sigue a continuación para retaros: ¿Adivináis con quién habla? Se admiten apuestas.

 

En conclusión, es un libro recomendable, entretenido, totalmente diferente al tipo de novelas escandinavas que proliferan en las librerías.

 

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
  • Cualquier novela de Andreu Martín.
Pros
  • El amor por la literatura del protagonista.
  • El estilo del autor, su visión de la ciudad.
Contras
  • El inicio se hace un poco pesado.

 

 

Namaste.

Balance de 2010, Literatura

Balance de 2010: antirecomendaciones y decepciones

Como cada año, llega el momento de hacer balance, de hacer resumen de lo que ha dado de sí el 2010 en cuanto a las lecturas. He decidido, como ya lo hice el año pasado, quedarme solamente con los títulos que destacan, ya sean por buenos o por malos.

Empecemos por la parte mala.

 

Abandonados y/o malos:

 

  • El fuego, Katherine Neville. Directamente no lo pude terminar, aunque tengo que decir a mi favor que aguanté hasta la mitad del libro. Poco nuevo os puedo contar que no dijera en su entrada, donde ya me quedé a gusto despellejando este malísimo libro. Lo único que me quedó claro es que es muy improbable que vuelva a leer algo de Neville.

 

  • Fin, David Monteagudo. Tras tantos comentarios buenos por parte de la crítica y del público, me decidí a leer este libro. Sin duda, el peor de los que aquí figuran: personajes malos, diálogos espantosos, trama absurda…
  • De todo lo visible e invisible. Lucía Etxebarría. Aunque en un determinado momento me llegó a enganchar un poco (porque por lo menos trama tiene), el hecho de que los personajes me cayeran fatal influyó: mujeres histéricas que sufren por amor… no me gusta nada. Esta autora queda oficialmente desterrada de mis futuras lecturas.

 

  • Maldito karma. David Safier. Se prometían risas y entretenimiento. Yo sólo encontré diálogos estúpidos, una trama simplona y un final increíble.

 

Decepciones:

 

De estos libros esperaba algo más. Bien porque había escuchado buenas críticas o por mi propia percepción del libro.

 

  • En el camino, Jack Kerouac. La generación beat no me dice nada. Me parecen simplones, fracasados y sin sustancia (me refiero a profundidad, porque de la otra andan sobrados). Un aburrimiento, un viaje sinsentido que me cansó muchísimo.

 

  • La soledad de los números primos. Paolo Giordano. El libro empezó bien. Dos personajes solos que nos van contando sus vidas. Pero a partir de la mitad del libro, la cosa decae. La trama se va paralizando poco a poco y llega un momento en el que se desinfla. Me dio la sensación de que lo vendieron muy bien. Esperaba más.

 

  • Lolita, Vladimir Nabokov. Quizá este libro es que el menos se merece estar en este apartado de los tres que he puesto, pero como ya os comenté me sentí algo estafada. Y el libro me pareció muy pesado. No lo recomendaría a cualquiera, vamos. Y por supuesto no es para nada como me lo esperaba.

 

Quizá a algunos os parezca una tontería, pero yo también procuro recordar los libros de los que habláis mal, para cuando en el caso de que me tropiece con ellos, los evite. Así que, ¿cuáles han sido vuestras decepciones de 2010?

 

Namaste.

 

P.D. Aprovecho para recordaros que ya se ha iniciado el período de votación del concurso de Libros y Literatura. Tan sólo hay que inscribirse y votar. ¡Suerte para los participantes!

 

Autor, Literatura, Mcewan

Expiación, Ian McEwan

Soy de las que piensan que la mejor forma de acercarse a un libro es conociendo muy poco de él. Y eso es porque con libros de los que me hablaron muy bien me he llevado grandes decepciones. Pero con libros de los que apenas sé nada, me he llevado muchas sorpresas. Esta es una de ellas.

 

Expiación, de Ian McEwanVerano de 1935, casa de campo de los Tallis, cerca de Londres. McEwan nos presenta a una familia con tres hijos a los que iremos conociendo poco a poco. La llegada de unos primos y el regreso del hermano mayor se perfilan como punto de partida de una historia caracterizada por su visión de estar por casa: con los habituales entretenimientos y quehaceres de varias personas que están de vacaciones.

 

No voy a negar que el comienzo es lo más arduo, quizá no pasan demasiadas cosas, porque McEwan está pendiente de enseñarnos los paisajes, los detalles y las personalidades de cada uno de los presentes. Y lo hace de un modo elegante y a la vez vigoroso, exacto, con un gran uso de los adjetivos:

 

Al atardecer, nubes altas en el cielo del oeste formaron una fina capa amarilla que se fue adensando según avanzaba la hora y luego se espesó, hasta que un fulgor filtrado de color naranja se cernió sobre las frondas gigantescas de los árboles del parque; las hojas se tornaron de un tono pardo de almendra, y de un color negro aceitoso las ramas entrevistas entre el follaje, y las hierbas secas cobraron la tonalidad del cielo. Un pintor fauve consagrado a la búsqueda de colores imposibles podría haber imaginado un paisaje así, en especial cuando el cielo y la tierra adquirieron un esplendor rojizo, y los troncos hinchados de robles vetustos se volvieron tan negros que empezaron a parecer azules. Aunque el sol, al ponerse, se había atenuado, la temperatura parecía aumentar porque ya no soplaba la brisa que había proporcionado un débil alivio a lo largo del día, y el aire estaba ahora inmóvil y cargado.

 

Pero es que el truco reside en que McEwan actúa como un prestidigitador: nos hace mirar a un lado mientras nos oculta algo que pasará después.

 

Miramos una mano, la que creemos que nos esconde algo, la que no sabemos a dónde llegará, el porqué del título de la obra. Pero la que actúa es la otra, y es esa la que desarrolla la trama, la que consigue que los personajes tengan vida propia y se conviertan en reales, la que nos hace que nos pongamos en su lugar, la que le da fuerza a la historia. Conocemos los traumas, las inseguridades y los miedos de los personajes y nos vamos internando en una historia mágica, que huele a Jane Austen pero que sabe a algo diferente.

 

Llegados a este punto, McEwan cambia a un estilo más aséptico y nos traslada a la guerra, con la agonía de la incertidumbre, el pánico a la muerte y las ansias de supervivencia. Posteriormente nos cuenta la historia de los que se han quedado, el caos de un más que nunca, gris Londres que se mantiene a la espera de noticias sobre el frente.

 

Y finalmente, con la mano que no estábamos mirando, McEwan pone la guinda, une las historias para acabar dejando al lector con la boca abierta, releyendo las últimas páginas sin poder creerse que acabe de terminar este magnífico libro.

 

Así pues, un gran descubrimiento. Uno de los mejores libros que he leído este año y que no me cansaré de recomendar.

 

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Sentido y sensibilidad, Jane Austen.
Pros
  • El estilo de McEwan: fuerza y elegancia unida en una novela.
  • La credibilidad de los personajes y de la historia en general.
Contras
  • La crueldad derivada de la ignorancia.
  • La manía del editor de cambiar la portada cuando hay una adaptación.
Versión cinematográfica
  • Pierde la gracia del libro, que es el estilo del autor. ¡Leed primero la novela!

  • El protagonista, muy acertado. Sólo con sus fijos ojos azules ya es creíble. La música buena. Knigthley un poco floja.

Namaste.

Autor, Literatura, Modiano

En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano

 

En el café de la juventud perdida es una pequeña novela ambientada en el París de los años 60.

 

Portada del libro de Modiano (Ed. Anagrama)
En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano

El lugar: un café en el que se reúnen un grupo de bohemios: estudiantes, escritores y artistas de distinto pelaje. De ellos destaca una mujer, que está presente pero de la que se sabe poco.

 

Modiano nos presenta una novela muy bien ambientada, donde la melancolía es la protagonista. En un entorno gris, se plantea el misterio de esa extraña mujer, que está pero que apenas se relaciona con las demás personas del café.

 

Para desarrollar la novela, el autor crea una historia a cuatro voces, donde cada uno nos cuenta qué sabe de la mujer. Ya en el final será ella la que nos desvelará algo sobre sí misma.

 

La sensación que me queda es agridulce. Por un lado me ha gustado: Modiano consigue engatusar al lector, llevarle por donde él quiere, que le interese la historia y que quiera saber más. Por otro, parece que al final no nos encamina del todo bien, como si no supiera rematar el relato, como si perdiera algo indispensable por el camino.

 

No sé si me habéis entendido, porque la verdad es que me resulta difícil explicar lo que me ha aportado esta novela.

 

Así que para ejemplificar mi reseña, os dejo un par de fragmentos:

 

– Uno intenta crearse vínculos, ya me entiende…

Sí, claro que lo entendía. En esa vida que, a veces, nos parece como una gran solar sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura. Y entonces creamos vínculos, intentamos que sean más estables los encuentros azarosos.

 

No hay mejor sistema para que se desvanezcan los fantasmas que mirarles a los ojos.

 

En cualquier caso, es tan diferente a otras, te embriaga tanto del París de la época, que merece la pena leerla y además aporta la curiosidad necesaria como para saber que en el futuro leeré algo más de este autor.

 

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
  • La casa gris, Josefina Aldecoa.
Pros
  • El estilo del autor, la forma que tiene de envolver al lector.
Contras
  • Llega un momento en el que la historia pierde fuerza.

 

Namaste.



Autor, Literatura, Marías

Todas las almas, Javier Marías.

Quizá muchos no lo sepáis, pero soy una persona que hace los deberes. Tras la multitud de recomendaciones que recibí en la reseña de los cinco autores que quería leer , me dirigí con mi folio a la biblioteca más cercana. Allí valoré los libros de que disponía (no todos, desgraciadamente) y de ellos escogí este de Javier Marías.

Portada de "Todas las almas"Todas las almas es una novela que trata sobre un profesor universitario que se traslada a Oxford para dar sus clases sobre literatura española. Podría considerarse una novela con algún punto autobiográfico, ya que Marías pasó un par de años como profesor universitario.

Partiendo de este hilo, el autor desarrolla una prosa elegante, con un estilo que envuelve al lector.

Como he dicho, mis obligaciones en la ciudad de Oxford eran mínimas, lo cual me hacía sentirme a menudo como un personaje decorativo. Al ser consciente, sin embargo, de que mi sola presencia difícilmente podría decorar nada, tenía a bien ponerme de vez en cuando la negra toga (preceptiva ya sólo en muy contadas ocasiones) con el objetivo principal de contentar a los numerosos turistas con que solía cruzarme en el trayecto desde mi casa piramidal hasta la Tayloriana y el secundario de sentirme disfrazado y algo más justificado en mi calidad de adorno.

He visto algunas opiniones de otros bloggers (por ejemplo, esta) y comentan como punto negativo que apenas hay trama. Es cierto que no pasan demasiadas cosas, pero creo yo que el tema no es qué se cuenta, sino cómo se cuenta. Y aquí es donde resalta Marías, su forma de exponer la situación, de hacer comparaciones sin resultar barroco. Me gusta su estilo.

Quiero decir como alguien que ya no era de mi presente, como alguien que nos interesó enormemente y dejó de interesarnos o que ya ha muerto, como alguien que fue o a quien un día ya antiguo condenamos a haber sido, tal vez porque ese alguien nos había condenado a nosotros a dejar de ser mucho antes.

 

Desde mi punto de vista, lo que distingue un libro de otro no es la historia, es el estilo. Hoy por hoy, no me importa tanto que no haya mucha trama, lo que quiero es leer algo que se distinga de otro, que sea diferente. Y este libro lo es.

 

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La elegancia del autor, su estilo, la forma de contarnos la historia.
Contras
  • Da la sensación de que los capítulos no tienen mucha relación entre sí.

Namaste.

Grandes, Literatura

Inés y la alegría, Almudena Grandes

Como ya conoceréis muchos de vosotros, Inés y la alegría es el último libro de Almudena Grandes.

Ines y la alegríaSe trata el primero de lo que la autora ha denominado Episodios de una guerra interminable, en honor a los episodios de Galdós, y que trata de contarnos las pequeñas historias que se entrecruzan en lo que ella denomina la Historia Universal, los grandes acontecimientos de los últimos cuarenta años.

El acontecimiento histórico en el que se enmarca la trama es la invasión del valle de Arán que aconteció en 1944. Desde ahí, la escritora madrileña desarrolla la ficción de los que pensaron y sintieron los protagonistas de la misma.

Al igual que En el corazón helado, se van intercalando las historias de los dos protagonistas principales: Inés y Galán.

Pero, sin embargo, lo peculiar de esta novela es que además de esta parte de ficción, se van incluyendo otros capítulos más cortos que nos van contando lo que ocurrió en el Partido Comunista. Esta parte no es ficción, sino que la autora cuenta, con más o menos objetividad, la vida de los protagonistas: Dolores Ibárruri, Jesús Monzón, Carmen de Pedro, Santiago Carrillo… son que van moviendo sus fichas desde un plano superior al de los protagonistas de la ficción, pero que, acaba afectando a aquéllos. Os dejo un fragmento de esta parte:

 

Es lo que tienen los dictadores, que primero ponen mucho cuidado en eliminar de su entorno a cualquier persona con el talento suficiente para hacerles sombra, y después echan de menos su brillantez.

 

De esta forma, la realidad de los acontecimientos históricos está presente en la vida de Inés y Galán. Sin embargo, esta parte de la ficción es la de la historia en minúscula, la de la vida de miembros del Partido Comunista de la base. Y aquí donde Grandes despliega la narrativa que la caracteriza, con sus personajes reales y cercanos o la forma que tiene de que el lector se sienta atrapado por los sentimientos de los personajes.

En el estilo de la autora algo ha cambiado. Las primeras páginas, según iba leyendo, no podía parar de sonreír: A Almu se le ha pegado algo de Luis, pensé cuando comencé el libro. Sin embargo, ese pensamiento se me fue enseguida. Aunque se nota el incremento del uso de los adjetivos y de las frases subordinadas, aunque lo intente, Grandes no es un poeta y eso se nota. Se nota en que algunas de las frases parecen forzadas. Se nota en que las novedades que trata de incluir en esta novela no mejoran lo que tenía antes.

Nada más comenzar, el lector tiene que capear el temporal: de un lado, un gran número de personajes, de golpe y porrazo que tiene mucha relación los unos con los otros. Hasta doscientas páginas más tarde no fui capaz de enterar quién estaba casado con quién. De otro, los saltos temporales. No me considero una lectora torpe, pero es complicado acostumbrarse, porque en un simple punto y aparte, la autora vuelve para adelante y para detrás en el tiempo.

Así que si me preguntáis, diré que sí, que me ha gustado, pero que esperaba mucho más. Como ya comenté en las entradas que le dediqué (aquí y aquí), he leído prácticamente todo de Grandes, y El corazón helado me pareció un gran avance. Sin embargo, este libro me ha dejado un poco fría, porque esperaba más. Me gusta el estilo de Almudena Grandes, pero soy consciente de que no soy objetiva (no es que lo sea, que para eso este blog es de opinión). Tengo la sensación de que si su nombre no figurara en la portada ya habría criticado otras muchas cosas (como los personajes planos, el irritable número de enumeraciones o la polarización de los personajes entre buenísimos-malísimos).

La parte buena es, precisamente, porque su nombre figura en la portada, y porque es capaz de dar fluidez a la historia, de hacer que el lector quiera seguir leyendo más, y por conseguir que cualquiera se ponga en la situación de los personajes, en lo que sienten y en lo que viven. Así que sí, me ha gustado. Me gustó más El corazón helado, pero seguiré leyendo los siguientes Episodios.

 

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo de la autora.
  • Un guiño que podremos apreciar sólo algunos: Niebla Espesa e Isi, atentas.
  • La edición de Tusquets: cuidada y perfecta.
Contras
  • Demasiados saltos cronológicos.
  • Las enumeraciones. Hay muchas y no creo que aporten nada.

 

Gracias a Popular Libros por mandármelo a casa.

Namaste.

Autor, Caballero Bonald, Literatura

En la casa del padre. J.M. Caballero Bonald

Quizá os suene este libro porque lo tenía desde hace mucho tiempo como pendientes para leer. Este julio le llegó el momento.

 

 

Portugal posa al lado del libro de Caballero Bonald
Portugal posa al lado del libro de Caballero Bonald

Caballero Bonald es un poeta jerezano que ha obtenido bastantes premios. Pero además, también escribe novelas. Ésta es una de ellas y la primera que leo de él.

 

La historia parte de la situación de una familia comerciante de vinos. La trama se nos da a conocer con dos técnicas distintas: de un lado, con el uso del narrador omnisciente que nos relata la historia antigua de la familia Romero-Bárcena, y de otro, la visión de uno de los nietos del creador de la estirpe que abarca la visión personal de la situación más actual. De este modo, el lector va conociendo dos puntos de vista distintos que acaban uniéndose sólo al final de la historia.

 

A partir de aquí, el autor despliega su gran capacidad literaria y de conocimiento de la lengua castellana para embellecer una historia (que podría parecer trillada y que en un comienzo me recordó a La casa de los espíritus) para darle una personalidad definida, una distinción característica que permite al lector reconocer al creador de la novela, oler, ver y en definitiva sentir lo que nos quiere trasmitir. Como muestra, un botón:

 

Y ya estaba su mano detenida en mi mejilla, la palma sedosa abarcándome la mejilla, sus ojos en busca de los míos, y yo sin hablar y sin querer mirarla. El sesgo de la lluvia irrumpía ahora en los cristales y ese rumor creó en el cuarto un clima taciturno, como de víspera de un viaje no deseado.

 

Si leyendo determinadas novelas se puede tener la sensación de que muchas de ellas se distinguen de otras sólo por la trama, es decir, que parecen todas hechas por el mismo patrón, por el mismo modo, como si fueran producidas en masa como los coches de Taylor (¿no os ha pasado?), aquí no nos vamos a encontrar nada de eso, sino que se trata de una narración más artesanal, mejor o peor, pero distinta y original de esas novelas que son sospechosamente iguales.

 

Sin embargo, el punto fuerte de esta novela es, asimismo, su punto débil. En ocasiones el autor se detiene tanto en el estilo y en el vocabulario enrevesado, que el lector tiene la sensación de que no ha pasado nada en varios capítulos, que todo es ornamento. Y aquí está la parte que no me ha gustado. Es demasiado barroco. Aunque al principio su forma de escribir me recordó a García Márquez, según iba avanzando cambié de idea. Os dejo un párrafo del principio del libro:

 

Toda aquella acelerada prosperidad industrial y social- que don Sebastián Romero-Bárcena había sabido establecer con tan consumadas estrategias- se vio por entonces pasajeramente frenada. Parece ser que, a partir del inoportuno asesinato de un archiduque, se les quitó las ganas en parte a los europeos las ganas de beber (o no les quedó mucho tiempo para hacerlo), de modo que las exportaciones acusaron en ciertos casos una merma nada desdeñable.

 

Así que mi valoración del libro se queda en un punto medio. Aunque me ha gustado la forma en la que se hilvana la historia, estoy bastante defraudada con el final. Llegó a engancharme en la mitad del libro, y pensé que el autor estaba mejorando mi opinión… pero cuando leí el final, me dio la impresión de que me faltaba por comprar el último fascículo.

 

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • La casa de los espíritus. Isabel Allende.
Pros
  • El estilo, el vocabulario y el estilo propio del autor.
Contras
  • Abusa de adjetivos. Con poca acción.

 

¡No cerramos en Agosto! 🙂

(INCISO: Portugal andaba algo molesta porque ya había aparecido Europa por mi blog y ella no. Así que para evitar rencillas entre hermanas, me solidarizo con ella.)

Namaste.

Autor, Literatura, Rivas

Los libros arden mal. Manuel Rivas

Conocí este Los libros arden mal a través de una entrada de Homo Libris. Le tenía ganas a Rivas tras leer alguno de sus cuentos y la adaptación cinematográfica de La lengua de las mariposas.

(INCISO: mirad la que se ha montado a raíz de una serie de comentarios de un periodista que en un artículo incluyó el siguiente párrafo:

¿Y los españoles?, se habrá preguntado más de uno. En la novela española mineralizada ha de aparecer un comisario que entra en su hogar gritando: «¡Soy un cerdo franquista y ahora mismo voy a someter a mi mujer a violencia de género!». O bien un maestro de pueblo que habla con un niñito adorable y le dice: «Como soy un maestro republicano voy a mostrarte las virtudes de la democracia y el humanismo mediante el bello ejemplo de las mariposas».

Artículo íntegro pinchando aquí.

Manuel Rivas se da por aludido respondiendo escuetamente.

Félix de Azúa le contesta.

¿Qué, era para darse por aludido? (FIN DEL INCISO)).

 

 

Portada del libro

En el marco de la posguerra española se desarrolla una historia que tiene que ver con la cultura (como episodios sobre la quema de libros) pero que además ahonda en las distintas situaciones de unos personajes relacionados entre sí.

Hasta aquí algo que podría ser habitual. A partir de aquí la novedad. El autor cuenta la historia cambiando: en un capítulo podemos encontrar la historia de un juez contada de forma objetiva. En el siguiente aparece una lavandera hablando en primera persona.

Debido al cambio de personajes, en ocasiones se hace una lectura un poco complicada: hay bastantes nombres que guardan relación y al comenzar cuesta pillarle el truco. (De hecho me hice un croquis con nombres de personajes, relaciones y otros datos).

Luego todo va rodado, hasta más o menos la mitad del libro, donde la trama se estanca un poco y todo sucede más lentamente. En este punto, cuando ya pensaba que no me iba a gustar el final porque el autor lo apañaría como pudiera, las cosas cambian y el lector se lleva una grata sorpresa al recuperar la actividad y dinamismo de la primera parte del libro.

Trozos que me han gustado hay montones. De ellos, he seleccionado uno, para ilustraros el modo de enlazar del autor de un tema a otro, y para que comprobéis lo distinto que es a otros escritores:

Ya no era una criatura. Con cinco o seis años aún se meaba en la cama. Antes, no. Fue en esa época. No era algo que se pregonara. No es que llegase una a buscar la ropa y le dijesen: Ahí van las sábanas mojadas por el niño, que no retiene. Lo que pasa es que la ropa cuenta sus historias, es como un libro. Y tampoco yo voy diciendo por ahí lo que cuenta la ropa. Eso queda entre nosotras. Entre la ropa y nosotras. Por eso, lo que más me gusta de lavar es el clareo. Ese momento en el que el sol les devuelve los colores a las prendas y a las cosas, porque parece incluso, en ese dar del sol, que lo que has hecho es lavar todo el lugar. Devolverle los colores. A la ropa, sí, pero también al paisaje, a las cosas, a la mirada de la gente. Y entonces eres tú quien les pone el negro y el amarillo canario a las espigas rayadas de maíz del país y a las camisetas de fútbol del Relámpago de Elviña. El púrpura a los carpazos. A veces hablamos de la felicidad como un imposible. Entre nosotros, lo que más se parece a un infeliz es un feliz. Yo ya he oído llamarle a Brevo, que no tiene mucho entendimiento, he oído llamarle de dos maneras: feliz e infeliz. Parece que es lo mismo. Los niños le llaman tonto, sin más. Los niños. Qué miedo. No me extraña que haya quien se enrede con las palabras. Las hay, hay palabras, que son como bichos, de esos que mudan, que parecen una cosa y son otra. Polca dice que es al revés de lo que pensamos. Que las palabras no nacieron para denominar las cosas. Que primero fueron las palabras y después las cosas. Así que alguien dijo ciempiés y salió el bicho. Ya sé que no tiene cien pies. Lo importante es la intención. Quien hace la palabra, hace la trampa. Yo no quiero pensar en el nombre de un mal. Imagina que lo dices y funciona. Hay que tener cuidado con lo que se dice. O no. Al chaval, al hijo de la pintora y del juez, a lo mejor también le pasó que quiso meter las palabras para adentro y se le hizo un bolo, un tapón. Porque las palabras son también como migas. Yo, cuando estoy sola en la mesa, en silencio, meditando, los dedos hacen bolas con las migas de pan sobre el mantel de hule. Y cuando te das cuenta, cuando se te pasa el despiste, esas formas esféricas, tan pulidas, como astros, están mirando hacia ti. Yo no sé lo que harás tú, pero lo que yo hago es ir comiéndomelas muy despacio, las palabras de pan, las del silencio, para no atragantarme. Yo por suerte he tenido a Polca. A pai pai (en gallego, padre padre). Creo que, si no fuese por él, no habría arrancado. Sería feliz. Sería infeliz. Sería muda. Aún me mearía en la cama. Uno de estos días lo tengo que llevar a que vea al chaval, a Gabriel. Seguro que él encuentra la manera de espabilar a la criatura. Ella, la pintora, es más risueña que habladora. Tampoco a mí me va el chismorreo. El traer de dientes a la gente. A mí nadie me va a oír decir: ¡El niño, que es un meón!

Os lo recomiendo encarecidamente. Es uno de los mejores libros que he leído este año, y he acabado encantada y acordándome de los que vivís en Galicia (Niebla Espesa, Elnorte, D.) porque además de ser una gran historia es un tributo a las tierras gallegas, a las calles coruñesas y a los pueblos cercanos.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo mágico del autor.
  • El desarrollo de la historia y el modo de mezclar unas historias con otras.
Contras
  • No me gusta nada la portada del libro, y menos el redondel rojo de la izquierda. Señores, ¡esto no es un DVD!
  • La edición incluye un mapa con las calles de La Coruña que sólo se puede leer con una lupa.

Namaste.

Actualidad, Literaria

Ébano, de Richard Kapuscinski.

A raíz de la siguiente noticia que acabo de leer en el periódico digital, he recordado un libro de este autor polaco. De hecho es el único que he leído de él. Se trata de Ébano. Recuerdo que me lo recomendó Niebla Espesa, que la edición que me prestó era una de esas que regalan con algún periódico, y que por dicha recomendación lo leí.

 

Se trataba de un libro que recorría gran parte de la historia de África visto desde el punto de vista de un occidental, de forma amena y cotidiana. Me refiero a que en ocasiones (y más cuando una novela es de no ficción) es complicado asimilar un gran número de nombres, fechas y lugares, y más si se tratan de algunos tan desconocidos como lo son los africanos. Sin embargo, el escritor consigue equilibrar la balanza entre ésto y las situaciones corrientes de las personas de a pie, que es lo que hace que nos pongamos en la situación en la que se encuentran dichas personas.

 

Una de las anécdotas que recuerdo del libro es la circunstancia con la que se topó el autor en un autobús. Llegado un momento quería viajar de una ciudad a otra, y por eso fue a la estación de autobuses, compró un billete y se fue para el autobús. En ese momento estaba vacío, y por eso se acercó al conductor y le preguntó: “¿A qué hora sale el autobús”? El señor le miró con cara extraña, y después le contestó: “¿Como que a qué hora sale? ¡Pues cuando se llene!”. El pobre hombre volvió a su asiento, extrañado, y se quedó esperando. Imaginaos ahora esperar en un coche haciendo el calor propio de África en verano, y encima venga a entrar gente (pero sin llenarse, claro está). Tras unas cuantas horas (creo que fuero cinco), el autobús salió de la estación porque ya estaba lleno.

 

En conclusión, fue un libro entretenido, completo e interesante. Muy recomendable para cambiar de vez en cuando de ficción a no ficción.

 

Y vosotros qué, ¿leéis libros de no ficción? ¿Me recomendaríais alguno?

 

Esto es todo por hoy.

 

Namaste.