El mundo de la burocracia es, como todos sabemos, algo desesperante (y que no se enfade nadie, porque estoy generalizando) donde abundan los personajes ineptos y torpes, donde hay que esperar eternamente para conseguir un papel con el que ir a una segunda ventanilla en la que conseguir otro papel para inscribirnos en una lista…. en fin, que si lo definiera un matemático probablemente diría que es un bucle. Uno de esos en los que “n” tiende a infinito.
"El frente ruso", Lalumière
El protagonista de esta novela, aún siendo consciente de que eso es cierto, pensaba que podría ayudar, que podría hacer que las cosas mejoraran al menos un poquito. Iluso.
Sin embargo, al inocente novato pronto se le irá el idealismo al darse cuenta el modo de actuar de sus superiores, de sus propios compañeros o del Ministerio en general. Se topa con la realidad misma: hay cosas que no cambian, que continúan siempre en los mismos errores. Hay personas inútiles, hay casos imposibles.
Lalumière crea un personaje principal cándido y bienintencionado que expone su día a día de un modo inevitablemente humorístico. Porque quién sabe si por su destino, por su forma de actuar o por cómo ve la vida los acontecimientos le ocurren como si de un imán se tratara. Por mucho que lo intente, no puede evitarlos.
Esa era una de las ventajas de mi compañero: jamás expresaba ningún tipo de rencor por la sencilla razón de que tenía tanta memoria como un tostador. No obstante, había desarrollado algunas estrategias para hacer menos evidente su tara.
(…)
Su problema de memoria se me antojó todavía más serio y me pregunté cómo un elemento tan poco fiable podía ser parte de la Administración, en la que tan difícil era entrar. Debía de haber un fallo en el proceso de selección.
En este caso, como en tantos otros que le ocurren a nuestro funcionario predilecto, o reímos o lloramos. Y convendréis conmigo en que, de lejos, es mejor lo primero. Pues nada, que de risa hay mucha en esta novela.
Para finalizar, ahora queda por preguntarse quién va a poder disfrutar de este libro en su casa. Pues efectivamente, el ganador de El frente ruso es el que posea la papeleta número:
Ganador Asteroide
¡Felicidades! ¡Que lo disfrutes!
A los demás, os conmino a pasar un buen rato pegado a las páginas de un libro que se lee en un suspiro, humorístico y entretenido. ¡Gracias Libros del Asteroide!
La última novela de Bernhard Schlink tiene como personajes protagonistas a un grupo de cincuentones que se reúnen varias décadas después con motivo de la excarcelación de uno de ellos, de este modo pretenden dar la bienvenida al recién salido con un fin de semana en una casa de campo.
«El fin de semana», Schlink. Edición de Anagrama.
Como todas las reuniones entre personas que hace mucho tiempo que no se tratan, pronto comienza una sensación incómoda por la pérdida de la confianza pasada. A esto se le une la repulsión o el rechazo que sienten los antiguos amigos hacia el ex-presidiario. ¿Cómo aceptar a alguien cuyo crimen fue asesinar a varias personas? ¿Cómo incluir en la sociedad a un terrorista? ¿De qué hablar? ¿Qué comentar?
Schlink crea un amplio abanico de personajes que encararán los recuerdos comunes del pasado en el que eran jóvenes, las sensaciones de aquélla época que perviven varias décadas después: el rechazo, la amistad, el no sentirse a la altura, la envidia y la constatación de que el presente no es como se imaginaron cuando eran jóvenes.
En El fin de semana, el autor equilibra a la perfección las descripciones (tanto del paisaje como de los personajes en sí) con los diálogos y, sobre todo, con los silencios. Los pensamientos de cada uno, de cómo ven a los demás y de cómo se ven a sí mismos, de darse cuenta del paso del tiempo, de que no llegaron adónde querían o de que no les queda el tiempo suficiente para cumplir sus metas.
Margarete, con su ligereza, su serenidad y su alegría, le irritaba. Se trataba de la alegría de los simples y de la serenidad de los afortunados que se encuentran a gusto en el mundo sin tener que esforzarse… y a Henner no le gustaba ninguna de las dos cosas.
Es esto lo que más atrae de la novela: el estilo de un autor que sin grandes parrafadas crea un propio mundo donde predominan los silencios, donde se entretejen unas historias con otras, de un modo complejo sin ser aburrido, ordenado sin ser previsible y realista sin ser cruel.
En definitiva, un libro muy interesante de un autor rico en estilo, complejo e interesante, al que no pienso perder la pista.
Si algo sabemos de twitter es que, además de surgir ideas muy interesantes (como el reto 10×10) hace incrementar nuestra lista de deseos. El libro que os traigo hoy no pensaba leerlo, pero fue al ver que @Gancedo lo estaba leyendo cuando atrajo mi atención.
"Los enamoramientos", Javier Marías
Los amigos de Popular Libros me lo enviaron y así y todo, aquí está la reseña.
Lo primero que me llamó la atención de esta novela es que su personaje protagonista fuera una mujer. Tanto Todas las almas como Mañana en la batalla piensa en mí tiene como eje a un hombre, así que quién sabe por qué había asociado a Marías como a un autor que prefiere los protagonistas masculinos y que, por ello, seguiría en esa línea.
Otra cosa que me sorprendió fue que durante las primeras páginas me riera tanto ante las situaciones que se dan o las conversaciones que tienen unos con los otros. Os dejo como ejemplo el siguiente fragmento:
“¿Tú crees que con este pantalón mil rayas y mocasines marrones con borla, ya sabes, a modo de adorno, van bien unos calcetines de rombos?”
Me guardaba de decirle que me horrorizaban los calcetines de rombos, los pantalones mil rayas y los mocasines marrones con borla, porque eso lo habría preocupado en exceso y la conversación se habría eternizado.
“¿De qué colores son los rombos?, le preguntaba.
“Marrones y naranja. Pero también los tengo rojos y azules, y verdes y beige, ¿qué te parece?”
“Mejor marrones y azules, tal como me has dicho que vas·, le contestaba.
“Esa mezcla no la tengo. ¿Crees que debería salir a comprármela?”
Me daba una miaja de pena, aunque me irritara mucho que se permitiera hacerme estas consultas como si yo fuera su previuda o su madre, y el sujeto fuera fatuo respecto a sus escritos, que la crítica alababa y a mí me parecían tontainas. Pero no quería enviarlo a buscar por la ciudad más calcetines ignominiosos que tampoco iban a arreglarle nada.
“No vale la pena, Cortezo. ¿Por qué no recortas los rombos azules de uno y los marrones de otros y los empalmas? Haz un patchwork, como se dice en español ahora. Una obra de arte del remiendo.
Tardaba en darse cuenta de que estaba bromeando.
“Pero yo no sé hacer eso, María, ni siquiera sé coserme un botón, y además tengo mi cita dentro de una hora y media.”
Seguro que muchos os preguntaréis, ¿y de qué trata? Pues esto es bien fácil de contestar (por una vez) porque ya en el primer párrafo leemos:
La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última vez que lo vio su mujer.
El punto de partida de la historia es una muerte, y de ahí el autor desarrolla, fundamentalmente, dos temas en los que se enfrascan los personajes, esto es, la ausencia tras la muerte y el amor.
Y aunque en su mayoría la novela nos la cuenta la protagonista en primera persona, el autor despliega su estilo de un modo que se podría asemejar a un río: fluyendo y poco a poco, y esto se refleja en que cuando nos queremos dar cuenta nos está contando su punto de vista otro personaje. Marías hace fácil lo que es complejo.
Sin embargo, hacia la mitad del libro el lector tiene la sensación de que este libro tiene similitud con la verborrea que te suelta uno de esos amigos/compañeros pesados cuando ya te han contado todo lo que tenían que contar: se ponen a dar vueltas y vueltas a los mismos asuntos, plantean hipótesis, posibilidades y teorías. Así que llegado a este punto el paciente oyente acaba haciendo lo que todos hacemos: pensar en otra cosa o en su defecto mirar a las musarañas.
Así que en conclusión es una novela que está bien, pero desde mi punto de vista es reiterativa. En cualquier caso me reafirma en situar a Marías como un autor fiable en el momento de escoger una lectura, además me ha parecido una lectura mucho más fresca que la de Todas las almas.
El modo de enlazar los temas y las reflexiones de estos.
La amplia caracterización de los personajes.
Contras
La verborrea que despliega la hace reiterativa.
P.D. Gracias a la Editorial Alfar he recibido 3 libros que se sumarán a los sorteados, así que cada uno de los cuatro ganadores recibirá ¡2 libros! El viernes, los resultados. ¿Impacientes? 😉
Conocí este libro por el blog de Eva. A partir de este momento fue una novela que me encontré en otros muchos sitios. Y de pronto me invadió la curiosidad por leer la novela que había pasado de ser autoeditada a que la editara Espasa y a situarse en la lista de los más vendidos.
Portada de "El bolígrafo de gel verde"
Después se me ocurrió escribir a Eloy para pedirle un ejemplar para sortear, y él muy amablemente me lo envió. Así que no he podido evitar leerlo.
La trama de esta novela se puede explicar en una línea que aparece en la contraportada: si de verdad quiere saber cuál es el argumento de esta novela, mire su muñeca izquierda; ahí está todo.
Efectivamente, esta historia trata de gente normal que hace cosas muy normales: de trabajos y de rutinas, de lo que ocurre a diario: ir a trabajar, recoger a los niños del colegio, hacer la compra… en definitiva: del tiempo programado.
Sin embargo, las cosas pueden cambiar de un día para otro con cosas muy nimias, como por ejemplo, un bolígrafo de gel verde. Parece imposible pero en ocasiones la realidad es un castillo de naipes que se puede venir abajo con un sólo soplido.
El hecho de que los capítulos sean muy cortos (apenas un par de páginas) y de que además el propio lector se pueda sentir identificado en determinados momentos hace que el libro sea de muy fácil lectura, hasta el punto de seguir querer leyendo un poco más y otro poco más.
Sin duda, el éxito de El bolígrafo de gel verde es usar unos personajes reales, una realidad palpable con una trama que aunque es sencilla sorprende. La mezcla de todos estos aspectos hace de este un libro muy interesante y entretenido pero que no sólo queda en eso, sino que nos hace reflexionar sobre nuestro día a día, sobre lo que queremos hacer con nuestro tiempo.
¿Dónde está el límite entre la tranquilidad y el aburrimiento?
Y es que tenía razón John Lennon cuando dijo que La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otras cosas.
En conclusión, una novela que me ha gustado mucho. Mucho más de lo que me esperaba, y que os animo a que leáis. ¿Acaso tenéis excusa teniendo en cuenta que la sorteo?
FICHA:
Te gustará si te gustó
Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos. Rodrigo Muñoz Avia.
Pros
Lo real que son los personajes y la situación en sí.
La mezcla entre entretenimiento y reflexión.
Contras
El libro pierde velocidad justo antes de acabarse.
Tras leer La caza del carnero salvaje y After dark, me encontré en una situación en la que Murakami se veía en la cuerda floja: el primer libro que leí me gustó, el segundo me decepcionó.
Cuando Pedro incluyó este libro entre uno de los que me prestaba, pensé que este libro sería el definitivo, que decidiría mi opinión sobre el nipón, y más teniendo en cuenta que los profesionales del autor aclaman a esta novela como una de las mejores (me refiero a Karo, sobra decirlo. Para ver su monográfico sobre Murakami, pinchad aquí).
La trama de la novela es la historia del recuerdo por parte de Watanabe: donde reflexiona sobre su pasado y su juventud, donde recuerda a las personas con las que se encontró: Naoko, Kizuki, Midori…
Portada de "Tokio blues", de Murakami
Una historia de personajes con emociones a flor de piel, donde la melancolía, la soledad y la tristeza son compañeros de viaje pero donde también hay un amplio lugar para el amor y la amistad. Tan sólo con cuatro personajes, Murakami crea una red de relaciones que son la base la historia.
Así, Murakami crea una novela de personajes, más que de acción, de silencios y miradas más que de conversaciones y gestos, de una sensibilidad fuerte que atrapa al lector desde el principio, que se une al destino de los personajes de una historia delicada y distinta, fuerte pero sensible, y ante todo compleja. Es el recuerdo de un momento pasado que se considera el mejor, donde se unieron unas personas muy especiales.
Y el estilo que despliega Murakami tiene una sensibilidad enorme, con frases a medias y silencios que sugieren muchas cosas, de silencios y miradas, donde los sentimientos están a flor de piel, donde se dice menos de lo que pasa, que se contrapone con las novelas en las que nos cuentan todo y cada uno de lo que piensan y hacen los personajes. Os dejo un fragmento para que lo podáis apreciar:
Estoy segura de que eres de esas personas que se lo piensan todo muy bien.
No sé. Tal vez. Quizá por eso no le gusto demasiado a la gente.
Eso te pasa porque da la impresión de que no te importa no gustar a los demás. Y hay gente que no lo soporta -musitó ella con la mejilla apoyada en la palma de la mano-.
Con esta novela he conseguido reconciliarme con Murakami. Un autor distinto, con algo diferente que aunque no lo despliega en todas sus novelas, merece la pena conocer.
Antes de convertirse en la Chica de Ninguna Parte (La Que Entró, La Primera, Última y Única, que vivió mil años), era tan sólo una niña de Iowa llamada Amy. Amy Harper Bellafonte.
Un inicio inquietante para una novela que comienza con capítulos cortos y frases nos dejan intrigantes, lo cual lleva al lector a no poder evitar parar de leer, hasta el punto de continuar uno y otro capítulo.
De la trama en sí, poco os puedo contar sin decir de más. Sólo apuntar que mezcla ciencia, ficción, aventuras y misterios a partes iguales. Ahí lo dejo. 🙂
Posteriormente la historia se ralentiza hasta un punto desesperante. Cronin nos introduce en otro lugar y con otros personajes que tenemos que conocer. Los capítulos se alargan y pronto aparecen nuevas dudas y misterios. Además las frases lapidarias que cerraban cada capítulo desaparecen.
Portada de "El pasaje", de Justin Cronin
Ya en el final, la novela vuelve a coger emoción. Y son estos personajes nuevos (más numerosos, con cualidades distintas y entramados que los relacionan) los que nos dan sorpresas y nos vuelven a embarcar en la historia. El final deja al lector tratando de adelantar la lectura para saber qué pasará en el resto de la trilogía.
Básicamente es un libro de aventuras y misterios, de situaciones taquicárdicas y rápidas que alterna ciencia ficción, una gran visión apocalíptica y el espíritu de supervivencia de los protagonistas. Todo ello envuelto en un recubrimiento típico best-seller: diálogos directos, las descripciones son las justas y necesarias y los personajes son variados, con caracteres distintos: inevitable sentir empatía por unos y rechazo hacia otros.
Sin embargo, he de decir que esperaba más, que pensaba que la dinámica de la novela y su inicio continuaría mucho más allá. En este sentido, me ha parecido que el inicio y el final superan con creces la mitad del libro, que en comparación parece pesado y farragoso.
La experiencia del reto 10×10 me ha gustado mucho: no sólo por comentar a tiempo real por dónde íbamos, que nos parecía y qué esperábamos posteriormente, sino también porque generó múltiples conversaciones, ganas de leer más y la curiosidad por leer la reseña de los demás.
Las reseñas de los demás participantes, según el orden de publicación de su entrada, a continuación:
Tras un parón debido fundamentalmente a la Semana Santa (y a mi escasa capacidad de planificación, para qué nos vamos a engañar), os traigo una de las últimas novedades de la editorial Anagrama.
La última novela de Amélie Nothomb comienza de este modo:
Cuando paso por el control de seguridad de los aeropuertos, me pongo nervioso, como todo el mundo. Nunca me ha ocurrido que el dichoso bip no se dispare. Por eso siempre me toca el premio completo, unas manos masculinas sobándome de pies a cabeza. Un día no pude evitar decirles: “¿De verdad creen que quiero hacer estallar el avión?
Mala idea: me obligaron a desnudarme. Esta gente no tiene sentido del humor.
Hoy paso por el control de seguridad y me pongo nervioso. Sé que el dichoso bip va a dispararse y que las manos masculinas van a sobarme de pies a cabeza. Pero esta vez sí voy a hacer estallar el avión de las 13.30.
De esta forma tan peculiar comienza esta breve historia. Enseguida nos preguntamos: ¿pero por qué? ¿Qué motivos pueden llevar a una persona normal y corriente a estrellar un avión? ¿Acaso es un terrorista?
Viaje de invierno, Amélie Nothomb
Pronto Nothomb nos da los motivos por los que Zoilo, un filólogo cualquiera, decide de un día para otro realizar un atentado. Y ese motivo no es otro sino el amor que encuentra cuando, por casualidad, conoce a Astrolabio, una chica que convive con una novelista peculiar que se interpondrá entre la relación de ambos.
El problema surge cuando Zoilo se da cuenta que no puede deshacer ese triángulo que forman las dos compañeras de piso y él. Así, la autora crea una novela entretenida e irreverente, excéntrica como todas las que publica, con muchos guiños irónicos y de humor y alusiones a sí misma.
Pero es que además la novela es un claro ejemplo de lo políticamente incorrecto. Zoilo pone todo su ser en conseguir a la persona que ama, y ante la conciencia de que es inalcanzable, vierte todo su malestar y sus verdaderos pensamientos en la tercera persona. De este modo expone sin tapujos lo que cree y siente, independientemente de que su apreciación sea o no justa.
Lo que verdaderamente destaca en la obra de la belga son los personajes: aunque no se nos den demasiados datos, son personas reales, que piensan, dudan y yerran. Esto, junto con una prosa ágil, hacen de esta novela un libro fantástico para evadirse de la realidad, para pasar un buen rato y tomar aire antes de comenzar un libro más denso.
Seguramente a los seguidores de Nothomb os gusten más sus novelas autobiográficas, pero os recomiendo que le deis una oportunidad a esta.
Y es que al final una cosa queda clara: que la belga es adictiva. Leer sus novelas es como comer bombones: siempre quieres más.
Describir un libro como este no es fácil, porque no se trata de una novela al uso.
Edición de Compactos Anagrama del libro de Houellebecq
Los protagonistas de Las partículas elementales son dos hermanos, Michel y Bruno, diametralmente opuestos: el primero, un científico que vive en el ostracismo y tiene como fin la ciencia, y el segundo, un repelente depravado sexual que causa el rechazo del lector desde el principio.
Teniendo como punto de partida estos peculiares personajes, Houellebecq desarrolla una novela diferente, y lo hace con un estilo de escritura muy directo, ni se anda con rodeos ni se justifica con eufemismos. Desde el inicio, aborda temas de un modo muy explícito (tales como el sexo o la violencia).
Pero más adelante, el autor cambia de estrategia y nos ofrece una visión claramente científica y objetiva de las situaciones. Esto es, nos sitúa en los contextos históricos, éticos y políticos de un modo radicalmente aséptico, como muestra el siguiente fragmento:
El consumo libidinal de masas de origen norteamericano (las canciones de Elvis Presley, las películas de Marilyn Monroe) se extendía en Europa occidental. Con los frigoríficos y las lavadoras, acompañamiento material de la felicidad de la pareja, llegaban la radio y el tocadiscos, que iban a introducir el modelo de conducta propio del flirt adolescente.
Es esta combinación la que sorprende al lector, ya que son ingredientes que no suelen ir unidos en las novelas. Es fácil encontrar autores provocativos, y también lo contrario: autores que se centran en la objetividad para desplegar su estilo. Pero la cuestión aquí es que Houellebecq mezcla ambas cosas, y aunque podría parecer un experimento, tiene resultados sorprendentes.
Si además el francés decide añadirle una pizca de filosofía, ya tenemos la cuadratura del círculo:
En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas, ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil hacer avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente.
Houellebecq no es un autor políticamente correcto, y por eso no les gustará a muchos, que pensarán que es un depravado, un bruto que escribe obscenidades. Pero el autor va mucho más allá. Analiza una generación de jóvenes individualistas que han buscado la felicidad y el placer y se han topado de lleno con la incomprensión, la soledad y la desesperanza. En este sentido es una crítica filosófica al modo materialista de contemplar la realidad humana.
Todo un descubrimiento. Desde aquí sólo puedo dar las gracias a Bartleby por recomendármelo. Su reseña, aquí.
Hacía mucho que no leía nada del portugués, y debido a que alguien me lo recomendó (creo que fue Dolmar) y que además estaba en mi lista de deseos de anobii, decidí que había llegado la hora de leerlo.
Jano duerme mientras Portugal se apoya en sus carnes magras
La novela trata, como ya os habréis podido imaginar por el título, de Jesucristo. Es, básicamente un relato que nos cuenta todos los pormenores de la vida de Jesús.
Si me seguís por twitter, ya sabréis qué viene a continuación.
En fin, que allá voy.
El inicio es una pesadez. Muy denso. Un peñazo. Hasta el punto de plantearme dejarlo. Hasta el punto de mirarlo de reojo pensando ¿cuándo se acabará esto? Si habéis leído algo de Saramago, ya sabréis a lo que me refiero: párrafos infinitos, conversaciones indirectas separadas por comas, capítulos larguísimos, muchas descripciones… pero es que además, el planteamiento del autor, que se suponía chocante y sorprendente, no me estaba pareciendo revolucionario de ningún modo. Más bien algo razonable.
Ahí estaba yo pensando que con Saramago me estaba pasando como con Eco, que me gustaba pero que a partir de ahora tendría que ir pensando en sacarles de mi lista de autores con los que seguro disfruto.
Ahí estaba yo hasta que llegué a la página 300, con pocas fuerzas, mucha paciencia y pensando en que destriparía el libro aquí. Y fue una conversación, la de Jesús con un Pastor (sí, así, con pe mayúscula), la que me reconcilió pensando que igual Saramago se había dejado lo mejor para el final.
Ilusa, pensaréis muchos de vosotros. Pues no, esas 200 páginas finales justifican que no haya dejado el libro a la mitad.
He estado pensando cómo mostraros por qué me ha parecido bueno. Y he decidido poneros algunos de los fragmentos que más me han gustado. Por tanto, para los que queráis leer el libro, lo siguiente será un spoiler (sobre todo el segundo párrafo). Si por el contrario no os gusta Saramago o no lo queréis leer o quizá queráis comprobar si os gusta lo que voy a poner, seguid leyendo. Ahora, luego no vengáis diciendo que no os avisé:
Y ahora, ante el pastor arrodillado, con la cabeza baja, las manos así posadas en el suelo, levemente, como para hacer más sensible el contacto de cada grano de arena, de cada piedrecita, de cara retícula ascendida a la superficie. (…) Cuando Pastor se levantó, le preguntó, Por qué haces eso, Me aseguro de que la tierra continúa estando debajo de mí, Y no te bastan los pies para tener la certeza, Los pies no perciben nada, el conocimiento es propio de las manos, cuando tú adoras a Dios no levantas los pies hacia él, sino las manos, aunque podrías levantar cualquier parte del cuerpo, hasta lo que tienes entre las piernas, si no eres un eunuco. Jesús se ruborizó violentamente, la vergüenza y una especie de temor lo sofocaron, No ofendas al Dios que no conoces, exclamó por fin, y Pastor, acto seguido, Quién ha creado tu cuerpo, Dios fue quien me creó, Tal y como es y con todo lo que tiene, Sí, Podría Dios rechazar como obra no suya, por ejemplo, lo que tienes entre las piernas, Supongo que no, pero el Señor, que creó a Adán, lo expulsó del paraíso y Adán era obra suya, Respóndeme derecho, muchacho, no me hables como un doctor de la sinagoga, Quieres obligarme a darte las respuestas que te convienen, pero yo, si es preciso, puedo recitarte los casos en los que el hombre, porque así lo ordenó el Señor, no puede, bajo pena de conmutación y muerte, descubrir una desnudez ajena o la suya propia, prueba de que esta parte del cuerpo es, por sí misma, maldita, No más maldita que la boca cuando miente y calumnia, y ella te sirve para alabar a tu Dios antes de la mentira y después de la calumnia.
Pero sí me puedes ayudar, Ayudar a qué, A a ampliar mi influencia para ser dios de mucha más gente, No entiendo, Si cumples bien tu papel, es decir, el papel que te he reservado en mi plan, estoy segurísimo de que en poco más de media docena de siglos, aunque tengamos que luchar, yo y tú, con muchas contrariedades, pasaré de dios de los hebreos a dios de los que llamaremos católicos, a la griega, Y cuál es el papel que me has destinado en tu plan, El de mártir, hijo mío, el de víctima, que es lo mejor que hay para difundir una creencia y enfervorizar una fe.
Así que mi conclusión es clara: me quedo con una sensación agridulce. El final me ha gustado, pero ¿tantas páginas anteriores pasándolo mal para que me guste sólo un parte? Lo cual significa que me alejaré de todos los libros de Saramago que lleven por título cualquiera de los protagonistas de la Biblia.
En cuanto a si lo recomendaría, depende de la persona. A determinadas ya puedo decirles que no: como a JL (manifiestate si sigues por ahí). Con otros no sabría deciros: probablemente a Bartleby le gustaría. En cualquier caso, tened en cuenta que no es una lectura fácil. No sirve leer un ratito un día y otro poco otro. De esa forma el libro no va a ningún lado. Cuando conseguí pillarle el truco fue cuando leí cien páginas de golpe. Si ya habéis probado con Saramago y no os gustó, no lo intentéis con éste.
P.D. Efectivamente, este que os enseño es Jano. Andaba cabreado conmigo porque hace ya mucho tiempo que aparecieron por aquí Europa y Portugal. ¡Cuenta saldada, R.! 🙂
Es el primer libro que leo de Muñoz Molina, y la verdad es que ya era hora. (Ya sabéis cómo es el Plan Infinito). (Y ya era hora de que publicara la reseña, que el libro lo leí hace un mes… ¬¬)
Lo primero que me extrañó fue que partiera de un asesinato. Por no sé cuáles motivos tenía catalogado a Muñoz Molina como intelectual del tipo de Javier Marías, con sus reflexiones y demás, y que situaría la acción en otro tipo de circunstancias.
Con apenas tres personajes, el autor articula una novela muy cuidada que consigue envolver al lector en una atmósfera nebulosa donde crea unos personajes llenos de aristas.
Aunque el inicio puede ser algo lento, pronto nos adaptamos al estilo del autor que va fluyendo a lo largo de la novela. No pretende que queramos leer hasta descubrir quién es el asesino, porque realmente esto es secundario. Lo que busca es que sintamos y nos pongamos en el lugar de los personajes, personas con inseguridades y dudas, con soledades y silencios.
El método que emplea es el alternar a los personajes protagonistas para que nos vayan contando su visión de la historia. Es este rasgo el que le da dinamismo a la novela e invita a leer con voracidad al lector. Porque sí, antes de la mitad del libro uno ya está obnubilado ante el despliegue de medios de los que el autor hace alarde.
Y esto es lo que más me ha gustado de Muñoz Molina. Que al contrario que otros muchos, que construyen frases con esfuerzo, que en su conjunto todo queda bien pero es demasiado artificial, el autor escribe como si fuera fácil, como si cualquiera pudiera hacer lo que él hace.
Pero es que además el retrato que hace de los tres personajes es tan vívido, tan real, que esas personas podrían existir en la realidad. Y aquí está el quid de la cuestión. Si otras novelas u otros autores presentan personajes apenas esbozados, una especie de caricatura de lo que podría ser en realidad, Muñoz Molina nos da una fotografía. Así que cualquiera es capaz de ir por la calle a buscar la cara que refleja la foto.
Entonces, ¿cómo no voy a estar de acuerdo con Ismael cuando lo cataloga de “muy bueno”? ¿O con Isi, que invita a no posponer su lectura?
Con esta novela me ha pasado una cosa curiosa. Siempre me planteo a quién se lo recomendaría, sobre todo para hacer la ficha que cierra la entrada. Sin embargo, este es uno de esos libros que lo recomendaría a cualquiera.