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02
Ene
12

Balance de 2011 (III): lo mejor.

Llega el momento de la tercera y última parte del resumen de 2011.

Me alegra poder decir que este año ha sido muy bueno en cuanto a las lecturas que más me han gustado, y eso implica en que me ha sido difícil elegir cuáles debían de quedar fuera de esta lista.

Para facilitar la tarea, voy a dividir lo que más me ha gustado en dos: unos, los que son entretenidos, y me han gustado y los otros son los que más me han gustado de todos (en ambos casos, el orden no implica jerarquía).

Entretenimiento y algo más.

 

  • Tokio blues. Norwegian Wood. Haruki Murakami. Bastante comenté ya en aquélla entrada. Pues bien, si Murakami no me convenció en otras ocasiones, en esta historia de melancolía y amor sí que lo hizo. De momento el libro que más me ha gustado de lo poco que he leído de él.
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  • Recuerdos de un callejón sin salida. Banana Yoshimoto. Una completa desconocida que llegó a mis manos por casualidad, y que con su melancolía y delicadeza me convenció completamente con estos relatos que nos ofrece en esta edición.
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  • La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Junot Díaz. Uno para desengrasar. Más frívolo que los que figuran aquí, más superficial, más nerd. Una novela que figuraba desde hace mucho entre mi lista de pendientes y que por fin leí en 2011.
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    Una temporada para silbar. Iván Doig. Una tierna historia que tiene como protagonista a una familia estadounidense al contratar a una nueva doncella.

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    Cuatro hermanas. Jetta Carleton. Otra preciosa novela de Libros del Asteroide, en este caso la visión de una familia cuyos componentes tienen mucho que contar. He dudado si ponerla en el otro apartado. Muy recomendable.

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  • Vive como puedas. Joaquín Berges. Otro descubrimiento: en este caso se trata de una historia muy divertida pero que al mismo tiempo tiene mucho de real. La mezcla resulta interesante:
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  • El infierno de los jemeres rojos. Denise Affonço. Muy duro. No sé si me dieron más miedo los brutales actos que se cometieron o que se aconteciera en la década de los setenta. Hace cuatro días.
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Joyas o lo que mejor he leído en 2011

 

  • El ruletista. Mircea Cartarescu. Todo un descubrimiento, este autor que no conocía de nada. Y de repente llega y con un librito de apenas ochenta páginas me hace pasar un mal rato, me incomoda y me estresa.
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  • Momentos estelares de la humanidad. Stefan Zweig. El primer libro que leo del austríaco y doy fe de que no será el último. Su pulcro estilo y su mezcla entre historia y novela son dos rasgos suficientes como para decidirse a leerle. Y por qué no, con este libro.
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  • Plenilunio. Antonio Muñoz Molina. Ya era hora. Sí, ya era hora de que leyera un libro de Muñoz Molina. Salí encantada, por ese estilo, por el modo de encadenar las frases. Lo que otros lo hacen difícil, él lo hace fácil. Si tuviera que compararle con su contemporáneo Marías, diría que Marías sale perdiendo. Pero bien es cierto que me queda mucho por leer de ambos. ¿Alguna sugerencia?
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  • El arte de volar. Antonio Altarriba y Kim. Si tuviera que escoger la novela gráfica que más me ha gustado, sería ésta. Por lo brutal de la historia y porque además es cierta y nos pilla muy cerca. Con permiso de Asterios Polyp es la novela gráfica que más me ha gustado.
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  • La ofensa. Ricardo Menéndez Salmón. Lo trágico, la guerra, la incertidumbre… estos temas se tratan en la novela utilizando un estilo que roza lo poético, con una elección muy cuidada de las palabras. Para releerla, sin duda alguna.
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  • El inicio de la primavera. Penelope Fitzgerald. A Fitzgerald ya la conocía por La librería, pero esta novela me aportó mucho más. Por la forma: el impecable estilo de la autora. Por el fondo: una compleja novela que encara diversos aspectos del Moscú de principios del siglo XX. Redonda.
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  • El siglo de las luces. Alejo Carpentier. La Revolución Francesa desde el otro lado del Atlántico. Una novela superlativa.
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  • Los enamoramientos. Javier Marías. Cuando leí que Marías hablaba de asesinatos en su última novela, me extrañó. Por supuesto, se equivocaban. La muerte la utiliza como punto de partida para hablar del amor y de la ausencia. El autor tiene su propio estilo: si te gusta, es una apuesta segura. Si no, mejor pasa a otra cosa.
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  • Las partículas elementales. Michel Houellebecq. Un autor del que mucho se ha dicho y al que leí, por primera vez en 2011. Un acercamiento acertado. Una novela que tiene de todo. Es muy inteligente este francés.

 

Y vosotros, ¿cuáles son los libros que más os gustaron de 2011? ¿Tenéis alguno para recomendarme?

 

Esto es todo por el momento. En breve, más reseñas de libros que leí en 2011 pero que no me dió tiempo a reseñar.

¡Feliz 2012 a todos! (y si es el fin del mundo, que nos pille leyendo) 🙂

Namaste.

11
Abr
11

Las partículas elementales, Michel Houellebecq

Describir un libro como este no es fácil, porque no se trata de una novela al uso.

 

 

Edición de Compactos Anagrama del libro de Houellebecq

Edición de Compactos Anagrama del libro de Houellebecq

Los protagonistas de Las partículas elementales son dos hermanos, Michel y Bruno, diametralmente opuestos: el primero, un científico que vive en el ostracismo y tiene como fin la ciencia, y el segundo, un repelente depravado sexual que causa el rechazo del lector desde el principio.

 

Teniendo como punto de partida estos peculiares personajes, Houellebecq desarrolla una novela diferente, y lo hace con un estilo de escritura muy directo, ni se anda con rodeos ni se justifica con eufemismos. Desde el inicio, aborda temas de un modo muy explícito (tales como el sexo o la violencia).

 

Pero más adelante, el autor cambia de estrategia y nos ofrece una visión claramente científica y objetiva de las situaciones. Esto es, nos sitúa en los contextos históricos, éticos y políticos de un modo radicalmente aséptico, como muestra el siguiente fragmento:

 

El consumo libidinal de masas de origen norteamericano (las canciones de Elvis Presley, las películas de Marilyn Monroe) se extendía en Europa occidental. Con los frigoríficos y las lavadoras, acompañamiento material de la felicidad de la pareja, llegaban la radio y el tocadiscos, que iban a introducir el modelo de conducta propio del flirt adolescente.

 

Es esta combinación la que sorprende al lector, ya que son ingredientes que no suelen ir unidos en las novelas. Es fácil encontrar autores provocativos, y también lo contrario: autores que se centran en la objetividad para desplegar su estilo. Pero la cuestión aquí es que Houellebecq mezcla ambas cosas, y aunque podría parecer un experimento, tiene resultados sorprendentes.

 

Si además el francés decide añadirle una pizca de filosofía, ya tenemos la cuadratura del círculo:

 

En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas, ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil hacer avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente.

 

Houellebecq no es un autor políticamente correcto, y por eso no les gustará a muchos, que pensarán que es un depravado, un bruto que escribe obscenidades. Pero el autor va mucho más allá. Analiza una generación de jóvenes individualistas que han buscado la felicidad y el placer y se han topado de lleno con la incomprensión, la soledad y la desesperanza. En este sentido es una crítica filosófica al modo materialista de contemplar la realidad humana.

 

Todo un descubrimiento. Desde aquí sólo puedo dar las gracias a Bartleby por recomendármelo. Su reseña, aquí.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo peculiar del autor.
  • Los personajes extraños, pero a la vez, palpables, que crea.
Contras
  • En ocasiones se hacen demasiados explícitos algunos temas.

 

¡Feliz semana!

 

Namaste.

 

04
Feb
11

IMM (6)

Y aquí os traigo los libros que me faltaba por enseñar:

Ejemplares variados

Ejemplares variados

Son los siguientes:

  • El gatopardo. Di Lampedusa. Tenía ganas de leerlo. Entré en una librería, vi la fantástica edición de Edhasa pero lo que me convenció fue un señor, que al mirar por encima de mi hombro me dijo que debería comprarlo. Ahora reposa junto al ejemplar de Poe. Qué gran edición.
  • Picnic en Hanging Rock. Joan Lindsay. De las novedades de Impedimenta. Bueno, menuda portada, preciosa. Y el libro, con unas ganas enormes de empezarlo, que hablan muy bien de él.
  • El ruletista. Mircea Cartarescu. Un cuento muy breve totalmente sorprendente. Me queda escribir la reseña.

Además:

Libros de Sierra, Houellebecq, Hanff y Abdolah

Libros de Sierra, Houellebecq, Hanff y Abdolah

  • 84 Charing Cross Road. Helene Hanff. Normalmente digo quién me lo ha recomendado, pero en este ejemplar debería decir “quién no”, porque han sido muchos a los que les ha encantado. Y no me extraña…
  • El reflejo de las palabras, Kader Abdolah. Regalo de Pedro. Tras comentarme que me lo quería prestar y no encontrarlo… ¡me lo regaló! ¡Gracias! 🙂

Esto es todo por el momento.

Pasad un buen fin de semana.

Namaste.




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