Autor, Hernández, Literatura

Intento de escapada, Miguel Ángel Hernández

Si me seguís de forma habitual ya habréis visto que de un tiempo a esta parte la autoficción se ha colado por estos lares. Con el paso del tiempo ya no sé cuál fue primero de entre El adversario de Carrère, Las posesiones, de Llucía Ramis, El asesino tímido de Clara Usón o  El dolor de los demás de Miguel Ángel Hernández.

Lo que sí que os puedo asegurar es que con el primero que he repetido desde entonces es con el último. El libro de Hernández me animó a tomar nota de otras novelas del murciano y acabé comprando este Intento de escapada que acababa de publicar Anagrama en su versión Compacta.

Como me ocurre en muchas otras ocasiones, el recién llegado adelantó por la derecha a muchos otros libros que estaban esperando turno. La curiosidad, como me suele pasar, ganó la jugada.

Intento de escapada tiene como protagonista a Marcos, estudiante de Bellas Artes y aparente alter ego del autor. La llegada a su ciudad de un famoso artista cambiará sus aburridas rutinas y acabará adentrándose en el centro de la rompedora obra de Montes. Además, acabará observando y analizando su realidad, que hasta ese momento había pasado desapercibida y se pondrá al límite, tanto en la teoría como en la práctica.

En esta ocasión el autor no se pone al frente de la historia, como sí hizo con El dolor de los demás, aunque bien es cierto que aparecen determinadas similitudes entre ambos que no podemos pasar por alto (aunque tampoco son concluyentes del todo, teniendo en cuenta que Marcos no comenta nada sobre los beneficios de la siesta).

El estilo de Hernández aúna dos cosas que podrían parecer contrapuestas: el cultismo y la facilidad en la lectura. Mientras que por un lado nos cuenta una historia de temática especializada en el arte, donde abundan las reflexiones de la evolución del arte actual, además de los límites éticos de los actos, por otro lo hace de una manera aparentemente sencilla, con multitud de coloquialismos y diálogos muy del día a día para ir introduciendo sus temas. El hecho de que los capítulos sean muy cortos (apenas dos o cuatro páginas), invita a seguir leyendo para acabar conociendo la historia completa de Jacobo Montes.

Quizá la principal diferencia con El dolor de los demás sea que Intento de escapada es un libro menos desgarrador en intenso. Mientras que el primero nos araña las entrañas con este segundo es más fácil mantenerse alejado. Ayudará también lo que os interese el arte también, por supuesto.

En cualquier caso, es siempre una alegría leer un libro antiguo de un autor que nos gusta y encontrar esa brillantez en sus líneas.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Culto por el tema que trata pero sencillo en el estilo.
  • Capítulos cortos y directos al tema.

Contras

  • Me he sentido menos conectada con la historia que en El dolor de los demás.

Namaste.

Autor, Ernaux, Literatura

El lugar, Annie Ernaux

Allá por verano, cada vez que me metía en Internet me topaba con el nombre de esta autora. Distintos lectores leían diferentes novelas suyas, todas desconocidas para mí. Lo que tenían en común es que todos ellos hablaban muy bien de Annie Ernaux.

Así que decidí leerla, me acerqué a una librería y compré este título, como podría haber comprado cualquier otro. Lo colé entre mis lecturas, animada por las buenas críticas y alentada por lo corta de longitud de la novela.

El lugar es un libro autobiográfico en el que la propia Ernaux nos cuenta parte de su historia. Se centra en su vida familiar y rememora sus recuerdos a raíz de la muerte de su padre, describiendo su vida y reflexionando tanto en la relación que mantenían como en el cambio de mundo de ambos. Dos generaciones distintas, separadas en parte por la educación y el mundo en el que viven: el padre, un hombre rural que llegó a tener un pequeño comercio y ella, la hija que abandona el ambiente familiar y se abre paso en el mundo universitario para acabar viviendo en la ciudad.

El retrato viene a ocupar todo el espacio; la idea, a avanzar por sí sola.

Página 40

La fórmula de la autora combina, por un lado, el análisis de la realidad de ambos mundos contrapuestos, describiendo pequeños momentos, rellenando silencios y gestos con un estilo directo y certero que abandona cualquier tipo de artificio y que no tiene relleno.

El lugar es una de esas historias bien escritas y bien podadas. Bien escrita porque Ernaux se detiene en mencionar y dejar caer muchos temas, lo cual nos conecta más con la historia y bien podada porque no existen páginas de más, algo que se agradece profundamente.  

Yo consideraba que él ya no podía hacer nada por mí. Sus palabras y sus ideas no tenían cabida en las clases de francés o filosofía, en los ratos que pasaba en los canapés de terciopelo rojo de mis amigas de clase. En verano, por la ventana abierta de mi habitación, oía el ruido de su rastrillo aplanando la tierra removida.

Escribo, quizá porque ya no teníamos nada que decirnos.

Página 75

El lugar es también la melancolía del adulto que, ante la muerte de un familiar comprueba que ese mundo ha desaparecido, que su muerte deja un vacío imposible de llenar, que su ausencia pone punto y final a una serie de recuerdos, anécdotas e historias compartidas que ya no volverán.

No sé si es la mejor novela con la que comenzar a conocer a la autora. Lo que sí os puedo decir es que me ha gustado. Quizá no tanto como a otros lectores, pero me parece un buen libro, perfecto para cuando tenemos poco tiempo o como me pasó a mí, cuando sufrí un bloqueo lector.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • Libro sencillo pero directo en el que reflexiona certeramente sobre la historia entre padre e hija.
  • Perfecto si tenéis poco tiempo para leer o estáis en una fase poco lectora.

Contras

  • Su lectura absorbe y acabas aparcando otros libros.

Namaste.

Autor, Conrad, Literatura

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

El corazón de las tinieblas es uno de esos libros que hay que acabar leyendo. Un clásico que suele figurar en todas las listas de obligada lectura, que hay que conocer para saber de primera mano el motivo por el que ha pasado a la posteridad. 

El corazón de las tinieblas es un libro corto, de apenas 200 páginas. Prescinde de introducción así que desde la primera frase sabemos que Charles Marlow nos va a contar su historia sin dar rodeos. Lo hará añadiendo pocas descripciones, apenas deteniéndose en las reflexiones de lo que le ocurre y en la acción propiamente dicha. La suya es la historia de una expedición que tiene como fin encontrar al misterioso Kurtz, jefe de una explotación de marfil que como consecuencia de su exagerada ambición se ha ganado muchos enemigos.

El momento y el lugar: el Congo en la época del colonialismo belga, donde la violencia, el racismo y el odio al diferente se unen fuerzas a la lucha de poder en la zona.

Vemos lo que ve el narrador: un paisaje muy diferente a lo que está acostumbrado, un mundo misterioso en el que no sabe qué se va a encontrar. Sentimos lo que él siente: el miedo y la incertidumbre, la rabia y la incomodidad. Para ello Conrad más que describir en muchas ocasiones sugiere: aludiendo y dando a entender. 

Lo desconocido, esas ansias de expedición de otras épocas y la aventura constante de luchar contra un enemigo invisible.

¿Lo ven? ¿Ven la historia? ¿Ven algo? Me parece que trato de contarle un sueño: el intento es en vano, porque ningún relato de un sueño puede trasmitir la sensación de soñar esa mezcla de absurdo, sorpresa y perplejidad en un estremecimiento de rebeldía esforzada, esa sensación de ser capturado por lo increíble que es la esencia misma de los sueños.

(…)

No, es imposible; es imposible trasmitir la sensación de vida de una época cualquiera de nuestra existencia, aquello que constituye su verdad, su significado: su esencia penetrante y sutil. Vivimos igual que soñamos: solos…

Página 59

De Conrad poco puedo decir que no se haya dicho ya. Necesita sólo dos frases para demostrar que sabe lo que se hace. Que escoge las palabras bien medidas, sabiendo dónde y cómo ralentizar la trama, cómo conseguir el efecto deseado de tensión, estrés o directamente el aburrimiento de ver las horas pasar.

Qué cómica es la vida, ese misterioso arreglo de lógica implacable para un propósito fútil. Lo máximo que se puede esperar de ella es cierto conocimiento de uno mismo, que llega demasiado tarde, y una cosecha de remordimientos inextinguibles.

Página 154

Si habéis visto Apocalypse Now os encontraréis una historia familiar. Coppola se basa en esta novela y le da una vuelta, ambientándola en la guerra de Vietnam. Aunque con más artificio más acción,  el resto de los elementos son comunes y fácilmente reconocibles.

Mi caso es probablemente atípico: leí la novela teniendo la película muy reciente, por lo que me fue inevitable comparar.

Lo cierto es que El corazón de las tinieblas me ha dejado un poco fría. Me explico: aprecio el contenido de calidad, el modo de llevarte por la historia, pero el fondo de ella, todo lo que quiere contar, no me ha llegado. Al igual que cuando pasas por un escaparate de alta costura y eres capaz de apreciar la calidad y el trabajo que hay detrás de una creación, con este libro me ha pasado lo mismo: no es para mí.
Sé que no la recomendaré porque no es una historia que me haya tocado la fibra, porque se me ha quedado siempre en la parte objetiva de saber que es literatura con mayúsculas. Lo es, no tengo la menor duda, pero no es para mí. Como no lo es El gran Gatsby, de Fitzgerald.

¿Qué es lo que echo en falta? ¿Quizá algo de subjetividad de los personajes? ¿Más reflexión? Sinceramente, no lo sé. 

¿Ha podido influir en mi opinión haber visto primero la película? Probablemente. Pero ya sabéis, el modo en el que percibimos un libro es tiene mucho que ver por todo aquello que hemos leído o visto antes.

Si lo habéis leído, decidme cuál es vuestra opinión. Si no, tomad nota de esta edición: bonita, con letra grande y generosa en márgenes. La firma Navona en su colección Ineludibles.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La demostración de literatura desde la primera página.
  • No hay paja, todo es parte de lo que nos quiere contar Conrad.

Contras

  • Su lectura no me ha entusiasmado, no he podido conectar con ella.

Namaste.

 

 

Autor, Literatura, Vallejo

El infinito en un junco, Irene Vallejo

De repente las redes sociales se llenaron de esta portada, de este título, con una autora para mí desconocida. De historias de griegos y romanos y de un canto al amor por los libros. Eso decían todos. Y como siempre, caí.

El infinito en un junco es todo eso, sí. Como adelanta el subtítulo, trata sobre la invención de los libros en el mundo antiguo. Nos acerca a los primeros escribas, a los poetas, a los creadores de historias.

En cambio, los libros de Atenas, Alejandría y Roma nunca han callado del todo. A lo largo de los siglos han mantenido una conversación en susurros, un diálogo que habla de mitos y leyendas, pero también de filosofía, ciencia y leyes. De alguna forma, quizá sin saberlo, nosotros formamos parte de esa conversación.

Página 71

Vallejo nos cuenta sus historias: las leyendas, los datos históricos, las referencias; las primeras tejedores de historias, los poetas, los amantes de los libros. Lo hace de una forma entusiasta, como lectora ilusionada que busca conversación y reconocimiento en el que lee (que levante la mano quien no ha sentido eso: las obsesivas ganas de contar a todos lo maravilloso que es un libro). Lo hace bien porque es sincera. Atrapa con su modo de contar la historia porque nos recuerda a lo sencillo, el ímpetu casi infantil, las ganas de compartir lo que uno ama.

Y así de repente te das cuenta de que en lugar de leer un capítulo has leído 50 páginas y que por esa voz has dejado de lado otras tantas que llegaron antes y esperan pacientes. Creo que lo consigue porque más allá de los datos, las referencias y toda la información interesante consigue conectar con algo que todos los lectores tenemos dentro: la ilusión. Ese sentimiento de descubrimiento inicial que todos hemos sentido al descubrir un nuevo autor, un título nuevo, alguien que es capaz de poner en palabras sensaciones que pensábamos propias. Un sentimiento que parecía olvidado, sepultado por nuestra vida de adulto, pero que brilla cuando alguien pone su foco en ella.

Entiendo la alegría por este libro porque yo también la siento. Sin embargo, a partir de la segunda parte, cuando Vallejo se centra en Roma, mi visión del ensayo cambió un poco. La reiteración de ideas, la sensación de utilizar los mismos argumentos que habían aparecido antes o exactamente las mismas anécdotas de páginas anteriores consiguieron aplacar las ganas de quererlo recomendar a todo el mundo. Al final, como muchos otros libros, la certeza de que con menos páginas habría evitado la repetición o de que se aprovecha en demasía esa ilusión que conecta con nuestro niño interior (o sea, con la super-explotada nostalgia) me hizo ver unos detalles que al principio no vi.

Coincido con Mientrasleo cuando dice que le cuesta ver como un ensayo puro y duro. Creo que no lo es precisamente por algo que he mencionado ya: los sentimientos. Las sensaciones. A los ensayos al uso les importa poco la conexión que hayas tenido con un título. Aportan información de muchos tipos: son objetivos. Probablemente ahí radica el éxito de El infinito en un junco: es un libro que nos hace sentir bien. Nos hace sentir importantes como lectores y además formar parte de una comunidad especial de personas que valoran la página escrita.

Nuestra piel es una gran página en blanco, el cuerpo, un libro. El tiempo va escribiendo poco a poco su historia en las caras, en los brazos, en los vientres, en los sexos, en las piernas.

Página 79

El infinito en un junco es un libro a medio camino entre un ensayo ligero y el amor de la autor por los libros. Eso es lo que le hace especial y consigue conectar con los lectores. Es un libro bonito que nos hace sentir bien. Teniendo en cuenta que seguimos en 2020, no es poca cosa.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La mezcla entre la información que aporta y el amor que destila en cada frase.
  • Perfecto para arrebujarse con él y una manta y pasar la tarde.

Contras

  • Ganaría con menos páginas.
  • El uso de la nostalgia como estrategia para conectar con el lector me empieza a cansar.

Namaste.

 

Autor, Cartarescu, Literatura

El ala izquierda (Cegador I), Mircea Cărtărescu

No sabía qué contar de este libro en la reseña. Según iba leyendo pensaba en lo difícil que me iba a resultar encontrar palabras para todo lo que sugiere esta lectura. Sin embargo, el autor acudió a mi ayuda cuando me dio la clave en la recta final del libro, concretamente en la página 310:

En ese sueño que he intentado describir a lo largo de tantas páginas y que tuve por primera vez a los doce años, inmediata o casi inmediatamente después de abandonar el hospital de Colentina.

Efectivamente. El ala izquierda es un viaje onírico, irreal, donde las reglas del mundo ordinario no tienen cabida. Nuestro protagonista es Mircea, niño débil que es internado en un sanatorio con objeto de tratar su enfermedad. A partir de ahí, una acumulación de situaciones diversas, extrañas, que aparecen y desaparecen sin saber bien cuándo o cómo. La sensación de estar siempre en movimiento sin llegar a ninguna parte.

El espacio es el paraíso, el tiempo es el infierno. Y qué extraño resulta que, al igual que en el símbolo de la bipolaridad, en el centro de la sombra se encuentre la luz y que en la luz esté la semilla de la sombra (…). La memoria, el tiempo del reino sin tiempo. El amor, el espacio del territorio sin espacio. Las semillas opuestas y, sin embargo, tan semejantes de nuestra existencia, unidas por encima de la gran simetría y anulándola en un único sentimiento inmenso: la nostalgia.

Página 75

Las fronteras se difuminan y la habitual trama clásica de las novelas no existe. Aquí no hay introducción, nudo y desenlace. Los nudos aparecen y desaparecen, evolucionan en otras tramas y terminan o no. Me ha pasado, al igual que aquél secundario de la película Origen, que en multitud de ocasiones me he preguntado, ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué han hecho los personajes, o qué ha desarrollado el autor para partir de algo que no tiene nada que ver con lo que estoy leyendo ahora mismo? No sé. No lo recuerdo. Al igual que en un sueño, tan sólo sé lo que tengo delante de mis narices. El resto es hipótesis.

Se dio cuenta de repente de que abandonaba el Relato, de que había llegado a las zonas laterales en las que todo se sume en la sombra, a un mundo en construcción, con el espacio y el tiempo apenas brotados. Siguió avanzando, sin embargo, hasta que de él no quedó sino el avanzar. El mundo era ahora sucio y deforme como la plastilina en la que se han mezclado todos los colores, todos los muñequitos, todas las manzanitas. Poco después, todos los rasgos desaparecieron en la matriz final: la noche. Que se disipó también en lo no-pensado, lo no-escrito, lo no-existente. En la página blanca sobre la que me inclino y que no volveré a profanar con la simiente obscena de mi bolígrafo.

Página 252

El mundo de Cegador es el poder de evocar recuerdos personales, pretéritos y sin importancia, pero que cobran vida como mero reflejo den la experiencia personal del protagonista. Baste un ejemplo: la página 314 nos devuelve a un momento del siglo pasado en el que volver a casa tras una tormenta y referirse a un baño cobran la mayor de las importancias. Pero a la vez es un ejercicio de literatura malabarista, que juega con situaciones variopintas e irreales: sectas, pasadizos y ángeles (por mencionar tres) bajo la mirada impertérrita de una Bucarest siempre al borde de la ruina y de la demolición.

Me temo que esta reseña no refleja ni una mínima parte de esta, citando a la sinopsis, caleidoscópica historia. Fijaos si yo misma tenía dudas de cómo haceros partícipes de esta novela que he postergado escribirla hasta ahora, a pesar de que lo leí en lo más duro del confinamiento.

También esta experiencia extraña ha tenido mucho de esta historia, o más bien, ambos se han unido en un momento en el que lo real tenía mucho de literario y lo literario pasó a formar una parte básica de la rutina. Para mí El ala izquierda forma parte de la experiencia de este extraño 2020.

Tal vez en el corazón del corazón de este libro no haya sino un grito amarillo, cegador, apocalíptico.

Página 309

Y tal vez ese grito apocalíptico sea un chillido que se entiende mucho más en un 2020 de locos. En cualquier caso, y como siempre os digo, leed a Cărtărescu. Acercaos a conocer su literatura. No os arrepentiréis.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Multitud de fragmentos interesantes, alegóricos, poéticos.
  • Impecable edición de Impedimenta.

Contras

  • Como en los sueños, genera confusión, desorientación y desasosiego.

Namaste.

 

Autor, Literatura, Marzano-Lesnevich

Nada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich

Llegué a este libro de casualidad. Fue Diego, lector del blog, que me lo recomendó. Simplemente lo anoté y esperé a que le llegara su turno.

Lo compré un tiempo después y decidí empezarlo enseguida, más que nada porque la curiosidad me empujaba a su lectura. Como sabéis no suelo leer las sinopsis, así que no sabía con detalle de la temática de la historia, más allá de lo que aparece en el subtítulo: un asesinato y unas memorias.

Nada más real que un cuerpo es la historia de un asesinato real. La muerte de Jeremy, de 6 años, que murió en Luisiana en 1992  y por el cual el pedófilo Ricky Langley fue condenado a muerte.

En el caso de las memorias, y al contrario de que lo yo habría adivinado, son las memorias de la propia Alexandria Marzano-Lesnevich.

Inicialmente, darme cuenta de que la autora se iba a atrever a contar la historia de Jeremy Guillory y la suya de forma paralela, me hizo enarcar una ceja. ¿Cómo de importante se tenía que considerar la autora para pensar que al lector le podía ser interesante lo que tenía que contar de su familia? ¿Quién es capaz de comparar una vida normal con el asesinato de un niño?

Al principio del libro no sabemos de qué lo que nos quiere contar la autora sobre sí misma, lo que sí sabemos es el modo en el que conoció la historia de Jeremy: unas prácticas para un bufete de abogados en el que el caso Langley aparecía como uno a estudiar. Se añade además que la propia Marzano-Lesnevich comenzó su experiencia como firme opositora de la pena de muerte. Estos tres elementos (su conocimiento del caso, sus convicciones éticas y su propia experiencia personal) le conectarán con un caso atípico del que iremos conociendo más detalles poco a poco.

Para ello, la autora se apoyará en informes, grabaciones, testificaciones y también en información sobre la vida de la familia de Jeremy y el pasado de Langley para acabar explicando qué antes, durante y después, abarcando también lo que sucedió en los juicios posteriores. Una investigación muy pormenorizada que ella misma incluye al final del libro, en un epígrafe fuentes consultadas, donde explica el fundamento de cada afirmación que ha ido vertiendo anteriormente.

Los capítulos del crimen se alternan con la vida de la autora. Lo cual genera un desequilibrio del que se sabe aprovechar: si al principio la historia que más nos interesa conocer es la de la muerte de Jeremy, hacia la mitad del libro cuando nos explica su historia, la cosa cambia.

(No quiero desvelar sobre qué se trata en concreto. Sólo apuntar que la duda que embargaba al principio desapareció cuando narró no sólo lo que le sucedió sino lo que conllevaba su experiencia).

Nada más real que un cuerpo es un libro extraño. A camino entre un true crime del estilo de A sangre fría, de Truman Capote, pero en el que se incluyen hechos autobiográficos y reflexiones concretas sobre temas éticos (la pena de muerte, el papel de los adultos ante determinadas situaciones) y otros procesales como el sistema judicial estadounidense. Pero es también casi un thriller, casi una historia de autoficción (de las que, no sé si es que abundan mucho o me paso leyendo una detrás de otra), casi una novela policíaca. Si no fuera porque desgraciadamente, todo lo que cuenta es cierto y detrás de cada testigo, de cada prueba y debajo de la historia de Langley está Jeremy: su vida perdida y su dolor, el sufrimiento de su familia y la injusticia de perder a un pequeño cuando apenas había empezado a vivir.

Dice en la sinopsis (que, ahora sí, he leído), que es un libro inquietante. Quizá han incluido inquietante que es un adjetivo mucho más pintón que el que habría incluido yo: molesto. Molesta leer sobre una muerte real. Sabemos lo que hay ahí fuera, pero es molesto que nos lo recuerden, que despojen de la impersonalidad tanto al criminal como a la víctima: narrar cómo era su vida y los pequeños detalles nos hace darnos cuenta de que tanto unos como otros están ahí, cerca. Y eso inquieta. Molesta también porque nos hace reflexionar: sobre la culpa, el remordimiento, sobre los secretos (todas esas cosas que se saben, se susurran, se comentan), determinadas cosas que se dan por hecho (esa persona siempre ha sido así) y se aceptan sin preguntar. Molesta conocer la historia de la autora.

Leer Nada más real que un cuerpo ha sido como correr un sprint sin estar preparado. Tienes ganas y lo lees rápido, lo devoras, te ansía conocer más; pero llega un momento en el que tus pulmones no dan más de sí, las piernas sólo sienten calambres y tu cerebro empieza a lanzar mensajes de autosabotaje. El libro te molesta. Ya no necesitas más detalles, sólo parar.

Nada más real que un cuerpo es también un libro de los que pasan desapercibido como lo pasan en la parrilla televisiva los programas de sucesos a pesar de que siempre, siempre, estén ahí.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La mezcla, extraña, entre narración objetiva, memorias y temáticas a reflexionar.
Contras
  • La última tercera al incluir más detalles, la fuerza inicial desaparece.
  • Libro molesto.

Namaste.

Literatura, Smiley

Un amor cualquiera, Jane Smiley

Fue en 2019 cuando descubrí a Jane Smiley con La edad del desconsuelo, que no sólo me gustó sino que lo incluí entre las mejores lecturas del pasado año. Así que cuando me enteré de que Sexto Piso volvía a publicar a la autora, este título pasó a mi lista de libros que leer. ¡Gracias por el envío, chicos!

Como habréis visto en el anterior post, ya he comprado otro título de ella (además por el que le dieron el Pulitzer, Heredarás la tierra), con lo que podréis imaginaros que Smiley se ha hecho por derecho propio, un hueco entre mis autores a los que seguir la pista.

Un amor cualquiera narra la historia de los Kinsella. Una familia con cinco niños aparentemente normal que cambiará de rumbo cuando el padre se lleva a los niños a otro país de un día para otro. La fractura de la familia como punto de partida de un camino que marcará una bifurcación entre lo que pudo haber sido y lo que fue.

Aún con un planteamiento aparentemente triste, los derroteros que toma la autora para contarnos la historia de la familia están bastante alejados del componente lacrimógeno. Smiley decide dar un salto temporal, que los niños sean adultos y que, con el manto de serenidad del tiempo puedan conversar y reflexionar sobre lo que supuso en su vidas.

Hay cosas que podemos hacer sin problema en nuestra familia – comer tranquilamente, prestar dinero, contar secretos – pero cuando nos juntamos, los ecos del pasado nos desbordan.

Página 15

Lo que consigue es generar un interés adicional más allá de la relación paterno-filial, con lo que podemos conocer los roles y la relación de los hermanos entre sí, sus caracteres y su vida adulta.

Un amor cualquiera es una de esas novelas que te sacan de un bloqueo lector. Que te animan a abandonar cualquier pantalla a la que estés pegado para meterte de lleno en sus páginas. Es una de esas historias donde la acción es parca, siendo importante las conversaciones, lo pequeño del día a día: una mirada, un café pendiente, el regreso de alguien querido. Sutilezas que parecen fáciles de conseguir pero que engañan.

¿Cuántas veces no hemos podido empatizar con un personaje después de mil páginas? Más de las que me gustaría admitir. ¿Y por qué con Smiley todo es tan sencillo? ¿Cómo conseguirlo en menos de 150? No tengo respuesta. Lo que sí sé es que esa aparente sencillez viene de la mano de una sensibilidad que me topado, con varias autoras: Nell Leyshon o Jesmyn Ward, por poner dos ejemplos. Historias sencillas, sin alharacas, que demuestran lo difícil que es narrar lo pequeño y lo bonito y elegante que lo hacen ellas.

Aprovecho para animaros a leerla, regalarla a vuestros seres queridos y de paso os dejo una cita que me ha gustado:

¿Es que no basta con vivir y morir? ¿Por qué hay que dejar constancia de todo?

Página 91

Eso. Por qué.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Historia intimista, elegante y aparentemente sencilla.
  • Te saca de un bloqueo lector y es perfecta para meterte de lleno hasta que la terminas. Exactamente como el rato que me brindó al tomar la fotografía.
Contras
  • Al ser tan corto quieres saber más de la familia. ¿Habéis visto This is Us? Pues eso.

Namaste.

 

Autor, Literatura, Murdoch

El mar, el mar, Iris Murdoch

Las formas que tiene un libro de llegar a nosotros son variadas, pero siempre, siempre, parece que nos buscan. Un título, el nombre de un autor, es recomendado, aparece en las noticias, lo vemos en la librería, de repente nos persigue.

El-mar-el-marEl mar, el mar (Lumen, 2019), es uno de esos casos. Primero varios lectores lo proclamaron una de sus mejores lecturas de 2019. Más tarde no paraba de encontrarme loas a la prosa de la autora, nueva para mí, además de reediciones de sus novelas.

A principios de este año decidí comprarlo, a pesar de la espantosa portada (¿o no?), enseguida lo colé en mi orden de lecturas, animada por las buenas opiniones.

Lo que me encontré no era para nada lo que esperaba. Como es habitual, no leí la sinopsis ni el tema del que trataba, además de leer las reseñas en diagonal, sólo interesada en el motivo por el que tenía que leerlo y no la temática ni la trama para evitar excesiva información.

La novela no empezó nada mal. Un antiguo director de teatro decide mudarse a la costa inglesa, alejarse de los focos y de su antigua vida londinense y comienza a rememorar su vida. Enseguida me encontré con pruebas de la pluma de Murdoch:

Siempre sentí que estábamos en el mismo barco, compartiendo la misma aventura. (…) Disfrutábamos de nuestra recíproca compañía y estábamos ávidos de ella. Esta sí que es una prueba: más que la devoción, la admiración, la pasión.

Página 59

El problema es que mientras incluye reflexiones interesantes y potentes descripciones también va añadiendo párrafos de este tipo:

He almorzado ya, y ahora voy a describir la casa. Pero antes diré que he comido con sumo placer lo siguiente: tostadas calientes con mantequilla y pasta de anchoas, judías estofadas con apio picado, tomates, zumo de limón y aceite de oliva. (Un aceite de oliva bueno, de veras de los sabrosos, es esencial; me he traído una provisión de Londres.) Unos pimientos verdes habrían sido un feliz complemento, solo que en la tienda de la aldea (a unos tres kilómetros de agradable camino) no pude encontrarlos. (No hay quien reparta provisiones a un lugar tan remoto como Shruff End, de manera que lo traigo todo, incluso la leche, de la aldea.) Después, plátanos y crema, con azúcar blando. (Los plátanos se han de cortar, jamás hacerlos puré, y la crema ha de ser ligera.)

Página 28

No sé qué me disgusta más: la descripción exagerada de la comida como si esto se tratara de una receta de cocina, la reiteración exagerada de los paréntesis o el punto ANTES del signo ).

El caso es que ya estaba con la mosca detrás de la oreja, pensando que esperaba que la cosa no fuera así durante las 700 páginas de la historia, porque, siendo sincera, me aporta bastante poco la descripción reiterada de la dieta de una persona. Y la verdad es que pasadas las primeras decenas de páginas nuestro protagonista comienza a hacer un recorrido caótico por las personas que han pasado por su vida: desde la relación con su familia hasta amantes y compañeros de trabajo. La propia autora se encarga de describirlo mejor que yo:

En fin, me parece que estoy escribiendo un poco de todo al mismo tiempo, en una especie de revoltijo. Tal vez debiera considerar este diario como unas notas preliminares. Me resistiré, al menos de momento, a la tentación de contar los recuerdos de mis producciones. Se me conoce por mi interés en Shakespeare, pero, como es de suponer, he hecho de todo. Pero basta de jactancias. El objeto de estas divagaciones era la presentación de Clement Makin. Pero la pobre Clement puede esperar; la verdad es que no tiene otra alternativa. Esa gran pugna de voluntades se ha terminado para siempre. Y ahora estoy aquí sentado, admirándome de mí mismo. ¿Es que he abjurado de esa magia y ahogado mi libro? ¿Habré perdonado a mis enemigos? ¿La entrega del poder, la mutación final de la magia en espíritu? El tiempo lo dirá.

Página 75

Me parece bastante representativo este fragmento, porque incluye cada uno de los aspectos que Murdoch irá reiterando en el resto de la novela: divagaciones, menciones de personajes que no se desarrollan, reflexiones y más divagaciones. (Las descripciones del agua, el mar y la costa inglesa también son frecuentes, claro).

Desconocía si el tono del libro iba a seguir así durante el resto de páginas que me quedaban. Llegada a la página 250 ya podía decir, sin ninguna duda, que este libro no es para mí. El exceso de descripciones, la divagación constante, y después, cuando de verdad narra las situaciones que ha vivido con todos los personajes que lleva mencionando 300 páginas, darse cuenta de que lo que está narrando es una historia de amor y obsesión, que recuerda incluso a los culebrones, por las idas y venidas, los comportamientos exagerados de amor y odio, los misterios y desapariciones.

Lo siento pero nada de lo narra Murdoch me interesa: lo del fondo es una historia mil veces vista y la forma me parece excesivamente pormenorizada sin llegar a encandilarme.

Los personajes son histriónicos, exagerados, increíbles. Toman decisiones surrealistas, aceptan motivos peregrinos, abandonan su voluntad según lo que necesita el pedante de Charles Arrowby.  La relación con Hartley toma unos derroteros entre absurdos e increíbles.

En definitiva: mi primer libro de Iris Murdoch ha sido un fracaso.  Soy consciente de que mi opinión va contracorriente tanto de público como de crítica (no en vano este libro ganó el Premio Booker), pero simplemente, esta lectura no es para mí.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Destellos de buena literatura que salpican el texto.
Contras
  • Exceso de descripciones y divagaciones.
  • Desconexión con la lectura por falta de interés.
  • Página 337: en lugar de poner el famoso DIY plantan un HUM y se quedan tan panchos. Traducción de 2004.

Namaste.

 

Autor, Eugenides, Literatura

Las vírgenes suicidas, Jeffrey Eugenides

Lo reconozco: soy una lectora atípica. Empiezo por el final. En el caso de Eugenides, leí primero Middlesex y después La trama nupcial, para acabar leyendo (al fin) su novela más conocida, la más corta y la única con versión cinematográfica.

Las-virgenes-suicidasMientras que otros lectores empiezan por los libros cortos, yo lo dejé para el final.

El problema de decantarme siempre por los libros largos es que en ocasiones no tengo demasiadas opciones cuando quiero alternar un libro corto entre otros tochazos. De ahí que colara esta lectura, uno de esos libros que esperan paciente su turno.

Sin embargo, Las vírgenes suicidas no funciona como libro de transición porque desde el inicio el autor te deja claro que no te va a soltar hasta que lo termines. El inicio es contundente al respecto:

La mañana en que a la última hija de los Lisbon le tocó el turno de suicidarse -esta vez fue Mary y con somníferos, como Therese-, los dos sanitarios llegaron a su casa sabiendo exactamente dónde estaba el cajón de los cuchillos y el horno de gas y dónde la viga del sótano en la que podía atarse una cuerda.

Página 9

Mi sorpresa inicial fue encontrarme con lo que adelanta el título. Quién sabe por qué pensé que se trataría de una alegoría del texto y no, pura y llanamente cinco chicas suicidas. Ya sabéis: no leo la sinopsis.

Sorprende además el uso del narrador del autor. Esta vez escoge como narrador a un vecino indeterminado de las chicas, que además se explica en representación del grupo de chavales que fueron viviendo la evolución de la casa de los Lisbon. Lo hace además, desde un momento posterior a los sucesos, cuando rememoran lo que pasó 20 años antes.

Con la misma anormal persistencia, los conocimientos que teníamos de Cecilia también crecieron después de su muerte.

Página 41

Una evolución que comienza con una aparente normalidad, a pesar de los extremismos morales de la madre, pero que va cerrándose poco a poco, agobiando a las chicas que intentan sobrevivir en la casa. Un ambiente opresivo para ellas que se enrarece por momentos, pero también atractivo para sus vecinos, que ven a las muchachas como misteriosas y herméticas.

Un año y medio después todo ha terminado. Las cinco hijas de los Lisbon han muerto y esos vecinos siguen sin haber conocido qué sucedía realmente en esa casa, qué se les pasaba por la cabeza a las chicas. Una incógnita que forma parte del misterio.

Era un olor tan denso que parecía líquido y, si te introducías en él, era como si te salpicase.

Página 155

Las vírgenes suicidas es una historia que arrolla. Es curioso comprobar cómo tiene tanta fuerza sin caer en describir violencia, acción o tan siquiera, algún tipo de discusión. El misterio y la incertidumbre pesa sobre la trama, a fin de cuentas nadie sabe demasiado sobre los motivos de un suicida. Imaginemos si además son jóvenes apartadas, que funcionan como un cuerpo autónomo y que sólo se relacionan entre sí y con su familia.

Poco tiene que ver con otras obras del autor, ni en temática ni en el tono de la historia. Pero la calidad, el modo en el que Eugenides organiza la trama, cómo va incluyendo el resto de los elementos, el uso conveniente de los saltos temporales… todo lo que hace lo hace bien. Es cierto que no me ha parecido una novela tan redonda como Middlesex (seguramente influye que sea muchísimo más corta), pero la verdad es que me ha gustado.

Si buscáis una novela que os sacuda de un bloqueo lector, algún libro que os dé un buen empujón, esta es una buena opción. Ahora me falta ver la película.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Inicio potente y arrollador.
  • El uso sorprende del narrador para contar, manteniendo el misterio, la historia de Therese, Mary, Bonnie, Lux y Cecilia.
Contras
  • Me ha costado bastante conocer quién es quién de las hermanas. No sé si ha sido torpeza mía o algo buscado por el autor. (¿Cuántas veces habré podido revisar la página 13? Lo menos doscientas).

Namaste.

Literatura, Stach

Kafka, Reiner Stach

La absolutamente descomunal y última biografía de Franz Kafka pasó a mi lista de deseables desde que vi que Acantilado la publicaba en 2016. No mucho después me encontré con este artículo de opinión con el que, al contrario que pudiera parecer, me entraron más ganas de leerlo, a pesar de su más que cuestionable título.

Todos sabemos que la pluma de Alberto Olmos es muy crítica, muchos dicen que demasiado, que le gusta la polémica y dar que hablar. La verdad es que me guardé el enlace para comprobar si le daba la razón en algunas de las cosas que menciona (spoiler: sí).

KfkaKafka, de Reiner Stach es una biografía enorme, editada en dos tomos de más de 1200 páginas cada uno. Páginas de papel de biblia, tapa dura, edición con caja apta para los más bibliófilos, y Kafka, autor objeto de culto para muchos.

Como imaginaréis, su lectura me ha acompañado muchos meses. Prácticamente todo el año 2019: lo empecé en abril y lo terminé la tarde del 31 de diciembre. Un libro tan largo necesita mucho, mucho tiempo para abarcarlo. También se ha hecho esperar esta reseña: lleva en el tintero desde enero pero la dejé reposar tanto que aquéllo parece un pasado de otra vida.

Una vez explicado lo visible llegamos a lo que nos ofrece la lectura: como podréis imaginar por la extensión se trata de una biografía muy pormenorizada de la vida del insigne checo, que incluye fragmentos, citas, cartas, fotografías y detalles de sus relaciones familiares y amistosas, de sus viajes, su trabajo y todo lo relacionado con la literatura y el momento de empezar a escribir.

2.400 páginas son muchas. Son muchas, muchas páginas. Muchas muchas para hablar de UN solo autor, de UN solo escritor del que para más inri no vivió demasiado, no fue demasiado prolífico ni tuvo demasiado éxito y no nos quedó demasiada información que trocear.

Teniendo lo anterior en cuenta, la estrategia de Stach es bien sencilla: como realmente hay muchas cosas con las que indirectamente se puede hablar de Kafka, pues hablemos de ellas, lo cual incluye la historia de Checoslovaquia, la descripción de los barrios de Praga, las consecuencias que tuvo el Plan de Saneamiento de la ciudad, por mencionar tres.

¿Quién puede decir que esto NO es hablar de Kafka? ¿Puede alguien dudar de que Kafka no era checo, praguense y judío? Y claro, ya que hablamos de Kafka tenemos que hablar de Max Brod, lo que lleva a Stach a hablar de la vida de Brod, de su obra y también de  su vida personal. Pero claro, si Kafka tenía otros amigos y otros compañeros, pues incluyamos unas cuantas páginas de la vida y obra de cada uno ellos. Y así, porque Kafka trabajaba en una compañía de seguros, también conoceremos los cambios legislativos de los seguros en la Praga de la época, los cambios por los que se tuvo que aplicar con su checo o las puntas de trabajo que le originó la nueva normativa: ¿qué mejor que contarnos el absolutamente tedioso trabajo de Franz que haciéndonos partícipes de él?

¿Acaso alguno de vosotros, malpensados, se le ha pasado por la cabeza pensar que esto son trampas? ¿Que realmente no está hablando de Kafka sino que se centra en otras personas que no son el autor objeto de estudio? Cómo sois.

Aunque claro, algunos podrían opinar que conocer determinados cambios legislativos que le afectaban a Kafka en su día a día no implica que conozcamos más a la persona. ¿Qué me decís, lectores que estáis al otro lado? ¿Si alguien desmenuzara vuestra rutina, explicando con detalle en qué trabajáis, la normativa relacionada que se os influye, sea cual sea, diríais que os conoce mejor? ¿Aporta algo saber con qué producto de limpieza os abasteceis en el supermercado? ¿Os describe de algún modo saber a qué supermercado vais a comprar?

En la noche del 21 de junio de 1621 reinaba en la ciudad vieja de Praga una tensión pletórica de miedo. Casi nadie fue capaz de entregarse al sueño, se cuchicheaba y se rezaba en grupo, se comprobaban los cerrojos de las puertas y se prestaba oídos al exterior, donde ruidos marciales anunciaban los horrores al día siguiente.

Página 54 (el capítulo se llama No pasa nada en Praga y me parece muy acertado).

Una de las principales fuentes para conocer a Kafka que utiliza Stach son las cartas y los diarios. Tener de primera mano escritos personales de Kafka ayuda a comprender sus actos y podemos conocer más a fondo lo que pensaba. El problema es que acudir a las cartas nos conduce, obviamente, a conocer no lo que pensaba, sino lo que escribió. Y en relación a los diarios, lo que queda que escribió después de un proceso de edición enorme así como la pérdida de otros tantos tras la muerte del checo. En resumen: es bien complejo saber qué se le pasaba realmente a alguien. O quizá interesa darle más importancia de la que tiene a una carta, porque para Stach en un texto no se puede sino ser siempre sincero. Siempre, siempre, siempre.

Entonces, ¿corresponde al biógrafo rellenar los huecos de cosas que no dijo, de actos que no sabemos? Para Stach sí. Para Stach es lícito que él explique cómo se sentía Kafka a raíz de un comentario que le escribió a Brod, o lo que pensaba realmente de un problema que tenía. ¿Acaso los demás tenemos argumentos para llevarle la contraria?

Para Stach sí pero para mí, no. Todo lo que se sale de lo que se lee o de la biografía es hipótesis. Y siguiendo ese hilo cualquier otra conclusión a la que llegue esta hipótesis es pura invención:

Hacía diez años que Kafka no veía el mar, y le pareció como si se hubiera vuelto más bello durante ese largo tiempo. Le hacía feliz verlo, aunque ya no pudiera sumergirse en él con tanta inocencia como antes.

Página 2144

Parece como si Stach tratara a su biografiado como una personaje de novela, algo que podemos apreciar a lo largo de todo el libro: por un lado, lo trata de forma uniforme, como si fuera la misma persona con 18 años que con 30. Por otro, el autor opta por organizar gran parte del libro por temáticas, incluyendo pocas fechas y apoyándose en textos anteriores o posteriores al momento en el que se supone que está para reafirmar su argumento.

Con esto no quiero decir que la biografía no esté ordenada cronológicamente, porque obviamente, empieza con el nacimiento de Kafka (o con el momento histórico) y el libro termina con su muerte, pero lo cierto es que durante este camino, Stach se bifurca en temáticas diversas y acaba generando situaciones absurdas, no por los saltos temporales sino por incluir una carta de 1918 para reforzar una teoría de 1915. Me ha ocurrido que he tenido que revisar en qué año estaba porque me despistaban los fragmentos. En este sentido, me ha ayudado tener a mano el cómic de la biografía de Kafka de Robert Crumb. Como podréis imaginar, es un libro prácticamente esquemático comparado con este ensayo, pero en los momentos iniciales Stach se empeña en hacer referencias a personas que aparecen más tarde en la vida del escritor (como Felice y Milena), así que conocer a grandes rasgos la vida de Kafka es recomendable.

En general, el tono de Stach se mueve en un terreno de soberbia y ego difícil de obviar:

El biógrafo no puede dar consejos, y el diagnóstico a distancia, sin tener en consideración los cambios habido en las relaciones humanas en el transcurso de generaciones, incluso de épocas sucesivas, es una de las más repugnantes manifestaciones secundarias de esa nivelación histórica que se viene observando desde hace décadas, bajo el imperio discursivo de la psicología.

Página 1127

Critica Olmos en el artículo que ha encontrado dos erratas. No puedo más que llevarle la contraria. ¿Dos? ¿Sólo dos? ¡Si antes de llegar a la página 150 yo había encontrado por lo menos cuatro! ¿Será que  leyó menos de las 1.200 páginas que admite que leyó realmente? No lo sé. Lo que sí que puedo decir es que me he encontrado decenas de erratas. Decenas. Lo cual, quizá, no tiene tanta importancia si tenemos en cuenta que se trata de un libro tan inmenso. No sé, casi parece imposible que se edite una biografía de estas características sin una sola errata (pensamiento de Laura cuando iba por la página 600). Sin embargo, cambié radicalmente de opinión cuando llegué a la página 716 y me encontré una errata en el apellido del autor. Sí, habéis leído bien. Yo tampoco podía creérmelo. Tuve que parpadear y mirar de nuevo, porque no podía ser. Porque sencillamente no me cabe en la cabeza cómo se puede dejar mal escrito el puñetero apellido del autor sobre el que trata el libro, que para más inri tiene CINCO PUTAS LETRAS Y SE REPITEN CON DOS CONSONANTES Y UNA SOLA VOCAL. Con ello no quiero decir que un apellido más largo hubiera tenido menos delito, solo puntualizar que si escribes mal Knausgård al menos hay una cierta dificultad, dos vocales, varias consonantes juntas y hasta un circulito encima de la a.

Pero, y aquí viene lo mejor, esa errata no ocurre una sola vez, porque, voilà, en la página 1478 vuelve a aparecer. ¡Albricias! ¡Viva Kakfa!

También he encontrado exasperantes algunas de las expresiones que se incluyen. No digo que no sean correctas, sólo que me chirría el abuso de los anglicismos para referirse a determinadas cosas que se podrían haber traducido con una palabra en castellano. Quizá si la biografía hubiera sido de Bill Gates pues vale, incluye lo de start-up y aquí paz y después gloria, pero siendo de un escritor praguense que vivió entre el siglo S.XIX y el XX pues no entiendo bien por qué optar por small-talk teniendo otras muchísimas otras opciones. Quizá es que no seamos native speakers y no entendemos la modernidad.

De hecho Kafka tuvo la sangre fría de viajar en Pentecostés (…) y, en medio de las masas de excursionistas, visitar algunos hot spots recomendados por la guía Baedeker.

Página 1497

Dice Olmos:

¿De verdad alguien está leyendo una pedazo biografía de Kafka de más de 2000 páginas para mencionarlo con pedantería en cualquier reunión social que se precie? Olmos debe de tener unos amigos muy redichos o una vida muy aburrida para recurrir a esto.

En este punto no puedo sino llevarle la contraria: a mí sí me interesa cuántas habitaciones tenía la casa de soltero de Kafka. Entre otras cosas porque puede afectar muy mucho a su proceso creativo (¿acaso no era importante saber que Kennedy Toole escribía en una base militar o que Kerouac alquilaba la máquina de escribir? ¿No es importante saber si Dickens publicaba por fascículos o si Bolaño tenía problemas financieros?)

Aunque sí coincido con Olmos en una cosa: cualquier buena biografía que se precie ha de basarse en algo contundente: si se admite que el autor estaba contento / deprimido / eufórico debe ser porque lo dijo, lo escribió o lo comentó. No porque imaginamos que debió de sentirse de una terminada forma en una situación. ¿Cuál es el problema? Que si lo que vas a hacer es transmitir lo que Kafka escribió por carta, dime por qué narices estoy leyendo una biografía de 2000 páginas en lugar del diario de marras. Preguntas sin respuesta.

Pero es que hay más: el autor es capaz de utilizar el mismo argumento para decir una cosa y su opuesto: si en la página 1836 nos dice que Conversaciones con Kafka de Gustav Janouch no es una fuente fiable porque se han comprobado numerosos errores cronológicos (nota al pie 14, página 1836), esa misma fuente tiene validez en la siguiente página. Bienvenidos a la nave del misterio.

Obviamente no todo van a ser cosas negativas: se incluyen fragmentos interesantes de la obra del checo, además de conocer muchos aspectos de su vida que sí me parecen interesantes (qué tipo de estudiante era, las influencias de los amigos y los círculos literarios en los que se movía), los viajes que hacía, qué veía, en qué se interesaba, o la historia de la idea que quería patentar con Max Brod… y para un fanático resulta muy interesante indagar en esos detalles, consiguiendo una imagen más global y poliédrica del autor. Te deja además con las ganas de leer las fuentes a las se refiere: las cartas, los diarios y el resto de obra que aún me queda por conocer. Este libro alimenta tus ganas de seguir leyendo a Kafka.

Si habéis llegado hasta aquí, gracias. Prometo que esta reseña interminable será una excepción.

Sigamos leyendo.

Namaste.