Autor, Cartarescu, Literatura

El ala izquierda (Cegador I), Mircea Cărtărescu

No sabía qué contar de este libro en la reseña. Según iba leyendo pensaba en lo difícil que me iba a resultar encontrar palabras para todo lo que sugiere esta lectura. Sin embargo, el autor acudió a mi ayuda cuando me dio la clave en la recta final del libro, concretamente en la página 310:

En ese sueño que he intentado describir a lo largo de tantas páginas y que tuve por primera vez a los doce años, inmediata o casi inmediatamente después de abandonar el hospital de Colentina.

Efectivamente. El ala izquierda es un viaje onírico, irreal, donde las reglas del mundo ordinario no tienen cabida. Nuestro protagonista es Mircea, niño débil que es internado en un sanatorio con objeto de tratar su enfermedad. A partir de ahí, una acumulación de situaciones diversas, extrañas, que aparecen y desaparecen sin saber bien cuándo o cómo. La sensación de estar siempre en movimiento sin llegar a ninguna parte.

El espacio es el paraíso, el tiempo es el infierno. Y qué extraño resulta que, al igual que en el símbolo de la bipolaridad, en el centro de la sombra se encuentre la luz y que en la luz esté la semilla de la sombra (…). La memoria, el tiempo del reino sin tiempo. El amor, el espacio del territorio sin espacio. Las semillas opuestas y, sin embargo, tan semejantes de nuestra existencia, unidas por encima de la gran simetría y anulándola en un único sentimiento inmenso: la nostalgia.

Página 75

Las fronteras se difuminan y la habitual trama clásica de las novelas no existe. Aquí no hay introducción, nudo y desenlace. Los nudos aparecen y desaparecen, evolucionan en otras tramas y terminan o no. Me ha pasado, al igual que aquél secundario de la película Origen, que en multitud de ocasiones me he preguntado, ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué han hecho los personajes, o qué ha desarrollado el autor para partir de algo que no tiene nada que ver con lo que estoy leyendo ahora mismo? No sé. No lo recuerdo. Al igual que en un sueño, tan sólo sé lo que tengo delante de mis narices. El resto es hipótesis.

Se dio cuenta de repente de que abandonaba el Relato, de que había llegado a las zonas laterales en las que todo se sume en la sombra, a un mundo en construcción, con el espacio y el tiempo apenas brotados. Siguió avanzando, sin embargo, hasta que de él no quedó sino el avanzar. El mundo era ahora sucio y deforme como la plastilina en la que se han mezclado todos los colores, todos los muñequitos, todas las manzanitas. Poco después, todos los rasgos desaparecieron en la matriz final: la noche. Que se disipó también en lo no-pensado, lo no-escrito, lo no-existente. En la página blanca sobre la que me inclino y que no volveré a profanar con la simiente obscena de mi bolígrafo.

Página 252

El mundo de Cegador es el poder de evocar recuerdos personales, pretéritos y sin importancia, pero que cobran vida como mero reflejo den la experiencia personal del protagonista. Baste un ejemplo: la página 314 nos devuelve a un momento del siglo pasado en el que volver a casa tras una tormenta y referirse a un baño cobran la mayor de las importancias. Pero a la vez es un ejercicio de literatura malabarista, que juega con situaciones variopintas e irreales: sectas, pasadizos y ángeles (por mencionar tres) bajo la mirada impertérrita de una Bucarest siempre al borde de la ruina y de la demolición.

Me temo que esta reseña no refleja ni una mínima parte de esta, citando a la sinopsis, caleidoscópica historia. Fijaos si yo misma tenía dudas de cómo haceros partícipes de esta novela que he postergado escribirla hasta ahora, a pesar de que lo leí en lo más duro del confinamiento.

También esta experiencia extraña ha tenido mucho de esta historia, o más bien, ambos se han unido en un momento en el que lo real tenía mucho de literario y lo literario pasó a formar una parte básica de la rutina. Para mí El ala izquierda forma parte de la experiencia de este extraño 2020.

Tal vez en el corazón del corazón de este libro no haya sino un grito amarillo, cegador, apocalíptico.

Página 309

Y tal vez ese grito apocalíptico sea un chillido que se entiende mucho más en un 2020 de locos. En cualquier caso, y como siempre os digo, leed a Cărtărescu. Acercaos a conocer su literatura. No os arrepentiréis.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Multitud de fragmentos interesantes, alegóricos, poéticos.
  • Impecable edición de Impedimenta.

Contras

  • Como en los sueños, genera confusión, desorientación y desasosiego.

Namaste.

 

Autor, Cartarescu, Literatura

Solenoide, Mircea Cărtărescu

Solenoide más que una lectura es todo un reto.

SolenoideEn primer lugar, por el tamaño: es un reto de 800 páginas, lo cual se convierte en un reto largo, al que necesitamos invertir varias semanas (en mi caso meses).

También por la ausencia de trama, o porque en la trama cabe todo. Se trata de la historia de un profesor de rumano, así en general: la historia incluye su pasado y sus recuerdos, su día a día en su escuela y sus pensamientos, las lecturas que le han marcado como persona y por supuesto, además de su importante anecdotario de situaciones extrañas, que incluye la visita de extraños seres por la noche, la levitación o la búsqueda de los solenoides por la ciudad de Bucarest.

Como muchos de los personajes de Cărtărescu, nuestro protagonista, del que no conocemos ni el nombre, es una persona compleja, que surfea entre la realidad y los sueños, que reflexiona y vuelve siempre atrás: en sus recuerdos, como en la perenne cajita con sus dientes de leche. Personajes que si no están atormentados al menos adolecen de principios depresivos, que están incómodos con la piel que habitan pero se muestran al mismo tiempo pasivos en el cambio de su situación.

Quizá solo leamos para regresar a la edad en la que aún éramos capaces de llorar con un libro en las manos; aquella época, entre la infancia y la adolescencia, que constituye el dulce prólogo de nuestra vida.

Página 205

Los que hayan leído a Cărtărescu sabrán perfectamente cómo es su estilo: en ocasiones gana velocidad, como cuando nos cuenta el paso por un hospital de tuberculosos del protagonista. En otros, se detiene en un detalle y lo estruja hasta que continúa, alargando los capítulos.

Es complicado clasificar este libro. También es muy difícil valorarlo. Quizá todo lo bueno que tiene corre de la mano de todo aquello que sugiere, aunque en ocasiones podemos caer en un estado de aburrimiento al ver que no avanzamos.

¿Por qué sé que existo si también sé que no existiré? ¿Por qué se me ha concedido acceder al espacio lógico y a la estructura matemática del mundo? ¿Solo para perderlos cuando se destruya mi cuerpo? ¿Por qué me despierto por las noches ante la idea de que soy mortal y me incorporo, bañado en sudor, y grito, y me agito, e intento sofocar este pensamiento intolerable de que voy a desaparecer por toda la eternidad, de que no existiré hasta el final de los tiempos? ¿Por qué acabará el mundo conmigo?

Página 399

Ya sabéis que el rumano es uno de mis autores fetiches, a los que siempre regreso, y que siempre me sugiere mucho en sus lecturas, pero precisamente por eso esta lectura se la recomendaría solo a los incondicionales, a los que ya conocen el estilo y se han obnubilado con Nostalgia o con Lulu. No a los que por primera vez se acercan, ya que el reto puede resultar arduo.

Lo que sí que recomendaría, como en todos los libros de este calibre, es simultanear su lectura con otras más cortas, más ligeras o como queráis llamarlo. Creo que si hubiera optado por leerlo concienzudamente no habría podido continuar el ritmo sin desanimarme.

Con esto no quiero que penséis que no lo recomiendo, simplemente analizo lo obvio: no es una lectura para todos ni para cualquier momento. Es una lectura para estar atentos, de las grandes lecturas que es difícil asir, que parece que siempre nos ganan ventaja a los lectores. Eso es precisamente lo bueno y lo malo, la sensación de caída en su lectura, y la magnificencia de crear una obra volátil, onírica, totalmente extraña, pero que es capaz de sugerir y proponer tantas cosas.

Para mí leer a Cărtărescu es siempre una experiencia. Pocos autores me sugieren tanto como él, pocos me marcan como lectora tanto como él. Recuerdo el preciso momento en el que terminé Lulu, igual que recuerdo el momento cuando leía Nostalgia. Lo recuerdo a fuego, como los libros que no pasan en balde. Y de Solenoide recordaré a la vez, leer páginas y páginas pensando en por qué me cuenta esto ahora, pero también terminar un capítulo con la boca abierta y mirar a la pared. O simplemente, pasar una página y encontrar un fragmento como este:

Sí, esto es solo que soy, esto he sido desde que estoy en este mundo: un hombre solo, esperando detrás de una ventana. He volcado aquí, en la caja de cartón de mi manuscrito, un montón de piezas de puzle. Incomprensibles en sí mismas, caen sobre las demás del derecho o del revés, se diseminan por el amplio espacio de juego. A partir de ellas, los largos dedos de la lógica del sueño podrían llegar, gracias a minuciosas maniobras de combinación, giro, posicionamiento, aumento y disminución, centralización y lateralización, acentuación y difuminado, a un cuadro siquiera parcialmente coherente, al menos coherente para mí aunque siguiera siendo absurdo para todos los demás, porque existen coherencias inteligibles e ininteligibles, al igual que existen el absurdo comprensible y el incomprensible. Puedes entender lo inteligible, eso es la serenidad. Puedes entender lo ininteligible, eso es el poder. Puedes no entender lo inteligible, eso es el terror. Puedes no entender lo ininiteligible, eso es la iluminación. Así como, en la oscuridad más profunda, no sabes si tienes los ojos abiertos o cerrados, a veces siento que, en el espanto y el estremecimiento de mi vida, ya no sé en qué parte de mi cráneo me encuentro.

Páginas 507-508

Los libros que son un reto hablan por sí solos, ¿no creéis?

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Los diversos temas que aparecen en la historia.

  • Pasar la página y encontrarse con un fragmento destacado es muy frecuente. Los post-it son imprescindibles.
  • Impecable edición de Impedimenta.

Contras

  • Hay momentos en los que uno duda de adónde quiere llegar el autor, que llegan a aburrir.

Namaste.