(Habéis acertado: autor sueco, trilogía y novela negra).
Dinero fácil, de Jens Lapidus
El relato corre a cargo de tres personajes muy diferentes pero que coinciden en una cosa: los tres cometen delitos. Los tres son “malos”. Los tres personajes acaban coincidiendo por algún tema. Al fin y al cabo los tres son supervivientes de los bajos fondos de Estocolmo.
Si en otras novelas hay un personaje bueno (un detective, un policía o un periodista), aquí no los hay. De este modo, se rompe el binomio malos-buenos que suele existir en todas las novelas negras. Esa es la novedad de Dinero fácil y con lo que juega Lapidus: los protagonistas son del bando de los delincuentes. La única representación del lado de los buenos son los diversos documentos que nos va presentando el autor: una sentencia de un juzgado, una declaración de un testigo o un proyecto de infiltración.
Un inmigrante chileno, un serbio mafioso y un estudiante que trata de incluirse en la jet set serán los narradores de esta novela. El mafioso es un personaje más plano: quiere a su hija y tal, pero no deja de ser mafioso. El chileno a bote pronto cae bien: se ha visto arrastrado a la delincuencia por un ambiente complicado: pobreza y violencia.Pero el estudiante es harina de otro costal. Un niño bien, creado en un hogar normal y corriente de una pequeña ciudad de provincias que se muda a Estocolmo para estudiar en la Universidad. Allí se empieza a relacionar con personas que gastan en un fin de semana lo que él gastaba en un año. A partir de ahí comienza la transformación. Este es el personaje que más me interesaba.
Sin embargo, el autor consigue darles la realidad suficiente como para que no resulten una mera caricatura de los malos a los que estamos acostumbrados. Porque en el mundo real, las personas no son todo o nada. Siempre hay matices.
El estilo de Lapidus es cortante, seco, duro, todo aristas. Creo que es la primera vez que leo un libro tan largo en el que apenas existan oraciones subordinadas o coordinadas. En muchos casos es necesario: bien habla algún personaje que no conoce demasiado bien el idioma o bien se narra una situación donde hay nerviosismo en el ambiente, como la siguiente:
A la izquierda corría un riachuelo. Pintoresco. Un puente. Árboles de hoja caduca. Sendero de gravilla. Un quiosco rojo. Parecía cerrado para el otoño, aunque se habían olvidado fuera el muñeco de los helados GB. Más adelante había tres edificios más grandes; entre ellos una extensión de gravilla. Carteles en los edificios. Antigua escuela. Antigua parroquia. Antigua casa del comendador. Una pareja de mediana edad entró en la escuela. Estaba en el sitio equivocado. Ahí no había casas de veraneo. Era un puto museo.
Pero en otros momentos, se hace simplón, pobre, sin complejidad, como si estuviera escribiendo alguien con el objetivo de crear en un guión publicitario. Además esta forma de escribir aunque es dinámica, no consigue que el lector se enganche al asunto.
Además, la edición de la novela no ayuda, porque hay montones de erratas:
Al fin y al cabo era muy extravertida.
Recordó: con tres años Lovisa solía abalanzandose corriendo escaleras abajo.
La traducción, en ocasiones, no es la adecuada:
La ropa: una camiseta gris. Pantis negros. Mini sobre ellos. Zapatos de tacón alto.
¿Alguien dice “Mini” para designar “Minifalda”? De momento no he conocido a nadie. Cuando oigo “Mini”, pienso en el coche, aunque sea difícil llevarlo encima de unas medias.
En cualquier caso se trata de una novela sin pretensiones, apta para pasar un buen rato, engancharse un par de días y comenzar a leer algo más serio. Sin embargo, no engancha ni de lejos tanto como la trilogía de Larsson. La opinión de Moe, pinchando aquí.
Se echan de menos los nexos. La narración es más bien pobre.
La edición, llena de erratas. En la contraportada se dice más de lo que debería: si llevas la mitad del libro y todavía no han pasado cosas del supuesto resumen, es que obligatoriamente ese resumen no es tal.
Hace ya tiempo vi la lista de Vero de la lista de los 50 libros para leer. He de reconocer que hice la mitad de mi lista pero quién sabe por qué, la dejé a medias.
50 libros para leer
La entrada de Lady Boheme sobre el tema me hizo replantearme la idea de completar mi lista. En su entrada Lady Boheme comentaba que más que 50 libros que leer antes de morir, es más bien 50 libros que leer antes de los 30, así que me pareció un buen objetivo. Sinceramente, no sé si me dará tiempo a leerlos antes de los 30 (sí, veo la barrera demasiado cercana, pero además sé que se colarán muchos libros), así que me he fijado también la barrera psicológica de los 33, que al fin y al cabo también es una edad llamativa.
Como podéis comprobar, hay de todo. Mi temor era básicamente uno: como vea muchos clásicos en la lista, voy a acabar pasando de ella. Así que al final he puesto un poco de cada cosa, y aunque hay clásicos largos, también hay libros de los que me habéis recomendado y que he ido apuntando en mi libreta.
Por otro lado, hay autores que no he incluido, como Vargas Llosa o Muñoz Molina (ya se irán colando, eso está claro).
En cualquier caso, siempre viene bien recordar que tenemos que leer algunos libros que se van quedando atrás (recuerdo que compré Los miserables pensando que lo leería enseguida y 5 años después sigue en el mismo sitio).
Y vosotros, ¿os animáis a hacer vuestra propia lista?
El periodista infiltrado conocido con el pseudónimo de Antonio Salas
Tengo el placer de presentaros la primera entrevista que realizo en el blog.
Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento a Antonio Salas, que con mucha amabilidad ha respondido a mis preguntas y además me ha enviado imágenes y vídeos.
A todos los demás, espero que os resulte interesante esta entrevista y que sepáis tratar con benevolencia a la periodista que no soy.
– En El Palestino comentas que decidiste infiltrarte a raíz del 11M, pero ¿qué te motivó para iniciar tus primeras infiltraciones?
Siempre he pensado que la mejor forma de conocer un fenómeno social es desde dentro. Conviviendo con tus fuentes dentro de esos colectivos 24 horas al día, hasta comprender (nunca justificar) qué piensan, qué sienten, qué les motiva y porqué hacen lo que hacen. Y la cámara oculta te permite «robar» trozos de tiempo, fragmentos de realidad, tal y como se producen. No solo te permite analizar después conversaciones enteras, con las reacciones, las expresiones, etc, de los personajes, sino que puede ser utilizada como la prueba de un delito. Y en 2001 Telecinco decidió crear un equipo de investigación y nos contrató a 3 periodistas, un poco kamikazes, para hacer reportajes de «alto riesgo». Así nació «Diario de un skin».
Casa de Antonio Salas durante su infiltración con los skinheads
– ¿Cómo ves el mundo periodístico actual? ¿Te parece que es demasiado pasivo?
Excesivamente politizado. Trabajar en un gran medio de comunicación te permite ver hasta qué punto está mediatizado, por eso volví a ser free lance. En mi opinión, y la investigación del terrorismo internacional ha sido para mi una revelación en este sentido, la mayoría de los medios de comunicación se limitan a trasmitir una percepción de la realidad condicionada por sus alianzas políticas o comerciales. Y es indignante, obsceno y casi pornográfico, que temas como el terrorismo se instrumentalicen políticamente a través de los grandes medios de comunicación.
– En tu primera infiltración, formaste parte del movimiento skin head. Ahora has llegado mucho más lejos, al infiltrarte en el movimiento terrorista internacional, ¿la ambición de Antonio Salas no tiene límites?
Por supuesto que no. Un viejo proverbio árabe dice: «Nunca renuncies a lanzar piedras a la luna… nunca la alcanzarás pero terminarás convirtiéndote en un maestro en el uso de la honda». Si echas un vistazo a la sección “Mis emails favoritos”, en www.antoniosalas.org verás cientos, y digo cientos, de mails y cartas de chicos que dejaron el movimiento nazi después de leer “Diario de un skin”, o de chicas que dejaron la prostitución después de leer “El año que trafiqué con mujeres”, o de clientes que dejaron de consumir prostitución tras leer ese mismo libro. En ese sentido soy extremadamente ambicioso, porque creo que realmente la pluma puede más que la espada, y que la información puede cambiar nuestra forma de percibir la realidad. Con eso a mi me basta. Todo lo demás son efectos colaterales.
– ¿Hay algún efecto o reacción que no te esperaras tras la publicación alguno de tus libros y que te haya sorprendido?
Mejor que responderte yo sería que lo comprobases por ti misma. Entre esos miles de mails y cartas hay muchos testimonios de jóvenes que se aficionaron a la lectura, que se replantearon su racismo o su islamofobia, que decidieron estudiar periodismo o hacerse policías… Reacciones que jamás me habría esperado. Cuando tu trabajo sale de imprenta ya no lo controlas, y siempre hay reacciones insospechadas. Como por ejemplo la terrible vanalización que hicieron todos los programas de TV de todas las cadenas, de «El año que trafiqué con mujeres». Aunque aportaba pruebas de que era posible comprar niñas vírgenes en España para ser prostituidas en burdeles europeos, o de las grabaciones de podía comprarse a una chica nigeriana y a su hijo en Murcia por 17.000 dólares, a adolescentes rumanas en Galicia por 8.000 euros, etc, la prensa solo habló del capítulo que dedique a la prostitución de lujo… O la despiadada politización que la derecha y la izquierda ha hecho de mi ultimo libro. Tampoco me esperaba algo así.
– Dentro del mundo de la producción de los ensayos periodísticos, ¿te parece que en general otros libros de otros periodistas realizan un trabajo satisfactorio?
Absolutamente. Yo soy un aprendiz de periodista y un escritor mediocre, que ha tenido suerte con un par de títulos y que simplemente posee una gran capacidad de trabajo. Nada más. Pero durante mi carrera he tenido la oportunidad de conocer a verdaderos periodistas de investigación, como Jhon Lee Anderson, Cerdán y Rubio, etc, y de ellos aprendo cada día.
– ¿Te anima pensar que hay muchos más periodistas que también realizan trabajos tan arriesgados como el tuyo, como por ejemplo Roberto Saviano? ¿Has leído el libro Gomorra? ¿Qué opinión te merece?
Por supuesto. Y me parece admirable. Aunque yo soy mucho más ambicioso y no he querido conformarme con realizar un único libro de investigación. Prefiero renunciar a todo tipo de reconocimiento y protagonismo, aunque a veces la vanidad sea tentadora, y poder seguir haciendo trabajos como periodista infiltrado. En ese sentido soy más ambicioso que Saviano.
– ¿Qué te ha aportado personalmente y qué te ha quitado adoptar tantas personalidades?
No hay nada mas enriquecedor que tener que convivir con personas y colectivos con los que no tienes nada en común, y convertirte en uno de ellos. Es indescriptible lo mucho que aprendes y como se abre tu mente al comprender (que no justificar) las razones, creencias y pensamiento de grupos como los skins, los traficantes o los terroristas. Una de las cosas más maravillosas de este oficio es cuanto aprendes de tantas cosas. Vivir vidas diferentes a la tuya es una escuela de humildad indescriptible. Y te obliga a ser más tolerante incluso con lo que no compartes. Porque todos los seres humanos hacen lo que hacen porque creen que es lo correcto en sus circunstancias.
Salas, de espaldas, con un fusil Kalasnikov al hombro, en uno de los campos de entrenamiento
– ¿De qué es de lo que más te arrepientes después de todas las infiltraciones?
De mi ingenuidad. He perdido muchísimo tiempo y muchísimo dinero, siguiendo pistas falsas, al creerme las «versiones oficiales» que los medios de comunicación, que se nutren de Google y Wikipedia, repiten una y otra vez al inspirarse unos en otros sin contrastar las informaciones.
– ¿Actualmente te sientes seguro?
No más, ni tampoco menos, que cualquier otro amenazado por el crimen organizado o el terrorismo. Hace menos de un mes firmé mi renovación como testigo protegido de la Fiscalía del Estado. Eso te da derecho a algunas garantías de seguridad, sobretodo para mi familia, pero no te hace sentir seguro.
– ¿Cómo definirías el terrorismo? ¿Crees que existe alguna diferencia entre un terrorista y un revolucionario?
Esa es una muy buena pregunta. Tanto que nadie ha conseguido responderla satisfactoriamente, ya que no existe una definición de terrorismo consensuada internacionalmente. Terrorismo ya no es un sustantivo, sino un calificativo que unos y otros arrojan al adversario incómodo. Obviamente si preguntas a mis hermanos iraquíes o palestinos, te dirán que terroristas son los españoles, norteamericanos o británicos que bombardearon sus casas, violaron a sus mujeres y mataron a sus padres, buscando unas armas de destrucción masiva que jamás existieron. En cuanto a los revolucionarios, solo es una definición más romántica y elegante. Para mi todo el que utiliza la violencia para implantar su ideología ejerce el terrorismo. Y no me importa que lo haga bajo una bandera «legítima» o no.
– ¿Tenías algún plan si llegaba el momento de cometer un delito y querías mantener tu infiltración?
El plan es siempre el mismo… abortar la investigación. No existe ningún reportaje periodístico que justifique que cometas un delito. Y si además aspiras a que tu trabajo tenga una repercusión policial o judicial es evidente que no puedes formar parte del delito que quieres denunciar. Yo no soy un agente encubierto de ningún servicio de información, ni tengo ningún privilegio judicial para realizar mis investigaciones. Soy solo un ciudadano absolutamente normal, con una cámara de video.
Los Papeles de Bolivar con la edición árabe de la biografía de Ilich Ramirez
– Comentas en El Palestino que debido a tus obligaciones como webmaster, periodista y estudiante de árabe te veías desbordado: ¿nunca te has planteado contar con una especie de compañero/a con quien compartir el trabajo?
Muchas veces he estado tentado a pedir ayuda. Sobretodo en el caso de El Palestino llegó un momento en que solo dormía 3 horas diarias y me sentía al límite de mis fuerzas. Pero implicar a otra persona en una investigación con auténticos psicópatas asesinos en serie lo suficientemente imbéciles como para matar por una ideología o creencia, seria una responsabilidad que no estoy dispuesto a asumir. Además, mi infiltración en los skinhead fue abortada por un alto mando de la policía madrileña que me delató a los nazis, y durante la infiltración en las mafias del tráfico de mujeres decubrí a muchos policías y guardias civiles implicados en el negocio del sexo. Y si no puedes confiar en la policía ¿en quien vas a confiar?
– Una de las cosas que más me ha sorprendido es el momento en el que le das a Ilich Ramírez Sánchez el nombre de Antonio Salas para que te envíe varias cartas, ¿no pensaste que era un riesgo muy alto, que podría descubrirte simplemente consultado Internet?
En absoluto. Ilich Ramírez es un preso de alta seguridad y no tiene acceso a Internet. Además Antonio Salas es un nombre muy frecuente y anodino, casi como Juan Pérez. Y tampoco soy ningún personaje relevante ni conocido, más allá de la expectación puntual que pueden generar algunos de mis trabajos en el momento de publicarse. Cinco minutos después cosas más importantes, como la final de liga, Gran Hermano o el último enfrentamiento entre el gobierno y la oposición, se ocupan de que se diluyan entre los nuevos titulares. Y en Francia, lógicamente, nadie tenía porque conocer nada de mi trabajo. Sufrí un brote de pánico injustificado cuando tuve que darle mi nombre para que pudiese enviarme las cartas al apartado postal, pero es que yo no soy ningún valiente, y me asusto con facilidad.
– Por último, ¿podrías recomendar a los lectores del blog un libro y un autor que te haya gustado?
Miles. Soy un lector compulsivo, y no creo que exista ningún libro que no pueda enseñarte algo. Acabo de terminar la trilogía de Larsson y me ha gustado mucho. Como recomendaría cualquier libro de Saramago o de Unamuno. Si te refieres a ensayos periodísticos, la lista también seria enorme: Cerdan y Rubio, Rueda, Anderson, Rodriguez… En cuanto a terrorismo, por supuesto Reinares, Chomsky, etc. Todo lo que leas te enseña algo… aunque solo sea lo que no debería ser un libro.
De vez en cuando me gusta olvidar por un momento las novelas (del tipo que sean) y adentrarme en otro tipo de temas: historia, actualidad, mitología… cualquier tema es bueno siempre que tras leerlo conozca algo nuevo.
Los Papeles de Bolivar con la edición árabe de la biografía de Ilich Ramirez
Cuando empecé a leer El Palestino, la hasta la fecha última infiltración del periodista Antonio Salas, no esperaba lo que me acabé encontrando. Ya había leído Diario de un skin y aunque había aprendido cosas lo que más me llamó la atención era la infiltración en sí.
El ensayo periodístico comienza con el estudio previo que realiza Salas a la hora de infiltrarse, lo cual pasa, en este caso, por estudiar sobre el tema, aprender árabe, conocer el Islam y conseguir contactos. Se trata de un primer momento muy importante. No basta con parecer que eres uno de ellos, tienes que serlo.
Y a partir de ahí, poco a poco, Salas se va tejiendo su red que le llevará a acabar siendo parte del terrorismo internacional. Para ello recorre muchos países (Marruecos, Palestina, Túnez, Siria, Suecia, Venezuela… en otros) siendo Muhammad Abdallah y donde consigue relacionarse con algunos de los terroristas más famosos, como Ilich Ramírez Sánchez, y comprobar desde dentro los conflictos que vemos a diario en la televisión: las FARC, la presencia de ETA en Venezuela…
Comunicado delMRTA-Venezuela tras al ataque al campamento de Raul Reyes
(Antonio Salas, arriba a la derecha. Pinchad para ampliar)
Pero además de contarnos, con pelos y señales lo que hace, con quién, dónde y cómo, el autor consigue quitarnos el velo lleno de prejuicios que tenemos respecto al mundo musulmán, respecto al conflicto de Oriente Medio y en general hacia cualquiera que no sea Occidental.
El mensaje que nos transmite es, finalmente, de paz. No somos muy diferentes los unos de los otros. Todos buscamos lo mismo: la felicidad. Pero sin embargo, la ignorancia de un lado y la manipulación de la información de otro nos han hecho identificar una minoría como un pueblo. No solo por nuestra propia ignorancia, sino porque los intereses económicos y políticos del terrorismo están muy presentes.
Desgraciadamente, mi reseña se queda pobre comparada con todo lo que he sacado leyendo El Palestino. Así que mi consejo es que lo leáis, que os dejéis embriagar por ese universo nuevo que nos enseña en su libro. Que sintáis el riesgo que conlleva, la frustración, el cansancio y todos las sensaciones que emanan de las palabras de Salas.
Y al final con lo que yo me quedo es con un sincero agradecimiento. Gracias Toni, por dejarte el pellejo en cada infiltración. Gracias por mostrarnos otro mundo, la versión no oficial de los hechos. Gracias por dedicar tantas horas y tanto esfuerzo a este proyecto.
FICHA:
Te gustará si te gustó
Diario de un skin, Antonio Salas.
Pros
La minuciosa labor de recopilar tanta información. Magnífica.
El riesgo, el trabajo y el afán de Antonio Salas por descubrir la verdad de cada asunto.
Contras
En ocasiones la amplia documentación hace que se haga un poco lento. Aconsejo leerlo poco a poco.
Esta novela llevaba mucho tiempo en mi Plan Infinito, hasta que salió elegida para leer en foro de Cargada de Libros. Fue entonces decidí que era un buen momento para ponerse con ella.
La trama, como todos sabréis a estas alturas, es bien conocida: un adulto se enamora obsesiona de una niña de trece años.
El libro se divide en dos partes bien distintas: la primera, en la que conocemos al protagonista: Humbert Humbert, un profesor con una verborrea inaudita, a Lolita y a su madre. Esta primera parte es la que yo creo, la clave de la novela porque plantea muchas dudas.
De un lado, nos muestra los desagradables pensamientos de Humbert Humbert, su degradante visión de la vida y su doble moral. De otro, el lector va leyendo con curiosidad cómo Nabokov va enlazando los acontecimientos.
En esta parte el hecho de que los capítulos sean cortos van dando dinamismo a la historia, y a pesar de lo repugnante de las opiniones del protagonista, la curiosidad va ganando la batalla: ¿cómo consigue Humbert acercarse a Lolita?
Ignoro si el álbum de la alcahueta fue o no eslabón en la guirnalda de margaritas; lo cierto es que poco después, por mi propia seguridad, resolví casarme. Se me ocurrió que horarios regulares, alimentos caseros, todas las convenciones del matrimonio, la rutina profiláctica de las actividades de dormitorio y, acaso, el probable florecimiento de ciertos valores morales podían ayudarme, si no para purgarme de mis degradantes y peligrosos deseos, por lo menos para mantenerlo bajo mi dominio.
La segunda parte aporta un giro radical a la historia. Por motivos que no voy a desvelar, la situación cambia, la historia avanza más despacio, los capítulos se alargan y hay montones de descripciones paisajísticas que ralentizan la trama (ralentizar quizá sea decir demasiado, la palabra exacta sería pausar). Pasan pocas cosas pero las que pasan están adornadas de una cantidad ingente de adjetivos que aportan poco a la historia. En este punto me planteé dejarlo. Sin embargo, Nabokov lo hace suficientemente bien como para que el lector se vea obligado a continuar: no solo porque ya se ha leído más de la mitad del libro (Pensamiento: ¿cómo voy a dejarlo a estas alturas?), sino porque además el protagonista nos da pequeñas pinceladas de un futuro que vive y que queremos conocer. ¿Cómo acabará la historia?
Mientras tanto nuestro protagonista es capaz de dejarnos perlas como la siguiente:
Tengo ahora ante mí la desagradable tarea de registrar una caída definida en la moral de Lolita. Aunque su participación en los ardores a que condescendía nunca había aumentado mucho, el puro lucro aún no se había revelado. Pero yo era débil, no era sensato, y mi nínfula colegiala me esclavizaba. A medida que menguaba el elemento humano, la pasión, la ternura, la tortura no hacía sino aumentar; y ella sacaba partido de ello.
Y de repente, sin venir a cuento, después de cuatrocientas páginas y (a lo sumo) tres personajes principales, aparece un personaje que yo no supe quién era. ¿Y este quién es? ¿Pero qué? ¿Qué me he perdido? ¿¿Quéee??
Aquí fue donde empezó mi cabreo. Me quedaban cien páginas. A estas alturas estaba un poquito harta de Humbert, de Lolita y de Nabokov. Pero quería acabar. Necesitaba saber cómo iba a terminar. Y de repente aparece un nombre de un personaje que no sé quién es. No me lo podía creer. En una novela con muchos personajes que entran y salen, te lo esperas. Poniendo un ejemplo que todos conocemos: si Dumbledore no está en todo el libro pero aparece al final, vale, lo conoces. No hay problema. Pero y si, ¿en lugar de ser un personaje importante como Dumbledore es un personaje secundario o terciario del que realmente no supiste nunca nada pero ahora resulta ser fundamental para el final?
Sencillamente suena a tomadura de pelo, a no saber cómo terminar la historia y finalizarlo como pudo. En una palabra: cutre.
No lo pude entender y tampoco lo entiendo ahora. La historia pega un vuelco. Hay una escena intrigante, rápida y feroz y luego el libro se acaba.
Mención aparte merece el estilo de Nabokov: es un autor que sabe mucho y se nota: frases en francés, menciones a muy diversos temas… el problema es que es difícil seguirle, que parece que nos está demostrando lo ignorantes que somos. En ocasiones esos adjetivos hacen mención a películas, actrices o que sea. Particularmente me pierdo con esas menciones. No tengo los conocimientos suficientes como para saber que si dice marlenesca se refiere a Marlene Dietrich, como comentaba Juancarejo en el foro. Él probablemente esté en lo cierto. Pero cuando leo marlenesca sigo leyendo sin hacer la vinculación.
Así que sí: lo mejor de Lolita es el estilo de Nabokov.
Os dejo un ejemplo de una descripción:
Era un solterón fofo, de cara carnosa, cuyo cuerpo iba afinándose -en forma tropezoidal- hacia un par de hombros estrechos, no exactamente al mismo nivel, y de cabeza cónica como una pera que tenía a un lado pelos lacios y al otro unas pocas cerdas pegoteadas. Pero la parte inferior de su cuerpo era enorme, y deambulaba con un curioso ritmo elegantino mediante un par de piernas fenomenalmente rechonchas.
Aparte de esto en concreto, la multitud de descripciones paisajísticas y otras abundancias de adjetivos allá por la segunda parte sólo me hizo reafirmarme de que es un escritor barroco, que busca el ornamento puro y duro.
En conclusión: desde mi punto de vista Nabokov consiguió lo que quería: escandalizar con el tema que trataba, que la gente supiera que existía el libro. Para mí, este libro no es indispensable. Soy de las que piensan que está sobrevalorado. Que no es una obra maestra, que Nabokov utilizó lo sórdido de su tema y la complejidad de su narrativa para hacerse un hueco, para que muchos dijeran que es una obra maestra, que lo pusieran a la altura de los grandes de la literatura.
Ha llegado diciembre. Se acerca peligrosamente la Navidad. Y por esto, Fnac ha tenido una gran idea: ¡sortear 2011 euros para gastar en productos de fnac!
La mayoría seguro que habréis visto este mismo post en otros blogs. Pero para los despistados, os cuento: si tenéis un blog, tan solo tenéis que hacer una lista de deseos con productos de Fnac que os gusten, y ya entráis a participar en el concurso, que es de lo más suculento. (Es difícil, pero ¿y si toca?)
We wishlist a merry Xmas
Así que mi lista es la siguiente:
Consolas:
XBOX 360 250 GB + Call of Duty Balck Ops + Red Dead Redemption (299,95€)
En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano
El lugar: un café en el que se reúnen un grupo de bohemios: estudiantes, escritores y artistas de distinto pelaje. De ellos destaca una mujer, que está presente pero de la que se sabe poco.
Modiano nos presenta una novela muy bien ambientada, donde la melancolía es la protagonista. En un entorno gris, se plantea el misterio de esa extraña mujer, que está pero que apenas se relaciona con las demás personas del café.
Para desarrollar la novela, el autor crea una historia a cuatro voces, donde cada uno nos cuenta qué sabe de la mujer. Ya en el final será ella la que nos desvelará algo sobre sí misma.
La sensación que me queda es agridulce. Por un lado me ha gustado: Modiano consigue engatusar al lector, llevarle por donde él quiere, que le interese la historia y que quiera saber más. Por otro, parece que al final no nos encamina del todo bien, como si no supiera rematar el relato, como si perdiera algo indispensable por el camino.
No sé si me habéis entendido, porque la verdad es que me resulta difícil explicar lo que me ha aportado esta novela.
Así que para ejemplificar mi reseña, os dejo un par de fragmentos:
– Uno intenta crearse vínculos, ya me entiende…
Sí, claro que lo entendía. En esa vida que, a veces, nos parece como una gran solar sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura. Y entonces creamos vínculos, intentamos que sean más estables los encuentros azarosos.
No hay mejor sistema para que se desvanezcan los fantasmas que mirarles a los ojos.
En cualquier caso, es tan diferente a otras, te embriaga tanto del París de la época, que merece la pena leerla y además aporta la curiosidad necesaria como para saber que en el futuro leeré algo más de este autor.
FICHA:
Te gustará si te gustó
La casa gris, Josefina Aldecoa.
Pros
El estilo del autor, la forma que tiene de envolver al lector.
Contras
Llega un momento en el que la historia pierde fuerza.
Florence Green decide abrir una librería en un pequeño pueblo de la costa inglesa. Para ello, adquiere un edificio en ruinas y comienza a comprar los libros que necesita para poder llevar a cabo su objetivo.
Lo que podría parecer un inicio de negocio como cualquier otro se convierte en una molestia para algunos de los habitantes del pueblo, que harán lo imposible para evitar que la librería salga adelante.
Penelope Fitzgerald desarrolla la novela con una prosa elegante y precisa, con la que consigue envolver al lector y trasladarle a otro tiempo en el que se tenía miedo al diferente y donde los cambios eran, desgraciadamente, mal vistos.
La novela es, además, un alegato a favor de la cultura, de la democratización de esta y de la lucha por el conocimiento, algo que podemos comprobar claramente en fragmentos como el siguiente:
Un buen libro es la preciosa savia del alma de un maestro, embalsada y atesorada intencionadamente para una vida más allá de la vida, y como tal, no hay duda de que debe ser un artículo de primera necesidad.
Además, hay que destacar lo acertado de las descripciones y la sutileza en la composición:
Lo que podía parecer una delicadeza por su parte, normalmente no era más que una forma de evitar líos; lo que parecía simpatía era en realidad el resultado de su instinto para esquivar cualquier problema antes de que éste se originara. Era difícil imaginar lo que supondría hacerse viejo para una persona así. Sus emociones, a base de no ejercitarlas, casi habían desaparecido. Había descubierto que la capacidad para adaptarse resultaba tan adecuada para salirse con la suya como la propia curiosidad.
A diferencia de otras novelas cortas, donde apenas existe profundidad, en La libreríala autora consigue estructurar muy bien la trama y crea unos personajes reales y creíbles.
Leyendo algunas reseñas de otros bloggers, como Laura, de Cargada de Libros, le achaca que realmente el tema literario se trata poco en la novela. Es cierto que en ningún momento se hace una relación de los libros que adquiere Florence Green, pero desde mi punto de vista el tema ahonda más en el hecho de vender libros, es decir, en la peligrosidad de leer, saber o informarse de algo diferente al saber oral. Es más bien la cuestión casi medieval de que el que tiene, compra o vende libros es alguien distinto, que puede quizá engañar, quizá pervertir. En fin de cuentas, el miedo a lo desconocido.
De las pocas menciones de libros, destaca la siguiente:
– ¿Qué? ¿Al final va a encargar Lolita?
– Todavía no lo he decidido. He pedido un ejemplar de lectura. Estoy algo desconcertada por lo que han dicho sobre ella los periódicos americanos. Un crítico ha afirmado que su publicación era una mala noticia para el ramo y para los lectores, porque era aburrida, pretenciosa, de lenguaje florido y repulsiva. Pero por otro lado había un artículo de Graham Greene que decía que era una obra maestra.
(INCISO: hay que ver cómo son las casualidades. Justo cuando estaba leyendo Lolita, me encuentro con este fragmento. Próximamente la reseña.).
En definitiva, una novela interesante y amena, con un estilo delicado que sorprende por su estilo,su ironía y el componente de realidad que emana de ella. Totalmente recomendable.
FICHA:
Te gustará si te gustó
Sentido y sensibilidad, Jane Austen.
La importancia de llamarse Ernesto. Oscar Wilde.
Pros
La sutileza y elegancia de la autora que combina con una fantástica ironía. El tema que envuelve la novela.
La magnífica edición de Impedimenta: buena traducción y ni un error ortográfico o tipográfico.
Contras
La semejanza con determinadas realidades actuales.
Básicamente lo que se dice en esta noticia es que un Juez ha obligado a ponerse una vacuna a un menor de edad, ya que sus padres se negaban a que se la pusiera.
¿Qué es esto?
Los juristas lo llaman ponderación de derechos. En una legislación como la nuestra, donde hay muchos derechos, en ocasiones, unos chocan con otros, lo cual genera un conflicto. Para solucionarlo, se estudia caso por caso cada situación según unos criterios.
Para que se llegue a esta situación, los derechos han de ser similares. Por mucho que les pese a algunos, el derecho de propiedad es siempre más importante que el derecho a una vivienda digna, por lo cual jamás está justificados todos esos comportamientos que vemos de vez en cuando (las patadas a la puerta para ocupar la vivienda).
Sin embargo, hay otros derechos que entran frecuentemente en conflicto, como el derecho a la intimidad y el derecho a la información. En los medios de comunicación nos enteramos muy a menudo de noticias de todo tipo donde el famoso dice que se le ha invadido la intimidad.
¿Cómo se valora?
En este caso en concreto, el criterio que impera es considerar si la información es relevante para la sociedad.
Ejemplo: decir que un famoso en concreto se ha casado puede ser una información relevante. Sin embargo, comentar que un famoso tiene granos no lo es (este caso está basado en hechos reales).
Otros de los derechos que suelen entrar en conflicto es el derecho a la libertad religiosa y el derecho a la salud. Puede resultaros raro, pero hace unos años se dio el caso de que unos padres, que eran testigos de Jehová, se negaban a que se le hiciera una transfusión de sangre al hijo.
Aquí primó la libertad del hijo (que aunque era menor de edad, era lo suficientemente mayor como para dar su opinión) sobre el derecho a la sanidad (que en este caso era un derecho a someterse a una operación y no afectaba a terceros).
Teniendo en cuenta el análisis anterior, resulta lógico y cabal que se obligue a vacunarse a alguien que no quiere, ya que no sólo afecta a la persona que no se vacuna, sino a muchas otras personas que pueden verse contagiadas.
El problema de la ponderación de derechos es que, a fin de cuentas, depende de la importancia que le demos a terminadas cosas, y como tal, es subjetivo y discutible.
El otro día alguien llegó a mi blog poniendo «eliminación de la letra hache».
Enseguida llamé mentalmente a esta persona «ilusa», hasta que acudí a un museo y me encontré esto:
Ausencia de hache en un museo
(Pinchad para ampliar)
Problemón. Igual el que buscaba la nueva norma de la RAE tenía razón y habían eliminado la hache, o bien en el museo llegaron a la simple conclusión de que si «indio» va sin hache, «hindú» tampoco la lleva.
Del citado museo salí totalmente cabreada (y no sólo por cuestiones ortográficas). Debe de ser la Ley de Murphy, porque si no, no hay quien se explique que siempre me toque el típico crío toca narices que no hace más que empujar, tocar lo que dice «no tocar» y apoyarse en sitios no dedicados a esa función. Pero es que además ese típico crío tiene siempre una típica madre que no se da por aludida ante las miradas asesinas de cualquier persona en cinco metros a la redonda. (¿Por qué yo? ¿Por qué nunca se dan cuenta de que los demás no tenemos por qué aguantar los berreos insoportables de sus criaturas? ¿Por qué no les mandan dejar de gritar/tocar/empujar y en general molestar a la gente?) Hasta aquí, mis niveles de cabreo se situaban en cotas superiores a la media pero que, en cualquier caso no la doblaban.
Ilusa de mí, que no sabía que pronto iban a poner la puntilla.Y en este caso, iba a ser la abuela del crío mencionado anteriormente.
La conversación fue, aproximadamente, como sigue:
– Abuela, mira eso, ¿qué es? -el crío se apoyaba, tocaba y empujaba a la vez-.
– Pepito, no empujes a la señora.
¿¿SE-ÑO-RA?? ¿Cómo? ¿A mí? ¿Me estaba llamando señora una mujer que pasó los 65 hace bastantes años y cuya definición exacta empezaría por uve y rimaría con pelleja?
Yo hay cosas que no entiendo, pero está claro que un Museo no me va a ayudar mucho.
A la pregunta que sé que estáis pensando, no. Por lo que sea, no dejan pasar un bate de béisbol a un museo.