Autor, Berges

La línea invisible del horizonte, Joaquín Berges

Tras Vive como puedas y Un estado del malestar, el autor maño regresa con La línea invisible del horizonte.

La-línea-invisible-del-horizonteEn esta ocasión, Berges nos presenta a Javier, un neurólogo madrileño que atropella un animal en una carretera cercana al Pirineo. Desde ese momento entablará relación con los habitantes del pueblo cercano que le acogen, le cuidan y le obligan a seguir día a día con una nueva rutina.

Los ingredientes son, por tanto, los mismos que en sus otras novelas: personajes centrales perdidos y desorientados que cambian su zona de confort por una nueva realidad a la que no saben muy bien cómo aceptar. Hombres que dudan, del amor y de la vida, de la seguridad con la que vivían y que desaparece de repente, ya sea por una decisión radical (como Un estado de malestar, en el que el protagonista rompe con su pasado) o bien por un accidente, como punto de inflexión de una rutina que se ha roto.

Una nueva vida que se representa a través de un nuevo entorno, un nuevo amor, nuevas amistades, y lo que es más importante: nuevos valores. Ver la realidad con otros principios, dando importancia a aquéllas cosas que no la tenían.

Sin embargo, hay algo que ha desaparecido o bien que yo no he sabido ver, y es ese cinismo que se respiraba en sus otras novelas, la sátira y el humor, el modo de hilar lo duro de la situación con algunos diálogos absurdos que desequilibraban la historia y mantenían al lector unido a la trama no sólo por la tristeza y la soledad sino también por la risa contenida, por el reflejo propio.

Disfruté mucho con Vive como puedas, y aún más con Un estado del malestar. Pero con La línea invisible del horizonte no me ha pasado lo mismo. Quizá porque las situaciones me han parecido más forzadas, quizá porque los personajes me recordaban a los de sus otras novelas pero más edulcorados, como si les faltara empaque o fuerza, como si fueran un reflejo de aquéllos pero no acabaran de ser más que eso: una imagen y no un personaje nuevo.

Reconozco también que aunque el planteamiento me gustaba el hecho de que se desarrollara en un entorno rural le ha quitado puntos. Puede ser que me haya parecido más irreal o simplemente me haya aburrido más cuando describía el nuevo pueblo (dado que el antiguo quedó anegado por un embalse). No lo sé. Pero mi atención decrecía conforme iba pasando las páginas, quería que me gustara pero no me ha llegado.

Y es una pena, porque me gusta Berges. Me gustan sus novelas, su visión que tiene para contar historias de perdedores, de aparentes triunfadores anegados por su propio éxito, el estilo socarrón e inteligente que despliega para contar lo cotidiano pero siempre bañado de un punto de vista filosófico.

Además, qué queréis que os diga, Berges me cae bien. Así que esperaré a su siguiente libro para comprobar que tiene mucho que ofrecernos, aunque esperaba más con esta novela.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El ingenio y el estilo del autor.
Contras
  • La historia no atrae tanto como en sus otras novelas.
  • Esperaba más.

Namaste.

Literatura

La apatía lectora y Olvidado Rey Gudú

Durante el pasado verano he sufrido de apatía lectora. Esa sensación de aburrimiento, de empezar a leer un libro y enseguida dejarlo, de preferir hacer cualquier otra cosa antes que leer. Ver el libro encima de la mesa y preferir poner la televisión. Que vayan pasando los días sin leer, y no porque no tuviera tiempo sino porque no tenía ganas. En otras ocasiones podría pensar que no me apetecía leer en abstracto. Probablemente eso habría pensado hace años. Pero cuando te conviertes en lector, cuando lees igual que comes, cuando cada día dedicas un tiempo a continuar con la lectura, no se piensa lo mismo. Hay otra causa: quieres leer pero no ESO.

¿Soy yo? ¿Será el verano?, llegamos a preguntarnos. No. Es el libro. Ese ladrillo. ¿Cómo se me ha pasado la fiebre lectora de golpe? ¿A mí? No. Es ese libro. Ese tocho infumable que no hay quien se lo lea. La solución es bien sencilla: dejarlo. Abandonarlo. Dejar de amargarse por no disfrutar con un libro independientemente del nombre del autor que aparezca en la portada. Y del título.

En mi caso el título era Olvidado Rey Gudú, de Ana María Matute. Un libro anotado en mi lista de 50 libros. El tipo de libro que buscando en Goodreads su valoración se divide en dos tipos de calificaciones: 5 estrellas o una. Los que lo consideran maravilloso e indispensable y los que lo ponen a caldo.

¿Cómo se justifica tanta diferencia? Buena pregunta.

De un lado, los que lo valoran con 5 estrellas destacan el estilo de la autora, la magnificencia de la obra y cito textualmente: “Olvidado Rey Gudú es como un cuento de niños muy largo (tiene casi 900 páginas), pero destinado a adultos».  Bueno, digamos que si leo esa frase antes de empezar a leerlo ni siquiera lo habría tomado prestado.

Por contrario, los que le otorgan la mínima puntuación destacan su lentitud, su pesadez, el aburrimiento de leer una novela de 900 páginas en la que apenas ocurre nada.

En mi opinión, Olvidado Rey Gudú es un ladrillo que incluye una historia simple, llana y cronológica, de un reinado, de padres e hijos en una tierra determinada. Una profusión de personajes que se presentan en proporción de adjetivos de 1 a 5. Plagada de un estilo barroco. Pero no barroco en el sentido del lirismo, de las metáforas, sino barroco en plan churrigueresco: ostentoso, exagerado, hortera. Imaginaos la historia de los Reyes Godos narrada con la mayor cantidad de adjetivos que podamos sacar de un diccionario. No es historia. No es poesía. Es competición, como si la autora pretendiera demostrar una inteligencia calculada, desprovista de sutileza y elegancia, de equilibro. Todo aquí es exagerado.

Es exagerado el número de páginas, el número de personajes, el número de adjetivos. Sin embargo, a pesar de todo lo expuesto, no me ha generado empatía, quizá porque no hay análisis, no se profundiza, simplemente se expone, como en los libros de texto. Hechos y obras. Y adjetivos, claro.

Tras 400 páginas mi apatía aumentaba y el libro me miraba con una preocupante sonrisa sardónica. Te he ganado, parecía que me decía. Soy un libro premiado y alabado y te rindes.

El día que cumplía el plazo para devolverlo a la biblioteca fue cuando me decidí. Lo voy a dejar. Lo voy a devolver y jamás lo volveré a coger, me dije, aliviada.

Abandonar el libro y perder la apatía fue todo uno. Volver a leer 100 páginas en un día, desear llegar a casa para continuar con la novela de turno, ya me entendéis.

Aquéllo que pensaba perdido, ese fervor lector, regresó de improviso y gracias a otro libro. Pero eso mejor os lo cuento en la siguiente entrada.

Namaste.

Autor, Leyshon, Literatura

Del color de la leche, Nell Leyshon

Ella se llama Mary. Eme. a. erre. I griega.

Del-color-de-la-leche-selloQuiere contarnos su historia. Y por dónde empezar sino por el principio. El principio en el que se dedicaba a ordeñar vacas, dar de comer a los cerdos, limpiar mierda y cosechar. La casa que comparte con su familia y su abuelo, que huele a manzanas.

¿Qué podrá contarnos una simple granjera británica? Poco, creía yo. Pero como todo lo desconocido, como todo lo inexplorado, nos sorprende. No sólo por el modo de contar su historia, o por describirnos cómo es ella, Mary, aguda y perspicaz, mordaz e inteligente.

Cuando Pedro me prestó este libro y me lo recomendó encarecidamente, pasé la información al cajón del ya veremos. Pero no me hizo falta más que leer la primera página de la novela para darme cuenta de que Del color de la leche no era como las demás. No es una de esas novelas que olvides nada más terminar, es una historia enternecedora sobre la vida de Mary. Escrita de una forma distinta, que se cuela con su cotidiana tragedia. Una de esas novelas que se acaban bebiendo. Se empieza a sorbos pero cuando te das cuenta ya te has bebido la mitad. Y de ahí a terminarla no hay más que dos tragos. Porque desde la primera línea, nos sacude.

éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.

en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos. veo los árboles y veo las hojas.

y cada hoja tiene venas que la recorren.

y la corteza de cada árbol tiene grietas.

no soy muy alta y mi pelo es del color de la leche.

me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. y griega. así es como se escribe.

quiero contarte lo que ha pasado pero tengo que tener cuidado de no apresurarme como hacen las vaquillas en la entrada, porque entonces iré por delante de mí misma y puedo tropezarme y caerme y de todas maneras tú querrás que empiece por donde se debe empezar.

y eso es por el principio.

Quería conocer su historia, quería saber cómo y por qué, Mary, la de la pierna mala, Mary, la que aprende rayas negras con las que formar palabras. La fuerza de una narradora, la primera y principal, es la que consigue dar ese empaque a la novela. El estilo campestre, burdo y sincero, pero también clarividente de una muchacha sencilla. Lo importante aquí es el personaje de Mary, su carácter, su tragedia y su realidad. Leyshon aplaca a los demás secundarios porque no los necesita, creando una historia lineal, clara y sin demasiadas descripciones ni diálogos.

Ella se llama Mary. Eme. a. erre. I griega. Y, al igual que ella misma, os invito a que conozcáis su historia, lo que sucedió realmente en un pueblo de la campiña británica de 1830.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Mary. Su forma de contarnos la historia.
  • Impoluta edición de Sexto Piso.
Contras
  • El final no es redondo. La sensación es que se detiene demasiado en lo trágico.

Namaste.

Autor, Leiber, Literatura

Presentación de “Los tres violines de Ruven Preuk” de Svenja Leiber.

Ayer, 23 de septiembre se presentó en Madrid la novela de la alemana Svenja Lieber, Los tres violines de Ruven Preuk.

La editorial Malpaso citó a varios blogueros para asistir a la presentación coincidiendo con la primera visita de la autora alemana a España. Unos pocos afortunados que acudimos al Hotel NH Zurbano.

Con puntualidad suiza, comenzó la presentación, a cargo de Malcolm Otero, Director Editorial de Malpaso, posteriormente tomó la palabra una tímida Svenja Leiber, que nos explicó someramente algo de la historia de Los tres violines de Ruven Preuk.

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Malcolm Otero y Svenja Leiber en la presentación

Una novela que tiene dos puntos principales: la historia alemana, de un lado, y el amor por las artes de otro. Lo primero, entroncado a través del devenir de la Alemania del siglo XX. Lo segundo, por la peculiaridad del personaje principal: es sinestésico. Vamos, que puede ver la música. Curioso, ¿verdad?

Todo ello plagado de referencias culturales: desde Virgilio hasta Munch, desde Bach hasta el paisaje del norte de Alemania. Y música, mucha música.

LosTresViolines_portadaSe agradece que tanto Otero como Leiber nos dieran las pinceladas generales, dejando los detalles para la posterior lectura. Creo yo que le quita algo de magia que en una presentación desgranen cada uno de los aspectos más significativos de la historia.

Lo cierto es que todos los presentes salimos con esa curiosidad de leer Los tres violines de Ruven Preuk, de conocer el tono irónico y a la vez triste al que se refirió Otero, de comprender algo más la historia de un sinestésico en un país convulso y, por supuesto de saber cuál de los tres violines era más antiguo.

Pero de momento tendremos que esperar. Porque en la propia presentación se coló un invitado inesperado: Vonnegut y su Que levante mi mano quien crea en la telequinesis, que acabó por error en la presentación en lugar del libro de Leiber.

Desde aquí gracias a la Editorial Malpaso y a Renzo, organizadores del evento, por invitarme. Y no me olvido de mencionar a Teresa, de Leyendo en el bus, con la que mantuve una breve conversación (cómo no) sobre libros.

Namaste.

Autor, Literatura, Modiano

Dora Bruder, Patrick Modiano

Desde que leí En el café de la juventud perdida alguien (siento no recordar quién fue) recomendó este título de Modiano.

Sin más, y anotado en mi cuaderno, un día decidí comprarlo. La verdad es que pensándolo no me echó para atrás el precio, quizá algo elevado para una novelita de apenas 125 páginas que comienza como sigue:

Hace ocho años, en un viejo ejemplar del Paris-Soir, con fecha del 31 de diciembre de 1941, me llamó la atención una sección “De ayer a hoy”, en la página tres. Leí:

PARÍS
Se busca a una joven, Dora Bruder, de 15 años, 1,55 m, rostro ovalado, ojos gris-marrón, abrigo sport gris, pullover burdeos, falda y sombrero azul marino, zapatos sport marrón. Ponerse en contacto con el señor y la señora Bruder, bulevar Ornano, 41, París.

Dora_bruder_sello1941. París ocupada. Dora desaparece del mapa tras escaparse de su colegio de monjas. Nueve meses más tarde, la muchacha aparece en la lista de deportados a Auschwitz.

Aunque con este planteamiento podría parecer otra novela del Holocausto, Dora Bruder es más bien el estudio de una desaparición, puesto que el propio Modiano acude a los documentos oficiales con objeto de seguir la pista a la muchacha, teorizando sobre su paradero y sobre sus sensaciones.

Lleva tiempo conseguir que salga a la luz lo que ha sido borrado. Quedan pistas en los registros pero se ignora dónde están escondidos y qué guardianes los vigilan y si querrán enseñárnoslos.

Pero el francés no se queda ahí, dado que paralelamente recuerda los lugares donde estuvo su padre, rememora los barrios de París y reflexiona sobre los sentimientos y sensaciones de todos los protagonistas.

Recuerdo que la primera vez que lo vi experimenté el vacío que se siente ante lo que ha sido destruido, arrasado. No sabía aún de la existencia de Dora Bruder. Tal vez -estoy seguro- ella se había paseado por allí, en esa zona que me hace rememorar citas de amor secretas, grises felicidades perdidas. Aún flotaban en el lugar recuerdos campestres.

Es precisamente este aspecto el que hace interesante la historia: esa capacidad humana de teorizar, de hacer hipótesis, de rememorar qué pudo pensar Dora, adónde iría o los miedos que tendría. Los paralelismos con la vida de su padre, dónde podría haber coincidido con ella, qué estaba haciendo esos días, y al mismo tiempo esa conexión entre Modiano, buscador incansable, y la desaparecida, a través de los documentos fríos de la Policía o de la nota dejada por sus padres en un periódico. Autor y narrador se confunden, jugando al despiste, consiguiendo que el lector se sienta aún más atrapado y haga suya esa búsqueda, asuma las teorías como propias y refleje en el presente una situación pasada: el ayer a través de los ojos del presente. El ayer interpretado libremente por el hoy.

Al mismo tiempo, y como en todas las novelas de Modiano, se aprecia la melancolía del entorno, las situaciones trágicas y solitarias de los personajes y el sentimiento vagabundo del narrador. Podría parecer que tratándose de un tema como el Holocausto lo tiene más fácil. Sin embargo, el narrador no entra en consideraciones ni valoraciones. Lo trágico no está en el fin, sino en el camino, en esa desaparición de la muchacha, en la soledad de la adolescente que sale de un colegio para enfrentarse al cruel mundo que espera.

Una historia concentrada y profunda en apenas 125 páginas. En palabras de Adolfo García Ortega, el prologista, la mejor novela de Modiano.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo del autor, la forma que tiene de envolver al lector.
  • Pasado y presente se mezclan. Lo trágico y melancólico.
Contras
  • El precio. Por mucho Seix Barral que sea 18 euros me parece demasiado.

Namaste.

Autor, Dostoievski, Literatura

El idiota, Fiódor Dostoievski

Tras leer Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov (esto es, hundida hasta la médula en el universo de Dostoievski) una no puede sino quedarse con ganas de más. De ahí que, junto con Bartleby, compañero infatigable de lecturas y recomendaciones y autor además de un magnífico libro de relatos llamado El rayo que nos parta, decidimos seleccionar una de sus novelas para leerla conjuntamente. La duda se mantuvo entre El jugador (200 páginas) y El idiota (800). Ganó la segunda. Quizá por su longitud, quizá por la curiosidad de Jesús, o quizá porque Pedro ya me había alabado en demasía este título.

El-idiota-marcaManos a la obra pues. Escogimos la edición Debolsillo. Qué queréis que os diga, me ganaron desde que compré La piedra lunar de Wilkie Collins y me gusta ver sus cantos marrones en mis estanterías.

Comenzamos a leer escollando la primera dificultad: la abundancia de nombres, sobrenombres y apodos rusos que aparecen en las primeras páginas. Secundarios que se relacionan con los que ya son mencionados, apodos que no se parecen al nombre original, profesiones de unos y otros. Nada nuevo, vamos. Personalmente me ayudó mucho un pequeño esquema con los principales.

El príncipe Mishkin es nuestro protagonista, un noble que regresa a San Petersburgo tras haber pasado muchos años en Suiza. Un rico heredero que quiere contactar con una familiar que reside en la capital de Rusia. Un pobre ignorante que no sabe lo que se la que se le viene encima. Mishkin, el arquetipo de la bondad y la amabilidad, el rico heredero que conoce a pocas personas. Un tonto.

¿Qué más podía desear? Un aristócrata, millonario, idiota: todo junto, un marido como ese no se encuentra ni con candil, ni hecho de encargo…

Y es que desde el primer momento cada uno de los personajes quiere al príncipe Mishkin con ellos, ya sea para conseguir un título por medio del matrimonio, para conseguir algo de dinero o para ganar estatus social. Una maraña de intereses rodean a un inocente que se deja llevar por los acontecimientos.

Precisamente en El idiota cabe de todo: desde reflexiones sobre la muerte y la compasión hasta el amor a primera vista, la envidia o la rabia. Una novela compleja, con personajes muy definidos, pero en la que destaca uno: su protagonista. Un personaje claro y meridiano, bueno en demasía pero no por ello irreal, presionado por una sociedad, por un juego en el que no sabe que está metido. Y claro, un triángulo amoroso, una mujer de la que enamorarse a primera vista, otra de la que enamorarse de a poco. Un competidor.

Me ha sorprendido, si lo comparo con las otras dos obras del autor, lo social de esta novela. Esto es, el análisis de la sociedad decadente rusa,  saber que se encuentran en un mundo que llama a su fin, la importancia de las apariencias, es decir, muchos de los aspectos que encontramos en Jane Austen. No he podido evitar imaginarme una conversación entre el príncipe y nuestra querida Catherine.

Pero además, la sensación de que se trata una novela mucho más personal que las otras, que el autor se dejó algo de sí en ella, como si al leer página tras página abandonara algo de la racionalidad y la filosofía que le caracteriza y pasara a algo más íntimo, más humano. No sé si me explico, pero en ocasiones me parecía que añadía capítulos porque quería que estuvieran allí, no como en Crimen y castigo, donde todo parece medido y valorado, donde el ritmo está más estudiado.

Precisamente por eso se me ha hecho lento en algunas partes, me he atascado un poco en ocasiones. Otras fluía mucho más. Pero, en definitiva, leer a un grande es una delicia. Aunque eso sí, si nunca le habéis leído, comenzad por Crimen y castigo.

Un muerto no suele tener edad, ya sabe usted.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • Los hermanos Karamazov, Dostoievski.

Pros

  • El personaje del príncipe.

  • Sorprendente final.

Contras

  • Hay partes que se haces algo pesadas y repetitivas.

  • El análisis de los personajes no es tan profundo como en otras de sus obras.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (32)

Ha pasado ya mucho tiempo desde el último IMM. Sin embargo, y debido a que he sido una buena chica y me abstengo de comprar libros, os traigo el siguiente lote de libros que acaban de llegar a mi estantería:

IMM 32

¿Qué me quieres, amor?, Manuel Rivas. Adquisición gratuita debido al expurgo de una de las bibliotecas que frecuento (sí, qué pasa, frecuento más de una). Junto con el libro de Lobo Antunes me llamaron la atención lo suficiente como para llevármelos a casa. Es cierto que uno de los relatos que se incluyen en esta obra, La lengua de las mariposas, ya lo conozco. Supongo que muchos de vosotros también habréis visto en más de una ocasión la película homónima.

Del color de la leche, Nell Leyshon. Préstamo y descubrimiento de las manos de Pedro. Un libro del que sabía poco, que me acerqué con desconfianza… y no digo más. En breve la reseña.

La línea invisible del horizonte, Joaquín Berges. El último libro del escritor zaragozano. Gracias a Tusquets.

No entres tan deprisa…, António Lobo Antunes. Creo que fue en el Café Literario donde leí por primera vez el nombre de este autor. Lo vi en el montón del expurgo y se vino para casa.

Todo lo que hay, James Salter. Cómo son las cosas. Salter es uno de esos autores que he oído recomendar mil veces. Comentándolo con Pedro, fue él quien decidió comprar uno de sus títulos para probar. Después me lo prestó. Creo que voy a tener que pasarle mi lista de pendientes para ver si me va resolviendo la jugada.

Charles Dickens, Claire Tomalin. Ganado en el sorteo de Cargada de libros. La suerte me sonríe y pude hacerme con este título tan apetitoso de la que se considera la mejor biografía del británico. ¡Gracias Laura!

Esto es todo por el momento. Ojalá mantenga mi propósito de no adquirir más libros pero vistas las novedades de septiembre no puedo asegurar nada (un nuevo Marías, un nuevo Cărtărescu…).

Mientras tanto, disfrutad de vuestras lecturas, que ya huelen a otoño. ¿O son mis ganas?

Namaste.

Autor, Delisle, Literatura

Pyongyang, Guy Delisle

Tras leer Crónicas de Jerusalén, no pude evitar escoger otro de los cómics de Delisle en una de visitas a la biblioteca.

PyongyangOtro país, otra experiencia, Pyongyang mantiene los trazos sencillos y el limpio dibujo del resto de sus obras. Sin embargo, cambia tanto el país como el momento en el que lo visita.

Corea del Norte, el extraño país que vive sumido en una dictadura desde hace ya mucho tiempo, un lugar en el que hay que rendir pleitesía a un líder extraño y ajeno para cualquiera que no se haya criado en aquélla sociedad. Cómo no acercarse a curiosear la opinión del dibujante ante tamaño reto.

Quizá porque ya venía con la experiencia de Jerusalén, donde el autor puede reflejar tanto lo grande como lo pequeño, esperaba otra cosa. Aquí simplemente se queda en lo que le sucede a un ciudadano de a pie ante las distintas situaciones que se le plantean, esto es, una muestra anecdótica del día a día de un occidental en en el país. Esperaba que hubiera una reflexión, de cómo se llegó a dicha situación, algo de contexto histórico o visos de ponerse en el lugar de los norcoreanos. Sin embargo, nada de esto aparece. Lo único que he llegado a ver, muy a mi pesar, es una serie de tufillo generalista que no me gusta nada de nada. Una especie de prejuicio velado o de comentarios simplificadores que, en el mejor de los casos rozan el estereotipo y en el peor llegan al racismo más chabacano.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Es curioso saber cómo sería ir a uno de esos países que no pisaría jamás.

  • Se lee de corrido.

Contras

  • Extremadamente simplista.

Namaste.

Autor, Literatura, Van Rysselberghe

Hace cuarenta años, Maria van Rysselberghe

Hace-cuarenta-anos-marca-rojaErrata naturae es una de esas editoriales pequeñas que se caracteriza por no dejarnos indiferentes al traernos pequeños libros que narran grandes historias. Hace cuarenta años es uno de ellos. Una historia de amor imposible entre dos personas casadas, y el perfecto reflejo de una relación mostrada a través de un estilo puramente poético, donde se transmite cada unas de las miradas y de los sentimientos, de las dudas y las incertidumbres.

A pesar de que la información de los personajes es escasa, la autora consigue que empaticemos con los dos personajes protagonistas. Así, y con un fuerte olor al Mar del Norte en el que transcurre la historia, conocemos una relación que se adorna con multitud de frases de Flaubert, que destila una melancolía a priori impropia de una historia de amor pero que le aporta el complemento perfecto para cerrar una historia que resulta triste y bonita a la vez.

Tu imagen siempre llega como una ligera niebla.

 

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La poética forma de describir la historia. Las citas de Flaubert.

Contras

  • Os recomiendo que no leáis la sinopsis. Creo que cuenta demasiado.

Namaste.

Autor, Echenoz, Literatura

14, Jean Echenoz

El 28 de julio de 1914, hace hoy 100 años, comenzaba la Gran Guerra. El conflicto bélico que marcaría un antes y un después en la historia del siglo XX. Un evento, al que, pasados las décadas eclipsaría la Segunda Guerra Mundial, el bárbaro epílogo de un enfrentamiento que había comenzado mucho antes.

14-marca-aguaPrecisamente con ese objetivo, el de conocer y leer algo más de la Primera Guerra Mundial, me apunté al reto de Eva, como acicate para leer el inmenso tocho que es La caída de los gigantes, de Ken Follett. Sin embargo, quiso el destino que Pedro me prestara 14, de Jean Echenoz, así que decidí leerlo de inmediato.

14 es un relato muy breve de la Primera Guerra Mundial. No esperéis grandes párrafos y descripciones, porque más bien es una historia de pinceladas, de detalles y de silencios, en el que Echenoz narra poco del conflicto y mucho de sus consecuencias. Los diálogos desaparecen, pero por ello la historia no pierde empaque, más bien al contrario. Es uno de esos libros en los que más que ver, uno huele, y más que escuchar uno siente.

Para ello el autor escoge a cuatros amigos franceses. Cuatro jóvenes que marchan al frente en un conflicto que esperan no dure más de un mes. El entusiasmo por lo desconocido, la ilusión por convertirse en héroe dan paso a otros sentimientos más mundanos. Al mismo tiempo el autor narra la ausencia y soledad del que se queda atrás, el silencio errático de una ciudad que intenta continuar temiéndose lo peor.

14 es un relato esquelético hecho adrede. ¿Para qué apabullar con detalles? ¿Para qué describir la inmundicia, el dolor y la muerte? ¿Qué sentido tiene acumular adjetivos para describir una guerra? Para Echenoz, no merece la pena. Sería repetirse, ahondar en lo que ya sabemos. Sin embargo, lo que sí puede hacer es contarnos las consecuencias en las personas, en las sociedades, hablar del vacío y de la inercia, comprimir todas esas sensaciones en una historia de menos de cien páginas pero que cala como una de 500. Echenoz es un francés inteligente, uno de esos que sabe que el lector conoce mucho, quizá demasiado. Porque ha visto documentales y películas, ha leído libros y novelas gráficas. Sabe de la brutalidad en una guerra. Así que mejor escoger otra estrategia: la de la psicología y las sensaciones. El miedo del superviviente al desconocer si el familiar va a volver, su realidad al no encontrar qué comer. La inercia del soldado que aguanta lo que le echen, esperando a volver a casa lo antes posible. La duda del futuro y la incertidumbre del presente.

Si Patrick Modiano escribiera libros de guerra, le podría haber salido perfectamente este. Pero para eso ya está Jean Echenoz.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El efectivo estilo del autor: con unas pocas frases nos mete en situación.

Contras

  • Puede resultar demasiado superficial en el sentido que no profundiza en las tramas de la historia.

Namaste.