Regresé a Pla tras las buenas sensaciones que tuve leyendo El cuaderno gris, un libro que recuerdo con mucho cariño y con el que pasé grandes ratos. Lo hacía además motivada porque leer sobre Rusia me gusta, así que pensé que iba a ser todo un acierto.
Me equivocaba.
Viaje a Rusia es la crónica periodística del viaje que hizo el catalán a Rusia en los años 20. Se acerca al gigante eslavo desde la ignorancia del occidental, con ganas de conocer más las nuevas políticas que implantadas tras la Revolución.
Y es que en Occidente el interés por los cambios de vida del ruso de a pie aumentan y periódico La Publicitat decide encargar varios artículos a Pla, para que, sobre el terreno, relate su propia experiencia.
En 1925, cuando fui a Rusia, sabía de aquel país aproximadamente, lo que sabe todo el mundo: prácticamente nada.
Página 28
En los primeros capítulos Pla narra su periplo de maratonianas jornadas en diversos medios de transporte hasta llegar a su destino, detallando el estado y la situación de lo que se va encontrando en el camino. Además, aprovecha para describir sus primeros contactos con los habitantes del lugar.
El resto de los capítulos abandona esa narración personal para acometer descripciones sobre los cambios por temáticas, incluyendo cada vez menos experiencia y más la visión oficial que quería mandar al mundo la URSS.
Esperaba que todo el libro fuera como esa primera parte del libro: narrando su viaje, lo que ve, lo que ha conocido y las cosas que le han contando, esto es, una crónica. Sin embargo, el tono posterior del libro no tiene nada que ver.
Y aquí está el problema: todos estos capítulos son, en la mayoría de los casos, reproducción de la propaganda de la época, ya que el mismo Pla reconoce que muchas de las cosas de las que habla no ha podido comprobarlas in situ. Estos capítulos dejan muchos fragmentos no particularmente halagüeños para con el autor:
Han llegado a establecer las cosas de un modo que la selección se haga, ciertamente, de una manera dictatorial, pero en sentido favorable al país.
Página 85
Cierto es que de cuándo en cuándo hay capítulos que son interesantes al narrar lo que ve, pero las conclusiones a las que llega son, cuanto menos, cuestionables. La sensación de que le han encargado una crónica que ha de incluir un contenido en concreto es clara durante toda la lectura. El que paga decide qué ha de escribirse y qué omitirse.
En definitiva, para mí una decepción enorme, que habría sido una alegría de haber continuado todo el libro como el primer capítulo.
Llego a Trilogía de Copenhague un poco por recomendaciones de varios lectores, pero sin saber con exactitud qué me voy a encontrar, a finales del año pasado lo compré y decidí leerlo este año.
Este libro incluye es autobiografía más o menos ficcionada de la autora, Tove Ditlevsen, con tres partes bien diferenciadas.
El inicio, como es de esperar, comienza con la infancia, donde nos narra su pasado familiar y los sentimientos de niña incomprendida que le acompañan desde pequeña. Su afán por escribir, por tener amigos y huir de la pobreza de su casa son tempranos y constantes:
Oscura es la infancia, siempre gañendo con un animalillo (…). Casi todos los adultos dicen haber tenido una infancia feliz y puede que hasta lo crean, quien no lo cree soy yo. Yo lo que creo es que han logrado olvidarla.
Página 38
Narrada cronológicamente y con el uso de narrador en primera persona, la infancia de la autora viene marcada por la pobreza en el extrarradio de la capital danesa, en las primeras décadas del siglo XX. La inestabilidad económica junto con el auge del partido nazi forman parte del ambiente en el que ella comienza a desarrollarse, en una casa fría de un barrio obrero de la capital. Allí reside con sus padres y su hermano:
Todo el mundo se encariña con mi hermano y yo muchas veces pienso que a él su infancia le cae mucho mejor que a mí la mía. Tiene una infancia hecha a medida que va ensanchando con armonía a la par que él crece, mientras que la mía la cosieron para otra niña a la que seguro que le habría sentado la mar de bien. Cuando pienso así, mi careta se vuelve aún más estúpida, porque no puedo hablar de estas cosas con nadie y siempre sueño con conocer a alguien extraordinario que me escuche y me comprenda. En los libros he leído que hay personas así, pero no existe ninguna en la calle de la infancia.
Página 40
La segunda parte, de título Juventud, comprende la etapa de vida de adolescente que busca un trabajo con el que ser independiente mientras que persigue que le publiquen alguna de sus obras en una editorial. Más aburrida quizá, la temática es más monótona y apenas hay cambios en los personajes que ya conocemos. Eso, sumado con que es la parte más larga consigue ralentizar la narración. Lo cierto es que me encallé lo suficiente como para colar otra lectura entre medias, menos mal que continué.
No sé muy bien cómo, consigo salir por la puerta con todas mis esperanzas rotas. Despacio, paralizada, echo a andar hacia casa a través de la primavera de la ciudad, la primavera de los demás, la gozosa metamorfosis de los demás, la dicha de los demás. Jamás seré famosa, mis poemas no valen nada. Me casaré con un obrero cualificado con trabajo estable que no le dé a la botella o tendré un empleo fijo con derecho a pensión. Después de esta mortífera desilusión, tardo mucho en regresar a mi cuaderno de poesía. Aunque a nadie le gusten mis poemas, no me queda más remedio que escribirlos, porque mitiga la pena y la añoranza que encierra mi corazón.
Página 106
Por último, la tercera parte, Dependencia, describe el momento en el que se convierte en madre y su situación de entonces: desde el éxito profesional gracias a sus libros hasta los problemas personales por los que pasa: un primer matrimonio fallido que lleva a un segundo matrimonio que acaba abruptamente para acabar con un tercer matrimonio que le lleva de cabeza a la adicción y a la sumisión ante un hombre que sabe cómo conseguir lo que quiere.
Todos hemos fracasado en algún plano de la vida y tengo la sensación de que nuestra juventud ha acabado junto con la ocupación.
Página 348
Me ha sorprendido mucho el tono y el cambio de tema entre la segunda y la tercera parte, esperaba algo muy diferente a lo que nos narra aquí, que es oscuro, cruel, solitario, desesperado. Gana en complejidad y reflexiones, ahonda en los problemas psicológicos de Ditlevsen y en la relación tóxica con su marido.
De forma directa y sin subterfugios, expone el sentimiento de abandono y la adicción a la que se somete tras encontrar una sustancia que le lleva a un estado de irrealidad. Recuerda esta parte a Lucia Berlin, al tono descarnado de quien considera que no le queda nada en la vida. Sólo narrarlo.
Me quedo con la duda saber cuánto de todo esto es cierto, pero si recuerdo que Tove Ditlevsen se suicidó en 1976 ya pienso que mucho de lo aquí expuesto no es sino verdad, aunque habría que acudir a una biografía de la danesa para cerciorarse.
En resumen, Trilogía de Copenhague es una mezcla de Elena Ferrante, Lucia Berlin y Sylvia Plath. Recuerdos de un barrio pobre en la infancia, las ansias por salir adelante y escribir y la desazón al comprender los subterfugios más claros de la personalidad junto con una sociedad que siempre, siempre, espera otra cosa de nosotros.
Muy, muy recomendable. Mi consejo: alternar las partes con otras lecturas.
Regreso a este autor después de haberle seguido los pasos atentamente. Primero fue Kanada (Sexto Piso, 2017), luego Los que duermen (Sexto Piso, 2019) y más tarde Ni siquiera los muertos (Sexto Piso, 2020). Tenía muchas ganas de leer Lo demás es aire (Seix Barral, 2022) y por eso lo compré en cuanto apareció por la librería y hasta podría decir que avasallé al autor para que firmara mi ejemplar.
En esta ocasión la reseña va a resultar mucho más sencilla que las anteriores. Porque esta historia no es otra que la historia del pueblo de Toñanes. De los vivos y de los muertos, de los que vivieron hace tres siglos y los que eran jóvenes en los 70, de los primeros habitantes del pueblo y del chico de los dinosaurios. De todas aquellas vidas de los vecinos que han hecho llegar al mundo de ahora. Un repaso por épocas, por momentos, por historias y situaciones diversas pero en la que todos comparten más cosas de las que creen.
Así de insignificante es Toñanes: ni siquiera un impacto frontal a 110 kilómetros por hora puede detener a los que lo atraviesan.
Página 15
El autor se encarga de meternos a la vez en todas las historias organizando la estructura de un modo original: por un lado, aprovechando los márgenes para añadir el año de la anécdota que nos está contando. Por otro, utilizando un tipo de capítulos especiales a modo de distribuidores del texto. En estos escoge un tema común (el sol, una preocupación, un olor), para conectar a los personajes y mostrarnos que, en el siglo XVI o en el XXI, el modo ha cambiado, pero la base, lo más pequeño, la raíz, no.
Y es que estamos ante una novela cuántica, en la que todo ocurre a la vez, en la que una vista a un acantilado conecta con aquél que se ahogó cien años atrás, donde una moneda encontrada en el campo nos retrotrae con aquél que la perdió varios siglos antes: nuestra alegría es su tristeza, nuestra caja de tesoros aumenta mientras que esa persona ha de enfrentarse a lo imprevisto.
Los personajes son introducidos a modo de lista siguiendo los libros de nacimientos y muertes que se pueden encontrar en cualquier parroquia. A raíz de sus nombres Gómez Bárcena novela su vida e imagina el carácter de aquéllos vecinos, suponiendo cómo debían ser al ir tomando determinadas decisiones, qué les motivaba y cómo se llevaban con la comunidad.
Con ese modo de exponerlos también consigue señalar la vorágine de las cosas: nombres que repiten, apellidos familiares, un hilo de parientes; pero también la pequeñez de las personas, lo efímero de nuestro paso por el planeta donde lo único que dejamos será un nombre y, quizá, legajos reclamando un pedazo de terreno.
El único personaje que sobresale de entre todos es el niño de los dinosaurios. ¿Adivináis su nombre? Efectivamente: Juan. Al igual que el protagonista de Ni siquiera los muertos, este Juan también busca a un Juan. O quizá a muchos Juanes, los antepasados que llegaron antes de él y que habitaron Toñanes, dando forma a un árbol genealógico que sitúa y quizá justifica todo el armazón del pueblo.
Algunas noches, ese niño que ya no es tan niño se lleva a la cama su tesoro. Antes de quedarse dormido acaricia el hendedor, la moneda, el añico de cerámica. Acaricia al ciervo herido, el bolsillo vacío de Pedro, el rostro de Catalina (…). El niño de los dinosaurios se duerme quizá pensando en eso: en el tacto de los vivos y en el tacto de los muertos.
Página 213
Esta novela no sólo es un gran ejercicio de arquitectura textual y de organización y concatenación de las historias que lo contienen. Es también un gran trabajo de documentación para recoger giros del lenguaje, la descripción de tareas pasadas y el día a día de los vecinos del pueblo de Toñanes.
Eso no es sorprendente porque si de algo puede presumir el autor es el trabajo enorme que se palpa en cada uno de sus libros. Lo que sí que no esperaba era la conexión personal, el punto sentimental que muy poco a poco va aflorando a medida que vas leyendo. Lo demás es aire es también un canto a los pueblos: Toñanes como representación de nuestros pueblos. Huyendo de la exageración y caricatura de los extremos, describe de forma auténtica lo que siente hacia su pueblo, algo mucho más complejo para alguien que lleva toda la vida conectado a un lugar.
¿Miedo de qué? Miedo de que la madrileña vea el pueblo (…) y no sea capaz de entender que es, de alguna manera, parte de sí mismo.
Página 466
Lo demás es aire viene a contradecir lo que yo creía que era Gómez Bárcena en las anteriores reseñas: aquí no es un suicida, ni un pirado. Es un tipo terrenal que el tema que quiere tratar lo trabaja, lo modela. Y aunque parta de una historia normal, sencilla, es capaz de innovar, de cambiar, de aportar a la historia. Anotaos su nombre porque este autor nos va a dar grandes alegrías.
Además, si no lo habéis leído nunca, creo que Lo demás es aire resulta un gran libro para empezar a conocerle. Directo para la lista de lo mejor de 2022.
Instagram me hizo comprar este libro, y creo que de otro modo no habría llegado a conocerlo.
Sobre la muerte de un perro, Jean Grenier (Periférica, 2022) es un tratado que escribió el filósofo y escritor francés, que fue publicado tras la muerte de su querido perro en 1957.
Se trata de un compendio de reflexiones, recuerdos y pensamientos ante la aceptación de que ese compañero ya no está a su lado, que lo va a echar de menos y con quien ha dado por hecho una rutina compuesta de muchos pequeños detalles diarios que ahora tiene que desechar.
Que Grenier era un ferviente amante de los animales parece quedar claro cuando le dedicó un libro a su gato, Las islas, en 1933. Sabiendo que además era filósofo parece normal que se haya detenido a poner sobre papel los pensamientos que cualquier hijo de vecino tiene de vez en cuando sobre su perro: ¿qué pensará? ¿Es feliz? ¿Cómo se sentirá cuando me mira con esos ojos? ¿Cómo trasmitirle lo importante que es en mi vida?
Creemos vivir cuando en realidad lo único que hacemos es sobrevivir.
Página 95
Si lleváis tiempo conmigo sabéis que aquí soy muy de animales. Por aquí han pasado varios gatos: Europa, Portugal, Jano. También Pelusa, mi compañera perruna. Los que habéis compartido tiempo con ellos lo sabéis: forman parte de nuestra familia desde el minuto uno. Son cuidados, queridos y echados en falta cuando no están.
Si, viviendo el presente y el día a día como él, me hubiera dejado llevar por el momento, acaso me habría ahorrado todas las penas que conlleva la inútil consideración del porvenir. Habría aguardado con serenidad el suplicio porque no me lo habría esperado. No habría necesitado mentiras en esta vida ni consuelos en la otra.
Página 102
Sea este, como el trato de Grenier, un breve homenaje a los peludos que nos acompañan y nos alegran los días.
Y si tenéis uno a mano, le dais un achuchón de mi parte.
Empecé a leer esta novela en 2018. No creáis que tengo tanta memoria como para recordarlo con exactitud, por suerte alguna ventaja tiene que tener usar GoodReads, donde se almacena toda esta información.
Lo abandoné un tiempo después, encallada allá por la página 80, pero sabiendo que antes o después volvería a esta historia.
4 años más tarde decidí que era el momento de demostrarme a mí misma que en 2018 no tenía razón y que entonces aquella pobre lectora no sabía apreciar un buen libro. Pues fijaos que 4 años después aún no tengo clara esa afirmación.
Digo solo en parte, porque quién me iba a decir que también esta vez me atascaría en la primera mitad del libro. Y a pesar de que he utilizado la vieja estrategia de llevar siempre el libro conmigo para tratar de leer en cualquier ocasión que se presentara, la realidad es que durante varios meses no leí ni una sola línea.
El corazón es un cazador solitario es una novela de soledades, de personajes que se encuentran acá y allá, que llevan un peso de tristeza, desconfianza o incomprensión. El primero y principal es Singer, un mudo que sí puede escuchar pero que sólo puede mantener conversaciones con su amigo griego. A su alrededor varios personajes muy diferentes entre sí se conectarán: una niña que descubre la pasión por la música, un médico negro que trata de atender a la mayor cantidad de pacientes posibles, el posadero de un bar que ve pasar a todos ellos…
Una música maravillosa como aquélla podía representar la peor herida que se pudiera parecer. Aquélla sinfonía era el mundo entero, y ella era demasiado pequeña para escucharla.
Página 136
Situada en los años 40 en el estado sureño de Georgia, la pobreza, el racismo y la opresión son claves para entender la soledad que mencionaba más arriba, porque todos los personajes son invisibles para una sociedad que no los tiene en cuenta: una niña, un negro, un pobre, un mudo. Personajes que están al margen de las decisiones, de la influencia o el poder.
Cada uno lleva escrita en sus venas su propia lucha: la de su raza, su género o su situación social, la de tantos otros que pasaron por lo mismo que han tenido que sufrir ellos: las injusticias, el abuso del poder, la de aceptar que eso es normal en el mundo que viven, sabiendo que no les queda otra más que apretar los dientes, callar y continuar.
La sensación que tuve cuando la traté de leer es la misma que ahora que ya lo he terminado: es un buen libro, con personajes complejos y bien formados, con interesantes temas que dan para reflexionar y comentar, con geniales descripciones de las personas y los ambientes. Pero me falta algo: una chispa, un cambio de rumbo, una conexión mayor con la trama y con ellos. Mi sensación es la misma que tienes cuando ves a los peces en la pecera: que sí, que muy bonitos, pero que sus colores, su tristeza, su situación no ha atravesado el cristal.
No sé si es porque mis expectativas son altas o porque inconscientemente estoy pensando en Steinbeck o Faulkner pero por desgracia tengo que admitir que este es un buen libro pero no es para mí.
Contadme si lo habéis leído, me interesa conocer cuál es vuestra opinión.
Fue el año pasado cuando leí Bonsái, y aunque La vida secreta de los árboles y Poeta chileno también están en mis estantes, opté primero por leer este título, un libro de recopilación de columnas y artículos del autor que fueron publicados en periódicos y revistas literarias.
Encabeza cada texto un título que adelanta la temática del artículo. En ocasiones la referencia es directa: el nombre de un autor o una palabra que forma parte de un título conocido. En otras, partes de anécdotas o asociaciones de ideas que conectan lecturas entre sí.
Zambra escribe como lector, como aficionado, pero también analiza como escritor, como crítico. Estas visiones se van entremezclando según el artículo, lo cual enriquece la lectura del libro.
Aunque el título escogido podría parecer un antialegato sobre la lectura, el propósito de Zambra es precisamente el contrario, ya que al incluir una enorme variedad de títulos y autores no nos queda más remedio que tomar lápiz y papel y anotar.
En los primeros artículos podemos encontrar reflexiones sobre la literatura universal, comentarios analíticos sobre literatura comparada, entre autores y tendencias.
También escribe sobre el encuentro con la lectura y su impacto e importancia en la vida del lector, algo que lo hace desde el recuerdo, donde capta a la perfección la ilusión del lector, su recuerdo al rescatar esas sensaciones que nos han acompañado, los momentos especiales que hemos compartido con los libros, el nerviosismo del recién iniciado:
En el tiempo de las lecturas voraces, leíamos con prisa, confiando en la velocidad, como si quisiéramos recuperar un tiempo que no habíamos tenido.
Página 56
Zambra aquí abandona el perfil del escritor, del analista, de profesional; para hacernos partícipes de eso que sabe que compartimos: el amor a la literatura.
Andaba pésimamente vestido pero felizmente arropado con la mejor literatura.
Página 84
Más adelante el autor se mete de lleno en la literatura chilena, consiguiendo repasar históricamente las figuras más relevantes de su país: Nicanor Parra, Gabriela Mistral, José Donoso, Roberto Bolaño, por decir cuatro conocidos, pero también otros totalmente desconocidos para mí, como Diego Zúñiga o Jorge Barón Biza (cuya historia me persigue desde entonces).
Si buscáis ahondar en la literatura chilena, esta es una opción genial.
Este tipo de lecturas siempre, siempre, nos ponen deberes. Se mencionan autores nuevos, otros consagrados que aún tenemos por leer, títulos desconocidos y otros tan comunes que sigues pensando en cómo no lo has leído antes. Cito a Zambra que él lo explica mejor que yo:
El descubrimiento de un gran escritor de alguna manera modifica todo lo que sabíamos o creíamos saber, sus libros estaban, desde siempre, a la espera, y nos sentimos un poco tontos de llegar tan tarde a la cita.
Página 262
Además, el hecho de que todos los artículos sean cortos, de entre 3 y 5 páginas, ayuda a simultanear con otro tipo de lecturas con mayor hilo conductor.
Cada día más aficionada a este tipo de lecturas, ¿qué mejor que un buen lector nos cuente sobre sus lecturas?
Regreso a Ravelo después de leer La otra vida de Ned Blackbird, una historia bastante diferente de esta novela que os traigo hoy.
Los nombres prestados tiene como protagonista a Marta Ferrer, una pelirroja que se traslada a un pequeño pueblo alejado de las grandes ciudades con, supongamos, su hijo. A ese mismo lugar regresa un jubilado que junto con su perro parece buscar la tranquilidad después de años de trabajo duro.
La realidad es otra, y es que ambos personajes tienen algo en común: un pasado con otros nombres, intereses y compañías que quieren tratar de mantener oculto. El problema llega cuando esa otra vida regresa para demostrar que las consecuencias de los actos, siempre, vienen a reclamar lo que es suyo.
Con capítulos cortos y un ritmo que nos deja sin respiración, Ravelo nos mete en una historia de silencios y omisiones donde uno de los principales elementos en los que recae la acción es la distribución de la información.
Situada en un pueblo perdido en los años 80, el inicio de la novela está lleno de rutinas y cotidianidades propias de la nueva vida de los protagonistas. Poco a poco se van incluyendo detalles e información de su pasado como contraposición, hasta desvelar quién es quién es esta historia y por qué esos nombres son prestados.
Apoyado en personajes que nos generan ternura y empatía, Roco y Abel tienen tanto peso que hasta uno de ellos aparece en la portada. Sin embargo, son otros los generan la acción, los elementos activos que deciden y los que saben de muchas, muchas cosas.
Pagué con todo lo que me importaba en la vida. Pero dio igual. Da igual con qué pagues. Tú lo sabes: nada paga la sangre.
Página 288
La segunda mitad resuelve el misterio planteando conectándolo con la realidad política de la España de la época, y también con otros dos temas principales: el perdón y la redención.
Quizá no esperaba este tipo de historia, porque al ser tan diferente de La otra vida de Ned Blackbird se me ha quedado algo coja, o quizá ha sido que la historia es demasiado lineal y eso ha provocado que haya perdido parte del interés.
Leo por Internet que a varias personas les ha recordado a Patria de Aramburu, por la vida ordinaria pero la inclusión de un pasado delictivo. La verdad que aunque inicialmente descarté esta idea, llevo unos días pensando que tienen bastante en común, aunque por suerte Ravelo no se anda por las ramas y evita páginas de relleno.
Ya sabéis; los libros, siempre en conversación constante los unos con los otros.
Las expectativas son altas. Cuando conoces la forma de narrar de un autor que te gusta, que te sorprende y te lleva donde quiere, volver a su obra es siempre una invitación a sentirse cómodo, en casa.
La mejor voluntad (Sexto Piso, 2022) narra la vida de los Miller, una familia atípica que vive alejada de los pueblos de alrededor. Para que nos hagamos a la idea: en pleno siglo XX viven sin electricidad, sin teléfono, televisor ni coche.
Su apacible vida se tuerce cuando la profesora del colegio informa de una situación desagradable en la que está involucrado su hijo Thomas. A partir de este momento su rutina habitual se altera, los ánimos se trasforman y su previsible actividad diaria comienza a cambiar.
De nuevo, el lugar de la acción es un lugar alejado de la sociedad. De nuevo, los protagonistas son los miembros de una familia, en esta ocasión, una pequeña: dos padres y un hijo. De nuevo, parte del tema principal son las relaciones de la familia con la sociedad y también esos miedos o idiosincrasias propios de cada grupo de parentesco: los roles, las costumbres, la vida común a la que están habituados.
Son momentos insólitos y delicados, momentos en los que el carácter indagador, inquisitivo de su vida interior pide algo de mí que no comprendo y que no puedo dar.
Página 112
Como contraposición está la sociedad: aquella de la que se alejan pero con la que tienen que convivir necesariamente, de la que les gustaría huir pero con la que tienen que saber entenderse.
En la obra de Smiley encontramos siempre los dos elementos anteriores más alguna situación dentro de la familia: un divorcio, una muerte, una discusión, un secreto. Algo que les fragmenta y separa, una grieta por la que entrará la duda, la diferencia, que les hace desconfiar y que siembra la duda en su relación.
Sin embargo, en mi caso y al ser el cuarto libro que he leído de la autora en comparación con los anteriores me ha sabido a poco. La sensación que tengo es que le falta algo a la trama o que en otras de sus historias ha podido desarrollar más el tema, añadir más complicaciones o hacernos más partícipes de la historia, y que en esta ocasión no acaba de brillar como en otras de sus novelas.
Además, analizándolo creo que tengo una confrontación directa con las novelas que prometen que hay un secreto, un problema, una gran polémica para luego desarrollar una historia leve, cotidiana, menor.
La mejor voluntad es una novela perfecta si tenéis poco tiempo para leer, o si estáis pasando una crisis lectora en la que os vendría bien un libro corto fácil de encarar. Eso sí, no creo que sea la mejor novela con la que empezar a conocer a la autora.
Decía por redes sociales (si no me seguís me podéis encontrar tanto en Twitter como en Instagram bajo el usuario @hierbaroja), que esta novela me ganó por la portada.
No es nada nuevo que Impedimenta cuida mucho cada detalle y que cada una de sus portadas son muy especiales, pero es que aún teniendo el listón muy alto, creo que con esta se han superado. Así que no sabía nada de Sinsonte (2022), sólo que lo compraría.
Lo que no imaginaba era lo que me iba a encontrar más allá de la primera página.
Sinsonte nos plantea una historia de ciencia-ficción o de distopía, según lo queramos ver. Estamos en la Tierra, en algún punto temporal lejano a cualquier referencia reconocible, donde los robots son los jefes y señores y la cantidad de humanos es cada vez más exigua. La sociedad está organizada según los niveles de categoría de los robots y el suministro de drogas diario es parte de la rutina de los pocos humanos que quedan aún con una vida que les es complicado sobrellevar.
En este escenario surgen varios protagonistas: el primero, Paul Bentley, un trabajador que se descubre aprendiendo a hacer algo que se pensaba olvidado siglos atrás: leer. El segundo, el robot de nivel 7 Spofforth, que decide encargarle que lea esos titulitos que aparecen en unas películas en blanco y negro…
A veces las películas son fascinantes (…). Todo es extraño, no solo la manera de moverse y actuar de los personajes. También está – ¿cómo puedo decirlo?- tu implicación con ellos, la impresión de que las grandes olas que son tus sentimientos podrían inundarlos.
Página 34
Y la tercera, quien desequilibra la balanza en favor de los humanos, es Mary Lou, figura fundamental para aportar luz con sus recuerdos y también a espolear a Paul con su curiosidad y sus preguntas para que siga leyendo.
Se titula «Diccionario». Y contiene un bosque de palabras.
Página 37
Sinsonte es la historia de los tres, donde cada uno de ellos tiene un propósito y una meta. Así, el viaje de Bentley pasa por las habituales fases del héroe: salir de su rutina diaria para enfrentarse a diversas pruebas que se le plantean en el camino, aprendiendo de las situaciones y terminando el viaje transformado.
Lo hace Tevis con una estructura cronológica que alterna capítulos de cada personaje. Aprovecha para mantener su distancia con cada uno de ellos recurriendo a un narrador diferente: mientras que Bentley es presentado mediante las páginas de su diario, el narrador del robot será siempre en tercera persona y Mary Lou lo hace en primera. Para los tres la referencia común es el pájaro que da título a la novela:
Solo el sinsonte canta en la linde del bosque.
Página 34
Tevis nos engancha por la trama pero también por la cantidad de temas que despliega, que nos hace reflexionar en todo aquello que nos hace humanos y seres racionales: ¿el devenir de los humanos quedará lastrado por una tecnología que no sabremos controlar? ¿Nos dejaremos llevar por aquello que nos haga sentir mejor y que nos acabe afectando como especie? ¿Olvidaremos todo lo creado por dejar de pensar? ¿Llegaremos a un momento en el que no queramos leer? Y además, el juego de conectar con el lector por medio de la literatura: compartir como el protagonista la ilusión y el momento mágico de la lectura, reconocerse en él cuando quiere leer todo lo que encuentra… sensaciones que todos hemos compartido en alguna ocasión.
Me siento libre y fuerte. Si no fuera lector no podría sentirme así. Al margen de lo que vaya a ser de mí, doy gracias a Dios por poder leer, por haber entrado en contacto con la mente de otras personas.
Página 305
Sinsonte es un libro que me ha traído de cabeza desde que lo empecé y que me ha generado algo que no suelo sentir últimamente: querer terminar aquello que estoy haciendo para seguir leyendo, acordarme de la lectura cuando estoy trabajando o sacar tiempo de donde fuera para continuar leyéndola. Pensar por dónde seguirá, qué sucederá, cómo terminará la historia… esa ilusión, esas infantiles por seguir leyendo y el entusiasmo de querer hablar a todo el mundo de esta historia.
He leído que algunos lectores comentan que hay una parte que sobra hacia la segunda mitad del libro; de hecho es la parte más lenta dentro de esta trepidante historia. La verdad que a mí me parece que es la excusa perfecta que tiene Tevis para introducir el tema de la religión dentro de la novela.
Mencionan en la contra a los grandes títulos del género. Si bien en un primer momento me pareció exagerado, creo que tanto la temática como la forma de tratarlo no hacen tan exagerada la comparación. Si pensamos en Un mundo feliz de Huxley o Fahrenheit 451, de Bradbury tiene muchas referencias y puntos en común, y al final se nota que Sinsonte bebe de los grandes del género que tiene como inevitables referentes para continuar la estela de la ciencia-ficción reflexiva.
A fin de cuentas, ¿qué es una buena distopía sino un libro filosófico en el que detenerse a preguntarse qué nos hace lo que somos?
Sin ánimo de extenderme más: Sinsonte es un libro que me ha gustado mucho, me ha llegado verdaderamente al punto de inflexión que tengo como lectora y me ha dejado reflexionando, pensando, elucubrando qué podía pasar y qué ocurrirá en unos cuantos siglos o milenios.
Os animo a compradlo y leerlo y ya me diréis si opináis lo mismo que yo o si no os parece para tanto.
Como ya os comenté en la entrada de Olvida mi nombre, descubrí a Zerocalcare a raíz de la serie de Netflix, Cortar por la línea de puntos.
En su día compré primero Olvida mi nombre porque este título era imposible de encontrar. Hasta que Reservoir Dogs ha decidido reimprimirlo a principios de 2022.
La profecía del armadillo presenta al eterno acompañante de Zero, el armadillo que representa a su conciencia, clave para comprender y decodificar la vida del dibujante italiano.
En qué consiste dicha profecía nos lo explica el propio autor en esta viñeta:
Este título es, precisamente, en el que se basa la serie de televisión. Como nos tiene acostumbrados, Zero, con su particular sentido del humor y su visión algo negativa de la realidad, como buen millenial que es, combina un humor socarrón de la realidad pesimista que le ha tocado vivir con otros temas de mayor alcance, alternando de uno a otro para no caer ni en la dramatización ni en la falta de sensibilidad.
Su compañero, el esperpéntico armadillo, no es sino su conciencia que si bien en ocasiones pensamos que está ahí para ayudarle, en otras ocasiones nos sorprende con su visión de la vida, que cae muchas veces en la inmovilidad. Aquello de decía Homer: para qué intentarlo si vas a fracasar.
En este caso Zero huye de la viñetas en blanco y negro para centrarse en el color, estableciendo siempre como punto de partida su barrio romano de la periferia.
Me da la sensación de que me ha podido mi propia ansia al leer 2 de sus cómics tan seguido y que ha perdido la magia y el entusiasmo que me embriagó cuando terminé de ver la serie. Será normal, no digo que no.
En cualquier caso, me ha alegrado regresar al mundo del cómic, que tenía abandonado desde hace 3 o 4 años, ¿me recomendáis algún título para volver a retomar esta sana costumbre?