Autor, Literatura, Pla

Viaje a Rusia, Josep Pla

Regresé a Pla tras las buenas sensaciones que tuve leyendo El cuaderno gris, un libro que recuerdo con mucho cariño y con el que pasé grandes ratos. Lo hacía además motivada porque leer sobre Rusia me gusta, así que pensé que iba a ser todo un acierto.

Me equivocaba.

Viaje a Rusia es la crónica periodística del viaje que hizo el catalán a Rusia en los años 20. Se acerca al gigante eslavo desde la ignorancia del occidental, con ganas de conocer más las nuevas políticas que implantadas tras la Revolución.

Y es que en Occidente el interés por los cambios de vida del ruso de a pie aumentan y periódico La Publicitat decide encargar varios artículos a Pla, para que, sobre el terreno, relate su propia experiencia.

En 1925, cuando fui a Rusia, sabía de aquel país aproximadamente, lo que sabe todo el mundo: prácticamente nada.

Página 28

En los primeros capítulos Pla narra su periplo de maratonianas jornadas en diversos medios de transporte hasta llegar a su destino, detallando el estado y la situación de lo que se va encontrando en el camino. Además, aprovecha para describir sus primeros contactos con los habitantes del lugar.

El resto de los capítulos abandona esa narración personal para acometer descripciones sobre los cambios por temáticas, incluyendo cada vez menos experiencia y más la visión oficial que quería mandar al mundo la URSS.

Esperaba que todo el libro fuera como esa primera parte del libro: narrando su viaje, lo que ve, lo que ha conocido y las cosas que le han contando, esto es, una crónica. Sin embargo, el tono posterior del libro no tiene nada que ver.

Y aquí está el problema: todos estos capítulos son, en la mayoría de los casos, reproducción de la propaganda de la época, ya que el mismo Pla reconoce que muchas de las cosas de las que habla no ha podido comprobarlas in situ. Estos capítulos dejan muchos fragmentos no particularmente halagüeños para con el autor:

Han llegado a establecer las cosas de un modo que la selección se haga, ciertamente, de una manera dictatorial, pero en sentido favorable al país.

Página 85

Cierto es que de cuándo en cuándo hay capítulos que son interesantes al narrar lo que ve, pero las conclusiones a las que llega son, cuanto menos, cuestionables. La sensación de que le han encargado una crónica que ha de incluir un contenido en concreto es clara durante toda la lectura. El que paga decide qué ha de escribirse y qué omitirse.

En definitiva, para mí una decepción enorme, que habría sido una alegría de haber continuado todo el libro como el primer capítulo.

Lástima no fue así.

Namaste.

Literatura

¡Indignaos! Stéphane Hessel.

He estado dudando muy mucho en publicar esta reseña, porque, entre otras cosas, no quiero que se me malinterprete. Por otra parte, hay tantos halagos que he llegado a creer que soy la única que discrepa (entre otras, las reseñas de Antonio, Icíar, Ismael).  Peeero como me gusta llevar la contraria, he decidido que no voy a dejar la entrada en el tintero. 🙂

 

Una de las primeras cosas que me llamaron la atención es el precio. ¿Por qué si en Francia cuesta 3 euros aquí lo venden a 5? ¿Es que tenemos mayor capacidad adquisitiva? ¿Que esos dos euros de diferencia se los queda el prologuista, que se limita a resumir lo que dice Hessel? ¿O es que el editor ha considerado que los pagaremos porque deberíamos estar más indignados que los franceses? Pues menos mal que el resto de los editores no hacen lo mismo, porque calculando lo que hubiera costado El Pasaje, de 1088 páginas, salen una módica cantidad que ronda los 90 euros…

 

¡Indignaos!, de Stéphane Hessel.
¡Indignaos!, de Stéphane Hessel.

Pero yendo al contenido del librito en sí, me sorprende la cantidad de veces que se lee “¡INDIGNAOS!” Así, en mayúsculas y con exclamaciones. Me vale como arenga, pero habrá que llenarlo de contenido, digo yo. No, no me refiero a los motivos por los que me tengo que indignar, que eso ya los sabemos todos (paro, corrupción, Ley Sinde, SGAE y un largo etcétera), sino qué hacer al respecto. ¿Fundo una asociación, un partido político? ¿Me hago hippie para salirme del sistema? ¿O mejor ermitaña? Porque si lo habéis leído convendréis conmigo en que Hessel se limita a contar su experiencia con los nazis, algo que hoy en día es remoto e inoperante.

 

Y es que, si leemos atentamente lo que nos dice este señor, no resuelve ninguna de las preguntas que he planteado arriba (que era lo que yo esperaba que hiciera). Simplemente llama a que estemos atentos, a que no nos creamos todo lo que nos dicen, que filtremos la información y que tengamos en cuenta de dónde venimos para comprender lo que sucede.

 

¿Tan mal estamos que nos tienen que decir algo tan evidente? ¿Acaso existen personas que se creen todo lo que dice la televisión a pies juntillas? Pues entonces tenemos un problema, porque es algo que se presupone, ¿no? ¿O acaso necesitamos un librejo en el que se diga que “no hay que cruzar el semáforo en rojo”? En fin.

 

Así que sí, Hessel ha conseguido que me indigne, pero con él. Porque lo siento, ya sé lo que son los Derechos Humanos, la ONU y toda la historia que nos cuenta él en esas 60 páginas. A fin de cuentas lo que tiene este panfleto es un magnífico departamento de marketing, que ha sabido aprovechar la situación que nos envuelve y el descontento de la sociedad para vender un libro, que, desde a mi entender no cuenta nada nuevo.

 

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Manifiesto de economistas aterrados.
Pros
  • Que es tan corto que se lee en poco tiempo.
Contras
  • La ausencia de propuestas por parte del autor.
  • El abusivo precio.

 

Namaste.

 

P.D. En breve, los ganadores del sorteo.