Autor, Buero Vallejo, Literatura

Historia de una escalera, Antonio Buero Vallejo

Si lleváis tiempo por aquí ya me habréis leído alguna vez decir que me gusta intercalar clásicos entre mis lecturas, con el objeto de conocer algo más los cimientos de la literatura actual. Son muchas las lagunas que tengo en distintos ámbitos, pero para eso está la lista de pendientes y los propósitos lectores, para acercarse a leer a los eternos pendientes.

Historia-de-una-escaleraÉste que os traigo hoy es uno ellos, un clásico de teatro de la época de los cincuenta que comentó una compañera de clase en una conversación, como de pasada.

(INCISO: en mi día a día anoto los libros que me comentan. Hace unos años no hacía filtro y cualquier libro que no hubiera leído de cualquier persona con la que tuviera contacto quedaba anotado automáticamente en mi libreta de libros pendientes. Cuando me di cuenta del error fatal que cometía comencé a ser selectiva, pero aún ahí quedan apuntados libros extraños que no sé si acabaré leyendo algún día).

Historia de una escalera es un drama en tres actos que tiene como protagonistas a los habitantes de una finca de una ciudad cualquiera en un tiempo gris, la década de los cincuenta en España.

La cita bíblica que figura en el inicio ya nos anticipa algo de lo que leeremos a continuación:

Porque el hijo deshonra al padre,

la hija se levanta contra la madre,

la nuera contra su suegra; y

los enemigos del hombre son los de su casa

Miqueas, cap. VII, vers. 6

La historia comienza con los problemas del pago de la factura de la electricidad de una vecina. A partir de aquí iremos conociendo a los habitantes, sus vidas y sus costumbres. En este ambiente conocemos a Elvira, una de las jóvenes que está enamorada de su vecino Fernando.

Una historia de amor que no es imposible (no son los Capuleto ni los Montesco) pero que sí es improbable. El choque entre una generación y otra, la sabiduría ejemplificada por los personajes femeninos que están a vuelta de todo, que ven los errores repitiéndose una y otra vez…

¿Qué puede haber de común entre ellos y nosotros? ¡Nada! Ellos son viejos y torpes. No comprenden… Yo lucharé para vencer.

Página 123

Historia de una escalera es también la lucha por salir de lo conocido, de la mediocridad, la ilusión por saberse con fuerzas y querer luchar por un futuro distinto al que se tiene predestinado. Sin embargo, la ilusión va por un lado y la realidad por otro. Y los sueños que atormentan a los adolescentes acaban resultando en muchos casos los recuerdos alucinados de una época pasada, los sueños de un Ícaro que vuela demasiado alto.

Así, tenemos una trama con muchas dosis de realidad en la que está muy bien engarzado lo cotidiano. Quizá estamos tan acostumbrados a tramas enrevesadas, a historias de ficción exagerada que cuando echamos la vista atrás y vemos una historia sencilla (que no simple), con personajes muy reales, donde lo importante es saber qué se va a comer hoy o con qué dinero se va a poder pagar una factura, las cosas chocan. Es interesante pensar cómo lo grande (los misterios, las muertes, las desapariciones, ese tipo de tramas alejadas de lo rutinario) toma el mando en la televisión, en la literatura, en todo cuanto nos rodea, y a veces perdemos distancia de los dramas cotidianos que nos rodean: el paso de la niñez a la edad adulta, las ilusiones truncadas, la infelicidad y la frustración…. esas pequeñas historias diarias tan ligadas al ser humano como el tiempo.

Historia de una escalera es una obra de esas que lees en un suspiro pero que vas mascando cuando ya la has terminado, porque está llena de simbolismo y también porque es fácil verse reflejado en uno u otro personaje. El paso del tiempo, la relación con los familiares y un espectador ajeno que sentado en su sillón analiza cada uno de ellos y saca sus propias conclusiones.

Eso es la vida. Y, seguramente, porque estamos un poco cansados de verla a diario, nos refugiamos en historias de monstruos, zombies y vampiros que brillan.

FICHA:

Te gustará si te gustan
  • Historias cotidianas sobre el paso del tiempo.
Pros
  • Cómo desarrolla la trama y cierra la historia.
  • El ambiente castellano y gris que crea. Es como estar en los cincuenta.
Contras
  • El inmenso prólogo de la edición de Austral. Que no me acostumbro, oye.
  • Al ser un ejemplar de la biblioteca me he perdido aspectos de sorpresa al ver que algún estudiante ya había subrayado un fragmento.

Namaste.

Autor, Eugenides, Literatura

Middlesex, Jeffrey Eugenides

En el IMM (25) os enseñé este ejemplar que compré dos años atrás a raíz de una recomendación de @gancedo. Desde entonces el libro reposaba en la estantería de libros futuribles, vamos, los libros entre los que escojo qué leer a continuación. Por unas o por otras fui relegándolo, hasta que esta primavera lo cogía de vez en cuando, tanteando sus páginas y buscándole mentalmente un hueco en mi agenda lectora.

Middlesex (1)Quizá mi aparente miedo a escoger Middlesex como lectura fuera su longitud (casi 700 páginas en la edición Compacta de Anagrama) o el premio que le acompaña: el Pulitzer. Es fácil sentirse abrumado por la fama de una novela, dudar sobre si a nosotros también nos gustará, o por el contrario, la encontraremos demasiado densa, demasiado compleja. ¿Y si no nos gusta?

Todas estas dudas desaparecieron un día, y así como a veces no encontramos el momento perfecto para empezar una lectura, un día veraniego me levanté y al mirarlo me dije que lo iba a leer en ese momento, cuando terminara el libro que llevaba a medias. Las dudas desaparecieron en favor de la curiosidad. Bien o mal, daba lo mismo. Lo iba a leer.

Middlesex cuenta la historia de una familia, los Stephanides, cuyo origen data de Grecia hasta emigrar a Detroit. Tres generaciones dan voz a esta historia, la primera de las cuales es Desdémona, la matriarca de una familia, la que lleva la voz cantante, las tradiciones, sus supersticiones, y la soledad y el dolor de ver cómo las llamas se ceban con su ciudad, Esmirna.

La idea de que Middlesex iba a ser una historia densa me acompañaba desde el primer momento. Pensé que con esta magnitud de páginas el inicio sería lento, habría una introducción que se demoraría capítulos y capítulos. La primera línea de la novela me hizo subir una ceja y quitarme los prejuicios de la mente:

Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.

¿Cómo? ¿Chica y chico? ¿Qué tiene que ver esto con una familia? He aquí el quid de la cuestión. Cal, nacido Calíope, nieto de Desdémoda es narrador de parte de la historia. A través de los saltos temporales vamos recogiendo retazos de información: la historia de los abuelos y Esmirna y la vida de Cal, su actual situación. Página a página, capítulo a capítulo, sabremos más de los Stephanides, de Milton y Tessie, padres de Cal, hasta llegar al presente.

El truco de utilizar saltos temporales funciona. Si al inicio anima más la historia de Desdémona y nos gustaría leer más sobre ella, Eugenides se planta y saca a Cal a contar cómo le va en el trabajo. La narración cambia de tercera a primera persona para aportarnos su punto de vista regresando después al pasado.

Así como no existe introducción ni el comienzo se hace aburrido, el tono ameno y activo continúa durante el resto de la historia. Obviamente hay partes más lentas que otras (por la mitad, por ejemplo, o casi llegando al final). Pero lo que destaca es la plasticidad de la historia, llena de vericuetos en los que se incluyen desde aspectos referidos a la vida cotidiana (la forma de ganarse la vida, los problemas con el dinero, la búsqueda de una casa, descripciones del barrio…) hasta cuestiones enraizadas con el pasado (promesas incumplidas, recuerdos que regresan décadas después, el miedo a las consecuencias de determinados actos..). Todo ello se mezcla, se combina y se distribuye a lo largo de la historia para conformar una novela vastísima, muy interesante, amena e invasora.

Digo lo de invasora porque Middlesex se quiere hacer con nuestro tiempo y nuestro espacio. Invade los sueños y si le dejáis nos manipula para que continuemos leyendo, nos acompaña y nos impide hasta respirar. Es bonito que una historia haga que te falte el aliento. Algo que ocurre sólo de vez en cuando, quizá menos de lo que debería, así que cuando ese momento llega uno no puede hacer sino disfrutarlo, coger aire y seguir leyendo.

Middlesex es una de las mejores historias que he leído este 2015, una novela que hay que releer, porque son muchos los detalles que se escapan, una historia que se deja de tonterías y demuestra que no hace falta ser pretencioso para conseguir una trama bonita, unos personajes con los que uno se siente empático y a la vez demostrar que tiene calidad, porque Eugenides empaca la historia en un juego de muñecas rusas, saltos espacio-temporales y personajes cambiantes.

Se puede hacer bien y además se puede hacer bonito. No se puede pedir más.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Historia amena, interesante, global y compleja.
  • Poca introducción. Eugenides demuestra que la calidad nada tiene que ver con lo pretencioso.
Contras
  • ¡Cómo no lo habré leído antes!

Namaste.

Autor, Literatura, Magrinyà

Estilo rico, estilo pobre, Luis Magrinyà

Desde hace un tiempo cada vez que me acerco a una librería acabo en la sección de lingüística, buscando algún libro que me ayude a conocer un poco más el castellano así como enriquecer mi escritura. Lo cierto es que no sabía qué libro escoger, siempre me parecían o demasiado simples o demasiado especializados. Cuando me enteré por twitter de la publicación de este libro que os traigo hoy, pensé que había encontrado lo que estaba buscando.

estilo-rico-estilo-pobreEstilo rico, estilo pobre es un recorrido por los usos habituales del lenguaje, dividido en dos partes bien diferenciadas que ya nos adelanta el propio título. El sistema para acercanos a este (en principio) árido tema es, a la vez, didáctico y ejemplizante, porque además de incluir la teoría y de analizar el origen de las palabras, se incluyen ejemplos en el que todo resulta más claro.

En la parte de Estilo rico, el autor nos muestra los usos del castellano culto que rozan lo absurdo. Esa obsesión al pensar que determinados verbos son demasiado coloquiales y la búsqueda incansable de un sinónimo. Dos de los verbos que se citan son poseer y realizar. Os dejo un ejemplo que podéis encontrar en la página 40:

No se permite realizar cosquillas.

En la segunda parte se trata justo lo contrario: el abuso de verbos demasiado coloquiales, el frecuente uso incorrecto de las preposiciones o las abundantes traducciones literales del inglés, que empobrecen nuestro estilo. Para ello, el autor se sirve de ejemplos que ha encontrado en muchas fuentes: prensa, literatura, televisión… cualquiera de ellas sirven para ilustrar errores que vemos demasiado a menudo.

Estilo rico, estilo pobre me ha sorprendido, porque no esperaba encontrarme una forma tan amena de encarar el tema de la gramática y la forma de escribir, y parte del éxito está, sin duda, en el uso de la ironía y el humor por parte de Magrinyà. Un libro que considero debería ser lectura obligatoria para todos los hispanohablantes, para cualquiera que utilice el español de forma habitual, con objeto de conocer qué estamos haciendo mal y cómo arreglarlo.

En paradójico pensar que nos pasamos la vida reflexionando sobre los idiomas que vamos aprendiendo (el uso del nuevo vocabulario, la diferencia entre verbos, las frases hechas…) y que no hagamos lo mismo con nuestra lengua materna. Son muchos los usos que tenemos interiorizados y que usamos de forma automática sin pensar si realmente se utiliza de este modo. Pero claro, ¿quién nos va a venir a decir que está mal utilizado si resulta que el castellano es nuestra lengua materna? Pues eso: autocrítica.

Namaste.

Autor, Keegan, Literatura

Lo contrario de la soledad, Marina Keegan

Conocí este libro a través de este artículo de El País. No sabía nada de su autora ni de sus textos, pero la historia de Marina Keegan, una joven universitaria estadounidense con un futuro prometedor que falleció en un accidente de tráfico tras su graduación en la universidad de Yale, me atrajo enseguida.

Sin pensarlo, en la Feria del Libro de Madrid me lo encontré mirándome, así que decidí comprarlo.

Lo-contrario-de-la-soledadLo contrario de la soledad incluye un conjunto de textos que fueron seleccionados para su publicación conjunta. En su día algunos se publicaron en Yale Daily News (la revista de su universidad, donde colaboraba) y otros son inéditos.

El texto que le da nombre a esta selección figura al inicio, y es seguramente, el que más energía desprende de todos ellos. Se trata de un alegato a la positividad y a la ilusión. En un mundo en el que la competitividad es la regla, donde hay que conseguir el mejor puesto de trabajo en la empresa más prestigiosa, Keegan reivindica la vida universitaria y su pluralidad.

Ponemos el listón a una altura imposible, y lo más seguro es que nunca alcancemos las fantasías perfectas que imaginamos para nuestro futuro. Pero no veo que haya nada malo en eso. (Página 24)

El resto de los relatos se pueden dividir entre ficción y no ficción.

En general, el centro de atención son jóvenes en busca de encontrar un hueco en su vida, con conflictos existenciales y sentimentales, jóvenes ilusionados que se topan con una realidad que amenaza con romperles en pedazos.

Textos llenos de fuerza y optimismo, de ilusión (esa sensación que parece que a día de hoy escasea), la conciencia de conocer lo que uno es capaz de hacer, las ganas y el empeño en que las cosas van a salir bien.

Sin embargo, Lo contrario de la soledad me ha parecido un libro desigual. Si durante la primera mitad me daban ganas de gritar a todo aquél que pasara un momento de desilusión y tristeza que éste era su libro, la segunda mitad me dejó mucho más fría.

Y es que según iba leyendo, lo que me parecía originalidad se convirtió en clichés, en repeticiones menos elaboradas de algo que ya había leído antes, en textos a los que les faltaba trabajo, como si fueran borradores, llenos de ideas manidas y repetidas en medios de comunicación.

Lo contrario de la soledad me ha gustado, demuestra el talento que tenía Keegan, la capacidad de juntar letras y hacerlo bonito, de conectar con el lector y captar su atención. Si vamos con la mente en blanco, sin ideas preconcebidas (no, no es el mejor libro del año, no este libro no cambiará mi vida… etc) disfrutaremos mucho más de lo que nos ofrece este título.

Por contra, si esperamos una novela magna que nos cambie como lectores, fracasaremos en nuestro empeño. Sin embargo, me parece una opción perfecta para épocas en las que tenemos poco tiempo para leer, o cuando necesitamos una dosis extra de motivación.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Los primeros textos.
  • La fuerza y las ganas de vivir que demostraba Keegan en cada palabra.
Contras
  • Calidad desigual en los textos. Los últimos mucho más flojos.

Namaste.

Autor, Literatura, Rydahl

El ermitaño, Thomas Rydahl

La novela de Thomas Rydahl que ya os comenté cuando asistí a la presentación del libro, comienza con un accidente de tráfico y un muerto. El protagonista es un taxista danés que lleva bastante tiempo viviendo en Fuerteventura, desde que dejó todo para comenzar una solitaria rutina.

Mi primera impresión no fue buena. No soy demasiado aficionada a los espectáculos gores o desagradables como es el de cogerle el meñique a un muerto para llevarlo en el bolsillo. Llamadme pusilánime, si queréis. Pero si contamos que es el inicio del libro, que el asunto en sí roza el surrealismo y que no encontré fundamentada actuar de ese modo, pues sí, es una forma de intentar llamar la atención del lector, supongo.

El-ermitañoPasado este capítulo, conocemos la vida de Jorgensen, su trabajo diario, su forma de vivir, los motivos por los que huyó de Dinamarca y sus amistades: un chaval rico que prefiere su compañía a la de los niños pijos de su edad (lo normal, vamos).

Además, nuestro protagonista se encontrará de cara con un misterio: el descubrimiento de un bebé en el maletero de un coche abandonado en una playa. Esta es la verdadera trama de la novela, el intento del protagonista por descubrir la verdad del asunto, la defensa de los desvalidos.

Y hasta aquí podéis leer si teníais pensado leer El ermitaño.

Porque, si os digo la verdad, leer El ermitaño ha sido un suplicio, un reto para mi paciencia y una afrenta para mi lista de pendientes. En primer lugar, por su repugnante inicio, que lanza el anzuelo para exclamar aquéllo de ¡Yo no soy como los demás! Efectivamente, no eres como los demás, no eres un bestseller tradicional, eres peor.

El libro se hace aburrido, con un estilo pesado, que lo quiere todo. Esto es: descripciones largas, páginas en las que no ocurre nada, detalles innecesarios… paja y más paja.

Pero ¡ay si nos fijamos en el detalle! Situaciones absurdas e increíbles, comportamientos que pretenden sorprender pero que van en contra de cualquier capacidad de raciocinio… ¡todo regado de diálogos manidos y falsos! Que sí, que lo sabemos: escribir diálogos no es sencillo, pero claro, si eres un escritor danés que recreas conversaciones entre españoles y te lee alguien de la meseta… es fácil que te pillen.

No cuadra, porque España no es Nueva York, porque estamos hartos de escuchar o leer una y otra vez el mismo diálogo que parece sacado de una película de las tardes de Antena 3. Es forzado, no es fluido, se nota la impostura.

– Mira a tu alrededor, Ermitaño. No estás en tu querida wonderful Dinamarca.

Página 306

Pero, claro, es que Rydahl se ha metido en el patatal de recrear una historia en España y de ahí no podía salir sino mal parado… para un hispanohablante es complicado meterse en la historia, porque no sólo la trama es extraña, exagerada y poco plausible, sino que… ¡los personajes tienen nombres raros! ¿Palabras? ¿Quién se apellida Palabras en este país? ¿No valía un Gómez? ¿Un Pérez? ¿Un González?

– Venga ya. Un vehículo sin matricular y que sólo ha hecho cincuenta y un kilómetros. Una chica de Porto, y una puta mierda… ¡Me cago en Dios!

– En esta oficina hay buenos creyentes, debes hablar con respeto, Ermitaño.

Página 93

Personalmente, para mí El ermitaño ha resultado ser una novela con escenografía de croma verde. No he sido capaz de meterme en la historia porque desde el inicio no me la creía: ni los motivos de los personajes, ni las situaciones que se les daban, ni la lógica que exhibían. Para mí eran actores interpretando un papel extraño, ajeno a la realidad, de un mundo que no es este: ni en el tiempo ni el lugar adecuados. Los nombres de los personajes y sus diálogos sólo generaban que me sintiera más y más fuera de la novela, mirando el reloj para contar cuánto quedaba para que terminara la pantomima.

No soy especialista en novela negra, para eso ya está Marta o Aramys… pero sí que sé lo que busco cuando leo una novela del género: una historia que me atrape y sorprenda, con la que quiera leer más, y para ello es necesario que me meta en la trama, que la sienta como propia.

No ha sido el caso.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La sensación de tristeza que trasmite es muy vívida.
Contras
  • Situación y personajes irreales, que parecen de artificio.
  • Los diálogos, por impostados. Demasiada paja.

Namaste.

Fitzgerald, Literatura

La flor azul, Penelope Fitzgerald

¡Aquí estoy de nuevo! ¿Pensabais que me había marchado de vacaciones? ¡Pues no! La realidad es otra: estas semanas estoy leyendo mucho pero lo que no me apetece demasiado es sentarme a escribir reseñas, pero ya va siendo hora, ¡que se me acumulan los libros de los que os quiero hablar!

la-flor-azulEl libro que os traigo hoy es La flor azul, de Penelope Fitzgerald. Si sois habituales por aquí, os habréis dado cuenta de la frecuente aparición de la británica, y es cierto que desde que la Editorial Impedimenta comenzó a publicarla, no hago más que leer los libros que van sacando. Desde La librería, pasando por El inicio de la primavera e Inocencia. Éste es el que me quedaba por leer.

La novela comienza el día de la colada, el momento en el que Jacob Dietmahler llega con su compañero de estudios a la casa de éste. Jacob conoce a partir de ese momento a la familia Hardenberg, con el barón a la cabeza. Aunque inicialmente parece que él es el protagonista, el verdadero personaje principal es Friedrich Von Hardenberg, escritor romántico que queda prendado de Sophie, una joven de cabellos oscuros.

Y es que Fritz existió, por lo que tenemos una biografía novelada, en la que el centro de la historia es La flor azul, el símbolo central del romanticismo, mencionada en la novela desde que conoce a su amada.

Al igual que en sus otras novelas, Fitzgerald despliega una historia aparentemente sencilla para ahondar en temas de la propia sociedad: su forma de vida, los cambios del gobierno, la diferencia entre clases sociales… etc, siempre con el hilo de conexión del poeta Novalis. Más oscura que otras de sus novelas, más recia y amarga, La flor azul es una novela de la que me es difícil contar algo, porque lo que más me ha sugerido han sido sensaciones. El saber, mientras pasaba sus páginas, que esta autora cada vez me gusta más, por el modo que tiene de organizar la historia, de colocar cada capítulo donde tiene que ir para cerrarlo y que todo tenga sentido: que aquél detalle del inicio del libro case a la perfección con el final de la historia.

Como ya he comentado en otras ocasiones, la autora despliega una prosa precisa y elegante a la vez, con lo que con pocas palabras nos envuelve y nos traslada a la Alemania de la época de Novalis.

Cabe incluso, la sátira y los toques humorísticos, donde destaca el personaje de Sidonie.

—¡La ropa! Todavía hace demasiado frío como para desnudarse por la noche. Yo no me desnudo por la noche, ni siquiera en verano, desde hace por lo menos doce años.

—¡Y has tenido ocho hijos! —exclamó Sidonie—. ¡Líbreme Dios de un matrimonio como el tuyo!

Sin embargo, quizá esta novela sea la más oscura de todas las que he leído hasta este momento, ¿quizá por ser la última que escribió? Quién sabe.

Mención aparte merecen los postfacios de las novelas de Fitzgerald. En este caso corre a manos de Terence Dooley, que ayuda a revisar aspectos que podamos haber pasado por alto y analiza los puntos más importantes de la historia.

En definitiva, os recomiendo leer La flor azul, y más aún: si no conocéis a Penelope Fitzgerald os aconsejo escoger cualquiera de sus novelas y comenzar a sumergiros en su universo. Personalmente, y esto no es algo que me suceda con frecuencia, cada vez que termino de leerla, me digo a mí misma: tienes que releer este libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo nos trasporta la autora a la historia.
  • Edición impecable de Impedimenta. Mención de honor al postfacio.
Contras
  • La portada, que no es mi preferida. 😉

Namaste.

Autor, Bolaño, Literatura

2666, Roberto Bolaño

Cuando compré este libro no conocía tanto la obra de Bolaño como para lanzarme a leerlo directamente. Un lector me recomendó que leyera primero Los detectives salvajes, y así lo hice. Tras continuar leyendo al chileno, tenía claro que ya era hora de ponerme con 2666, así que empecé a leerlo.

2666_selloSe da la circunstancia que el coche de uno de mis vecinos tiene matrícula 2666. Cada vez que salía de mi casa, aparcado de manera casual, notaba que los dígitos bailaban y me preguntaban, desde su armazón de chapa y pintura, por qué motivo no me embarcaba en tamaña lectura. ¿Acaso tenía miedo?

¿Miedo yo? ¡Claro que no! Si bien es cierto que una no puede sino sentir respeto hacia un libro tan idolatrado, y tan largo como es este.

Tras leer unas cientos de páginas, Gancedo me comentó por twitter que me recomendaba no leerlo todo de golpe y seguido. El motivo es bien simple: Bolaño planeaba vender cada una de las cinco partes por separado, pero sus editores decidieron después juntarlas en un mismo volumen debido a la relación de su trama. De nuevo, le hice caso. Me alegro mucho. No olvidemos que 2666 se trata de una novela de más de mil páginas.

Como decía antes, 2666 se divide en cinco partes, la primera de las cuales es la parte de los críticos. La más liviana, quizá por ser la primera. Nos presenta a los críticos que coinciden investigado al poeta Archimboldi: Pelletier, Morini, Espinoza y Norton se conocen y comienzan una relación profesional que les llevará a seguir la pista del alemán más allá de Europa.

La leyó, le gustó, buscó en la biblioteca de su college más libros del alemán de nombre italiano y encontró dos: uno de ellos era el que ya había leído en Berlín, el otro era Bitzius. La lectura de este último sí que la hizo salir corriendo. En el patio cuadriculado llovía, el cielo cuadriculado parecía el rictus de un robot o de un dios hecho a nuestra semejanza, en el pasto del parque las oblicuas gotas de lluvia se deslizaban hacia arriba, después la oblicuas (gotas) se convertían en circulares (gotas) que eran tragadas por la tierra que sostenía el pasto, el pasto y la tierra parecían hablar, no, hablar no, discutir, y sus palabras ininteligibles era como telarañas cristalizadas o brevísimos vómitos cristalizados, un crujido apenas audible, como si Norton en lugar de té aquella tarde hubiera bebido una infusión de peyote.

Pero la verdad es que sólo había bebido té y que se sentía abrumada, como si una voz le hubiera repetido en el oído una oración terrible, cuyas palabras se fueron desdibujando a medida que se alejaba del college y la lluvia le mojaba la falda gris y las rodillas huesudas y los hermosos tobillos y poca cosa más, pues Liz Norton antes de salir corriendo a través del parque no había olvidado coger su paraguas.

(Página 23)

La segunda parte es la de Amalfitano, uno de los profesores de la universidad de Santa Teresa con el que coinciden los críticos. La tercera, la de Fate, un periodista que va a cubrir un combate de boxeo.

Estas tres partes son linealmente más constantes, rápidas y ágiles, recuerdan a muchas otras historias cortas de Bolaño. No son excesivamente largas y se pueden leer de corrido.

No hay amistad, dijo la voz, no hay amor, no hay épica, no hay poesía lírica que no sea un gorgoteo o un gorjeo de egoístas, trino de tramposos, borbollón de traidores, burbujeo de arribistas, gorgorito de maricones.

(Página 268)

Cuando llegamos a la página 450 llega el verdadero hueso de 2666: la parte de los crímenes, la descripción de la muerte de las mujeres acaecida en Santa Teresa. Más de 350 páginas de asesinatos y descripciones, sin diálogos y sin (aparentemente) hilo conductor. Paciencia, amigo lector, no dejes de leer. En mi caso, algunas semanas apenas avanzaba 10 páginas. Lo importante es seguir leyendo, porque aquí y allá nos encontramos con fragmentos como estos:

Siempre hay que hacer preguntas, y siempre hay que preguntarse el porqué de nuestras propias preguntas. ¿Y sabes por qué? Porque nuestras preguntas, al primer descuido, nos dirigen hacia lugares hacia donde no queremos ir. ¿Puedes ver el meollo del asunto? Nuestras preguntas son, por definición, sospechosas. Pero necesitamos hacerlas. Y eso es lo más jodido de todo. Así es la vida.

(Página 553)

O este:

¿Usted cree que el nombre sea el destino? No, dijo Sergio, y más me vale que no lo crea. ¿Por qué?, suspiró sin curiosidad la diputada. Tengo un nombre común y corriente, dijo Sergio mirando las gafas negras de su anfitriona. Durante un momento la diputada se llevó las manos a la cabeza, como si tuviera jaqueca. ¿Quiere que le diga una cosa? Todos los nombres son comunes y corrientes, todos son vulgares. Llamarse Kelly o llamarse Luz María en el fondo es lo mismo. Todos los nombres se desvanecen. Eso tendrían que enseñárselo a los niños desde la primaria. Pero nos da miedo hacerlo.

(Página 755)

Llegar a la quinta y última parte es encontrarse con la historia de Archimboldi, la de Hans Reiter o el niño alga. Porque después de enumerar crímenes, Bolaño se saca de la manga la historia de la disgregación de Prusia, de los combates de la Segunda Guerra Mundial, del hijo de la tuerta y el cojo, una historia muy diferente a las que hemos leído anteriormente.

¿Qué es, por tanto, 2666? Una novela global, la llaman. ¿Qué carajo significa eso? Que cabe todo. Que tenemos amor, exilio, la tradicional búsqueda bolañesca de un poeta, pero también la soledad y desazón, la violencia y los crímenes, tanto a este como al otro lado del Atlántico. Cabe la lección de historia, la aridez de la tierra de México pero también la soledad del terreno prusiano, el amor de una madre, las historias del Bronx o la vida en la cárcel.

2666 es una zona de arenas movedizas. Ves el charco, pisas la tierra y te hundes hasta la médula, te revuelves y acabas más dentro, sepultado por palabras y palabras, por personajes unidos por distintos motivos, hasta acabar debajo de una historia grande, sublime, fantástica. Una de esas historias que te erizan la piel, aquéllas que consiguen que se te llenen los ojos de lágrimas al llegar al final, al aprehender la complejidad de la historia, al sentirse más solo y más triste que antes de leerlo. Un libro superlativo, exagerado, brutal.

Y sí, obviamente uno querría tragar menos tierra, sentirse un poco más seguro, pisar algo de terreno firme, o sentirse menos mareado. Pero, considero, es el coste que hay que pagar por querer conocer una de las novelas más famosas de la literatura. Un novelón.

Uno de esos libros con los que uno sabe que no es el mismo lector que comenzó a leerlo. Una historia que, una vez asimilada, consigue que se erice la piel.

Pobre lector el que decida comenzar a leerlo. Y pobre lector el que jamás lo intente.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Cómo se unen las historias. La diferencia de temas y lugares, personajes y tramas.

Contras

  • La parte de los crímenes se hace pesada. Ayuda leerlo poco a poco.

 Namaste.

Autor, Literatura, Schlink

El lector, Bernhard Schlink

Hoy os traigo uno de esos libros que compramos porque todo el mundo los recomienda pero que después han de esperar meses y años hasta que son finalmente leídos. Lo compré hace mucho, mucho tiempo a Lady Boheme, y desde entonces esperaba paciente en la estantería.

Hace poco decidí que se iba a colar en mis siguientes libros y aprovechando que es corto lo leí rápidamente.

el_lector_selloEl lector narra la historia de Michael Berg, un adolescente que mantiene una relación amorosa con una mujer mucho mayor que él. Posteriormente, los caminos de ambos se vuelven a cruzar en una situación totalmente diferente. De este modo Michael puede responder a alguna de las dudas que le inundaban los recuerdos. Las cosas que parecían ilógicas se muestran ahora racionales.

Uno de los temas principales en la novela es, ya lo dice el título, la lectura. Michael lee historias a Hanna, grandes novelas o pequeñas historias. Pero por encima del amor a la lectura y de las referencias literarias, en El lector aparecen otros temas como el deseo, la incertidumbre y la traición.

Con una historia aparentemente sencilla, Schlink consigue dotar a los personajes y a la relación que les une de mucho empaque, añadiendo otras cuestiones a su (inicialmente) simple historia de amor.

El alemán es un autor inteligente, que sabe utilizar las palabras y los silencios de un modo muy equilibrado, donde lo simple se torna en complejo si lo vemos desde otro punto de vista. Para ello, juega con las percepciones y los recuerdos, aprovechando la inocencia de un joven que no necesita analizar su relación con Hanna.

Posteriormente, y no quiero contar de más, todo se torna claro bajo la luz del sol. Entra entonces en juego la culpa y la valoración moral de actos pasados que juzgamos desde la posición del ahora.

Ya por entonces, cuando me llamaba la atención ese aturdimiento, y especialmente el hecho de que no afectara sólo a los criminales y a las víctimas, sino también a nosotros (…) cuando comparaba entre sí a los criminales, las víctimas, los muertos, los vivos, los supervivientes y los nacidos más tarde, no me sentía bien, ni me siento bien ahora tampoco. ¿Es lícito hacer tales comparaciones?

(…)

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque e que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin?

(Páginas 98 y 99)

En definitiva, El lector es un libro muy recomendable. Schlink es uno de esos autores a los que no hay que perder de vista. Un acierto siempre que se escoge algo de él. Sin duda, continuaré conociendo su obra.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El fin de semana, Bernhard Schlink.

  • No puedo evitar que Schlink me recuerde a Auster. ¿Sólo me ocurre a mí?

Pros

  • El uso de los silencios, la importancia de saber qué contar y qué no.

Contras

  • El inicio, que se me ha hecho abrupto.

 Namaste.

Autor, Forsythe Hailey, Literatura

Una mujer de recursos, Elizabeth Forsythe Hailey

Cuando abrí el buzón y leí la sinopsis de Una mujer de recursos, de Elizabeth Forsythe Hailey publicada por Libros del Asteroide, no pude sino tener un prejuicio: que no me iba a gustar por las novelas epistolares no son para mí, que lo más probable era que me costara leerla.

Una-mujer-de-recursosLa historia que nos cuenta Una mujer de recursos está inspirada en la vida de la abuela de la autora. La primera carta data de 1899, cuando una jovencísima Bess Steed escribe a su compañero de juegos, el que después sería su marido.

A partir de este momento, se suceden las cartas, en las que en primer lugar están llenas de alegrías, ilusiones y buenas noticias, para después incluir otras cartas trágicas y duras.

Con cada una de las cartas que se incluyen, la información que se aporta y la que se silencia, comprobamos cómo la inocente y recién casada Bess evoluciona poco a poco hasta convertirse en una mujer fuerte, con las ideas muy claras. Aunque en determinados momentos no veamos directamente este cambio, ya sea porque la protagonista está más centrada en negocios o en la crianza de sus hijos, hacia el final del libro vemos la imagen completa.

Por favor, no te tomes esta confesión como una falta de de gratitud para tu constante preocupación, pero no puedo esperar que tú me devuelvas el sentido de la identidad, que tan mermado tengo ahora: el amor propio viene de dentro, no de fuera.

Y así, poco a poco, carta a carta y año a año, aquélla Bess se convierte en madre y abuela, en una mujer que rememora su historia, las tristezas y alegrías.

El poder de la memoria es que conserva las imágenes intactas, aunque el tiempo las deslustre un tanto.

Llegados a este punto, tras varias sorpresas y mazazos, mi prejuicio volvió a aparecer para susurrarme al oído que la autora no iba a ser capaz de conseguir un buen final, que no iba a ser fácil cerrar la historia.

De nuevo me equivoqué. Entre otras cosas por el despliegue de la autora en las últimas páginas, consigue un esplendoroso final al mostrarnos cómo Bess afronta sus últimos años, la valoración de su vida, la importancia de la independencia, la libertad y el conocimiento. Esas ilusiones que le acompañan hasta su muerte, por conocer, ver y aprender.

Una vez alcanzada la madurez física, el proceso natural no nos permite seguir creciendo. Sólo el individuo puede crecer, cobrar relieve y enriquecerse con un esfuerzo de voluntad y de imaginación. Si no se le opone resistencia, la vida sólo resta. He dejado de creer que un individuo pueda cambiar el destino de otros por mucho que los ame, pero no renunciaré a la responsabilidad de mi propia vida hasta el día en que me muera.

En conclusión: Una mujer de recursos es una delicia de libro, ameno e interesante, divertido y doloroso a veces, con sorpresas y con un gran cierre. El hecho de que sea una novela epistolar no hace sino darle más dinamismo al libro, acelerar cuando conviene y ralentizar en ocasiones.

Una historia que me ha gustado mucho y que os recomiendo encarecidamente a todos.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La evolución de la protagonista.

Contras

  • Segunda Guerra Mundial va en mayúsculas. Siempre.

 Namaste.

Autor, Literatura, Pynchon

La subasta del lote 49, Thomas Pynchon

Mi primer Pynchon. No es baladí comenzar a leer un autor tan renombrado como este.

lote49Tengo que reconocer que llevo varios días dándole vueltas a la cabeza a lo que podría contar de esta historia. Entre otras cosas, porque es el tipo de libro que una vez finalizado dan ganas de volverlo a leer, precisamente porque al terminar uno se queda con la sensación de que se ha perdido en el intrigado argumento, que ha perdido el hilo o que no ha comprendido la totalidad de lo leído.

En fin, mejor empiezo por el principio. La subasta del lote 49 es un libro pequeño, corto, de menos de 200 páginas. Además la letra es bastante grande para la edición del libro.

En las primeras líneas ya se nos presenta la protagonista de la historia: Edipa Maas, una mujer a la que se le ha nombrado albacea de la herencia de un millonario. Hasta aquí, bien. La señora Maas deja su casa y su ciudad para comenzar un viaje en el que se irá cruzando con gente variopinta, donde le asaltarán misterios y extrañas coincidencias.

– Si es que no me entendéis -dijo Driblette exasperándose-. Sois como los puritanos con la Biblia. Fanáticos de la literalidad. Tú sabes dónde está la obra, ¿verdad? No está en el archivador, ni en el libro que buscas, sino -salió una mano del vaporoso sudario de la dicha y señaló la cabeza suspendida en el aire- aquí dentro. Para eso estoy yo. Para dar corporeidad al espíritu. ¿A quién le importan las palabras? Son ruidos mecánicos para apoyar el ritmo de los versos, para penetrar en la barrera ósea de la memoria de un actor, ¿no? Pero la realidad está en esta cabeza. La mía. Yo soy el proyector del planetario, todo el cerrado microcosmos que se ve en el círculo del escenario sale de mi boca, de mis ojos y a veces también de otros orificios.

Lo de menos, quizá, sea el misterio de R.E.S.T.O.S. o el verdadero pasado del finado. Lo verdaderamente destacable es el estilo de Pynchon, abundante en referencias culturales, citas, películas, metáforas y simbolismo. Cada párrafo es un golpe en el rostro del lector, por lo que aturulla y noquea, por toda la información que acarrea cada una de las palabras escogidas.

Y sin embargo, no es un ejercicio de demostración como el que a veces leemos en otras novelas. Pynchon no necesita demostrar que sabe mucho, que lee mucho, que conoce mucho. Porque le basta y sobra una frase para dejar tiritando al lector que no sabe lo que se le viene encima. Otros, los rimbombantes, demuestran y exageran en cada línea. Pynchon es capaz de dejar el exceso de palabras a un lado y añadir múltiples recursos, como el humor, la sátira y la absurdez de determinadas situaciones (el episodio del sexo con el abogado o la recurrrente aparición de Los Paranoides) para ligar un estilo serio con un contenido extraño.

Extraño, es la palabra. Porque la historia desorienta, la trama es compleja, discontinua, aparece y desaparece hasta que no sabemos adónde quiere llegar. Pero no importa, porque aunque a día de hoy no tenga claro si me ha gustado o no, sí que queda claro que la demostración de calidad del autor y su inteligencia van por delante. Que a Pynchon hay que leerle, aunque yo no me sienta preparada para él.

Siempre nos quedará cantar, como Los Paranoides, con la melodía de Adeste fideles

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco…

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El despliegue de referencias, estilo y al mismo tiempo que el autor sea capaz de incluir humor y sátira. Completísimo.

Contras

  • Compleja lectura y difícil de seguir la trama.

 Namaste.