Autor, Literatura, Orwell

El camino a Wigan Pier, George Orwell

El problema de comprar tanto, el problema de esta eterna lista de pendientes, es que uno siente siempre que abarca menos de lo que le gustaría.

George Orwell es un autor que me gusta mucho, este libro lo tenía pendiente desde hace años, y sin embargo ha tenido que llegar 2025 para que lo acabara leyendo.

En El camino a Wigan Pier (Akal, 2022) acompañamos a George Orwell a su viaje al norte de Inglaterra que hizo en 1936 para conocer las condiciones de vida de los trabajadores en las minas. Aprovechando su trabajo como periodista, contacta con familias de mineros y accede a las propias minas para describirnos sus tareas diarias, cómo y dónde viven y sus condiciones económicas.

En la segunda parte del libro Orwell se sienta a analizar las condiciones político-sociales que han generado la precariedad de los mineros, empezando por el clasismo de la sociedad británica y la rigidez de un sistema estático y concluyendo con su solución: el socialismo como sistema definitivo para combatir la miseria y la desigualdad de los más desfavorecidos.

Mientras que la primera parte funciona muy bien para un lector del siglo XXI, la segunda hace aguas por a quien no fuera contemporáneo británico. Tampoco ayuda una flojísima edición que no solo tiene una traducción mejorable sino que contiene errores ortotipográficos que te hacen replantarte cómo te han cobrado 15 euros por este libro.

En fin, me ha parecido un título totalmente prescindible que sería relevante e interesante en el momento y lugar de su publicación pero que, a excepción de la primera parte, se queda en lo contemporáneo, en el noticiero.

Namaste.

Autor, Ayén, Literatura

Helena o el mar del verano, Julián Ayesta

Últimamente presto especial atención a las recomendaciones de libros cortos, algo que en el pasado solía obviar porque siempre tiendo a leer novela larga. Aunque no conozca el autor anoto este tipo de títulos, ya que necesito libros cortos, ligeros y que se puedan sostener con una sola mano.

Helena o el mar del verano (Acantilado, 2000) es la única novela de un para mí, desconocido autor asturiano. Una historia breve, de menos de 100 páginas, publicada en 1952 y que, tal y como se dice en la contra del libro, fue considerada por un pequeño grupo de entusiastas lectores como uno de las obras más extraordinarias de la narrativa española de posguerra.

En la historia acompañamos al protagonista a las vacaciones estivales, esos momentos mágicos de la infancia en los que el tiempo libre y los amigos eran la rutina diaria de semanas veraniegas. La ilusión de las primeras veces, la fascinación de la compañía estival, los cambios respecto a la rutina invernal y la alegría de quienes ponen todo su ímpetu en disfrutar una estación hecha para ellos.

El autor narra la historia con un tono lírico, delicado y envolvente que nos devuelve a la infancia. No es que sea demasiado poético, pero consigue añadir esa atmósfera de ilusión y magia de los recuerdos, no es que se dedique a explicar con muchas palabras las sensaciones de los personajes, sino que con pocas nos lleva a esos momentos en los que cualquier excursión era lo más emocionante que jamás habíamos hecho.

Es decir, que hace todo eso que clamo que es complicadísimo: explicar en pocas palabras, ir directo al punto, desgranar una situación hasta quedarse con los aspectos más importantes, sin alardes ni exceso de adjetivos, sin cursilerías, sin enredarse en palabras y palabras.

Mención aparte merece el cambio de narrador del omnisciente en tercera persona a la primera persona hacia la mitad de la historia, uno de esos cambios de forma nada sencillos de hacer sin que quede artificioso (y que otro escritor más vago habría obviado) pero que queda muy natural y a la vez hace ganar profundidad a la historia.

En resumen, una historia muy buen contada, uno de esos libros breves que demuestran lo que es capaz un buen autor, una novela sencilla directa a la sensibilidad, que conecta con el lector de forma muy eficaz.

FICHA:

Te gustará si te gustó Mi madre y la música, Marina Tsvietáieva.
Pros– Breve y de calidad.
– La atmósfera que crea de una forma muy efectiva.
Contras– La única novela de este autor.

Namaste.

IMM

IMM (114): o los regalos bajo el árbol

Por eso de que los Reyes son Magos aciertan tanto. Estos son mis regalos librescos que encontré bajo el árbol:

  • Los hermanos Karamázov, Fiódor Dostoievski (Alba, 2013). La relectura de uno de los libros de mi vida tenía que ser en esta edición. La otra que tengo en casa no es apta para mis ojos actuales y me temo que la traducción tampoco pasaría el corte.
  • Maniac, Benjamin Labatut (Anagrama, 2023). Lo he visto por muchos sitios y no he podido huir de él. Me he convencido de que me gustará, la opinión es unánime. ¡Espero que sí!
  • La península de las casas vacías, David Uclés (Siruela, 2024) Este es el caso contrario. Durante un tiempo pensé en comprarlo, en leerlo. Me convencí de que no. Luego seguí viendo opiniones de ambas tendencias, seguí pensando que no será para mí. Lo sigo pensando pero quiero comprobarlo por mí misma.
  • Cuentos, Chéjov (Alba, 2023 ). Y sigo con los rusos, este es uno de los que me quedan pendientes. Soy más de novela que de cuento pero a Chéjov hay que leerle.
  • Ana no, Agustín Gómez Arcos (Cabaret Voltaire, 2009). Opinión unánime y yo sin haber leído al autor. Este es el más recomendado y yo lo leeré sin falta en las próximas semanas.
  • La casa de los lamentos, Helen Garner (Libros del KO, 2018). A veces un libro está en tu lista por años y no lo compras hasta 5 años después y otras, como en esta ocasión, alguien te habla bien de uno y te lanzas a comprarlo. Es mi autorregalo de Reyes.

Espero que, como yo, hayáis tenido muchos títulos bajo el árbol.

¡Felices lecturas!

Namaste.

Literatura

Recopilación de lecturas otoñales: Austen, Hrabal, Cañeque

Nos hemos plantado en Navidades y miro el estante y tengo varios libros para comentar, títulos que bien porque no me han sugerido demasiado o porque lo he ido dejando me va dando pereza reseñarlos. Pero como ante todo soy ordenada, no quería dejar pasar el tiempo sin dejar al menos un leve apunte al respecto.

  • Emma, Jane Austen (Austral). Eterna pendiente, en parte por la pereza que me da leer este tipo de libros, que no suelen ser para mí pero que aún así trato de hacerlo para comprobar si ha cambiado el asunto. Aprovechando el 250 aniversario del nacimiento de la autora decidí que ahora sí sería el momento. En el pasado leí Sentido y sensibilidad, que me gustó relativamente y La abadía de Northanger que me gustó bastante; sin embargo después me he ido encallando en otros del mismo estilo como Howards End de E. M. Foster, así que tenía mis dudas sobre este.

    Nada nuevo bajo el sol: Emma es la odiosa y metomentodo protagonista de una historia costumbrista sobre matrimonio y ascenso social. Fiestas y conversaciones, dimes y diretes y mucho cotilleo en una novela que hace las delicias para los que les gustan este tipo de historias british pero que a mí me parece superficial y de poco interés.
  • Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal (Galaxia Gutenberg, 2012). Saltamos a la Praga de nuestro protagonista, un empleado en una trituradora de papel que pasa sus días reduciendo a cenizas libros y reproducciones de cuadros. Un libro de esos en los que casi cualquier página tiene fragmentos de amor a la lectura como este:

Los libros me han enseñado, y de ellos he aprendido que el cielo no es humano en absoluto y que un hombre que piensa tampoco lo es, no porque no quiera sino porque va contra el sentido común.

Página 9

Menos redondo de lo que me habría gustado, el autor parece prestar poca atención a la trama para centrarse en lo que quiere contar, dejando reflexiones preciosas como esta:

Con un libro en la mano abro mis atemorizados ojos a un mundo extraño, distinto de aquél en el que me hallaba hace apenas un instante porque yo, cuando me sumerjo en la lectura, estoy en otra parte, dentro del texto, me despierto sorprendido y reconozco con culpa que efectivamente vuelvo de un sueño, del más bello de los mundos, del corazón mismo de la verdad.

Página 12

  • La última frase, Camila Cañeque (La uña rota, 2024). La premisa de este libro es la obsesión de Cañeque por el final de las historias. Por su manía de leer la última frase antes de terminar el libro, por recopilarlas y anotarlas.

Así, las pone una tras otra, uniéndolas por temáticas, analizando de qué tratan y buscando una unidad que, sorprendentemente, encuentra. Ella nos recomienda no leer de qué libro proceden, algo que se encuentra al final del libro.

Curioso, sorprendente y llamativo, el problema de este libro es realmente mío. Que yo no miro jamás cómo termina un libro (de hecho si lo abandono tampoco lo hago) y que, por algún motivo que desconozco, genera en mí una especie de incomodidad el desorden que asocio a recopilar los finales. ¿Es curioso? Sí. ¿Es interesante? También, pero no es para lectores con TOC.

Con la ficción como timón, articulamos los eventos aleatorios de la realidad, creando cápsulas inteligibles, con principio y final, como placebo de efecto calmante.

Página 56

Namaste.

Autor, Gospodínov, Literatura

El jardinero y la muerte, Gueorgui Gospodínov

Regresar a un título que tan buenas críticas ha dejado del autor de Las tempestálidas parece un acierto seguro.

En mi lista de propósitos de este año tenía anotado volver a leer al búlgaro Gospodínov, ese que me dejó unas sensaciones similares a las que provoca en mí el rumano Cartarescu. Lo que no tenía claro era con qué libro regresar, ya que he ido comprando Física de la tristeza o Novela natural.

Finalmente fue este el escogido, un título editado por Impedimenta del que todo el mundo hablaba maravillas. Diría que el hecho de ser capítulos de apenas una página fue el desencadenante de mi elección, ahora que busco alternar con autores que no saben parar entre párrafos más que 50 páginas después es genial combinar con un tipo de libro que te permite coger el aire que se necesita.

El jardinero y la muerte (Impedimenta, 2025) comienza así:

Mi padre era jardinero. Ahora es jardín.

Página 11

El autor nos informa de que su padre, ese jardinero que menciona, ha muerto. Lo acompañamos en la enfermedad, en el paso de un hombre con salud a un enfermo que camina despacio, de un hombre preocupado por sus flores y plantas a un hijo que no sabe muy bien cómo gestionar el terreno de su padre.

Me pregunto si las flores no son realmente los periscopios secretos de los muertos que yacen bajo ellas observando el mundo a través de sus tallos.

Página 16

Por medio de capítulos cortos y reflexiones poéticas, el búlgaro ahonda en la relación con el progenitor, en la enfermedad y la pérdida, en la ausencia.

¿De qué hablamos cuando hablamos de la muerte? ¿De aquel que se ha ido o de nosotros? ¿De la ausencia misma? Está tan ausente que llena cada minuto libre con su ausencia.

Página 17

El resultado es un libro lírico, delicado y triste, un acercamiento tierno y cálido a la muerte, de un hijo que sufre la pérdida de su héroe.

Mi padre se está yendo y el mundo no lo sabe, obviamente, no se culpa de nuestras tragedias personales, la vida sigue…

Página 81

Con la naturalidad que da la sencillez y la sinceridad, El jardinero y la muerte se añade a los libros del duelo de forma inexorable. Se recordará por el amor en las palabras del autor, por lo bonito que hacer describir un proceso tan doloroso como la pérdida de un ser querido.

No grité, no aullé, solo dejé que las lágrimas cayeran en silencio.

Página 97

Tenían razón. Este libro es una pequeña joya y Gospodínov un autor al que tener en cuenta. Siempre.

FICHA:

Te gustará si te gustó El año del pensamiento mágico, Joan Didion.
Pros– La sinceridad y a la vez la delicadeza en sus palabras.
– Los capítulos cortos y las frases punzantes.
Contras– Triste. Doloroso.

Namaste.

Autor, Literatura,

Una cuestión personal, Kenzaburo Oé

En la lista de autores a los que me habría gustado regresar antes se encontraba en los primeros puestos el japonés Kenzaburo Oé, a la postre autor de ese Cuadernos de Hiroshima que es capaz de dejar la carne de gallina a cualquiera. No tenía claro con qué título regresar a su lectura, y una vez consultado por Instagram, la opinión unánime era este que os traigo hoy.

Una cuestión personal (Compactos de Anagrama,1999, aunque se menciona que la edición es de 2025 queda claro por los fallos y las notas al pie que se trata de una reimpresión) es una novela corta que tiene como protagonista a Bird, un joven que espera el nacimiento de su primogénito.

Su hijo nace pero no es para nada lo que esperaba. Afectado por un problema médico, se enfrenta a su particular odisea entre aceptar su nueva situación mientras anhela abandonar el país rumbo a África.

Como Apollinaire, mi hijo fue herido en un campo de batalla oscuro y silencioso que no conozco, y ha llegado con la cabeza vendada. Tendré que enterrarlo como a un soldado muerto en combate.

Página 37

Corta y directa, es una lectura dura, muy cruel, incómoda en demasía, que quizá habría pospuesto de haber conocido la sinopsis. Es dura y cruel por el destino de ese niño que de nada tiene culpa, es incómoda por ese adulto que prefiere huir de sus responsabilidades en los brazos de una amante. Es repulsivo también. Y por eso es muy bueno, claro.

A él lo alcanzaron en una batalla solitaria, dentro de un agujero oscuro y sellado que nunca he visto…

Página 103

Una cuestión personal ha sido un título que para nada esperaba que fuera así, ya que tampoco conocía este tono del japonés que bien podría firmar Houellebecq en su versión más cruda. Una lectura corta, de esas que impactan y que no se van de nuestra memoria lectora.

No diría que me ha gustado, no diría que en el futuro lo vaya a recomendar, pero es uno de esos títulos que se quedan marcados a fuego como lo hace la buena literatura.

No sé qué tiene la literatura que incomoda, si es eso de mirarse al espejo y ver los defectos del ser humano en contraste a muchas novelas buenistas pero siempre son interesantes sus propuestas.

FICHA:

Te gustará si te gustó Plataforma, Michel Houellebecq.
Pros– Cómo nos mete en la situación desde la primera línea.
Contras– Lectura incómoda, cruda y cruel.

Namaste.

Autor, Donoso, Literatura

El lugar sin límites, José Donoso

Este año la cosa va de chilenos. Primero Bolaño, luego Zambra, más tarde Lemebel, ahora regreso al gran Donoso, el autor de esa indispensable novela, El obsceno pájaro de la noche.

El lugar sin límites (Alfaguara, 2024) es una novela breve si la comparamos con la anterior, de apenas 200 páginas, donde sin embargo, Donoso despliega su saber hacer literario, ese que brillante, que nos sorprende y nos embriaga.

La protagonista de esta historia es la Manuela, que trabaja en un prostíbulo de un pueblo venido a menos, un personaje que si tuviera que apostar tiene bastante que ver con la Loca del Frente, siendo su antecedente más claro.

Ella y el pueblo entero se quedaron en tinieblas. Qué le importaba que todo se viniera abajo, daba lo mismo con tal que ella no tuviera necesidad de moverse ni de cambiar.

Página 73

El pueblo, uno de esos que existe pero tiene sus días contadas. El resto de los personajes, un cacique, el protector de la Manuela, otro el violento, por el que esta se ve amenazada.

La Manuela, con los escombros de su cara ordenados, sonrería.

Página 77

Como en Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, es este un pueblo con entidad propia, como si de un personaje adicional se tratase. Un lugar donde las reglas son otras que en el resto del mundo, un sitio aislado, diferente, al margen.

No quiero volver. Quiero ir hacia otras cosas, hacia delante. (…) Me gustaría tener donde volver no para volver sino para tenerlo, nada más, y ahora no voy a tener.

Página 113

Y allí se despliega algo similar a lo acontecido en Ixtepec: la incertidumbre de la violencia, el grupo de hombres que viene a acabar con la tranquilidad.

Las cosas que terminan dan paz y las cosas que no cambian comienza a concluirse, están siempre concluyéndose. Lo terrible es la esperanza.

Página 148

El lugar sin límites es una novela perfecta para entrar en José Donoso, antes de acometer la lectura de su novela más famosa, ya que en su breve historia condensa todo el estilo del chileno, su modo barroco con el que juega con el lenguaje. Una historia aparentemente sencilla que condensa su estilo por completo.

Un placer leer a Donoso y una pena que sea menos leído de lo que debiera.

FICHA:

Te gustará si te gustó El obsceno pájaro de la noche., José Donoso.
Los recuerdos del porvenir, Elena Garro.
Pros– Cómo condensa el estilo de Donoso en pocas páginas.
Contras– Más corto de lo que me habría gustado.

Namaste.

Autor, Literatura

Corrección, Thomas Bernhard

Pocas son las veces en las que anoto dos veces un título en mi libreta de pendientes, algo que denota mi interés en momentos distintos de un libro en concreto, generalmente auspiciado por lectores entusiastas: uno de ellos el amigo Jesús, con quien suelo compartir gustos e intereses.

Justo eso es lo que me ha ocurrido con el austríaco Bernhard, y no veía la hora de completar la laguna que llevaba demasiado tiempo pendiente, lo he hecho con su obra más conocida, Corrección (Austral, 1983).

Algo sucede con en la buhardilla de los Höller. Y es que el narrador de esta historia llega a ella tras el suicidio del amigo común, Roithamer.

Nos componemos sólo de ideas que han surgido en nosotros y que queremos realizar, que tenemos que realizar, porque si no, estamos muertos, así Roithamer.

Página 210

El protagonista se ha propuesto ordenar y clasificar los documentos de Roithamer, los de la construcción de un Cono en mitad del bosque. Los montones de datos e información que guardó su amigo en, ya sabemos, la buhardilla de los Höller.

Altensam, el Cono, la buhardilla de los Höller. La narración es una espiral que gira en torno a esos tres elementos, de una forma repetitiva y machacona.

Renunció a todo lo que los otros no habían renunciado, de forma que sólo tuvo que pensar en renunciar, en dejar atrás aquello a los que los otros no renunciaban y que no dejaban atrás, sólo necesitaba observar lo que los otros hacían o no hacían para hacer él o no hacerlo, las omisiones de los otros eran sus acciones y sus acciones las omisiones de los otros.

Página 45

Las repeticiones las consigue con una cantidad absurdamente exagerada de frases subordinadas, omitiendo diálogos y puntos y apartes y convirtiendo el texto en un párrafo infinito que jamás termina y del que es difícil escapar, en el que además nos sentimos oprimidos de un aire escaso. El mareo del agobio, el aburrimiento de la opresión. Una idea, desgranada, analizada, repetida, una y otra vez.

El resultado es avanzar apenas, el pum pum de un bajo, la base repetitiva de una canción techno. El corta y pega excesivo. La larguísima frase que precede a otra igual de larga, el avance mínimo, como el que tenemos cuando pensamos algo, cuando analizamos, cuando proyectamos.

Se nos obligaba a todo, porque siempre se nos exigía algo que no queríamos, incluso cuando era algo que queríamos, se nos exigía en un momento en que no lo queríamos.

Página 237

Un huracán que nos arrastra para posteriormente empujarnos a través de frases iguales, machaconas, pivotando sobre esa buhardilla, sobre Altensam, sobre Roithamer. Una y otra vez. Página tras página.

(…) no esté predispuesto al suicidio y, siendo probablemente más apto para la vida que él, encuentre una y otra vez una salida, mientras que Roithamer no encontró la salida, pero un día yo tampoco encontraré ya la salida, todo el mundo está destinado a no encontrar la salida algún día.

Página 172

Reconozco que el particular estilo de Bernhard me ha parecido muy interesante al principio, pero después se me ha hecho cuesta arriba. Me ha costado no perder el interés, continuar leyendo ese párrafo infinito con la impresión que da igual donde lo dejara que la idea sería la misma en las siguientes 50 páginas. He estado tentada de dejarlo en más de una ocasión.

Corrección no es una novela entretenida, más bien justo lo contrario. Pasa poco y está muy separado en sus páginas. Tampoco es una novela larga pero sí lo parece, como si sus 370 se convirtieran en 800. A mí se me ha hecho como unas lagunas movedizas, en las que no solo me veía empujada hacia el fondo sino que cuando pensaba que iba saliendo, el peso del barro iba ralentizando mis movimientos.

No ha sido la lectura que esperaba, no me ha gustado tanto como suponía, pero lo que sí creo es que no olvidaré esta lectura, asociada además a una sala de espera de un hospital, igual de machacona y repetitiva que la buhardilla de los Höller.

FICHA:

Te gustará si te gustó Algo ha pasado, Joseph Heller.
Pros– El estilo particular de Bernhard, merece la pena conocerlo.
Contras– Excesivo, repetitivo, lento, machacón.

Namaste.

Autor, Literatura

Distancia de rescate, Samanta Schweblin

Al fin llego a esta argentina que me recomendaron hace más de una década. Fallo mío, ya sabemos que la lista de pendientes no se acaba nunca y se agolpan los títulos y lecturas que queremos acometer.

Aunque el título anotado en mi libreta era El núcleo del disturbio, al no encontrarlo y ver que Seix Barral está reeditando alguna de su obra, escogí este, Distancia de rescate, escrito en 2014, en esta edición de 2025.

Distancia de rescate nos cuenta la historia de una madre con su hija. Y de un hijo con su madre.

Uno dice «perder la casa sería lo peor» y después hay cosas peores y uno daría la casa y la vida por volver a ese momento.

Página 20

El inicio de la historia comienza con una conversación, la de Amanda con alguien, identificadas las partes de este por estar escritas en cursiva. Pareciera como si este personaje estuviera indagando algo en la historia de Amanda, algo que aún no sabemos de qué se trata.

Amanda nos cuenta cuándo ha conocido a Carla, la vecina de la casa a la que acaba de llegar con su familia. Desde ahí ambas acciones se mezclan, desgranando quién es ese misterioso interlocutor y qué está buscando.

El resultado es una historia que se lee conteniendo la respiración para conocer qué hay detrás, cuál es el misterio, qué sucede realmente, y cuál será el desenlace.

En conjunto, Distancia de rescate huele a sur de Estados Unidos, a esa literatura sureña llena de pasajes oníricos y situaciones al límite: al de la violencia, al de la muerte. Un mundo en parte mágico y en parte poderosamente sucio y real. La unión de éxito de los contrastes.

Porque abrazar (al bebé) me recuerda mis primeros miedos.

Página 93

No quiero dar datos de qué sucede, en parte porque es la gracia de la historia y además por este libro se lee en una tarde y merece mucho la pena, sólo decir que Schweblin consigue meternos de lleno a un mundo de fronteras, de alientos fríos y miedos que se palpan, de niños sometidos a peligros y de padres que no acaban de ver lo que está por venir.

Me ha sorprendido, me ha encantado y ando golpeándome por las paredes por no haber leído a esta autora antes, porque sí, ya estoy anotando el resto de su obra y espero que Seix Barral edite, de una vez, el libro que sí tengo anotado en mi libreta.

Así que os la recomiendo y de nuevo, os conmino a buscar ese título que lleva anotado años en vuestra lista y darle prioridad.

FICHA:

Te gustará si te gustó La canción de los vivos y los muertos, Jesmyn Ward.
Pros– El tono, la mezcla entre las historias y el ritmo.
Contras– No haberlo leído antes.

Namaste.

Autor, Heller, Literatura

Algo ha pasado, Joseph Heller

Contadas son las ocasiones en las que anoto un título dos veces en mi lista de pendientes. Este fue el caso. Un libro poco conocido reeditado por Random House, siguiendo la estela de su novela más conocida, Trampa 22.

Por ser el autor de aquélla maravillosa, absurda, sarcástica historia, le asocié las mismas características a Algo ha pasado (Random House, 2022), si bien me daría cuenta enseguida que absolutamente nada tienen que ver entre sí.

Bob Slocum, protagonista de esta historia, es un ejecutivo de medio pelo, casado, con 3 hijos, que se encuentra en un momento de duda sobre su existencia. Anhela un ascenso pero al tiempo tiene un carácter frágil y complaciente que le hace dudar de conseguirlo. Tiene una estupenda mujer pero en lo único que piensa es en el divorcio, mientras acumula amantes. Adora a su hijo mediano pero siente desprecio para con los otros dos. Echa de menos a su hermano a pesar de haber presenciado una escena turbulenta de abuso con una vecina menor.

Pienso mucho en el divorcio y siempre lo he hecho. Aun antes de casarme ya pensaba en divorciarme. Visualizo a mi próxima mujer. Sería más joven, más bonita, tonta y sumisa.

Página 362

Pero aun así, teme a todos. Teme a sus compañeros de trabajo, teme que le deje su mujer, teme cambiar, arriesgarse, lo cual nos hace saber Heller de forma repetitiva y machacona las 600 páginas de la historia.

De un tiempo a esta parte a menudo me aburre mi trabajo. Todo lo rutinario se lo paso a otros. Y esto intensifica mi aburrimiento. Es un verdadero problema decidir si es más aburrido hacer algo aburrido que pasar a otros todo lo aburrido que llega a mi escritorio y quedarme entonces sin nada que hacer.

Página 56

Slocum no es interesante, Algo ha pasado tampoco lo es, pero sí es una reflexión dura y directa sobre el estilo de vida actual, muy a lo Houellebecq, desagradable, incómoda, pero no menos sincera. Un retrato de la vida actual, del aparentar lo que se debe ser mientras se esconde la miseria que le supone a Slocum levantarse cada día. Un homenaje al pose, al postureo, a las pretensiones.

Tengo la sensación de que alguien cercano no tardará en descubrir algo acerca de mi persona que será mi fin, aunque no alcanzo a imaginar qué puede ser ese algo.

Página 38

Algo ha pasado tiene multitud de fragmentos de reflexión, momentos en los que Heller, en boca del despreciable protagonista, le da forma a muchas de las situaciones que vivimos a diario cualquier ciudadano de a pie. Muchos de ellos son desagradables, pero no por ello resultan exagerados, sino que sentimos rechazo precisamente porque pone en boca de su protagonista de muchos sentimientos que andan por ahí, o que pueden acabar anidando en la cabeza de cualquiera.

El problema de Algo ha pasado es la búsqueda interesada del autor de resultarnos repetitivo, como lo es la rutina de cualquier hijo de vecino. Así, las ideas y los comentarios se repiten una y otra vez a lo largo de sus más de 600 páginas, con el objetivo claro de hacernos partícipes de una vida sin propósito, de un personaje mezquino al que conseguimos tenerle algo de aprecio, o al menos de compasión.

Siento escalofríos de terror a menudo cuando estoy ocioso. Normalmente no duermo bien (a pesar de que mi mujer dice lo contrario). Me entristezco y no puedo salir de mi tristeza. Ella es la que decide cuándo dejarme (hablo conmigo mismo o bien creo que puedo llegar a hacerlo). Me deprimo y no sé por qué. Lloro la pérdida de algo y no sé qué es; (sin piernas) camino con mis temores, dolores de cabeza y tristezas, todo ello inflándose y agitándose dentro de mí, a pesar de parecer que no me pertenecen. ¿Es esto esquizofrenia, o simplemente la conformación esquizoide normal, natural, típica, saludable, lógica y universal? (Podría alegar enajenación transitoria. Lo denominarían muerte piadosa. Se presentaría testimonio jurado de que se cometió el acto para no verlo sufrir más. La verdad es que no sufre).

Página 542

Porque Scolum, a fin de cuentas, es un pobre hombre, un tipo que no se miente a sí mismo pero que lo hace a diario, un personaje lleno de contradicciones, un infeliz que ha entrado en un agujero de gusano en el que todo se repite una y otra vez hasta el infinito.

¿Qué nos ha pasado? Algo ha pasado. Alguna vez yo fui un muchacho y ella una muchacha; éramos dos seres nuevos. Ahora somos marido y mujer, y ya nada resulta nuevo; todo resulta viejo.

Página 143

Algo ha pasado no es el libro que esperaba, aunque bien pensado, ninguno lo es. Tampoco la vida es como me la imaginaba.

FICHA:

Te gustará si te gustó Las partículas elementales, Michel Houellebecq.
Pros– Cómo trasmite la vida del protagonista, sus pensamientos y acciones.
Contras– Exceso de repeticiones, me han sobrado 150 páginas.

Namaste.