Durante un tiempo este libro aparecía en mi feed de Instagram junto con muy buenas opiniones. No conocía este libro ni tampoco había leído antes a una autora de Albania pero me animé a comprarlo y he decidido colarlo a pesar de no llevar bastante en el estante.
Libre (Anagrama, 2023) es la historia en primera persona de Lea, nacida en 1979 en Albania, testigo en los 90 del fin de la era comunista para adentrarse en un nuevo mundo.
El libro comienza con la biografía de Lea, desde su visión infantil nos acerca a la rutina en su barrio y colegio, a los modos de funcionar y normalidades de un mundo que no es el de Occidente, y nos adelanta algunos de los comentarios que en susurros o con dobles sentidos se hacen sus padres.
Conforme ella crece la acompañamos en el desmantelamiento de un sistema que pilla por sorpresa a la sociedad albana y que abre opciones increíbles hasta ese momento, como comprar un lata de Coca-Cola con bebida dentro. (A mí esto de que tener una lata vacía diera estatus y la pusieran encima de la radio para que la viera todo el mundo me ha parecido totalmente surrealista).
Además la autora incluye reflexiones teórico-políticas sobre la situación de su país y nos acerca a las reacciones de la sociedad y al inicio de revuelta que atravesó Albania durante la época, unida a la situación de incertidumbre ante el nuevo mundo capitalista que se avecinaba.
Me había convencido de que nuestro presente es siempre la continuidad con nuestro pasado y de que en toda serie de circunstancias aparentemente fortuitas subyacen unas características y unas razones lógicas.
Página 183
Libre parte de la popular autoficción con el análisis, se lee tan fácilmente como una novela, es interesante y fluye como literatura, pero también tiene una parte de descripción sociopolítica visto desde primera persona, al igual que ya lo hicieran otras historias como Salir de la noche de Mario Calabresi.
No deja de ser un buen modo de acercarse de primera mano a una situación popular en sus países de origen pero desconocida para el resto.
Nunca había que preguntarse qué podía hacer por ti el Estado, sino qué podías hacer tú para no depender del Estado.
Página 222
Quizá no es el libro maravilloso, potente y redondo que esperaba pero sí me ha parecido una lectura muy productiva y entretenida, recomendable si queréis conocer más de vuestro entorno sin caer en un artículo periodístico.
Comento siempre que para mí es muy importante escoger bien las lecturas que me voy a llevar a un viaje, por un lado para no cargar con lecturas de más y por otro, escoger historias que se adapten a un momento en el que podemos tener bastante tiempo para leer (un vuelo) o poco (tras un largo día de visitar monumentos).
Este otoño he podido visitar la Aquitania francesa, y para ello escogí 3 libros muy diferentes entre sí pero con mismas cualidades: no demasiado largos, capítulos cortos y que llevaban bastante en mi lista.
Empzamos por el primero: a Barnes lo leí el año pasado, también en un viaje, con La única historia, pero el libro que más había escuchado recomendar era este: El sentido de un final (Compactos Anagrama, 2012).
En este caso, en lugar de una historia de amor es la historia de una amistad que acaba en un momento y cómo se rememora y reconecta con ese amigo varias décadas después. Es una buena lectura para un viaje y Barnes uno de esos escritores que trabajan muy mucho sus novelas. Pero a la vez me quedo con la sensación de que no me acaban de llenar, lo veo desde fuera como una novela redonda, pero como desde un cristal, fría y estéril, por eso no la recomendaré con pasión, porque justo de eso, de pasión, carece.
Aún con esas, son muchos los fragmentos que he anotado en mi libreta, sobre todo reflexivos sobre el paso del tiempo y el devenir de la vida. Os dejo un par de muestra:
Éste era uno de nuestros temores: que la vida no resultara como la literatura. Página 25
Y así es la vida, ¿no? Algunos logros y algunos desengaños. Página 74
La segunda novela que leí es la famosa La plaza del diamante (Edhasa, 2023), de Mercè Rododera, autora catalana recomendada por activa y pasiva a la que yo no me había acercado quizá porque pensaba que no era para mí. Acerté.
Hay algo en el realismo de la posguerra que me aburre, que no me interesa. La historia es una buena novela sobre una mujer, la Colometa, desde el momento de casarse hasta su vida 40 años después. Aprecio lo que hace la autora, que no es sino describir a la perfección una Barcelona gris tras una guerra civil, pero hasta ahí. Sin más.
Agaché la cabeza porque no sabía qué hacer ni qué decir y pensé que tenía que apelotonar la tristeza, hacerla pequeña deprisa, que no me vuelva, que no esté ni un minuto corriéndome por las venas y dándome vueltas. Hacer con ella una pelota, una canica, un perdigón. Tragarla.
Página 63
Por último, un francés: Houellebecq, un autor del que por aquí habéis visto pasar Las partículas elementales, Ampliación en el campo de batalla y Plataforma. Poco a poco voy leyendo todos los libros de este polémico escritor, siempre a contracorriente e incómodo. De nuevo un protagonista blanco, varón, en su mediana edad, sin nada a lo que agarrarse, solo tras otra decepción amorosa que trata de mitigar con antidepresivos y una visión crítica de todo cuanto le rodea.
De la sociedad en general no he conseguido nada, en este sentido, como en casi todos los demás, me he dejado llevar por las circunstancias, he dado prueba mi incapacidad para gobernar mi propia vida.
Página 9
Lo de siempre pero distinto: la crítica ácida a una sociedad basada en el capitalismo más cruel, la farsa del ecologismo o las relaciones amorosas.
No es el mejor del francés pero sí está a la altura. De los tres el que más me ha hecho pensar y el que más me ha gustado.
En cualquier caso, la alegría y el alivio de tachar títulos en la lista de los libros pendientes.
Seguimos con los nuevos libros llegados por mi cumpleaños además de compras y regalos por el Día del Libro. Lo sé, muchos libros en las últimas semanas que se añaden a los ya tengo en casa pendientes de leer.
Bomarzo, Manuel Mujica Lainez (Seix Barral, 2024). Otra reedición de la editorial de un libro que pululaba por mi lista de pendientes a pesar de no estar anotado por sí. La portada es preciosa.
El niño de oro, Penelope Fitzgerald (Impedimenta, 2024). La británica lleva conmigo desde que Impedimenta empezó a publicarla: la famosísima La librería, El inicio de la primavera, Inocencia, La flor azul y La puerta de los ángeles (que no llegué a reseñar quién sabe por qué) y aún así tengo otros en casa sin leer como son A la deriva, La escuela de Freddie y La puerta de los ángeles. Pues no es suficiente y voy y compro el último. Y hasta lo he colado entre mis lecturas. Quién me entiende.
V13, Crónica judicial, Emmanuel Carrère (Anagrama). La crónica judicial tras los atentados de Charlie Hebdo de la mano de Carrère. Probablemente no sea una historia trepidante pero creo que cualquier persona interesada por el Derecho querrá leerla. Del mismo autor habéis visto pasar por aquí Una novela rusa, El adversario, Limónov, De vidas ajenas, El estrecho de Bering y El bigote. Una variedad de temáticas y libros de un autor que recomiendo siempre que puedo.
Un pulpo en la garganta, Zerocalcare (Reservoir Dogs, 2024). El dibujante con nombre de característica de pasta dental vuelve a la carga con una historia que, seguro, nos lleva de nuevo a Rebibbia junto con Secco, como ya hizo en La profecía del armadillo yOlvida mi nombre. En Netflix tenéis la versión en serie del primero bajo el nombre Cortar por la línea de puntos y Este mundo no me hará mala persona. También lo he leído. Lo del método FIFO nunca me quedó claro. Reseña.
Física de la tristeza, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel, 2018). Del autor que he quedado encandilada con Las tempestálidas estaba claro que tenía que hacerme con otros de sus títulos. He preferido que sea en forma de novela, a pesar de que podéis encontrar una edición con sus cuentos que se ha publicado recientemente Impedimenta.
Las grandes familias, Maurice Druon (Libros del Asteroide, 2009). Si por algo se caracterizaba la editorial en sus inicios era por la publicación de trilogías totales de gran calidad. Como ejemplos tenemos las de Robertson Davies, Wallace Stegner o Miklós Bánffy. Esta de Las grandes familias del francés Maurice Druon ganó el premio Goncourt y era una que me faltaba. Acaba de ser reimpresa, de ahí que la podáis encontrar en vuestra librería habitual.
Muchas gracias R. por los regalos por el Día del Libro y a Eva por los de mi cumpleaños.
Y vosotros, ¿habéis comprado muchos libros últimamente?
¡Hasta el próximo IMM! (Con suerte con alijo de la Feria del Libro de Madrid)
Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019) es un libro que desde su publicación ha recibido alabanzas de crítica y público, recibiendo el premio Herralde de novela además del aplauso de miles de lectores de Enríquez, que la han llegado a posicionar en una de las autoras más seguidas de la actualidad.
Como sé cómo funciono con los libros que han tenido mucho tirón comercial, he decidido dejar pasar algo de tiempo para leer la historia, pero animada por las múltiples buenos comentarios y auspiciada por mi curiosidad me acabé animando a comprarla y este año me decidí a leerla.
Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019) se vende como una historia de terror, espeluznante, de esas para las que los estómagos frágiles no son aptos. Se la compara con Stephen King y muchos lectores admiten que tuvieron mucho miedo al leerla.
El inicio comienza con un viaje en el que acompañamos a Juan por Argentina junto con su hijo Gaspar. Sabemos que hay una secta y una Oscuridad y después conoceremos más detalles de quién es quién en la organización y qué puesto ocupa Juan, el médium clave para la conexión entre la dirección de la secta y la Oscuridad.
Sabemos también que Rosario, la mujer de Juan y madre de Gaspar, ha desaparecido. La búsqueda de la mujer es uno de los primeros elementos de la trama, el intento de Juan de acceder a esa Oscuridad para obtener información sobre su paradero.
Sin embargo, aunque durante las primeras 150 páginas se nos plantea esto, la trama realmente no continúa por ahí, o no solo por ahí, porque Enríquez divide la novela en seis partes que no tienen esta trama en común y que son totalmente desiguales entre sí tanto en longitud como en narradores y temáticas. Mientras que en el inicio se mantiene el narrador omnisciente donde Juan y Gaspar son los protagonistas, acercándonos tanto a la situación de la secta como a los amigos de Gaspar, posteriormente el narrador pasa a la primera persona para darle voz a Rosario donde nos da su visión y nos retrotrae al momento en el que conoció a Juan y su vida en Londres, previa al nacimiento de Gaspar.
El problema de Nuestra parte de noche es la extensión y todo lo que trata de abarcar, porque son tantas, tantas cosas, que finalmente deviene sin rumbo: nuevos personajes, analepsis y prolepsis, bifurcaciones de la trama en cada una de sus partes… un batiburrillo difícil de gestionar: desde la situación política de Argentina, la inestabilidad, pobreza, los desaparecidos y la violencia; al folclore argentino y también la amistad entre niños y la amistad entre jóvenes, pasando por el amor y el LSD o la psicodelia propia del Londres de los 70.
De fondo, la relación entre Juan y Gaspar y la Secta y su Oscuridad.
Además, esta exageración de temas produce otras cosas como son la ralentización de la historia principal y la reiteración de la información que acaba provocando un exceso de páginas. El hecho añadido de que cada parte funcione como independiente genera la sensación de que no hay unidad en la historia, sino como algo accesorio que aporta poco al primer hilo planteado y diluye la supuesta trama que se extendía en las primeras 150 páginas.
Todo esto es lo que como lector te hace pensar que el plan de la trama no está establecida, que se están dando tumbos tratando de improvisar la estructura de una novela. No de una cualquiera, una de 700 páginas.
En cuanto a los personajes, son planos y no evolucionan. Desde el primer momento los buenos y los malos son los mismos y las razones, motivos o acontecimientos que les suceden no varían su comportamiento, tampoco sabemos por qué son de ese modo. Todo genera una sensación simplista en su construcción, como si se ofrecieran al lector y con dos adjetivos ya tenemos que aceptar que son de ese modo. La excepción la marcan Juan y Gaspar, cuya compleja relación está mejor construida debido al número de páginas que les dedica.
Total, podéis imaginar la absoluta decepción y a la vez la inmensa sorpresa al enfrentarme a un libro que la mayoría pone por la nubes y que para mí es una novela totalmente fallida, con exceso de páginas y de temáticas, sin rumbo definido, con problemas en el ritmo y en la construcción de personajes. Una historia que además se hace aburrida y sin propósito, que es inconstante e irregular y que plantea dudas en cuanto a su edición y para qué negarlo, también por la concesión del Herralde.
Me he empapado de reseñas de lectores que dicen que se ha convertido en uno de sus libros de cabecera para tratar de comprender qué le han visto, he indagado por Internet entre opiniones diversas para tratar de comprender la mía.
Aún así, no he encontrado respuesta satisfactoria, sólo la sensación amarga de haber perdido el tiempo de un libro tan largo como este.
Y sí, las primeras 150 páginas prometen: tienen ritmo y se aprecia la brillantez que muchos mencionan de Enríquez, pero a partir de ahí cada temática, cada parte, nos plantea nuevos temas que consiguen que vaya cayendo de forma irrecuperable.
Mi primer pinchazo de este año de cabeza a la lista de decepciones de 2024.
Sostiene Pereira que lo conoció en un día de verano.
Página 7
Así comienza la novela más famosa del italiano Antonio Tabucchi, ambientada en la más portuguesa de las ciudades, Lisboa.
En el propio título nos adelantan los dos puntos más importantes de esta novela: su protagonista y el modo en el que nos van a narrar los sucesos.
Pereira lo sostiene porque como podemos imaginar, le están tomando declaración por algo que sabremos más adelante. Pereira lo sostiene a pesar de que él no es de sostener demasiadas cosas, tan solo su amor y pasión por los escritores franceses del siglo XVIII. Y también, sabemos, por su mujer, fallecida hace unos años.
Se preguntó: ¿En qué mundo vivo? Y se le ocurrió la extravagante idea de que él, quizá, no vivía, sino que era como si estuviese ya muerto.
Página 16
Y es lógico que se haga esa pregunta, porque Pereira no tiene ningún interés por conocer qué está ocurriendo en el mundo: no hay un periodista menos periodista que este. O ¿quién se podría a escribir efemérides de autores franceses muertos hacía 25 años estando en 1938?
Pereira, claro.
La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad.
Página 30
La situación cambia cuando nuestro protagonista se encuentra con un joven a quien contrata como ayudante, un hombre que le va a hacer replantearse muchas de las cosas que cree saber, alguien que le abre una ventana a ese mundo exterior del que no quería saber nada.
Sostiene Pereira (Compactos 50, 2019) es una novela corta pero con una altísima calidad literaria. Vemos aquí un héroe luso, un Oblómov a la portuguesa, un personaje propio que huele a limonada y omelettes a las finas hierbas, uno de esos que se queda en la retina del lector y que traspasa las líneas para alcanzar la eternidad. Como Ignatius J. Reilly. Como el Quijote.
Hay algo decimonónico en Tabucchi, algo que conecta con los nombres más destacados de las literatura de la Mitteleuropa, una forma de narrar el ambiente y las pulsiones internas del protagonista, algo en el tono que ha desaparecido a mitad del siglo XX por la dictadura de la autoficción o por el cambio en el uso del tiempo actuales
Es usted una persona infame, y todo esto es una infamia.
Página 173
Qué fácil parece la buena literatura cuando se hace bien. Qué placer para el lector sumergirse en una historia de estas características.
Bajo este título, con el subtítulo Escritores, editores, amigos, Jorge Herralde nos presenta una mezcolanza de textos en relación a su trabajo en la editorial Anagrama.
En algunos casos son discursos que pronunció en entrega de premios a los autores que menciona. En otros, artículos sobre la importancia de un autor o el trabajo editorial y su relación con sus colegas desde sus inicios.
Compré este libro hace mucho porque me interesa conocer la intrahistoria del trabajo de una editorial como Anagrama, que marcó una disrupción en el mercado editorial y que publicó a autores hoy en día consagrados y famosísimos como Arundhati Roy, Bukowski, Roberto Bolaño o Paul Auster.
Debido a la multitud de historias que se podrían incluir en este libro se decide limitar los textos incluidos a un momento temporal concreto, donde además se ha suprimido la parte de Roberto Bolaño que ya tiene un libro independiente, Para Roberto Bolaño (Anagrama, 2005). Eso incluye crónica en sí sobre el descubrimiento de algunos autores pero también los discursos que pronunció Herralde en entregas de premios de los autores.
El resultado es una amagalma complicada de entender como unidad, porque unos textos poco tienen que ver con otros y el contenido de un discurso es siempre algo vacío que a mí, como lectora, me interesa nada.
Para mí ha sido bastante decepcionante, quizá porque esperaba algo más compacto y trabajado que explicara el proceso de edición y la toma de decisiones o el descubrimiento de los autores y eso, en este libro, no se encuentra.
Mención especial a aquéllos autores que Herralde menciona como promesas de la letras hispanas y que han pasado sin pena ni gloria en la actualidad. Qué crueles pueden ser las expectativas.
Y aunque con dudas, más bien animada por lo original de la composición de este libro, ha sido El secuestro (Anagrama, 2020) la novela con la que he vuelto a él.
El título nos adelanta la trama: hay una ausencia derivada de la autoexigencia del autor, ya sabéis, cosas de pertenecer al grupo Oulipo: ¿por qué no prescindir de la vocal más utilizada? Perec lo hace en francés con la e, de ahí que en francés el título fuera La disparition, pero en español se optó por adaptar la traducción y hacerlo con nuestra vocal más común: la a.
El resultado es muy, muy peculiar. Porque a pesar de la complejidad formal Perec consigue sacar ese punto humorístico que le caracteriza:
Murió el primo por un chorizo, el sobrino por un bollo, el vecino por un corrusco, un tipo por un mendrugo.
Página 18
Y también esa visión inteligente de lo que le rodea, ese tipo de descripciones de la realidad que es capaz de plasmar con muy pocas palabras:
Por poco lo consigue, pero lo perdió todo, menos el tormento de un deseo no cumplido y el disgusto de un conocimiento escurridizo.
Página 26
Lo peculiar de esta historia es a la vez lo bueno u lo malo. Si analizamos la trama, ninguna pega, mantiene todos los elementos propios de un misterio planteado desde la primera página. El problema es que la lectura se hace extraña. Hay algo desafinado, a destiempo, incómodo, que complica el asunto para el lector.
Y es que no es natural, ni fluido, no surge de forma normal, porque debido a la restricción formal no puede hacerlo. Y eso es a la vez lo mejor y lo peor de este libro.
Los días se transforman en soles, las semanas en meses, la aurora en el rosicler. Todo para continuar con la ausencia de la vocal.
El cristo que se montó fue gordísimo. El muerto circuló de institución en institución.
Página 91
Por ende, todo es forzado, y como tal, tras leer varias páginas uno se siente cansado, con el cerebro reseteado, como si la complejidad para leer la historia se hubiera multiplicado por cinco. No me quiero ni imaginar el proceso de escritura.
Así, el resultado es meritorio, por el continuo trabajo de búsqueda de sinónimos y opciones tanto para el autor como para los traductores, por lo que sugiere y por todo el trabajo que lleva detrás.
Evidentemente, la restricción formal le hace tener que recurrir a otras originales opciones para dar a entender de lo que habla, como en este fragmento con menciones literarias:
Tom M., quien se encontró con Estelle, dijo «Si mi novelón sobre los dolores de los tuberculosos no estuviese escrito en el momento que nos conocimos Estelle y yo, Hens Costorp no hubiese coincidido con Clodette C. en su clínico de reposo.
Página 185
Decían otros lectores que esta historia está bien como experimento, pero que no funciona como novela al uso. Quizá porque no se trata de una novela al uso, claro.
Aquí las nuevas incorporaciones de diciembre y enero, pocas compras (¡bien!) y regalos bajo el árbol así que todo perfecto.
El barco de Teseo, Doug Dorst y J. J. Abrams (Duomo, 2023). La revolución editorial vino en octubre de la mano de un libro publicado en Estados Unidos hace una década pero que al fin podeos encontrar en español. Una loa a las buenas ediciones para un título casi de coleccionista, en el que se incluyen desde postales a fotografías, para meternos de lleno en la historia de S. pero también en la de Eric y Jen, lectores que como nosotros están leyendo la historia y nos dejan sus impresiones en notas. Ha causado tanto furor que ahora mismo está agotado.
Trilogía, Jon Fosse (DeConatus, 2023). Muchas ganas tengo de leer por fin al último Premio Nobel. Lo haré con este libro. Cae en breve. Reseña.
El sentido de un final, Julian Barnes (Compactos Anagrama, 2012). Tras La única historia sabía que este título iba a ser el siguiente y de ahí a mis lista para los Reyes y a recibirlo como regalo. Perfecto para un viaje. Reseña.
La Regenta, Leopoldo Alas Clarín (Alba, 2022) Eterno pendiente que llevo queriendo leer desde hace mucho pero del que no disponía un ejemplar. Me da algo de vértigo, no os lo voy a negar, quizá por eso lo he añadido en los propósitos, para tratar de no escabullirme con su lectura. Veremos.
Ágape se paga, William Gaddis (Sexto Piso, 2008). Dicen que cuando lees a Gaddis ya no hay vuelta atrás. Puede ser, porque tras Gótico carpintero he comprado Los reconocimientos y además he pedido este título, mucho más corto (algo que era sencillo, la verdad, que el otro son 1300 páginas…). Reseña.
Manual de Saint-Germain-des-Près, Boris Vian (Gallo Nero). Una particular guía del barrio de Saint-Germain-des-Près de la mano del inclasificable Boris Vian, un escritor al que nunca me canso de leer.
1948, Yoram Kaniuk (Libros del Asteroide, 2013). ¿No os pasa que anotáis un título y más tarde queda sepultado por otros y queda relegado en un segundo plano? Eso me ha ocurrido con este que nos cuenta el testimonio de un hombre que sirvió en el Ejército durante la guerra de independencia israelí y que 60 años después rememora sus recuerdos.
Libre, Lea Ypi (Anagrama, 2023). Testimonios de la Albania soviética que se está recomendando de forma unánime. Últimamente todo lo soviético me tira así que no pude evitar comprarlo en mi última visita a Moito Conto.
Los nuestros, Luis Harss (Alfaguara, 2012). Uno de los títulos que se mencionan en Aquellos años del boom, de Xavi Ayén, de donde voy sacando títulos para leer e ir ahondando en ese momento tan relevante para la literatura.
Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg (Acantilado). En este caso comprado para releerlo, ya que la primera vez fue hace una década en un libro de la biblioteca, y no quería que faltara este magnífico libro en mis estantes.
Mi padre y su museo, Marina Tsvietáieva (Acantilado). De la autora he leído ya Mi madre y la música, y me pareció que este título se complementaba a la perfección con el anterior. Tengo también los Diarios de la Revolución de 1917 para optar uno u otro. Reseña.
Y vosotros, ¿habéis recibido muchos libros de regalo?
Hace mucho, mucho tiempo que quería leer a este autor, que parecía recomendado por todos los sitios como signo de calidad, incluso hay lectores que aclaman que cualquiera de sus títulos es recomendable (no en vano lleva siendo candidato al Nobel desde hace bastante tiempo).
Realmente en mi libreta aparece el título El sentido de un final (Anagrama, 2011) pero finalmente fue este La única historia (Compactos Anagrama 2022), el que acabé comprando tras toparme con él en una visita a mi librería de confianza.
La novela comienza ya de forma potente con una primera frase memorable:
¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo, en definitiva, esa es la única cuestión.
Página 13
El resto no se queda atrás. La historia de amor entre Paul y Susan, que se conocen jugando al tenis, y la evolución de su historia, la relación con la vida de ambos y el impacto que su amor tiene en su entorno.
El tronco de la memoria se parte a lo largo de la veta. Por eso no recuerdas los períodos tranquilos, los paseos, la jovialidad, las bromas constantes.
Página 124
El texto lo adereza Barnes con reflexiones de diversos temas, del tiempo y los recuerdos, como la cita anterior, pero también del juego individual que tenemos en la sociedad. Lo hace con un estilo pulido, elegante y trabajado, donde nada sobra y nada falta, con la precisión del escritor que busca la palabra exacta en cada frase.
Si la estadística de la felicidad depende de una declaración personal, ¿cómo podemos estar seguros de que alguien es tan feliz como asegura serlo? ¿y si no dice la verdad?
Página 201
Además, aunque la estructura es cronológica y aparentemente sencilla, nos sorprende Barnes con un cambio de narrador omnisciente a segunda persona del singular en mitad de un capítulo, así de repente. Para después, justo cuando se enfrenta al cierre de la historia, saltar al narrador protagonista en primera persona.
La única historia no sólo es mi primer libro del autor sino que también quedará en mi memoria por haberme acompañado en mi viaje por Egipto, y esa fotografía, con el Nilo de fondo, queda como demostración que un libro triste no desentona en ningún lugar.
Os recomiendo este libro de Barnes y corro a pedir El sentido de un final a los Reyes Magos, a ver si cae.
Hace ya tiempo el nombre de Perec me sobrevolaba de vez en cuando. Sin embargo, la cantidad de títulos y autores pendientes lo sepultaron en algún lugar de mi memoria, hasta que Javier Peña con su podcast Grandes Infelices, le dedicó un episodio y lo trajo de vuelta.
Con esas, acabé comprandoLa vida instrucciones de uso (Compactos de Anagrama edición 50 aniversario, 2019) y esperé el mejor momento para afrontar este tocho.
No sin dudas, y recabando información de lectores que ya lo habían leído, acabé decidiendo que mis vacaciones serían un buen momento para leer esta historia, puesto que tendría bastante tiempo para leer.
La vida instrucciones de uso es la historia de los vecinos de un edificio, los del número 11 de la calle Simon-Crubellier de París. Imaginemos un edificio al que se le ha quitado la fachada, donde el lector-espectador puede ver las estancias y de ahí conocer a los habitantes.
Ahora en el pequeño saloncito queda lo que queda cuando no queda nada: por ejemplo, moscas, o prospectos que han echado los estudiantes por debajo de todas las puertas y que son propaganda de un nuevo dentífrico o prometen un descuento de veinticinco céntimos a quien compre tres paquetes de un detergente (…)
Página 46
La descripción es el punto de partida para explicarnos quién es su morador, bien en el presente, bien en el pasado, ya que además de los actuales habitantes, también hay saltos temporales que nos llevan a los primeros moradores del edificio.
Mención aparte tiene la estructura de la novela. Como seguro muchos ya sabéis, para contarnos la historia Perec se vale el movimiento del caballo para ir saltando de habitación en habitación. Así, el edificio tiene una estructura de una cuadrícula de 10×10, lo que le permite saltar por todas las casillas una vez (con sola una excepción en la que repite).
La cosa no queda ahí. Y es que como miembro destacado del grupo Oulipo, Perec consideró esta historia como un rompecabezas, y como tal se autoexigió que se incluyeran determinadas temáticas, listados o sensaciones en cada estancia. La cosa es compleja y o me voy a extender, para más información, aquí.
Esto es, en cada salto saltamos de espacio geográfico, protagonista y, generalmente, momento temporal, y de ahí las listas, sensaciones y referencias.
Más allá de lo complejo que tuvo que ser dar forma a todo lo anterior, me quiero detener en lo que nos cuenta. El principal protagonista de esta novela coral es Bartlebooth, un rico inglés que dedica su vida a un curioso propósito que relaciona viajes alrededor del mundo, acuarelas y puzzles:
Imaginemos a un hombre cuya riqueza solo se puede comparar con su indiferencia por todo lo que la riqueza suele permitir y cuyo deseo, mucho más orgulloso, estriba en querer abarcar, describir, agotar, no la totalidad del mundo -proyecto que se destruye con solo enunciarse-, sino un fragmento constituido del mismo: frente a la inextricable incoherencia del mundo, se tratará entonces de llevar a cabo un programa en su totalidad, sin duda limitado, pero entero, intacto, irreductible. En otros términos, Bartlebooth decidió un día que toda su existencia quedara organizada en torno a un proyecto cuya necesidad arbitraria tuviera en sí misma su propia finalidad.
Página 147
Las conexiones entre los vecinos las iremos conociendo a medida que las vamos leyendo, y además de ser inevitables (algunas de amistad o enemistad), también les une un hilo conector de lugares comunes y detalles que vemos de unas estancias a otras (por ejemplo, un vecino hace un viaje y otro tiene una postal en su casa de ese mismo lugar).
La cantidad de información que se incluye en esta magnífica historia es increíble: detalles del mobiliario, viajes, historia y arqueología, asesinatos o referencias actuales, arquitectura y geografía. Impresiona que una sola persona haya sido capaz de crear este collage enorme de diferentes cosas, con referencias a temáticas muy diversas con un control de cada una sorprendente y alucinante.
Hace cuarenta años que el afinador de piano viene dos veces al año, en junio y en diciembre, al piso de la señora de Beaumont, y es la quinta que lo hace acompañado de su nieto, que se toma muy en serio su papel de guía, aunque aún no ha cumplido diez años. Pero la última vez volcó una jardinera de dieffenbachia y esta vez la señor Lafuente no lo ha dejado entrar.
Página 434
Os estaréis preguntando: ¿ha sido la mejor opción para leer en un viaje? Definitivamente sí. Por ser una novela larga y con muchas historias cruzadas suceden varias cosas: al principio es complicado retener tanto apellido y referencia. Como suelo hacer, anoté alguna característica de cada uno para que se me quedara en la memoria. La ventaja de tener tiempo a la hora de leerlo es que enseguida aparece de nuevo el personaje y podemos rellenar lagunas. En una situación normal, me temo que al avanzar poco y no enterarme bien habría corrido el riesgo de postergarlo por confusión.
Por suerte, si os echa para atrás la cantidad de nombres y detalles, no os preocupéis que la edición de Anagrama tiene no sólo un mapa de los pisos y estancias a los que va saltando, sino también un glosario con las referencias de nombres, temáticas y personas que se mencionan en cualquier momento, por lo que en caso de duda no hay más que buscar y salir de dudas.
Entonces lo embargaba a veces un sentimiento de tristeza insoportable; pensaba en los demás, en todos aquellos que ya no estaban allí, en todos aquellos a los que se habían tragado la vida o la muerte.
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Qué libro La vida instrucciones de uso, qué fantástica la sensación, mientras lo estás leyendo, de que va de cabeza a lo mejor de 2023. Pero también qué triste es ese 23 de junio de 1975, cerca de las 20,00.
Qué genial ir avanzando y darte cuenta de que va a formar parte de uno de los libros más destacados, de esos que antes de terminar ya sabes que vas a releer.