Los lectores tenemos, por definición, muchos pendientes. Los recuerdos del porvenir era uno de ellos, de los que figuran como necesarios leer si conoces algo del boom hispanoamericano.
El ensayo de Aquellos años del boom de Xavi Ayén no hizo sino ponerme más deberes. Tampoco ayudó que este título fuera difícil de encontrar. Por suerte Alfaguara ha sacado recientemente una edición con la que, ahora sí, poder leerlo.
De Los recuerdos del porvenir dicen que es el antecedente del realismo mágico, el primer libro que adelanta lo que después explotaría García Márquez en Cien años de soledad.
¿Exageran? Os dejo su inicio:
Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Solo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me acuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo solo soy memoria y la memoria de mí que se tenga.
Página 15
El narrador es Ixtepec: el pueblo testigo de la acción y narrador omnisciente (¿se puede ser más omnisciente que un lugar?).
Ixtepec guarda en sí la memoria y el recuerdo de lo que ha sucedido en su tierra. También reconoce las señales que traen la futura confrontación. Sabe que sus vecinos callan sus secretos. Sabe que el recién llegado, ese hombre joven al que miran de reojo todas las muchachas, no ha viajado al pueblo por casualidad.
¿Cuál fue la lengua que por primera vez pronunció las palabras que habían de empeorar mi suerte?
Página 82
Ixtepec no lo sabe. Lo que sí siente es un cambio en el ambiente, una modificación de las rutinas y costumbres, frases que susurran, rumores que corren por sus calles: la pólvora que corre en un momento de exaltación posrevolucionario. La chispa para que los hombres del general Francisco Rosas se pongan nerviosos y desde el Hotel Jardín ultimen sus acciones.
Los recuerdos del porvenir es una novela sobre el tiempo. Sobre su paso y sobre cómo están conectadas las cosas. En Ixtepec, si paran el reloj de cuco, el tiempo no pasa. Como buen pueblo del realismo mágico, algunas cosas no funcionan tal y como esperamos:
-¿Qué horas son, Señor Presidente?
– ¿Cómo quieres que te diga la hora si desde aquí no veo las estrellas?
Página 239
Elena Garro consigue equilibrar el aspecto realista de la historia con el contexto histórico siempre presente, con determinados elementos propios del realismo mágico. Sin embargo, la reacción y el comportamiento de los personajes se acerca mucho más a una novela al uso que a Cien años de soledad.
Los recuerdos del porvenir es también una novela que despierta emociones, donde la violencia y la crueldad forman parte del día a día. Además, es una historia de mujeres. Mujeres que callan y actúan sigilosamente. Mujeres que dicen que sí pero que cada uno de sus actos se rebelan contra el que oprime.
La novela es sencilla pero compleja, anima a leer y aún así, poco a poco nos vamos dando cuenta cómo estamos metidos en la historia de un pueblo que sigue dudando sobre el momento exacto en el que las cosas se torcieron.
¿De dónde llegan las fechas y a dónde se van? Viajan un año entero y, con la precisión de una saeta, se clavan en el día señalado, nos muestran un pasado, presente en el espacio, nos deslumbran y se apagan. Se levantan puntuales de un tiempo invisible y en un instante recuperamos el fragmento de un gesto, la torre de una ciudad olvidada, las frase de los héroes disecados en los libros o el sombro de la mañana del bautizo cuando nos dieron un nombre.
Página 274
Os podréis imaginar que mis expectativas a la hora de encarar la lectura eran muy altas. Temía decepcionarme, encontrar algo que no me acabara de convencer. Nada de eso. La buena literatura es eso: algo sencillo pero nada fácil de conseguir. Una historia interesante, personajes con los que empatizamos. Una sensación. En este caso, un pueblo.
Este libro se va directo a la lista de lo mejor de este año. Os recomiendo que no lo dejéis pasar.
FICHA:
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Te gustará si te gustó |
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Pros |
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Contras |
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Namaste.



Lo cierto es que ambas historias tienen mucho en común: una mujer, narradora en primera persona de su propia vida tras un cambio significativo. En el caso de Tránsito, una mudanza tras el fin de una relación sentimental. En A contraluz, una viaje a Grecia. Tanto una como otra incluyen diversos temas, hilos que nos van sugiriendo los secundarios o que la propia narradora se plantea, nuevas situaciones que hacen reflexionar a su protagonista.
Este libro entró en mi Plan Infinito tras un comentario de 
Tras leer Rojo y negro, parece obligada acometer la lectura de esta historia. Tanto, que lo adquirí poco tiempo después (hace una cantidad tan grande de años que omitiré para que nadie me tache de acumuladora de libros). En fin: llegado el verano, aproveché para seguir la tradición y escoger un tocho para leer. Tocó este. Así, lo paseé por la geografía española, de playa en playa, de isla en isla, de piscina en piscina, siempre en mi bolso. Lo saqué en el aeropuerto, lo llené de arena, vi cómo unos lectores franceses se daban codazos al leer el título, se mojó con las gotas del Océano, hasta doblé sus páginas. (¡Yo, que soy pulcra con mis libros, al ver que no me quedaban más post-it y que el libro no era demasiado salvable!)
Probablemente yo sea de las pocas que no leyó Intemperie en su momento, pero que quería probar con el autor y por eso
Hay otras novelas, otras historias, que desde el primer momento prometen ser un páramo donde sopla fuertemente el viento, donde nos huele a quemado desde el principio. Hay algo en el ambiente que nos hace desconfiar. Las de
Jesús Carrasco (Badajoz, 1972): Licenciado en Educación Física, Carrasco es una rara avis literaria. Su primera novela, Intemperie, fue publicada en 2013 y supuso un rotundo éxito llegándose a vender los derechos de su publicación fuera de España incluso antes de publicarse en su país natal. Además, cosechó un extenso catálogo de premios y un elevado número de ejemplares vendidos. La tierra que pisamos (2016) es su segunda novela.
Lo que sí recuerdo, entre otras cosas porque lo tengo delante, es de la edición de Edhasa que me llevé a casa, que hace juego con mi libro de cuentos de Edgar Allan Poe. Hay que ser un poco presumido y saber que los libros sí decoran. ¡Si no de qué ibamos a ponerlos con el canto para afuera, leche!