Autor, Literatura, Schlink

El lector, Bernhard Schlink

Hoy os traigo uno de esos libros que compramos porque todo el mundo los recomienda pero que después han de esperar meses y años hasta que son finalmente leídos. Lo compré hace mucho, mucho tiempo a Lady Boheme, y desde entonces esperaba paciente en la estantería.

Hace poco decidí que se iba a colar en mis siguientes libros y aprovechando que es corto lo leí rápidamente.

el_lector_selloEl lector narra la historia de Michael Berg, un adolescente que mantiene una relación amorosa con una mujer mucho mayor que él. Posteriormente, los caminos de ambos se vuelven a cruzar en una situación totalmente diferente. De este modo Michael puede responder a alguna de las dudas que le inundaban los recuerdos. Las cosas que parecían ilógicas se muestran ahora racionales.

Uno de los temas principales en la novela es, ya lo dice el título, la lectura. Michael lee historias a Hanna, grandes novelas o pequeñas historias. Pero por encima del amor a la lectura y de las referencias literarias, en El lector aparecen otros temas como el deseo, la incertidumbre y la traición.

Con una historia aparentemente sencilla, Schlink consigue dotar a los personajes y a la relación que les une de mucho empaque, añadiendo otras cuestiones a su (inicialmente) simple historia de amor.

El alemán es un autor inteligente, que sabe utilizar las palabras y los silencios de un modo muy equilibrado, donde lo simple se torna en complejo si lo vemos desde otro punto de vista. Para ello, juega con las percepciones y los recuerdos, aprovechando la inocencia de un joven que no necesita analizar su relación con Hanna.

Posteriormente, y no quiero contar de más, todo se torna claro bajo la luz del sol. Entra entonces en juego la culpa y la valoración moral de actos pasados que juzgamos desde la posición del ahora.

Ya por entonces, cuando me llamaba la atención ese aturdimiento, y especialmente el hecho de que no afectara sólo a los criminales y a las víctimas, sino también a nosotros (…) cuando comparaba entre sí a los criminales, las víctimas, los muertos, los vivos, los supervivientes y los nacidos más tarde, no me sentía bien, ni me siento bien ahora tampoco. ¿Es lícito hacer tales comparaciones?

(…)

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque e que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin?

(Páginas 98 y 99)

En definitiva, El lector es un libro muy recomendable. Schlink es uno de esos autores a los que no hay que perder de vista. Un acierto siempre que se escoge algo de él. Sin duda, continuaré conociendo su obra.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El fin de semana, Bernhard Schlink.

  • No puedo evitar que Schlink me recuerde a Auster. ¿Sólo me ocurre a mí?

Pros

  • El uso de los silencios, la importancia de saber qué contar y qué no.

Contras

  • El inicio, que se me ha hecho abrupto.

 Namaste.

Autor, Literatura, Pynchon

La subasta del lote 49, Thomas Pynchon

Mi primer Pynchon. No es baladí comenzar a leer un autor tan renombrado como este.

lote49Tengo que reconocer que llevo varios días dándole vueltas a la cabeza a lo que podría contar de esta historia. Entre otras cosas, porque es el tipo de libro que una vez finalizado dan ganas de volverlo a leer, precisamente porque al terminar uno se queda con la sensación de que se ha perdido en el intrigado argumento, que ha perdido el hilo o que no ha comprendido la totalidad de lo leído.

En fin, mejor empiezo por el principio. La subasta del lote 49 es un libro pequeño, corto, de menos de 200 páginas. Además la letra es bastante grande para la edición del libro.

En las primeras líneas ya se nos presenta la protagonista de la historia: Edipa Maas, una mujer a la que se le ha nombrado albacea de la herencia de un millonario. Hasta aquí, bien. La señora Maas deja su casa y su ciudad para comenzar un viaje en el que se irá cruzando con gente variopinta, donde le asaltarán misterios y extrañas coincidencias.

– Si es que no me entendéis -dijo Driblette exasperándose-. Sois como los puritanos con la Biblia. Fanáticos de la literalidad. Tú sabes dónde está la obra, ¿verdad? No está en el archivador, ni en el libro que buscas, sino -salió una mano del vaporoso sudario de la dicha y señaló la cabeza suspendida en el aire- aquí dentro. Para eso estoy yo. Para dar corporeidad al espíritu. ¿A quién le importan las palabras? Son ruidos mecánicos para apoyar el ritmo de los versos, para penetrar en la barrera ósea de la memoria de un actor, ¿no? Pero la realidad está en esta cabeza. La mía. Yo soy el proyector del planetario, todo el cerrado microcosmos que se ve en el círculo del escenario sale de mi boca, de mis ojos y a veces también de otros orificios.

Lo de menos, quizá, sea el misterio de R.E.S.T.O.S. o el verdadero pasado del finado. Lo verdaderamente destacable es el estilo de Pynchon, abundante en referencias culturales, citas, películas, metáforas y simbolismo. Cada párrafo es un golpe en el rostro del lector, por lo que aturulla y noquea, por toda la información que acarrea cada una de las palabras escogidas.

Y sin embargo, no es un ejercicio de demostración como el que a veces leemos en otras novelas. Pynchon no necesita demostrar que sabe mucho, que lee mucho, que conoce mucho. Porque le basta y sobra una frase para dejar tiritando al lector que no sabe lo que se le viene encima. Otros, los rimbombantes, demuestran y exageran en cada línea. Pynchon es capaz de dejar el exceso de palabras a un lado y añadir múltiples recursos, como el humor, la sátira y la absurdez de determinadas situaciones (el episodio del sexo con el abogado o la recurrrente aparición de Los Paranoides) para ligar un estilo serio con un contenido extraño.

Extraño, es la palabra. Porque la historia desorienta, la trama es compleja, discontinua, aparece y desaparece hasta que no sabemos adónde quiere llegar. Pero no importa, porque aunque a día de hoy no tenga claro si me ha gustado o no, sí que queda claro que la demostración de calidad del autor y su inteligencia van por delante. Que a Pynchon hay que leerle, aunque yo no me sienta preparada para él.

Siempre nos quedará cantar, como Los Paranoides, con la melodía de Adeste fideles

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco…

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El despliegue de referencias, estilo y al mismo tiempo que el autor sea capaz de incluir humor y sátira. Completísimo.

Contras

  • Compleja lectura y difícil de seguir la trama.

 Namaste.

Actualidad, Literaria

Feliz Día del Libro

Leer, parafraseando a un autor, es un acto íntimo, de relación entre el lector y la historia. Pero también según la situación del lector. Y es que no somos los mismos lectores cuando leemos por primera vez que cuando releemos, del mismo modo que no somos la misma persona hoy que hace 10 años.

Leer, añado yo, es un acto tan íntimo que al igual que un viaje recordamos la historia como parte de nuestra memoria y recuerdos. Por eso, igual que en mi memoria recuerdo Lisboa con luz y calor y toneladas de hachís, recuerdo Grazalema lluviosa y Ciudad Real con mosquitos. Esa fuerza es el poder evocador de un libro, la asombrosa capacidad de trasladarnos al momento en el que leíamos una historia.

Tan es así, que en mi memoria veo el primer libro que cogí de una biblioteca, cuando aún no sabía leer. Un libro con ruedas y forma de automóvil, al que yo hacía rodar por encima de una mesa. Recuerdo la omnipresente presencia de mi hermana, que me llevaba en sus visitas a la biblioteca, de aquéllos peldaños de piedra que me parecían enormes, del aire que se respiraba allí.

Me viene a la cabeza la imagen de la pequeña y febril Laura que trataba de leer Gallinas supergallinas, un libro de gallinas revolucionarias que me pareció absurdo entonces y que siguió pareciéndome absurdo cuando fui capaz de terminarlo una vez superada la fiebre.

Posteriormente me veo con doce años, esquelética y con ortodoncia, preguntándole a mi madre si podía gastarme mi asignación semanal en libros. Mi universo se revolucionó, como comenta Atram, cuando empecé a pararme en la sección de libros de unos grandes almacenes cada vez que asistía al dentista. Esperaba con inesperada ilusión las citas al dentista, pues sabía que después aprovecharíamos para hacer la compra. Y así iba palpando cada libro, ahorrando cada peseta para ir gastándome las 495 pesetas en los ejemplares de la colección de Agatha Christie.

Después, el inevitable paso de libros de infantil a adultos. La sensación de ir a ciegas, de que hubiera muchas opciones y no saber qué escoger. De nuevo, la guía de mi hermana indicándome por dónde tirar. Los regalos de mis padres, libros en Navidad, en el cumpleaños, libros en verano. Siempre libros.

Recuerdo tener un examen de literatura y no poderlo estudiar porque necesitaba terminar el libro del Capitán Alatriste que entonces tenía entre manos.

También que mi primer libro normal en inglés fue Animal Farm, la fantástica novela de Orwell, que me dejó obnubilada y que he releído varias veces.

Ya en la época universitaria, recuerdo en qué línea de metro me encontraba cuando terminé las líneas de La hierba roja, de Boris Vian, mientras trataba de aguantar las lágrimas que se me escapaban.

Veo, como si estuviera en ella, el tipo de silla en el que estaba sentada mientras leía el inicio de El ruido y la furia de Faulkner, o la habitación de hotel mientras terminaba Fin de Monteagudo. La lluvia en el cristal del coche mientras leía a Modiano o el calor de Toledo al terminar Del amor y otros demonios, de García Márquez.

Eso es leer. Leer no es una afición, no es una actividad que hacemos dos días por semana o quince días en agosto. Algunos lectores no leemos para entretenernos. Leemos porque no entendemos la vida sin un libro en la mano. Porque forma parte de nuestra esencia, de lo que somos como personas. Leer no es una moda. Es una forma de vida.

Sigamos leyendo.

Feliz Día del Libro.

Namaste.

Autor, Cercas, Literatura

El impostor, Javier Cercas

Conocí este libro, el último de Javier Cercas, gracias al programa Página 2. Reconozco que no veo demasiado el programa porque me genera unas enormes ganas de comprar todo lo que comentan, lo cual produce estragos en mi economía.

Total, además de verlo en televisión, durante un tiempo asistimos a una programada campaña de márketing en la que El impostor se presentaba como la historia definitiva, una de las que había que leer el año pasado. Por entonces, decidí comprarlo.

Os ofrezco, en exclusiva, la receta del éxito de El impostor. Los ingredientes son los siguientes:

  1. Citar a los grandes de la literatura, en particular Faulkner, por ejemplo: el pasado no pasa nunca, es sólo una parte del presente. Primo Levi también sirve.

  2. Referencias a historias de no ficción famosas en la literatura: A sangre fría de Truman Capote es una buena opción.

  3. Obligatorio mencionar El Quijote. Si hay una comparación con el protagonista, mejor que mejor. Todo el mundo sabe que si algo se puede comparar al Quijote es bueno. Si no, es que no has buscado demasiado, porque la clave es la siguiente: TODO SE PUEDE COMPARAR CON EL QUIJOTE.

  4. Recalcar el aspecto de no ficción de la historia. Incluir, si es necesario, comentarios sobre esposas, hijos y situaciones domésticas.

  5. Repetir, repetir y repetir los puntos 1, 2 y 3. Para que todo quede bien clarito.

  6. Para desdecirse lo expuesto en el punto 4, añadir una conversación imaginaria que tira por tierra lo de no ficción.

  7. Perdonar, SÍ, olvidar, NO. Como mantra.

Comenzamos explicando la intrahistoria: explicando bien por qué no se quiere contar lo que se va a contar. Añadir la bibliografía del autor si es necesario. Que el lector sepa que está leyendo a uno de los grandes. Para reforzar esta imagen, añadir párrafos de 1.

El-impostor-selloDespués, contar, como si de una biografía cualquiera se tratara, los orígenes de Enric Marco, el protagonista de la historia. Un señor que fue capaz de hacerse pasar por superviviente del Holocausto hasta que 40 años después se le desenmascara. A partir de aquí, añadimos los ingredientes 1, 2 y 3 para posteriormente seguir con el 5 y el 4.

Añadimos saltos temporales, podemos empezar con su nacimiento pero rápidamente nos movemos a otros frentes, añadir una pizca de 1, 5 y 7. Salpimentar con 4.

Cuando lo tenemos todo bien mezclando, añadimos el toque final: 6. Servir con 1, 3 y 5, al gusto.

En definitiva, ¿qué es El impostor? Una historia de no ficción fragmentada, repetitiva, soporífera y absolutamente prescindible. Una buena historia real que se podría haber contado en cien páginas, que peca de repetición desde la primera línea por algo que menciona Cercas: que él no pretendía escribir una novela, sino un reportaje periodístico. Así que, para aprovechar el trabajo ya hecho, seleccionó los artículos que ya tenía y los unió por medio de recursos repetitivos, citas literarias y comparaciones absurdas para conformar una especie de conglomerado que se tambalea desde el principio.

Se consigue lo imposible: aburrir a un lector que simplemente quiere conocer la historia, que no necesita saber dónde come Cercas, las crisis existenciales de su hijo o en qué piso vive. Para culminar esta desfachatez lo termina con un diálogo con el propio Marco que es imaginación del autor. En un libro del que proclama mil veces que es de NO FICCIÓN.

En mi caso, recordaré El impostor por un libro que he mascado en muchas ocasiones. Porque me han dolido los 22,50 euros que me he gastado en el libro. Porque he tenido la constante sensación de que Cercas trata al lector por tonto. Porque he invertido un tiempo que no necesitaba. Y sobre todo por rabia, porque la historia me atraía lo suficiente como para acercarme a ella, y con la mitad de la mitad ya habría colmado mi curiosidad.

En fin, sobre este libro hay comentarios de todo tipo. Os dejo la reseña de Bartleby, como positiva pero equilibrada, y la de La medicina de Tongoy, que incluye párrafos del libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • A sangre fría, Truman Capote. (¡JA!)

Pros

  • La historia de Marco, jugosa y real.

Contras

  • Repetitivo hasta la saciedad.
  • Sobran páginas. 300, más o menos.

 Namaste.

IMM, Libros, Literatura, Malpaso, Novelas

IMM (35)

Aquí os dejo las últimas adquisiciones que han llegado a mi biblioteca.

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  • Una mujer de recursos, Elisabeth Forsythe-Hailey. Envío por sorpresa de la editorial Libros del Asteroide. Presa de un prejuicio como otro cualquiera, pensé que no me iba a gustar porque las novelas epistolares no son lo mío. Me equivoqué de cabo a rabo. En breve la reseña.
  • La subasta del lote 49, Thomas Pynchon. Recomendación recurrente de blogueros, lectores y escritores. Ya me tocaba leer a Pynchon, y decidí que fuera con este titulo.
  • El levante, Mircea Cărtărescu. Como ya sabéis, soy una incondicional del autor rumano, así que no pude evitar comprarlo, y más si viene con una portada y edición tan cuidada como la de Impedimenta.
  • La inconcebible aventura del hombre que fue otro, Manou Fuentes. Envío de Malpaso. No tengo referencias de él, ¿alguno de vosotros lo ha leído?

Y vosotros, ¿habéis leído a Pynchon? ¿Qué me recomendáis de él? ¿Os gustan las novelas epistolares?

¡Felices lecturas!

Namaste,

Autor, Literatura, Mendoza

La verdad sobre el caso Savolta, Eduardo Mendoza

Volver a leer uno de esos autores que han estado ahí hace tiempo es como volver a coincidir con un amigo. Mendoza es para mí uno de esos autores que siempre están ahí, ya sea con novelas humorísticas, como Sin noticias de Gurb, con viajes extraños que no acaban de convencer como El asombroso viaje de Pomponio Flato o con otras novelas diferentes de las anteriores como Mauricio o las elecciones primarias, Mendoza forma parte de mi bagaje literario, porque es uno de los pocos que puedo decir que voy leyendo según va pasando el tiempo. Así que teniendo todo esto en cuenta, y sabiendo que @castillodnaipes me había recomendado La verdad sobre el caso Savolta en varias ocasiones, ¿cómo podía ser que no lo hubiera leído ya, teniendo en cuenta que el ejemplar rondaba mi mesilla por las noches?

la-verdad-sobre-el-caso-SaboltaDecidida por fin a enmendar mi error, compré un kilo de churros y me senté en mi butaca a comenzar con la lectura. Asombrada mientras pasaba las páginas, no podía concebir que en La verdad sobre el caso Savolta no apareciera ningún extraterrestre, ni Marta Sánchez, ni nada parecido. Al contrario, una compleja trama en la que encontramos fragmentos tan serios y musicales como el que sigue:

Ella se aproximó a mi rostro y me dio en los labios un beso de los que sólo en los sueños de los solitarios sin amor se dan y se reciben.

La verdad sobre el caso Savolta es una historia compleja, en la que hay sindicalistas, intereses económicos, personajes de doble filo, complots, asesinatos y amor. Todo mezclado en un maremágnum de saltos temporales que narra Javier Miranda desde un banquillo como testigo en un procedimiento judicial posterior.

Las piezas y los relatos que nos cuenta el narrador, van creando un hilo conductor en el que se forma una visión global de un momento en el que ocurren varias situaciones a la vez y en la que otra persona menos observadora no apreciaría la complejidad y el juego de causas-consecuencias de cada acto.

Pero además, Mendoza intercala otros temas, bien humorísticos o irónicos, otras pequeñas reflexiones y perlas que aderezan una historia muy bien contada.

– Cortabanyes es un gran hombre -dijo Lepprince en cierta ocasión-, pero tiene un grave defecto: siente ternura por sí mismo y esa ternura engendra en él un heroico pudor que le hace burlarse de todo, empezando por sí mismo. Su sentido del humor es descarnado: ahuyenta en lugar de atraer. Nunca inspirará confianza y raramente cariño. En la vida se puede ser cualquier cosa, menos un llorón.

– ¿Cómo conoce usted tan bien a Cortabanyes? -le pregunté.

– No le conozco a él, sino a su careta. La naturaleza crea infinitos tipos humanos, pero el hombre, desde su origen, sólo ha inventado media docena de caretas.

Desde mi punto de vista, es un libro al que le sobran páginas. Leí de corrido hasta prácticamente la mitad y después me aburrí, porque algunos trozos se me hicieron pesados o que poco aportaban a la historia general. Reconozco también que no ayudó que hacia la mitad del libro leyera la sinopsis y aparecieran datos que aún no conocía (¿con qué motivo incluyen en las sinopsis cosas que aún llevando la mitad el lector desconoce? ¿Cómo se explica?).

A pesar de estas pegas, es un libro entretenido, complejo, bien narrado y bien pensado. Una de esas historias de ficción que parece que ya no quedan, que no están de moda escribir porque le faltan ochocientas páginas o porque ahonda demasiado en la sociedad de la época.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La compleja historia, en la que cabe el relato de la sociedad de la época y la reflexión de otros temas.

Contras

  • Hacia la mitad se hace pesado y redundante.
  • Sobran páginas.

 Namaste.

Autor, Literatura

Martín Zarza, Miguel García

Un día cualquiera recibo un mail de la editorial El último Dodo, una editorial independiente de Granada, para ofrecerme el libro que hoy os traigo. Generalmente no acepto libros de editoriales, más que nada porque de más tengo con los que ya tengo por casa y no quiero que mi lista de pendientes se incremente demasiado. Sin embargo, al ofrecerme algo más de información sobre la novela, decidí aceptar.

Martín-ZarzaMartín Zarza narra la historia de un joven que decide cambiar su vida mudándose de Madrid a Sevilla, una especie de crisis de los 30 motivada por distintos motivos: desencanto, decepción y hastío, entre otros.

Así, el protagonista comienza a residir en un piso propiedad de un familiar, cambia de ambiente y se dedica a conocer la cuidad y subsistir con el poco dinero que tiene.

Ahora, aquí, escribiendo sobre ello, lo pienso y me debato entre el estupor y el vértigo: tres años; más de mil días de mi vida que se han ido casi sin darme cuenta como robados por un carterista experto. Nunca había final para el túnel; había luz, sí, pero todo eran estaciones intermedias. (…) A pesar del hastío, la necesidad de cambio, y todas esas cosas que ahora me parecen tan evidentes, no fue en absoluto una decisión fácil de tomar. Por un lado pienso que es normal, casi natural: al fin y al cabo es inevitable no debilitarse con la monotonía. Yo había languidecido en mi propia rutina de mierda, creyéndome amparado por ella. Me había debilitado tanto, de hecho, que la idea del cambio se me antojó en un principio amenazante.

La historia está narrada desde un punto de vista moderno y fresco, con abundancia de referencias a la actualidad, además de contar con capítulos cortos que animan a continuar leyendo.

Bajo la historia de Martín está la de muchos jóvenes que se toparon con la crisis económica de 2007, y así se trasmite esa duda sobre el porvenir, sobre el pasado pero también la duda en uno mismo, una visión negativa del individuo que le arrastra a la negatividad y al pesimismo.

Me ha gustado encontrar algo muy personal que todos hemos sentido en los últimos años, narrado de una forma muy fehaciente, algo que no había encontrado en ningún otro libro anterior. Más que comentar la situación de la crisis, sus causas y efectos, Martín García se dedica a explicarnos, a través de Martín, cómo le afecta en su día a día, no solamente por el pasado que deja detrás sino por cómo piensa encarar un futuro del que poco espera.

Para él, en el terreno de las artes, era un error estudiar aquello que de verdad uno quiere hacer. “Estudia de todo menos de aquello que quieres hacer”,me dijo “si quieres ser escritor, estudia música, matemáticas, pintura, pero no estudies cómo escribir; si quieres hacer películas, estudia literatura, medicina, cualquier cosa vale, menos cine. Y así con todo”.

En definitiva, todo un descubrimiento. Estaré atenta a la segunda parte. Porque la historia de Martín no termina aquí, claro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Las sensaciones y reflexiones de Martín.

Contras

  • No me ha gustado el modo que tiene de reflejar el acento de los andaluces.

 Namaste.

Autor, Laforet, Literatura

Nada, Carmen Laforet

Nada es una de esas novelas que todo el mundo recomienda encarecidamente, de las que existe una opinión unánime. Hace mucho tiempo que quería leerla y por ese motivo la compré en su día. Cansada de verla en la estantería decidí que de este año no pasaba, y aprovechando que se trata de una novela corta decidí colarla entre lecturas.

nadaNada narra la historia de Andrea, una joven que llega a Barcelona para empezar en la Universidad y que convive con unos parientes cercanos a los que no conoce demasiado.

El inicio es muy potente, es inevitable leer página tras página después del primer párrafo:

Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie.

Desde este momento comienza una historia con un estilo inteligente, descriptivo y bonito sobre el devenir de Andrea, sus cambios entre pueblo y ciudad, las amistades que hace en la Universidad y la relación con unos parientes que son, cuanto menos, curiosos. Sus tíos y su abuela son una familia aristocrática decadente que malvive de cualquier manera y que no paran de discutir entre sí. Un grupo de personajes que apenas tienen qué comer pero que mantienen a una sirvienta, no vaya a ser que se comente que están en horas bajas.

La definición de los personajes es sublime, y eso es muy sorprendente si tenemos en cuenta que se trata de una novela de apenas 190 páginas, en la que por la extensión no es posible describir demasiado a los personajes. Aun así, queda claro quién es quién y el papel que juegan para influir en la vida de Andrea.

La atmósfera es otro aspecto a tener en cuenta: se trata de un piso con un ambiente opresivo y asfixiante que coarta en múltiples formas a la joven que recién estrena su libertad.

Es cierto que aunque el inicio me ha parecido que tiene mucho empuje, hacia la mitad la trama se desinfla, pierde esa fuerza. Sin embargo, es una novela que me ha gustado, que rezuma inteligencia y saber contar por los cuatro costados, pero a la vez esperaba más, quizá por las buenas críticas que había escuchado de ella.

Dejo una de las descripciones. Me sigue sorprendiendo la capacidad de Laforet de utilizar la menor cantidad de palabras posible y que consiga párrafos tan hermosos y certeros como el que sigue:

La temprana primavera mediterránea comenzó a enviar sus ráfagas entre las ramas aún heladas de los árboles. Había una alegría deshilvanada en el aire, casi tan invisible como esas nubes transparentes que a veces se enganchan en el cielo.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Un inicio potentísimo.

  • Los personajes, magistralmente resueltos. Las descripciones, comedidas, bellas y certeras.

Contras

  • Hacia la mitad del libro pierde algo de fuerza.

 Namaste.

Autor, Lee, Literatura

Matar a un ruiseñor, Harper Lee

Matar a un ruiseñor es una de esas novelas que aparecen siempre entre las que hay que leer, entre los clásicos destacados del siglo XX. Una historia de la que poco sabía cuando la compré, pero que pensé que antes o después tenía que leerla.

matar-a-un-ruiseñorUn día cualquiera decidí que era el momento, y comencé a leer la historia de Atticus Finch, un abogado de un pueblo de Alabama.

La narradora es la hija de Finch, Scout, una niña despierta e inteligente que nos enseña la realidad con sus ojos curiosos.

Mientras yo leía el alfabeto una leve arruga apareció entre sus cejas, y después (…) descubrió que yo era letrada y me miró con algo más que un leve desagrado. Miss Caroline me pidió que le dijese a mi padre que no me enseñase nada más, pues ello podía ser incompatible con las clases.

(…)

– Si no tuviera que quedarme, me marcharía, Jem; esa maldita señorita dice que Atticus me ha enseñado a leer y que debe dejar de enseñarme…

(…)

Miss Caroline me sorprendió escribiendo y me ordenó que dijese a mi padre que dejara de enseñarme.

– Además -dijo-, en el primer grado no escribimos, hacemos letra de imprenta. No aprenderás a escribir hasta que estés en el tercer grado.

Y su vida gira alrededor de las circunstancias de su padre, su hermano y la vida cotidiana que va ocurriendo ante sus ojos. Finch comienza a representar en un juicio a un vecino afroamericano y el resto de su sociedad rural no parece muy conforme.

Si añadimos el misterio del vecino de los Finch y las travesuras de unos niños que aprovechan sus ratos libres para zascandilear por ahí, tenemos un amagalma de historias que conforman una novela global, la de una familia con el entorno que le rodea pero sin descuidar la reflexión sobre los grandes temas: la ética de un abogado, el racismo y la desigualdad y también la amistad y la comprensión.

El estilo de Lee es directo y ya desde la primera línea nos atrae con una narración fresca y desenfadada, propia de Scout, la genial niña. Abunda el humor, la sátira y la crítica de una sociedad, la de mediados del siglo XX, a la que le queda mucho por aprender.

Los diálogos son directos y llenos de fuerza, y las descripciones refuerzan mucho el sentido de la trama.

La conclusión es que desde que comenzamos, no podemos parar. La forma cómo se cuenta y lo que se cuenta (aderezado con un poco de misterio) nos obliga a continuar para conocer cómo acaba este verano en el que sucedieron tantas cosas.

Antes de vivir con otras personas tengo que vivir conmigo mismo. La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno.

Se la recomiendo a todo el mundo, pero en particular, a aquéllas personas que piensan que los clásicos son densos, que la lectura es farragosa y aburrida. Matar a un ruiseñor es una novela perfecta para demostrar que nada de eso es cierto, y que una historia entretenida puede ser a la vez compleja, reflexiva y estar bien escrita.

Felices lecturas a todos.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Scout: es lista, sarcástica, analítica y muy divertida.
  • Lo rápido que uno entra en la historia. La fuerza de los diálogos.

Contras

  • Quizá esperaba algo más de profundidad en los temas.

Reto 50 libros

  • 24/50

Namaste.

Autor, Literatura, Rivas

El lápiz del carpintero, Manuel Rivas

Hace ya mucho tiempo que el autor gallego me atrapó en sus redes tras la lectura con Los libros arden mal, y desde entonces tenía pensado seguir leyendo algo de él. Fue en la Feria del Libro cuando me firmó este ejemplar que hoy os traigo. Y un día me desperté con la sensación de que quería leerlo ya, a pesar de que no se encontraba entre las lecturas futuribles.

el-lápiz-del-carpinteroEl lápiz del carpintero es una historia sobre la Guerra Civil española. Podría parecer otra historia más, teniendo en cuenta las numerosas novelas de la misma temática en las últimas décadas. Sin embargo, Rivas es capaz de incluir esa sensibilidad que le caracteriza para convertir la historia en algo diferente, y lo hace a través de los saltos temporales, los cambios de narrador y de otros recursos que van transformando la historia en algo más redondo, que se retroalimenta y se enriquece.

Y es que, a fin de cuentas, sí que se trata de una trama más o menos vista: la historia de vencedores y vencidos, aunque en este caso el foco se fija en uno de los vencidos, en sus recuerdos y en cómo va sobrellevando una vida que no le satisface.

Nunca me han gustado las historias de antagonismos puros, y menos situados en una época histórica determinada. Entiendo que en una novela de fantasía se puedan permitir el lujo de desdibujar la realidad, pero cuando la trama se basa en un período determinado, las cosas cambian. Y precisamente en eso radica la credibilidad de una historia: en que el negro puro no existe, ni el blanco tampoco. Hay grises, y demasiados matices. Los límites del bien y del mal se desdibujan, y el que creíamos bueno actúa por interés, y al que juzgábamos rápidamente quizá tuviera sus motivos.

En el caso de El lápiz del carpintero, tenemos a un vencedor lleno de inseguridades, que sigue ahí porque escucha la voz del hombre al que mató, aquél al que admiró, el que le ayuda para seguir caminando.

Es cierto que para mi gusto dista de la complejidad de Los libros arden mal, pero la diferencia estriba en unas doscientas páginas.

Revisando mi reseña, me doy cuenta de que poco he contado de la historia en sí. Pero si queréis conocer el estilo de Rivas mejor que lo leáis. A fin de cuentas, poco importa la trama, la historia que hay detrás, porque lo verdaderamente importante es adentrarse  en su mágico universo, en un mundo de sensaciones y adjetivos. Así que este libro es una buena opción. Seguro que os quedáis con ganas de más.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La unión entre una trama sencilla y una forma de contar la historia compleja.

  • El uso de adjetivos, y en general, la sensibilidad del autor.

Contras

  • Se hace corto.

  • Hay que estar bien atento porque los saltos temporales y de narrador son frecuentes.

 Namaste.