IMM, Literatura

IMM (46)

Las últimas incorporaciones a mis estanterías de este 2016 son las siguientes:

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  • A contraluz, Rachel Cusz. Sólo con la mención de Jeffrey Eugenides de esta novela ya tenía ganas de ver qué podía encontrar en su interior. Lo he leído recientemente así que la reseña la tendréis en breve. Envío de Libros del Asteroide.
  • Los dientes del dragón, Upton Sinclair. Tercera parte de la saga de Lanny Budd, y el libro por el que le concedieron el Premio Pulitzer al autor en 1943. Esperaba la publicación de este libro con muchas ganas desde que saldría en otoño, y tenerlo en mis manos me da la sensación de conseguir una tabla de salvación en medio de un aguacero. ¡Cuántas ganas de empezarlo! Gracias a los amigos de Hoja de Lata por el envío.
  • Our mutual friend, Charles Dickens. Como dice el refrán, quien no tenga cabeza que tenga pies. En este caso hay gente que no tiene pies (o si los tiene es como si no los tuviera), pero que confía mucho en lo que tiene encima de los hombros. Uno de esos libros que llegan inesperadamente al buzón y que me recuerdan una vez más que lo que tengo con Dickens son algo más que cuentas pendientes. See you in another life, brother.

Pasar por una biblioteca implica escoger algo para leer, inevitablemente. En esta ocasión tomé prestados tres libros:

  • Mendel el de los libros, Stefan Zweig. Anotado desde hacía mucho, no se incluía en mi ejemplar de Novelas de Zweig que os comenté alguna vez. Una novelita que no llega a cien páginas de la que os hablaré dentro de poco.
  • La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo. Atram, de Leer sin prisa, es una de esas blogueras que me obligan a anotar muchos títulos en mi Plan Infinito. A Ravelo lo tengo apuntado desde hace mucho, y cuando vi éste en la mesa de novedades decidí que era un buen momento para leerle.
  • Hacia el amanecer, Michael Greenberg. Recomendado por Bartleby desde hace una eternidad (si nos fiamos de su reseña, que data de 2012, imaginaos), lo encontré un poco por casualidad y decidí que era un buen momento para tacharlo de mi lista. También lo he terminado.

 

Suculentas lecturas para este fin de 2016, para quitar algún título de nuestro Plan Infinito… y para apuntar otros tantos.

Namaste.

Autor, Literatura, Stendhal

La cartuja de Parma, Stendhal

Hablar de un libro como éste da un poco de vértigo: obra influyente, muy conocida y una de las novelas más importantes de la literatura en francés. ¿Qué tiene que decir de un libro como éste una lectora y bloguera cualquiera, teniendo en cuenta que los mayores expertos, entre los que se encuentra Balzac, ya la han analizado y desmenuzado? Pues simple y llanamente mi propia experiencia al leerlo.

la-cartuja-de-parmaTras leer Rojo y negro, parece obligada acometer la lectura de esta historia. Tanto, que lo adquirí poco tiempo después (hace una cantidad tan grande de años que omitiré para que nadie me tache de acumuladora de libros). En fin: llegado el verano, aproveché para seguir la tradición y escoger un tocho para leer. Tocó este. Así, lo paseé por la geografía española, de playa en playa, de isla en isla, de piscina en piscina, siempre en mi bolso. Lo saqué en el aeropuerto, lo llené de arena, vi cómo unos lectores franceses se daban codazos al leer el título, se mojó con las gotas del Océano, hasta doblé sus páginas. (¡Yo, que soy pulcra con mis libros, al ver que no me quedaban más post-it y que el libro no era demasiado salvable!)

La cartuja de Parma tiene muchas cosas curiosas. En primer lugar, el título. ¿Es un juego por parte del autor titular el libro como un edificio que sólo se menciona en el última página? Pongamos que sí.

El protagonista de la historia es Fabricio del Dongo, un joven italiano que tiene su futuro marcado por el ingreso en la iglesia. Acompañaremos a Fabricio a través de cada una de sus aventuras y desventuras que le llevarán del campo de batalla a la cárcel, entre otras muchas. Sin embargo, para mí la verdadera importancia en cuanto a la acción de la trama la tiene su tía, la genial Duquesa Sanseverina, que maneja personas, políticas y diálogos para conseguir lo que necesita, siendo Fabricio en muchas ocasiones mero sujeto pasivo de las intrigas de su tía.

Mujer fuerte, con las ideas claras, que maneja la situación en cada momento y que se adapta a los cambios propios de la época, la duquesa es la verdadera artífice de los cambios en la vida de Fabricio, la que con ambición, perseverancia y un derroche constante de inteligencia controla las situaciones para salir lo mayor beneficiada de ellas.

– Y, ¿qué habría que hacer para que la señora duquesa no se ausentara?

– Algo de lo que usted no es capaz -replicó la duquesa con el acento de la ironía más amarga y del desprecio menos disimulado.

Página 296

Digo situaciones porque en La cartuja de Parma caben muchos cambios en la vida de los personajes, imperando además, el realismo en el enfoque de los últimos años del dominio napoléonico en el continente. De esta forma, la política, la posición social y las conspiraciones para ganar poder están a la orden del día. Los reuniones sociales y los rumores que se generan, la pérdida de poder de una familia o el casamiento de un heredero son sólo algunas de las cosas que nos encontramos en la novela. Mención obligada es la presunta asistencia de Fabricio a la batalla de Waterloo.

Lo explica mucho mejor que yo Luis Landero en este artículo del que extraemos éste párrafo:

Corre hacia todas partes entre el humo y el polvo buscando su regimiento de húsares, oye el estruendo y la lejana gritería, estorba el cortejo del mariscal Ney, pasa a su lado Napoleón y no lo reconoce, ve sangre, muerte, campos que se ondulan por los impactos de la artillería, ve el triunfo y la derrota y, en fin, ve todo y no ve nada. Estuvo allí, en efecto, pero no sabría contar otra cosa que el asombro de no haber conseguido encontrar Waterloo en Waterloo.

Paradojas que bien podrían considerarse chistes, inteligencia disfrazada de crueldad, ridiculización de las principales características del carácter italiano, reducciones al absurdo y muchas, muchas descripciones.

– La ley es terminante -añadió-; es evidente que su hermano no se ha herido él mismo, como cuenta, cayéndose de una escalera en el momento en que metía en la mano una navaja abierta.

Página 247

Por supuesto, también se incluyen otras situaciones personales e íntimas, reflexiones sobre el amor y el destino, o la incertidumbre sobre el futuro propia de la juventud del protagonista. Os dejo dos ejemplos en páginas consecutivas:

Si no se puede creer en la astrología -prosiguió, tratando de aturdirse-; si esta ciencia es, como las tres cuartas partes de las demás ciencias no matemáticas, una reunión de tontos entusiastas y de hipócritas listos y pagados por aquellos a quienes sirven, ¿a qué se debe que yo piense tan a menudo y con emoción en una circunstancia fatal?

Página 198

Esta denuncia desnaturalizada fue el origen de mi vida actual; puedo detestarla, puedo despreciarla, pero al fin y al cabo ha cambiado mi destino. (…) ¡Dónde estaría yo ahora si la duquesa tuviera el alma de su hermano el marqués del Dongo!

Página 199

La cartuja de Parma es un libro exigente, largo, con muchas descripciones y con una trama que se acelera y desacelera a conveniencia. Por este motivo, mi recomendación es que si os apetece empezarlo os arméis de paciencia y lo vayáis leyendo poco a poco. En muchos capítulos queremos continuar leyendo, pero en otros la acción prácticamente desaparece.

Si os soy sincera en ocasiones me parecía que estaba intentando cruzar un pantano oscuro y tenebroso montada en una tabla en la que apenas cabía por completo, pensando en que jamás llegaría al otro extremo, que si no encallaba en un recodo conseguiría de alguna forma que me atacara algún monstruoso animal acuático. Sin embargo, poco a poco y capítulo a capítulo iba avanzando hacia aquélla cartuja de la que se habla en el título. Ésa que promete la última página.

Y llegué, más o menos ilesa, más o menos mojada, con las extremidades más o menos completas; y me quedó esa sensación de poso que se queda con los grandes libros, la de la profundidad de lo leído, la variedad de temas y la magistral pluma de un autor que escribió esta obra maestra en unas pocas semanas. Y sé, que al igual que con El conde de Montecristo, es el tipo de libros que van calando más y más según pasa el tiempo. El tipo de libros que hacen al lector, los cimientos que sujetan una estructura donde se fijan las bases de la buena literatura.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • La formación de los personajes, en especial la duquesa.
  • El equilibrio entre estilo del autor/variedad de temáticas.

Contras

  • La acción es lenta y el libro bastante largo.

  • El final precipitado como consecuencia de decisión del editor para reducir el número de páginas.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?, Literatura

Y ellos, ¿qué opinan? (XXVIII): Cory MacLauchlin

corymclauchlinheadshotCory MacLauchlin (Virginia, Estados Unidos). Graduado en inglés, imparte clases de Literatura Americana y escritura. Tras el huracán Katrina se dedicó a recuperar documentación con la que terminaría publicando Una mariposa en la máquina de escribir, biografía de John Kennedy Toole de la que también saldría un documental: The Omega Point.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

Touché. El Quijote lleva meses en mi mesilla, mirándome con recelo, viendo pasar las estaciones y el resto de libros que sí voy leyendo. Lo (poco) que llevo me ha gustado, más de lo que esperaba, la verdad. Pero de momento, no sé por qué, no me anima demasiado a sentarme y seguir leyendo. Veremos qué va pasando.

2.- Un libro que nos recomiendas.

La tierra baldía, T. S. Eliot.

Uno de los poetas más importantes en lengua inglesa y su obra más famosa: autor de referencia pero al que nunca me he acercado. Si en el ámbito de la narrativa tengo lagunas, imaginaos en el de la poesía.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

John Kennedy Toole.

Totalmente comprensible. Es un autor de los que atrae, y cuanto más sepas de él, todavía más. Eso me ocurrió a mí desde que conocí las circunstancias de su muerte y no ha hecho más que crecer. El que quiera saber más que me pegue un silbido.

Y vosotros, ¿habéis leído el Quijote? ¿Recomendáis La tierra baldía? Si no habéis leído La conjura de los necios, ya estáis tardando. ¡Larga vida a Ignatius!

Namaste.

Autor, Carrasco, Literatura

La tierra que pisamos, Jesús Carrasco

Cuando Carrasco publicó Intemperie revolucionó el panorama literario colándose en la privilegiada lista de autores que además de ser encumbrados por la crítica, también es respaldado por los premios y las ventas.

la-tierra-que-pisamosProbablemente yo sea de las pocas que no leyó Intemperie en su momento, pero que quería probar con el autor y por eso decidí acercarme a esta novela. No tenía muy claro qué me iba a encontrar ni cómo iba a ser el estilo del autor, pero como enseguida llegas a un párrafo como éste te queda claro en poco tiempo:

Con los puños llenos de tela y los ojos cerrados, he tratado de concentrarme en la oscuridad exterior. Y así, he imaginado que me asomaba al porche elevado sobre el fragante césped que rodea la casa y, desde allí, he dirigido mi atención hacia el frente, al lugar donde el predio se asoma al valle. A lo lejos titilan las farolas de gas del pueblo, encaramado como un galápago a las faldas del castillo.

Página 10

Este tipo de fragmentos son frecuentes en La tierra que pisamos, a medio camino entre la poesía más metafórica pero sin perder la precisión analítica que emana de su prosa. Del resto poco sabemos, dado que el autor no se detiene explicando demasiado sobre los protagonistas (de hecho, en la sinopsis se cuentan muchas más cosas que en las primeras cien páginas). Una mujer y la visita de un hombre que se sienta en su propiedad. Hasta ahí. El resto es todo un juego de palabras, descripciones y análisis sobre temas distintos: la resistencia, la humanidad o el pasado. Todo bajo una estructura bien clara: una prosa dura y recia pero muy bien elaborada y destellos poéticos a través de adjetivos que van reluciendo según leemos.

Me ha recordado tanto a Coetzee que he tenido que comprobar el nombre del autor en la portada. Estilos similares, aunque el sudafricano equilibre más la historia en cuanto a la acción y a la dureza de los eventos que ocurren. También me ha venido a la mente Cosecha, de Jim Crace: el uso muy limitado de la información que se proporciona al autor o la utilización de diálogos mínimos.

Sin embargo, sí que tengo que decir que aunque la prosa está muy bien elaborada, la historia en sí no me ha llegado a enganchar, donde no he podido conectar con la historia, además de tener la sensación de que avanzaba muy lentamente la acción de la novela. Tan lentamente que por momentos se me ha hecho pesado.

La fe es un diamante engarzado en carne. Y la carne se aja y enferma. La piel se descuelga y los tendones se vuelven quebradizos y entonces el diamante cae, o se eleva, y se desvanece en la negrura del espacio cuyo final no es conocido, ni tan siquiera imaginado.

Página 176

En conclusión, una novela que me ha sorprendido por el modo de escribir del autor, pero que no me ha acabado de convencer. Veremos si me decido a leer Intemperie.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • El estilo del autor, que sorprende y demuestra su uso mágico de la lengua.

Contras

  • ODIO las sinopsis donde cuentan de más.

  • No he conseguido conectar con la historia.

Namaste.

Autor, Crace, Literatura

Cosecha, Jim Crace

Hay libros que son como un vergel, un paraíso donde el agua mana de forma abundante, donde los árboles esperan que recojamos sus frutos, donde el olor a primavera nos anima a tener un día plagado de buenos propósitos y grandes anécdotas.

Historias que prometen sonrisas, conversaciones con amigos, diversión, un día soleado con olor a flores frescas. Aunque después la historia se tuerza, como en Picnic en Hanging Rock, de la australiana Joan Lindsay.

cosechaHay otras novelas, otras historias, que desde el primer momento prometen ser un páramo donde sopla fuertemente el viento, donde nos huele a quemado desde el principio. Hay algo en el ambiente que nos hace desconfiar. Las de Steinbeck o las de Faulkner son claros ejemplos.

A pesar del título, la novela que os traigo hoy es un erial. Desde la primera línea sabemos que algo malo va a ocurrir. Tememos por los desconocidos que acaban de llegar a la comunidad agraria. Sospechamos que no va a suceder nada bueno. Sí, hay una cosecha, y qué cosecha.

Apenas se nos aportan los datos justos como para situar de forma concreta la historia tanto en el espacio como en el tiempo, pero Crace no necesita más. Tan sólo describir el tipo de actividades comunes que realizan los vecinos y algo sobre sus relaciones que no deja de ser la típica imagen que tenemos de cualquier comunidad agraria de hace un siglo (el viudo que echa de menos a su esposa, la rivalidad entre ellos, la esperanza por que el tiempo les sea favorable, la euforia al celebrar una fiesta…).

Tampoco necesita recurrir a saltos temporales ni a profusas descripciones del paisaje. Podríamos llegar a pensar que la prosa del británico es tan austera como sus personajes, los hombres y mujeres de otra época acostumbrados a trabajar de sol a sol sin pararse a realizar florituras en su vestimenta o en su peinado. No hay tiempo que perder. La rutina manda.

Así, la situación se mantiene prácticamente igual generación tras generación. La conciencia de saber que la vida del nieto no difiere demasiado de la del abuelo. Se desdibujan las líneas de la personalidad, la comunidad es lo importante. La repetición invariable de las estaciones para obtener el éxito conjunto: una próspera cosecha.

Hasta que unas columnas de humo prometen romper su mundo en dos.

Hay algo en esas líneas y esos trazos, en esos azules y verdes aparentemente fortuitos, que a pesar de su viveza los hace parecer desolados.

Página 146

Desde ese momento, aquella intuición que se mantenía agazapada desde la primera línea, crece y crece hasta convertirse en un monstruo de dos cabezas que promete destruir el mundo que conocen a través de la maniobra más peligrosa que puede existir para la rutina: el cambio.

Los problemas se amontonan y la comunidad se desquebraja. Su seguridad desaparece para dar lugar a la incertidumbre, la desconfianza, la incomprensión.

Una de esas novelas que se agarran al estómago, con un estilo incisivo, directo a lo que se quiere comunicar, sin apenas diálogos y con escasas descripciones. Ese es Jim Crace y no necesita más para meter al lector de lleno en la historia de Cosecha.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La dualidad poca información-fuerza del estilo.
  • Impecable edición de Hoja de Lata.

Contras

  • La sensación de nudo en el estómago.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?, Literatura

Y ellos, ¿qué opinan? (XXVII): Jon Bilbao

jon_bilbaoJon Bilbao (Asturias, 1972): titulado como Ingeniero de Minas, su primera obra literaria fue en el ámbito del relato, para después saltar a la novela con El hermano de las moscas (2008, Ed. Salto de Página). Desde 2005 ha obtenido numerosos premios que han situado a Bilbao como uno de los nuevos nombres de la literatura española. Su último libro de relatos es Estrómboli (2016, Impedimenta).

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Cutter y Bone, de Newton Thornburg. Una historia sobre la sociedad norteamericana tras la guerra de Vietnam de esas que atrapan.

Publicada por Sajalín, Cutter y Bone jamás se había publicado en castellano a pesar de estar escrita en 1976 y haber recibido grandes elogios. Una novela que con opiniones muy entusiastas pero que no me he animado a anotar en mi agenda. El momento va a ser ahora.

2.- Un libro que nos recomiendas.

Manual para señoras de limpieza, Lucia Berlin. A pesar de la espantosa portada y el título que echa para atrás, un libro muy recomendable.

El libro de Berlin ha aparecido por todos los sitios, páginas, revistas, programas y comentarios, y todo el mundo decía específicamente eso: léelo aunque la portada sea fea, aunque el título sea horroroso, léelo. Pues bien, por fin lo he leído. Me hice con él en la Feria del Libro tras el comentario de Bilbao y tengo muchas ganas de escribir la reseña. Pronto estará disponible.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Ramiro Pinilla. Un autor que ganó el Premio Nadal en 1962.

De Pinilla lo único que me suena es Verdes valles, colinas rojas. Falleció en 2014, publicaba con Tusquets y obtuvo el Premio Nadal por la novela Las ciegas hormigas. Fue también finalista del Premio Planeta. Más información aquí.

Y vosotros, ¿coincidís con Jon Bilbao? ¿Habéis leído Cutter y Bone? ¿Os repele la portada del libro de Lucia Berlin? ¿Qué me recomendáis de Ramiro Pinilla?

Sigamos leyendo que las propuestas se nos amontonan.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (45)

He prometido mantenerme lejos de una librería y la verdad es que voy cumpliendo mi promesa… aunque de vez en cuando me paso a comprar algo, como estas nuevas adquisiciones que se incorporan en otoño a la estantería:

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  • Tú no eres como las otras madres, Angelika Schrobsdorff. Errata naturae publica este libro del que durante mucho no hacía más que leer en páginas, redes sociales y artículos, así que decidí llevármelo más por curiosidad que por otra cosa. La historia promete ser buena, aunque después nos las veamos y deseemos para pronunciar el apellido de la autora.
  • La España vacía, Sergio del Molino. Un ensayo sobre demografía del que todo el mundo estaba hablando. Aunque el tema pueda resultar poco atrayente, me gusta lo que se ha dicho de este libro y también el punto de curiosidad que tiene para cualquier castellano que viva en la Meseta.
  • Los detectives salvajes, Roberto Bolaño. Sí, este libro ya lo he leído. Sin embargo, lo se trataba de un ejemplar de la biblioteca, y al enterarme de que Alfaguara va publicar toda la obra del chileno y al pensar que mi pobre ejemplar de 2666 de Anagrama se iba a quedar sin compañero, pues decidí que no podía permitirlo y me lancé a comprarlo, en este caso en la versión Compactos. Para mí Bolaño es Anagrama y así se va a quedar.

En el apartado digital, me he hecho con:

  • Instrumental, James Rhodes. Música, autobiografía y maltratos. Una combinación extraña de la que todo el mundo está hablando. A mí me ha podido la curiosidad, y ya lo estoy leyendo. Si no conocéis a Rhodes, podéis echarle un vistazo a la entrevista de Página 2.

 

Esto es todo por el momento. ¿Habéis leído alguno de los libros que os traigo? ¿Por cuál empiezo?

Namaste.

Autor, Literatura, Vargas Llosa

La fiesta del Chivo, Mario Vargas Llosa

Cuando un lector se acerca al obra de Vargas Llosa, éste título que os traigo hoy es uno de los que destaca. Junto con Conversación en la Catedral (1969), La fiesta del Chivo (2000) es una de las novelas más conocidas del autor. La que (para muchos) es su última gran novela.

la-fiesta-del-chivoSi tuviera que hablar del argumento de la novela en una frase sería: Hay que matar a Trujillo. Porque precisamente de ésto trata el libro: de los planes de los conspiradores del atentado al dictador dominicano, sus vidas y motivaciones, sus pasos hasta llegar donde están.

Como nos tiene acostumbrados el autor, el hilo de la trama se entremezcla con otras situaciones distintas, utilizando saltos temporales como unión para acudir a otros personajes para contarnos parte de su historia. Aquí tiene protagonismo Urania Cabral, hija de un ministro del régimen de Trujillo, que recuerda su infancia en Santo Domingo antes de su marcha a Estados Unidos. Lo hace regresando a su país más de veinte años después y visitando a su familia, como contrapunto de aquéllos que se han quedado.

Vargas Llosa utiliza una situación real y unos nombres que existieron para novelar la historia de la emboscada al Benefactor. Página tras página, conoceremos los motivos por los que gente tan dispar decide asesinar al tirano.

A convencerse de que, mientras viviera, él y muchísimos dominicanos estarían condenados a esa horrible desazón y desagrado de sí mismos, a mentirse a cada instante y engañar a todos, a ser dos en uno, una mentira pública y una verdad privada prohibida de expresarse.

Página 226

La forma de entretejer las situaciones, la visión de cada uno de ellos: la religión y la moral, la venganza, el amor propio o el odio consiguen dar profundidad a los personajes y a la vez urdir una tela en la que todos los hilos se unen entre sí, en donde las afrentas son en ocasiones compartidas, en donde la familia lo es todo.

Por el tema y el lugar donde se sitúa la historia, me ha recordado en muchas ocasiones a Breve historia de siete asesinatos: el Caribe, un asesinato, la tensión de los conspiradores… si bien es cierto que la novela de James es mucho más de la calle, he podido observar similitudes entre ambas.

Crudo y duro en muchas ocasiones, La fiesta del Chivo es una de esas historias muy interesantes que consiguen mantener el interés del lector en cada capítulo y que a la vez nos arrastran con un estilo y un carácter lleno de fuerza, donde acompañamos a los personajes en su (lo sabemos desde el principio) triste destino, y donde no podemos hacer otra cosa más que apretar su mano y seguir leyendo.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La fuerza de cada página.
  • El equilibro entre las historias de los personajes.

Contras

Namaste.

Dicker, Literatura

La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker

Muchos de los que me conocéis seguramente estéis arqueando una ceja al ver en este blog el título de esta novela, y sé que muchos otros lo hicisteis el día que visteis que lo estaba leyendo, cuando lo publiqué en Instagram.

Quizá cada vez son menos comunes los best-sellers por estos lares, pero de vez en cuando me gusta asomar mi nariz a esos títulos siempre situados en la lista de máximas ventas (generalmente cuando ya se ha pasado la moda) y ver si a mí también me convencerían.

La verdad sobre el caso Harry Quebert es la primera novela de un suizo de esos que me dan mucho asco, esto es: un chaval más joven que yo que publica una novela y se forra con ella. Eso da un poquito de envidia y muchas ganas de venir aquí a contar que ese libro es la releche. Lo siento, pero no va a pasar.

la-verdad-sobre-el-caso-harry-quebertComo buena novela de suspense que se precie, desde el primer momento sabemos que ha habido una desaparición, en este caso la de una joven quinceañera en un pueblo apartado de Estados Unidos. El misterio queda en suspenso 30 años, momento en el que se encuentra el cadáver y se retoma la búsqueda del asesino de la muchacha.

Este corte temporal permite a Dicker situar la historia en tres momentos distintos: en 1975, momento de desaparición de la chica y en 2008, cuando se encuentra el cadáver. Aprovecha además para incluir una tercera situación: las conversaciones entre escritores sobre el proceso de escritura, que suelen ser capítulos muy cortos (apenas uno o dos párrafos) y dan preludio al resto de las dos acciones.

Y es que la muchacha mantenía una relación sentimental con Harry Quebert, afamado escritor y a la postre el que da los consejos a su amigo, otro escritor que quiere sacar a la luz la verdad ayudando así a Quebert a salir del atolladero. Efectivamente: su amigo no es el depravado que vende la policía y los periódicos, y por supuesto no ha matado a Nola Kellergan porque ellos vivían una verdadera historia de amor.

A mí es que este tipos de amores prohibidos me aburren soberanamente y ya si incluyen conversaciones como ésta…

– Callémonos y estrécheme en sus brazos… Me parece tan inteligente, tan apuesto, tan elegante.

– No puedo, Nola….

– ¿Por qué? Si de verdad le gusto, ¡no me rechace!

– Me encantas. Pero eres una niña.

– ¡No soy una niña!

– Nola… Lo nuestro es imposible.

– ¿Por qué es tan malo conmigo? ¡Ya no puedo ni hablarle!

– Nola, yo…

– Déjeme. Déjeme y cállese. Cállese o le diré a todos que es un pervertido. ¡Váyase con su novia! Fue ella la que me dijo que estaban juntos. ¡Lo sé todo! ¡Lo sé todo y le odio, Harry! ¡Váyase! ¡Váyase!

Página 232

Pues efectivamente, entiendo que alguien metiera a la insufrible niñata en el maletero de su coche y la hiciera desaparecer.

Lo peor de este tipo de diálogos no son las frases arquetípicas y sin sentido, sino la repetición: quizá la primera vez podemos pasarlo desapercibido, pero a la octava estamos mirando cómo comprar un arma de fuego en este país. Y a la decimosexta nuestro vecino ha llamado a la policía alterado por nuestros gritos de MUERTE Y DESTRUCCIÓN.

Claro, si pensamos que La verdad sobre el caso Harry Quebert es un tochazo de setecientas páginas tiene que abundar el relleno, pero por si fuera poco al leer un diálogo de ese calibre, hay que ofrecer poca información y repetirla cuanto se pueda. Para esto lo mejor es el corta y pega, que tenemos lectores GILIPOLLAS que no se han quedado con la copla.

Tras conversaciones con testigos y tratar de seguir la pista sobre lo que ocurrió en el verano del 75 (algo muy de Pretty Little Liars, en ese verano ha pasado más cosas que en Madrid la última década), Marcus Goldman consigue convertirse en un personaje que hemos visto repetido en multitud de ocasiones en series, libros malos y sobre todo películas de los sábados de Antena 3, lo cual incluye el muy original momento en el que va a ver a un testigo y le dice al sirviente que tiene que ir al baño y se escaquea del baño para echar un vistazo. ¡No puede ser! ¡Qué original! ¡Esto va a marcar un antes y un después en la literatura! ¡Ya verás cuando se entere Dan Brown!

Por supuesto, la investigación se ve aderezada de amenazas y anónimos, intentos de incendio y mucha hostilidad (¡quién lo iba a decir!). Venga, ¿que le queman el coche? ¡Confeti!

La sensación creciente que tengo cuando leo este tipo de libros es la de la producción en cadena, el darse cuenta de que se trata siempre la misma historia, que no brilla por ningún lado, con personajes intercambiables y con una trama similar que promete thriller y tensión y sólo da tedio y un poco de pena. La misma que me dan los calificativos que le han prodigado por aquí y allá los críticos literarios de medio mundo diciendo cosas como ésta:

La sorpresa de la rentrée, el libro que no podemos soltar después de horas de lectura cautivante…. Recuerda a Philip Roth. Jonathan Franzen o Woody Allen.

Marie-Françoise Leclère, Le Point.

Vamos a ver, señora Leclère, ¿qué le ha hecho Philip Roth para aseverar algo así?

Historias sin alma, personajes que no vas a recordar, situaciones que has visto con pocas variantes unas dos o tres mil veces en cualquier sitio, una de esas novelas que dice poco a pesar de tener escritas muchas palabras en ellas.

Probablemente lo mejor sean los inicios de capítulos, donde Goldman y su mentor reflexionan sobre el proceso de escritura y donde dejan momentos como este:

En esta sociedad, Marcus, los hombres a los que más admiramos son los que ponen en pie rascacielos, puentes e imperios. Pero en realidad, los más nombres y admirables son aquéllos capaces de poner en pie el amor. Porque es la mayor y más difícil de las empresas.

Página 281

La verdad es que si lo llego a saber podría haber empezado un juego alcohólico mientras lo leía, habría sido más entretenido, fijo.

– ¿Quiere que le lleve, sargento?

– Ni hablar.

– Conduce usted muy despacio.

– Conduzco con prudencia.

– Este coche es una basura, sargento.

– Es un vehículo de la policía estatal. Un poco de respeto, por favor.

– Entonces es una basura estatal. ¿Y si ponemos algo de música?

Página 475

¡CHUPITO!

Y con esto he escupido toda la bilis que me ha hecho generar el dichoso libro en sus 700 páginas. ¡Qué descanso! Ya sabéis, lectores: la bilis, como la basura, mejor fuera.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Las reflexiones sobre la escritura que dan comienzo a los capítulos.

Contras

  • Situaciones absurdas e increíbles.

  • La inclusión de diálogos de este calibre debería de ser un atenuante para la aplicación del artículo 138 del Código Penal.

Namaste.

Autor, Böll, Literatura

El honor perdido de Katharina Blum, Heinrich Böll

Vuelta a la normalidad. Ya estamos en octubre, el calor por fin da un respiro y la rutina vuelve a hacer presencia.

el-honor-perdido-de-katharina-blumEl honor perdido de Katharina Blum es una novela que compré en la Feria del Libro del año pasado y que me empecé a leer recientemente tras empezar un libro tocho de narices. Animada por la opinión unánime de la calidad de la historia y auspiciada por su escasa longitud, este libro era el perfecto para leer en un par de tardes.

Heinrich Böll es uno de los grandes escritores alemanes, representante de la literatura de posguerra y galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1972.

La protagonista de la acción es, como ya adelanta el título, Katharina Blum, una cándida joven que asiste a una fiesta. A raíz de este planteamiento, que podría parecer en un primer momento inocuo, surge una trama invisible que se teje con palabras, las de los medios de comunicación y las de la rumorología, para acabar modificando el destino de la mujer.

El autor plantea la novela como una investigación donde lo periodístico y lo policial se dan la mano para tratar de llegar al fondo del asunto en el que nuestra protagonista es mero sujeto pasivo. El qué dirán, las acciones consideradas por la sociedad como éticamente reprochables y los medios de comunicación amarillistas consiguen vilipendiar a una mujer que simplemente ha cometido el deleznable acto de conocer a un tipo que ha cometido varios delitos. La fina línea del secreto se ve traspasada y el ojo del huracán se sitúa en ella, acusada por ser cómplice del delincuente pero también por poner en duda sus relaciones amorosas con hombres y su supuesto turbio pasado.

El honor perdido de Katharina Blum es uno de esos libros en los que nada sobra: cada palabra es necesaria para narrar esta historia, pero al mismo tiempo, donde nada falta, a pesar de no detenerse demasiado en descripciones o en explicar determinadas acciones. Sin embargo, todo está pensado y calculado: por un lado el que sea breve da más dinamismo a la novela, por otro la ausencia de información nos hacen meternos de lleno en la historia que se cuenta. El aparente caos inicial que puede suponer empezar desde la primera línea comentando fuentes e informes, sin ponernos en antecedentes, es el toque de atención que nos da el autor para que estemos atentos.

Se ruega abstenerse de examinar, en busca de fuentes, los informes confidenciales que contiene este capítulo. Se trata de una simple perforación en el dique de un charco secundario, cuyo muro de contención, construido por un aficionado, permite la salida y el flujo antes de que se derrumbe el débil muro en cuestión, y se aflojen todas las tensiones.

Página 63

Y es que el buen hacer de Böll se demuestra en cada línea, controlando las palabras y el ritmo de la acción a su conveniencia. Además de permitirse el lujo, por qué no, de sacar un humor socarrón cuando le viene en gana:

Como vivimos en un país libre y podemos hablar abiertamente por teléfono, ¿qué conversaciones habrá de escuchar el funcionario, posiblemente casto y austero, en la cinta magnetofónica? ¿Qué dice a esto el sindicato de servicios públicos, transporte y circulación? Nos preocupamos de los industriales, los anarquistas y los directores, atracadores y empleados de banco, pero ¿quién se preocupa de nuestro “ejército nacional de las cintas magnetofónicas”? ¿Dónde está el comentario de las Iglesias? Y a la conferencia episcopal de Fulda y al comité central de los católicos alemanes, ¿no se les ocurre nada? ¿Por qué se calla el Papa? ¿Nadie imagina lo que deben escuchar oídos inocentes, desde el flan de caramelo hasta las más crudas groserías? Se convoca a la juventud para la carrera de funcionario. Y ¿a dónde conduce ésta? A manos de unos pervertidos que hablan por teléfono. En este ámbito podría colaborar las Iglesias y los sindicatos. Por lo menos se podría elaborar un programa de formación de espías telefónicos, consistente en unas cintas con clases de historia. Eso no cuesta mucho.

Páginas 106-107

En definitiva, esta novela es el claro ejemplo de que la novela llega a muy distintos niveles y que no todos los libros serios han de ser tochos, aburridos y lentos. Se puede salir de la zona de confort de libros súper ventas con un libro como éste. Para mí, Böll es un todo un descubrimiento. Será el primero pero no el último que lea de él, eso seguro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La atmósfera y el ritmo de la acción que crea el autor.

Contras

  • Algunos nombres alemanes pueden resultar inicialmente, demasiado parecidos.

Namaste.