Autor, Literatura, Ravelo

La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo

Alexis Ravelo es uno de los autores que llevaban tiempo anotado en mi agenda, gracias a la aportación de Atram. Cuando me topé con este ejemplar en la biblioteca, no lo dudé y decidí llevármelo a casa, aprovechando que no era una lectura muy larga.Carlos Ascanio es un profesor universitario que llega a una nueva ciudad para trabajar en un puesto vacante. Al alquilar un piso que había sido habitado por una anciana ya fallecida, acabará de sellar su destino.

Con la curiosidad del que quiere conocer más a la antigua inquilina, Carlos comienza a indagar entre los papeles, cartas y otra documentación de la señora que se guarda en uno de los cuartos del su piso alquilado.

la-otra-vida-de-ned-blackbirdPalabras, palabras y más palabras. Las que lee Carlos, las que escribió la antigua inquilina, las que usa y retuerce Ravelo para construir una trama llena de sorpresas y de peligros, de casualidades y causalidades.

El asombro espera al hombre en los lugares más insospechados. Con Carlos Ascanio tuvo una cita en su propia cama.

Página 25

La otra vida de Ned Blackbird es una historia curiosa, que juega con los límites de la realidad, la búsqueda del individuo y la superación de los prejuicios a la hora de valorar el modo de vida de otras personas, todo conectado por un hilo que mantiene un equilibrio inestable entre la vida de Carlos y la de la anciana. Además, abundan las referencias literarias, planteándose un diálogo con el lector que sobrepasa la mera descripción de la trama y de la acción, una especie de juego con el que Ravelo demuestra de qué calibre está hecho.

En estos días entiendo perfectamente cómo debía de sentirse Ascanio en aquellos en los que exploraba los últimos diarios, las últimas cartas. Sé de esa desazón. Ese deseo de saber más. De entender más. Ese olvido de todo lo presente para rebuscar en el pasado. Ese desequilibrio entre lo que uno es y lo que ellos fueron: la merma ineluctable en la propia identidad cuando uno se sumerge en los recuerdos de otro.

Página 147

Y es que en La otra vida de Ned Blackbird todo está medido, la ralentización de la trama, los golpes de efecto y las historias dentro de la historia principal, para desviar la atención de un lector que acaba metiéndose hasta la médula en una historia inteligente, delicada y muy pero que muy bien escrita.

Una de esas historias que cuando llegas a la última línea tienes claro que podrías volverla a leer para no perderse ninguno de los detalles y matices que pasaron por alto en la primera ocasión.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Sintetizar en 200 páginas ese despliegue literario.
  • La inteligencia que demuestra Ravelo al crear la historia.
Contras
  • La sensación de querer volverla a empezar en cuanto la terminas.

Namaste.

Literatura

Balance de 2016 (III): joyas.

Este año ha sido muy pero que muy sencillo decidir qué ha sido lo mejor que he leído en 2016. Han destacado tanto de entre los demás que justo antes de terminarlos, sabía que iban a aparecer aquí.

  • Entre dos mundos, Upton Sinclair. La apasionante vida de Lanny Budd en el periodo de entreguerras es una de esas historias que atraen, enganchan y entretienen, uno de esos descubrimientos por los que das gracias al haberte topado con una joya de este calibre que para terminar de alegrarlo, se trata de una saga, así que tengo diversión para rato.
  • Manual de mujeres de la limpieza, Lucia Berlin. Prometía muchísimo, ha aparecido en todas y cada una de las listas de los mejores libros publicados en este año, y no se equivocaban. Ácida, molesta, inteligente, dura y sincera, Berlin nos ofrece unos relatos de esos en los que uno se reconcilia con el mundo editorial y con las novedad.
  • La cartuja de Parma, Stendhal. Una novela exigente, muy completa, estéticamente perfecta, que además ha compartido muchos momentos a mi lado. Uno de esos libros que simplemente pensando en él, me acordaré de qué hacía cuando lo leía.
  • Breve historia de siete asesinatos, Marlon James. El último Premio Booker es un rompecabezas situado en Jamaica que nos acerca al intento de asesinato de Bob Marley. Es distinto, complejo e irreverente y muy recomendable.

Mi última petición de este 2016 que se acaba: escoged uno de estos cuatro libros y leedlo. Sólo por eso habrá merecido seguir un año más escribiendo por aquí.

Ahora, es el momento de disfrutar.

Namaste.

Balance de 2016, Literatura

Balance de 2016 (II): destacados.

En el apartado de los libros que me han gustado este año, destacan los siguientes:

  • La amiga estupenda, Elena Ferrante. La fiebre Ferrante ha llegado para quedarse, y aunque esperaba una historia más compacta, reconozco que es uno de esos libros que te dejan con ganas de más, así que en breve le pondré remedio y leeré el segundo.
  • La balada de Iza, Magda Szabó. No es fácil incluir tantos temas en una historia relativamente corta sin que pierda fuerza, creando unos personajes potentes que reflexionan sobre muchas cosas. Una novela desasosegante que me ha sorprendido mucho.
  • Departamento de especulaciones, Jenny Offill. Curiosa forma de escribir la de Offill, saltando de un momento temporal a otro para narrarnos la vida de un matrimonio. Sin caer en la superficialidad, simplemente esbozando cada situación.
  • Sofia Petrovna, una ciudadana ejemplar, Lidia Chukóskaia. Los entresijos soviéticos de la historia novelada de una mujer que escribió en un cuaderno de escuela. Pienso en este libro y se me pone un nudo en el estómago.
  • En lugar seguro, Wallace Stegner. Un libro en el que empiezas a subrayar y no sabes dónde parar. Tierno, humanista, inteligente para no acabar cayendo  en la cursilería… Stegner sabe lo que hace.
  • La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa. La dura historia de los conspiradores de la muerte de Trujillo, sus planes para cometer el atentado y mucho más. Te quedas pegado a sus páginas.
  • A contraluz, Rachel Cusk. Sorpresa mayúscula este fin de año con una de esas novelas que te pillan a contrapie y que desde la primera página te demuestran que lo vas a disfrutar mucho. Una delicia.
  • Mendel el de los libros, Stefan Zweig. En este caso, lo contrario: previsible. Zweig es un valor seguro. Hay que leerlo.
  • La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo. Mi primer Ravelo, una suerte de libro inteligente y complejo del que os hablaré más adelante. Ojo con él.

Las joyas, como viene siendo habitual, para el final.

Namaste.

Autor, Literatura, Zweig

Mendel el de los libros, Stefan Zweig

Probablemente este título sea uno de los más famosos de Stefan Zweig, y justo por eso, y porque muchos lectores lo habían recomendado, lo busqué en el índice de mi edición de Novelas del autor que publicó Acantilado. Para mi mala suerte, no se encontraba, así que tenía en mente cogerlo prestado de la biblioteca para, por fin, conocer la historia de Mendel.

mendel-el-de-los-libros

Ya sabéis que no me gusta destripar un libro, que huyo de narrar todas y cada una de las cosas que suceden. Si eso en ocasiones no es fácil con un libro de 300 páginas, imaginaos con uno de menos de 100.

La historia de Mendel es la de un librero solitario sentado en un café de Viena, que conoce y memoriza catálogos de libros, absorto de un mundo que le resulta ajeno.

El gran Mendel, al que todos acudían para conseguir un libro, vive tan al margen de la realidad que no entiende por qué hay situaciones que cambian o qué sucede más allá de sus libros.

El resto es el estilo impecable y desgarrador de Zweig: incisivo y casi poético pero deprimido y pesimista, el autor despliega en una breve historia las palabras necesarias para que vivamos el destino de un personaje único. Todo en menos de cien páginas: la sencillez, la exactitud de su estilo pero siempre con un regusto amargo, el que acompaña épocas turbulentas, llenas de violencia y cambios.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo exquisito del autor.
  • Cómo crea un personaje tan fuerte en unas pocas páginas.
Contras
  • He sentido pena por un librero que no lee los libros, sino que sólo los memoriza. Serán cosas mías.

Namaste.

Autor, Cusk, Literatura

A contraluz, Rachel Cusk

Leer un libro del que vamos anotando muchos fragmentos y páginas es siempre una muy buena señal. Lo atípico es hacerlo desde las primeras páginas.

Antes siquiera de conocer de qué trataba este libro marqué este fragmento:

Durante unas semanas, vivió en un estado de aturdimiento, como el aturdimiento que sigue a una herida antes de que el dolor asome abriéndose paso lenta pero implacablemente por entre la cerrada niebla analgésica.

(…)

Las cosas no sucedieron como él había imaginado, por supuesto. El bache no solo había desestabilizado el matrimonio; lo había obligado a tomar un camino totalmente distinto, un camino que no era sino un largo rodeo que no iba a ninguna parte, un camino en el que él no pintaba nada y por el que, de vez en cuando, todavía hoy tenía la sensación de transitar.

Página 17

a-contraluzLa cosa se acentuó cuando llegué a la página 19 y me encontré con ésto:

Recuerdo a mis hijos de bebés, sentados en la trona y tirando cosas solo para verlas caer al suelo, actividad que les resultaba tan placentera como terribles eran sus consecuencias. Se quedaban mirando lo que hubiera caído -una galleta a medio comer o una pelota de plástico- cada vez más nerviosos ante la incapacidad de la cosa para regresar. Al final se echaban a llorar, y por lo general se encontraban con que el objeto en cuestión volvía a ellos por la vía del llanto. Siempre me sorprendía que su reacción a esa cadena de acontecimientos consistiera en repetirlos: en cuanto tenían el objeto en las manos, volvían a tirarlo inclinándose hacia delante para ver cómo caía. Su regocijo no disminuía nunca, y su angustia tampoco. Yo siempre esperaba que en un momento u otro se dieran cuenta de lo innecesario de su angustia y se decidieran a evitarla, pero nunca ocurría. El recuerdo del sufrimiento no surtía efecto alguno en su decisión: al contrario, los obligaba a repetirla, pues ese sufrimiento era la magia que obraba el regreso del objeto, lo que les permitía volver a experimentar el placer de tirarlo.

Vaya. Cojo aire y continúo leyendo esa prosa hipnótica, que fluye sin que te des cuenta, sabiendo lo poco que conocemos de una narradora: una británica que acude a Atenas a impartir un curso de escritura. Una mujer con un matrimonio a sus espaldas y varios niños. Hasta ahí.

Sin embargo, A contraluz nos enseña precisamente eso: las sombras de los personajes que se encuentran con la mujer y que se abren en canal, mostrándole sus miedos y vivencias. Así, la temática varía desde el desamor o la felicidad hasta la búsqueda del individuo, la duda, la creatividad o la dificultad para sentirse cómodo en la piel de uno.

La persona que se sienta a su lado en el avión, sus alumnos o algunos de los profesores que coinciden con ella en el curso comienzan a contarle aspectos de su pasado, como si el hecho de hablar con una desconocida supusiera el abandono de los prejuicios o la sensación de sentirse juzgados, de modo que se acrecienta sus ganas de contar sus sentimientos y recuerdos.

Palabras y más palabras. Palabras que se deslizan y se nos escurren de las manos. Palabras que fluyen empujadas por la prosa de Cusk, potente para meternos en el cuerpo el gusanillo de seguir leyendo pero invisible. Sabemos que la autora se mide y se contiene, que controla el uso de las palabras y las temáticas para conseguir el mayor impacto posible. A contraluz es uno de esos libros difíciles de describir pero de los que notas, como la capa de invisibilidad de Harry Potter, lo llevas encima, te cala, está ahí aunque cuando termines el libro no sepas bien ni quién te contaba la historia ni cuál era la trama.

Quizá todo esté ahí: las palabras en forma de siluetas que reflejan una sombra en la pared. La sombra de los personajes y sus dudas, y una narradora que resulta ser la catalizadora de todas las personas con las que se encuentra. Y páginas y páginas de fragmentos subrayables.

Gracias a Libros del Asteroide por el envío.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • La cantidad de fragmentos destacados desde las primeras páginas.
  • La variedad de temáticas que trata la autora.

Contras

  • El cierre del libro.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (46)

Las últimas incorporaciones a mis estanterías de este 2016 son las siguientes:

imm-46

 

  • A contraluz, Rachel Cusz. Sólo con la mención de Jeffrey Eugenides de esta novela ya tenía ganas de ver qué podía encontrar en su interior. Lo he leído recientemente así que la reseña la tendréis en breve. Envío de Libros del Asteroide.
  • Los dientes del dragón, Upton Sinclair. Tercera parte de la saga de Lanny Budd, y el libro por el que le concedieron el Premio Pulitzer al autor en 1943. Esperaba la publicación de este libro con muchas ganas desde que saldría en otoño, y tenerlo en mis manos me da la sensación de conseguir una tabla de salvación en medio de un aguacero. ¡Cuántas ganas de empezarlo! Gracias a los amigos de Hoja de Lata por el envío.
  • Our mutual friend, Charles Dickens. Como dice el refrán, quien no tenga cabeza que tenga pies. En este caso hay gente que no tiene pies (o si los tiene es como si no los tuviera), pero que confía mucho en lo que tiene encima de los hombros. Uno de esos libros que llegan inesperadamente al buzón y que me recuerdan una vez más que lo que tengo con Dickens son algo más que cuentas pendientes. See you in another life, brother.

Pasar por una biblioteca implica escoger algo para leer, inevitablemente. En esta ocasión tomé prestados tres libros:

  • Mendel el de los libros, Stefan Zweig. Anotado desde hacía mucho, no se incluía en mi ejemplar de Novelas de Zweig que os comenté alguna vez. Una novelita que no llega a cien páginas de la que os hablaré dentro de poco.
  • La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo. Atram, de Leer sin prisa, es una de esas blogueras que me obligan a anotar muchos títulos en mi Plan Infinito. A Ravelo lo tengo apuntado desde hace mucho, y cuando vi éste en la mesa de novedades decidí que era un buen momento para leerle.
  • Hacia el amanecer, Michael Greenberg. Recomendado por Bartleby desde hace una eternidad (si nos fiamos de su reseña, que data de 2012, imaginaos), lo encontré un poco por casualidad y decidí que era un buen momento para tacharlo de mi lista. También lo he terminado.

 

Suculentas lecturas para este fin de 2016, para quitar algún título de nuestro Plan Infinito… y para apuntar otros tantos.

Namaste.

Autor, Literatura, Stendhal

La cartuja de Parma, Stendhal

Hablar de un libro como éste da un poco de vértigo: obra influyente, muy conocida y una de las novelas más importantes de la literatura en francés. ¿Qué tiene que decir de un libro como éste una lectora y bloguera cualquiera, teniendo en cuenta que los mayores expertos, entre los que se encuentra Balzac, ya la han analizado y desmenuzado? Pues simple y llanamente mi propia experiencia al leerlo.

la-cartuja-de-parmaTras leer Rojo y negro, parece obligada acometer la lectura de esta historia. Tanto, que lo adquirí poco tiempo después (hace una cantidad tan grande de años que omitiré para que nadie me tache de acumuladora de libros). En fin: llegado el verano, aproveché para seguir la tradición y escoger un tocho para leer. Tocó este. Así, lo paseé por la geografía española, de playa en playa, de isla en isla, de piscina en piscina, siempre en mi bolso. Lo saqué en el aeropuerto, lo llené de arena, vi cómo unos lectores franceses se daban codazos al leer el título, se mojó con las gotas del Océano, hasta doblé sus páginas. (¡Yo, que soy pulcra con mis libros, al ver que no me quedaban más post-it y que el libro no era demasiado salvable!)

La cartuja de Parma tiene muchas cosas curiosas. En primer lugar, el título. ¿Es un juego por parte del autor titular el libro como un edificio que sólo se menciona en el última página? Pongamos que sí.

El protagonista de la historia es Fabricio del Dongo, un joven italiano que tiene su futuro marcado por el ingreso en la iglesia. Acompañaremos a Fabricio a través de cada una de sus aventuras y desventuras que le llevarán del campo de batalla a la cárcel, entre otras muchas. Sin embargo, para mí la verdadera importancia en cuanto a la acción de la trama la tiene su tía, la genial Duquesa Sanseverina, que maneja personas, políticas y diálogos para conseguir lo que necesita, siendo Fabricio en muchas ocasiones mero sujeto pasivo de las intrigas de su tía.

Mujer fuerte, con las ideas claras, que maneja la situación en cada momento y que se adapta a los cambios propios de la época, la duquesa es la verdadera artífice de los cambios en la vida de Fabricio, la que con ambición, perseverancia y un derroche constante de inteligencia controla las situaciones para salir lo mayor beneficiada de ellas.

– Y, ¿qué habría que hacer para que la señora duquesa no se ausentara?

– Algo de lo que usted no es capaz -replicó la duquesa con el acento de la ironía más amarga y del desprecio menos disimulado.

Página 296

Digo situaciones porque en La cartuja de Parma caben muchos cambios en la vida de los personajes, imperando además, el realismo en el enfoque de los últimos años del dominio napoléonico en el continente. De esta forma, la política, la posición social y las conspiraciones para ganar poder están a la orden del día. Los reuniones sociales y los rumores que se generan, la pérdida de poder de una familia o el casamiento de un heredero son sólo algunas de las cosas que nos encontramos en la novela. Mención obligada es la presunta asistencia de Fabricio a la batalla de Waterloo.

Lo explica mucho mejor que yo Luis Landero en este artículo del que extraemos éste párrafo:

Corre hacia todas partes entre el humo y el polvo buscando su regimiento de húsares, oye el estruendo y la lejana gritería, estorba el cortejo del mariscal Ney, pasa a su lado Napoleón y no lo reconoce, ve sangre, muerte, campos que se ondulan por los impactos de la artillería, ve el triunfo y la derrota y, en fin, ve todo y no ve nada. Estuvo allí, en efecto, pero no sabría contar otra cosa que el asombro de no haber conseguido encontrar Waterloo en Waterloo.

Paradojas que bien podrían considerarse chistes, inteligencia disfrazada de crueldad, ridiculización de las principales características del carácter italiano, reducciones al absurdo y muchas, muchas descripciones.

– La ley es terminante -añadió-; es evidente que su hermano no se ha herido él mismo, como cuenta, cayéndose de una escalera en el momento en que metía en la mano una navaja abierta.

Página 247

Por supuesto, también se incluyen otras situaciones personales e íntimas, reflexiones sobre el amor y el destino, o la incertidumbre sobre el futuro propia de la juventud del protagonista. Os dejo dos ejemplos en páginas consecutivas:

Si no se puede creer en la astrología -prosiguió, tratando de aturdirse-; si esta ciencia es, como las tres cuartas partes de las demás ciencias no matemáticas, una reunión de tontos entusiastas y de hipócritas listos y pagados por aquellos a quienes sirven, ¿a qué se debe que yo piense tan a menudo y con emoción en una circunstancia fatal?

Página 198

Esta denuncia desnaturalizada fue el origen de mi vida actual; puedo detestarla, puedo despreciarla, pero al fin y al cabo ha cambiado mi destino. (…) ¡Dónde estaría yo ahora si la duquesa tuviera el alma de su hermano el marqués del Dongo!

Página 199

La cartuja de Parma es un libro exigente, largo, con muchas descripciones y con una trama que se acelera y desacelera a conveniencia. Por este motivo, mi recomendación es que si os apetece empezarlo os arméis de paciencia y lo vayáis leyendo poco a poco. En muchos capítulos queremos continuar leyendo, pero en otros la acción prácticamente desaparece.

Si os soy sincera en ocasiones me parecía que estaba intentando cruzar un pantano oscuro y tenebroso montada en una tabla en la que apenas cabía por completo, pensando en que jamás llegaría al otro extremo, que si no encallaba en un recodo conseguiría de alguna forma que me atacara algún monstruoso animal acuático. Sin embargo, poco a poco y capítulo a capítulo iba avanzando hacia aquélla cartuja de la que se habla en el título. Ésa que promete la última página.

Y llegué, más o menos ilesa, más o menos mojada, con las extremidades más o menos completas; y me quedó esa sensación de poso que se queda con los grandes libros, la de la profundidad de lo leído, la variedad de temas y la magistral pluma de un autor que escribió esta obra maestra en unas pocas semanas. Y sé, que al igual que con El conde de Montecristo, es el tipo de libros que van calando más y más según pasa el tiempo. El tipo de libros que hacen al lector, los cimientos que sujetan una estructura donde se fijan las bases de la buena literatura.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • La formación de los personajes, en especial la duquesa.
  • El equilibrio entre estilo del autor/variedad de temáticas.

Contras

  • La acción es lenta y el libro bastante largo.

  • El final precipitado como consecuencia de decisión del editor para reducir el número de páginas.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?, Literatura

Y ellos, ¿qué opinan? (XXVIII): Cory MacLauchlin

corymclauchlinheadshotCory MacLauchlin (Virginia, Estados Unidos). Graduado en inglés, imparte clases de Literatura Americana y escritura. Tras el huracán Katrina se dedicó a recuperar documentación con la que terminaría publicando Una mariposa en la máquina de escribir, biografía de John Kennedy Toole de la que también saldría un documental: The Omega Point.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

Touché. El Quijote lleva meses en mi mesilla, mirándome con recelo, viendo pasar las estaciones y el resto de libros que sí voy leyendo. Lo (poco) que llevo me ha gustado, más de lo que esperaba, la verdad. Pero de momento, no sé por qué, no me anima demasiado a sentarme y seguir leyendo. Veremos qué va pasando.

2.- Un libro que nos recomiendas.

La tierra baldía, T. S. Eliot.

Uno de los poetas más importantes en lengua inglesa y su obra más famosa: autor de referencia pero al que nunca me he acercado. Si en el ámbito de la narrativa tengo lagunas, imaginaos en el de la poesía.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

John Kennedy Toole.

Totalmente comprensible. Es un autor de los que atrae, y cuanto más sepas de él, todavía más. Eso me ocurrió a mí desde que conocí las circunstancias de su muerte y no ha hecho más que crecer. El que quiera saber más que me pegue un silbido.

Y vosotros, ¿habéis leído el Quijote? ¿Recomendáis La tierra baldía? Si no habéis leído La conjura de los necios, ya estáis tardando. ¡Larga vida a Ignatius!

Namaste.

Autor, Carrasco, Literatura

La tierra que pisamos, Jesús Carrasco

Cuando Carrasco publicó Intemperie revolucionó el panorama literario colándose en la privilegiada lista de autores que además de ser encumbrados por la crítica, también es respaldado por los premios y las ventas.

la-tierra-que-pisamosProbablemente yo sea de las pocas que no leyó Intemperie en su momento, pero que quería probar con el autor y por eso decidí acercarme a esta novela. No tenía muy claro qué me iba a encontrar ni cómo iba a ser el estilo del autor, pero como enseguida llegas a un párrafo como éste te queda claro en poco tiempo:

Con los puños llenos de tela y los ojos cerrados, he tratado de concentrarme en la oscuridad exterior. Y así, he imaginado que me asomaba al porche elevado sobre el fragante césped que rodea la casa y, desde allí, he dirigido mi atención hacia el frente, al lugar donde el predio se asoma al valle. A lo lejos titilan las farolas de gas del pueblo, encaramado como un galápago a las faldas del castillo.

Página 10

Este tipo de fragmentos son frecuentes en La tierra que pisamos, a medio camino entre la poesía más metafórica pero sin perder la precisión analítica que emana de su prosa. Del resto poco sabemos, dado que el autor no se detiene explicando demasiado sobre los protagonistas (de hecho, en la sinopsis se cuentan muchas más cosas que en las primeras cien páginas). Una mujer y la visita de un hombre que se sienta en su propiedad. Hasta ahí. El resto es todo un juego de palabras, descripciones y análisis sobre temas distintos: la resistencia, la humanidad o el pasado. Todo bajo una estructura bien clara: una prosa dura y recia pero muy bien elaborada y destellos poéticos a través de adjetivos que van reluciendo según leemos.

Me ha recordado tanto a Coetzee que he tenido que comprobar el nombre del autor en la portada. Estilos similares, aunque el sudafricano equilibre más la historia en cuanto a la acción y a la dureza de los eventos que ocurren. También me ha venido a la mente Cosecha, de Jim Crace: el uso muy limitado de la información que se proporciona al autor o la utilización de diálogos mínimos.

Sin embargo, sí que tengo que decir que aunque la prosa está muy bien elaborada, la historia en sí no me ha llegado a enganchar, donde no he podido conectar con la historia, además de tener la sensación de que avanzaba muy lentamente la acción de la novela. Tan lentamente que por momentos se me ha hecho pesado.

La fe es un diamante engarzado en carne. Y la carne se aja y enferma. La piel se descuelga y los tendones se vuelven quebradizos y entonces el diamante cae, o se eleva, y se desvanece en la negrura del espacio cuyo final no es conocido, ni tan siquiera imaginado.

Página 176

En conclusión, una novela que me ha sorprendido por el modo de escribir del autor, pero que no me ha acabado de convencer. Veremos si me decido a leer Intemperie.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • El estilo del autor, que sorprende y demuestra su uso mágico de la lengua.

Contras

  • ODIO las sinopsis donde cuentan de más.

  • No he conseguido conectar con la historia.

Namaste.

Autor, Crace, Literatura

Cosecha, Jim Crace

Hay libros que son como un vergel, un paraíso donde el agua mana de forma abundante, donde los árboles esperan que recojamos sus frutos, donde el olor a primavera nos anima a tener un día plagado de buenos propósitos y grandes anécdotas.

Historias que prometen sonrisas, conversaciones con amigos, diversión, un día soleado con olor a flores frescas. Aunque después la historia se tuerza, como en Picnic en Hanging Rock, de la australiana Joan Lindsay.

cosechaHay otras novelas, otras historias, que desde el primer momento prometen ser un páramo donde sopla fuertemente el viento, donde nos huele a quemado desde el principio. Hay algo en el ambiente que nos hace desconfiar. Las de Steinbeck o las de Faulkner son claros ejemplos.

A pesar del título, la novela que os traigo hoy es un erial. Desde la primera línea sabemos que algo malo va a ocurrir. Tememos por los desconocidos que acaban de llegar a la comunidad agraria. Sospechamos que no va a suceder nada bueno. Sí, hay una cosecha, y qué cosecha.

Apenas se nos aportan los datos justos como para situar de forma concreta la historia tanto en el espacio como en el tiempo, pero Crace no necesita más. Tan sólo describir el tipo de actividades comunes que realizan los vecinos y algo sobre sus relaciones que no deja de ser la típica imagen que tenemos de cualquier comunidad agraria de hace un siglo (el viudo que echa de menos a su esposa, la rivalidad entre ellos, la esperanza por que el tiempo les sea favorable, la euforia al celebrar una fiesta…).

Tampoco necesita recurrir a saltos temporales ni a profusas descripciones del paisaje. Podríamos llegar a pensar que la prosa del británico es tan austera como sus personajes, los hombres y mujeres de otra época acostumbrados a trabajar de sol a sol sin pararse a realizar florituras en su vestimenta o en su peinado. No hay tiempo que perder. La rutina manda.

Así, la situación se mantiene prácticamente igual generación tras generación. La conciencia de saber que la vida del nieto no difiere demasiado de la del abuelo. Se desdibujan las líneas de la personalidad, la comunidad es lo importante. La repetición invariable de las estaciones para obtener el éxito conjunto: una próspera cosecha.

Hasta que unas columnas de humo prometen romper su mundo en dos.

Hay algo en esas líneas y esos trazos, en esos azules y verdes aparentemente fortuitos, que a pesar de su viveza los hace parecer desolados.

Página 146

Desde ese momento, aquella intuición que se mantenía agazapada desde la primera línea, crece y crece hasta convertirse en un monstruo de dos cabezas que promete destruir el mundo que conocen a través de la maniobra más peligrosa que puede existir para la rutina: el cambio.

Los problemas se amontonan y la comunidad se desquebraja. Su seguridad desaparece para dar lugar a la incertidumbre, la desconfianza, la incomprensión.

Una de esas novelas que se agarran al estómago, con un estilo incisivo, directo a lo que se quiere comunicar, sin apenas diálogos y con escasas descripciones. Ese es Jim Crace y no necesita más para meter al lector de lleno en la historia de Cosecha.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La dualidad poca información-fuerza del estilo.
  • Impecable edición de Hoja de Lata.

Contras

  • La sensación de nudo en el estómago.

Namaste.