Hay libros que son como un vergel, un paraíso donde el agua mana de forma abundante, donde los árboles esperan que recojamos sus frutos, donde el olor a primavera nos anima a tener un día plagado de buenos propósitos y grandes anécdotas.
Historias que prometen sonrisas, conversaciones con amigos, diversión, un día soleado con olor a flores frescas. Aunque después la historia se tuerza, como en Picnic en Hanging Rock, de la australiana Joan Lindsay.
Hay otras novelas, otras historias, que desde el primer momento prometen ser un páramo donde sopla fuertemente el viento, donde nos huele a quemado desde el principio. Hay algo en el ambiente que nos hace desconfiar. Las de Steinbeck o las de Faulkner son claros ejemplos.
A pesar del título, la novela que os traigo hoy es un erial. Desde la primera línea sabemos que algo malo va a ocurrir. Tememos por los desconocidos que acaban de llegar a la comunidad agraria. Sospechamos que no va a suceder nada bueno. Sí, hay una cosecha, y qué cosecha.
Apenas se nos aportan los datos justos como para situar de forma concreta la historia tanto en el espacio como en el tiempo, pero Crace no necesita más. Tan sólo describir el tipo de actividades comunes que realizan los vecinos y algo sobre sus relaciones que no deja de ser la típica imagen que tenemos de cualquier comunidad agraria de hace un siglo (el viudo que echa de menos a su esposa, la rivalidad entre ellos, la esperanza por que el tiempo les sea favorable, la euforia al celebrar una fiesta…).
Tampoco necesita recurrir a saltos temporales ni a profusas descripciones del paisaje. Podríamos llegar a pensar que la prosa del británico es tan austera como sus personajes, los hombres y mujeres de otra época acostumbrados a trabajar de sol a sol sin pararse a realizar florituras en su vestimenta o en su peinado. No hay tiempo que perder. La rutina manda.
Así, la situación se mantiene prácticamente igual generación tras generación. La conciencia de saber que la vida del nieto no difiere demasiado de la del abuelo. Se desdibujan las líneas de la personalidad, la comunidad es lo importante. La repetición invariable de las estaciones para obtener el éxito conjunto: una próspera cosecha.
Hasta que unas columnas de humo prometen romper su mundo en dos.
Hay algo en esas líneas y esos trazos, en esos azules y verdes aparentemente fortuitos, que a pesar de su viveza los hace parecer desolados.
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Desde ese momento, aquella intuición que se mantenía agazapada desde la primera línea, crece y crece hasta convertirse en un monstruo de dos cabezas que promete destruir el mundo que conocen a través de la maniobra más peligrosa que puede existir para la rutina: el cambio.
Los problemas se amontonan y la comunidad se desquebraja. Su seguridad desaparece para dar lugar a la incertidumbre, la desconfianza, la incomprensión.
Una de esas novelas que se agarran al estómago, con un estilo incisivo, directo a lo que se quiere comunicar, sin apenas diálogos y con escasas descripciones. Ese es Jim Crace y no necesita más para meter al lector de lleno en la historia de Cosecha.
FICHA:
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Namaste.

Jon Bilbao (Asturias, 1972): titulado como Ingeniero de Minas, su primera obra literaria fue en el ámbito del relato, para después saltar a la novela con El hermano de las moscas (2008, Ed. Salto de Página). Desde 2005 ha obtenido numerosos premios que han situado a Bilbao como uno de los nuevos nombres de la literatura española. Su último libro de relatos es Estrómboli (2016, Impedimenta).
Si tuviera que hablar del argumento de la novela en una frase sería: Hay que matar a Trujillo. Porque precisamente de ésto trata el libro: de los planes de los conspiradores del atentado al dictador dominicano, sus vidas y motivaciones, sus pasos hasta llegar donde están.
El honor perdido de Katharina Blum es una novela que compré en la
Jesús Carrasco (Badajoz, 1972): Licenciado en Educación Física, Carrasco es una rara avis literaria. Su primera novela, Intemperie, fue publicada en 2013 y supuso un rotundo éxito llegándose a vender los derechos de su publicación fuera de España incluso antes de publicarse en su país natal. Además, cosechó un extenso catálogo de premios y un elevado número de ejemplares vendidos. La tierra que pisamos (2016) es su segunda novela.
Lo que sí recuerdo, entre otras cosas porque lo tengo delante, es de la edición de Edhasa que me llevé a casa, que hace juego con mi libro de cuentos de Edgar Allan Poe. Hay que ser un poco presumido y saber que los libros sí decoran. ¡Si no de qué ibamos a ponerlos con el canto para afuera, leche!
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Un amor que destruye ciudades se centra en la familia Bai, que trata de buscar pretendientes para una de las solteras de la familia. Se articula a partir de este motivo una novela que recuerda a Jane Austen, donde de un lado se encuentra la voluntad de la familia de conseguir un buen pretendiente y de otro, la personalidad de la protagonista, enfrentada a los intereses de su familia pero con ganas de tomar las riendas de su propia vida.