Autor, Faverón Patriau, Literatura

Vivir abajo, Gustavo Faverón Patriau

No recuerdo bien quién me recomendó esta historia. Lo que sí sé es que fueron varias las personas que mencionaban esta novela como muy recomendable. Tardo en leer, lo sabéis, pero también soy obediente y anoté esta historia de un autor que no conocía pero del que todo el mundo hablaba bien.

A todos ellos, desde aquí, GRACIAS.

Porque vaya, ya sabemos que cuando lees mucho es complicado que te sorprendan, es difícil que un autor contemporáneo presente una propuesta que te encandile sin caer en las copias, las excesivas referencias o en las imitaciones de otros. Y Vivir abajo es uno de esos, de esas joyitas que aparecen muy de vez en cuando y te vuelan la cabeza desde la primera página. Voy a tratar de explicar por qué en esta reseña, pero en cualquier caso aviso: cualquier cosa que diga no le va a hacer justicia.

Vivir abajo (Candaya, 2019) es una historia poliédrica, vertebrada en cinco partes, donde nos acercamos a la misma historia, o a historias adyacentes que comparten los mismos personajes. En su centro George W. Bennett, de quien salen todos los hilos que vertebran la historia.

Comienza la novela con una doble biografía de este personaje, a dos columnas, como si en un periódico se tratase, ahí podemos comprobar las diferencias entre ambas. Desde este primer momento sabemos de este personaje ambiguo, del que se aprecian lagunas en su biografía y algún detalle extraño.

Lo coincidente es que se trata de un controvertido cineasta que ha desaparecido sin dejar rastro, con un pasado errante que iremos conociendo y desglosando a lo largo de sus más de 600 páginas.

Lo único bueno es el monólogo final de un viejo librero al que la policía captura y que le explica a un detective que no entiende por qué tanto alboroto, si vender órganos humanos y vender libros es lo mismo, porque un libro no es otra cosa que un órgano humano, uno que conecta el corazón unas veces con el cerebro y otras veces con el páncreas.

Página 90

La primera parte es un acercamiento a la figura de Bennet, y también la historia del investigador que le sigue los pasos.

La segunda parte, nada que ver, conocemos a Laura Richardson, que conoció a Bennet en el pasado, cuando era un niño y un adolescente, y nos narra su vida además de la vida de su marido, el pasado en la guerra de Yugoslavia.

Volvemos al investigador con la tercera parte, ahondando su búsqueda de Bennet por diversos países de Hispanoamérica.

Creo que el mundo es indescriptible, que algunas partes del mundo las podemos entender pero otras partes no, y las partes que no podemos entender, debemos abolirlas. El problema no es cómo es el mundo: el problema es que el mundo existe incluso en esas cosas que no podemos comprender. Creer que podemos comprenderlo todo es un engaño, una locura, un simple misticismo.

Página 100

La cuarta supone el inicio del final, donde comenzamos a ver cómo se unen los hilos que ha ido generando el autor a lo largo de toda la historia: vemos cómo se unen historias, se resuelven incógnitas, se unen puntos que parecían alejados.

Como veis, las partes son muy diversas entre sí, pero mantienen patrones comunes, tanto de estilo (saltos temporales, cambios de narrador, historias dentro de historias), como de temática: los sótanos y subsuelos, la guerra y la tortura, además de múltiples referencias de arte, tanto de literatura como de cine.

Le dice que no sería raro que haya publicado ese libro y lo haya olvidado o (…) si es normal que un lector recuerde un libro que ha leído hace muchos años, no es menos natural que recuerde un libro que ha de leer dentro de poco.

Página 277

La historia es enorme, soberbia, descomunal, juega contigo y te atrapa, inicia un hilo del que después Faverón se olvida a voluntad para plantearnos otra incógnita, otra historia, otra duda. Lo hace con una fuerza e ímpetu que traspasa, de esas que te obliga a continuar leyendo, siendo imposible soltar las páginas de una historia que se cuela en nuestras horas, en nuestros días, de esas de las que pensamos cuando estamos haciendo otras cosas. Como en el lodo, te metes más y más, te rodea y te inunda, te agobia, te atrapa: es compleja, es dura, no es sencillo lo que plantea, pero es fascinante.

En definitiva, me parece que Vivir abajo es una historia exagerada, mastodóntica, de esas que ya no se escriben por ser arriesgadas, de esas que apenas vemos en el mercado por complejas, pero de la que, me apuesto, de esas que pasan a ser clásicos de la literatura.

Y por supuesto, nada nuevo, ya en el estante el siguiente libro: Minimosca.

De verdad, hacedme caso y leedla.

FICHA:

Te gustará si te gustó – Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. (Por la estructura)
– La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa. (Por la temática y la fuerza)
Pros– Inteligente, bien estructurada. Variedad de temas.
– Descomunal, mastodóntica, llamada a ser un clásico del siglo XXI.
Contras– Compleja. Necesita concentración y se lee mejor y si tienes tiempo para no trocear la lectura.

Namaste.

Autor, Literatura, Ozick, Roy

El río sin descanso, Roy y El chal, Ozick

Penúltima entrada hablando de libros de 2024, en este caso de dos muy distintos entre sí de dos autoras muy potentes. ¡Empecemos!

El río sin descanso de Gabrielle Roy (Hoja de Lata, 2023) lo compré por dos cosas: la primera, por la preciosa edición conmemorativa del décimo aniversario de la editorial Hoja de Lata, un libro que (admito) había pasado desapercibido cuando lo publicaron pero que destacó en mi visita a la librería con esta nueva edición. La segunda, una temática y localización de las que no había leído nunca: el pueblo inuit y su estilo de vida.

No conocía a Gabrielle Roy y resulta que es una de esas autoras claves de su país, lectura obligatoria en Canadá y referente como escritora en francés del siglo XX en aquél país.

Lo maravilloso de la lectura, no es nada nuevo, es que nos acerca a lugares y situaciones desconocidas, en este caso para mí es el río Koksoak y sus habitantes, con todo lo que implica, la compleja relación entre hombre blanco e inuit, el cambio para muchos inuits al abandonar su tradicional estilo de vida para acceder a mayor bienestar, presionados por un Gobierno que les anima a alejarse de sus tierras, pero a la vez, la sensación de desprotección y soledad que les genera sentirse al margen, en una sociedad que no entienden bajo unas reglas nuevas.

El estilo de Roy es sencillo, directo pero muy descriptivo, se centra en el paisaje pero también en los sentimientos de un grupo de personas que ven cómo su vida va a cambiar radicalmente. La combinación es equilibrada, bien lograda, sin caer en exageraciones ni en sentimentalismos, con ese toque a clásico que se palpa por el modo que tiene de acercarse a los temas que trata.

El segundo libro que os traigo hoy es El chal de Cynthia Ozick, una novelita corta o relato largo, como lo queráis ver, que tiene con referente a un chal que acompaña a una mujer, Rosa, prisionera en campo de concentración. No diré más, pero con esos datos creo que ya os podéis imaginar el tipo de historia que relata la autora: breve y dura, incómodas, triste y desasosegante.

Desde el primer momento sabemos qué se puede esperar de este tipo de historias, vaticinamos lo que va a suceder y aunque acertemos lo complejo es generar todo lo anterior en una novelita de apenas cien páginas y con tres personajes. Lo hace Ozick con la puntería certera de dar donde duele, de molestar al lector que plácidamente se encuentra en un sillón cómodo de su hogar.

No me ha parecido redonda porque creo que se pierde en consideraciones posteriores cuando la acción se traslada a un momento posterior, donde Rosa rememora la situación, y eso me ha parecido que le hace perder fuerza al resto de la historia. Si bien en conjunto es uno de estos ejemplos de que la buena literatura no necesita grandes fuegos de artificio ni una acción estrepitosa, sino que con buen hacer del autor se puede conseguir una historia que ya les gustaría a muchos de los que se consideran escritores.

Namaste.

Autor, Horvilleur, Literatura, Merle

La muerte es mi oficio, Merle y Vivir con nuestros muertos, Horvilleur

Hay veces que sin planificarlo libros de una temática similar se acaban agolpando en lecturas consecutivas. Es lo que me ha ocurrido con estas dos que había anotado hacía tiempo y venían recomendados por lectores de confianza.

Por un lado tenemos La muerte es mi oficio, Robert Merle (Sexto Piso, 2022), biografía novelada de Rudolf Höss, nazi convencido y la mente tras la fábrica de matar de Auschwitz. Uno de esos ciudadanos necesarios para una maquinaria nazi necesitada de gente que hiciera lo que se le mandara sin dudar, sólo porque se tratara de una orden.

Acompañamos a Rudolf desde su infancia. Criado en una estricta familia católica, su visión de la vida pasaba por acabar en el seminario, pero tras la negativa de su padre y al creer que su confesor le había traicionado, el plan varía hasta acabar primero en el ejército y más tarde en el Partido.

A partir de ahí, su visión se funde con los intereses de los líderes nazis y debido a su exagerada obediencia acaba siendo el responsable de hacer más eficiente la muerte en el campo de concentración, esto es, agilizar el proceso de aniquilación en un momento en el que no paraban de llegar prisioneros al campo. Para ello, no opone ninguna resistencia para continuar con la macabra labor asignada. Su visión, incluso cuando es detenido y posteriormente juzgado, es que uno ha de hacer lo que se le dice, sin dudar ni parpadear jamás, sea cual sea la orden dada.

La muerte es mi oficio invita a reflexionar, que nunca a comprender, cómo una sociedad como la alemana puedo llegar a un estado de locura tal que montara un sistema de aniquilación sin que nadie se rebelara en ningún momento. Cómo ningún individuo se plantó ante tamaña barbaridad, cómo todos miraron a otro lado.

Posteriormente la lectura me llevó a Vivir con nuestros muertos de Delphine Horvilleur (Libros del Asteroide, 2022), el libro de una rabina que comparte momentos que ha vivido en relación a la gestión a la muerte, tanto de personas que ven próximo su fallecimiento como los familiares y seres queridos y el modo de afrontar y gestionar la muerte.

Por medio de historias diferentes acompañamos a Horvilleur ante distintas visiones, creyentes o no, de las personas que solicitan sus servicios. Conecta la pérdida con la historia bíblica, pero también reflexiona sobre nuestra conexión con los que ya no están y aporta su sabiduría plagada de consuelo y comprensión.

En general no es un libro que cuente nada nuevo o que no sepamos ya, pero sí pone en palabras sensaciones conectándolas con tradiciones pasadas, tamizando cosas que en ocasiones no es difícil explicar, lo cual reconforta y para muchas personas puede ser un libro de referencia que ordene sus pensamientos y sentimientos en torno a la pérdida de un ser querido.

En conclusión, dos enfoques totalmente opuestos unidos por un mismo tema, hilos literarios no planificados que se complementan y hablan entre sí.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (105)

Encaramos el final del año con las últimas compras, algunas novedades pero también varias adquisiciones con las que quería hacerme hace tiempo. ¡Vamos al lío!

  • Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg, (Acantilado). De la autora Leí Léxico familiar hace tiempo y también este mismo libro, pero no lo tenía en casa, por eso quería hacerme con él para su relectura.
  • Beloved, Toni Morrison (Vintage, 2016). Se vino conmigo en mi viaje a Burdeos, llevo tiempo queriendo volver a leer a la Nobel pero no tenía ninguna opción de leer en casa. Este es el título que andaba buscando.
  • Mapa de soledades, Juan Gómez Bárcena (Seix Barral, 2024). Tengo muy presente al autor de Kanada, Los que duermen, Ni siquiera los muertos y Lo demás es aire. En esta ocasión nos vamos a la no ficción con un ensayo sobre la soledad. Tiene muy buena pinta.
  • Memorias, Teffi (Libros del Asteroide, 2024). Memorias, Rusia zarista. No necesito más, cada vez me gustan más ambas cosas.
  • Más de un siglo se alarga el día, Chinguiz Aitmátov (Automática, 2024). No sé si fue la portada o la sinopsis la que me atrajo a esta historia en la librería. Un autor de Kirguistán, una procedencia de la que no tenía ningún libro.
  • Un mundo que ganar, Upton Sinclair (Hoja de Lata, 2024). De la saga del playboy Lanny Budd habéis visto por aquí Entre dos mundos, Los dientes del dragón y Ancha es la puerta. Voy con retraso respecto a su lectura y se me ha pasado 2024 sin haber leído otro de la saga. Mal por mí, ahora tengo acumulados varios… de 2025 no pasa que lea uno.
  • ¿Éste es Kafka?, Reiner Stach (Acantilado). De este mismo autor leí en su día la mayúscula biografía de Kafka en 2 tomos, con un resultado desigual que podéis revisar aquí.
  • Fortunata y Jacinta, Benito Pérez-Galdós, (Espasa). Mi malestar con Galdós viene de lejos. En el instituto me hicieron leer Misericordia, que odié, y desde entonces le puse una barrera que pretendo franquear pronto.
  • Pan, Knut Hamsun (Nórdica, 2024). Un noruego que ya habéis visto por aquí con Hambre pero no con Victoria, cuya reseña se me ha quedado pendiente. Nórdica está haciendo un trabajo genial reeditándole y ahí estoy yo para hacerme con toda su obra. Con Hambre no sé qué haré porque tengo otra edición, veremos.
  • Amundsen – Scott: duelo en la Antártida, Javier Cacho (Fórcola, 2024). Hay temas fascinantes, de esos que no puedes apartar la vista para conocer los detalles de lo que ocurrió. De la historia de Amundsen y Scott y su intento por llegar primero al Polo había leído en el pasado un librito sobre el tema, pero es algo tan alucinante, tan increíble, que cuando me topé con este título lo tuve que comprar.

Y con esto hasta el próximo IMM que será el primero de 2025.

Y vosotros, ¿qué habéis comprado?

Namaste.

Autor, Dunne, Literatura

Una temporada en el purgatorio, Dominick Dunne

La magia de la literatura radica en parte en que no sabes qué te vas a encontrar hasta que lees la historia. En el caso de Una temporada en el purgatorio (Libros del Asteroide ?) sabía que la trama tenía que ver con una familia rica de Estados Unidos, pero el resto, evidentemente se me escapaba.

Me refiero a otra serie de aspectos, más allá de la temática en sí, que afectan a la lectura y que marcan bastante bien cómo se va a desarrollar la lectura en sí: el estilo y el ritmo. En este caso, un estilo dinámico y entretenido.

La historia comienza con la amistad entre dos muchachos: uno hijo de una familia católica numerosa, rico y casi perfecto, Constant, y el otro, nuestro narrador, un chaval humilde que va a rastras de una vida en la que en parte es ajeno. Su amistad se verá influida por una circunstancia que la marca: el asesinato de una muchacha y la acusación posterior de ese hijo modélico, Constant.

Sin embargo los Bradley saben utilizar sus recursos muy bien y consiguen desviar la opinión pública y mantener su familia a salvo de cualquier escándalo.

Mi alma estaba perdida, pero mi futuro, comprado y pagado.

Página 170

Años más tarde, la situación puede dar un vuelco, y de nuevo se cuestiona el papel de Constant en la muerte de la muchacha.

Ambos momentos temporales encuadran una acción dinámica y entretenida de una situación que conocemos en todo momento pero que vemos cambiar, flexibilizar y malear como sólo los poderosos lo saben hacer.

Dunne utiliza un estilo claro, directo, plagado de diálogos de una forma muy cinematográfica para conseguir un efecto dinámico, rápido, muy entretenido perfecto para leer sin respirar.

Lo anterior lo encuadra en una familia con secretos, intereses y conexiones dentro de la sociedad estadounidense del siglo XX donde unos ricos recién llegados tratan de hacerse valer en una sociedad WASP en la que por temas religiosos y económicos resultan vistos como ajenos y advenedizos. Además, radiografía muy bien cómo funciona una sociedad pequeña cuando hay poder para ejercer presión sobre sus miembros.

He disfrutado mucho de la lectura, me venía bien algo más amable o ligero que las historias duras que suelo leer, y esta opción me ha parecido un entretenimiento de buena calidad perfecto para un fin de semana intenso de lecturas o para salir de un bloqueo lector.

FICHA:

Te gustará si te gustó – La película Saltburn.
Pros– Entretenido, muy dinámico.
Contras– Podrían haberse reducido unas 20-30 páginas.

Namaste.

Autor, Barnes, Houellebecq, Literatura, Rododera

Tres libros que he leído de viaje: Barnes, Rododera, Houellebecq

Comento siempre que para mí es muy importante escoger bien las lecturas que me voy a llevar a un viaje, por un lado para no cargar con lecturas de más y por otro, escoger historias que se adapten a un momento en el que podemos tener bastante tiempo para leer (un vuelo) o poco (tras un largo día de visitar monumentos).

Este otoño he podido visitar la Aquitania francesa, y para ello escogí 3 libros muy diferentes entre sí pero con mismas cualidades: no demasiado largos, capítulos cortos y que llevaban bastante en mi lista.

Empzamos por el primero: a Barnes lo leí el año pasado, también en un viaje, con La única historia, pero el libro que más había escuchado recomendar era este: El sentido de un final (Compactos Anagrama, 2012).

En este caso, en lugar de una historia de amor es la historia de una amistad que acaba en un momento y cómo se rememora y reconecta con ese amigo varias décadas después. Es una buena lectura para un viaje y Barnes uno de esos escritores que trabajan muy mucho sus novelas. Pero a la vez me quedo con la sensación de que no me acaban de llenar, lo veo desde fuera como una novela redonda, pero como desde un cristal, fría y estéril, por eso no la recomendaré con pasión, porque justo de eso, de pasión, carece.

Aún con esas, son muchos los fragmentos que he anotado en mi libreta, sobre todo reflexivos sobre el paso del tiempo y el devenir de la vida. Os dejo un par de muestra:

Éste era uno de nuestros temores: que la vida no resultara como la literatura.
Página 25

Y así es la vida, ¿no? Algunos logros y algunos desengaños.
Página 74

La segunda novela que leí es la famosa La plaza del diamante (Edhasa, 2023), de Mercè Rododera, autora catalana recomendada por activa y pasiva a la que yo no me había acercado quizá porque pensaba que no era para mí. Acerté.

Hay algo en el realismo de la posguerra que me aburre, que no me interesa. La historia es una buena novela sobre una mujer, la Colometa, desde el momento de casarse hasta su vida 40 años después. Aprecio lo que hace la autora, que no es sino describir a la perfección una Barcelona gris tras una guerra civil, pero hasta ahí. Sin más.

Agaché la cabeza porque no sabía qué hacer ni qué decir y pensé que tenía que apelotonar la tristeza, hacerla pequeña deprisa, que no me vuelva, que no esté ni un minuto corriéndome por las venas y dándome vueltas. Hacer con ella una pelota, una canica, un perdigón. Tragarla.

Página 63

Por último, un francés: Houellebecq, un autor del que por aquí habéis visto pasar Las partículas elementales, Ampliación en el campo de batalla y Plataforma. Poco a poco voy leyendo todos los libros de este polémico escritor, siempre a contracorriente e incómodo. De nuevo un protagonista blanco, varón, en su mediana edad, sin nada a lo que agarrarse, solo tras otra decepción amorosa que trata de mitigar con antidepresivos y una visión crítica de todo cuanto le rodea.

De la sociedad en general no he conseguido nada, en este sentido, como en casi todos los demás, me he dejado llevar por las circunstancias, he dado prueba mi incapacidad para gobernar mi propia vida.

Página 9

Lo de siempre pero distinto: la crítica ácida a una sociedad basada en el capitalismo más cruel, la farsa del ecologismo o las relaciones amorosas.

No es el mejor del francés pero sí está a la altura. De los tres el que más me ha hecho pensar y el que más me ha gustado.

En cualquier caso, la alegría y el alivio de tachar títulos en la lista de los libros pendientes.

Namaste.

Autor, Handke, Literatura

Desgracia impeorable, Peter Handke

La acumulación y la falta de tiempo me llevan a cosas absurdas: a pesar de haber comprado, nada más haberle otorgado el Nobel, Los avispones, fue este librito el que he acabado leyendo primero.

Lo he hecho de la mano de la biblioteca, usuaria de la que admito, no soy nada frecuente. Me resultan incómodas varias cosas, desde el olor o la edición del título hasta las marcas en lápiz o bolígrafo que algún lector anterior consideró lo suficientemente relevante como para plasmar en un libro que no era de su propiedad.

Mis excepciones para el uso de la biblioteca son, generalmente, dos: los cómics, que suelo leer rápido y el coste / tiempo de lectura me parece que no hace justicia y los libros cortos, exactamente por lo mismo.

Así que Desgracia impeorable se vino conmigo en una espantosa edición de los 70 de la mano de Alianza tres, imagino que relacionada con la actual Alianza. La traducción, como podréis imaginar, deja bastante que desear, pero lo que me interesaba era el resto.

Peter Handke escribió este librito a las pocas semanas del suicido de su madre. Lo que hace es un recorrido de esa pérdida, como hijo que se enfrenta con el dolor y el duelo de la pérdida de un ser querido junto con el intento como escritor de acercase a la situación. Como todos los alemanes, su precisión configura un lenguaje certero y analítico:

«No hay palabras», se dice a menudo en las historias, o bien «no se puede describir», y las más de las veces considero que esto son excusas para la pereza; sin embargo, esta historia tiene que ver realmente con lo que no tiene nombre, con segundos de espanto para los que no hay lenguaje.

Página 39

El resultado es un librito muy corto pero duro, por lo que trata y por cómo están medidas las palabras. Uno de esos libros en los que cada frase duele, donde no sobra nada, donde el peso de cada frase contiene todo un universo de pensamiento y emoción.

Hablo conmigo misma porque ya no puedo decir nada a nadie.

Página 69

No sé cómo serán el resto de sus libros, pero a mí con este me ha convencido sin ninguna duda.

Namaste.

Autor, Camus, Literatura, Saer

El extranjero, Albert Camus y El entenado, Juan José Saer

Comentaba por redes sociales que llevo un tiempo desconcentrada, y que ponerme a leer los libros largos que tengo a medias se me hacía un suplicio. No es nuevo, Internet es una opción más cómoda para el cerebro que ponerse a leer cualquier texto, así que admito lo obvio: yo también he caído en eso de leer dos párrafos y acabar mirando el móvil, así que lo de empezar o continuar un libro largo se me ha hecho tarea imposible durante semanas… La consecuencia ha sido que he cambiado lecturas, adelantado libros más cortos para alternar con los que tengo ahora mismo a medias.

Dos de ellos han sido estos que os traigo hoy: El extranjero, de Albert Camus (Debolsillo, 2021), un clásico que tenía pendiente desde hace mucho, de un autor del que había leído en su día La peste; y El entenado (Rayo Verde, 2022), una novela recomendada por todos que no paraba de ver por redes.

Empecemos por Camus: El extranjero comienza con la muerte de la madre del protagonista, suceso que marcará, por varios motivos, la acción posterior. Más tarde, unos amigos en una jornada playera se transformará en punto de inflexión de su futuro posterior al acabar asesinado a un tipo que amenazaba a su amigo.

Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz.

Página 61

El estilo del francés es directo, seco y descarnado, no se aprecian emociones ni reflexión por ninguno de los sucesos anteriores. El protagonista parece un títere que funciona de forma autómata y sin voluntad en cada uno de los vaivenes, lo cual impacta de forma clara por los duros hechos que le toca vivir.

Sólo me preguntó, con apariencia algo cansada, que si lamentaba mi acción. Lo pensé y dije que, más que lamentarlo de verdad, notaba cierto fastidio.

Personalmente creo que tengo un problema con Camus, porque valoro su buena literatura pero no me llega, no me trasmite nada, todo eso que sé que es voluntad del autor me llega como lectora sin ninguna conexión, y por eso, aunque valoro su propuesta, no es un libro que recomendaré con efusividad jamás.

Pasando a El entenado, Saer nos trae una novela que parece ligera pero no lo es. El protagonista es un grumete enrolado en un barco que llega al río de Plata en la época de la conquista de América, y desde ahí el choque con el pueblo que habita la selva: todos mueren excepto el grumete, que pasará a vivir con los indígenas que le aceptan como uno más.

Su soledad y la adaptación, lo que vio y vivió lo narra un tiempo después. Y eso es justo el problema de la historia, que cuando abandona la tribu el resto de la historia se hace aburrida, plana y carente de interés, algo totalmente prescindible que afecta a la potente primera parte de la historia hasta hacerla caer en picado.

En definitiva, de ambas esperaba mucho más, del primero por lo famoso de la historia, un clásico imprescindible que para yo nunca recomendaré efusivamente, y el segundo, una buena historia opacada por una desigual segunda parte que diluye la potencia y buen hacer de la primera.

Namaste.

Autor, Literatura, Ugresic

Ficcionario americano, Dubravka Ugrešić

Me propuse regresar a la croata tras leer la maravillosa El Museo de la Rendición Incondicional, así que en mi lista de propósitos de 2024 (la segunda, la que no publico, esa que incluye libros que me interesan y que quiero que formen parte de mis lecturas recientes) figuraba su nombre.

Desconocía entonces qué libro leer de ella, porque por mi propensión a la acumulación tenía varias opciones: La edad de la piel, Baba Yagá puso un huevo o El Ministerio del Dolor. Al final me decanté por seguir la lectura en un orden cronológico así que opté por este que os traigo hoy.

Como ya hiciera en El Museo de la Rendición Incondicional, este Ficcionario americano (Impedimenta, 2023) es también un texto fragmentario de sus vivencias como expatriada tras el inicio de la guerra de Yugoslavia. Su choque con la cultura americana, la lejanía del conflicto y la soledad de sentirse ajena en un momento en el que sus compatriotas están muriendo a diario.

Articula el libro como si de un diccionario se tratase, explicando todo eso que a los estadounidenses les parece habitual pero que nos resulta ajenos para los europeos: esa cultura del esfuerzo/dinero o la amistad falsa de quienes tratan de ser amistosos pero quienes no quieren ahondar en cómo o de dónde viene esa persona con la que están hablando. Parte de ese concepto para unirlo con sus anécdotas, experiencias y sensaciones, comparando en muchos casos la diferente visión a ambos lados del Atlántico y añadiendo, por supuesto, su visión desoladora de saber que su país está en guerra, que jamás volverá al país que la vio nacer.

En conjunto se trata de un libro menos perfecto que El Museo de la Rendición Incondicional quizá por su carácter fragmentario, quizá porque se nota que la mayor parte de los textos vienen de su publicación en forma de columnas en el periódico, como consecuencia la independencia entre los temas genera una sensación de falta de unidad y también la sensación de que algunos temas interesan bastante menos que otros.

FICHA:

Te gustará si te gustó – El Museo de la Rendición Incondicional, Dubravka Ugrešić.
Pros– Cómo muestra el choque con Estados Unidos desde su visión de expatriada.
Contras– Fragmentario, desigual en algunas partes.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (104)

Tras los excesos habituales del mes de junio el verano pasó con pocas compras, por suerte para mi maltrecho bolsillo. El olor a otoño y la rentrée han revertido la situación, así que aquí llega la recopilación de libros que han llegado a mis estantes a finales de verano y el pasado mes de septiembre:

  • Un caballero en Moscú, Amor Towles (Lumen, 2019). Un autor del que todo el mundo está hablando, el título que me llamaba la atención desde hace bastante, finalmente ha acabado en casa. Otra cosa es cuándo lo lea, claro.
  • Caía una intensa lluvia, Don Carpenter (Trotalibros, 2024). Este ha llegado con dudas, porque pinta bien pero las comparaciones con Dostoievski me parecen exageradas. ¡Ojalá me equivoque!
  • La última frase, Camila Cañeque (La uña rota, 2024). Regalo de mi hermana, un curioso libro sobre los finales de los libros. No lo conocía, me parece muy interesante.
  • Lejos de Egipto, André Aciman, (Libros del Asteroide, 2021). Una historia familiar del autor, de esas en las que la editorial son especialistas, lo de la no ficción lo tienen totalmente dominado. También un muy buen regalo.
  • El otoño de la casa de los sauces (Acantilado, 2018). Tras mi fulgurante inicio de año lector de la mano de Argüelles y su preciosa El palacio azul de los ingenieros belgas, era inevitable que buscara otros libros del asturiano. Este ha sido el escogido.
  • Theodoros, Mircea Cartarescu (Impedimenta, 2024). Evidentemente iba a correr a comprar la última novela de mi autor favorito, a pesar de saber que estoy terminando la trilogía Cegador (y además atascada por mi falta de concentración de las últimas semanas), pero estaba claro que iba a estar ahí para comprar el libro la primera. No me digáis que la portada no es maravillosa.
  • Contra toda esperanza, Nadiezhda Mandelstam (Acantilado, 2012). Las memorias de la mujer de Ósip Mandelstam, tras el asesinato de este y su exilio. Tiene pintaza y hablan genial de él. El tipo de libro made in Acantilado que me encanta.
  • Novela natural, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel, 2019). Del autor búlgaro quedé absolutamente encantada con Las tempestálidas, así que desde su lectura he comprado también La física de la tristeza, de la misma editorial. Aprovechando la Filthy week conseguí este libro con un 50% de descuento. Otra cosa es cuándo podré leerlo. No me juzguéis.

Y vosotros, ¿habéis comprado mucho en las últimas semanas? Y lo que es más importante: ¿habéis leído mucho?

Namaste.