Autor, Literatura, Toole

La conjura de los necios, John Kennedy Toole

En los albores del blog os hablé ya de esta novela imprescindible, un clásico del siglo XX de esos que hay que leer y releer.

DSC_0094Ya entonces, cuando llegué a la última página de la novela, sabía que no iba a ser la última vez que leyera La conjura de los necios. La excusa fue el Ignatius Day que se celebró el 9 de julio, una divertidísima celebración entorno a la novela de John Kennedy Toole.

Lo cierto es que esta excusa me permitió, además de leerlo, hacerme con un ejemplar de Compactos de Anagrama.

La sensación de leer un libro que ya conoces es siempre curiosa. Sabes lo que va a ocurrir, conoces a los personajes y hasta quizá te acuerdes de pasajes concretos, pero sin embargo, eres capaz de captar nuevos detalles que pasaron desapercibidos la primera vez.

Regresar a Reilly y compartir con él esos momentos quince años más tarde se hace raro. Nos reconocemos pero hace mucho que no sé nada de él. Sé por dónde va a venir Toole, qué giros de la trama se suceden, pero aún así no puedo evitar sorprenderme, reírme, encontrarlo más irónico, más inteligente, más complejo.

Por otro lado, me apena no haberlo leído en inglés. Porque las conversaciones con Jones se me hacen bastas, con ese slang castellanizado que no pega, que parece de plasta. Entiendo que el traductor no podía hacer más. La nota para mí misma es que la próxima vez lo leeré en la versión original.

Nueva Orleans es también la protagonista de una historia que parece simple pero que se va embrollando página tras página, una ciudad que encumbra a Reilly, y que le acompaña en su camino tratando de vencer a la Diosa Fortuna. El problema es que ella tiene otros planes e Ignatius deberá sortear los obstáculos que le obligan a salir de su cuarto para buscar trabajo. Una cruel rueda del destino que le aleja del estudio de Santo Tomás de Aquino y le obliga a confraternizar con sus congéneres.

Me habría gustado dejaros algún fragmento destacable, pero me he dado cuenta de que no soy capaz de traeros uno solo, y tampoco me gustaría desvelaros información de más a aquellos que no lo hayáis leído. Lo que sí que puedo aseguraros es que Ignatius es uno de esos personajes universales, que se quedan en la retina para siempre, que forman parte del imaginario colectivo. Él y sus circunstancias: su sable, sus perritos calientes y su gorra de cazador.

Recuerdo como si fuera ayer una frase que me espetó mi hermana cuando le dije que no había leído El proceso, de Kafka: ¿y puedes dormir bien por las noches? Es una frase que uso como mantra, y que me viene que ni pintada para cerrar esta entrada. Porque si no lo habéis leído, ya estáis tardando.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El Quijote, Cervantes. (Eso dicen, fallo mío que NO HE LEÍDO EL QUIJOTE).

Pros

  • El personaje de Ignatius.
  • Cómo está hilada la trama.

Contras

  • La inevitable absurda traducción del slang.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (38)

Regreso para mostraros (algunas) de mis últimas adquisiciones. Últimamente intento comprar lo menos posible, leer lo que tengo en casa y no picar en las novedades. No siempre lo consigo… pero habida cuenta que el último IMM fue en junio, allá por la Feria del Libro, no me siento tan mal…

Libros Laura IMM

De izquierda a derecha tenemos los siguientes:

  • Cuentos completos, Evelyn Waugh. Me dirigía a comprar aroma de vainilla al Hipercor y justo antes de entrar había uno de estos cubículos con libros en oferta. Me acerqué por casualidad, y había bastantes libros de RBA, con ediciones antiguas, novelas policiacas viejas… el tipo de libro de formatos maluchos que podrían sacar en coleccionables, títulos raros e historias extrañas. Revolviendo un poco vi el lomo característico de RBA, y dudé, porque no esperaba encontrar un libro como éste en una pila tan extravagante. Lo abrí y me cercioré que sí, es la edición carísima que me encantaría hacer entera pero que nunca compro, a precio de 5,95€. Consulté su precio en Amazon, por si los efluvios de los libros me habían nublado la razón, pero no, este libro cuesta 32€ así que decidí comprarlo. Sí, también revolví más por si había alguno otro por allí. No, no hubo suerte.
  • La tumba maldita, Christian Jacq. Envío de la editorial Planeta, y que veréis pronto reseñado. Es un libro cortito que se lee enseguida. Gracias por enviármelo a casa.
  • La conjura de los necios, John Kennedy Toole. Aunque ya lo había leído lo compré porque el libro era de mi hermana, y además no me gustaba la edición. Tengo que reconocer que cada vez me gustan más los Compactos de Anagrama. La reseña de la relectura la veréis pronto por aquí.
  • Destino, una novela en imágenes, Otto Nückel. Desconocía este título hasta que la editorial San Soleil ediciones se puso en contacto conmigo para ofrecérmelo. Publicado en 1926, es considerada una de las precursoras de las novelas gráficas. Gracias por el envío.

¿Habéis leído alguno de los libros que os traigo? ¿Qué os parecieron?

Os recuerdo que estáis a tiempo de apuntaros al sorteo… ¡no lo dejéis para el último día!

Buenas lecturas.

Namaste.

Autor, Eugenides, Literatura

Middlesex, Jeffrey Eugenides

En el IMM (25) os enseñé este ejemplar que compré dos años atrás a raíz de una recomendación de @gancedo. Desde entonces el libro reposaba en la estantería de libros futuribles, vamos, los libros entre los que escojo qué leer a continuación. Por unas o por otras fui relegándolo, hasta que esta primavera lo cogía de vez en cuando, tanteando sus páginas y buscándole mentalmente un hueco en mi agenda lectora.

Middlesex (1)Quizá mi aparente miedo a escoger Middlesex como lectura fuera su longitud (casi 700 páginas en la edición Compacta de Anagrama) o el premio que le acompaña: el Pulitzer. Es fácil sentirse abrumado por la fama de una novela, dudar sobre si a nosotros también nos gustará, o por el contrario, la encontraremos demasiado densa, demasiado compleja. ¿Y si no nos gusta?

Todas estas dudas desaparecieron un día, y así como a veces no encontramos el momento perfecto para empezar una lectura, un día veraniego me levanté y al mirarlo me dije que lo iba a leer en ese momento, cuando terminara el libro que llevaba a medias. Las dudas desaparecieron en favor de la curiosidad. Bien o mal, daba lo mismo. Lo iba a leer.

Middlesex cuenta la historia de una familia, los Stephanides, cuyo origen data de Grecia hasta emigrar a Detroit. Tres generaciones dan voz a esta historia, la primera de las cuales es Desdémona, la matriarca de una familia, la que lleva la voz cantante, las tradiciones, sus supersticiones, y la soledad y el dolor de ver cómo las llamas se ceban con su ciudad, Esmirna.

La idea de que Middlesex iba a ser una historia densa me acompañaba desde el primer momento. Pensé que con esta magnitud de páginas el inicio sería lento, habría una introducción que se demoraría capítulos y capítulos. La primera línea de la novela me hizo subir una ceja y quitarme los prejuicios de la mente:

Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.

¿Cómo? ¿Chica y chico? ¿Qué tiene que ver esto con una familia? He aquí el quid de la cuestión. Cal, nacido Calíope, nieto de Desdémoda es narrador de parte de la historia. A través de los saltos temporales vamos recogiendo retazos de información: la historia de los abuelos y Esmirna y la vida de Cal, su actual situación. Página a página, capítulo a capítulo, sabremos más de los Stephanides, de Milton y Tessie, padres de Cal, hasta llegar al presente.

El truco de utilizar saltos temporales funciona. Si al inicio anima más la historia de Desdémona y nos gustaría leer más sobre ella, Eugenides se planta y saca a Cal a contar cómo le va en el trabajo. La narración cambia de tercera a primera persona para aportarnos su punto de vista regresando después al pasado.

Así como no existe introducción ni el comienzo se hace aburrido, el tono ameno y activo continúa durante el resto de la historia. Obviamente hay partes más lentas que otras (por la mitad, por ejemplo, o casi llegando al final). Pero lo que destaca es la plasticidad de la historia, llena de vericuetos en los que se incluyen desde aspectos referidos a la vida cotidiana (la forma de ganarse la vida, los problemas con el dinero, la búsqueda de una casa, descripciones del barrio…) hasta cuestiones enraizadas con el pasado (promesas incumplidas, recuerdos que regresan décadas después, el miedo a las consecuencias de determinados actos..). Todo ello se mezcla, se combina y se distribuye a lo largo de la historia para conformar una novela vastísima, muy interesante, amena e invasora.

Digo lo de invasora porque Middlesex se quiere hacer con nuestro tiempo y nuestro espacio. Invade los sueños y si le dejáis nos manipula para que continuemos leyendo, nos acompaña y nos impide hasta respirar. Es bonito que una historia haga que te falte el aliento. Algo que ocurre sólo de vez en cuando, quizá menos de lo que debería, así que cuando ese momento llega uno no puede hacer sino disfrutarlo, coger aire y seguir leyendo.

Middlesex es una de las mejores historias que he leído este 2015, una novela que hay que releer, porque son muchos los detalles que se escapan, una historia que se deja de tonterías y demuestra que no hace falta ser pretencioso para conseguir una trama bonita, unos personajes con los que uno se siente empático y a la vez demostrar que tiene calidad, porque Eugenides empaca la historia en un juego de muñecas rusas, saltos espacio-temporales y personajes cambiantes.

Se puede hacer bien y además se puede hacer bonito. No se puede pedir más.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Historia amena, interesante, global y compleja.
  • Poca introducción. Eugenides demuestra que la calidad nada tiene que ver con lo pretencioso.
Contras
  • ¡Cómo no lo habré leído antes!

Namaste.

Actualidad

Crónica del Ignatius Day

El pasado jueves 9 de julio se celebró en Madrid el Ignatius Day, una jornada que homenajeaba La conjura de los necios, la desopilante novela de John Kennedy Toole.

Los amigos de Casa del Lector consiguieron organizar un programa completo que pude conocer gracias a que me dejaron un comentario en la reseña de la novela (¡gracias, gracias y gracias! ¡Quizá sin el comentario no me habría enterado de la propuesta!).

El Ignatius Day comenzó con un recorrido por la ciudad de Nueva Orleans, verdadera protagonista de la historia. Además se proyectó el documental John Kennedy Toole, The Omega Point, dirigido por Joe Sanford, que no sólo fue su premier sino que acercó a los asistentes a la figura del autor, bastante desconocida para mí.

A continuación, Cory MacLauchlin, autor de la biografía de Toole, Una mariposa en la máquina de escribir, nos relató algunas partes de la vida de neorlandés además de comentar su trabajo de recopilación de datos, las conversaciones y las dificultades para acceder e investigar cada uno de los pasos del autor.

Fotografía de un momento de la conferencia de MacLauchlin, es de https://amvelandia.wordpress.com/
Fotografía de un momento de la conferencia de MacLauchlin, es de https://amvelandia.wordpress.com/

Posteriormente fue Jorge Herralde, editor de Anagrama, el encargado de rememorar cómo consiguió los derechos de la novela en español, allá por 1980, antes de recibir el premio Pulitzer. Las dudas de publicar una desconocida novela de un autor muerto, considerada demasiado larga, fueron vencidas por la fuerza de la historia, así que, a pesar de los iniciales prejuicios la novela se publicó. Y es que no sólo porque se trata de un libro imperecedero y una obra maestra sino que además se vende muy bien: ¡en estas épocas de crisis están vendiendo 15,000 ejemplares al año!

En definitiva, una jornada interesantísima que pudimos disfrutar todos los que abarrotábamos el auditorio, donde además, se regalaban perritos calientes a aquéllos que contestaran bien las preguntas (¡adivinad quién fue una de ellas!) y que cerró la jornada con la actuación de un fantástico grupo de jazz.

Más información: El PaísEl Mundo.

Una celebración estupenda, una buena organización y un muy buen ambiente que ponen de manifiesto que los lectores que no estamos solos, ¡somos legión! Y ahora, si me disculpáis, en nombre de la decencia y el buen gusto, me marcho a leer a Boecio.

Namaste.

Autor, Bolaño, Literatura

2666, Roberto Bolaño

Cuando compré este libro no conocía tanto la obra de Bolaño como para lanzarme a leerlo directamente. Un lector me recomendó que leyera primero Los detectives salvajes, y así lo hice. Tras continuar leyendo al chileno, tenía claro que ya era hora de ponerme con 2666, así que empecé a leerlo.

2666_selloSe da la circunstancia que el coche de uno de mis vecinos tiene matrícula 2666. Cada vez que salía de mi casa, aparcado de manera casual, notaba que los dígitos bailaban y me preguntaban, desde su armazón de chapa y pintura, por qué motivo no me embarcaba en tamaña lectura. ¿Acaso tenía miedo?

¿Miedo yo? ¡Claro que no! Si bien es cierto que una no puede sino sentir respeto hacia un libro tan idolatrado, y tan largo como es este.

Tras leer unas cientos de páginas, Gancedo me comentó por twitter que me recomendaba no leerlo todo de golpe y seguido. El motivo es bien simple: Bolaño planeaba vender cada una de las cinco partes por separado, pero sus editores decidieron después juntarlas en un mismo volumen debido a la relación de su trama. De nuevo, le hice caso. Me alegro mucho. No olvidemos que 2666 se trata de una novela de más de mil páginas.

Como decía antes, 2666 se divide en cinco partes, la primera de las cuales es la parte de los críticos. La más liviana, quizá por ser la primera. Nos presenta a los críticos que coinciden investigado al poeta Archimboldi: Pelletier, Morini, Espinoza y Norton se conocen y comienzan una relación profesional que les llevará a seguir la pista del alemán más allá de Europa.

La leyó, le gustó, buscó en la biblioteca de su college más libros del alemán de nombre italiano y encontró dos: uno de ellos era el que ya había leído en Berlín, el otro era Bitzius. La lectura de este último sí que la hizo salir corriendo. En el patio cuadriculado llovía, el cielo cuadriculado parecía el rictus de un robot o de un dios hecho a nuestra semejanza, en el pasto del parque las oblicuas gotas de lluvia se deslizaban hacia arriba, después la oblicuas (gotas) se convertían en circulares (gotas) que eran tragadas por la tierra que sostenía el pasto, el pasto y la tierra parecían hablar, no, hablar no, discutir, y sus palabras ininteligibles era como telarañas cristalizadas o brevísimos vómitos cristalizados, un crujido apenas audible, como si Norton en lugar de té aquella tarde hubiera bebido una infusión de peyote.

Pero la verdad es que sólo había bebido té y que se sentía abrumada, como si una voz le hubiera repetido en el oído una oración terrible, cuyas palabras se fueron desdibujando a medida que se alejaba del college y la lluvia le mojaba la falda gris y las rodillas huesudas y los hermosos tobillos y poca cosa más, pues Liz Norton antes de salir corriendo a través del parque no había olvidado coger su paraguas.

(Página 23)

La segunda parte es la de Amalfitano, uno de los profesores de la universidad de Santa Teresa con el que coinciden los críticos. La tercera, la de Fate, un periodista que va a cubrir un combate de boxeo.

Estas tres partes son linealmente más constantes, rápidas y ágiles, recuerdan a muchas otras historias cortas de Bolaño. No son excesivamente largas y se pueden leer de corrido.

No hay amistad, dijo la voz, no hay amor, no hay épica, no hay poesía lírica que no sea un gorgoteo o un gorjeo de egoístas, trino de tramposos, borbollón de traidores, burbujeo de arribistas, gorgorito de maricones.

(Página 268)

Cuando llegamos a la página 450 llega el verdadero hueso de 2666: la parte de los crímenes, la descripción de la muerte de las mujeres acaecida en Santa Teresa. Más de 350 páginas de asesinatos y descripciones, sin diálogos y sin (aparentemente) hilo conductor. Paciencia, amigo lector, no dejes de leer. En mi caso, algunas semanas apenas avanzaba 10 páginas. Lo importante es seguir leyendo, porque aquí y allá nos encontramos con fragmentos como estos:

Siempre hay que hacer preguntas, y siempre hay que preguntarse el porqué de nuestras propias preguntas. ¿Y sabes por qué? Porque nuestras preguntas, al primer descuido, nos dirigen hacia lugares hacia donde no queremos ir. ¿Puedes ver el meollo del asunto? Nuestras preguntas son, por definición, sospechosas. Pero necesitamos hacerlas. Y eso es lo más jodido de todo. Así es la vida.

(Página 553)

O este:

¿Usted cree que el nombre sea el destino? No, dijo Sergio, y más me vale que no lo crea. ¿Por qué?, suspiró sin curiosidad la diputada. Tengo un nombre común y corriente, dijo Sergio mirando las gafas negras de su anfitriona. Durante un momento la diputada se llevó las manos a la cabeza, como si tuviera jaqueca. ¿Quiere que le diga una cosa? Todos los nombres son comunes y corrientes, todos son vulgares. Llamarse Kelly o llamarse Luz María en el fondo es lo mismo. Todos los nombres se desvanecen. Eso tendrían que enseñárselo a los niños desde la primaria. Pero nos da miedo hacerlo.

(Página 755)

Llegar a la quinta y última parte es encontrarse con la historia de Archimboldi, la de Hans Reiter o el niño alga. Porque después de enumerar crímenes, Bolaño se saca de la manga la historia de la disgregación de Prusia, de los combates de la Segunda Guerra Mundial, del hijo de la tuerta y el cojo, una historia muy diferente a las que hemos leído anteriormente.

¿Qué es, por tanto, 2666? Una novela global, la llaman. ¿Qué carajo significa eso? Que cabe todo. Que tenemos amor, exilio, la tradicional búsqueda bolañesca de un poeta, pero también la soledad y desazón, la violencia y los crímenes, tanto a este como al otro lado del Atlántico. Cabe la lección de historia, la aridez de la tierra de México pero también la soledad del terreno prusiano, el amor de una madre, las historias del Bronx o la vida en la cárcel.

2666 es una zona de arenas movedizas. Ves el charco, pisas la tierra y te hundes hasta la médula, te revuelves y acabas más dentro, sepultado por palabras y palabras, por personajes unidos por distintos motivos, hasta acabar debajo de una historia grande, sublime, fantástica. Una de esas historias que te erizan la piel, aquéllas que consiguen que se te llenen los ojos de lágrimas al llegar al final, al aprehender la complejidad de la historia, al sentirse más solo y más triste que antes de leerlo. Un libro superlativo, exagerado, brutal.

Y sí, obviamente uno querría tragar menos tierra, sentirse un poco más seguro, pisar algo de terreno firme, o sentirse menos mareado. Pero, considero, es el coste que hay que pagar por querer conocer una de las novelas más famosas de la literatura. Un novelón.

Uno de esos libros con los que uno sabe que no es el mismo lector que comenzó a leerlo. Una historia que, una vez asimilada, consigue que se erice la piel.

Pobre lector el que decida comenzar a leerlo. Y pobre lector el que jamás lo intente.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Cómo se unen las historias. La diferencia de temas y lugares, personajes y tramas.

Contras

  • La parte de los crímenes se hace pesada. Ayuda leerlo poco a poco.

 Namaste.

Autor, Literatura, Schlink

El lector, Bernhard Schlink

Hoy os traigo uno de esos libros que compramos porque todo el mundo los recomienda pero que después han de esperar meses y años hasta que son finalmente leídos. Lo compré hace mucho, mucho tiempo a Lady Boheme, y desde entonces esperaba paciente en la estantería.

Hace poco decidí que se iba a colar en mis siguientes libros y aprovechando que es corto lo leí rápidamente.

el_lector_selloEl lector narra la historia de Michael Berg, un adolescente que mantiene una relación amorosa con una mujer mucho mayor que él. Posteriormente, los caminos de ambos se vuelven a cruzar en una situación totalmente diferente. De este modo Michael puede responder a alguna de las dudas que le inundaban los recuerdos. Las cosas que parecían ilógicas se muestran ahora racionales.

Uno de los temas principales en la novela es, ya lo dice el título, la lectura. Michael lee historias a Hanna, grandes novelas o pequeñas historias. Pero por encima del amor a la lectura y de las referencias literarias, en El lector aparecen otros temas como el deseo, la incertidumbre y la traición.

Con una historia aparentemente sencilla, Schlink consigue dotar a los personajes y a la relación que les une de mucho empaque, añadiendo otras cuestiones a su (inicialmente) simple historia de amor.

El alemán es un autor inteligente, que sabe utilizar las palabras y los silencios de un modo muy equilibrado, donde lo simple se torna en complejo si lo vemos desde otro punto de vista. Para ello, juega con las percepciones y los recuerdos, aprovechando la inocencia de un joven que no necesita analizar su relación con Hanna.

Posteriormente, y no quiero contar de más, todo se torna claro bajo la luz del sol. Entra entonces en juego la culpa y la valoración moral de actos pasados que juzgamos desde la posición del ahora.

Ya por entonces, cuando me llamaba la atención ese aturdimiento, y especialmente el hecho de que no afectara sólo a los criminales y a las víctimas, sino también a nosotros (…) cuando comparaba entre sí a los criminales, las víctimas, los muertos, los vivos, los supervivientes y los nacidos más tarde, no me sentía bien, ni me siento bien ahora tampoco. ¿Es lícito hacer tales comparaciones?

(…)

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque e que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin?

(Páginas 98 y 99)

En definitiva, El lector es un libro muy recomendable. Schlink es uno de esos autores a los que no hay que perder de vista. Un acierto siempre que se escoge algo de él. Sin duda, continuaré conociendo su obra.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El fin de semana, Bernhard Schlink.

  • No puedo evitar que Schlink me recuerde a Auster. ¿Sólo me ocurre a mí?

Pros

  • El uso de los silencios, la importancia de saber qué contar y qué no.

Contras

  • El inicio, que se me ha hecho abrupto.

 Namaste.

Autor, Bolaño, Literatura

El secreto del mal, Roberto Bolaño

Hoy os traigo el último libro publicado por Anagrama del escritor chileno más rentable de las últimas décadas. Se trata de un compendio de fragmentos correspondientes al que habría de ser un libro de relatos.

 

En los textos y fragmentos encontramos aspectos comunes en la obra del autor, no sólo por la aparición de Arturo Belano, sino por la suspensión en el abismo de cada una de las frases, la deriva que trasmite en cada fragmento o los temas comunes.

Este libro permite encontrarse con una pequeña porción de la prosa de Bolaño, con una mínima parte de su estilo y su carácter a la hora de escribir. Y digo mínima porque es tan pequeña, tan insignificante que incluso se podría despreciar, esto es, son textos a medio hacer, a medio revisar, a medio escribir, islas en un universo de constelaciones, granos de arena que no permiten ver el desierto que conforman las verdaderas obras del autor. Entre otras cosas, por la longitud. Desde mi punto de vista, Bolaño es un autor con el que se conecta cuando se leen muchas páginas, una detrás de otra, más allá de Estrella distante o de cualquiera de sus novelas cortas, con novelas largas, potentes y ambiciosas, como con Los detectives salvajes.

Mi opinión, como lectora enamorada de su prosa, es que El secreto del mal no le hace justicia a este autor. Que cualquier lector que escogiera este libro como el primero para conocer al autor huiría espantado por desconocer la conexión, el hilo conductor, o por tratarse de un compendio de textos que no tienen un fin común. Y no le culparía.

Es cierto que se pueden encontrar frases destacables, descripciones interesantes o fragmentos, pero cualquiera que se parase a pensar un par de minutos podría colegir que se ha publicado este libro para que acudamos a comprarlo tras comprobar que en la portada aparece Roberto Bolaño. Pero en fin, eso lo dejo para los malpensados.

Namaste.

Autor, Literatura, Roy

El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy

El dios de las pequeñas cosas cuenta la historia de dos gemelos heterocigóticos: Estha y Rahel, pero además, la historia de una familia abocada al desastre. El punto de partida es la visita de Sophie Mol, la prima británica que va a la India a pasar una temporada vacacional. Nuestros protagonistas sienten deseos de conocer a su muy mentada prima, una desconocida familiar que origina mucha expectación.

A partir de aquí, se suceden los acontecimientos: amor y odio, intereses contrapuestos, tragedia y soledad, se intercalan entre la vida de los hermanos, empujándoles a un destino del que no pueden modificar un ápice.

La trama bien podría contarse en un par de líneas: un amor prohibido, un descuido, una tragedia, rencores enquistados por el paso del tiempo. Sin embargo, lo interesante es cómo se cuenta. Roy huye de una narración lineal para crear una historia en la que un narrador omnisciente alterna presente y pasado y unos personajes con otros.

De esta forma conocemos a Ammu, la madre de los gemelos, pero también el paso de Chacko y de los abuelos o el origen de la empresa familiar. Todos familiares que se mantienen en un segundo plano pero que, de una forma u otra influirán en el futuro de Estha y Rahel.

Utilizando objetos y sensaciones habituales (un objeto, un olor, un sonido) como catalizadores que nos unen al pasado, consigue conectar el pasado que se recuerda con los sentimientos de nostalgia, o consternación, como si de un túnel al pasado se tratara, como si mirando una fotografía pudiéramos regresar al momento en el que se hizo, el porqué de esa triste sonrisa, el motivo de esa ropa, el momento en el que se tomó. Así vamos descubriendo las piezas, los eventos que marcaron un antes y un después, que consiguieron que todo cambiara. Porque la autora narra sobre lo de antes, o lo de después, pero sin mencionar ese punto intermedio, ese epicentro que originó la debacle. Para saberlo, para conocer el motivo de la precipitación de los acontecimientos tendremos que esperar al final, ya que mientras tanto Roy nos muestra cómo es cada personaje y qué hechos ha marcado su actual vida, para ir mostrando poco a poco piezas de los acontecimientos, pequeñas pinceladas de comportamientos cuando no meros detalles que quizá pueda dar una pista al lector de lo que se avecina.

Si a algún libro me ha recordado esta novela es a Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Y aunque podría parecer una exageración, al compararlo con tamaña obra de la literatura, no son pocos los elementos comunes que unen una obra y otra: la centralización de la trama en una familia, las historias truncadas, de tristeza y tragedia. Es cierto que en la novela del colombiano se sigue una historia cronológica, lineal, con abundancia de personajes y con referencias al pasado o al futuro, pero escasas si las comparamos con El dios de las pequeñas cosas. En la novela que os presento hoy no ocurre lo mismo: apenas son media docena de personajes, con una historia que se retroalimenta, que avanza del pasado, que une presente y futuro a través de recuerdos, más centrada en las emociones que nos aportan esos pequeños detalles del día a día, esas inevitables conexiones que nos llevan a asociar dos momentos temporalmente lejanos.

Había oído buenas críticas de esta novela, pero lo cierto es que no esperaba tantísimo, que me encogiera el corazón, que me quedara pegada a sus páginas. Así que no puedo si no recomendarla, porque es una historia bien narrada, real sencilla y poderosamente triste. Una novela que considero demasiado desconocida para la calidad que tiene, para lo bonito del tema, para lo especial del estilo de la autora. Qué gusto toparse con un libro así.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
  • Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.
Pros
  • El modo de conocer la trama.
  • Cómo evoca recuerdos con simples detalles.
Contras
  • La tristeza que destila.

Namaste.

IMM

IMM (20)

En estos días ya otoñales (por fin) apetece más que nunca sentarse a leer un libro. Así que os traigo mis últimas adquisiciones (algunas de las cuales ya han sido reseñados) por si os queréis animar con alguno de ellos:

  • Gabrielle de Bergerac, Henry James. Por si no os llama la atención la preciosa portada de Impedimenta, os diré que atrapa desde la primera línea. En breve os cuento más.
  • Cristianos, Jean Rolin. La crónica periodística centrada en los cristianos de Palestina, que podréis leer en breve. En el nuevo catálogo de Libros del Asteroide publican también otros títulos suyos, como El rapto de Britney Spears y La cerca. La verdad es que tienen muy buena pinta, habrá que ir rascándose los bolsillos.
  • Un mundo aparte, Gustaw Herling-Grudziński. Una historia de la Segunda Guerra Mundial, en concreto centrada en los Gulag que tiene una pinta muy buena. De momento tendrá que esperar un poco, ya que actualmente mi lectura es Claus y Lucas de Agota Kristof y también se centra en esta época, así que intercalaré libros de otra época histórica antes de empezarlo.
  • Carreteras secundarias, Ignacio Martínez de Pisón. Una novela de la que esperaba más, por los buenos comentarios que había leído de él. Mi opinión la tenéis aquí.

Mención aparte merecen las novedades literarias que acaparan las librerías. Muchísimos títulos nuevos, interesantes y muy deseables están deseando que los compremos. Y así seguimos con la lista infinita…

Namaste.

Autor, Coe, Literatura

La lluvia antes de caer, Jonathan Coe

20 días han pasado desde mi última actualización del blog. Entono, de nuevo, el mea culpa, porque como desgraciadamente viene siendo habitual, no me faltan temas de los que hablar, sino tiempo para sentarme y publicar.

Dicho esto, os presento una novela que me prestó en su día Pedro, y que leímos conjuntamente algunos miembros del Café Literario.

El punto de partida de esta novela es la muerte. Desde el inicio sabemos que Rosamund ha muerto. Pero no por ello este personaje es menos importante, sino que es el principal, la base de este castillo de naipes, al dejar gran parte de sus memorias grabadas en cintas. Una de sus sobrinas será la encargada de entregar las cintas a Imogen, una misteriosa joven que desde el principio desconocemos qué relación mantuvo con la fallecida.

 Portada de "La lluvia antes de caer"

El modo de contarnos la historia es, pues, la narración en boca de la propia Rosamund de su vida, partiendo de las fotografías que tiene a su alrededor. De esta forma, las imágenes estáticas cobran vida y nos relata todo lo que recuerda de los momentos previos o posteriores a la instantánea. Esta particularidad es uno de los aciertos de Coe: porque nos lanza un jugoso anzuelo, una historia familiar que nos relata a pedazos. Así el autor evita las introducciones largas y pesadas para engancharnos desde la primera página.

Es curioso que, precisamente esos dos pilares de la trama (los personajes de Rosamund y de Imogen) no estén presentes en la acción, es decir, son sombras, personajes pasados o futuros, que están porque vemos su halo (Rosamund, con su voz grabada en unas cintas); o porque sabemos que dichos audios están destinados a Imogen (cuya presencia es continua pero de la que desconocemos su paradero) y que en realidad, vertebran toda la historia.

La forma de narrar la historia y el rasgo de que se trate de una saga familiar consigue que formemos parte de ese entramado y que, junto a Gill, queramos seguir descubriendo cómo termina una historia real como la vida misma, donde se van mezclando los temas: amor, crueldad, ausencia y odio, amistad y conmiseración… todos estos sentimientos se transmiten en cada página, sin exageraciones ni paliativos, simplemente narrando los acontecimientos que se rememoran.

Es cierto que pasada la novedad inicial parece que la historia pierde fuelle por un momento, y para mi gusto deviene en repetitiva, en aburrida. Sinceramente, esperaba más, por los comentarios que había leído, pensaba que me llegaría al fondo, y no ha sido así. Reconozco que no soy amiga de las novelas especialmente sentimentales, y seguramente este punto tiene mucho que ver en mi apreciación de la novela. Pero lo que está claro es La lluvia antes de caer es una novela para recomendar sin dudas, por lo bien que está escrita, lo fresca que resulta su estilo y por la temática que trata gustará a muchos. Una novela equilibrada, muy orientada al gran público y una buena opción para escoger como lectura para este verano.

Me da pena que novelas como ésta no tengan más lectores, habida cuenta de los libros que viven del tirón comercial y de la burda copia que se estila entre editoriales. (Pero esto da para otro post)

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • La casa gris, Josefina Aldecoa.
Pros
  • El inicio, que invita a seguir leyendo.
  • El autor se muestra como alguien inteligente, que sabe qué escribir y cómo ponerlo para que resulte atractivo.
Contras
  • Puede resultar repetitivo.
  • Demasiado sentimental para mi gusto.
Otras opiniones

Namaste.