10 años.
Lo pienso y me da un poco de vértigo. ¿Ya han pasado diez años de aquél día en el que tuve la idea feliz de empezar con un blog? ¿De aquélla tarde en la que me decidí a darle al publicar una entrada poco menos que vergonzosa?
El año pasado recordaba todas aquéllas cosas que han cambiado todo este tiempo. Sin embargo hay muchas cosas que se mantienen o que van a más, y es que se hayan pasado rápido estos 10 años o no, esta década (¡madre mía), sigo aquí.
Sigo sonriendo cuando alguien me dice que ha leído un libro porque yo se lo recomendé, cuando alguien comenta que le ha gustado la reseña que he publicado, cuando lee ese libro porque se fía de mí. Soy feliz cuando me regalan un libro, aunque sea porque me he pasado de lista y se trate de un tochazo de 1200 páginas que me borre la cara de sobrada que tenía, pongamos en mitad de una rotonda de un polígono. Me encanta abrir el buzón y encontrarme un libro. Disfruto cada vez más en presentaciones, coloquios, charlas y en mi querida Feria del Libro de Madrid. No puedo evitar curiosear los estantes ajenos, mirar de reojo los títulos de los estantes, hacer zoom en la foto que alguien publica en Instagram para ver qué libros hay. Me he acostumbrado a acercarme a cualquier librería que me queda cerca para ver qué hay de nuevo. Acostumbro a incluir una visita a las librerías de los lugares a los que viajo, son mis particulares recuerdos del viaje. Disfruto pensando con antelación en el libro que voy a leer después, el proceso de revisar los que tengo pendientes en busca de la temática o el autor perfecto para empezar cuando haya terminado el que tengo a medias.
Aunque el mayor placer, el que disfruto más, es despertarme y saber que tengo el día por delante para leer, que puedo despertar a Pelusa y acercarme con ella a desayunar con mi libro, o si ya no es hora del desayuno, a leer tranquilamente en un parque. El placer de decirte a ti mismo «hasta que acabe el capítulo y me voy», «hasta y media que tengo que hacer cosas», y saltártelo y seguir leyendo.
Me sigue gustando leer, cada vez más. Me sigue gustando escribir. Escribir me obliga a ver las cosas desde otra perspectiva, a analizar y repasar lo que he leído, a tomar notas y apuntar fragmentos, a intentar expresarme lo mejor que sé cuando publico. Me gusta como el primer día pensar qué voy a contaros cuando publique la reseña, pensar qué contenido os puede gustar en el blog. Me sigue gustando darle al botón de publicar, leer vuestros comentarios y anotar nuevos títulos que me recomendáis.
No me olvido de daros las gracias, a vosotros, lectores, por seguir ahí, por leerme, por animarme a seguir en determinados momentos en los que he pensado que el blog había llegado a su fin. A todos vosotros simplemente GRACIAS.
Han pasado 10 años, ¿me acompañáis alguno más?
Namaste.

El protagonista de Terapia es un exitoso guionista de televisión con una apacible vida, está felizmente casado y tiene una amante platónica. Su rutina sigue un curso armónico hasta que empieza a sufrir unos inexplicables dolores de rodilla que le acaban haciendo ver la vida de una forma muy diversa a cuestionarse su situación.
Tratar de describir La edad del desconsuelo es una tarea complicada. Sabemos de lo que trata, sí, todo eso lo podemos leer en la sinopsis, conocemos la parte objetiva: que el peso de la trama lo llevan los adultos de una familia de cinco, dentistas, que tienen una vida feliz y estable. Sin embargo un día en un trayecto habitual en coche se escucha la siguiente frase:


La historia de Stoner es lo que critican muchos de los que la consideran como mediocre: una historia sencilla, sin mucha trama y sin grandes acciones. Esto es, la novela trata de la vida del protagonista sin caer en los elementos más frecuentes de la literatura: la trama no es tal, no le ocurren grandes dramas ni es el protagonista heroico que podríamos esperar, tampoco hay momentos de tensión y en el apartado del estilo, no encontramos grandes diálogos ni un sesudo análisis de cada uno de los personajes. Simple y llanamente nos encontramos la vida de Stoner: estudia, trabaja y se casa. Sigue trabajando, mantiene a su familia y tiene algún encontronazo en la universidad. Así, su vida no tiene dramas ni grandes decepciones, solo las habituales del día a día: el paso del tiempo, la desesperanza, el aburrimiento y en muchos casos, la confrontación con una mujer absolutamente insoportable, la esperanza que encuentra en su hija, el choque con un compañero de trabajo.
Con este punto de partida pronto conoceremos más de la situación de la familia y de los motivos que le han llevado al protagonista a viajar a Suiza para iniciar su terapia.

Así, aunque lo compré y lo mantenía a la vista para cuando lo necesitara, La trama nupcial se iba quedando en un segundo plano, hasta que a raíz de un viaje en la que no podía llevar los enormes libros que estoy leyendo, decidí empezar éste. Vale, no es muy corto pero al menos es una edición mucho más manejable.
(INCISO: intento, casi siempre, no leer libros seguidos que puedan parecerse, así que no suelo alternar libros de la misma temática / época o tipo de escritor. Generalmente si he leído a un autor español actual jamás continuo con otro de ese estilo sino que cambio diametralmente. Esta es una excepción).