Este libro llegó a mi vida sin que supiera de qué trataba, de la mano de mi hermana, que en Moito Conto se dejó asesorar cuando quiso hacerme un regalo.
Herido leve (Páginas de Espuma, 2019) tal y como adelanta el subtítulo: Treinta años de memoria lectora, no es sino un recopilatorio de reseñas del escritor que ha ido publicando en revistas y periódicos. Organizados por temáticas comunes o procedencias, los bloques abarcan desde novedades a clásicos indispensables. Comienza contándonos Intuiciones tempranas, que incluye a autores como Zúñiga, Cheever o Lispector para acercarse también a Lámparas rusas, por citar dos ejemplos.
Por la temática y tipología, es un libro que se disfruta leyéndolo poco a poco, me ha ido acompañando los últimos meses del pasado 2020, cuando aproveché para leer un ratito cada noche (normalmente un sólo capítulo) para ir desgranando no sólo parte de la historia de la literatura sino también los gustos de Tizón, que aparece como lector animoso e ilusionado y que trasmite ese amor por la letra escrita en cada página.
Además, un ensayo literario de este calibre te permite leer sobre aspectos que se pueden llegar a pasar por alto, incluso la sensación de ver por escrito una emoción que nos despertó un autor al que no supimos definir en su día. El análisis de Tizón incluye la argumentación al al desgranar cada autor que trata pero sin dejar de un lado la pasión de un enamorado de los libros que ya en el prefacio admite
Siempre he amado la literatura. Dejar constancia de este amor me parece un empeño hermoso y noble.
Herido leve es uno de esos libros que ponen deberes, que nos recuerdan los títulos que no hemos leído todavía pero también una ventana a conocer otros tantos autores y obras que han pasado de alto por nuestros ojos cuando hemos escogido lecturas.
De un tiempo a esta parte reconozco que cada vez me gusta más leer sobre libros que tratan de libros. En ocasiones me siento una farsante, leyendo a alguien que opina sobre Döblin sin haber leído a Döblin, atrayéndome lo que dice sobre Gerhardie cuando hasta hace poco jamás había escuchado ese apellido. En cualquier caso, quizá la clave sea la atemporalidad de determinadas lecturas, alejado de la lista de súper ventas a la que, como sabéis si me leéis desde hace tiempo antes me acercaba con curiosidad y ahora me da alergia.
Ser un clásico significa algo distinto que ser académico. Clásico es aquel artista que sigue empeñado en importunarnos, espolearnos, invadir nuestra intimidad y colonizar desde la tumba nuestros sueños hasta que logra imponerse y corregir nuestra mirada.
Página 190
Persigamos los clásicos, ya sean del siglo XVIII o del XXI. Persigamos a todos esos autores que nos importunan. Leamos a los antiguos y unámonos a esos autores que van a contracorriente y buscan experimentar y crear algo nuevo. Regresemos a los autores que no leímos, démosle una nueva oportunidad a los que abandonamos, comprobemos por qué esos títulos han pasado a la historia.
Namaste.
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