Autor, Davies, Literatura

Mantícora, Robertson Davies

Mantícora, la segunda parte de la trilogía de Depford de Robertson Davies, comienza con un potente diálogo entre David Staunton y su psiquiatra. Sorprende un inicio tan directo, sin introducción ni descripciones previas, tan sólo Staunton, narrador y protagonista principal, contando por qué cree que su madrastra ha asesinado a su madre, el ricachón Boy Staunton.

MantícoraCon este punto de partida pronto conoceremos más de la situación de la familia y de los motivos que le han llevado al protagonista a viajar a Suiza para iniciar su terapia.

A partir de ahí la historia se funde en una doble vertiente: la del psicoanálisis y la psicología (incluyendo el análisis de la personalidad de los personajes) y la del recuerdo de su padre, aunque aprovecha para incluir el tema de la magia, como en la primera parte de la saga.

La trilogía de Deptford se inicia con El quinto en discordia, siendo Mantícora la segunda de los tres libros para acabar cerrándolo con El mundo de los prodigios.

Davies es uno de esos narradores clásicos que es capaz de contar la historia como un todo, que bebe de influencias como Wilkie Collins o Charles Dickens pero que a la vez disecciona y analiza la psicología, el carácter de los personajes, así como sus pensamientos y los recuerdos.

Mantícora me ha gustado más que la anterior novela, en parte por el tema en sí, alejada de la hagiografías a las que continuamente se mencionaba en El quinto en discordia, pero también por el estilo, que deja atrás la narración clásica para centrarse en las conversaciones, consiguiendo un efecto mucho más dinámico.

La virtud y el honor no desaparecerán del mundo, por mucho que los moralistas populares y los periodistas miedosos insistan en ello. (…) Y tampoco creo que el amor, en tanto exigente condición del honor, se haya perdido. Se trata de un patrón del espíritu. Y los seres humanos aspiran a hacer de ese patrón una realidad en su propia vida, al margen de los medios que empleen para ello.

Página 247

Tengo que admitir que no recordaba a los personajes, con la excepción del punto culminante de la bola de nieve, del resto solo tenía una leve neblina de cómo era el estilo del autor y de su análisis pormenorizado.  Sinceramente no sé si es bueno o malo. Por un lado, me habría gustado acordarme de los personajes, por otro, leer de seguido las trilogías nunca me ha parecido una buena idea, y para terminar, ambas historias se pueden leer de forma independiente sin problema.

Davies mide, organiza, corta y planifica para crear otra historia de literatura, de ejemplo de cómo se narran las cosas, sin grandes efectos, simplemente la historia narrada tal y como un genio lo haría: uno de esos narradores totales que radiografían el ambiente y señalan no solo lo visible sino también lo que queda detrás. Con abundantes saltos temporales y un claro hilo de retrospección, Davies configura una historia poliédrica donde nada es lo que parece y el análisis de la psique y de los recuerdos tiene vital importancia.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Los diálogos de David con su psiquiatra.
  • Inicio muy potente. Historia muy medida.
Contras
  • Me habría gustado recordar más a los personajes que se mencionan.
  • No vendría mal un glosario de personajes al inicio.

Namaste.

Autor, Davies, Literatura

El quinto en discordia, Robertson Davies

El libro que siempre recordaré como mi primer asteroide. Y es que en aquél momento en el que recién se había formado la editorial, cuando Pedro me mencionó este título a mí no me sonaba de nada, y menos la editorial en sí. Fue una casualidad la que me llevó a comprarlo, cuando en una librería de viejo lo encontré entre los libros de Ken Follet y Dan Brown me llamó la atención ese pequeño libro verde que resaltaba entre tantos best-sellers. Efectivamente, era un asteroide, el primero de mi colección. Como nuevo y por sólo 4 euros.

El quinto en discordia3El quinto en discordia es, tal y como se define antes de comenzar la novela, aquél personaje de teatro que, sin ser el héroe o la heroína, el confidente o el villano, ejerce una importante influencia para el desarrollo de la trama. Dicho término comenzó a utilizarse en las compañías de teatro.

El título de la novela de Davies es el punto de partido, el inicio y el final, el leitmotiv de la historia. Precisamente porque el narrador, Dunstan Ramsay, un versado profesor y escritor de hagiografías, ejerce esa influencia que aparece en la definición en cada uno de los personajes que se va encontrando. Quizá sean meros detalles, como una simple bola de nieve, pero en todos los casos marcan un antes y un después en el comportamiento del resto de los personajes.

Es curioso pensar que Ramsay no es el verdadero protagonista de la historia, más bien parece un secundario, un accidental narrador de una historia que es la de su amigo Boy Staunton, el verdadero protagonista, el que sí que parece que controla su vida. Esto es, da la sensación de que Ramsay no sabe muy bien por dónde va, como si se dejara llevar. Sin embargo, es Staunton el que toma las riendas de su vida, el que decide y se hace rico, el que busca su camino en la política, el que tiene un carácter fuerte que le hace perseguir una meta.

Y aunque aparentemente esto es así, Ramsay consigue, quizá de un modo incidental, inmiscuirse en la realidad del resto de los personajes de una forma muy clara.

El quinto en discordia es una novela extraña. O quizá lo sea su autor, Robertson Davies, que lo mismo es capaz de hablarnos de la magia y la prestidigitación que de la vida de los santos de la Edad Media. Lo hace de una manera compacta, no parece traído por los pelos, no es casual. Eso es fundamental en su estilo, fluye y lo narra como es la verdadera vida, las cosas ocurren, sin más, por mucho que intentemos encontrar un sentido, una causa y un efecto en ocasiones los acontecimientos se nos presentan de golpe. Parece manido pero es cierto: en un momento la vida puede cambiar. En un segundo. Pero también es cierto que en otras ocasiones pueden pasar décadas sin que apenas cambie nada. Así es el tiempo.

Digo que es extraña porque la verdadera trama se podría comentar en dos líneas. Y ni eso. Pero lo que verdaderamente importa no es lo que pasa, sino cómo pasa, cómo el autor va manejando los hilos para mostrarnos una novela cíclica, interesante y bien ambientada y al mismo tiempo amena. Pero no es entretenida. No es simplista. Es variada, pasan cosas y en otras ocasiones no pasa nada. Quizá tenga que ver con que es la primera parte de la trilogía.

Davies se presenta como un escritor del todo, de lo global. Un escritor que es capaz de abarcar una vida entera y muchos temas distintos para conseguir un efecto compacto. Pero además, es un narrador culto, capaz de incluir citas y menciones históricas, anécdotas y chascarrillos.

En resumen, me ha gustado. Pero esperaba otra cosa. Esperaba un Pentateuco de Isaac, y este libro no es de ese corte. Esto es: no es un libro que aplaque. No es un libro que nos deje anonadados. Es un libro de inteligencia y raciocinio, de cómo escribir y hacerlo a la perfección. De manual. Medido y organizado. Frío como Canadá.

O simplemente también influya en que tengo que seguir leyendo la trilogía de Deptford. Pues sigamos.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El efecto quinto en discordia. Un personaje redondo que afecta a todos pero que podemos apreciar al final del libro.
Contras
  • Es redondo. Pero el estilo depende del tiempo: en ocasiones ocurren muchas cosas pero en otros momentos pasan pocas cosas.
Reto 50 libros
  • 17/50.

Namaste.