Autor, Literatura, Steinbeck

De ratones y hombres, Steinbeck

Steinbeck es uno de esos autores que siempre figura en los Planes Infinitos. Es lógico, porque es un escritor indispensable. No hace falta leer mucho de su obra para saberlo, con un libro basta. En mi caso fue La perla la que me abrió los ojos y consiguió atraparme en su fina red de seda. Inevitable era, por tanto, que continuara leyendo su obra. El título era lo de menos.

Como nos tiene habituados, Steinbeck nos traslada al sur de Estados Unidos, a la pobreza de los trabajadores temporales que van buscándose el jornal entre los campos de California. Así conocemos a Lennie y George, una extraña pareja que huye de un rancho y busca trabajo en otro.

Poco sabemos de los protagonistas, pocas descripciones nos ofrece el autor. Sin embargo, aunque las descripciones son someras es muy fácil empatizar con ellos, es muy sencillo el hacerse una imagen mental de cómo son y de lo que buscan.

Steinbeck consigue una de las cosas que considero más complicadas en esto de las novelas: escribir poco y decir mucho. Sólo los buenos, o mejor dicho, los mejores, son capaces de sintetizar tanto, de dar mucha información con una frase o con un diálogo, de conseguir mostrarnos una imagen nítida de una situación o de una personalidad. Él lo hace, y parece que no le resulta difícil. Simplemente necesita media docena de personajes y cien páginas.

De ratones y hombres es una historia de pobreza y de racismo, pero también de amistad y de conmiseración. Una novela corta pero muy directa, en la que no se anda por las ramas, pero que además es interesante y muy profunda. Ofrece una visión de la crueldad, sí, pero también otra muy importante de la compasión y de la solidaridad.

Es una novela dura, precisamente porque es muy humana, porque resulta muy cercana. A fin de cuentas Lennie y George son simplemente dos hombres llenos de esperanzas e ilusiones, pero que están abocados a vivir de sus sueños. Están solos, juntos pero solos. Personajes desdichados con los que compartimos el camino, con quienes tememos del futuro y a los que vemos sufrir. Sueños truncados que, de algún modo, conocemos desde la primera página de la novela.

La desgracia se palpa. El destino se adivina. Y sin embargo, ilusos de nosotros, esperamos un cambio, que haya otro camino, otra salida. Una feliz.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Los diálogos y en general la novela entera.
  • El final no se ve venir.
Contras
  • Es necesaria una relectura.

Namaste.

P.D. En mi cuaderno de notas se puede leer, literalmente, “es totalmente lo contrario de Verano en English Creek”. Amén a eso.

Autor, Goldman, Literatura

La princesa prometida, William Goldman

La princesa prometida es una de esas historias de las que todo el mundo conoce el argumento. Convertida, además, en película de culto, es perfecta para una de estas tardes de otoño en los que aparece la lluvia.

Sin embargo, hasta hace poco sólo tenía fijadas en mi memoria algunas partes de la historia, así que, alentada por los numerosos comentarios positivos tanto de la película como de la novela, me animé a comprarla. Ya que estaba, opté por la versión original, y además tuve la suerte de encontrar la edición del 25 aniversario.

La trama la conocéis de sobra: una historia de aventura, con caballeros y luchas por recuperar el honor, de venganza y, cómo no, de amor. El tipo de trama no presenta nada nuevo, sin embargo, Goldman consigue darle una vuelta al género, a la historia clásica de caballeros y princesas, y lo hace con humor, con un toque de sarcasmo que invita a seguir leyendo, con un tipo de escritura muy ameno, donde inevitablemente se le coge cariño a cada uno de los personajes (excepto a Buttercup, no me digáis). Sin esa chispa, sin esa distinción que le va aportando a cada uno de sus diálogos y de las situaciones absurdas que van ocurriendo, La princesa prometida sería un libro más, otro de tantos. Y sin embargo, esa irreverencia es la que ha conseguido que todo el mundo recuerde frases tan memorables como la de Iñigo Montoya o pasajes tan amenos como los duelos entre el extraño grupo de tres y el misterioso caballero enmascarado.

De hecho, Goldman escoge un libro que ya existía y lo adapta a la actualidad (la historia completa la cuenta Isi aquí). Con lo que a pesar de estar llena de personajes arquetípicos, el resultado es una novela llena de absurdos y situaciones divertidas, pero en la que se sigue apreciando desde donde parte: la novela de caballeros clásica.

En conjunto el resultado es muy ameno, una trama muy fácil de seguir y de continuar de un tirón, diálogos disparatados y recursos recurrentes que, aunque basados en la repetición, consiguen el efecto deseado: la reducción al absurdo.

El país de Florin estaba situado entre Suecia y Alemania. (Aunque esta historia fue anterior a Europa).

En cuanto a la película, y aunque no soy muy partícipe de adaptar cualquier libro a la gran pantalla, el resultado es satisfactorio y entretenido. Como siempre, os recomiendo primero leer el libro.

La verdad es que esperaba que me gustara, pero quizá no tanto. Parece que estamos acostumbrados a la habitual diferencia entretenimiento vs buen estilo, y con este título el autor demuestra que no tienen por qué estar reñidas ambas cosas, que se puede ser original y ameno sin olvidarse del modo de escribir. Una historia para releer, pero también para prestar con los ojos cerrados.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • La versión cinematográfica.

Pros

  • La historia se hace muy amena, tanto que se puede leer del tirón.

  • El estilo del autor calza a la perfección la trama. La portada.

Contras

  • En ocasiones los comentarios de la edición especial me ralentizaban la lectura.

Namaste.

Autor, Literatura, Lustig

Una oración por Kateřina Horovitzová de Arnošt Lustig

Como tantas otras veces, este libro pasó a mi lista del Plan Infinito cuando lo vi reseñando en el blog de Carol. Me ganó su descripción, su preciosa portada y la historia, enmarcada en la época de la Segunda Guerra Mundial.

 

Uno podría pensar que no queda mucho que contar en relación a este período de la historia y el sufrimiento humano patente en esta época. Podríamos caer en la tentación de asumir que ya está todo escrito, que esta novela de menos de doscientas páginas no puede aportar nada nuevo a un tema manido y repetitivo.

Y sin embargo, es posible. Difícil, pero posible. Complicado porque siempre lo es cuando el lector ya conoce el período histórico, sabe qué pasó, cómo y dónde (aunque nunca jamás por qué), cuando ha leído e indagado, cuando no es una historia nueva, cuando la historia no sorprende: sabemos qué hay más allá de la alambrada, qué hay en los trenes de mercancías o qué esconde ese horno que no para de echar humo. Con este tema al autor no le vale recurrir a la lágrima fácil. Porque ya sabemos mucho.

A pesar de que Lustig corre con desventaja, lo consigue. Nos sitúa con un grupo de hombres acaudalados que serán intercambiados por soldados alemanes. Con ellos y con Katerina, la dulce joven que sueña con ser bailarina, y que se encuentra desubicada con este grupo de señores, pero con los que, sin embargo, comparte situación.

El autor nos sitúa en la época y la situación y lo deja fluir: no da muchos detalles, no describe en demasía, sólo deja al lector mirar y entender los diálogos para que sea suficiente. Porque eso es lo verdaderamente importante: que nosotros, desde este lado, tenemos más información que los protagonistas de la historia. Somos testigos silenciosos de lo que va a ocurrir, sabemos, o más bien, tememos, lo que va a pasar a continuación. Lo que son las cosas, podría parecer previsible, dado que lo es, podría resultar aburrido, ya que cuenta algo que de una manera u otra, conocemos. Pero a pesar de todo, uno no puede evitar esa angustia, esa congoja que se aloja en el estómago mientras seguimos con la lectura, un temor que se convierte en miedo, una angustia plagada de conmiseración, de pena.

Me he sorprendido a mí misma con un nudo en el estómago, provocado por los silencios de Lustig. Digo silencios porque aquí es más importante lo que no se cuenta que lo que sí, lo que se omite que la información que aporta.

Es un libro triste, sí, pero sobre todo resulta un libro que parece un mazazo, uno directo a nuestras entrañas.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Lo importante que es manejar el silencio y cómo lo articula el autor. Las sensaciones que desprende su lectura.
  • La edición y su preciosa portada.
Contras
  • Esa congoja. Que no se quita del todo ni cuando ya has terminado la lectura.

Namaste.

Autor, Doig, Literatura

Verano en English Creek, Ivan Doig

Si tuviera que telegrafiar esta novela, me saldría algo como esto:

Montana. Paisaje. Familia McCaskill. Vaca. Monte. Paisaje. El padre es guarda forestal. Oveja. Paisaje. Cotilleo misterioso. Oveja. El hijo se enfada con el padre. Oveja. Paisaje. El hijo se va de casa. Paisaje. Oveja. El otro hermano está triste. Oveja. Paisaje. Comienza el verano. Paisaje. Oveja. Excursión. Miedo del niño porque conoce a un tipo con mala pinta. Oveja. Rodeo. Oveja. Baile. Construcción de una letrina. Oveja. Bosque. Conversación sobre ovejas. Colina. Oveja. Incendio. Paisaje a punto de arder. Una línea de tensión. Oveja que pasaba por ahí. Fiesta para todos. Paisaje. Fin.


Bueno, pero como no cobran las palabras, voy a situaros un poco más.

Doig nos lleva de nuevo a Montana, al interior de un estado dedicado a la agricultura, donde vive una familia, los McCaskill.

A priori, las similitudes con Una temporada para silbar son obvias: tanto el lugar, como el grupo familiar, como muchos temas humildes tratados (cómo conseguir trabajo, cómo ahorrar dinero), todas esas preocupaciones que tenemos la gente normal y corriente.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? Pues una que parece pequeña: un personaje. Un solo personaje que en la otra novela es un niño aquí es un adolescente. Esa ternura, esa inocencia, ese punto de vista que sólo puede aportar un niño, de la que parte aquélla historia, que le da consistencia a los acontecimientos. Ese punto de unión.

Y sin embargo tenemos esta novela, una historia que se me ha hecho lenta, muy lenta, aburrida, repetitiva, y pesada, sin apenas trama, con abundantes descripciones y con poca miga, provinciana y simplista, que no lleva a ninguna parte y donde no pasa nada.

Porque esa es la verdad: no pasa nada, no hay trama. Lo poco que hay es un recuerdo, algo que en cualquier otra historia sería un detalle, una anécdota que contar en un diálogo cualquiera. Aquí, sin embargo, se estira y se estira, se embadurna con misterio y miedo, se agranda y se vuelve a estirar, creando un monstruo, uno grande: el de las expectativas. Porque sí, señores, no hay peor enemigo de un libro que el de la expectación. Esperamos y esperamos, seguimos avanzando y no pasan más que ovejas y paisajes. Seguimos esperando y vemos que quedan pocas páginas, y al final cuando leemos ese secreto familiar no es más que una burda estupidez, un rumor de patio de vecinas, un detalle insignificante, y NO PUEDE SER QUE LLEVEMOS ESPERANDO 500 PÁGINAS PARA ESTO. Pero eso sucede. Porque después el libro se acaba.

Quizá no se note, porque sé disimular muy bien, pero estoy cabreada. Cansada. Me cabreo cuando veo que pierdo el tiempo leyendo un libro, y este ha sido el caso. Porque en otros casos, cuando no ocurre nada (o bien ocurre poco) me gusta el estilo, me gusta cómo me lleva y me trae el autor. Eso no ocurre aquí porque el estilo de Doig no es especialmente diferente al de muchos otros autores. Pero aquí tenemos simplemente a un señor al que le gusta su tierra, y que pretende enseñarnos cada puto arbusto y cada puta oveja de toda Montana.

A mí me la han colado. Espero que a vosotros no.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Los arbustos y los matojos. Y las ovejas.
Contras
  • O estilo o trama. Si la opción no es la primera, ha de pasar algo. No me gustan las historias en las que no ocurre nada, y el estilo de Doig no compensa pasar por ello.
Otras opiniones
  • Isi, a la que le ha gustado mucho (no es de fiar, no le gustó Cien años de soledad) 😉

Namaste.

Autor, Literatura

Memorias de la casa muerta, Fiódor Dostoievski

Lo confieso: compré este libro por error. Sí, habéis leído bien: por error.

Mi idea era adquirir Memorias del subsuelo, del mismo autor. Pero ya sabéis: dos libros que empiezan por la misma palabra, un maremágnum de libros del autor, no llevar el título anotado… todo eso hizo que al final lo comprara. La verdad es que no me di cuenta de mi error hasta que lo tuve en la lista de pendientes, cuando alguien habló de Memorias del subsuelo y pude comprobar que el título se había cambiado. Claro, yo estaba convencida en que el título se modificó solo.

En fin, a lo que iba. Memorias de la casa muerta es la narración en primera persona del tiempo que pasó Dostoievski en Siberia. Una vez condenado a trabajos forzados, se le traslada al desierto ruso a cumplir su pena.

El inicio del libro se corresponde con su llegada a la estepa, con ese interminable viaje que acaba en una muralla de nieve y piedra. Enfrentado a su cambio de situación, Dostoievski es un extraño, un aristócrata que ha cambiado su condición de adinerado por la de preso. Como tal, es visto por los demás presidiarios con desconfianza, un personaje ajeno a su realidad, un opresor, alguien que había pasado de tener un sirviente que le preparara el té a tener que verse en una situación límite: una cárcel rusa. Ahí es nada.

Ese genio que demuestra en cada una de sus novelas lo aplica, cómo no, a su día a día: en este libro se narra el análisis de cada uno de los que se encontraban a su alrededor, cómo podía diseccionar su mente con sólo fijarse en gestos, miradas o formas de hablar. Es sorprendente la forma en la que para él todos estos aspectos sean meridianos, claros y lógicos, algo tan fácil como describir el color de una fruta. Además, en su narración abundan las descripciones de las tradiciones, costumbres y situaciones que se veían en el campo: cómo la masa social determinaba quién formaba parte del grupo y quién no, algo igual de importante que alimentarse. Y aunque a priori él se encontrara en una situación de desventaja (a fin de cuentas él pasó de leer tranquilamente en el calor de un samovar a tratar de aprender a cortar leña con brutal sistema de destajo) me ha fascinado el modo de pasar esa teoría, ese análisis de cada compañero a la práctica: es decir, no es que sea inteligente y simplemente lo plasme en sus novelas, sino que va más allá. Dostoievski utilizó esa intuición para marcar estrategias, para granjearse amistades, a fin de cuentas para hacer su vida en el campo más llevadera. Digo que me ha fascinado porque es difícil, porque una cosa es la teoría (hablar de otro, plantear hipótesis, razonar argumentos) y otra bien distinta es aplicar todas esas fórmulas a la vida diaria de cada uno, a diseccionar las fortalezas y debilidades de cada cual con el objeto de ser pragmático, de valorar el peso de cada persona en el el propio destino.

Sin embargo, a pesar de las carencias, el frío, la mala alimentación y la soledad, no pierde la esperanza ni el valor, aunque vea mermadas sus fuerzas es capaz de decirse:

¡El hombre sobrevive! El hombre es un ser que se acostumbra a todo; ésa es, pienso su mejor definición.

En el apartado de los peros, tengo uno, y grande: se hace pesado. Sin embargo no creo que se haga lento por la historia que narra, más bien tengo la impresión que es debido a la traducción: la abundancia de frases complejas, la utilización de vocabulario desfasado o la escasa organización de la información son algunos de los puntos que abundan en este libro.

Me quedo con las ganas de traeros aquí un fragmento en el que narra cómo el mayor afecto que recibía era de un perro que vivía entre los barracones, pero no encuentro la página. 😦

En fin, poco más que añadir que no se haya dicho ya, y es que

Dostoievski es el mejor conocer del alma humana de todos los tiempos.

No lo digo yo. Lo dice Stefan Zweig.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
  • Rusos + trabajos forzados = ¿Vida y destino, Vasili Grossman? Supongo, pero como no lo he leído aún…
Pros
  • Ahondar en la personalidad y el carácter de un autor al que conocemos mayoritariamente por sus ficciones.
Contras
  • Hacia la mitad del libro se hace pesado y cuesta seguir.

Namaste.

Autor, Bolaño, Literatura

El secreto del mal, Roberto Bolaño

Hoy os traigo el último libro publicado por Anagrama del escritor chileno más rentable de las últimas décadas. Se trata de un compendio de fragmentos correspondientes al que habría de ser un libro de relatos.

 

En los textos y fragmentos encontramos aspectos comunes en la obra del autor, no sólo por la aparición de Arturo Belano, sino por la suspensión en el abismo de cada una de las frases, la deriva que trasmite en cada fragmento o los temas comunes.

Este libro permite encontrarse con una pequeña porción de la prosa de Bolaño, con una mínima parte de su estilo y su carácter a la hora de escribir. Y digo mínima porque es tan pequeña, tan insignificante que incluso se podría despreciar, esto es, son textos a medio hacer, a medio revisar, a medio escribir, islas en un universo de constelaciones, granos de arena que no permiten ver el desierto que conforman las verdaderas obras del autor. Entre otras cosas, por la longitud. Desde mi punto de vista, Bolaño es un autor con el que se conecta cuando se leen muchas páginas, una detrás de otra, más allá de Estrella distante o de cualquiera de sus novelas cortas, con novelas largas, potentes y ambiciosas, como con Los detectives salvajes.

Mi opinión, como lectora enamorada de su prosa, es que El secreto del mal no le hace justicia a este autor. Que cualquier lector que escogiera este libro como el primero para conocer al autor huiría espantado por desconocer la conexión, el hilo conductor, o por tratarse de un compendio de textos que no tienen un fin común. Y no le culparía.

Es cierto que se pueden encontrar frases destacables, descripciones interesantes o fragmentos, pero cualquiera que se parase a pensar un par de minutos podría colegir que se ha publicado este libro para que acudamos a comprarlo tras comprobar que en la portada aparece Roberto Bolaño. Pero en fin, eso lo dejo para los malpensados.

Namaste.

Autor, Literatura, Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer es una de las nouvelles comprendidas en la edición de Acantilado dedicada a Zweig que me regalaron recientemente. Aunque he oído grandes alabanzas de otras (como Carta a una desconocida), me decanté por esta cuando decidí volver al autor.

Aunque el anterior libro que leí fue Momentos estelares de la humanidad, lo cierto es que este que os traigo hoy nada tiene que ver con el anterior. Si aquélla era no ficción, esta sí lo es, si aquélla se distinguía por el momento en el que se encuadraba la historia, esta es una novela, una ficción, una breve historia.

La historia comienza en un hotel en el que varios huéspedes pasan el rato comentando la conmovedora historia de una mujer que ha abandonado a su familia para marcharse con un joven a las pocas horas de haberlo conocido. Los honorables y distinguidos huéspedes comienzan una conversación en la que se plasma la incredulidad de un enamoramiento tan rápido.

A raíz de este hecho, una de las señoras hace partícipe su propia historia, narrando un relato que cuenta por vez primera

Zweig desarrolla una historia instrospectiva, que analiza el comportamiento humano y sus deseos, así como la importancia de sus impulsos, de todo aquéllo que nada tiene que ver con la razón. Lo importante de esta novela es la forma con la que el austríaco nos envuelve en una prosa certera y elegante pero sin dejar de un lado el puro análisis, el conocimiento meridiano del carácter humano.

Destacan además las descripciones, en concreto una de ellas en la que se dedica a describir unas manos. Unas simples manos, pero que él consigue que sean algo más característico, de modo que al contarnos cómo se ven podamos conocer la personalidad del propietario de las mismas.

Sin embargo, la trama en sí, el secreto guardado de esa anciana abrumada por el recuerdo no me ha parecido tan interesante, sino más bien algo sencillo y quizá sin empaque. Por supuesto, soy consciente de lo diferente de la situación en la época en que Zweig lo escribió de ahora mismo, pero lo que está claro es que lo verdaderamente importante es leer a este autor, verdadero genio de las letras, elegante como pocos y capaz de diseccionar el alma humana en un librillo de menos de cien páginas.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • La disección del carácter humano.
  • El uso de las frases, analítico, elegante y certero a la vez.
Contras
  • La trama en sí es secundaria y anecdótica, una mera excusa para escribir.

 

Namaste.

Autor, Berges, Literatura

Un estado del malestar, Joaquín Berges

Un estado de malestar es la última novela de Joaquín Berges, autor de Vive como puedas, la primera que leí del autor.

El planteamiento es, a fin de cuentas, similar al de la novela anterior, esto es, un personaje principal que aunque posee todas las cualidades para ser feliz no lo es tal y trata de huir de su mundo con objeto de encontrar un motivo por el que continuar.

Ricardo Marco es un padre de familia, trabajador en una gran empresa textil, con dos hijos y una mujer, un trabajo estable y bien pagado. Su aparente estabilidad se rompe cuando en la empresa marcadora de tendencias absurdas (como los jeggins) deciden comunicarle su prejubilación. Ricardo ve así el abismo: horas y horas de ocio por rellenar. Para más inri, su moderna mujer trata de presionarle para que adquieran una nueva casa en uno de esos lugares de lujo alejados del centro de la ciudad donde viven.
Es entonces cuando Ricardo se rebela de la normalidad establecida, a partir de un cambio de actividad algo… surrealista (su amistad con varios personajes del mercadillo cercano a su oficina) pero que después fluye a través de un sinfín de diálogos entretenidos y muy rápidos, que podrían parecer simples pero que consiguen una cruel profundidad sin pedanterías.

Me ha gustado más que Vive como puedas porque la veo más compacta, con menos altibajos, mejor hecha, como si se hubieran suprimido capítulos redundantes o como si se hubieran tratado de equilibrar cada uno de los argumentos para que todo resultara igual de potente. Porque a fin de cuentas, tenemos varios hilos: su relación con su mujer y sus hijos, los nuevos amigos y algún que otro nuevo enemigo, el choque entre el pasado y el presente, entre lo que se debe y lo que se quiere hacer.

Así, inevitablemente el lector se pone fácilmente en el lugar del protagonista, al cuestionarse cosas que vemos normales pero que, si las analizamos fríamente resultan absurdas de todo punto, propias de una sociedad que consideramos más avanzada pero que siguen siendo estúpidas, la rigidez de un sistema en el que sólo servimos para producir y consumir, la pérdida de todos esos aspectos que nos acercan a nuestra naturaleza de animales, de seres que necesitan algo más que horarios y sistemas, que procedimientos y reglas.

Pero es que además, Berges vuelve a demostrar que es un autor inteligente, que entretiene con una chispa propia, con su natural ingenio, como nos demuestra aquí:

Inspiro y espiro profundamente, me relajo sobre la cama, cuento ovejas, muchas ovejas, pero al llegar a la tres mil mi mente está más despierta que antes, seguramente porque si tienes tantas ovejas eres ya un ganadero de cierto peso y tienes que empezar a preocuparte por el precio del pienso y el importe de las ayudas comunitarias. Cometo un grave error: miro el reloj. Cualquiera que padezca insomnio sabe que nunca hay que mirar la hora que es. Vuelvo a tumbarme y trato de asirme a algo candencioso, un sonido que guarde una pauta y acune mi sueño. Eso me relajará. No tardo en encontrarlo. Es un rugido vibrante y velar, seguido de un soplo de aire de timbre agudo. Es como el sonido de las olas del mar. Son los ronquidos de Juanmi.

Este estilo me gusta, me entretiene y me hace reír mientras dice verdades como puños y frases sarcásticas a cada rato. Quizá sus novelas mantengan esta línea, con una trama similar, pero tengo claro que es algo que me gusta. Ese algo familiar al que uno quiere volver, esa risa preparada ante una novela ligera que sienta muy bien en un calor infernal o ante momentos sin pausa. Y esa familiaridad es la típica que poseen los autores a los que volvemos de vez en cuando, no sé si sabéis a qué me refiero: la familiaridad de saber que cada otoño leemos a Auster, que en primavera llega un nuevo libro de Murakami o esperar a la publicación del próximo libro de Grandes. En esa lista no hay sitio para todos, pero desde mi desencuentro con Auster creo que hay de sobra para Berges.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El ingenio y el estilo del autor.
  • Entretiene y divierte.
Contras
  • El inicio, que puede parecer forzado.
  • La portada, que no me gusta.

De nuevo, gracias a la Editorial Tusquets por enviármelo a casa.

Namaste.

Autor, Literatura

El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald

El gran Gatbsy era uno de esos libros que se mantienen en la estantería meses. Y años. Intenté leerlo una vez que me sentía animada, pero lo dejé tras la primera página. Tras ver anunciada la versión cinematográfica y debido a mi aversión a enterarme de cualquier cosa que tuviera que ver con la narración, decidí leerlo.

El gran Gatbsy es uno de esos libros que todo el mundo recomienda. Que se sitúa como uno de los indispensables de la literatura norteamericana.

Si contara la trama de la novela podría terminar la reseña en dos líneas. Básicamente es una historia de amor, salpicada por elementos de misterio e intriga (quién y qué hace el enigmático Gastby), con muchas infidelidades y un gran punto de cinismo. Una novela inteligente, que nos deja frases como las que siguen:

It was nine o´clock-almost inmediately afterward I looked at my watch and found it was ten

O esta:

I´m glad it´s a girl. And I hope she´ll be a fool – that´s the best thing can be in this world, a beautiful litlle fool.

Con un inicio fuerte y potente, se pasan volando las primeras páginas. Así, el lector quiere seguir leyendo, conociendo la verdad de ese extraño vecino que hace fiestas llenas de gente al otro lado de la verja del jardín.

Posteriormente, la historia se ralentiza, ganan fuerza los diálogos, los personajes aparecen y desaparecen. Al final, de nuevo, la acción se precipita y todo ocurre en unas pocas páginas.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, no me ha parecido esa obra magna de la literatura. Quizá es que me había hecho una idea equivocada de la novela, que tuviera una expectativa muy alta o que esperaba otra cosa, pero lo cierto es que me ha parecido una historia entretenida y sencilla, con ingenio pero para nada brillante. La sensación es, directamente, agria. Como si la novela prometiera más de lo que después acaba ofreciendo, porque nada es realmente tan brillante o tan interesante como se plantea inicialmente, o porque me parece exagerada la clasificación de esta novela como una de las joyas del siglo XX.

¡Otra vez me pasa como con El guardián entre el centeno! ¡La misma sensación! ¡Esa sensación de que no podía ser este libro del que todo el mundo habla maravillas, como si se hubieran equivocado en mi edición! ¡Esa duda conmigo misma por si me había perdido algo mientras lo leía! ¡No, no y no!

¿Que es un libro interesante? Sí. ¿Que tiene ingenio? Vale. Pero de ahí a ensalzar la historia de amor o el estilo de Fitzgerald en sí, como que no.

Esperaba más. Esperaba algo diferente: una trama compleja, o un estilo muy diferente al común (me viene ahora mismo a la mente Nabokov aunque su Lolita no me encantara), y sin embargo se queda en agua de borrajas. Una historia sencilla, con cuatro personajes bien construídos y con un estilo lineal, trabajado pero a fin de cuentas, sencillo, como el de los demás. Mediocre, si queréis. Para mí, indiferente.

En este caso, al contrario de Metafísica de los tubos, sí que recordaré este libro. Como una decepción, como algo que han vendido como oro y no pasa de cobre.

Al final de todo esto me entra una duda: si no tendría que alejarme de la “gran novela norteamericana”. Pero después pienso en Faulkner y se me pasa.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • El guardíán entre el centeno, Salinger.
Pros
  • El inicio.
  • Las múltiples frases que indican la inteligencia del autor.
Contras
  • Esperaba más.
  • El final me ha parecido precipitado.

Namaste.

Autor, Literatura, Nothomb

Metafísica de los tubos: el despelleje

Como todos sabemos, los libros de Amélie Nothomb se distinguen en dos categorías: de un lado, los autobiográficos, del otro la ficción. La opinión mayoritaria es que de entre sus novelas destacan las del primer grupo. Aun sabiendo esto, y habiendo leído buenas opiniones, como la de Cargada de Libros, me lancé a su lectura.

La protagonista es un bebé, un ser autoproclamado Dios que tras comer chocolate funda su existencia en la obtención de placer. El inicio parece interesante: un planteamiento extraño, un bebé que no se queja, al que sus propios padres denominan “La Planta”, partes ingeniosas e ideas absurdas.

Sin embargo, una vez pasado el estupor inicial, y habiendo leído algo de Nothomb con anterioridad (de ambas categorías, además), se nota algo forzado, rígido, una naturaleza impostada, un humor ensayado. Con partes entretenidas, sí, pero poco naturales.

¿A qué se debe esta sensación? Le he estado dando vueltas y tengo la impresión de que se debe al trabajo. Esto es: la belga es una autora que siempre ha declarado tener un método para escribir, que se levanta siempre a una determinada hora, que escribe y escribe y después filtra. A esto me refiero. Ella es inteligente, y lo sabe. Tiene tablas, y lo sabe. Pero lo que se nota, desde este lado del libro, es que la frescura de sus otras novelas no se ve en esta, el humor que sale solo aquí es otra cosa, menos natural. Considero que esta es la palabra clave: la naturalidad, el fluir de las palabras, el devenir de los acontecimientos sin que el lector note nada que chirría. Aquí resulta forzado, a trompicones, sin final del túnel, perdidos, sin saber a dónde quiere llevarnos.

Sinceramente, creo que tiene que ser duro para Nothomb admitir que la verdadera chispa de su literatura, lo que realmente le distingue de sus contemporáneos sean sus recuerdos, esas situaciones insólitas y ese modo natural y absurdo de contárnoslo que tienen sus novelas autobiográficas. Porque, ¿qué ocurrirá cuando se le acaben los recuerdos? ¿Qué le queda? ¿Seguirá escribiendo reseñas con un ingenio matemático, una inteligencia entrenada después de años de práctica? ¿Nos iremos atascando en sus letras? ¿Tratará de generar nuevos recuerdos que superen a los anteriores?

En fin, me ha parecido una novela aburrida, y eso a pesar de que no tiene más de 150 páginas. Lenta y sin mucho sentido. Y sobre todo, una de esas novelas de las que uno sabe que no recordará cuando pasen unos meses, unas de esas que no dejan huella, que no te aportan como lector. En cambio, tengo una preciosa edición de anagrama en mi estantería y no sé qué hacer con ella. ¿Regalársela a alguien aún a sabiendas que no me gustó? ¿Venderla? ¿Abandonarla en el parque? ¿Y si no se la lleva nadie? ¿Y si alguien deja una nota diciendo que deje alguna otra novela más interesante?

Menos Nothomb y más Dostoievski.

Mientras tanto, sigamos leyendo (a Dostoievski, claro).

Namaste.