IMM, Literatura

IMM (104)

Tras los excesos habituales del mes de junio el verano pasó con pocas compras, por suerte para mi maltrecho bolsillo. El olor a otoño y la rentrée han revertido la situación, así que aquí llega la recopilación de libros que han llegado a mis estantes a finales de verano y el pasado mes de septiembre:

  • Un caballero en Moscú, Amor Towles (Lumen, 2019). Un autor del que todo el mundo está hablando, el título que me llamaba la atención desde hace bastante, finalmente ha acabado en casa. Otra cosa es cuándo lo lea, claro.
  • Caía una intensa lluvia, Don Carpenter (Trotalibros, 2024). Este ha llegado con dudas, porque pinta bien pero las comparaciones con Dostoievski me parecen exageradas. ¡Ojalá me equivoque!
  • La última frase, Camila Cañeque (La uña rota, 2024). Regalo de mi hermana, un curioso libro sobre los finales de los libros. No lo conocía, me parece muy interesante.
  • Lejos de Egipto, André Aciman, (Libros del Asteroide, 2021). Una historia familiar del autor, de esas en las que la editorial son especialistas, lo de la no ficción lo tienen totalmente dominado. También un muy buen regalo.
  • El otoño de la casa de los sauces (Acantilado, 2018). Tras mi fulgurante inicio de año lector de la mano de Argüelles y su preciosa El palacio azul de los ingenieros belgas, era inevitable que buscara otros libros del asturiano. Este ha sido el escogido.
  • Theodoros, Mircea Cartarescu (Impedimenta, 2024). Evidentemente iba a correr a comprar la última novela de mi autor favorito, a pesar de saber que estoy terminando la trilogía Cegador (y además atascada por mi falta de concentración de las últimas semanas), pero estaba claro que iba a estar ahí para comprar el libro la primera. No me digáis que la portada no es maravillosa.
  • Contra toda esperanza, Nadiezhda Mandelstam (Acantilado, 2012). Las memorias de la mujer de Ósip Mandelstam, tras el asesinato de este y su exilio. Tiene pintaza y hablan genial de él. El tipo de libro made in Acantilado que me encanta.
  • Novela natural, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel, 2019). Del autor búlgaro quedé absolutamente encantada con Las tempestálidas, así que desde su lectura he comprado también La física de la tristeza, de la misma editorial. Aprovechando la Filthy week conseguí este libro con un 50% de descuento. Otra cosa es cuándo podré leerlo. No me juzguéis.

Y vosotros, ¿habéis comprado mucho en las últimas semanas? Y lo que es más importante: ¿habéis leído mucho?

Namaste.

Autor, Literatura, Umbral

Mortal y rosa, Francisco Umbral

Años. Años llevaba este título en mi libreta de pendientes sin que me hubiera acercado jamás a pensar en leerlo. Por no tener ni siquiera lo tenía en físico hasta que lo compré en una visita a Tipos Infames, y por fin, quizá animada por su corta longitud, lo he colado entre lecturas.

Y vaya.

Primero, lo obvio: un prejuicio el creer conocer a Paco Umbral, ese personaje televisivo que aparecía de refilón en la pequeña pantalla. Segundo, el tema: la muerte de su hijo. Y para el final, este experimento que es este libro enigmático, diferente, triste y poético.

Porque Mortal y rosa, algo que yo desconocía, no es una historia de no ficción a lo La hora violeta de Sergio del Molino, ni habla particularmente del duelo, como lo hace Joan Didion con El año del pensamiento mágico, sino que mezcla extraña ficción y no ficción, de diferentes formas, desde el análisis filosófico, el dietario y lo inventado, osea, la mezcla habitual en la cabeza de una persona.

Quizá si hubiera sabido de qué iba el asunto no me habría sorprendido tanto, pero aunque conocía el tema, el modo de contarlo es de una forma tan apabullante, bonita y triste a la vez que no pude dejar de anotar fragmentos y fragmentos conforme iba leyendo:

Un hijo es la propia infancia recuperada, la pieza suelta del rompecabezas. Lo que no viví en mí lo vivo en él, lo que no recuerdo de mí es él. Él es el trozo que me faltaba de mi madre.

Página 145

Porque al final Umbral escribe, desde el dolor y la frustración de la enfermedad, mientras que continua tratando de entender algo, como método de conectar con un hijo que se le escapa entre los dedos, desde la rabia de los hospitales, con la tristeza de la enfermedad y con la rabia de que además sea un niño el enfermo con un fatídico final.

Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman en la oscuridad.

Página 228

Este libro es un ejemplo clamoroso de efecto híbrido entre géneros que a la vez tiene un tono triste y bello en las descripciones, análisis y comentarios. Su propuesta es extraña, arriesgada, y a la vez puede generar rechazo, pero es un libro fascinante, apabullante, que te deja sin aliento desde el comienzo.

Puedo abrir un libro y encontrarme dentro de él, porque uno no es sino la señal de lector puesta entre las páginas de la novela de la propia vida.

Página 81

Como contras diré los más claros: es un tema duro que hay que escoger leer en el momento pertinente, y pierde fuerza en la segunda parte de la historia, pero claro, cómo voy a juzgar un libro por las últimas páginas cuando antes nos ha dejado fragmentos tan tan maravillosos y certeros como el siguiente:

Ojos que imaginan cuando leen, que ven lo que crean con su lectura, que ven incluso lo no visible y le dan precisión plástica a los conceptos, a los pensamientos leídos. Los ojos pastan en el libro y a veces, al cerrar el libro, los ojos se quedan dentro, como hojas frescas, y ando ciego por la vida, sin ojos, sin ver el mundo, porque los ojos siguen mirando lo que han leído, se han enterrado en letra impresa.

Página

Desde aquí, muchas gracias a los que me habéis recomendado este libro una y otra vez. Sin vuestra insistencia no lo habría leído, así que fuera los prejuicios y sigamos leyendo.

Yo he llegado ya donde tenía que llegar. No he llegado a ningún sitio, pero es suficiente.

Página 212

FICHA:

Te gustará si te gustó – Maravillosamente único.
Pros– La mezcla híbrida de temas dentro de ese estilo tan cuidado y maravilloso.
– Multitud de fragmentos destacados.
Contras– Es devastador, hay que medir el momento en el que se lee.

Namaste.

Autor, Kafka, Literatura

El proceso, Franz Kafka

Releer uno de los libros de tu vida es siempre una tarea arriesgada porque pone en entredicho la memoria, ese recuerdo que nos dejó un libro cuando éramos un lector diferente, una persona distinta.

Sin planearlo he leído en este 2024 dos de los libros que más guardo en mi corazoncito lector, Tiempo de silencio de Martín-Santos y este que os traigo hoy, El proceso de Franz Kafka (Nórdica, 2024). Me gustaría decir que no fue la efeméride de ambos la que me motivó a leerlos pero mentiría. Qué mejor hacerlo con una nueva edición para conmemorarlo.

El inicio de El proceso empieza así:

Alguien debía de haber hablado mal de Josef K., puesto que, sin haber hecho nada malo, una mañana lo arrestaron.

Página 13

En una frase ya tenemos todos los elementos característicos de Kafka: un protagonista intercambiable al que se referirá como una inicial, una situación que cambia su rutina al comenzar un proceso contra que le obligará a personarse a un tribunal que no entiende,. El resto lo iremos descubriendo más adelante: un abogado al que desprecia, una situación judicial absurda, estúpida, que comienza con lo que parece un error, o lo que es peor, una broma.

Esto es la ley. ¿Dónde cabría un error?

Página 19

Y es que K. al principio piensa que se trata de una confusión, un error que añade un elemento discordante a su vida pero que podrá resolver enseguida, un malentendido, algo de fácil solución. No sabe lo equivocado que está, lo complicadas que se le pueden poner las cosas, cómo esa situación inicial se va a ir transformando, poco a poco, en un problema que se ramifica y que acabará afectando a cada aspecto de la vida del protagonista.

En general, el procedimiento no solo era secreto para el público, sino también para el acusado. Naturalmente solo en la medida en que esto fuera posible, pero era posible en muy gran medida.

Página 130

El estilo de Kafka es directo, concreto, hasta podríamos decir seco. No se detiene en explicar situaciones que vive K. porque el narrador omnisciente sabe lo mismo que el protagonista: solo lo que ve.

-Interpretas mal los hechos – dijo el sacerdote -. La sentencia no llega de repente, poco a poco el proceso va transformándose en sentencia.

Página 237

Eso es la clave en Kafka: esa desnudez del texto que engarza con la universalidad, con los sentimientos de frustración y parálisis que nos embargan al tratar con entes burocráticos. El proceso muestra un procedimiento reconocible en el cual pasamos las mismas etapas que el protagonista, desde la rabia e ira del inicio, al no poder creer que es lo que es necesario en esa situación, que se van diluyendo hasta transformarse en una aceptación calmada desembocando en una resignación final.

El proceso está por encima del individuo y eso él no lo puede cambiar.

No había nada de heroico en resistirse, en causar dificultades a aquellos señores, en intentar disfrutar ahora, defendiéndose, de la última luz de la vida.

Página 253

Además la sensación de soledad, incluso la redefinición de ésta, el individuo frente al sistema, el análisis de la existencia, ¿qué es uno frente a un sistema que atropella y apisona? ¿Cómo seguir en un mundo en el que cualquier decisión arbitraria puede marcar tu vida para siempre? ¿Quiénes somos frente a «ellos»?

El análisis existencialista, la duda de la lógica propia frente a un sistema organizado para hacer lo que un Ente Superior decide. No me digáis que no es actual.

De ahí el momento genial de transformación del apellido del autor al adjetivo. La transformación de todo lo anterior en una sola palabra. Dar un nuevo sentido a una mezcla de situaciones: lo kafkiano.

Lo miras alrededor y todo, si me apuras es kafkiano: tratar de conseguir hacer un trámite online para el que necesitas un número en papel que te da una persona en una ventanilla a la que se pide cita solo online…

He disfrutado y he sufrido de El proceso tanto como la primera vez, aunque sí, es una novela inacabada y eso implica que no es perfecta y que determinados capítulos se extienden y otros quedan a mitad. No es perfecta pero sí, sigue en mi corazoncito lector, y valga esta reseña, de nuevo, como la primera vez, para animarlos que la leáis. O la releáis, claro.

Namaste.

Autor, Literatura, McDaniel

En el lado salvaje, Tiffany McDaniel

La publicación de un autor que te gusta es siempre motivo de celebración. Por aquí ha pasado Betty y El verano que lo derritió todo, todas maravillosamente editadas por Hoja de Lata, así que estaba claro que cuando lo vi en el buzón, En el lado salvaje (2024) iba a ser una de mis lecturas veraniegas.

Arc y Cisi son dos gemelas que viven con su madre y su tía en Ohio. Arc está obsesionada con excavar y con encontrar tesoros con sus manos en la tierra. Cisi es una enamorada de las plantas y de los bulbos. La visión particular de su abuela, influencia mágica en sus vidas, les hacen mirar la realidad con otros ojos y transformar lo que ven en algo distinto, más poético, más bonito y asumible para su mirada infantil. Y es que su entorno está plagado de violencia, drogas y pobreza, ausencias y dolor, todo por lo que no tendría que pasar una niña.

Intentaron acabar con su poder porque una mujer que dice más de lo que debe decir y que hace más de lo que debe hacer es una mujer a la que se intenta silenciar y destruir.

Página 57

Esa es la magia de Arc: darle la vuelta al lado y mostrar otra visión de la realidad para sacarle algo bueno a todas las cosas que pasan por delante de sus ojos. Arc lo hace a diario y de esta forma continúan viviendo, soportando una realidad que de otro modo se le habría hecho inasumible.

¿A quién puedes informar de los demonios cuando os demonios son aquellos a los que vas a informar?

Página 123

Desde fuera compartimos sus vidas y sus amistades, el desamparo de una casa en la que la droga y la prostitución es la moneda de cambio, unidos al miedo que se instala en la zona al encontrar un cuerpo de mujer en el río. Ellas, mientras tanto, siguen su camino, haciendo amistades, riendo y disfrutando de las pequeñas cosas que tienen cerca.

Desde fuera el lector aprieta los dientes, cruza los dedos, se queda pegado a unas páginas que no quiere leer, como si al no querer saber desaparecieran las maldades, como si al ignorar lo que ocurre después pudiéramos crear una nueva versión de la vida de Arc y Cisi.

Desde fuera somos más amables, menos duros, les exigimos a las historias una alegría y un final feliz que creemos que nos deben. Quizá porque sabemos que la vida no atiende a razones y pensamos que la ficción sí, que la mano que escribe esa historia puede ser más indulgente, más magnánima, más amable.

Pero no, las historias son como la vida y McDaniel deja claro desde la primera línea cuál es el devenir de las muchachas, pero aún así, de alguna forma, si lo deseamos lo suficiente el destino de Arc y Cisi no esté malogrado, ¿verdad?

Huele a todas las promesas que no hemos cumplido.

Página 342

Tiffany McDaniel es digna heredera de ese sur de Estados Unidos que tanta buena literatura nos ha dado: describe a los desharrapados como Carson McCullers, conecta con la tierra como Steinbeck o Faulkner y siempre, siempre, lo hace con un tono poético, desgarrador y sensible, que evoca magia, tierra y fuerza pero también crueldad y fuego.

Era complicado, era difícil, pensé que ninguna de sus historias volvería a conseguir lo que en su día viví con Betty, pensé que lo de pasar las páginas con rabia y los ojos encharcados se había terminado. Me equivocaba también.

Como Arc. Como Cisi.

FICHA:

Te gustará si te gustó Betty, Tiffany McDaniel.
Pros– El modo de hilar la realidad con la magia, lo duro con lo tierno.
– La profundidad de los personajes.
Contras– Le sobran algunas páginas de la última parte.

Namaste.

Autor, Halfon, Literatura

Tarántula, Eduardo Halfon

Ya comentaba en la reseña de Signor Hoffman (Libros del Asteroide, 2015), que esperaba la publicación de este título que os traigo hoy para seguir leyendo al escritor guatemalteco, bien conocido por aquí, así lo atestiguan El boxeador polaco (2019), Monasterio (2014), Canción, Duelo (2017), Un hijo cualquiera (2022) publicados todos por Libros del Asteroide y Biblioteca bizarra, (Jekyll and Jill, 2018). Por eso en mi visita a la Feria del Libro de Madrid era uno de los títulos con los que me quería hacer.

Siendo el octavo título del escritor, pocas novedades en su propuesta: nos metemos de lleno en su mundo regresando al pasado, en este caso le acompañamos a un particular campamento de verano, mientras conecta esa experiencia con su situación actual.

Yo lo vi o me lo imaginé, que para un niño viene a ser lo mismo.

Página 70

El Halfon adolescente asiste sorprendido a un campamento veraniego que dista mucho de lo que nos imaginamos en ese tipo de experiencias: ¿es esto un campamento organizado como un Lager? Imposible.

Más tarde, el Halfon adulto rememora ese recuerdo cuando se encuentra con alguno de los asistentes al campamento. El resto, un ejercicio de recuerdo y análisis.

Soñé con mi padre (…) Hay sueños que dejan un sabor. Hay sueños que jamás nos abandonan, como si continuásemos dormidos y sonándolos durante el resto de nuestra vida.

Página 134

Tarántula (Libros del Asteroide, 2024) no ha sido una mala lectura porque siempre da paz regresar a los autores que nos gustan, sin embargo no lo recomendaría para iniciarse con el autor ni tampoco me parece la mejor de sus historias, diría que no tiene esa parte intangible, de reflexión familiar y de la comunidad que sí tienen otras de sus historias.

Aún así, siempre lectora de Halfon.

FICHA:

Te gustará si te gustó – Cualquiera de las historias que menciono arriba.
Pros – El mundo propio que crea Halfon.
Contras – Sus libros se acaban demasiado pronto.

Namaste.

Autor, García Márquez, Literatura

El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez


El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez (Random House, 2022) es uno de los títulos que tenía pendiente de leer del autor colombiano. Tras haber releído Cien años de soledad, y la famosísima El amor en los tiempos del cólera además de otras novelas más cortas como Del amor y otros demonios o El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de la muerte anunciada, esta parecía que tenía que ser la historia con la que tenía que continuar leyendo al autor.

El otoño del patriarca se divide en seis partes donde el autor utiliza el punto y seguido ni los diálogos, es decir, el texto se ofrece de forma continua, con separación de comas. Ese efecto estilístico consigue generar una continuidad en la historia además de comprimir pasado y presente de un dictador en un país caribeño que afronta sus últimos días.

Solo quien conociera la verdad tendría el valor para mentirle.

Página 164

Acompañamos al protagonista a rememorar los momentos en los que llegó al poder y también del cambio de ser un político recién llegado a un todopoderoso dictador, el modo en el que el paso del tiempo varía esa situación de poder con su entorno: de un joven prometedor a un anciano mantenido a un lado por interés de la gente que le aupó.

el día en que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.

Página 183

La historia incluye temáticas de violencia y de poder descritas con mucho del realismo mágico propios del autor, como muestra un fragmento en el que además se mezcla con lo absurdo:

después de haber barrido las casas y luego las carreteras y los caminos vecinales, de manera que los montones de basura eran llevados y traídos de una provincia a la otra sin saber qué hacer con ellos, en procesiones oficiales con banderas de la patria y grandes letreros de Dios Guardia al purísimo que vela por la limpieza de la nación.

Página 44


Escogí este libro para leer en mis vacaciones de verano sin saber si había acertado o no. Siempre, siempre, dudo con ese tipo de lecturas porque cuando tengo mucho tiempo y estoy fuera de casa temo escoger un libro que no se adecúe a la cantidad de tiempo que tengo para leer o bien que no tenga la calidad suficiente que le exijo a una lectura. El año pasado leí La vida instrucciones de uso de Georges Perec y ese libro ejemplifica lo que busco en una lectura veraniega: algo que en invierno me cueste mucho más de afrontar, perfecto para leer del tirón con calidad literaria.

En este sentido, El otoño del patriarca ha sido una lectura perfecta por el efecto estilístico: al ser un libro que exige una lectura continuada ha sido ideal para mis días en la tumbona. Importante tener en cuenta este detalle, me temo que si lo hubiera leído al ritmo normal, me habría costado mucho más.

Esa decisión estilística genera otra cosa, y es que se trata de un libro perfecto para releer. Al estar tanto el inicio como el final comprimido, las menciones iniciales a otros recuerdos y personajes cobran más sentido cuando los conocemos, puesto que es inevitable perderse en detalles en una primera lectura.

Es una historia que para mí no va a ser la favorita del autor colombiano, pero que me parece de esas que hay que leer si queremos conocer en profundidad a este autor.

Además, es evidente la profunda influencia que ha tenido en obras posteriores, como Temporada de huracanes de Fernanda Melchor.

Y vosotros, contadme, ¿qué le pedís a un libro que os lleváis de vacaciones?

FICHA:

Te gustará si te gustó Del amor y otros demonios, Gabriel García Márquez.
El coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez.
Pros– El estilo de la novela: el uso del tiempo y la digresión del texto.
Contras– El inicio es complejo. Requiere concentración y tiempo para leer de seguido.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (103)

He vuelto a la Feria del Libro de Madrid. El último día, pero por la puerta grande.

¿Queréis ver mis compras? ¡Empezamos!

  • En el lado salvaje, Tiffany McDaniel (Hoja de Lata, 2024). Estoy deseando leer el tercer libro de McDaniel, la autora de Betty y El verano que lo derritió todo. Estoy esperando el momento perfecto para empezarlo. El envío corre a cargo de los amigos de Hoja de Lata. Reseña aquí.
  • Vivir con nuestros muertos, Delphine Horvilleur (Libros del Asteroide, 2022). Un título que tenía en el punto de mira desde hace bastante pero que no me he decidido a comprar hasta ahora. Reseña aquí.
  • Lo que queda de nuestras vidas, Zeruya Shalev (Siruela, 2019). Recomendado hace mucho, me atrae lo distinto del tema (la vida en kibutz) contada por una de las más destacadas autoras israelíes contemporáneas.
  • Tarántula, Eduardo Halfon (Libros del Asteroide, 2024). El último título del autor guatemalteco, del que he leído casi todo: El boxeador polaco, Monasterio, Canción, Duelo, Un hijo cualquiera, Biblioteca bizarra y Signor Hoffman. Evidentemente iba a caer este. Reseña.
  • Las propiedades de la sed, Marianne Wiggins (Libros del Asteroide, 2024). Otro libro recién sacado de la imprenta de una de las épocas que más me atraen: la Segunda Guerra Mundial.
  • Trieste, Dasa Drndic (Automática editorial, 2015). Recomendado por aquí y por allá desde hace mucho tiempo, la editorial ha reeditado el libro para que todos podamos seguir disfrutando de este título del que tengo unas altas expectativas.
  • Los que escuchan, Diego Sánchez Aguilar (Candaya, 2023). Desconocido para mí, el autor estaba firmándolo y decidí llevármelo.
  • Caballo sea la noche, Alejandro Morellón (Candaya, 2019). Me han recomendado este autor bastantes veces pero nunca me había acercado a una de sus historias. Esta es la que más recomiendan. Reseña.

  • La bendición de la tierra y El círculo se ha cerrado, Knut Hamsun (Nórdica, 2017 y 2015, respectivamente). De mi obsesión de Hamsun, tras leer Hambre, me convencí que tenía que hacerme con el resto de su obra, que en su mayoría publica Nórdica (tengo buenas noticias, este año editan Pan y en 2025 su versión de Hambre!). Escogí dos suyos porque uno no era suficiente.
  • Corrección, Thomas Bernhard (Alianza, 1983). Autor que tengo pendiente desde hace mucho, he decidido empezar con este que parece que es más asequible.
  • El chal, Cynthia Ozick (Lumen, 2016). Anotado desde hace mucho en mi libreta pero complicado de encontrar, al fin me hago con un librito que tengo muchas ganas de leer. Reseña aquí.

Con esto debería estar más que servida hasta las novedades de septiembre.

Pero bueno, tampoco vayamos a exagerar, que comprar libros es una afición diferente a leerlos 😉

Namaste.

Autor, Fitzgerald, Literatura

El niño de oro, Penelope Fitzgerald

Vuelvo a Penelope Fitzgerald con El niño de oro (Impedimenta, 2024). Llevaba tiempo diciéndome que tenía que regresar a la autora, de la que he leído La librería, El inicio de la primavera, Inocencia, La flor azul y La puerta de los ángeles (que no llegué a reseñar quién sabe por qué). Pensaba que le iba a tocar el turno a A la deriva, que espera en el estante junto con La escuela de Freddie y La puerta de los ángeles. Pero no, finalmente fue este, seguramente animada por la temática que trata o por esa preciosa portada de la nueva edición de Impedimenta.

La realidad es que lo colé porque andaba de capa caída tras varias lecturas duras y densas como El cero y el infinito y Tiempo de silencio, y necesitaba una lectura más amable. de las que, como quizá imaginéis, no tengo tantas opciones en mis estantes como de otras temáticas.

El niño de oro comienza con la inauguración de una exposición de piezas del pueblo de Garamantia en Londres, como en casi todas buenas exposiciones, hay un rumor de maldición que sobrevuela el descubrimiento del niño al que da título la novela y que provocará muertes y misterios.

Alguien tiene que explicármelo. No aspiro a entender mucho, pero no puedo no entender tanto.

Página 110

Se trata de una historia costumbrista, con una pizca de misterio y otra de humor satírico que tan bien se les da a los británicos. Lo encuadra Fitzgerald en un museo de Londres pero nos lleva también a la URSS de la Guerra Fría, algo que ya demostró que controlaba en El inicio de la primavera. Los personajes no son sino trabajadores de dicho museo que un inicio parecen esbozados, posteriormente nos damos cuenta de su complejidad y del punto de unión y conexión entre sus relaciones.

Sobrevuela toda el texto un humor ácido que se da por entendido en las extrañas situaciones a las que se tiene que enfrentar Wix, a la postre héroe indirecto de la situación que se vuelve más y más enrevesada según seguimos leyendo.

Declino responder a más preguntas. El tiempo que ya les he concedido es tiempo robado a la literatura.

Página 137

En conjunto, es una novela entretenida, sin pretensiones pero de calidad, perfecta a la que recurrir cuando queremos algo distendido sin olvidar una buena historia.

Ha sido una elección muy buena y la nueva edición de Impedimenta es muy cómoda de leer, aunque me temo que siempre preferiré la antigua.

FICHA:

Te gustará si te gustó El inicio de la primavera, Penelope Fitzgerald.
Pros– Entretenida, bien escrita.
– La construcción de los personajes y cómo hila los temas.
Contras– Me da TOC que no sea igual que el resto de los libros de Fitzgerald.

Namaste.

Autor, Literatura, Martín-Santos

Tiempo de silencio, Luis Martín-Santos

Este es uno de los libros de mi vida. De esos que leí en un momento, allá en 2002 o quizá antes, en el que los libros que te marcaban lo hacían mucho más. Menos experiencia o más capacidad de sorprenderme o el momento perfecto para el libro perfecto. O todo lo anterior a la vez.

Lo leí en una de esas ediciones espantosas que conseguías abonando una pequeña cantidad adicional con el periódico de turno. Espantosas pero baratas y accesibles. Seguro que tenéis varias en casa.

Teniendo en cuenta lo anterior, llevaba un tiempo pensando que debía llegar a la relectura. Pero para ello necesitaba una nueva edición ya que lo de leerla con la que tenía en casa quedaba descartado. Así que cuando vi que Seix Barral sacaba en enero de 2024 una nueva edición, pensé que era ya el momento.

La cosa no salió como esperaba, porque hacia la mitad del libro mi ejemplar tenía un fallo y aunque los números de las páginas estaban bien, realmente el orden de los párrafos de las páginas no se correspondían con el orden correcto, lo cual me obligó a regresar a mi libro viejo (¡y yo hablando mal de él al inicio de esta entrada!) para continuar la lectura antes de conseguir sustituir mi ejemplar.

Tiempo de silencio narra la historia de Pedro, un investigador de cáncer que hace pruebas con ratones para tratar de llegar a una cura. La trama comienza cuando necesitan más ratones para seguir con el estudio. Al ser remitidos desde Estados Unidos, Pedro recurre a su ayudante, Amador, para llegar al barrio chavolista donde se encuentra un tercer trabajador que consiguió afanar algunos de los ratones los cuales mantiene en su casa.

Pedro y Amador, como si de Dante y Virgilio se trataran, abandonan su laboratorio para acceder a las partes más bajas de un Madrid de posguerra donde la pobreza y la miseria forman parte del día a día.

Pero incluso el peor momento nunca es más que eso: un momento. ¡Hasta tal punto es limitada la naturaleza humana!

Página 103

Martín-Santos utiliza en gran parte de la novela el monólogo interior, si bien es cierto que también utiliza al narrador omnisciente según pretenda describir la acción o quedarse en la reflexión del personaje.

Mientras les acompañamos durante esa bajada a los infiernos, el autor aprovecha para darle voz a personas que se encuentran al margen de la sociedad, desde la madame de un burdel hasta ladrones de poca monta. Pero además es capaz de hilar el texto intercalando descripciones con reflexiones de carácter artístico, desde Goya a Cervantes, pasando por exhaustivas descripciones de procedimientos médicos.

Por todo lo anterior, Tiempo de silencio se quedaría corto si limitáramos su contenido a la parte de la acción, que supone un porcentaje limitado con el resto de las temáticas que nos presenta el autor.

Lo hace con un estilo directo y frío, sin detenerse demasiado, pero que consigue conectar con un lector que no es sino Pedro, alguien de buenas intenciones que se ve enredado en una historia que no es la suya pero que no puede evitar sentirse más y más atrapado, por la historia y por la ciudad en sí, por un Madrid triste y gris.

Releer supone siempre poner a prueba el juicio propio y pasado de la primera lectura, y siempre viene de la mano de dudas: ¿me gustará tanto como la primera vez? ¿Perjudicaré el recuerdo de la historia al leerla una segunda vez? ¿O me reafirmaré sobre lo que pensé hace tanto tiempo y seguirá siendo un libro clave para mi vida lectora?

Todas esas preguntas planeaban por mi mente antes de empezarlo y aún mientras lo empecé. Hasta que, poco a poco, según iba leyendo, desaparecían las dudas de una historia que te va calando de a poco, a la que llegas y te hunde, como si de un fango espeso del que no puede escapar se tratase. He vuelto a ser la lectora que se sorprendía, la lectora con poca experiencia que tiene que coger aire ante la brutal propuesta de Martín-Santos, esa que a veces se pierde por falta de concentración, la que busca un punto que no existe. He vuelto a compartir la angustia de Pedro.

Pero ahora no, estamos en el tiempo de la anestesia, estamos en el tiempo en que las cosas hacen poco ruido. (…) Es un tiempo de silencio. La mejor máquina eficaz es la que no hace ruido (…) Por aquí abajo nos arrastramos y nos vamos yendo hacia el sitio donde tenemos que ponernos silenciosamente a esperar que los años vayan pasando y que silenciosamente nos vayamos hacia donde se van todas las florecillas del mundo.

Página 295

Muchos describen esta novela como un Ulises de poca monta, una especie de copia a la española de la más famosa obra de Joyce que además se hace abigarrada y dura de leer. Y evidentemente Tiempo de silencio comparte partes de la narración y estructura con la novela de Joyce, pero tanto en el tono como en el desarrollo poco tienen que ver ambas.

No voy a hacer un alegato sobre el argumento de ser difícil, porque sí, lo es: no tiene diálogos, apenas hay puntos y aparte y el autor no pierde el tiempo explicando quién es el narrador ni dónde se sitúa la acción, lo cual implica que cuando sí hay un punto y aparte no tengamos ayuda en saber a quién da voz el autor. Todo eso corre de parte del lector, que ha de estar atento para no perderse y conocer quién es quién.

¿Que es fácil de leer? No. ¿Se la recomendaría a todo el mundo? Tampoco. ¿Que sigue siendo uno de los libros de mi vida? Rotundamente sí.

FICHA:

Te gustará si te gustó – Las novelas con monólogo interiores que no sólo se limitan a los pensamientos del protagonista.
Pros – El viaje de Pedro y Amador por el Madrid de la posguerra.
– Los temas que va enlazando y analizando.
Contras– Requiere toda la concentración y tiempo para llegar al punto puesto que el texto no tiene puntos y aparte.

Namaste.

Autor, Enríquez, Literatura

Nuestra parte de noche, Mariana Enríquez

Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019) es un libro que desde su publicación ha recibido alabanzas de crítica y público, recibiendo el premio Herralde de novela además del aplauso de miles de lectores de Enríquez, que la han llegado a posicionar en una de las autoras más seguidas de la actualidad.

Como sé cómo funciono con los libros que han tenido mucho tirón comercial, he decidido dejar pasar algo de tiempo para leer la historia, pero animada por las múltiples buenos comentarios y auspiciada por mi curiosidad me acabé animando a comprarla y este año me decidí a leerla.

Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019) se vende como una historia de terror, espeluznante, de esas para las que los estómagos frágiles no son aptos. Se la compara con Stephen King y muchos lectores admiten que tuvieron mucho miedo al leerla.

El inicio comienza con un viaje en el que acompañamos a Juan por Argentina junto con su hijo Gaspar. Sabemos que hay una secta y una Oscuridad y después conoceremos más detalles de quién es quién en la organización y qué puesto ocupa Juan, el médium clave para la conexión entre la dirección de la secta y la Oscuridad.

Sabemos también que Rosario, la mujer de Juan y madre de Gaspar, ha desaparecido. La búsqueda de la mujer es uno de los primeros elementos de la trama, el intento de Juan de acceder a esa Oscuridad para obtener información sobre su paradero.

Sin embargo, aunque durante las primeras 150 páginas se nos plantea esto, la trama realmente no continúa por ahí, o no solo por ahí, porque Enríquez divide la novela en seis partes que no tienen esta trama en común y que son totalmente desiguales entre sí tanto en longitud como en narradores y temáticas. Mientras que en el inicio se mantiene el narrador omnisciente donde Juan y Gaspar son los protagonistas, acercándonos tanto a la situación de la secta como a los amigos de Gaspar, posteriormente el narrador pasa a la primera persona para darle voz a Rosario donde nos da su visión y nos retrotrae al momento en el que conoció a Juan y su vida en Londres, previa al nacimiento de Gaspar.

El problema de Nuestra parte de noche es la extensión y todo lo que trata de abarcar, porque son tantas, tantas cosas, que finalmente deviene sin rumbo: nuevos personajes, analepsis y prolepsis, bifurcaciones de la trama en cada una de sus partes… un batiburrillo difícil de gestionar: desde la situación política de Argentina, la inestabilidad, pobreza, los desaparecidos y la violencia; al folclore argentino y también la amistad entre niños y la amistad entre jóvenes, pasando por el amor y el LSD o la psicodelia propia del Londres de los 70.

De fondo, la relación entre Juan y Gaspar y la Secta y su Oscuridad.

Además, esta exageración de temas produce otras cosas como son la ralentización de la historia principal y la reiteración de la información que acaba provocando un exceso de páginas. El hecho añadido de que cada parte funcione como independiente genera la sensación de que no hay unidad en la historia, sino como algo accesorio que aporta poco al primer hilo planteado y diluye la supuesta trama que se extendía en las primeras 150 páginas.

Todo esto es lo que como lector te hace pensar que el plan de la trama no está establecida, que se están dando tumbos tratando de improvisar la estructura de una novela. No de una cualquiera, una de 700 páginas.

En cuanto a los personajes, son planos y no evolucionan. Desde el primer momento los buenos y los malos son los mismos y las razones, motivos o acontecimientos que les suceden no varían su comportamiento, tampoco sabemos por qué son de ese modo. Todo genera una sensación simplista en su construcción, como si se ofrecieran al lector y con dos adjetivos ya tenemos que aceptar que son de ese modo. La excepción la marcan Juan y Gaspar, cuya compleja relación está mejor construida debido al número de páginas que les dedica.

Total, podéis imaginar la absoluta decepción y a la vez la inmensa sorpresa al enfrentarme a un libro que la mayoría pone por la nubes y que para mí es una novela totalmente fallida, con exceso de páginas y de temáticas, sin rumbo definido, con problemas en el ritmo y en la construcción de personajes. Una historia que además se hace aburrida y sin propósito, que es inconstante e irregular y que plantea dudas en cuanto a su edición y para qué negarlo, también por la concesión del Herralde.

Me he empapado de reseñas de lectores que dicen que se ha convertido en uno de sus libros de cabecera para tratar de comprender qué le han visto, he indagado por Internet entre opiniones diversas para tratar de comprender la mía.

Aún así, no he encontrado respuesta satisfactoria, sólo la sensación amarga de haber perdido el tiempo de un libro tan largo como este.

Y sí, las primeras 150 páginas prometen: tienen ritmo y se aprecia la brillantez que muchos mencionan de Enríquez, pero a partir de ahí cada temática, cada parte, nos plantea nuevos temas que consiguen que vaya cayendo de forma irrecuperable.

Mi primer pinchazo de este año de cabeza a la lista de decepciones de 2024.

FICHA:

Te gustará si te gustó Mi año de descanso y relajación, Ottessa Moshfeld (por el bombo que se le ha dado, nada que ver la temática).
Pros– Las primeras 150 páginas.
Contras– Sin unidad ni rumbo. Falta de ritmo y unidad.

Namaste.