Autor, Halfon, Literatura

Monasterio y Canción. Eduardo Halfon y su mundo

Por casualidad y sin haberlo programado, empecé 2020 igual que lo terminé: leyendo al guatemalteco Eduardo Halfon. El boxeador polaco fue el título que escogí como mi primer acercamiento al autor; el que no esperaba era leer en diciembre Monasterio.

El final del año me pilló sin reseñar Monasterio, como de vez en cuando me ocurre con algunos títulos que voy dejando en el tintero virtual. Lo tenía pendiente y más o menos en mente hasta que Libros del Asteroide edita en 2021 otra historia suya: Canción. Tampoco lo planifiqué pero acabé leyendo también esta última, colándolo frente a otros autores que llevan esperando en el estante mucho más tiempo que Halfon.

Finalmente he decido juntar ambas historias en una entrada conjunta, quizá para acercaros un poco a los motivos de mi obsesión por el autor.

Monasterio comienza con la historia de dos jóvenes que esperan sus maletas en el aeropuerto de Tel Aviv. Acuden a la celebración de la boda de su hermana, que se casa con un judío ortodoxo.

Mi hermana y su novio anunciaron que, pese a ser un restaurante supuestamente kósher, no comerían nada en un lugar así, un así dicho con énfasis, en itálicas.

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Se dan cuenta de que su hermana no es la joven con la que comparten recuerdos sino una adulta prácticamente desconocida que ha cambiado todo su comportamiento para adaptarse a las creencias de su marido. Paralelamente, y como viene siendo habitual en el autor, el narrador nos cuenta otra historia: el encuentro fortuito con una joven con la que compartió momentos al otro lado del Atlántico.

Recuerdo (…) a un rabino que pregonaba todo el tiempo a favor del Boca Junior y en contra de los matrimonios mixtos, dejó embarazada a una guatemalteca católica con la que luego se casó (autogol, filosofó entonces mi abuelo).

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En este caso Monasterio se aleja un poco más de la historia de Halfon pero a fin de cuentas mezcla sus temas típicos: la búsqueda de una personalidad propia al margen de la familia, la cuestión religiosa y el sentimiento de la búsqueda de la identidad. También uno de los relatos de El boxeador polaco ahonda en las relaciones humanas amorosas propias del autor: encuentros pasionales pero huidizos y misteriosos, caminos que se bifurcan y se vuelven a juntar y plantean aquél mantra del qué pudo haber sido.

En cuanto a Canción, en este caso nos acerca a la historia del secuestro de su abuelo paterno, también Halfon, también Eduardo, que acaba siendo capturado por un tipo al que llaman Canción. Aquí los saltos espacio-temporales se alternan con la asistencia del Halfon escritor a un evento en Japón sobre autores del Líbano.

Escritor judío, sí. Escritor guatemalteco, claro. Escritor latinoamericano, por supuesto. Escritor centroamericano, cada vez menos. Escritor estadounidense, cada vez más. Escritor español, cuando ha sido preferible viajar con ese pasaporte. Escritor polaco, en una ocasión, en una librería de Barcelona que insistía -insiste- en ubicar mis libros en la estantería de literatura polaca. Escritor francés desde que viví un tiempo en París y algunos aún suponen que sigo allá. Todos esos disfraces los mantengo siempre a mano, bien planchados y colgados en el armario. Pero nunca me había invitado a participar en algo como escritor libanés.

Página 11

Paralelamente a su historia surrealista en el país nipón, Halfon nos acerca al momento del secuestro de su abuelo, los motivos de las reivindicaciones de los secuestradores y la historia posterior de Canción. En este sentido, como él mismo comentó en la presentación virtual que organizó José Luis (@icarobooks en Instagram), decidió partir ambas historias y presentarlas entrelazadas, en un trabajo de arquitectura fundamental para la estructura del libro.

La sensación perenne que tengo cuando leo a Halfon es la de entrar en un mundo donde todo es posible, donde aspectos que son normales para él resultan curiosos y extravagantes para los que venimos de familias sencillas y homogéneas (familias en las que todo el mundo tiene la misma lengua y todo el mundo proviene de la misma zona). Su rutina nos parece exótica, interesante, llenas de historias de las que queremos conocer más. Esto es: un abuelo polaco, superviviente de un campo de concentración nazi; otro abuelo que huyó de su Líbano natal (¡que entonces no era Líbano porque ni existía!); un tío que habla ladino nacido en Salónica (bivas, kreskas, engrandeskas, komo un peshiko en aguas freskas amén, decía cuando alguien estornudaba) gastronomía variada e internacional; recuerdos olfativos, táctiles, objetos de vidas que nacieron y crecieron en un ambiente y un mundo totalmente diferente a cualquier cosa que podamos haber vivido los demás. La atracción de aquello que desconocemos y encontramos diferente.

Tiene además una cosa que se agradece mucho en un mundo en el que algunos venden sus libros al peso: la brevedad. Halfon no tiene reparo en meter la tijera y recortar, en quitar partes del libro o en ir directamente al tema del asunto. Sus libros no tienen paja porque cualquier información adicional que no fuera de importancia haría perder fuerza a la historia.

Hace tiempo cuando me gustaba un autor me guardaba alguno de sus títulos para no acabar con toda su obra demasiado pronto. Ahora mi visión del asunto ha cambiado diametralmente y prefiero zambullirme en la buena literatura. En este caso, en el mundo de Halfon y en la manera que tiene de contarnos historias.

No sé si me habría topado con el autor por mí misma. Así desde aquí, reitero mi agradecimiento a David Pérez Vega por la recomendación y aprovecho para hacerlo extensible a José Luis /@icarobooks por organizar eventos tan interesantes y a Libros del Asteroide por publicar su obra.

FICHA:

Te gustará si te gustó El boxeador polaco, Eduardo Halfon.
Pros – Inteligente, certero. Demuestra calidad y originalidad.
– El mundo propio que crea Halfon.
Contras – Sus libros se acaban demasiado pronto.

Namaste.

Autor, Halfon, Literatura

El boxeador polaco, Eduardo Halfon

Llegué a Halfon por David Pérez Vega. Comentó por Twitter que había leído varios libros del guatemalteco, y lo anoté. Más tarde tuvimos una conversación sobre cuál es el mejor libro para empezar a leerle y David me recomendó este.

El-boxeador-polaco

La publicación de esa nueva edición, de manos de Libros del Asteroide y su envío por parte de la editorial (¡muchas gracias!), hizo el resto. Hacía bastante tiempo que no leía relatos y decidí que éste iba a ser el primer libro de 2020. Generalmente me gusta alternar libros largos y cortos además de diversas temáticas, así que este título me pareció perfecto tras terminar otros libros largos.

El boxeador polaco incluye varios relatos de diversas temáticas, en el primero de ellos, Lejano, Halfon narra parte de la historia de un alumno al que le da clase. Conforme iba leyendo más párrafos me iba encontrando destellos de brillantez:

Pensé en los alumnos como Annie Castillo, que vivían tan cerca de un caserío como Pamanzana, pero que también vivían tan ciegamente lejos de un caserío como Pamanzana, Mirando el polvo y las chozas, pensé en todos esos cuentos que, enclaustrados en un mundo más perfecto, leíamos y analizábamos y comentábamos como si en realidad fuese importante leerlos y analizarlos y comentarlos. Y ya no quise seguir pensando.

Página 37

Posteriormente Halfon nos presenta a un pianista serbio. que será el centro de varios de los relatos: Epístrofe, Postales, La pirueta. Conocemos a Milan Rakic a la vez que Halfon, y poco a poco, página a página, se irán conociendo. Posteriormente se separan hasta que llegado un punto Halfon decide seguir su pista y viajar a Serbia. Al existir un hilo conductor tanto temática como temporal, mejor leerlos en el orden que aparece en esta edición. Me sucedió que en un momento de escasez de tiempo, pretendí saltarme un de los cuentos más largos y dejarlo para después, pero nada más leer una página me di cuenta de que en este caso no es posible. En este sentido, los textos se retroalimentan, los temas vuelven y las conversaciones se rememoran. He anotado muchos fragmentos, os dejo este:

Yo puedo ausentarme por completo. Eliminarme por completo. No como muerto, sino como alguien que jamás ha existido. Un mundo sin mí.

Página 124

Os preguntaréis de qué viene el título, quién es ese boxeador que aparece montando en bicicleta en la fotografía de la portada. Como podéis intuir esta edición toma el título de un relato que comienza así:

69752. Que era su número de teléfono. Que lo tenía tatuado allí, en su antebrazo izquierdo, para no olvidarlo. Eso decía mi abuelo. Y eso creí mientras crecía. 

Página 87

Mi sensación en todo momento ha sido la de encontrarme con un estilo brillante, relatos que con una aparente sencillez consiguen demostrar qué es la literatura. Son destellos, frases, párrafos, el modo de llevar al lector de un tema a otro, pequeñas cosas que distinguen los buenos libros de los malos. No puedo más que alegrarme ante este descubrimiento. Porque como os podéis imaginar, Eduardo Halfon va directo a mi lista de pendientes.

Para mí, todo un acierto, una voz distinta, potente y especial, uno de esos títulos que te sacuden y te zarandean, perfecto para sobrepasar una crisis lectura o animarse a empezarlo si no se tiene demasiado tiempo.

Gracias de nuevo a Libros del Asteroide por el ejemplar. Y gracias, David, por acercarme a un autor que mucho  me temo, se me habría pasado. Cuando cuestionan el uso de Internet siempre me acuerdo de estas cosas.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Estilo brillante, la sensación de ir saltando de un tema a otro sin notar el artificio que hay detrás.
  • Libro que reconcilia; esto es literatura.
Contras
  • Os aviso cuando se me ocurra alguno.

Namaste.