Enrique Redel (Madrid, 1971): comenzó como editor de varias editoriales independientes madrileñas, para dar el salto en 2008 con una nueva editorial independiente: Impedimenta. Desde entonces, la editorial se ha consagrado como un referente, por su recuperación de clásicos modernos y su cuidada edición. En 2008 Impedimenta fue galardonada con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial. Ahí es nada.
1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?
Radicales libres, de Michael Brooks (editado por Ariel). Se trata de un libro apasionante sobre el espíritu mohicano, loco y aventurero de los científicos modernos, que contrasta con la idea moderna del científico ordenado, adocenado y racional que nos ha impuesto el propio establishment. Realmente divertido y apasionante. Lo recomiendo.
Se refiere a este libro y aunque he de reconocer que no lo conocía y que la ciencia no me apasiona, tiene muy buena pinta.
2.- Un libro que nos recomiendas.
De una editorial que no es la mía: Mason & Dixon, de Thomas Pynchon (Tusquets). Una novela divertidísima, posmoderna, juguetona, que narra la vida de Charles Mason y Jeremiah Dixon, el astrónomo y agrimensor ingleses que, en plena era de las guerras anglofrancesas del XVIII, son enviados a Inglaterra para trazar una línea entre Maryland y Pennsylvania (conocida desde entonces como la Línea Mason-Dixon), que finalmente sirve de frontera entre el norte y el sur de los Estados Unidos. Una delicia para leer y releer.
De Impedimenta, El pequeño salvaje, de T. C. Boyle, una pequeña nouvelle que narra la vida de Victor de Aveyron, el niño salvaje encontrado a principios del XIX en un bosque del sur de Francia, y que es «adoptado» por un pedagogo, Jean Itard, que intenta insuflar en él algo de «humanidad». Se trata de la misma historia que adaptó al cine François Truffaut en los años setenta. Apasionante, conmovedora, altamente recomendable.
Ay, Pynchon Pynchon. Un autor que sale por todos los lados, blogs, televisión, conversaciones de ascensor… mires donde mires allí está él. Y además, ocurre con él que todos los que lo han leído sufren un apasionamiento exacerbado hacia el autor. Me puede la curiosidad, pero por un motivo u otro no lo tengo entre los próximos autores a leer. Espero que los del Café Literario no anden por aquí porque lo mismo me lapidan.
En cuanto a El pequeño salvaje, se refiere a esta. No os asustéis porque no haya mencionado a Cartarescu. El motivo es claro: se le ha pasado. ¿A que sí, Enrique? ¿A que ibas a mencionar Nostalgia? ¿O Lulu? ¿O El ruletista? 😉
3.- Un autor por el que sientas fijación.
James Joyce, del que se cumple ahora el aniversario de su muerte. Su Ulises me marcó la adolescencia y ha marcado mi vida.
Palabras mayores. Una: Ulises, por lo magna de la obra y la complejidad de la lectura. La otra, adolescencia. ¿Es que lo leyó en la adolescencia? ¡Como si fuera asunto baladí! Complicadísima hazaña, que aunque yo lo tratara de leer como adolescente sólo llegué a la mitad. Y desde entonces, aquí me veis, asustándome de esa novela cada vez que se menciona.
Y vosotros, ¿coincidís con Enrique Redel? ¿Habéis leído a Pynchon? ¿Os gustó el Ulises?
Eduardo Berti es un argentino valeroso. Ha de serlo necesariamente si decide trasladarnos a la China de principios de siglo XX. ¿Cómo arriesgarse a centrar la historia en China si lo puede hacer en Buenos Aires, mucho más cercana? Fácil: Eduardo Berti es un suicida. Y es que hay más, porque no sólo nos envía a Oriente, sino que además lo hace de la mano de una narradora. Una joven. Una niña.
Cómo no prejuzgar. Cómo no dudar. Cómo asumir que algo hará mal. Que es apostar muy alto, enviarnos lejos, desde un punto de vista femenino, para, además, presentarnos una novela delicada, sutil y elegante.
Portada de «El país imaginado», de Eduardo Berti
Y resulta que acierta. De lleno.
De la mano de Ling, nos adentramos a una historia de miedos, de incertidumbre respecto al futuro, centrada en un momento temporal culminante: la futura boda programada de la protagonista.
La novela comienza con una muerte, la de la querida abuela de Ling. Desde ese momento, la familia de la fallecida tratará de afrontar la pérdida aferrándose a las milenarias tradiciones chinas. Simultáneamente, se tantean candidatos para la boda de su hija, cuestión que plantea muchas dudas en varios miembros de la familia.
Aunque se podría pensar que la muerte de la abuela constituye un momento puntual de la trama de la novela, lo cierto es que este hecho influye en cada uno de los pasos de Ling, ya que el autor incluye las conversaciones que tiene la joven con su abuela mientras sueña, alternando realidad y sueño y consiguiendo aumentar el dinamismo a la hora de conocer qué le deparará el futuro a la joven muchacha.
A fin de cuentas El país imaginado es una novela de posibilidades, de hipótesis sobre un futuro que se desconoce pero del que se teme lo peor. Pero es que además en esta novela encontramos un sutil mundo a medio camino entre la vida y la muerte, un lugar donde todo es posible. Donde Ling puede recibir consejo de su querida abuela, donde puede vaticinar su porvenir. Entre esta atmósfera mágica aparece Xiaomei, verdadero centro de atención de Ling, amiga cercana y desconocida, objeto de atracción y de envidia, modelo a seguir y objeto inalcanzable. Apenas con media docena de personajes, Berti crea una atmósfera nebulosa, en la que se vaticina un infortunio. Y es que tememos por Ling, pero también por Xiamei, por su inestable felicidad y equilibrio.
Con estos ingredientes Berti crea una novela sencilla pero elegante y efectiva, sutil y abundante en silencios, que se centra en emociones y sensaciones, con la que podemos sentir la brisa del viento, o la soledad de la protagonista. Una narración conmovedora que nos hace evocar recuerdos pasados, en una época, la adolescente en el que todo era posible, en la que la vida se veía como un sinfín de opciones.
Cuando uno se acerca a Bolaño después de haber leído alguna de sus novelas más conocidas, como Los detectives salvajeso Estrella distante, sabe qué encontrarse. Sabe cómo escribe este chileno, cuáles son sus temas predilectos y cómo son sus personajes. El lector que conoce a Bolaño y al que le gusta este autor se encuentra cómodo. Como con cualquier otro escritor que nos gusta, lo asumimos como a un amigo al que le gusta hablar de música o de deportes, una característica más asociada a su personalidad.
Portada de «La pista de hielo», edición Compactos Anagrama
Lo que no podía suponer, dado que evito leer las contraportadas de los libros, era que Bolaño se iba a atrever con el oscuro mundo del crimen, y no cualquier crimen, sino el de una muerte, un asesinato. Desde el primer momento el lector sabe que hay un muerto, pero desconoce quién es. Y a partir de ahí el autor siembra la semilla de la intriga. “¿Bolaño escribiendo una novela negra? No puede ser”, me dije. Y en cierto modo tenía razón, realmente no es una novela negra, por mucho muerto que aparezca, porque carece de los rasgos típicos del género. El autor utiliza ese hecho para hilar una narración en la que se mezclan otros muchos aspectos más bolañescos: la desaparición, el amor y el desamor y la inseguridad.
Así, nos encontramos con tres narradores distintos: un poeta chileno que acaba viviendo en España, un político catalán con ínfulas de grandeza y un mexicano que trabaja en un cámping. Todos testigos, de directa o indirectamente, de la situación que converge en el crimen, del misterio de una extraño palacio abandonado desde hace décadas.
He de reconocer que al principio tuve dudas sobre cómo se desarrollaría la trama, además de que en los primeros capítulos aparecen bastantes nombres de personajes de golpe. Sin embargo, una vez que nos situamos en la historia y sabemos quién es quién, entramos de lleno en una trama muy entretenida, auspiciada no sólo por saber quién es la víctima y quién el asesino, sino por conocer las relaciones entre los protagonistas, la importancia de los secundarios y ayudada por la técnica de intercalar cada uno de los narradores, con el consiguiente impulso.
Es aquí donde vemos cómo se despliega el estilo del autor, la magia de ofrecer brillantez en las descripciones o en los pensamientos y sentimientos de los protagonistas, así como los temas recurrentes en la obra del chileno: la ausencia y el desamor, la huida, el amor y la tristeza, la melancolía y la nostalgia. Y todo esto está presente en una novela de la que uno queda prendado desde la primera página, que gana dinamismo desde los primeros capítulos, que se extiende como una tela de araña, conociendo los vericuetos de las relaciones sociales. Es interesante apreciar los puntos de vista, las percepciones de unos y de otros, los perjuicios, la diferencia entre la valoración personal y la que hacemos a los demás. Imposible separarse de sus páginas, de sus cortos capítulos que invitan a seguir leyendo, como si siempre nos quedáramos a las puertas de descubrir los secretos, como si leyendo un capítulo más supiéramos la Verdad. Y la Verdad es, que sin comerlo ni beberlo llegamos al final, y nos da igual quién fuera el muerto y quién el asesino. Echamos la vista atrás y vemos el fino hilo de las relaciones personales, de las inseguridades y los problemas, la percepción de que para que unos ganen otros han de perder necesariamente.
Una novela que recomendaría a todos, pero en especial a aquéllas personas que quieren leer algo de Bolaño pero que no saben por dónde empezar. Es corto, es entretenido y es Bolaño. No se puede pedir más.
En este inicio de año, en el que todo son propósitos (dejar de fumar, hacer más deporte, estudiar idiomas…) no podían faltar los propósitos relacionados con la lectura, en su mayoría transformados en retos. Bien es cierto que por la red circulan innumerables desafíos, en uno u otro sentido, por cantidad, tipo de libros… etc. Como viene siendo habitual, suelo echarles una ojeada, pero generalmente quedan lejos de mis gustos personales, además de que suelen obligar, de uno u otro modo, a promocionar la existencia del reto (tengo que admitirlo, no me gusta).
En cualquier caso, este año he decidido apuntarme al reto de Meribélgica (algo que ya viene siendo costumbre, por mucho que después no sea capaz de cumplirlo, véase el de 2012) y, paralelamente, diseñar uno personal que os presento
Alguno de los 10 libros que conforman mi reto lector de 2013
aquí.
Parto de la base de un problema que solemos tener muchos de nosotros: la acumulación de libros. La excesiva compra, de un lado y la habitual regla de posponer muchos de los clásicos en pro de las últimas novedades, de otro, originan que muchos de los libros por los que originalmente tenemos interés queden relegados mes tras mes, mientras tratamos de incluirlos a corto plazo en nuestros planes.
Por este motivo me decidí a plantearme la lista de 50 libros que leer antes de los 30 años, y si bien es cierto que la voy cumpliendo poco a poco, también necesito objetivos a corto plazo. Así que he decidido, partiendo de los libros que tengo en la estantería, hacer un pequeño listado de libros que tengo que leer este año. He decidido que sean solamente 10, precisamente por eso, para que no se me escape ninguno, para que no me entren ganas de cambiar uno por otro, para que no se me escape ninguno.
Los libros escogidos son los siguientes:
La montaña mágica, Thomas Mann.
Conversación en la catedral, Mario Vargas Llosa.
La caja negra. Amos Oz.
Grandes esperanzas, Charles Dickens.
El lugar, Mario Levrero.
Los miserables, Víctor Hugo.
Tu rostro mañana (Parte I), Javier Marías.
Vida y destino, Vasili Grossman.
El jugador / Memorias de la casa muerta, Fiodor Dostoievski.
Tres tristes tigres, Guillermo Cabrera infante.
Como veis hay un poco de todo: tochos, libros cortos, clásicos, modernos…. todos bajo un común denominador: están en mi estantería y alguien me los ha recomendado vivamente.
¿Y vosotros, tenéis algún propósito lector para este 2013? ¿Habéis leído alguno de las novelas mencionadas? ¿Pensáis que lo cumpliré o que acabaré dejándolo a medias? ¿Os animáis a hacer una lista con algún libro que lleve demasiado tiempo pospuesto?
Animada por las buenas críticas que leí de esta novela, y conociendo que Priceminister la regalaba a quien se quisiera apuntar, me apunté enseguida a su iniciativa, y aunque tardé más de lo esperado en recibirlo (cuando ya pensaba que estaría en el triángulo de las Bermudas o en algún lugar al otro lado del mundo), llegó.
Lo cierto es que este libro lo tenía en mi punto de mira, precisamente por su título. Un título que, desde mi punto de vista, parece arriesgado. Demasiado largo, y a la vez cargado de significado. Una de esas mentiras que oímos frecuentemente, que el dolor viene bien para aprender, para conocernos mejor a nosotros mismos. Es más fácil pensar que el dolor tiene una utilidad, sea la que sea.
Volviendo al tema que nos atañe, Algún día este dolor te será útil trata de la vida de James, un adolescente asocial que se replantea la posibilidad de ir a la universidad, básicamente porque no se encuentra cómodo con la gente de su edad, y porque le encantaría irse al campo a devorar libros.
Lógico sentir empatía hacia este chaval, por cómo es y por cómo ve su vida, y más si tenemos en cuenta un inicio rápido y fresco en el que el único personaje por el que podríamos sentir curiosidad es él, dado que tanto su hermana como su madre son diametralmente opuestas. El inicio del libro se pasa volando: diálogos sarcásticos e interesantes, narración sencilla y directa. Hasta ahí.
A partir de ese momento, la historia se vuelve monótona, repetitiva. Los diálogos ya no sorprenden tanto, el sarcasmo se debilita. James se crece, como lo haría un ególatra o un soberbio. Se vuelve obtuso, radical, extremo. Como consecuencia, la trama se estanca. En su momento pensé que era normal, ya que estaba esperando el gran evento del pasado de James que merodea en cada capítulo, en cada conversación con su psicóloga. Cuando finalmente se desvela la anécdota, no pude sino sentirme defraudada. No me pareció ni la mitad de interesante ni tan decisivo (me refiero al incidente de El aula norteamericana) en el comportamiento de James. Después mi relación con la novela fue de capa caída: James me parecía insufrible, demasiado, en todos los aspectos. Demasiado listo, demasiado asocial, una especie de exageración, de caricatura de un personaje que por extremo no puede ser sino irreal.
Por si fuera poco, mi sensación de que el autor no sabía adónde iba, que el desarrollo y posterior desenlace de la novela estaban hechos a bandazos, a trompicones, sin tener muy claro adónde quería llegar ni cuál era su propósito. No puedo concretaros el motivo de esa sensación, quizá porque desarrolla otras tramas en principio secundarias, quizá por su relación con otros personajes. En cualquier caso me di cuenta de que no iba por el buen camino.
Reconozco que en mi percepción me han perjudicado las excesivas recomendaciones de la historia. Muchas recomendaciones (como las de Lady Boheme, Bartleby, Cargada de Libros, Isi, por decir algunos). Quizá si en lugar de decirme que es una novela buenísima, la mejor y demás, me hubieran dicho que se deja leer, me habría gustado mucho más, sin duda alguna. Quizá si en lugar de ver montones de reseñas positivas hubiera visto alguna negativa habría puesto un listón más bajo. Pero mi expectativa estaba mucho más alta, y no se ha cumplido.
Pero qué queréis, si tiene un corte a lo El guardián entre el centeno y esa tampoco me gustó…
FICHA:
Te gustará si te gustó
El guardián entre el centeno, J.D. Salinger.
Pros
El inicio de la historia.
Los primeros diálogos.
Contras
A partir de la mitad del libro, la historia se ralentiza y da bandazos.
Después de la entrega sobre decepciones y abandonos, os traigo los mejores libros que he leído en 2012, por si queréis incluirlo como lectura para este año recién empezado.
Como otros años, he sido selectiva, podría haber incluido otros que me gustaron pero no quiero que se alargue la lista. He distinguido entre dos categorías, una, la de los libros recomendables y entretenidos, y de otro lado, los libros indispensables que no os podéis perder.
Muy recomendables
En esta categoría suelo incluir tan sólo los libros entretenidos, la ficción con la que se pasa un buen rato. Sin embargo, este año, y teniendo en cuenta lo que he leído, vais a encontrar libros muy dispares, con un denominador común: que me han gustado mucho, ya sea porque me entretuvieron, porque encontré una historia muy interesante o porque me gustó el estilo del autor. Lo cierto que es podría haber incluido otros muchos, pero he querido ser selectiva. Son los siguientes:
Canción de hielo y fuego (Juego de tronos y Choque de reyes), George R.R. Martin: ambos son entretenidos, interesantes, enganchan (a ratos, eso sí), y si os gusta la fantasía y además estáis pensando en ver la serie de televisión, no podéis dejar de leer esta saga. Aunque a veces se haga un poco pesado, dependiendo del libro o se ralentice la trama, la complejidad se pierde en la serie.
El lector de Julio Verne, Almudena Grandes. La segunda parte de Episodios de una guerra interminable es más ameno que su predecesor, Inés y la alegría, seguramente tenga que ver en que es sensiblemente más corto. Si habéis disfrutado con el estilo de Grandes, no os decepcionará esta novela. Es tierna, triste y además aparece un lector con el que muchos se podrán identificar.
La broma. Milan Kundera. Si con La identidad perdí la fe, La broma me la ha devuelto del todo. Este libro tiene todos los elementos necesarios para que me guste. Si los libros que nos gustan tuvieran una receta, ésta tendría los ingredientes necesarios para mi paladar.
La ciudad, Mario Levrero. Lo que son las cosas, el libro más kafkiano que he leído en 2012 lo escribió un uruguayo. Muy interesante. De este año no pasa para seguir leyendo su trilogía.
Gabrielle de Bergerac. Henry James. En un período de libros poco destacables, éste me rescató del aburrimiento. Un James inteligente que consigue crear, a partir de lo que pudiera ser una historia manida, una trama interesante que se lee rápidamente.
Cuadernos de Hiroshima. Kenzaburo Oé y Un mundo aparte, Gustaw Herling-Grudzinski. Ambas historias dolorosas, molestas, que nos muestran cómo ha sido el mundo, qué se puede esperar del ser humano (para bien y para mal), indispensables porque quizá son demasiado desconocidas, demasiado reales para que se conviertan en un best-seller, pero que por derecho propio han de figurar aquí.
Joyas
Os confieso que me ha sido muy complicado elegir, pero teniendo en cuenta el libro que más me ha gustado este año, tenía que ser todo en proporción.
El ruido y la furia. William Faulkner. Tengo la sensación de que esta novela eclipsa a cualquier otra que tenga al lado. Porque esta novela es gigante, superlativa, fantástica y ardua. Una de esas de las que sé que releeré, que recomendaré, de las que se quedan pedazos de fragmentos en el interior cuando uno termina el libro. Es tan grande, tan buena, que no sé cómo he podido dejarla estar tanto tiempo en la estantería.
El cuaderno gris, Josep Pla. He dudado la inclusión de este título no porque le falten méritos para entrar en esta categoría, sino porque fue un libro que no empecé en 2012, aunque bien es cierto que lo terminé en ese año. Dejando a un lado este punto, ya os adelanto que es un libro que tenéis que leer.
Watchmen. Alan Moore y Dave Gibbons. Un cómic que no os podéis perder. Hondo y más hondo aunque a priori trate de señores en mallas. Complejo e inteligente, con acción y ética, con filosofía y crueldad. Moore es un señor muy listo, un maestro en el arte de dibujar lo que quiere y cómo lo quiere. Sorprende y asusta. No prejuzguéis la apariencia, porque esto es un novelón como la copa de un pino.
Claus y Lucas. Agota Kristof. Los gemelos de letras intercambiables, los que te hacían revolver el estómago con sus ocurrencias o los que te hacían abrir la boca de par en par. Es curioso, menciono a estos dos gemelos cuando tengo entre manos otros dos gemelos, que, a falta de finalizarlo será igual de bueno que este libro. De gemelos va la cosa.
La pista de hielo. Roberto Bolaño. Cómo no podía estar Bolaño. Este 2012 he leído Estrella distante, pero he escogido La pista de hielo porque me ha sorprendido mucho más. Ya me extenderé más en la reseña que tengo pendiente sobre esta novela.
Con esto me despido, no sin antes desearos un buen 2013. Estoy segura de que Sus Majestades os han dejado muchos regalos, y de los buenos, de esos que formarán parte de nuestras lecturas de este año recién estrenado.
Como ya viene siendo tradicional por estas fechas, toca hacer balance, en este caso, de lo leído.
Empezamos hoy por los abandonos de este año, esos libros que por uno u otro motivo no he podido terminar. Este año acabaré pronto, dado que sólo he abandonado un libro:
Asesinato en el Comité Central, Manuel Vázquez Montalbán. ¿Cuándo se decide que se va a abandonar un libro? ¿Cuántas páginas hay que leer? ¿Basta con un tercio o la mitad? Dudas. Muchas dudas.Y sin embargo, cuando uno está delante de un libro que no le acaba de convencer, no hace falta más. Lo cierto es que esta novela comienza fuerte, con un asesinato, como bien reza el título, y coge ritmo muy rápidamente. El problema es que después al empezar a conocer a los personajes, el autor se empantana en otro tipo de cosas que me hicieron perder el interés, como por ejemplo, el menú que tomaba el protagonista. Mi percepción fue que si continuaba leyendo lo haría, simplemente por acabarlo, y no por disfrutar de verdad. Así que decidí dejarlo cuando llevaba pocas páginas. Puede ser que simplificara demasiado, pero a estas alturas de la vida los libros se dividen en dos: los que son indispensables y hay que esperar a ver la magnitud del asunto y los entretenidos. Y de estos últimos si me aburren, mal plan.
Decepciones.
Es decir, los libros que me han defraudado, bien porque no resultaron lo que esperaba o porque directamente no me han gustado nada. Tenemos los siguientes:
Diario de un ama de casa desquiciada, Sue Kaufman. Poco tengo que añadir a la reseña que escribí en su día. Estoy convencida que, de no haber leído tanta reseña buena tras de otra no me habría parecido tan malo, pero al tener unas expectativas tan altas fue imposible no sentirse defraudada. Un libro lento, pesado, aburrido, con unos personajes inaguantables y un final de chiste. Esperaba una pequeña joya, uno de esos libros que se recomiendan con fervor, y me encontré un disparate. Un disparate cubierto de celofán y de una portada rosa chicle preciosa.
El porqué de las cosas. Quim Monzó. Aburrirse en relatos cortos es peor que hacerlo en una novela larga, y precisamente eso me ocurrió con este libro. Repetitivo, demasiado, escaso de ideas, seguro. Me equivoque o no, Monzó ha quedado descartado como autor futurible.
Tierra de caimanes, Karen Russell. Decepción. Y mucha, porque la autora empieza bien, le cogemos el ritmo enseguida, cuenta bien las cosas, narra con mucha soltura, nos presenta personajes creíbles y bien enmarcados… y después se hunde en un berenjenal que ella misma se ha montado, parece como si en la mitad de libro cambiara de idea totalmente, como si hubiera tenido una idea feliz una noche de juerga. Justo eso es lo que no me convenció, lo que generó mi rabia y mi impotencia, porque Russell iba bien, me convencía, pero no pudo ser. No ayudó el exceso de páginas. Menos es más. Siempre.
Algún día este dolor te será útil. Peter Cameron. La joya entre las joyas, el libro que quería leer. Lo leo y me defrauda. Mucho. Pero eso ya os lo contaré el año que viene. 😉
Y vosotros, ¿habéis abandonado algún libro este 2012? ¿Me contáis vuestras decepciones?
El rapto de Britney Spears arranca cuando el protagonista, miembro de una agencia de espionaje francesa, es avisado de una amenaza a la popular cantante. Él será el encargado de que no se produzca un posible secuestro a manos de una asociación terrorista. Con esta información, viaja a Los Ángeles para mantenerse cerca del entorno de Spears.
Portada de «El rapto de Britney Spears»
Sin embargo, para ser el protagonista, el supuesto héroe de la novela, no parece que sea una buena opción, ya que encarna el antónimo del buen investigador al aunar una serie de características que podríamos considerar, al menos, extrañas para la que es su profesión: no dispone de información alguna sobre el mundo de Hollywood o de la vida de Britney Spears y por no saber, no sabe ni conducir. ¿Cómo se puede pretender seguir entonces los pasos de alguien dependiendo, en una ciudad como Los Ángeles, del transporte público? Rolin utiliza estos rasgos para llevar a la cercana línea del ridículo a un protagonista de una historia que dispone de una trama propia de las novelas de intriga y espionaje. Con esto consigue darle una vuelta de tuerca: de un lado, el curioso protagonista, de otro, lo extraño de una historia de espionaje con un personaje como Britney Spears de por medio. Este segundo peculiar rasgo lo utiliza Rolin para reducirlo a lo absurdo: el porqué de un interés irracional por las estrellas de Hollywood, el parapeto de los paparazzis que les persiguen a todas horas, lo estúpido de un público más interesado en alegrarse de las desgracias ajenas que de preocuparse por su propio día a día.
Al final entre ambos elementos, Rolin, como un buen escritor inteligente que es, une la trama con una sutil ironía, sobre su visión de Estados Unidos o las ideas liberales de un país que critica la ausencia de democracia en algunos países pero que mantiene una cárcel como la de Guantánamo. El francés utiliza un sarcasmo muy europeo, ridiculizando determinadas visiones del otro lado del charco para mostrarnos que quizá no tengamos demasiado que envidiar de nuestros vecinos ricos.
Autobiográfico en muchos de sus capítulos, Rolin consigue crear una novela divertida y graciosa, estrambótica y sarcástica, con referencias a otros de sus libros (meridiana queda la referencia a Cristianos), con guiños sobre distintos temas. Aunque bien es cierto que hacia la mitad del libro se aleja del objetivo inicial, El rapto de Britney Spears es un alegato hacia un mundo insustancial y simplón que se agolpa en muchos de los programas de televisión, páginas web o publicaciones de las revistas rosas. Consigue que en el lector, crearle una sensación de melancolía, propia del reflejo de las opiniones de Rolin: un mundo de contrastes en los que unos cuantos gastan su dinero en un par de zapatos Loubotin mientras que muchas familias viven en la pobreza.
Conocí este libro por televisión. Es extraño, normalmente no suelo sacar ideas por esta vía, pero lo vi y me llamó la atención: el tema que trataba y un resumen de lo que prometía. Lo compré en cuanto pude, con curiosidad por saber si cumpliría mis expectativas.
Por mi experiencia, este tipo de libros se dividen en dos clases, según estén orientados al gran público o no. Si van orientados al gran público se suele repetir las mismas ideas desde el primer momento, comenzando por los términos básicos hasta llegar a una argumentación más o menos compleja, según. En ellos se suele abundar de la repetición.
Portada de «Indecentes»
Si van dirigidos a una minoría, es frecuente que empiecen dando por hecho los conceptos básicos para ahondar en un análisis más o menos profundo, dependiendo de la seriedad del libro.
Así que clasifiqué este libro como uno de los de primera categoría y procuré empezarlo enseguida, dada la actualidad del tema y mi interés por él.
El autor comienza planteando un jugoso cebo: la situación de 2011 y el modo de superar la crisis para después retrotraerse al inicio de la crisis para ver cuál era el planteamiento de, en aquél entonces, la llamada desaceleración económica. A través de conversaciones, cartas y otras fuentes, Ekaizer nos va narrando qué iba pasando durante el año 2008, los movimientos iniciales de la crisis. Lo interesante del libro es que narra muchos de los movimientos que se mantuvieron en la sombra, como indicaciones de asesores, conversaciones entre presidentes y otras anécdotas y detalles que se pueden perder si no seguimos día a día las noticias o la parte salmón de los periódicos o bien, y esto según la contraportada, de información inédita.
En relación a los conceptos técnicos, aunque bien es cierto que repite algunas definiciones innecesarias para aquél que esté acostumbrando al ámbito económico, tampoco trata al lector como tonto y ofrece un análisis medio: ni nos abruma con teorías ni tampoco se queda en la superficie.
Este equilibrio consigue que el lector pueda leer el libro de un tirón, porque no se hace denso en ningún momento. Lo cierto es que esperaba algo más de análisis, y no tanta repetición (determinadas definiciones se cortan y pega en varios capítulos) pero bueno, el balance ha sido positivo.
Así que si estáis pensando en leer algo sobre la crisis económica, esta es una buena opción. Ahora, si podéis sacarlo de la biblioteca y ahorraros los 20 euros que cuesta, mejor que mejor.
Cierro la encuesta que os planteé la semana pasada y paso a ofreceros el resultado: aunque muy ajustado al inicio, la mayoría os habéis decantado por El ruido y la furia, de William Faulkner.
Este libro era uno de ésos que siempre se comentan como indispensables, así que desde hace bastante tiempo andaba en mi lista de pendientes. Lo propuse en el grupo de facebook del Café Literario y así comenzamos la lectura conjunta.
Como siempre que anoto un libro en mi lista, procuro no saber cuál es su argumento ni sus puntos fuertes ni cualquier otra información que pueda dar detalles de lo que me voy a encontrar cuando decida leerlo.
Así que empecé el libro sin saber lo que me iba a encontrar. Si no recuerdo mal, tardé un minuto en quedarme con la boca abierta.
Portada de «El ruido y la furia», de William Faulkner
El autor nos presenta a una familia, los Compson, antiguos señores y terratenientes que van perdiendo riqueza y prestigio. Para contarnos en qué consiste la decadencia de la familia, Faulkner divide el libro en cuatro partes claramente diferenciadas, indicadas al inicio de cada una de ellas con una fecha.
En cada una de estas partes el autor nos da la visión de un personaje distinto, como son Benjy, Quentin, Jason y Dilsey. No voy a entrar quién es quién, porque ahí radica parte del encanto de la novela. La complejidad viene de la mano de los frecuentes saltos temporales. Los vemos venir, literalmente, porque los párrafos aparecen en cursiva, lo cual no significa que el asunto se convierta en algo sencillo.
En las dos primeras partes tenemos dos narradores subjetivos que nos dan su punto de vista. La dificultad de esta mitad radica en la abundancia de nombres, de personajes, y por el hecho de que Faulkner no nos explica quién es quién y qué relación tiene con los demás. Como muestra os muestro las primeras páginas del libro:
A través de la cerca, entre los huecos de las flores ensortijadas, yo los veía dar golpes. Venían hacia donde estaba la bandera y yo los seguía desde la cerca. Luster estaba buscando entre la hierba junto al árbol de las flores. Sacaban la bandera y daban golpes. Luego volvían a meter la bandera y uno dio un golpe y otro dio un golpe. Después siguieron y yo fui por la cerca y se pararon y nosotros nos paramos y yo miré a través de la cerca mientras Luster buscaba entre la hierba.
Cuando uno lee este primer párrafo puede huir espantado o se puede quedar mirándolo y releerlo. Este segundo lector está perdido, desde el momento que se empieza a hacer preguntas: ¿Pero qué están haciendo? ¿Y quién es Luster? Desde ese momento, ha picado el anzuelo.
Parece que nada tiene sentido, parece que nos hemos inmiscuido en el salón de una casa y que vemos entrar gente. El problema es que, siguiendo el ejemplo, si uno de nosotros se metiera en la casa del vecino y viera entrar distintas personas, tendría información: edades, ropas, características físicas, cualquier cosa. Sin embargo, en este libro el autor opta por centrarse en otra cosa que no es ni por asomo explicar al lector cómo es Luster, en qué lugar se encuentran o qué leches andan haciendo sacando una bandera. Él continúa con su narración, mientras los demás miramos pasmados el devenir de los acontecimientos, la aparición de personajes de los que sí que sabemos algo.
Empezar la segunda parte implica habituarse al estilo, comprender que no se trata de una novela para tragarse en cuatro horas, que necesita digestión y pequeños sorbos, como esos vinos que hay que saborear para notar cuánto tiempo lleva en la barrica. En la segunda parte nos damos cuenta de que el libro bien merece unas cuantas relecturas, y que Faulkner es un genio. Un genio inspirado en el Ulises, con el que guarda algunas cosas en común, pero que se enfrenta a las realidades familiares como un tipo del sur, con pasión e inquina, con dolor y amor.
La tercera parte, voy a ser sincera, nos da un respiro. Y lo digo porque después de leer una mitad ardua y compleja la tercera parte parece el oasis en el desierto, al resultar mucho más fácil que las dos primeras partes. Y es cierto, ya que las dos últimas partes son las que más guardan relación con la novelas al uso, hay algo más de linealidad, además de que ya conocemos a todos los personajes y sus principales tramas. Jason sorprende con su vitalidad, con su feroz visión de la vida. Sin embargo, a pesar de respirar con tranquilidad en las primeras páginas de esta tercera parte, me sentí abandonada. Qué cosas. Yo, que estaba pasándolo mal, que veía que se me escapaban muchas cosas, cuando la novela llega a una realidad controlada, a un estilo manejable, me atoro y quiero volver para atrás. Quiero que Faulkner me trate mal, que siga como empezó. Aún pensando esto es cierto que la segunda mitad del libro equilibra el argumento, la novela, la historia. Quizá si hubiera seguido como empezó la novela habría resultado demasiado ardua. Quién sabe.
El autor deja lo dulce para el final: a Dilsey, testigo muda de muchos de los acontecimientos de la familia Compson. Cómo no soltar un respiro al final. No sé si un respiro de alivio, pero sí un respiro de haber llegado, de tener en las manos un libro soberbio, enorme, indispensable. Uno de esos libros que aturullan, molestan, empujan. De los que nos dejan poso.
Os voy a confesar algo: este año, en materia lectora, no ha sido demasiado bueno. Me explico: llegó un momento en el que, echando la vista atrás me di cuenta de que no había leído libros particularmente buenos, que muchos habían sido de puro entretenimiento, no de los que recomiendas con fervor. Fue llegar el otoño y cambiar la cosa, ir escalando de libros que me gustaron mucho. Después fue El ruido y la furia y me di cuenta de que este libro compensa cualquier otro sinsabor. Es una novela sublime, dañina, una historia que atrapa, con la que sueñas por las noches (no la historia en sí sino las sensaciones que provoca), es una de esas novelas con las que te dan ganas de llorar, porque la próxima vez no será todo una novedad.
A estas alturas de la reseña, después de 1.000 palabras, no trato de convenceros. Os invito a adentraros en el universo de El ruido y la furia. Y si podéis hacerlo en compañía, a través de una lectura conjunta, mejor. Es una novela muy propicia para comentar, para ayudarse los unos a los otros en cuanto a las interpretaciones de lo leído. Todo un placer, muchachos.
FICHA:
Te gustará si te gustó
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.
Pros
El estilo del autor. La historia.
En fin, todo.
Contras
No leáis la contraportada.
El inicio es muy complicado. El truco que utilizamos en el Café Literario fue echar mano de la wikipedia para dejar claro algunos puntos en cuanto a los personajes. Realmente ayuda.