Actualidad, Literaria

Celebrando el Día del Libro

Hoy es 23 de abril.

Hoy es un gran día para coger un libro cualquiera y sumergirse en sus páginas.

Hoy es un buen día para comprar un libro, para participar en la firma de libros o para acercarse a una biblioteca.

Porque leer es mucho más que comprar libros aprovechando el 10% de descuento.

Leer es emocionarse, llorar de emoción, reír con sinceridad, quedarse pegado a las páginas de un libro.

Leer es odiar al autor, pensar e imaginarse, fantasear.

Leer es aprender cosas nuevas.

Leer es comprender nuestra realidad a través de las páginas de un libro.

Leer es mucho más que entretenerse. Es más que una afición. Es más que un pasatiempo.

Leer es un refugio, una salida, un paréntesis.

Todo eso y mucho más lo podemos encontrar en las páginas de un libro.

Así que da igual que seáis de los que leen 6 o 60 libros al año. Da igual si tenéis 50 o 5.000 libros en vuestras estanterías. Da lo mismo si hoy habéis salido a comprar alguna novedad o no, si os han regalado algún libro.

Porque si sois capaz de comprender que lo que he escrito es cierto no os hace falta este día.

Aún así, es 23 de abril.

Bonita fecha para seguir leyendo.

Namaste.

Autor, Grandes, Literatura

El lector de Julio Verne, Almudena Grandes.

En el anterior IMM ya os mostraba este libro como uno de las últimas adquisiciones. Lo cierto es que esperaba impacientemente la publicación del nuevo libro de Almudena Grandes. Desde aquí mi agradecimiento a Tusquets por facilitármelo.

Portada de "El lector de Julio Verne"

Como bien especifica la portada, se trata de la segunda parte de Episodios de una guerra interminable, una serie de novelas sobre la posguerra española que comenzó con Inés y la alegría.

El lector de Julio Verne narra la historia de un niño, hijo de un Guardia Civil. La acción se sitúa en 1947 en la Sierra de Jaén. Desde aquí desarrolla una trama tupida formada por la historia personal de cada uno de los vecinos de su pueblo, de las personas a las que va conociendo en un verano en que comenzó a ver la realidad con otros ojos.

No hace avanzar mucho en la lectura para comprobar los frecuentes guiños que lanza la autora al lector continuado de su obra y de muchos de sus conocidos (como la novela de García Montero), y esto lo hace desde antes de empezar la novela, no hay más que leer la dedicatoria:

Nada es lo mismo. Nada

permanece.

Menos la Historia y la morcilla de mi tierra:

se hacen las dos con sangre, se repiten.

Ángel González, “Glosas a Heráclito”.

El hecho de que el narrador sea un niño consigue acercar al lector a la historia: vamos conociendo la trama a medida que nos la cuenta Nino, con esa mirada atenta del niño observador e inteligente que se cuestiona todo lo que ve.

Inevitable es la comparación con su predecesora. El lector de Julio Verne es, sin duda, una novela mucho más amable, es decir, existen menos saltos cronológicos, con lo que es más fácil engancharse a la novela desde un primer momento. Además, Grandes vuelve a su tradicional modo de escribir: si en Inés y la alegría optó por experimentar, por ofrecer al lector un episodio de historia pura y dura y otro de novela, aquí vuelve al estilo que estábamos acostumbrados en sus otras novelas: la novela, el discurrir de la historia con un mismo narrador. Recuerda en este punto a cualquiera de sus antiguas novelas: Malena es un nombre de tango o bien a El corazón helado pero sin los frecuentes saltos cronológicos.

Por mi parte, es de agradecer. Uno de los puntos flacos que le vi a Inés y la alegría fue precisamente el exceso de Historia, la ralentización de la trama en los capítulos dedicados al Partido Comunista. Y otro, el claro partidismo. En Inés y la alegría se veían claramente buenos y malos arquetípicos, aquí los personajes están más difuminados. No son más que personas con intereses egoístas que tratan de salir adelante sea como sea. Se trata de una novela mucho más real, más tupida y compleja, que refleja con mucha más claridad cómo debió de ser la vida en aquélla época.

Si algo me disgusta de las novelas que tratan el arduo tema de la Guerra Civil española es el claro partidismo entre buenos y malos. No todo es tan simple, nadie es siempre bueno o malo. Eso se lo dejamos a la ciencia-ficción. Y en esta novela por fin hace justicia en este punto. A fin de cuentas no somos más que personas que buscan la felicidad y la tranquilidad, seguir adelante, con independencia de lo que comenten los grandes señores en sus palacios.

Atrae por encima de todo, el modo de desgranar la historia, de ir poco a poco dándole forma. Es Nino quien nos los va presentando, sin prejuicios, y así vamos conociendo a cada uno de los personajes, cogiéndoles cariño y descubriendo su historia personal. Es una historia entrañable, la historia de cómo se vivía en una dura época en un pueblo cualquiera, lejos de las historia de héroes y villanos. El día a día del modo de vida de la gente normal.

Frecuentes son los guiños a Inés y la alegría. Sin embargo no son más que eso, guiños. No es necesario leer la primera parte para comenzar El lector de Julio Verne. Comparativamente me parece una novela mucho más interesante que Inés y la alegría. En definitiva, me parece una novela indispensable para cualquier lector admirador de Grandes y una novela muy bien trazada para los que se quieran acercar a la autora por primera vez.

Puede ser que muchos de vosotros penséis que se trata de otra novela de la Guerra Civil. Pero como comenta Grandes cada vez que puede (quizá tratando de justificarse), fue una situación tan dura, tan difícil, tan brutal, que es inevitable plasmar en el papel muchas de las historias que cuentan nuestros mayores. Sí, la realidad siempre supera a la ficción.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El estilo de la autora.

  • Lo tierno y entrañable de la historia de Nino.

  • La pulcra edición de Tusquets.

Contras

  • Tener que esperar a la siguiente parte.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (III): Antonio Orejudo.

Antonio Orejudo (Madrid, 1963): ensayista, escritor y crítico literario. Saltó a la fama con su novela Ventajas de Antonio Orejudoviajar en tren, con la que logró el XV Premio de Andalucía de Novela. Es habitual colaborador en secciones culturales como Babelia. Es muy activo en twitter. Su dirección: aquí.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Paseos con mi madre, de Pérez Andújar.

Uno de los últimos libros publicados por Tusquets. La verdad es que desconocía al autor hasta que la editorial comenzó a hacer promoción de la novela. Si alguien lo ha leído, que nos deje su opinión. La ficha del libro, aquí.

2.- Un libro que nos recomiendas.

El amo del corral, de Tristan Egolf.

La primera vez que oigo hablar tanto del título (que me recuerda aquélla canción de los Trotamúsicos: Koki, Koki, Koki, eres el rey del corraaaal) ni del autor, que tiene un nombre extraño.
Indagando por la web me encuentro con que Egolf es comparado con Kennedy Toole y con Steinbeck. El amo del corral recibió buenas críticas en su momento. He leído la sinopsis por ahí y cuenta demasiado, así que no lo reproduciré aquí. Ahora, entre la recomendación de Antonio Orejudo y las buenas opiniones que estoy leyendo, me están entrando ganas de buscarlo. ¿Alguien lo ha leído?

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Don DeLillo.

Órale. ¿Casualidad? Lo digo porque en su día mencioné como parecidos la novela de Orejudo con Punto Omega, de Don DeLillo. Es un autor peculiar, por lo menos en esta novela que nos atañe. Tiene muchos otros libros, así que os animo a que lo descubráis. Este año, además, se estrenará una película basada en una de sus novelas, de nombre Cosmópolis.

Y vosotros, ¿habéis leído a Antonio Orejudo? ¿Y los libros que nos recomienda?

Namaste.

Autor, Levrero, Literatura

La ciudad, Mario Levrero

Fue Bartleby quien me dio a conocer a este escritor chileno uruguayo. Su táctica para conseguir que leyera el libro es infalible: me lo regaló.

Así que, teniendo en casa la Trilogía involuntaria, era cuestión de tiempo que empezara a conocer a Levrero. Con esas, incluí este título en la lista de los 50 libros.

Desde el inicio de la novela, ya vemos que Levrero va a tener algo que ver con Kafka, aunque no sea más que por la cita que figura en el inicio del libro. Es la siguiente:

  • Veo allá lejos una ciudad, ¿es a la que te refieres?
  • Es posible, pero no comprendo cómo puedes avistar allí una ciudad, pues yo sólo veo algo desde que me lo indicaste, y nada más que algunos contornos imprecisos en la niebla.

Leyendo las primeras páginas nos cercioramos de que nuestra hipótesis inicial es cierta, porque nuestro protagonista (del que no sabemos ni su nombre, y sólo su profesión más tarde), abandona su casa para comprar queroseno y se ve arrastrado por una vorágine de acontecimientos.

 Portada de "La ciudad", de Mario Levrero

Sin embargo, las diferencias entre K. y el protagonista de Levrero quizá sean obvias: mientras que el personaje de Kafka toma sus decisiones y por lo tanto tiene voluntad propia, el de La ciudad se deja llevar. Esto es la principal distinción respecto a la acción: mientras que en El castillo abundan las conspiraciones, los obstáculos para conseguir alcanzar el objetivo, en La ciudad la acción se desarrolla de un modo diametralmente opuesto: es el protagonista el que no sabe qué quiere, el que duda y desconoce cuál ha de ser el camino a seguir.

Son, pues, los demás, aquéllos secundarios (los aldeanos, el alcalde) los que impiden a K. llevar a cabo su voluntad. Algo que nada tiene que ver con el libro de Levrero: es más bien como si de un sueño se tratase, una realidad onírica en la que las reglas del juego se han visto afectadas y en la que no rigen las normas de la realidad habitual: como si fueran normales los cambios de escenario, por ejemplo, como si fuese normal desconocer qué hay al otro lado de la calle.

Si nos atenemos al fondo, al tipo de sensaciones que despiertan ambos autores, es claro que el mundo de Kafka es opresivo, donde rigen la soledad y la desesperación; algo que no se llega a transmitir con Levrero.

El hecho de que los capítulos sean cortos consigue el efecto del dinamismo en la novela, pues si bien es fácil conectarse a un ritmo rápido y sin apenas descripciones, hay situaciones desconocidas que a priori podrían suponer una ralentización en la trama.

Lo que parece es que al protagonista de Levrero poco le importa el sometimiento a las reglas que, en teoría, no son suyas. Quizá con este punto adicional el lector se sintiera más cercano al personaje, pero lo cierto es que no es así. Ahora, en el mundo de los sueños quizá sí que nos veamos identificados con la pobre persona que no sabe dónde se encuentra: ¿Quién no ha soñado alguna vez con un viaje cotidiano que acaba en un lugar extraño? ¿O encontrar a personas cercanas que no deberían estar en un lugar? Y a pesar de ello, en el sueño asumimos esa realidad y tratamos de conseguir nuestro objetivo (en mi caso solía ser llegar a tiempo a un examen), sin pensar que algunas reglas carecen de lógica (como captar peor los sonidos, no poder gritar o no poder mover un pie detrás de otro). Esto es lo que el chileno uruguayo consigue plasmar, en una prosa sencilla y aséptica, objetiva y cronológica.

Una lectura muy interesante, que engancha desde la primera línea porque siempre queremos conocer algo más.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Dinamismo.
Contras
  • Desconexión con la realidad. Ausencia de sentimientos.
Reto 50 libros
  • Número 42.
  • Progreso: 7/50.

Namaste.

Autor, Kaufman, Literatura

Diario de un ama de casa desquiciada, Sue Kaufman

 Conocí este libro por la reseña en Cargada de libros. (Hay muchas otras reseñas, aquí la de Isi).

Portada de "Diario de un ama de casa desquiciada", de Sue Kaufman

Ya en su día (y estamos hablando de junio de 2010), le comenté que tenía curiosidad por este libro, por lo bien que lo ponía en su reseña. Lo cierto es que me llamó la atención la portada, tan rosa y con ese vestido tan plisado y tan American way of life.

Así las cosas, mi curiosidad cayó en el olvido aplastada por otras curiosidades más acuciantes. Hasta que en una visita a la biblioteca, y al no encontrar el libro que yo andaba buscando, me topé con el libro de marras, y pensé que ya que estaba podía saciar aquélla curiosidad.

Diario de un ama de casa desquiciada es precisamente lo que apunta el título: un diario de una señora que nos cuenta su día a día en su (aparentemente) perfecta vida: una casa, un marido con éxito en los negocios, dos niñas guapas, en fin, todo lo que uno podría desear.

Con este planteamiento me pareció que bebía de los vientos de El hombre del traje gris pero desde la óptica de la mujer, y, según la contraportada y las reseñas que había leído antes, con más gracia y menos pesimismo.

Hasta aquí las palabras amables.

Si tuviera que definir el libro con una palabra sería: pufo. Pufo porque es un libro plano, lento, pesado, aburrido, que tarda en arrancar, que tarda en coger velocidad y que posee unos personajes planos y simples, sin contenido, sin gracia.

Dejo aparte el carácter de muchos de los personajes (en una palabra, insufribles), porque quizá sea eso lo que le imprima una ligera característica. Me caen todos mal, y es precisamente eso lo que se busca: desde el marido, a las niñas, y (aunque eso no se busca), la protagonista, Bettina.

A ellas, a sus niñas, la protagonista les dedica esta sutil frase:

De repente comprendí los misterios de infanticidio.

 (Algo que hemos comprendido todos alguna vez)

Pero ante todo, lo que menos me ha gustado es la ausencia de trama. Durante la primera mitad del libro apenas pasa nada más que las tareas cotidianas de un ama de casa de la época, salpicada con algo de su particular modo de vida.

He estado pensando en dejarlo en gran parte del esta mitad. ¿Quién quiere leer cómo plancha, compra, organiza y se frustra una señora? Cada palabra, cada capítulo, cada página, esperaba que toda esa espera, el aguantar al marido insufrible se iba a ver recompensado de algún modo, que la historia saltaría por los aires en algún momento, sacudiendo al lector.

Y bien es cierto, que justo en la mitad del libro pasa algo. Ahí estaba yo, prometiéndomelas muy felices, pensando en cómo cambiarían las cosas, haciendo hipótesis sobre cómo ese acto afectaría al desarrollo de la historia sobre lo que ocurriría a continuación. Moc. Craso error.

Lo que parecía un cambio en lo llano del argumento se convierte en otro aspecto más con el que desilusionar al lector. El final es de chiste. De chiste por decir algo. Me habría gustado más si le hubiera faltado una página, porque me podría haber imaginado otra cosa, o incluso, si hubiera sido este:

¡Imbécil! ¡Lector imbécil! ¡Que has llegado hasta aquí para nada! ¡Que me estoy riendo en toda tu cara porque esto no es un final ni es nada! ¡Que habrías hecho mejor si hubieras abandonado el libro cuando lo pensaste la primera vez!

Así que no. No. Esto no es una historia. Es un diario pegado en una edición, sin trama, sin hilo, sin acontecimientos, como si narramos la historia de una piedra que se cae por un acantilado. No tiene fin, no tiene objetivo, porque si el objetivo es, como se las promete la contraportada, que el lector lo pase bien un rato, va crudo. Habré sonreído un par de veces en las 330 páginas que tiene. Lo califican de “divertido”, y desde mi punto de vista no lo es.

(A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS)

Una historia necesita una introducción, un nudo y un desenlace. Llamadme clásica, pero hay dos formas de escribir: o bien acudes a un estilo ininconfundible en el que puedes hacer lo que te de la gana porque te vamos a leer por cómo escribes, o te ajustas a lo convencional de narrar una historia.

Como ese no es el caso, es mejor quedarse con la fórmula tradicional: la introducción la tenías: una vida perfecta que no es tal; los personajes también (la neurótica de Bettina y el inútil de Jonathan, el marido), ¡incluso hubo un inicio de trama (¡una infidelidad!) ¿Qué pasó entonces, Sue Kaufman? ¿En qué estabas pensando? ¿Y por qué de ese final bucólico cuando todo el mundo esperaba que la tonta de Teen se fuera con el maromazo del amante o que le clavara el cuchillo de trinchar el pavo al marido? ¿Por qué? ¿Por qué abogar por la mentira, la falsedad y la pantomima en lugar de darle a la historia algo de sinceridad? ¿Por qué no ser justa con Bettina, que ya había aguantado bastante?

Y ante todo, ¿POR QUÉ NARICES NO HAY UNA TRAMA?

 Necesito que alguien me lo explique. Cómo se puede hacer una novela «entretenida»  sin que pase nada.

Ahora vamos a la traducción. El traductor es como el entrenador de fútbol: si hace bien las cosas no se nota. Sólo se nota cuando las cosas chirrían, cuando las palabras no casan con lo que está escrito.

Aquí chirrían muchas cosas: preposiciones, verbos, diálogos con palabras forzadas… como muestra, os pondré este fragmento:

  • ¿Quiere que los deje aquí fuera?- preguntó, sujetando con cautela un impermeable empapado y un sombrero con una funda de plástico.
  • Poniendo especial cuidado con articular con claridad, le dije que los entrara y que los colgase en el baño de las niñas.

Me siento timada. Lo único bueno es que el día que lo tuve en la mano para comprarlo lo devolví a su estante.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Las múltiples referencias literarias.
Contras
  • La ausencia de trama.
  • No divierte.
  • La traducción.

Namaste.

Autor, Literatura, Lutes

Berlín, ciudad de humo

La segunda parte de la novela gráfica de Berlín sigue la estela de su predecesora, en el sentido de continuar con la mayor parte de los personajes que ya conocíamos (si bien hay algunas novedades) para situarlos, de nuevo, en el Berlín de 1929.

Portada de Berlín, ciudad de humo

Pobres y ricos, negros y blancos, obreros y burgueses se unen para dar vida a una historia que engloba desde los temas mayoritarios (como el dinero, el poder o la infelicidad) a las cuestiones propias de las minorías (el racismo, la sexualidad o la desesperación).

Englobando ambos temas Lutes consigue un argumento más rico que la primera parte, con personajes más redondos, aunque no por ello abandona su técnica sencilla: en blanco y negro y sin sobrecargar con detalles las viñetas.

Sin embargo, la aparente sencillez de las viñetas consigue que el lector se fije en las emociones, ya sea por gestos o miradas. Es algo complejo conseguir que el dibujo sea sencillo y a la vez que el lector se identifique con las sensaciones de los protagonistas de la historia que está leyendo. Es esto lo que Lutes consigue. Lo cierto es que, teniendo el antecedente de la primera parte, esperaba algo menos de esta novela. La segunda parte adquiere complejidad, los personajes son más reales y complejos y aunque sigue envolviéndola un ambiente de tristeza y desolación, es necesario para comprender las situaciones de los protagonistas.

Me alegra haber empezado a leer novelas gráficas, no sólo por la gran calidad de que disponen sino porque son una buena opción para compaginar en épocas en las que tenemos poco tiempo o bien para intercalar con otras novelas.

En conclusión, deseando espero la tercera parte. 🙂 (Gracias a Pedro por prestármelas).

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
Recomendación
  • Leer las dos partes seguidas, ya que tienen mucha relación. Si se espera mucho podríamos perder el hilo

Namaste.

Autor, Literatura, Martin

Canción de hielo y fuego I: Juego de tronos

Es complicado hablar de una novela tan conocida como esta sin resultar repetitivo. ¿Qué decir de un libro del que se ha dicho tanto?

Portada del primer libro de Canción de hielo y fuego
Portada del primer libro de Canción de hielo y fuego

Complicado.

Pero bueno, empecemos por el principio. ¿Cómo acabó esta novela en mi lista de 50 libros? Pues porque era vox populi lo bien que estaba la saga, lo recomendable que era leerla.(Tenéis un ejemplo en el blog de Isi, ¡pero hay montones más!) Así, por mera curiosidad, lo apunté en mi Plan Infinito. Posteriormente, y a raíz de la emisión de la serie, muchas personas cercanas se animaron a empezar el libro. Y ahí fue donde me picó la curiosidad.

¿Qué tiene este libro que no tengan otros? ¿Por qué gusta tanto?

Como viene siendo habitual, inicié la lectura tratando de saber lo menos posible del argumento. Sabía que un componente elemental era la fantasía, eso sí, pero poco más de la historia. Ni lo sabía entonces ni quería enterarme.

La narración se basa en la alternancia entre varios personajes. Simplemente, el autor pone el nombre del personaje que protagonizará el capítulo, y así va pasando de una historia a otra.

Este modo de escribir consigue que el lector quiera seguir leyendo: si de repente sucede algo interesante con los Stark, Martin nos maltrata teniendo que pasar varios episodios en los que no les mencionen. De este modo, cuando una historia se estanca, hay otras que van floreciendo y así, se alteran los momentos en los que unos son más interesantes que otros.

Sin embargo, este hecho no significa que el autor se base exclusivamente en los diálogos, sino que consigue un equilibrio entre las descripciones y la acción. Esta es la base de la novela: engancha, es entretenida, está bien escrita. Aunque determinadas situaciones son previsibles, conseguimos quedarnos pegados a las páginas del libro porque en cierto modo, nos mantenemos unidos a ese elenco de personajes variopintos a los que querer y odiar, con los que uno siente lástima y asco.

La sensación, desde el inicio, es como la del espectador que pilla a medias una conversación entre dos personas. No sabe bien de qué hablan, ni quiénes son, pero el lector va captando la información que surge en el diálogo. Después, cuando uno conoce más lo que pasa a continuación, cobra sentido aquélla profusión de nombres, datos y conspiraciones: ahora sí que disponemos de toda esa información. Probablemente releer el libro nos dé muchas más pistas y satisfacciones, porque podamos comprobar de buena mano lo inteligente que es este escritor.

Nada está hecho porque sí, nada es casual, las menciones de las primeras páginas serán detonantes de futuras tramas, será información útil. Parece como si Martin primero decidiera cómo es el mundo que ha creado, por dónde se iban a ir los acontecimientos para después plasmarlo en el papel paso a paso.

Y si lo que os echa para atrás es que la novela sea de fantasía, os diré que me ha sorprendido lo real que es: es decir, si en El señor de los anillos los personajes estaban al margen de las realidades que comúnmente nos asaltan a los mortales (sí, les preocupaba el poder y tenían sentimientos humanos, pero en Juego de tronos se va más allá) aquí el mundo es mucho más terrenal: hay problemas de dinero y de liquidez, los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos; es decir, si en otras historias la diferencia era clara, abismal: la brutalidad de los orcos contra la belleza de los elfos, aquí los personajes son más humanos. Como en la vida real lo que hay son conflictos de intereses.

A partir de aquí las pegas que le encuentro al libro: la traducción, que deja mucho que desear, una edición deficiente teniendo en cuenta la de tiempo que ha pasado desde que se publicó la primera edición, lo planos que son muchos de los personajes y la crueldad a raudales que aparece inesperadamente.

En definitiva, es una novela muy entretenida, que engancha, y que aunque personalmente considero que le sobran páginas cuando acabas simplemente quieres coger el segundo tomo para ver qué pasa a continuación. Porque como habréis deducido, para saber qué ocurre hay que seguir leyendo.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Engancha y entretiene.
  • Imágenes de esas que se quedan clavadas en la retina. Ay.
Contras
  • La traducción: limitada, pobre y repetitiva.
  • Para mi gusto, demasiada violencia.

Namaste.

Autor, Higgins, Literatura

Los amigos de Eddie Coyle, George V. Higgins.

En ocasiones los inicios de las novelas se pueden hacer lentos. Bien porque sean introductorios, bien porque abunden las descripciones, en ambos casos se da la circunstancia de que las primeras páginas son más pausadas con el objeto de encuadrar lo que vendrá después.

Portada de los amigos de Eddie Coyle, de George V. Higgins
Portada de los amigos de Eddie Coyle, de George V. Higgins

Pues bien, esta regla se rompe en mil pedazos cuando tenemos en nuestras manos Los amigos de Eddie Coyle. Desde el primer momento se nos sitúa en la acción, asistimos casi sin darnos cuenta al germen de lo que posteriormente será la trama. Pero es que además Higgins lo hace en los primeros capítulos, sin siquiera adelantarnos el nombre de los protagonistas, sino sólo un adjetivo para distinguirlos.

Posteriormente el autor sí que nos aporta el nombre de cada uno de los personajes. Pero sólo eso, porque las descripciones son escasas, más bien todo juega en nuestra imaginación. Para contrarrestar esta posible laguna, además de que los diálogos son constantes, se conciben como diálogos reales, sin farsas, sin exageraciones, como si se estuviera copiando lo que dos personas dicen por la calle. Porque eso es lo que precisamente es esta novela: de la calle, en la que se narra los bajos fondos del tráfico de armas, el ir y venir de las negociaciones, además de los intentos de la policía por frustrar cada uno de los intentos.

Los diálogos rápidos y asimismo, el hecho de que los capítulos (sin excepción) sean cortos, hace que la novela tenga mucho dinamismo. Que el lector quiera saber qué ocurre a continuación, qué le pasa a Eddie Coyle y a sus amigos.

Hay que reconocer que la historia es compleja hasta que se le coge el tranquillo: hay una gran variedad de personajes, acciones distintas y cosas que desconocemos. Sin embargo, conforme se va avanzando, al final el lector consigue sacar la visión global que buscaba el escritor. La sensación es que, miremos donde miremos están ocurriendo situaciones importantes que de algún modo influirán en el devenir de los acontecimientos. Por este motivo hay que estar atento y no perder de vista ningún detalle. Aquí nada es lo que parece.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Atraco perfecto, Lionel White.
Pros
  • Los diálogos brutalmente reales.
  • Dinamismo desde la primera página.
Contras
  • El inicio, que es algo inconexo.
  • Como siempre, evitad leer el prólogo al inicio del libro.

Namaste.

Autor, Balzac, Literatura

Eugenia Grandet, Honoré de Balzac.

Es necesario acercarse a los clásicos. Imprescindible, diría yo. Y lo es precisamente para comprender por qué ahora la literatura es como es, para darnos cuenta de que, con contadas excepciones, no está nada inventado.

Por este motivo Honoré de Balzac acabó en mi lista de 50 libros para leer antes de los 30.

Portada de la edición conjunta de "Eugenia Grandet" y "Papá Goriot"
Portada de la edición conjunta de "Eugenia Grandet" y "Papá Goriot"

El hecho de empezarlo a leer fue otra historia. De repente, un día por la mañana me giro y miro a la estantería. Veo el lomo de tono morado que incluye dos obras de Balzac y me digo a mí misma que he de leerlo ya. Así fue cómo esta lectura se coló en la lista que tenía prevista a corto plazo.

Un lector es capaz de reconocer distintos tipos de novelas: algunas se centran en la acción, otras en un particular estilo del autor y otras en la caracterización de los personajes. Esta novela es del último caso.

El autor comienza a narrarnos la historia de una forma tímida, muy poco a poco, para que nos vayamos habituando a los personajes y a los acontecimientos que se van desarrollando.

Con un lenguaje muy rico y preciso, Balzac pasa por distintas fases a la hora de narrarnos la trama. Si al principio se trata de un observador imparcial situado al margen de valorar los asuntos que se tratan, después pasa a ser un narrador apasionado de las historias que nos cuenta. Y esta historia no es sino la de Eugenia, una joven casadera hija de un rico tonelero con el que varias familias se quieren emparentar.

Pero si algo destaca de esta novela es el personaje del avaro padre de Eugenia, que ejemplifica en una sola persona todas las características de dicho adjetivo. Novela barroca, rica en matices, conjuras y palabras veladas, Eugenia Grandet no es sino una novela que consigue que el lector se quede con la sensación de la marca indeleble del personaje del padre. Es tan vívido que desespera, que rellena todos los huecos que pudieran tener las palabras ruindad y avaricia.

Os dejo aquí un pequeño ejemplo de uno de los diálogos:

  • ¡Qué gusto tener unos parientes así!

  • Sí, sí, aunque no lo parezca -respondió Grandet- soy un buen pa… pariente. Amaba a mi hermano y lo demostraré si no me cuesta dinero…

  • Vamos a dejarlo, Grandet- le dijo el banquero interrumpiéndolo dichosamente antes de que terminara su frase – Si adelanto mi partida, es preciso que ponga en orden algunos asuntos.

  • Bien, bien. Yo mismo, en re… relación a lo que usted sabe, voy voy a rerereretirarme a mi cuar…to de dedededeliberaciones.

Es complejo atravesar el tiempo y la distancia y conseguir que un lector del Siglo XXI se ofusque ante las conversaciones del padre, o que tenga ganas de sacudir por los hombros a la ingenua de Eugenia, que se lamente por la red de araña que crea para conseguir sus planes… y sin embargo, lo ha conseguido.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El personaje de Grandet, que crece en dimensiones según vamos leyendo más.

Contras

  • El inicio se hace algo lento.

  • La traducción es argentina y algunas palabras resultan extrañas.

Reto 50 libros

  • 4 de 50.

Namaste.

Autor, Literatura, Nothomb

Ordeno y mando, Amélie Nothomb.

Año nuevo, vida nueva, dicen. No voy a llegar a tanto, pero, en ocasiones, cuando termino un libro me pasa por la cabeza que lo mismo podría despellejarlo que no. En muchas ocasiones no lo hago: despellejo cuando está en el lado oscuro. Pero sin embargo, hay muchas que no me convencen. Que podría hablar bien o mal, según lo que quisiera reflejar en lo escrito.

 

Portada de "Ordeno y mando", de Amélie Nothomb.
Portada de "Ordeno y mando", de Amélie Nothomb.

¿No os ha ocurrido nunca? ¿No habéis leído novelas que no eran nada del otro mundo? ¿Que se quedaban en lo grisáceo, con la seguridad de que dentro de un tiempo no sabríais decir de qué trataban?

 

Pues bien, he decidido probar a hacer eso mismo: hablar bien y mal al mismo tiempo. No miento ni en una ni en otra opinión, son más bien la separación de mis dos mitades. Una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

 

 

Dr. Jekyll

Si un invitado muere repentinamente en su casa, sobre todo, no avise a la policía. Esta es la recomendación que le hace un conocido a Baptiste Bordave.

 

Quién sabe si por el destino, la casualidad o la fatalidad, al día siguiente de tener esta conversación, una persona fallece en su casa. ¿Y qué hace nuestro protagonista? ¿Seguir a rajatabla el consejo? Sí, pero es que además va más allá: decide intercambiarse por el muerto. De buenas a primeras, Bordave pasa a ser de un solitario pobre a un ricachón que posee una villa y una mujer.

 

Nothomb consigue enganchar al lector desde la primera página, al sorprender con la trama inicial, al inocularnos el gen de las ganas de saber más, qué pasará, cuándo y por qué.

 

¿Con quién se ha cambiado Bordave? ¿Qué secretos tiene? Desde el momento en el que el protagonista sale de su casa con ganas de ser otra persona se crea una trama a medio camino entre una novela policía y las novelas a las que nos tiene acostumbrados la belga.

 

Porque es claro que, antes o después sucederá algo que haga desenmascarar al protagonista, abandonar su sueño del cambio de vida; pero al mismo tiempo Nothomb consigue que sintamos lástima por él, que nos pongamos en su lugar, que nos planteemos cómo sería un cambio de vida. Esto lo intercala con sus frases críticas (que más bien parecen autocríticas) que van floreciendo a lo largo de toda la historia.

 

Así, la autora consigue, como siempre, una novela muy dinámica, plagada de diálogos, en la que uno se pone a leer un rato y acaba leyéndoselo casi entero. Porque otra de las cosas que caracterizan las novelas de Nothomb es que sus novelas, sean autobiográficas o no, siempre son muy cortas, novelas con las que evadirse de las preocupaciones y que se pueden leer de una sentada.

 

 

Mr. Hyde:

 
Nothomb consigue un buen punto de partida: un muerto y un intercambio de vidas.

 

Lo confieso: es un inicio prometedor. ¿Qué pasará? ¿Cómo se darán cuenta de que se ha cambiado de vida? Teniendo en cuenta que el librillo tiene poco más de 150 páginas no se puede andar por las ramas… ¿verdad?

 

Sí y no. Se pasa rápido pero no porque interese en demasía lo que nos cuenta, sino porque según vamos pasando las páginas (esas páginas con un tamaño de letra gigante) esperamos que suceda algo, que nos muestre alguna cosa, que haya más trama aparte de la inicial.

 

Y de repente, llegas al final. Y te quedas mirando la página en blanco que llega justo cuando se termina el libro. La miras. Sigue en blanco. Luego lees la siguiente: “Impreso en Sant Boi de Llobregat”. Y te preguntas ti mismo si ese es el pueblo en el que nació Pau Gasol. Pero después te das cuenta de que no deberías estar preguntándote eso, así que te dices a ti mismo: ¿pero cómo, ya se ha terminado? ¿Así de repente? Y te das cuenta que has leído una historia que probablemente ni recuerdes cuando te dé por escribir la reseña.

 

Al final, vuelves a mirar la portada. Y entonces, por fin, en voz alta, preguntas: Amélie, ¿eres una buena novelista o cuentas muy bien tu historia? Me temo que es lo segundo, así que tienes un problema. Sí, lo tienes. Porque una vez que cuentes todas las cosas extravagantes que te han sucedido en la vida, estás vendida. Tus lectores seguirán esperando tus libros y poco a poco, se darán cuenta de que lo de inventar se te da mal.

 

Después te verás obligada a comentar cosas que te contaron que le pasó a otra persona, pero para que la coja enganche al lector dirán que te pasaron a ti; y a partir de ahí la cosa no mejorará, porque tus lectores se darán cuenta de la farsa. Se darán cuenta de que inventando pierdes la chispa, te quedas a medio camino, no consigues embaucar al lector con las frases extrañas que se te pasan por la cabeza. No los haces reír. Simplemente consigues que te lean porque tus novelas son cortas, se leen rápido y no eres tonta. Sabes que no aguantarían libros con tres tomos, como los de otro escritor japonés, o que la profusión de descripciones te pone en evidencia.

 

Eres una autora de diálogos, de personajes raros, pero sobre todo, de historias cotidianas. No puedes ser como los demás, no puedes inventarte una búsqueda de un carnero por el medio de un bosque o que un personaje se vaya a un mundo ficticio lleno de podredumbre.

 

Tú eres una escritora de lo cotidiano: de las relaciones humanas, del amor, del trabajo, de todas esas cosas que nos pasan a los que no escribimos. Cogemos tus libros para dejar de pensar en lo que tenemos por la cabeza, para ver qué ideas se te pasan por la mente. No para leer tramas que mezclan la novela negra edulcorada con tus diálogos de siempre, porque no cuela.

 

Así que no, querida Amélie. No me convences en esta faceta. Eso sí, leeré tus libros autobiográficos, que a estar como una chota no te gana nadie.

 

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Se lee rápido.
Contras
  • Se queda en lo grisáceo. Ni entretiene ni divierte demasiado.

 

Namaste.