Leer un libro del que vamos anotando muchos fragmentos y páginas es siempre una muy buena señal. Lo atípico es hacerlo desde las primeras páginas.
Antes siquiera de conocer de qué trataba este libro marqué este fragmento:
Durante unas semanas, vivió en un estado de aturdimiento, como el aturdimiento que sigue a una herida antes de que el dolor asome abriéndose paso lenta pero implacablemente por entre la cerrada niebla analgésica.
(…)
Las cosas no sucedieron como él había imaginado, por supuesto. El bache no solo había desestabilizado el matrimonio; lo había obligado a tomar un camino totalmente distinto, un camino que no era sino un largo rodeo que no iba a ninguna parte, un camino en el que él no pintaba nada y por el que, de vez en cuando, todavía hoy tenía la sensación de transitar.
Página 17
La cosa se acentuó cuando llegué a la página 19 y me encontré con ésto:
Recuerdo a mis hijos de bebés, sentados en la trona y tirando cosas solo para verlas caer al suelo, actividad que les resultaba tan placentera como terribles eran sus consecuencias. Se quedaban mirando lo que hubiera caído -una galleta a medio comer o una pelota de plástico- cada vez más nerviosos ante la incapacidad de la cosa para regresar. Al final se echaban a llorar, y por lo general se encontraban con que el objeto en cuestión volvía a ellos por la vía del llanto. Siempre me sorprendía que su reacción a esa cadena de acontecimientos consistiera en repetirlos: en cuanto tenían el objeto en las manos, volvían a tirarlo inclinándose hacia delante para ver cómo caía. Su regocijo no disminuía nunca, y su angustia tampoco. Yo siempre esperaba que en un momento u otro se dieran cuenta de lo innecesario de su angustia y se decidieran a evitarla, pero nunca ocurría. El recuerdo del sufrimiento no surtía efecto alguno en su decisión: al contrario, los obligaba a repetirla, pues ese sufrimiento era la magia que obraba el regreso del objeto, lo que les permitía volver a experimentar el placer de tirarlo.
Vaya. Cojo aire y continúo leyendo esa prosa hipnótica, que fluye sin que te des cuenta, sabiendo lo poco que conocemos de una narradora: una británica que acude a Atenas a impartir un curso de escritura. Una mujer con un matrimonio a sus espaldas y varios niños. Hasta ahí.
Sin embargo, A contraluz nos enseña precisamente eso: las sombras de los personajes que se encuentran con la mujer y que se abren en canal, mostrándole sus miedos y vivencias. Así, la temática varía desde el desamor o la felicidad hasta la búsqueda del individuo, la duda, la creatividad o la dificultad para sentirse cómodo en la piel de uno.
La persona que se sienta a su lado en el avión, sus alumnos o algunos de los profesores que coinciden con ella en el curso comienzan a contarle aspectos de su pasado, como si el hecho de hablar con una desconocida supusiera el abandono de los prejuicios o la sensación de sentirse juzgados, de modo que se acrecienta sus ganas de contar sus sentimientos y recuerdos.
Palabras y más palabras. Palabras que se deslizan y se nos escurren de las manos. Palabras que fluyen empujadas por la prosa de Cusk, potente para meternos en el cuerpo el gusanillo de seguir leyendo pero invisible. Sabemos que la autora se mide y se contiene, que controla el uso de las palabras y las temáticas para conseguir el mayor impacto posible. A contraluz es uno de esos libros difíciles de describir pero de los que notas, como la capa de invisibilidad de Harry Potter, lo llevas encima, te cala, está ahí aunque cuando termines el libro no sepas bien ni quién te contaba la historia ni cuál era la trama.
Quizá todo esté ahí: las palabras en forma de siluetas que reflejan una sombra en la pared. La sombra de los personajes y sus dudas, y una narradora que resulta ser la catalizadora de todas las personas con las que se encuentra. Y páginas y páginas de fragmentos subrayables.
Gracias a Libros del Asteroide por el envío.
FICHA:
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Tras leer Rojo y negro, parece obligada acometer la lectura de esta historia. Tanto, que lo adquirí poco tiempo después (hace una cantidad tan grande de años que omitiré para que nadie me tache de acumuladora de libros). En fin: llegado el verano, aproveché para seguir la tradición y escoger un tocho para leer. Tocó este. Así, lo paseé por la geografía española, de playa en playa, de isla en isla, de piscina en piscina, siempre en mi bolso. Lo saqué en el aeropuerto, lo llené de arena, vi cómo unos lectores franceses se daban codazos al leer el título, se mojó con las gotas del Océano, hasta doblé sus páginas. (¡Yo, que soy pulcra con mis libros, al ver que no me quedaban más post-it y que el libro no era demasiado salvable!)
Como ya conté en su momento, llegué a la Feria del Libro dudando sobre si comprar este título. No sabía si se trataba de otra estrategia publicitaria que hacen que después me tire de los pelos por haberme gastado el dinero en él. Después Jon Bilbao lo recomendó y me terminó de convencer.
Cory MacLauchlin (Virginia, Estados Unidos). Graduado en inglés, imparte clases de Literatura Americana y escritura. Tras el huracán Katrina se dedicó a recuperar documentación con la que terminaría publicando
Probablemente yo sea de las pocas que no leyó Intemperie en su momento, pero que quería probar con el autor y por eso
Dejé pasar el asunto, me alejé del libro, pero aún así de vez en cuando el gusanillo que se suele esconder al fondo, que pasa desapercibido un tiempo pero que de repente se vuelve a manifestar, recordando que no se ha ido de ahí en todo ese tiempo.
Hay otras novelas, otras historias, que desde el primer momento prometen ser un páramo donde sopla fuertemente el viento, donde nos huele a quemado desde el principio. Hay algo en el ambiente que nos hace desconfiar. Las de
Jon Bilbao (Asturias, 1972): titulado como Ingeniero de Minas, su primera obra literaria fue en el ámbito del relato, para después saltar a la novela con El hermano de las moscas (2008, Ed. Salto de Página). Desde 2005 ha obtenido numerosos premios que han situado a Bilbao como uno de los nuevos nombres de la literatura española. Su último libro de relatos es Estrómboli (2016, Impedimenta).