Literatura

Feliz Día del Libro

Hoy es 23 de abril.

Un 23 de abril extraño. Lejos queda la posibilidad de disfrutarlo acudiendo a librerías, saliendo a la calle, disfrutando de una jornada diferente de eventos culturales, firmas y sonrisas de complicidad.

Este Día de Libro es atípico y raro, exactamente igual que los tiempos que vivimos. Momentos en los que lo que dábamos por hecho ahora nos parecen lejanos, casi irreales.

Aún así, es 23 de abril. Y podemos disfrutarlo revisando nuestras lecturas, escogiendo un nuevo libro, haciendo una lista para comprar cuando todo esto acabe. En definitiva, leyendo.

Un libro es un buen refugio en momentos inciertos. Tan sólo hay que escoger el libro correcto.

Celebremos los libros. Acerquémonos a nuestra balda de pendientes para escoger uno de ellos. Tratemos de olvidar, aunque sea por un momento, lo que nos rodea.

Dia-de-libro

 

Sonriamos ante las historias que nos quedan por leer. Y sigamos. Con fuerza, con ánimo, con paciencia.

Feliz Día del Libro.

Namaste.

Autor, García Márquez, Literatura

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

Cuando hace más de una década terminé de leer esta genialidad de la literatura hispanoamericana, sabía que en algún momento de mi vida tenía que releerla.

Esperé mucho, quizá demasiado. La eterna lista de libros pendientes me hace releer menos que lo querría, siempre en busca en leer más libros nuevos y aparcar la idea de leer otros que ya conozco. Además, tampoco tenía una edición acorde. Hasta que, claro, me topé con esta, la edición conmemorativa con motivo de los 50 años de la publicación de la novela:

Cien-años-de-soleda

 

Admito también que una parte de mí temía que no me gustara. Que de repente, Cien años de soledad se cayera de la lista de mis libros favoritos (ese puñado que menciono de carrerilla siempre que me preguntan), que la nueva lectora que soy apreciara otros detalles o pensara que no era para tanto.

Al final, ¿qué recuerdas de un libro? Las sensaciones que te produjo, los momentos en los que te dejó el corazón desgarrado, la emoción al terminarlo. Y como todo recuerdo, ¿y si había idealizado una lectura que no era para tanto?

Leer de nuevo esta genial novela me ha llevado a detenerme en detalles que había perdido la primera vez. También esperar algunos acontecimientos y recordar otros de los que había olvidado.

Al igual que la primera vez que lo leí, me sorprende lo ágil que es, lo poco que se detiene en descripciones, cómo Gabo fue capaz de saltar una década en una semana, comenzar una página hablando de una guerra y al final de la página describir algo totalmente distinto. El juego entre la multitud de personajes, pero ser capaz de que cada uno de los Buendía sean diferentes y reconocibles. Y por encima de todo, la soledad, la melancolía de los personajes, que les ampara y ciega.

Había llegado a la vejez con todas sus nostalgias vivas.

Página 269

Lo bonito de Cien años de soledad es el discurrir del tiempo. Conocer cómo funciona la vida en Macondo: sus aguaceros que duran cuatro años, dos meses y dos días. La aparición de una amnesia colectiva hace que se olviden de los nombres de las cosas. Y por supuesto, los presagios, que acompañan toda la lectura:

Eran inútiles sus esfuerzos por sistematizar los presagios. Se presentaban de pronto, en una ráfaga de lucidez sobrenatural, como una convicción absoluta y momentánea, pero inasible, En ocasiones eran tan naturales, que no los identificaba como presagios sino cuando se cumplían. Otras veces eran terminantes y no se cumplían. Con frecuencia no eran más que golpes vulgares de superstición. Pero cuando lo condenaron a muerte y le pidieron expresar su última voluntad, no tuvo la menor dificultad para identificar el presagio que le inspiró la respuesta:

– Pido que la sentencia se cumpla en Macondo.

Página 130

En cuanto a esta edición, que firma Penguin Random House está ilustrada por Luisa Rivera, tiene tapa dura y es propia de coleccionista. Aunque en la primera edición no se incluía ningún árbol cronológico, tenemos la suerte de que en posteriores sí, así que evitamos hacer los consabidos esquemas:

CADS-2

 

No os voy a mentir: Cien años de soledad es un libro especial. Me ha gustado mucho releerlo, pero lo he bajado del olimpo en el que sitúo a mis favoritos. ¿O será simplemente que los demás no los he releído y aún no han corrido esa misma suerte?

En cualquier caso, tanto si lo habéis leído como si no, os invito a acercaros a su lectura, esa que comienza…

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Página 13

Namaste.

 

 

Autor, Literatura, Lorenzo

Los asquerosos, Santiago Lorenzo

Junto con El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac, este que os traigo hoy fue uno de los libros aclamados por crítica y público durante todo 2019.

Mi intuición o mi sexto sentido que piensa mal de este tipo de libros que aparecen por las redes sociales durante una etapa y después se evaporan me hizo huir. Pensar que lo que habría detrás no era más que una buen plan de marketing. Fueron varios los que hicieron pensar que sí, que mi intuición estaba acertada, uno de ellos fue Gabriel.

Los-asquerososPero ya veis, mi curiosidad acabó, como muchas otras ocasiones, convenciéndome de que lo tenía que leer.

La cosa olía a cuerno quemado desde la primera página. El primer capítulo ya me hizo subir una ceja y arrugar el morro más de una vez. El estilo, la sobreactuación del vocabulario, el eterno exceso de estilo rico que mencionaba Magrinyà, la sensación perenne de que nada de lo que ahí se dice tiene algún tipo de sentido, sino que todo está escrito por lor del grandísimo escritor. Os dejo un ejemplo:

Era de curiosidad excitable. En la tesitura imaginaria de que un tribunal avieso le hubiera sentenciado a morir fusilado, Manuel se habría llevado el consiguiente disgusto, no diré que no. Pero un vertebrado como este, por otro lado, sí se habría sentido positivamente estimulado ante la expectativa de comparecer ante una experiencia incontrovertiblemente novedosa, y cuyas ocasiones de probar no son abundantes.

Página 11

La situación de partida de la novela ya es bastante increíble en sí misma: durante una manifestación, un chaval le clava un destornillador a un antidisturbios que le intimida al salir a tirar la basura. Total, el protagonista decide huir dando por hecho que lo ha matado, y acaba en un pueblo deshabitado de algún punto de Castilla.

En Zarzahuriel había entendido que su zoquetería para hacer amigos era la plasmación proyectiva de su ansia por estar solo, de cuya latencia ni sospechaba. Su impericia para la amistad revelaba en el transfondo su querencia oculta por estar a lo suyo y sin ver a nadie. Dificultades para la traba de relaciones que le avisaban de que no las demandaba.

Página 102

Así continua la historia durante la primera mitad: frases rimbombantes que no llevan a nada, alegoría de la soledad y de vivir en el campo (pero claro, la compra la hace en la ciudad) y después más subordinadas y muchos, muchos adjetivos, que se vea que Lorenzo de eso controla.

Por supuesto, incluye valoraciones personales de lo rural, lo austero y lo bonito que es vivir y valorar el campo (pero oye, todas las cosas que se le suministran son, obviamente, vía ciudad), aunque bien es cierto que no llega a caer en lo bio, lo eco y el veganismo. Una pena, me quedo sin poder acceder a ese círculo del infierno.

Hacia la mitad de la historia estuve tentada de abandonarla. De tirarla lejos, ahuyentar los malos espíritus literarios, que andaban los pobres revolviéndose en sus tumbas (sabemos de algún incidente en Père Lachaise) pero, tozuda de mí, continué. Lo que me encontré después justifica el título: porque la soledad autoimpuesta y disfrutada de Manuel se ve alterada por unos vecinos que deciden huir de la gran ciudad para pasar los fines de semana de campo. O bien, dicho en una palabra: domingueros.

Sentían un patente horror al silencio. No sabía estar sin hacer ruido, como si necesitaran la constante confirmación de que estaban presentes allí y en ese momento. Si el miedo al silencio es de gente acobardada de sí misma, estos vivían en el pasaje del terror.

Página 128

Personajes odiosos, cuñados de manual. Se les reconoce rápido, cuando hablan y también cuando llegan. Forasteros que nos hacen suspirar a los que vivimos alejados de las urbes, para Los asquerosos, la denominación es La Mochufa.

Dejaban las luces encendidas por todos sitios. Daban la luz hasta para buscar el interruptor de la luz. (…) Hablaban muy adscritos a fórmulas predeterminadas “recargar las pilas”, “escapada”, “momentazo”, paquetillos verbales a base de fraseo prestado, botes de caca semántica consensuada que se recambia década a década.

Página 131

En esta segunda parte he podido encontrar los elementos que mencionaban los lectores a los que les habían gustado el libro: el sarcasmo y el humor negro.

Sin embargo, el estilo sigue siendo el mismo. Absurdo, exagerado y sin llegar a ningún punto. Un rastro de palabras que dan vueltas en sí mismas sin descripciones ni aportar absolutamente nada a la historia.

La trama es prácticamente nula (thriller estático, según viene en la contraportada, decidme si alguien entiende ese concepto). Una historia plana, simple y exagerada a la vez que parte de un punto muerto para no moverse del sitio.

Siento ser yo la que lo diga: no hay más cuñado ni más Mochufa que un urbanita que va a un pueblo para enseñarles lo bueno que es vivir en un pueblo. Manuel siempre será un forastero en Zarzahuriel, un okupa que se cree con derecho divino de habitar esa tierra.

Y si Los asquerosos es una de las novelas del año, como avisan en la faja, no me quiero ni imaginar cómo será la peor.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Fin, David Monteagudo.
Pros
  • La segunda parte de la historia.
Contras
  • Estilo sobrecargado y absurdo que no tiene sentido.

Namaste.

 

Autor, Hustvedt, Literatura

Todo cuanto amé, Siri Hustvedt

Regreso a Siri Hustvedt leyendo una de sus novelas más famosas y tras haber leído El verano sin hombres y Los ojos vendados.

Tenía muchas ganas de leerla, así que en cuanto lo compré, a principios de este año, y enseguida me puse con él.

La historia comienza así:

Ayer encontré las cartas de Violet a Bill. Su dueño las tenía escondidas entre las páginas de un libro y al abrirlo cayeron al suelo.

Página 11

Todo-cuanto-améEl inicio es toda una declaración de intenciones ya que con dos frases adelantar cómo va a funcionar durante las cuatrocientas páginas que quedan por leer.

Por un lado tenemos al narrador: un amigo de Bill que va incorporando nueva información a los recuerdos de los que dispone. Además, el uso de los saltos temporales, utilizados para situarse en pasado o presente según le interese a la autora.

El resto, las temáticas propias de Hustvedt: el amor, la amistad y la evolución de la relación de pareja. También las reflexiones personales sobre las expectativas, las dudas e incertidumbres.

Percibí en nuestro abrazo una tristeza imposible de disipar, una amargura que nos invadía a los dos, y creo que aquella noche nos compadecimos de nosotros mismos como si en lugar de ser ella y yo hubiéramos sido dos extraños que observaran a otra pareja tendida en la cama.

Página 224

La prosa de Hustvedt destaca por el equilibro fuerza y sutileza. Es una escritora directa, deja claro adónde se dirige y cómo lo quiere hacer, pero también es capaz de narrar pasajes con una elegancia y un sentimiento verdaderos, momentos brillantes que van destacando capítulo a capítulo:

Las historias que relatamos sobre nosotros mismos sólo pueden narrarse en pasado. El pasado se remonta hacia atrás desde donde ahora nos encontramos, y ya no somos actores de la historia, sino espectadores que se han decidido a hablar. En ocasiones, el rastro que dejamos se ve señalado por guijarros como los que Hansel dejaba a su paso. En otras, el rastro desaparece porque los pájaros han descendido al alba y han devorado todas las migajas, La historia vuela sobre las lagunas, rellenándolas con las hipotaxis de un y o un y entonces.

Página 484

Hustvedt va más allá de ser una escritora de lo íntimo, ya que aunque relata los pequeños  eventos de los personajes (sus crisis, sus dudas y sus alegrías), es capaz también de tener una visión más global y profunda en la que entran en juego el paso del tiempo y las reflexiones de los personajes, llegando a crear una doble trama micro-macro. Ambas realidades se contraponen, se combinan y avanzan a la par, y así, al final, conseguimos una visión completa de ellas.

La verdad es que esperaba más de esta historia. O quizá otra cosa, sobre todo tras leer opiniones tan elogiosas como la de Moli, Me ha gustado mucho, sí; y sigo queriendo leer más obras de la autora, pero hay algo que se me escapa y que no me ha acabado de convencer. No sé si parte de los motivos es que se estanca hacia la mitad de la historia y parece que no avanza la trama, o si no leí la novela demasiado de seguido y me perdí detalles que habrían sido importantes. No sé pero algo me ha faltado para ser redonda.

De momento, tacho el libro de mi libreta de pendientes y leeré Recuerdos del futuro (que sí tengo en casa), antes de hacerme con Elegía para un americano.

Si la habéis leído o conocéis más a la autora que yo, no dudéis en dejarme un comentario.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La brillantez al desplegar la trama.
  • Las nuevas ediciones de los libros de Husvedt que ha publicado Seix Barral. (Algo me dice que si hubiera tenido alguno de estos en Anagrama mi TOC estaría sufriendo).
Contras
  • En la mitad del libro me dio la sensación de que la trama decaía, llegando a aburrirme.
  • Confusión entre los nombres de los personajes.

Namaste.

Boschwitz, Literatura

El pasajero, Ulrich Alexander Boschwitz

Me acerqué a El pasajero (Sexto Piso, 2019) igual que lo hago a todos los libros ambientados en la Segunda Guerra Mundial: anotándolo.

El-pasajeroLa frase anterior incluye un error temporal, porque en esta novela no aparece ningún conflicto bélico. Eso sí,  es 1938 y se cierne sobre los judíos la amenaza nacionalsocialista. Violencia, extorsión e incautación de bienes además del terror de los guetos y los campos de concentración.

El protagonista es Otto Silbermann, un judío rico que se ve amenazado desde varios frentes. Tras quedarse paralizado por momentos, decide malvender su empresa y con ese dinero abandonar Alemania para tratar de acceder a alguno de los países vecinos.

Como podréis suponer por el título, su sino es viajar y su huida se centra en concatenar  un tren tras otro (Berlín – Hamburgo – Berlín – Dresde – Dortmund), acompañado de la falsa esperanza de estar más seguro en movimiento y amparado por su físico que se asemeja más al ideal ario que al propio de su raza.

-¿Por qué los judíos toleran todas esas cosas? (…) ¿Por qué no oponen resistencia? ¿Por qué sólo huyen?

– Si fuéramos románticos (…) difícilmente habríamos sobrevivido los últimos dos milenios.

-¿Es tan importante sobrevivir?

– ¡Es importante! Sobrevivir significa superar, vencer. No tiene mérito alguno arrojarse a la primera grieta con la que uno se tropieza en un glaciar, pero sin duda es muy meritorio vencer la altura de una montaña. Vivir requiere valor. Para suicidarse sólo hace falta desesperación.

Página 172

Son muchas las similitudes del personaje con el propio autor: él también era judío, de madre protestante y rasgos arios. Su padre luchó en la Primera Guerra Mundial y cayó en combate. Su familia fue despojada de todo lo que tenía. Boschwitz, como Silbermann, huyó de Alemania y sus pasos le llevaron, entre otros países, a Inglaterra. Tuvo un final triste: fue declarado extranjero enemigo y deportado a Australia. En 1942, cuando se le permitió que regresara a Inglaterra, el barco en el que viajaba fue torpedeado y murió a los 27 años.

Como podréis imaginar, conocer la sociedad y la situación de la Alemania nazi le hace conseguir una novela muy realista, directa y precisa y sin florituras estilísticas.

Lo que hace diferente a esta historia de otras del mismo periodo es, precisamente, que la acción se encuadre en el momento temporal de incertidumbre. Mientras que la mayoría de las novelas se centran bien sea en el conflicto bélico o bien en su finalización (batallas, campo de concentración, liberación, consecuencias personales…), aquí el autor escoge el momento anterior de incertidumbre en el que aún había margen para supervivencia. El momento justo en el que todavía tenía posibilidad de decidir si abandonar Alemania. La duda: ¿exageran todos aquellos que dicen que esto se va a poner muy feo? ¿No podré yo, con mis medios, tener un camino distinto al de mis conocidos? A fin de cuentas yo no soy mi vecino: soy más listo, más rápido y tengo más medios.

El protagonista es, por tanto, actor de su propio destino. Y esa diferencia consigue que, por un lado, tengamos una empatía con el protagonista (y unas ganas enormes de decirle que corra y salga de allí), pero también deja en su tejado la responsabilidad en la toma de decisiones, que va aparejada de la cuestión permanente de si está haciendo lo correcto en el momento idóneo y del consecuente sentimiento de culpa.

Boschwitz consigue lo que se propone: crea desazón e incomodidad, refleja el debate interno de una persona que sólo busca sobrevivir, pero que ve cómo su vida se va cayendo a pedazos.

Os dejo un fragmento que anoté en su día pero que en las circunstancias actuales tiene más vigencia aún:

Pero no, estuve año tras año sentado cómodamente en el despacho sin tener ni idea, creyendo que nada cambiaría (…)

Página 62

Y todo cambia, vaya si cambia.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  •  Con rabia, Lorena Mazzetti.
Pros
  • Cómo condensa el sentimiento de incertidumbre en el personaje: su lucha interna sobre qué acción tomar.
Contras
  • La desazón que provoca, la eterna sensación de tener el estómago encogido mientras dura su lectura.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (66)

Os traigo las nuevas incorporaciones de antes del confinamiento:

 

IMM-66

  • El obsceno pájaro de la noche, José Donoso (Alfaguara, 2018). Este libro lleva apuntado aproximadamente una década, pero no encontraba ninguna edición de él. Se lo vi a Gabriel y enseguida me anoté esta edición, que firma Alfaguara. Tanto la portada como el color que han escogido me parecen preciosos. Tengo muchas ganas de leerlo.
  • La muerte de Ivan Ilich, Lev Tolstói (Nórdica, 2019). Intenté hacerme con él en la Oda a Tolstói pero no lo tenían. Posteriormente me lo regalaron. Es una edición ilustrada con tapa dura que tiene muy buena pinta. No lo he leído, pero por lo que dicen los entendidos es una buena opción para empezar a leer al genio ruso.
  • Tolstói o Dostoievski, George Steiner  (Siruela, 2002). Cada año que pasa me gusta más acercarme a libros relacionados con literatura, sean biografías, correspondencia o ensayos de autores como éste. Como podréis imaginar sólo con ver los dos nombres de la portada sabía que tenía que ser mío. De nuevo me regalan lo mejor de cada casa.
  • El cuerpo, (Cegador (I)), Mircea Cartarescu (Impedimenta, 2020). La segunda parte de la trilogía Cegador tenía que venir a mis estantes lo antes posible. Una portada preciosa, edición cuidada, marca de la casa, que va directo al estante con sus compañeros hasta que lea la primera parte.
  • Ni siquiera los muertos, Juan Gómez Bárcena (Sexto Piso, 2020). Del autor he leído tanto Kanada como Los que duermen y ambos me encantaron y me dejaron con ganas de más. Las circunstancias han hecho que no se haya podido celebrar la presentación. Esperemos que cuando todo vuelva a la normalidad pueda llegar a escuchar al autor hablando de este título. El envío corre a cargo de Sexto Piso.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de estos libros? ¿Tenéis lista de compra para cuando esto pase y os podáis acercar a una librería? Decidme que sí.

Sigamos leyendo.

Namaste.

Autor, Literatura, Porter

Lanny, Max Porter

Mucho se habla de los míticos inicios de novelas con los que arrancan algunos de los clásicos, como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Pero poco de aquéllos inicios que te horripilan, te inquietan o te perturban, parafraseando a una famosa adivina:

Papá Berromuerto despierta de la siesta que ha hecho de pie, ancho como una hectárea, y se rasca los posos soñolientos de bitumen, que brillan colmados por pegotes de basura líquida.

Página 9

Escogí Lanny de Max Porter cuando lo vi por redes sociales, avalado por haber sido finalista del Premio Man Booker Prize pero también de forma más o menos impulsiva, porque realmente no sabía nada de esta historia. En una de esas visitas a la librería en la que escoges un libro totalmente convencido pero te acabas llevando alguno más que no pensabas comprar.

LannyMi parte racional me decía que este libro no era para mí, que no había referencia fiable para comprarlo, que las novedades suelen acabar casi siempre en el listado de las lecturas que menos me gustan (no hay más que ver los balances lectores de cada año), que seguro que podía escoger otra novela de las que había disponibles en la librería, que incluso podía salir obviando este libro porque ya llevaba otros 3 así que no pasaba nada si se quedaba allí. Mi parte irracional estaba agitando maracas en un momento de colocón motivado por el olor a libro nuevo.

Lo compré.

Lo coloqué junto a sus nuevos compañeros en una balda, hasta que uno de estos días en los que no me podía concentrar en una lectura sesuda me acerqué para empezarlo.

Leí la primera frase, el primer párrafo y la primera pàgina, puse los ojos en blanco y dije:

Puaj. Qué leches es esto.

Esto, Lanny, el libro en cuestión, tiene como protagonista a un niño que vive en un pueblo de la campiña inglesa. Lanny es un niño muy especial, un niño sensible y mágico, un niño inteligente pero apartado de los chavales de su edad. Con una creatividad y una inteligencia fuera de lo común. Lanny es único.

El mejor amigo de Lanny es un pintor un poco raro, mirado como extraño en el pueblo, pero es sensible y tierno con el niño, le enseña a dibujar y pintar, le acompaña en días en los que los padres de Lanny están ocupados. Pete es un buen hombre, un artista incomprendido, un magnífico vecino.

Vale. No me digáis que esta historia no la habéis escuchado nunca: la chica que no es popular pero es inteligente, el vecino extraño que da miedo pero simplemente es huraño, el niño que no encaja en el colegio, la cheerleader y el quarterback.

Pues aquí lo mismo pero en el campo inglés y sin pompones.

Lanny es un crío absolutamente fantástico, sus padres unos padres normales: una madre abnegada que quiere mucho a su hijo y lo comprende, un padre que pasa de él porque no es lo que se esperaba.

La supuesta originalidad estilística de la historia es la inclusión de capítulos de Papá Berromuerto, un personaje tradicional del pueblo que se llevaba a los niños que se portaban mal. Vamos, el hombre del saco 1.0. En estos capítulos aparecen frases y fragmentos de conversaciones, agolpadas unas sobre otras, sin orden ni concierto ni orden temporal. Os dejo una fotografía de uno de ellos para que lo comprobéis por vosotros mismos:

Fragmento

 

El otro tipo de capítulos son narraciones en primera persona, separadas por un sigo + en el que cada uno cuenta lo que hace y piensa. Como son cuatro personajes los principales es fácil saber quién dice qué.

Unos y otros capítulos se intercalan, es un libro que se lee de corrido porque tiene mucho espacio y poca letra.

En resumen, hace exactamente lo mismo que Lincoln en el Bardo de Saunders pero sin la complejidad de los personajes y de las historias de aquel, con una sola línea argumental y con personajes tan burdos que parecen caricaturas de una película televisiva de bajo presupuesto.

La trama es previsible desde la primera línea. Sabemos que a Lanny le va a pasar algo desde que se mete por el bosque la primera vez. Sé ve claramente que Berromuerto tendrá un papel importante en aquéllo que le pase. Tampoco hay que ser muy listo porque hay cuatro personajes principales y Porter se encarga de dejarlo bien claro desde el principio.

Así que cuando lo terminas y lees en la contraportada este comentario:

Excepcional por su sobriedad y extravagancia.

The Guardian

Vuelves a decir:

Puaj.  Qué leches he leído y por qué no lo he tirado por la ventana.

Y hasta aquí el primer despelleje de 2020. Ya os adelanto que no va a ser el último.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Es corto. Se lee rápido.
Contras
  • Personajes arquetípicos, trama argumental muy floja.
  • Que el texto no esté justificado.
Otras opiniones
  • Gabriel, a quien sí le ha gustado la historia y que le ha encontrado una ternura que yo no he sido capaz de ver.

Namaste.

Autor, Butler, Literatura

Algo en lo que creer, Nickolas Butler

Con el paso del tiempo hay autores a los que recurro cuando me entero de que van a sacar algún libro nuevo. Literatura algo ligera pero siempre entretenida y de calidad: Maggie O´Farrell, Nell Leyshon o Nickolas Butler son tres ejemplos.

Algo-en-lo-que-creerDe Butler ya había leído Canciones de amor a quemarropa (2015) y El corazón de los hombres (2017) así que cuando Libros del Asteroide anunció que iba a publicar otra novela suya lo anoté en mi lista de la compra libresca yé y lo compré para leerlo cuanto antes. Mi intención, además de pasar un buen rato con la lectura, era comprobar si mis ganas por leer a Butler estaban cayendo en picado o bien había algún tipo de salvación posible.

Y es que mientras que la primera me pareció muy buena a El corazón de los hombres le saqué unas cuentas pegas, así que ¿me convencería esta tercera?

En Algo en lo que creer Butler centra la historia en el personaje de Lyle, un hombre a punto de jubilarse que vive con su mujer en un pueblo de Wisconsin. Su familia y su círculo cercano de amigos se ven sacudidos por dos problemas que desestabilizan su tranquila vida. Por un lado, el regreso de la hija y el nieto. La alegría del regreso al hogar paternal se ve eclipsada por la irrupción de Steve, pastor de una extraña congregación religiosa que comienza una relación con la hija. Por otro, la enfermedad de Hoot, amigo del protagonista, situación que le hace enfrentarse a una crisis existencial.

Ambos hilos confluyen en un tema raíz, tal y como lo adelanta el título: la fe.

Shiloh, la hija, comienza a cambiar hábitos para adaptarse a la congregación religiosa. El protagonista, escéptico, no ve con buenos ojos al cantamañanas de Steve. Además, la enfermedad incurable de su amigo le hará rememorar su vida, enfrentándole a una muerte que ve cercana.

Es un milagro, pensó. Todo ello. Es un sueño, es un sueño milagroso, sin duda, estar vivo, haber vivido.

Página 279

Todo esto, lo que surge después y cómo van actuando los personajes en el desarrollo de la trama no me ha acabado de convencer. La actitud tolerante de los padres frente a las decisiones de la hija, excusando, justificando o incluso alentando la fe extremista de ésta, (que llegan a participar en actos ceremoniales con los que no comulgan sólo para que ella no se moleste) son actos y posiciones con los que no conecto. Al no conectar no puedo sentir la empatía que busca el autor, así que me acabo saliendo de la historia, me es incompresible y por tanto, irreal.

Quizá en una sociedad como la norteamericana, o en determinados Estados o comunidades la trama que nos cuenta Butler sea común. El propio autor avisa que:

Esta novela está parcialmente inspirada en los sucesos ocurridos en Weston, en el estado de Wisconsin, el 23 de marzo de 2008.

Así que me he acordado mucho de la anterior novela de Butler. En aquel caso, en el tema scout: entiendo a lo que se refiere, comprendo la sensación de camaradería, aventura o compañerismo que narra pero me es tan ajeno como si viniera un extraterrestre a explicarme sus problemas. Lo escucho pero no me cala.

Si nos centramos en el estilo, al contrario que en otras de sus novelas, en Algo en lo que creer apenas hay saltos temporales. La historia es mucho más lineal, centrada en el personaje principal y abandonando la voz coral de los otros dos libros que he mencionado. Creo que esa linealidad le hace ganar orden pero perder dinamismo, incluso llega a aburrir al lector en determinados momentos. 

Lo que sí sabe hacer bien el autor es describir unas relaciones sólidas y creíbles entre los personajes, trasmitir amor y ternura en ellos, creando una red familiar con la que podemos conectar, especialmente en la relación abuelo-nieto.

Nada hay tan pesado en el mundo como el féretro que porta el cuerpo de un niño pequeño, pues ningún adulto que haya soportado alguna vez esa carga puede olvidarla jamás. Enterrar a un hijo es una tragedia a la que muchos padres no logran sobreponerse nunca. Oscurece el sol, arrebata el color, apaga la música. Disuelve los matrimonios como un ácido, desangra la felicidad  y no deja tras de sí más que un rastro inerme de gris desesperación.

Página 309

Me gusta el estilo de Butler. Cómo envuelve con sus tramas y las relaciones entre sus personajes, que se centran en el amor y la amistad. Cómo resuelve las historias (¿es casualidad que los fragmentos sean todos del final del libro?), la inclusión de la ternura, el amor, la esperanza. Sin embargo, me temo que sus temáticas o intereses van por otros derroteros totalmente diferentes de los míos. 

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo crea la relación entre los personajes.
  • El final del libro.
Contras
  • Historia plana, con determinados momentos aburridos.
  • No  he podido conectar con la historia más que en momentos puntuales.

Namaste.

 

Huisman, Literatura

Fugitiva y reina, Violaine Huisman

Cuando compré este libro, justo hace un año, jamás habría pensado que iba a leerlo en las circunstancias que nos acompañan, en un confinamiento que cambió nuestras vidas de un día para otro. Lo que al principio parecía un guión de alguna película apocalíptica (escenas de pánico, supermercados desabastecidos, imágenes de centros hospitalarios atestados…) acabó siendo una realidad a la que nos hemos tenido que acostumbrar.

Fugitiva-y-reinaDigo esto porque las condiciones extraordinarias que vivimos me han influido más de lo que me gustaría admitir en la lectura de Fugitiva y reina. El hecho de que lo empezara antes de todo esto y lo haya terminado hoy mismo ha convertido mi lectura en algo no lineal que roza la irrealidad.

Fugitiva y reina (Hoja de Lata, 2019) narra la vida de Catherine Cremnitz, parisina, desequilibrada y madre de dos niñas. Sí, una historia de madres (¿otra? Estaréis pensando muchos, ¿acaso están de moda?).

La estructura es bastante importante para comprender la historia de Catherine. En la primera parte su hija pequeña es la narradora, centrándose en la personalidad y relaciones de su madre con el resto de los miembros de la familia, además de contar algo de su pasado y de sus problemas mentales.

Mamá tenía en los labios aquel perfume a muerte cuando venía a arroparme por las noches.

Página 32

En la segunda parte,  sin embargo, aparece un narrador omnisciente que nos adentra a la realidad de Catherine desde el momento de su nacimiento, por lo que podemos rellenar los huecos con nueva información y colmar las lagunas de la narración de la primera parte.

De este modo, Fugitiva y reina es una novela autorreferencial, donde ambas partes se retroalimentan y donde se nos presenta distintas visiones de la misma situación.

Y aquí entra en juego lo que comento en el primer párrafo: la lectura de esta historia se ha visto afectada por mi reducida concentración, por lo que determinadas referencias, hechos, e incluso situaciones no las he podido encajar como debiera cuando se explican con claridad en la segunda parte. Un lector más atento habría captado más referencias, más contradicciones entre una parte y otra: bien porque la niña que nos cuenta lo que sabe no lo conoce o no lo sabe analizar bien porque el narrador omnisciente detalla aspectos que conocíamos pero quedaban oscuros.

Dicho lo cual, Fugitiva y reina es un libro (la verdad que no sé hasta qué punto puede considerarse novela o autoficción porque es la propia Violaine Huisman la que nos cuenta sobre su madre) que incluye a la vez multitud de referencias culturales (de arte, política, urbanismo o moda) a la vez que el estilo se mantiene en un plano poético difícil de describir. Certero y lírico a la vez, pero conservando un punto de fuerza y humor negro.

Estaba orgulloso, decía ella, de sus progresos cuando, después de haberla corregido por enésima vez, ya no decía te se cae sino se te cae, la dije de que viniera sino le dije que viniera, ni detrás mío sino detrás de mí. Sin embargo, había veces en que le decía que podía irse a tomar por culo con sus lecciones de mierda, detrás de mí o delante de mí si se te antoja. Entonces no cometía errores. Cuando lo insultaba, cuidaba su sintaxis.

Página 84

Precisamente el estilo es lo que la distingue de otras historias de madres, de otros libros en los que la visión infantil es matizada por el adulto que escribe para que las cosas no suenen demasiado crueles. Aquí eso no pasa. Catherine es mostrada tal y como es: apasionada, extravagante e inconsciente, injusta en ocasiones, dependiente en muchas otras, pero alejada siempre del ideal de madre. Huisman no necesita caer ni en las exageraciones ni en la caricatura emocional para describirla porque su madre tiene las suficientes aristas como para describir cada una de ellas y así evitar reducir su papel a un personaje de cuento o culebrón.

Vengo del comentario que hizo Moli en su día y destaco algo que ella menciona para describir el estilo de la autora:  escribe como todos los franceses: sin pudor y a las bravas. No sé si todos los franceses escriben así, pero sí que se aprecia algo diferente a la visión anglosajona de condenar o ensalzar las figuras maternales como héroes o villanos. Aquí eso no pasa.

Pero si hay dos cosas en el mundo de las que se puede decir con certeza que son imperfectas, estas son el amor y el lenguaje. Las palabras mancilladas por siglos de uso inadecuado, consumidas por los tópicos, arbitrarias, hacen siempre el papel de traidoras. ¿Y qué decir del amor, eterno inconstante, que se empeñaba en engatusarla? Las repeticiones de mamá eran una forma de declarar su fracaso, de reconocer la imposibilidad de lograr una versión definitiva (…) Era incomprensible, porque todas las palabras de todos los diccionarios no habrían bastado para explicar lo que guardaba en el pecho.

Página 94

Probablemente el acierto principal sea que Huisman, desde su papel de hija narradora, ha tenido la suficiente inteligencia y sangre fría como para contar una realidad incómoda, un relato que en ocasiones deviene en cruel pero que no deja de ser verdad. Y eso se aprecia en la lectura: lo que cuenta no es una exageración o una situación edulcorada, no hay cartón-piedra, ya me entendéis.

Fugitiva y reina es un libro que va de menos a más. Este es el típico libro que uno no sabe si dejar pasar cuando lo ve en la mesa de novedades pero que cuando lo terminas  te alegras de haber prestado atención.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La importancia en la estructura de la historia.
  • El estilo de Huisman directo, lírico y certero.
Contras
  • Prefiero los libros que tengan más paradas en capítulos o subcapítulos en lugar de 90 páginas del tirón.
  • La portada, que no me gusta nada.
  • Mi capacidad de concentración me ha hecho perderme detalles que un lector más atento captará.

Namaste.

Literatura

Reseñar en tiempos de confinamiento

En estos momentos de incertidumbre y tensión he dudado si pasarme por aquí.

Por un lado, parece frívolo hablar de algo diferente a la pandemia que vivimos, a esta situación excepcional a la que nos estamos acostumbrando. Pero desde otro punto de vista, ¿qué puede comentar una humilde reseñista de algo que no conoce?

Estoy leyendo, al inicio del confinamiento de forma más superficial, pero poco voy cogiendo ritmo. Algunos lectores me preguntáis por lo que estoy leyendo, por mi opinión de libros que habéis visto publicar por aquí. No tendrá sentido escribir de algo tan banal como los libros pero para ser sincera no se me ocurre otra cosa.

Mientras tanto, ánimo a todos. Leamos ahora cuando más lo necesitamos.

Namaste.