Autor, Literatura, Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer es una de las nouvelles comprendidas en la edición de Acantilado dedicada a Zweig que me regalaron recientemente. Aunque he oído grandes alabanzas de otras (como Carta a una desconocida), me decanté por esta cuando decidí volver al autor.

Aunque el anterior libro que leí fue Momentos estelares de la humanidad, lo cierto es que este que os traigo hoy nada tiene que ver con el anterior. Si aquélla era no ficción, esta sí lo es, si aquélla se distinguía por el momento en el que se encuadraba la historia, esta es una novela, una ficción, una breve historia.

La historia comienza en un hotel en el que varios huéspedes pasan el rato comentando la conmovedora historia de una mujer que ha abandonado a su familia para marcharse con un joven a las pocas horas de haberlo conocido. Los honorables y distinguidos huéspedes comienzan una conversación en la que se plasma la incredulidad de un enamoramiento tan rápido.

A raíz de este hecho, una de las señoras hace partícipe su propia historia, narrando un relato que cuenta por vez primera

Zweig desarrolla una historia instrospectiva, que analiza el comportamiento humano y sus deseos, así como la importancia de sus impulsos, de todo aquéllo que nada tiene que ver con la razón. Lo importante de esta novela es la forma con la que el austríaco nos envuelve en una prosa certera y elegante pero sin dejar de un lado el puro análisis, el conocimiento meridiano del carácter humano.

Destacan además las descripciones, en concreto una de ellas en la que se dedica a describir unas manos. Unas simples manos, pero que él consigue que sean algo más característico, de modo que al contarnos cómo se ven podamos conocer la personalidad del propietario de las mismas.

Sin embargo, la trama en sí, el secreto guardado de esa anciana abrumada por el recuerdo no me ha parecido tan interesante, sino más bien algo sencillo y quizá sin empaque. Por supuesto, soy consciente de lo diferente de la situación en la época en que Zweig lo escribió de ahora mismo, pero lo que está claro es que lo verdaderamente importante es leer a este autor, verdadero genio de las letras, elegante como pocos y capaz de diseccionar el alma humana en un librillo de menos de cien páginas.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • La disección del carácter humano.
  • El uso de las frases, analítico, elegante y certero a la vez.
Contras
  • La trama en sí es secundaria y anecdótica, una mera excusa para escribir.

 

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (XI): Santiago Posteguillo

Santiago Posteguillo (Valencia, 1967). Filólogo y lingüista, además de profesor titular en la Universidad Jaume I de Castellón. A pesar de que sus inicios como novelista datan de 2006, desde que se publicó Africanus: el hijo del cónsul, no ha parado de acumular éxito tras éxito con cada una de ellas. Recientemente se ha publicado La noche en que Frankenstein leyó El Quijote, novela, que por cierto tiene muy buena pinta.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Una biografía de «Vidas paralelas» de Plutarco.

Vaya. No me lo esperaba. Quién sabe si por prejuicios: esto es, al ver el apellido de Posteguillo siempre entre los más vendidos lo asociaba con otros súperventas, y por tanto, con otros gustos literarios. Plutarco… vaya.

2.- Un libro que nos recomiendas.

«El retrato de Dorian Gray» de Oscar Wilde.

Totalmente de acuerdo. Uno de esos libros que, personalmente, siempre recomiendo. La prosa de Wilde atrapa, y esos personajes, con su ética y su moral, me encantan. Si además tiene sarcasmo, se convierte en un libro redondo.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Jane Austen

Tampoco me esperaba a Austen. Quizá esperaba algo más griego (como Plutarco) o algo más manido, como Cervantes o Shakespeare. La verdad es que a Austen la he leído una sola vez, y me gustó, aunque tampoco como para acercame a su obra, cosa que seguramente he de enmendar.

Y vosotros, ¿coincidís con al opinión de Santiago Posteguillo? ¿Habéis leído a Plutarco? ¿Qué me recomendáis de Jane Austen? ¿Disfrutasteis con El retrato de Dorian Gray?

Namaste.

Autor, Berges, Literatura

Un estado del malestar, Joaquín Berges

Un estado de malestar es la última novela de Joaquín Berges, autor de Vive como puedas, la primera que leí del autor.

El planteamiento es, a fin de cuentas, similar al de la novela anterior, esto es, un personaje principal que aunque posee todas las cualidades para ser feliz no lo es tal y trata de huir de su mundo con objeto de encontrar un motivo por el que continuar.

Ricardo Marco es un padre de familia, trabajador en una gran empresa textil, con dos hijos y una mujer, un trabajo estable y bien pagado. Su aparente estabilidad se rompe cuando en la empresa marcadora de tendencias absurdas (como los jeggins) deciden comunicarle su prejubilación. Ricardo ve así el abismo: horas y horas de ocio por rellenar. Para más inri, su moderna mujer trata de presionarle para que adquieran una nueva casa en uno de esos lugares de lujo alejados del centro de la ciudad donde viven.
Es entonces cuando Ricardo se rebela de la normalidad establecida, a partir de un cambio de actividad algo… surrealista (su amistad con varios personajes del mercadillo cercano a su oficina) pero que después fluye a través de un sinfín de diálogos entretenidos y muy rápidos, que podrían parecer simples pero que consiguen una cruel profundidad sin pedanterías.

Me ha gustado más que Vive como puedas porque la veo más compacta, con menos altibajos, mejor hecha, como si se hubieran suprimido capítulos redundantes o como si se hubieran tratado de equilibrar cada uno de los argumentos para que todo resultara igual de potente. Porque a fin de cuentas, tenemos varios hilos: su relación con su mujer y sus hijos, los nuevos amigos y algún que otro nuevo enemigo, el choque entre el pasado y el presente, entre lo que se debe y lo que se quiere hacer.

Así, inevitablemente el lector se pone fácilmente en el lugar del protagonista, al cuestionarse cosas que vemos normales pero que, si las analizamos fríamente resultan absurdas de todo punto, propias de una sociedad que consideramos más avanzada pero que siguen siendo estúpidas, la rigidez de un sistema en el que sólo servimos para producir y consumir, la pérdida de todos esos aspectos que nos acercan a nuestra naturaleza de animales, de seres que necesitan algo más que horarios y sistemas, que procedimientos y reglas.

Pero es que además, Berges vuelve a demostrar que es un autor inteligente, que entretiene con una chispa propia, con su natural ingenio, como nos demuestra aquí:

Inspiro y espiro profundamente, me relajo sobre la cama, cuento ovejas, muchas ovejas, pero al llegar a la tres mil mi mente está más despierta que antes, seguramente porque si tienes tantas ovejas eres ya un ganadero de cierto peso y tienes que empezar a preocuparte por el precio del pienso y el importe de las ayudas comunitarias. Cometo un grave error: miro el reloj. Cualquiera que padezca insomnio sabe que nunca hay que mirar la hora que es. Vuelvo a tumbarme y trato de asirme a algo candencioso, un sonido que guarde una pauta y acune mi sueño. Eso me relajará. No tardo en encontrarlo. Es un rugido vibrante y velar, seguido de un soplo de aire de timbre agudo. Es como el sonido de las olas del mar. Son los ronquidos de Juanmi.

Este estilo me gusta, me entretiene y me hace reír mientras dice verdades como puños y frases sarcásticas a cada rato. Quizá sus novelas mantengan esta línea, con una trama similar, pero tengo claro que es algo que me gusta. Ese algo familiar al que uno quiere volver, esa risa preparada ante una novela ligera que sienta muy bien en un calor infernal o ante momentos sin pausa. Y esa familiaridad es la típica que poseen los autores a los que volvemos de vez en cuando, no sé si sabéis a qué me refiero: la familiaridad de saber que cada otoño leemos a Auster, que en primavera llega un nuevo libro de Murakami o esperar a la publicación del próximo libro de Grandes. En esa lista no hay sitio para todos, pero desde mi desencuentro con Auster creo que hay de sobra para Berges.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El ingenio y el estilo del autor.
  • Entretiene y divierte.
Contras
  • El inicio, que puede parecer forzado.
  • La portada, que no me gusta.

De nuevo, gracias a la Editorial Tusquets por enviármelo a casa.

Namaste.

IMM

IMM (25)

Tras un parón en el que no he parado de leer pero en el que me ha faltado mucho tiempo, regreso para enseñarlos los nuevos libros que desde hace unos meses se han sumado a mis estanterías. Son los siguientes:

Foto 1

  • Un estado del malestar, Joaquín Berges. Tras leer Vive como puedas, me apetecía leer una novela fresca y aprovechar para regresar al estilo del autor. Cortesía de la editorial Tusquets.
  • El secreto del mal, Roberto Bolaño. Uno de los últimos libros publicados por Anagrama, del que no tenía referencias y que adquirí simplemente por el nombre del autor. (Inserte sonido de bocina AQUÍ).

Foto 2

  • Middlesex, Jeffrey Eugenides. A raíz de la publicación de su último libro, no paraba de ver el nombre del autor por todos los sitios. Finalmente, @gancedo me animó a hacerme con él y aproveché la Feria del Libro de Madrid (sí, en mayo) para comprarlo. Mejor en compacto, claro.
  • Una oración por Katerina Horovitzová. En este caso, la recomendación vino de la mano de Carol. Tenía muchas ganas de hacerme con él (eso sí, intenté no mirar ningún otro libro de Impedimenta, que nos conocemos), por las opiniones y por lo preciosa de la portada.

Foto 3

  • 1280 almas, Jim Thompson. Novela negra, influenciada, claro está por Aramys, el maestro samurái de estas lides. Tras una conversación por twitter, me quedé con ganas de volver a leer al autor que tanto me había gustado con El criminal. 12 euros, para que luego digan que los libros son caros.
  • La hierba roja, Boris Vian. Tranquilo todo el mundo. Sí, sí lo he leído. Pero lo tuve que devolver a la biblioteca, y tenía muchas ganas de que este título, que tanto ha significado para mí, formara parte de mi pequeña biblioteca personal. Y por supuesto de releerlo, claro está.

Mientras tanto, a pesar del mes de agosto, seguimos leyendo. Jean Valjean, ya queda menos.

Namaste.

Autor, Literatura

El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald

El gran Gatbsy era uno de esos libros que se mantienen en la estantería meses. Y años. Intenté leerlo una vez que me sentía animada, pero lo dejé tras la primera página. Tras ver anunciada la versión cinematográfica y debido a mi aversión a enterarme de cualquier cosa que tuviera que ver con la narración, decidí leerlo.

El gran Gatbsy es uno de esos libros que todo el mundo recomienda. Que se sitúa como uno de los indispensables de la literatura norteamericana.

Si contara la trama de la novela podría terminar la reseña en dos líneas. Básicamente es una historia de amor, salpicada por elementos de misterio e intriga (quién y qué hace el enigmático Gastby), con muchas infidelidades y un gran punto de cinismo. Una novela inteligente, que nos deja frases como las que siguen:

It was nine o´clock-almost inmediately afterward I looked at my watch and found it was ten

O esta:

I´m glad it´s a girl. And I hope she´ll be a fool – that´s the best thing can be in this world, a beautiful litlle fool.

Con un inicio fuerte y potente, se pasan volando las primeras páginas. Así, el lector quiere seguir leyendo, conociendo la verdad de ese extraño vecino que hace fiestas llenas de gente al otro lado de la verja del jardín.

Posteriormente, la historia se ralentiza, ganan fuerza los diálogos, los personajes aparecen y desaparecen. Al final, de nuevo, la acción se precipita y todo ocurre en unas pocas páginas.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, no me ha parecido esa obra magna de la literatura. Quizá es que me había hecho una idea equivocada de la novela, que tuviera una expectativa muy alta o que esperaba otra cosa, pero lo cierto es que me ha parecido una historia entretenida y sencilla, con ingenio pero para nada brillante. La sensación es, directamente, agria. Como si la novela prometiera más de lo que después acaba ofreciendo, porque nada es realmente tan brillante o tan interesante como se plantea inicialmente, o porque me parece exagerada la clasificación de esta novela como una de las joyas del siglo XX.

¡Otra vez me pasa como con El guardián entre el centeno! ¡La misma sensación! ¡Esa sensación de que no podía ser este libro del que todo el mundo habla maravillas, como si se hubieran equivocado en mi edición! ¡Esa duda conmigo misma por si me había perdido algo mientras lo leía! ¡No, no y no!

¿Que es un libro interesante? Sí. ¿Que tiene ingenio? Vale. Pero de ahí a ensalzar la historia de amor o el estilo de Fitzgerald en sí, como que no.

Esperaba más. Esperaba algo diferente: una trama compleja, o un estilo muy diferente al común (me viene ahora mismo a la mente Nabokov aunque su Lolita no me encantara), y sin embargo se queda en agua de borrajas. Una historia sencilla, con cuatro personajes bien construídos y con un estilo lineal, trabajado pero a fin de cuentas, sencillo, como el de los demás. Mediocre, si queréis. Para mí, indiferente.

En este caso, al contrario de Metafísica de los tubos, sí que recordaré este libro. Como una decepción, como algo que han vendido como oro y no pasa de cobre.

Al final de todo esto me entra una duda: si no tendría que alejarme de la “gran novela norteamericana”. Pero después pienso en Faulkner y se me pasa.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • El guardíán entre el centeno, Salinger.
Pros
  • El inicio.
  • Las múltiples frases que indican la inteligencia del autor.
Contras
  • Esperaba más.
  • El final me ha parecido precipitado.

Namaste.

Autor, Literatura, Nothomb

Metafísica de los tubos: el despelleje

Como todos sabemos, los libros de Amélie Nothomb se distinguen en dos categorías: de un lado, los autobiográficos, del otro la ficción. La opinión mayoritaria es que de entre sus novelas destacan las del primer grupo. Aun sabiendo esto, y habiendo leído buenas opiniones, como la de Cargada de Libros, me lancé a su lectura.

La protagonista es un bebé, un ser autoproclamado Dios que tras comer chocolate funda su existencia en la obtención de placer. El inicio parece interesante: un planteamiento extraño, un bebé que no se queja, al que sus propios padres denominan “La Planta”, partes ingeniosas e ideas absurdas.

Sin embargo, una vez pasado el estupor inicial, y habiendo leído algo de Nothomb con anterioridad (de ambas categorías, además), se nota algo forzado, rígido, una naturaleza impostada, un humor ensayado. Con partes entretenidas, sí, pero poco naturales.

¿A qué se debe esta sensación? Le he estado dando vueltas y tengo la impresión de que se debe al trabajo. Esto es: la belga es una autora que siempre ha declarado tener un método para escribir, que se levanta siempre a una determinada hora, que escribe y escribe y después filtra. A esto me refiero. Ella es inteligente, y lo sabe. Tiene tablas, y lo sabe. Pero lo que se nota, desde este lado del libro, es que la frescura de sus otras novelas no se ve en esta, el humor que sale solo aquí es otra cosa, menos natural. Considero que esta es la palabra clave: la naturalidad, el fluir de las palabras, el devenir de los acontecimientos sin que el lector note nada que chirría. Aquí resulta forzado, a trompicones, sin final del túnel, perdidos, sin saber a dónde quiere llevarnos.

Sinceramente, creo que tiene que ser duro para Nothomb admitir que la verdadera chispa de su literatura, lo que realmente le distingue de sus contemporáneos sean sus recuerdos, esas situaciones insólitas y ese modo natural y absurdo de contárnoslo que tienen sus novelas autobiográficas. Porque, ¿qué ocurrirá cuando se le acaben los recuerdos? ¿Qué le queda? ¿Seguirá escribiendo reseñas con un ingenio matemático, una inteligencia entrenada después de años de práctica? ¿Nos iremos atascando en sus letras? ¿Tratará de generar nuevos recuerdos que superen a los anteriores?

En fin, me ha parecido una novela aburrida, y eso a pesar de que no tiene más de 150 páginas. Lenta y sin mucho sentido. Y sobre todo, una de esas novelas de las que uno sabe que no recordará cuando pasen unos meses, unas de esas que no dejan huella, que no te aportan como lector. En cambio, tengo una preciosa edición de anagrama en mi estantería y no sé qué hacer con ella. ¿Regalársela a alguien aún a sabiendas que no me gustó? ¿Venderla? ¿Abandonarla en el parque? ¿Y si no se la lleva nadie? ¿Y si alguien deja una nota diciendo que deje alguna otra novela más interesante?

Menos Nothomb y más Dostoievski.

Mientras tanto, sigamos leyendo (a Dostoievski, claro).

Namaste.

Autor, Literatura, Nothomb

Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb

A estas alturas a nadie voy a sorprender si digo que cada lector es subjetivo, que plasmamos en nuestras reseñas nuestra opinión (¿aleatoria? ¿Arbitraria?). Una opinión que no sólo depende de la lectura del libro en sí, sino de otros muchos factores.  ¿A dónde quiero llegar con esto? Pues a que cuando me senté a escribir la reseña de este libro me salió un despelleje. De tomo y lomo. Al ir a guardar el archivo me di cuenta de que ya existía un archivo con el mismo nombre. Cuál fue mi sorpresa que me encontré una reseña del mismo libro que nada tenía que ver con la que había escrito. No sabía qué hacer: ¿publicar una? ¿Sólo la última? ¿Las dos? Hecha la consulta en twitter, decidí publicar las dos. Al final todo esto demuestra que somos volubles, que la opinión depende del ánimo que tengamos a la hora de escribir.

Esta primera es la reseña que haría el Doctor Jekyll, educada y (ante todo) sincera. Las dos han salido de mis manos. Ambas reflejan una percepción diferente del mismo libro. ¿En qué se distinguen? Probablemente en el momento de realizar la reseña: esta, justo terminar el libro. La otra, pasados unos días. La verdad tiene dos caras, así que os toca a vosotros decidir con cuál os quedáis.

 

Metafísica de los tubos tiene como protagonista a una niña. Más concretamente, a una recién nacida que nos cuenta sus tres primeros años de vida. Pasado el estupor inicial, nos damos cuenta de que a pesar de la limitada experiencia de la niña, es capaz de analizar su vida de un modo muy coherente, poniendo en duda a aquéllos adultos a los que debería creer a pies juntillas.

Y es que esta niña no es una recién nacida cualquiera, sino un Dios que se da cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor y que, por si fuera poco, es consciente de su deidad. Su venida al mundo la contempla como un acto casual, algo que tiene que suceder, y desde ese momento presta mucha atención a sus padres, principales actores en su vida.

La novela presupone una filosofía ególatra, pero no por menos lógica: la vida del bebé cambia cuando, tras probar el chocolate blanco, decide consagrar cada uno de sus minutos al placer. Cuando   pone más atención a aquéllas personas que le veneran. Cómo no, ¡cómo no huir de lo que nos causa dolor e invertir nuestro tiempo a las cosas placenteras de la vida!

Nothomb consigue, desde el primer instante, plantear una trama extraña y compleja, rara y ajena, pero no por eso al margen de nuestra realidad, ya que cada uno de los argumentos y pensamientos bien podrían haber salido de una mente adulta y cabal. Y para ello, qué mejor que la ironía y el sarcasmo, la ridiculización de muchos de nuestros puntos diarios que damos por sentado pero, que parándose a pensarlo no lo parecerían tanto. La belga es una autora inteligente, con una mente lúcida que exprime cada una de las frases hasta encandilar a un lector que, una vez empezado, no puede hacer otra cosa más que terminar el libro. Porque, además, y como nos tiene acostumbrado, las suyas son novelas cortas, escuetas y dinámicas, que se terminan en un suspiro que no por ello se hacen simplonas o fáciles. Esa síntesis es la que consigue combinando una trama que atrapa con un estilo fresco e inteligente. Ella lo sabe, y precisamente por eso es franca: no pretende llevarnos al poderoso universo de las descripciones, o de las novelas largas, porque eso no es lo suyo. Nothomb conoce sus cartas y las explota, es una estratega que sabe cómo se juega a este universo complejo que es la literatura.

Namaste.

Literatura

Lecturas veraniegas

Dicen que en verano tendemos a leer libros más largos, quizá porque de uno u otro modo salimos de la rutina y la mente pide cambiar, leer tochos, o quizá intentarlo con los clásicos.

No sé si esta afirmación es cierta, pero la verdad es que conmigo han acertado. Fue en verano cuando leí Crimen y castigo, cuando lo intenté con el Ulises de Joyce, y es precisamente ahora cuando me he embarcado con Los miserables.

La novela de Victor Hugo es una obra magna de la literatura, pero también de la historia y de la filosofía. Es una novela que abarca todo, que cuenta el devenir de Jean Valjean pero que el autor aprovecha para darnos a conocer la Francia de la época, la situación histórica, religiosa, filosófica y social del momento. Inevitablemente teniendo tanto contenido no podía sino resultar un tocho, uno de 1800 páginas, que hay que leer de a poco, con tramos muy dinámicos y otros muy lentos. Una enciclopedia de la sociedad, aún a riesgo de resultar pesada en algunas partes.

Llevo más de un mes con ella, y sé que me queda otro tanto. Así que mientras, aprovecho para una lectura muy más liviana, la archiconocida novela La princesa prometida, de William Goldman. Apenas tengo recuerdos vagos de la película (claro, ¿a quién no le suena lo de “Me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, ¡prepárate para morir”?) pero otro tema es descubrir la historia de Buttercup y prestar atención desde el principio a la historia en sí.

La princesa prometida es el antónimo de Los miserables. Es rápida, en ocasiones demasiado rápida, divertida y humorística, absurda y entretenida. Va a lo esencial, es una novela de acción. La edición, que ya os mostré en el último IMM, corresponde a la reedición con motivo del 25 aniversario, y además forma parte del reto de Isi de leer 10 libros en inglés.

A este respecto, os confieso que voy retrasada con todos los retos que tengo activos. Hasta ahora, en relación a mi propósito lector, (que para ser sincera es el que más me preocupa porque me lo he planteado yo misma), tan sólo he leído 3 de los 10 que me he planteado. Cierto es que tengo pensado comenzar con Memorias de la casa muerta, de Dostoievski, en cuanto termine Los miserables, y que Tu rostro mañana (parte 1), de Javier Marías, no es demasiado largo. Pero, seamos sinceros, el que más me preocupa es esa piedra, la roca, ese libro que es necesario escalar llamado La montaña mágica.

Pero en fin, de Mann ya me preocuparé en octubre. Por de pronto continuamos disfrutando de la lectura en estos días de julio. Y cómo no, seguimos comprando libros, aunque mejor eso ya os hablaré en la siguiente entrada.

Y vosotros, ¿leéis más libros largos en verano? ¿Dejáis para este tiempo los libros más complejos o precisamente escogéis los más ligeros?

Felices lecturas.

Namaste.

Autor, Levrero, Literatura

El lugar, Mario Levrero

El lugar, de Mario Levrero, forma parte de la Trilogía Involuntaria, que comienza con La ciudad, continúa con París y se cierra con esta que os traigo hoy. Al ser involuntaria el orden es lo de menos, y fue Bartleby el que me recomendó que continuara con esta. No voy a llevarle la contraria a un experto del tema, así que dejé París para otra ocasión.

 

Levrero, como ya nos tiene acostumbrados, tiene un deje kafkiano muy marcado. Un elemento que se aprecia desde la primera línea de la novela: es capaz de iniciar la historia con un personaje protagonista que aparece en un laberíntico lugar, lleno de habitaciones y de puertas en el que sólo cabe la huida hacia adelante.

Un solitario muchacho que duda y desconoce por qué ha acabado allí, donde trata de encontrar una salida a priori inexistente. Inevitable es, pues, recordar El proceso, por ese ambiente desconocido en el que uno se encuentra sin saber por qué, y en el que en ocasiones ni se plantea el motivo: el objetivo es avanzar, salir, volver a la realidad.

Si bien la primera parte me ha parecido opresiva y llena de incertidumbre, la segunda cambia de registro, dando un giro de 180 grados al conseguir que nuestro protagonista salga del laberinto en el que se encuentra. Así, llega a un espacio abierto en el que por fin obtendrá alguna información sobre lo que le ha ocurrido gracias a otros personajes secundarios.. Aunque se agradece pasar a tener más de un personaje, el lector se mantiene en vilo al saber que, de nuevo, el camino se bifurca y que en la trama puede ocurrir cualquier cosa, real o irreal, previsible o no. En esta parte se manifiesta el contenido más social de la novela: un protagonista aislado del grupo, disconforme con muchas de las opiniones de estos, que busca algo diferente. Samsa. O una cucaracha, en definitiva es lo mismo, Kafka desde otro punto de vista.

Lo que llega después es, para mí, inclasificable: una tercera parte escatológica y sin sentido, absurda y extraña, que me ha parecido impostada, de pega, algo tan fuera de lugar que no sólo no me ha gustado sino que me ha aburrido, que me cansó y me pareció una tomadura de pelo, una idea feliz que en cualquier proceso creativo se habría descartado. Incredulidad por verla ahí plasmada, por pensar que a Levrero le pareció bien acabar la novela así.

Total, me he quedado con un gusto agridulce: no me ha acabado de convencer, quizá también porque lo comparo con La ciudad y esta me parece más lógica, más organizada. Sin embargo, sé que el estilo del uruguayo sí me gusta: es certero y sencillo, no necesita alardear con grandes frases para meternos de lleno en su extraño mundo, es inteligente y matemático, pero también muy psicológico.

Ahora la duda es cómo será París.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El inicio. Muy potente y muy kafkiano. Buena combinación.

Contras

  • Cómo se resuelve la trama. El final.

Pasad un buen fin de semana lleno de lecturas.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (X): Lorenzo Silva

Lorenzo Silva (Madrid, 1966): uno de los escritores españoles más famosos, conocido por sus novelas de temática policíaca entre las que destacan La flaqueza del bolchevique, El lejano país de los estanques o La marca del meridiano. A lo largo de los años ha obtenido importantes premios, como el Premio Nadal o el Planeta el pasado 2012.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Los soldados, Pablo Aranda.

Una novela de intriga en la que el punto de partida es el asesinato y en la que planea el terrorismo. Os recomiendo que leáis esta entrevista en la que el autor dice cosas tan interesantes como “me siguen interesando los mismos temas, los temas de gente de aquí y ahora que buscan su lugar en el mundo”. Cómo no, si para una buena novela no se necesitan grandes aspavientos, basta con aderezarlo con alguno de los miedos de los humanos y ya está. Novelón servido.

2.- Un libro que nos recomiendas.

Polvo en el neón, Carlos Castán.

 

Me ha venido a la mente La biblia de neón, de Toole, que por supuesto no tiene nada que ver.
Castán, del que Lorenzo Silva ha comentado que es el mejor escritor español vivo. ¿Exageración? No lo sé, porque no le he leído. Una novela corta (de apenas 100 páginas), que trata sobre el amor, la soledad y la huida. Opiniones más extensas y muy interesantes aquí y aquí.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Kafka.

Kafka. Qué decir de este autor, de este grande de la literatura que no haya dicho ya. Pues que a pesar de que La metamorfosis sea su novela más famosa, siempre recomendaré El proceso, verdadera trama de opresión y soledad. Quién sabe por qué la primera es más famosa que la segunda… sin embargo, soy de las que piensan que El proceso, al ser más larga y elaborada, nos mete de lleno en ese mundo propio del autor checo. Leí El castillo, me queda América. Antes de leer otro libro al que tengo muchas ganas: la novela gráfica en la que Robert Crumb cuenta la biografía del autor.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los libros que nos recomienda Lorenzo Silva? ¿Habéis leído alguno de sus libros? ¿Por cuál me recomendaríais empezar?

Espero que os haya resultado tan interesante como a mí.

Felices lecturas.

Namaste.