Autor, Keegan, Literatura

Lo contrario de la soledad, Marina Keegan

Conocí este libro a través de este artículo de El País. No sabía nada de su autora ni de sus textos, pero la historia de Marina Keegan, una joven universitaria estadounidense con un futuro prometedor que falleció en un accidente de tráfico tras su graduación en la universidad de Yale, me atrajo enseguida.

Sin pensarlo, en la Feria del Libro de Madrid me lo encontré mirándome, así que decidí comprarlo.

Lo-contrario-de-la-soledadLo contrario de la soledad incluye un conjunto de textos que fueron seleccionados para su publicación conjunta. En su día algunos se publicaron en Yale Daily News (la revista de su universidad, donde colaboraba) y otros son inéditos.

El texto que le da nombre a esta selección figura al inicio, y es seguramente, el que más energía desprende de todos ellos. Se trata de un alegato a la positividad y a la ilusión. En un mundo en el que la competitividad es la regla, donde hay que conseguir el mejor puesto de trabajo en la empresa más prestigiosa, Keegan reivindica la vida universitaria y su pluralidad.

Ponemos el listón a una altura imposible, y lo más seguro es que nunca alcancemos las fantasías perfectas que imaginamos para nuestro futuro. Pero no veo que haya nada malo en eso. (Página 24)

El resto de los relatos se pueden dividir entre ficción y no ficción.

En general, el centro de atención son jóvenes en busca de encontrar un hueco en su vida, con conflictos existenciales y sentimentales, jóvenes ilusionados que se topan con una realidad que amenaza con romperles en pedazos.

Textos llenos de fuerza y optimismo, de ilusión (esa sensación que parece que a día de hoy escasea), la conciencia de conocer lo que uno es capaz de hacer, las ganas y el empeño en que las cosas van a salir bien.

Sin embargo, Lo contrario de la soledad me ha parecido un libro desigual. Si durante la primera mitad me daban ganas de gritar a todo aquél que pasara un momento de desilusión y tristeza que éste era su libro, la segunda mitad me dejó mucho más fría.

Y es que según iba leyendo, lo que me parecía originalidad se convirtió en clichés, en repeticiones menos elaboradas de algo que ya había leído antes, en textos a los que les faltaba trabajo, como si fueran borradores, llenos de ideas manidas y repetidas en medios de comunicación.

Lo contrario de la soledad me ha gustado, demuestra el talento que tenía Keegan, la capacidad de juntar letras y hacerlo bonito, de conectar con el lector y captar su atención. Si vamos con la mente en blanco, sin ideas preconcebidas (no, no es el mejor libro del año, no este libro no cambiará mi vida… etc) disfrutaremos mucho más de lo que nos ofrece este título.

Por contra, si esperamos una novela magna que nos cambie como lectores, fracasaremos en nuestro empeño. Sin embargo, me parece una opción perfecta para épocas en las que tenemos poco tiempo para leer, o cuando necesitamos una dosis extra de motivación.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Los primeros textos.
  • La fuerza y las ganas de vivir que demostraba Keegan en cada palabra.
Contras
  • Calidad desigual en los textos. Los últimos mucho más flojos.

Namaste.

Autor, Literatura, Rydahl

El ermitaño, Thomas Rydahl

La novela de Thomas Rydahl que ya os comenté cuando asistí a la presentación del libro, comienza con un accidente de tráfico y un muerto. El protagonista es un taxista danés que lleva bastante tiempo viviendo en Fuerteventura, desde que dejó todo para comenzar una solitaria rutina.

Mi primera impresión no fue buena. No soy demasiado aficionada a los espectáculos gores o desagradables como es el de cogerle el meñique a un muerto para llevarlo en el bolsillo. Llamadme pusilánime, si queréis. Pero si contamos que es el inicio del libro, que el asunto en sí roza el surrealismo y que no encontré fundamentada actuar de ese modo, pues sí, es una forma de intentar llamar la atención del lector, supongo.

El-ermitañoPasado este capítulo, conocemos la vida de Jorgensen, su trabajo diario, su forma de vivir, los motivos por los que huyó de Dinamarca y sus amistades: un chaval rico que prefiere su compañía a la de los niños pijos de su edad (lo normal, vamos).

Además, nuestro protagonista se encontrará de cara con un misterio: el descubrimiento de un bebé en el maletero de un coche abandonado en una playa. Esta es la verdadera trama de la novela, el intento del protagonista por descubrir la verdad del asunto, la defensa de los desvalidos.

Y hasta aquí podéis leer si teníais pensado leer El ermitaño.

Porque, si os digo la verdad, leer El ermitaño ha sido un suplicio, un reto para mi paciencia y una afrenta para mi lista de pendientes. En primer lugar, por su repugnante inicio, que lanza el anzuelo para exclamar aquéllo de ¡Yo no soy como los demás! Efectivamente, no eres como los demás, no eres un bestseller tradicional, eres peor.

El libro se hace aburrido, con un estilo pesado, que lo quiere todo. Esto es: descripciones largas, páginas en las que no ocurre nada, detalles innecesarios… paja y más paja.

Pero ¡ay si nos fijamos en el detalle! Situaciones absurdas e increíbles, comportamientos que pretenden sorprender pero que van en contra de cualquier capacidad de raciocinio… ¡todo regado de diálogos manidos y falsos! Que sí, que lo sabemos: escribir diálogos no es sencillo, pero claro, si eres un escritor danés que recreas conversaciones entre españoles y te lee alguien de la meseta… es fácil que te pillen.

No cuadra, porque España no es Nueva York, porque estamos hartos de escuchar o leer una y otra vez el mismo diálogo que parece sacado de una película de las tardes de Antena 3. Es forzado, no es fluido, se nota la impostura.

– Mira a tu alrededor, Ermitaño. No estás en tu querida wonderful Dinamarca.

Página 306

Pero, claro, es que Rydahl se ha metido en el patatal de recrear una historia en España y de ahí no podía salir sino mal parado… para un hispanohablante es complicado meterse en la historia, porque no sólo la trama es extraña, exagerada y poco plausible, sino que… ¡los personajes tienen nombres raros! ¿Palabras? ¿Quién se apellida Palabras en este país? ¿No valía un Gómez? ¿Un Pérez? ¿Un González?

– Venga ya. Un vehículo sin matricular y que sólo ha hecho cincuenta y un kilómetros. Una chica de Porto, y una puta mierda… ¡Me cago en Dios!

– En esta oficina hay buenos creyentes, debes hablar con respeto, Ermitaño.

Página 93

Personalmente, para mí El ermitaño ha resultado ser una novela con escenografía de croma verde. No he sido capaz de meterme en la historia porque desde el inicio no me la creía: ni los motivos de los personajes, ni las situaciones que se les daban, ni la lógica que exhibían. Para mí eran actores interpretando un papel extraño, ajeno a la realidad, de un mundo que no es este: ni en el tiempo ni el lugar adecuados. Los nombres de los personajes y sus diálogos sólo generaban que me sintiera más y más fuera de la novela, mirando el reloj para contar cuánto quedaba para que terminara la pantomima.

No soy especialista en novela negra, para eso ya está Marta o Aramys… pero sí que sé lo que busco cuando leo una novela del género: una historia que me atrape y sorprenda, con la que quiera leer más, y para ello es necesario que me meta en la trama, que la sienta como propia.

No ha sido el caso.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La sensación de tristeza que trasmite es muy vívida.
Contras
  • Situación y personajes irreales, que parecen de artificio.
  • Los diálogos, por impostados. Demasiada paja.

Namaste.

Fitzgerald, Literatura

La flor azul, Penelope Fitzgerald

¡Aquí estoy de nuevo! ¿Pensabais que me había marchado de vacaciones? ¡Pues no! La realidad es otra: estas semanas estoy leyendo mucho pero lo que no me apetece demasiado es sentarme a escribir reseñas, pero ya va siendo hora, ¡que se me acumulan los libros de los que os quiero hablar!

la-flor-azulEl libro que os traigo hoy es La flor azul, de Penelope Fitzgerald. Si sois habituales por aquí, os habréis dado cuenta de la frecuente aparición de la británica, y es cierto que desde que la Editorial Impedimenta comenzó a publicarla, no hago más que leer los libros que van sacando. Desde La librería, pasando por El inicio de la primavera e Inocencia. Éste es el que me quedaba por leer.

La novela comienza el día de la colada, el momento en el que Jacob Dietmahler llega con su compañero de estudios a la casa de éste. Jacob conoce a partir de ese momento a la familia Hardenberg, con el barón a la cabeza. Aunque inicialmente parece que él es el protagonista, el verdadero personaje principal es Friedrich Von Hardenberg, escritor romántico que queda prendado de Sophie, una joven de cabellos oscuros.

Y es que Fritz existió, por lo que tenemos una biografía novelada, en la que el centro de la historia es La flor azul, el símbolo central del romanticismo, mencionada en la novela desde que conoce a su amada.

Al igual que en sus otras novelas, Fitzgerald despliega una historia aparentemente sencilla para ahondar en temas de la propia sociedad: su forma de vida, los cambios del gobierno, la diferencia entre clases sociales… etc, siempre con el hilo de conexión del poeta Novalis. Más oscura que otras de sus novelas, más recia y amarga, La flor azul es una novela de la que me es difícil contar algo, porque lo que más me ha sugerido han sido sensaciones. El saber, mientras pasaba sus páginas, que esta autora cada vez me gusta más, por el modo que tiene de organizar la historia, de colocar cada capítulo donde tiene que ir para cerrarlo y que todo tenga sentido: que aquél detalle del inicio del libro case a la perfección con el final de la historia.

Como ya he comentado en otras ocasiones, la autora despliega una prosa precisa y elegante a la vez, con lo que con pocas palabras nos envuelve y nos traslada a la Alemania de la época de Novalis.

Cabe incluso, la sátira y los toques humorísticos, donde destaca el personaje de Sidonie.

—¡La ropa! Todavía hace demasiado frío como para desnudarse por la noche. Yo no me desnudo por la noche, ni siquiera en verano, desde hace por lo menos doce años.

—¡Y has tenido ocho hijos! —exclamó Sidonie—. ¡Líbreme Dios de un matrimonio como el tuyo!

Sin embargo, quizá esta novela sea la más oscura de todas las que he leído hasta este momento, ¿quizá por ser la última que escribió? Quién sabe.

Mención aparte merecen los postfacios de las novelas de Fitzgerald. En este caso corre a manos de Terence Dooley, que ayuda a revisar aspectos que podamos haber pasado por alto y analiza los puntos más importantes de la historia.

En definitiva, os recomiendo leer La flor azul, y más aún: si no conocéis a Penelope Fitzgerald os aconsejo escoger cualquiera de sus novelas y comenzar a sumergiros en su universo. Personalmente, y esto no es algo que me suceda con frecuencia, cada vez que termino de leerla, me digo a mí misma: tienes que releer este libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo nos trasporta la autora a la historia.
  • Edición impecable de Impedimenta. Mención de honor al postfacio.
Contras
  • La portada, que no es mi preferida. 😉

Namaste.

Autor, Literatura, Schlink

El lector, Bernhard Schlink

Hoy os traigo uno de esos libros que compramos porque todo el mundo los recomienda pero que después han de esperar meses y años hasta que son finalmente leídos. Lo compré hace mucho, mucho tiempo a Lady Boheme, y desde entonces esperaba paciente en la estantería.

Hace poco decidí que se iba a colar en mis siguientes libros y aprovechando que es corto lo leí rápidamente.

el_lector_selloEl lector narra la historia de Michael Berg, un adolescente que mantiene una relación amorosa con una mujer mucho mayor que él. Posteriormente, los caminos de ambos se vuelven a cruzar en una situación totalmente diferente. De este modo Michael puede responder a alguna de las dudas que le inundaban los recuerdos. Las cosas que parecían ilógicas se muestran ahora racionales.

Uno de los temas principales en la novela es, ya lo dice el título, la lectura. Michael lee historias a Hanna, grandes novelas o pequeñas historias. Pero por encima del amor a la lectura y de las referencias literarias, en El lector aparecen otros temas como el deseo, la incertidumbre y la traición.

Con una historia aparentemente sencilla, Schlink consigue dotar a los personajes y a la relación que les une de mucho empaque, añadiendo otras cuestiones a su (inicialmente) simple historia de amor.

El alemán es un autor inteligente, que sabe utilizar las palabras y los silencios de un modo muy equilibrado, donde lo simple se torna en complejo si lo vemos desde otro punto de vista. Para ello, juega con las percepciones y los recuerdos, aprovechando la inocencia de un joven que no necesita analizar su relación con Hanna.

Posteriormente, y no quiero contar de más, todo se torna claro bajo la luz del sol. Entra entonces en juego la culpa y la valoración moral de actos pasados que juzgamos desde la posición del ahora.

Ya por entonces, cuando me llamaba la atención ese aturdimiento, y especialmente el hecho de que no afectara sólo a los criminales y a las víctimas, sino también a nosotros (…) cuando comparaba entre sí a los criminales, las víctimas, los muertos, los vivos, los supervivientes y los nacidos más tarde, no me sentía bien, ni me siento bien ahora tampoco. ¿Es lícito hacer tales comparaciones?

(…)

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque e que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin?

(Páginas 98 y 99)

En definitiva, El lector es un libro muy recomendable. Schlink es uno de esos autores a los que no hay que perder de vista. Un acierto siempre que se escoge algo de él. Sin duda, continuaré conociendo su obra.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El fin de semana, Bernhard Schlink.

  • No puedo evitar que Schlink me recuerde a Auster. ¿Sólo me ocurre a mí?

Pros

  • El uso de los silencios, la importancia de saber qué contar y qué no.

Contras

  • El inicio, que se me ha hecho abrupto.

 Namaste.

Actualidad, Literaria, Presentaciones

Presentación de «El ermitaño», de Thomas Rydahl

Con motivo de la presentación de la novela El ermitaño, del danés Thomas Rydahl, la editorial Destino organizó un encuentro bloguero que tuvo lugar ayer en Madrid.

Situado en la isla de Fuerteventura, el protagonista es Erhard, un solitario taxista que se enfrenta a un misterio que pretende resolver. No cuento más. Para más información os remito a la página web, donde encontraréis la sinopsis y el book trailer.

Aunque no conocía el libro ni al autor, y a pesar de que últimamente estoy bastante desligada de la novela negra, decidí conocer de cerca algo más sobre esta historia.

Rydahl es un autor que ha conseguido el éxito con su primera novela, recibiendo el premio a la mejor novela danesa del año, además de conseguir su traducción a 10 idiomas distintos.

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Con estos antecedentes, en el encuentro nos encontramos un autor cercano, que nos explicó muchas cosas, tanto su proceso de escritura (en el que destaca cómo a día de hoy sigue compaginando su trabajo con la escritura), así como el origen de la novela o el carácter de su peculiar protagonista.

Rydahl es un tipo cercano, que admite no leer demasiada novela negra, interesado por la psicología y los vinos, que reconoció escribir desde la alegría, al contrario que otros escritores que lo hacen desde el dolor.

Es cierto que en la novela hay añoranza y miedo generado desde el pasado, pero pasa un poco como en la vida, que tenemos períodos con alegría pura y otros muy difíciles.

En definitiva, un rato agradable rodeada de gente que habla de libros. Qué más se puede pedir. Pues sí, pido más: por ejemplo, desvirtualizar a María, de De todo un poco y terminar la tarde hablando de más libros…

Muchas gracias a la editorial por invitarme a este evento.

Namaste.

Autor, Literatura, Pynchon

La subasta del lote 49, Thomas Pynchon

Mi primer Pynchon. No es baladí comenzar a leer un autor tan renombrado como este.

lote49Tengo que reconocer que llevo varios días dándole vueltas a la cabeza a lo que podría contar de esta historia. Entre otras cosas, porque es el tipo de libro que una vez finalizado dan ganas de volverlo a leer, precisamente porque al terminar uno se queda con la sensación de que se ha perdido en el intrigado argumento, que ha perdido el hilo o que no ha comprendido la totalidad de lo leído.

En fin, mejor empiezo por el principio. La subasta del lote 49 es un libro pequeño, corto, de menos de 200 páginas. Además la letra es bastante grande para la edición del libro.

En las primeras líneas ya se nos presenta la protagonista de la historia: Edipa Maas, una mujer a la que se le ha nombrado albacea de la herencia de un millonario. Hasta aquí, bien. La señora Maas deja su casa y su ciudad para comenzar un viaje en el que se irá cruzando con gente variopinta, donde le asaltarán misterios y extrañas coincidencias.

– Si es que no me entendéis -dijo Driblette exasperándose-. Sois como los puritanos con la Biblia. Fanáticos de la literalidad. Tú sabes dónde está la obra, ¿verdad? No está en el archivador, ni en el libro que buscas, sino -salió una mano del vaporoso sudario de la dicha y señaló la cabeza suspendida en el aire- aquí dentro. Para eso estoy yo. Para dar corporeidad al espíritu. ¿A quién le importan las palabras? Son ruidos mecánicos para apoyar el ritmo de los versos, para penetrar en la barrera ósea de la memoria de un actor, ¿no? Pero la realidad está en esta cabeza. La mía. Yo soy el proyector del planetario, todo el cerrado microcosmos que se ve en el círculo del escenario sale de mi boca, de mis ojos y a veces también de otros orificios.

Lo de menos, quizá, sea el misterio de R.E.S.T.O.S. o el verdadero pasado del finado. Lo verdaderamente destacable es el estilo de Pynchon, abundante en referencias culturales, citas, películas, metáforas y simbolismo. Cada párrafo es un golpe en el rostro del lector, por lo que aturulla y noquea, por toda la información que acarrea cada una de las palabras escogidas.

Y sin embargo, no es un ejercicio de demostración como el que a veces leemos en otras novelas. Pynchon no necesita demostrar que sabe mucho, que lee mucho, que conoce mucho. Porque le basta y sobra una frase para dejar tiritando al lector que no sabe lo que se le viene encima. Otros, los rimbombantes, demuestran y exageran en cada línea. Pynchon es capaz de dejar el exceso de palabras a un lado y añadir múltiples recursos, como el humor, la sátira y la absurdez de determinadas situaciones (el episodio del sexo con el abogado o la recurrrente aparición de Los Paranoides) para ligar un estilo serio con un contenido extraño.

Extraño, es la palabra. Porque la historia desorienta, la trama es compleja, discontinua, aparece y desaparece hasta que no sabemos adónde quiere llegar. Pero no importa, porque aunque a día de hoy no tenga claro si me ha gustado o no, sí que queda claro que la demostración de calidad del autor y su inteligencia van por delante. Que a Pynchon hay que leerle, aunque yo no me sienta preparada para él.

Siempre nos quedará cantar, como Los Paranoides, con la melodía de Adeste fideles

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco…

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El despliegue de referencias, estilo y al mismo tiempo que el autor sea capaz de incluir humor y sátira. Completísimo.

Contras

  • Compleja lectura y difícil de seguir la trama.

 Namaste.

Actualidad, Literaria

Feliz Día del Libro

Leer, parafraseando a un autor, es un acto íntimo, de relación entre el lector y la historia. Pero también según la situación del lector. Y es que no somos los mismos lectores cuando leemos por primera vez que cuando releemos, del mismo modo que no somos la misma persona hoy que hace 10 años.

Leer, añado yo, es un acto tan íntimo que al igual que un viaje recordamos la historia como parte de nuestra memoria y recuerdos. Por eso, igual que en mi memoria recuerdo Lisboa con luz y calor y toneladas de hachís, recuerdo Grazalema lluviosa y Ciudad Real con mosquitos. Esa fuerza es el poder evocador de un libro, la asombrosa capacidad de trasladarnos al momento en el que leíamos una historia.

Tan es así, que en mi memoria veo el primer libro que cogí de una biblioteca, cuando aún no sabía leer. Un libro con ruedas y forma de automóvil, al que yo hacía rodar por encima de una mesa. Recuerdo la omnipresente presencia de mi hermana, que me llevaba en sus visitas a la biblioteca, de aquéllos peldaños de piedra que me parecían enormes, del aire que se respiraba allí.

Me viene a la cabeza la imagen de la pequeña y febril Laura que trataba de leer Gallinas supergallinas, un libro de gallinas revolucionarias que me pareció absurdo entonces y que siguió pareciéndome absurdo cuando fui capaz de terminarlo una vez superada la fiebre.

Posteriormente me veo con doce años, esquelética y con ortodoncia, preguntándole a mi madre si podía gastarme mi asignación semanal en libros. Mi universo se revolucionó, como comenta Atram, cuando empecé a pararme en la sección de libros de unos grandes almacenes cada vez que asistía al dentista. Esperaba con inesperada ilusión las citas al dentista, pues sabía que después aprovecharíamos para hacer la compra. Y así iba palpando cada libro, ahorrando cada peseta para ir gastándome las 495 pesetas en los ejemplares de la colección de Agatha Christie.

Después, el inevitable paso de libros de infantil a adultos. La sensación de ir a ciegas, de que hubiera muchas opciones y no saber qué escoger. De nuevo, la guía de mi hermana indicándome por dónde tirar. Los regalos de mis padres, libros en Navidad, en el cumpleaños, libros en verano. Siempre libros.

Recuerdo tener un examen de literatura y no poderlo estudiar porque necesitaba terminar el libro del Capitán Alatriste que entonces tenía entre manos.

También que mi primer libro normal en inglés fue Animal Farm, la fantástica novela de Orwell, que me dejó obnubilada y que he releído varias veces.

Ya en la época universitaria, recuerdo en qué línea de metro me encontraba cuando terminé las líneas de La hierba roja, de Boris Vian, mientras trataba de aguantar las lágrimas que se me escapaban.

Veo, como si estuviera en ella, el tipo de silla en el que estaba sentada mientras leía el inicio de El ruido y la furia de Faulkner, o la habitación de hotel mientras terminaba Fin de Monteagudo. La lluvia en el cristal del coche mientras leía a Modiano o el calor de Toledo al terminar Del amor y otros demonios, de García Márquez.

Eso es leer. Leer no es una afición, no es una actividad que hacemos dos días por semana o quince días en agosto. Algunos lectores no leemos para entretenernos. Leemos porque no entendemos la vida sin un libro en la mano. Porque forma parte de nuestra esencia, de lo que somos como personas. Leer no es una moda. Es una forma de vida.

Sigamos leyendo.

Feliz Día del Libro.

Namaste.

Autor, Cercas, Literatura

El impostor, Javier Cercas

Conocí este libro, el último de Javier Cercas, gracias al programa Página 2. Reconozco que no veo demasiado el programa porque me genera unas enormes ganas de comprar todo lo que comentan, lo cual produce estragos en mi economía.

Total, además de verlo en televisión, durante un tiempo asistimos a una programada campaña de márketing en la que El impostor se presentaba como la historia definitiva, una de las que había que leer el año pasado. Por entonces, decidí comprarlo.

Os ofrezco, en exclusiva, la receta del éxito de El impostor. Los ingredientes son los siguientes:

  1. Citar a los grandes de la literatura, en particular Faulkner, por ejemplo: el pasado no pasa nunca, es sólo una parte del presente. Primo Levi también sirve.

  2. Referencias a historias de no ficción famosas en la literatura: A sangre fría de Truman Capote es una buena opción.

  3. Obligatorio mencionar El Quijote. Si hay una comparación con el protagonista, mejor que mejor. Todo el mundo sabe que si algo se puede comparar al Quijote es bueno. Si no, es que no has buscado demasiado, porque la clave es la siguiente: TODO SE PUEDE COMPARAR CON EL QUIJOTE.

  4. Recalcar el aspecto de no ficción de la historia. Incluir, si es necesario, comentarios sobre esposas, hijos y situaciones domésticas.

  5. Repetir, repetir y repetir los puntos 1, 2 y 3. Para que todo quede bien clarito.

  6. Para desdecirse lo expuesto en el punto 4, añadir una conversación imaginaria que tira por tierra lo de no ficción.

  7. Perdonar, SÍ, olvidar, NO. Como mantra.

Comenzamos explicando la intrahistoria: explicando bien por qué no se quiere contar lo que se va a contar. Añadir la bibliografía del autor si es necesario. Que el lector sepa que está leyendo a uno de los grandes. Para reforzar esta imagen, añadir párrafos de 1.

El-impostor-selloDespués, contar, como si de una biografía cualquiera se tratara, los orígenes de Enric Marco, el protagonista de la historia. Un señor que fue capaz de hacerse pasar por superviviente del Holocausto hasta que 40 años después se le desenmascara. A partir de aquí, añadimos los ingredientes 1, 2 y 3 para posteriormente seguir con el 5 y el 4.

Añadimos saltos temporales, podemos empezar con su nacimiento pero rápidamente nos movemos a otros frentes, añadir una pizca de 1, 5 y 7. Salpimentar con 4.

Cuando lo tenemos todo bien mezclando, añadimos el toque final: 6. Servir con 1, 3 y 5, al gusto.

En definitiva, ¿qué es El impostor? Una historia de no ficción fragmentada, repetitiva, soporífera y absolutamente prescindible. Una buena historia real que se podría haber contado en cien páginas, que peca de repetición desde la primera línea por algo que menciona Cercas: que él no pretendía escribir una novela, sino un reportaje periodístico. Así que, para aprovechar el trabajo ya hecho, seleccionó los artículos que ya tenía y los unió por medio de recursos repetitivos, citas literarias y comparaciones absurdas para conformar una especie de conglomerado que se tambalea desde el principio.

Se consigue lo imposible: aburrir a un lector que simplemente quiere conocer la historia, que no necesita saber dónde come Cercas, las crisis existenciales de su hijo o en qué piso vive. Para culminar esta desfachatez lo termina con un diálogo con el propio Marco que es imaginación del autor. En un libro del que proclama mil veces que es de NO FICCIÓN.

En mi caso, recordaré El impostor por un libro que he mascado en muchas ocasiones. Porque me han dolido los 22,50 euros que me he gastado en el libro. Porque he tenido la constante sensación de que Cercas trata al lector por tonto. Porque he invertido un tiempo que no necesitaba. Y sobre todo por rabia, porque la historia me atraía lo suficiente como para acercarme a ella, y con la mitad de la mitad ya habría colmado mi curiosidad.

En fin, sobre este libro hay comentarios de todo tipo. Os dejo la reseña de Bartleby, como positiva pero equilibrada, y la de La medicina de Tongoy, que incluye párrafos del libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • A sangre fría, Truman Capote. (¡JA!)

Pros

  • La historia de Marco, jugosa y real.

Contras

  • Repetitivo hasta la saciedad.
  • Sobran páginas. 300, más o menos.

 Namaste.

Autor, Literatura, Mendoza

La verdad sobre el caso Savolta, Eduardo Mendoza

Volver a leer uno de esos autores que han estado ahí hace tiempo es como volver a coincidir con un amigo. Mendoza es para mí uno de esos autores que siempre están ahí, ya sea con novelas humorísticas, como Sin noticias de Gurb, con viajes extraños que no acaban de convencer como El asombroso viaje de Pomponio Flato o con otras novelas diferentes de las anteriores como Mauricio o las elecciones primarias, Mendoza forma parte de mi bagaje literario, porque es uno de los pocos que puedo decir que voy leyendo según va pasando el tiempo. Así que teniendo todo esto en cuenta, y sabiendo que @castillodnaipes me había recomendado La verdad sobre el caso Savolta en varias ocasiones, ¿cómo podía ser que no lo hubiera leído ya, teniendo en cuenta que el ejemplar rondaba mi mesilla por las noches?

la-verdad-sobre-el-caso-SaboltaDecidida por fin a enmendar mi error, compré un kilo de churros y me senté en mi butaca a comenzar con la lectura. Asombrada mientras pasaba las páginas, no podía concebir que en La verdad sobre el caso Savolta no apareciera ningún extraterrestre, ni Marta Sánchez, ni nada parecido. Al contrario, una compleja trama en la que encontramos fragmentos tan serios y musicales como el que sigue:

Ella se aproximó a mi rostro y me dio en los labios un beso de los que sólo en los sueños de los solitarios sin amor se dan y se reciben.

La verdad sobre el caso Savolta es una historia compleja, en la que hay sindicalistas, intereses económicos, personajes de doble filo, complots, asesinatos y amor. Todo mezclado en un maremágnum de saltos temporales que narra Javier Miranda desde un banquillo como testigo en un procedimiento judicial posterior.

Las piezas y los relatos que nos cuenta el narrador, van creando un hilo conductor en el que se forma una visión global de un momento en el que ocurren varias situaciones a la vez y en la que otra persona menos observadora no apreciaría la complejidad y el juego de causas-consecuencias de cada acto.

Pero además, Mendoza intercala otros temas, bien humorísticos o irónicos, otras pequeñas reflexiones y perlas que aderezan una historia muy bien contada.

– Cortabanyes es un gran hombre -dijo Lepprince en cierta ocasión-, pero tiene un grave defecto: siente ternura por sí mismo y esa ternura engendra en él un heroico pudor que le hace burlarse de todo, empezando por sí mismo. Su sentido del humor es descarnado: ahuyenta en lugar de atraer. Nunca inspirará confianza y raramente cariño. En la vida se puede ser cualquier cosa, menos un llorón.

– ¿Cómo conoce usted tan bien a Cortabanyes? -le pregunté.

– No le conozco a él, sino a su careta. La naturaleza crea infinitos tipos humanos, pero el hombre, desde su origen, sólo ha inventado media docena de caretas.

Desde mi punto de vista, es un libro al que le sobran páginas. Leí de corrido hasta prácticamente la mitad y después me aburrí, porque algunos trozos se me hicieron pesados o que poco aportaban a la historia general. Reconozco también que no ayudó que hacia la mitad del libro leyera la sinopsis y aparecieran datos que aún no conocía (¿con qué motivo incluyen en las sinopsis cosas que aún llevando la mitad el lector desconoce? ¿Cómo se explica?).

A pesar de estas pegas, es un libro entretenido, complejo, bien narrado y bien pensado. Una de esas historias de ficción que parece que ya no quedan, que no están de moda escribir porque le faltan ochocientas páginas o porque ahonda demasiado en la sociedad de la época.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La compleja historia, en la que cabe el relato de la sociedad de la época y la reflexión de otros temas.

Contras

  • Hacia la mitad se hace pesado y redundante.
  • Sobran páginas.

 Namaste.

Autor, Literatura

Martín Zarza, Miguel García

Un día cualquiera recibo un mail de la editorial El último Dodo, una editorial independiente de Granada, para ofrecerme el libro que hoy os traigo. Generalmente no acepto libros de editoriales, más que nada porque de más tengo con los que ya tengo por casa y no quiero que mi lista de pendientes se incremente demasiado. Sin embargo, al ofrecerme algo más de información sobre la novela, decidí aceptar.

Martín-ZarzaMartín Zarza narra la historia de un joven que decide cambiar su vida mudándose de Madrid a Sevilla, una especie de crisis de los 30 motivada por distintos motivos: desencanto, decepción y hastío, entre otros.

Así, el protagonista comienza a residir en un piso propiedad de un familiar, cambia de ambiente y se dedica a conocer la cuidad y subsistir con el poco dinero que tiene.

Ahora, aquí, escribiendo sobre ello, lo pienso y me debato entre el estupor y el vértigo: tres años; más de mil días de mi vida que se han ido casi sin darme cuenta como robados por un carterista experto. Nunca había final para el túnel; había luz, sí, pero todo eran estaciones intermedias. (…) A pesar del hastío, la necesidad de cambio, y todas esas cosas que ahora me parecen tan evidentes, no fue en absoluto una decisión fácil de tomar. Por un lado pienso que es normal, casi natural: al fin y al cabo es inevitable no debilitarse con la monotonía. Yo había languidecido en mi propia rutina de mierda, creyéndome amparado por ella. Me había debilitado tanto, de hecho, que la idea del cambio se me antojó en un principio amenazante.

La historia está narrada desde un punto de vista moderno y fresco, con abundancia de referencias a la actualidad, además de contar con capítulos cortos que animan a continuar leyendo.

Bajo la historia de Martín está la de muchos jóvenes que se toparon con la crisis económica de 2007, y así se trasmite esa duda sobre el porvenir, sobre el pasado pero también la duda en uno mismo, una visión negativa del individuo que le arrastra a la negatividad y al pesimismo.

Me ha gustado encontrar algo muy personal que todos hemos sentido en los últimos años, narrado de una forma muy fehaciente, algo que no había encontrado en ningún otro libro anterior. Más que comentar la situación de la crisis, sus causas y efectos, Martín García se dedica a explicarnos, a través de Martín, cómo le afecta en su día a día, no solamente por el pasado que deja detrás sino por cómo piensa encarar un futuro del que poco espera.

Para él, en el terreno de las artes, era un error estudiar aquello que de verdad uno quiere hacer. “Estudia de todo menos de aquello que quieres hacer”,me dijo “si quieres ser escritor, estudia música, matemáticas, pintura, pero no estudies cómo escribir; si quieres hacer películas, estudia literatura, medicina, cualquier cosa vale, menos cine. Y así con todo”.

En definitiva, todo un descubrimiento. Estaré atenta a la segunda parte. Porque la historia de Martín no termina aquí, claro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Las sensaciones y reflexiones de Martín.

Contras

  • No me ha gustado el modo que tiene de reflejar el acento de los andaluces.

 Namaste.