Leí hace muchísimos años, más de los que puedo recordar, Cumbres borrascosas. Ya entonces en mi lista de clásicos ineludibles figuraba este título que he acabado leyendo tras hacerme con una edición a su altura, los clásicos singulares de Austral.
Del recuerdo que tengo de leer a la otra hermana Brontë recuerdo la densidad del estilo, o la sensación de que no ocurrían demasiadas cosas en la trama.
Así las cosas, en los primeros capítulos me encuentro con la protagonista, huérfana, niña ignorada y maltratada, y en un par de capítulos me doy cuenta de lo antónimo con la sensación de Cumbres borrascosas: un avance rápido y dinámico que se detiene poco en descripciones y donde no abundan las reflexiones profundas.
Jane Eyre, huérfana, niña ignorada y maltratada, acaba en un asilo de niñas en el que la vida no es nada fácil. A partir de aquí conoceremos lo que le va ocurriendo con el paso de los años, desde la vida en la institución para huérfanas a su paso a la vida adulta.
Brontë se detiene especialmente en sus sensaciones y sentimientos. Se detiene tantas veces y con tanto detalle que llega un momento que a mí se me ha hecho aburrido o que directamente me parecía una parodia y que esa niña buena, fantástica, maravillosa debía de ser en realidad el demonio disfrazado, que de repente se iba a quitar la careta e iba a sacar una katana de su vestido (SPOILER: no, esto no pasa).
Por suerte cuando se hace adulta pierde parte del repetitivo mantra de abnegación y pasa a tener carácter y una personalidad más definida. Sin embargo, y aunque la historia no es previsible (o no lo es del todo, cabría decir), no he podido conectar con la protagonista, ni con su relación con el otro gran protagonista: Rochester. Sí que tengo que reconocer la evolución de Jane, cómo cambia su visión de la vida y cómo (por fin) pierde esa inocencia exacerbada que tenía desde pequeña para ganar independencia y carácter.
Creo que este es el típico clásico que he leído porque lo es, y que no habría leído de otra manera. Lo cual por un lado me alegra, dado que por fin conozco de primera mano Jane Eyre, pero por otro me deja un regusto agridulce, porque es el tipo de libro que en su mayor parte me ha aburrido, y en otra me ha parecido algo simplón. Lo que sí que tiene en común con Cumbres borrascosas es la sencillez en el análisis de los personajes, o la sensación que desde fuera da, como si se tratara de una visión superficial al afrontar los problemas y la visión de los personajes.
Sin embargo tanto estoicismo y tanta abnegación no son para mí o quizá resulta que estoy tan acostumbrada a leer análisis pormenorizados de autores rusos que cualquier otra cosa se me hace rara.
FICHA:
| Te gustará si te gustó |
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| Pros |
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| Contras |
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Namaste.

Por suerte, con este libro me ha pasado, no solo que evitara leer la contraportada (¡como siempre!) sino que no había leído nada de su sinopsis ni su temática. Qué bien, porque desde el primer momento sólo podía repetirme a mí misma dos cosas:
En Voces de Chernóbil la autora realiza un trabajo de investigación sobre la mayor catástrofe nuclear en Europa, dando voz, como ya nos adelanta el título, a las pequeñas personas que vivían, trabajaban y sufrieron el accidente. Para ella, como compatriota, escribir este libro fue a la vez una obligación y un compromiso con su tierra, sobre un tema que se silenció y del que poco o nada se sabía, además de darse la circunstancia de ser uno libros muy importante que quedaría para la posterioridad.
En primer lugar, por el tamaño: es un reto de 800 páginas, lo cual se convierte en un reto largo, al que necesitamos invertir varias semanas (en mi caso meses).
Tal y como se incluye en la sinopsis, La mujer singular y la ciudad es la continuación natural de Apegos feroces, dado que ambas comparten la variada temática y el tono. Así, en ambas podemos leer una variedad de temas, desde anécdotas y reflexiones hasta comentarios humorísticos.
Los días iguales (Next Doors Publishers) es, como bien dice ella misma, el relato de su depresión, de las cosas que le pasaron, las sensaciones que tuvo y de todos esos días que pasó deseando no estar en su piel. Es un relato directo, muy interesante, que aporta luz para todos los que desconocemos la temática, que también desmitifica, en un mundo en el que podemos leer determinadas cosas que acaban confundiendo al lector, como
Los que me conozcáis ya sabéis que si lo anterior es una declaración de intenciones es porque lo que viene ahora no va a ser una crítica demasiado halagüeña. Tenéis razón.
Así que, efectivamente, poco me iba a imaginar yo que se trata de la historia de su padre, o más bien, de la familia del autor. Una historia que ya sabemos desde el primer momento cómo acaba, con un padre entregado a la defensa de los derechos humanos, una madre fuerte que saca una empresa adelante, dos personas que alumbran una familia numerosa, envidiable, sana y feliz.
Como ya adelanta el título, la edición agrupa tres ensayos sobre tres grandes escritores de la literatura universal, con el hilo conductor de la genialidad de los tres. El objeto del ensayo es desgranar las particularidades de cada uno de ellos, ofreciéndonos los motivos por los que Balzac, Dickens o Dostoievski han pasado a ser grandes referentes literarios.
El título hace referencia al verano de 1815: un año sin verano en Europa debido a la erupción de un volcán en Indonesia. Una de las condiciones por las que en junio seguía nevando, y que dicho periodo acabara registrando las temperaturas más bajas de un verano en todo el milenio.