Autor, Bandi, Literatura

La acusación, Bandi

Anoté hace bastante tiempo este título y lo compré hace unos meses, pero fue Jesús Artacho quien me lo trajo de nuevo a la mente cuando él comenzó a leerlo.

La acusación es el nombre que se le ha dado a la edición conjunta de varios de los textos que Bandi, un autor con pseudónimo residente en Corea del Norte, consiguió sacar del país a través de un familiar.

Bandi, que traducido sería libélula, nos acerca a la realidad del país asiático de la década de los 90, a través de personajes normales y humildes y de las absolutamente increíbles condiciones y situaciones a las que se han de enfrentar. Un mundo en que cada acto personal, hasta los sueños, han de ser controlados por el Partido.

Nada en el mundo es comparable a la decepción y al remordimiento que supone tomar conciencia de que todas las esperanzas y convicciones (…) no son nada más que un espejismo.

Página 89

Como es de imaginar, no es esta una lectura amable sino todo lo contrario. Personas que tratan de hacer una vida normal pero que se ven limitadas por las complicadas exigencias de un sistema político que amenaza cualquier minúscula parte de su intimidad. Ciudadanos que no quieren oponerse al régimen, sino tan sólo vivir tranquilos, pero que son forzados a reprimir su voluntad para adecuarse a las instrucciones gubernamentales.

Los personajes de Bandi son acosados y amenazados por un sistema cruel que les fagocita: una madre que se enfrenta al partido porque a su niño le da miedo la imagen del Líder, un hombre que trata de viajar a su pueblo natal para acompañar a su madre en sus últimos momentos de vida, un jefe de que tiene como objetivo conseguir una cantidad de producción fijada absolutamente imposible de conseguir… todos ellos presionados y sometidos por una maquinaria de opresión que sigue perennemente sus pasos.

Quién soy yo, sino un animal enjaulado para quien la menor distancia bien podría ser miles de li. ¡Sí, soy un animal domesticado!

Página 119

Tengo que admitir que el libro se me ha hecho cuesta arriba, y que a pesar de ser relatos cortos, me ha costado seguir leyendo. Quizá tenga que ver con el estilo esquemático y directo del autor, que huye del componente artístico, evita diálogos y se centra en las descripciones de la realidad. O quizá influya la temática de lo que nos cuenta y la crueldad y aceptación de las personas de que su situación es la que es y jamás cambiará.

El hecho de que, en pleno siglo XXI toda la población de un país viva bajo la tiranía de un dictador que controla sus vidas, sus cuerpos y mentes es algo que me sigue asombrando y espantando a la vez. Lo novedoso en el caso de Bandi es que se trató de la primera vez que un escritor que por entonces residía en el propio país consiguiera publicar sus textos, puesto que hasta 2014 todos los textos que se habían publicado venían de la mano de personas que consiguieron salir de Corea del Norte.

Lo poco que sabemos de Bandi se incluye en el apéndice de la obra, donde nos cuentan cómo consiguió sacar sus páginas del país, y también algunas pautas de quién se puede encontrar detrás del pseudónimo. Del resto poco más se sabe, ya que incluso su agente literario ha llegado a declarar que lleva sin noticias suyas desde 2018, lo cual pone en duda de su situación actual.

Toda la población de aquel país, que se hallaba bajo el hechizo de un brujo, vivía en una ficción ajena a la realidad.

Página 144

A pesar de lo duro de su lectura, considero que es uno de esos textos que hay que leer, como a Solzhenitsin, como a Affonço, como a tantos otros cuyos testimonios nos acercan un poco más a una realidad de la que vivimos al margen, por cuyas palabras se han jugado la vida.

FICHA:

Te gustará si te gustó El infierno de los jemeres rojos, de Denise Affonço.
Un mundo aparte, Gustaw Herling-Grudzinski
Pros – El hecho de que sean relatos ayuda a espaciar la lectura.
– Escuchar directamente el testimonio de los que sufren.
Contras – Estilo no artístico.
– Su lectura se hace dura.

Namaste.

Autor, Literatura, Ulítskaya

Sóniechka, Liudmila Ulítskaya

Diría que anoté el apellido de la autora cuando la vi entre las posibles para el Nobel. Ni me sonaba, la verdad, lo único que recuerdo es que venía recomendado por Macarena, así que me fie de su criterio.

Sóniechka es una joven judía no muy agraciada amante de la lectura. La historia comienza así:

Desde pequeña, recién salida de la infancia, Sóniechka se sumergió en la lectura. Su hermano mayor, Yefrem, el bromista de la familia, no se cansaba de repetir la misma gracia, que sonaba ya pasada de moda en el momento de su invención: «¡De tanto leer, a Sóniechka se le ha puesto el culo en forma de silla y la nariz en forma de pera!»

Página 7

La alegría de nuestra protagonista gana enteros cuando comienza a trabajar en una biblioteca. Allí conocerá a Robert Víktorovich, un tipo que ha pasado por un campo de trabajo soviético con quien conecta en el primer encuentro. De ahí, al matrimonio y a la vida conyugal.

El cambio de vida supone para Sóniechka el olvido de los personajes de sus novelas, con quienes había compartido tantos momentos, para dedicarse en cuerpo y alma a su familia. La amargura comenzará a añadirse a sus días poco a poco, hasta culminar en la decepción de verse relegada como la tercera en discordia.

El capricho prepotente del destino, que en su día había dictaminado que Sóniechka se convirtiera en la mujer de Robert Víktorovich, ahora intervenía en la vida de Tania.

Página 63

Sóniechka es poco más que un relato y poco menos que una nouvelle. No llega a las 150 páginas pero condensa gran parte de lo que podía esperar de la vida una mujer cualquiera de la Unión Soviética. Perfecta para el acercamiento a Ulítskaya, que como Sóniechka proviene de la URSS y también es judía, el estilo me ha recordado a Magda Szabó: directa, concisa, dura y cruda también, tiene ese encanto gris de las descripciones de las rutinas que tan bien les sale a los rusos. Sin reflexiones, eso sí, con el planteamiento escueto de las situaciones, la autora nos deja un regusto agrio, como el que por obligación, le ha de quedar a Sóniechka.

FICHA:

Te gustará si te gustó La balada de Iza, Magda Szabó.
Pros – Sencilla, cruda, directa.
Contras – Deja con ganas de más.

Namaste.

Autor, Carrère, Literatura

El estrecho de Bering, Emmanuel Carrère

¿Otra vez? Estaréis pensando. ¿Otra vez Emmanuel Carrère? Pues sí, os mando mis disculpas por adelantado.

Este año me ha dado por el francés ya pudisteis ver que comencé el año con Limónov, para después continuar con De vidas ajenas, así que este que os traigo hoy es el tercer título que he leído en 2022 de Carrère y el quinto en total del autor.

Como muchos, desconocía por completo ese título. Y eso Anagrama contaba con ello. Así que cuando primero por redes y después por la librería me topé con él, sabía que lo acabaría comprando. También contaban con ello los señores de Anagrama.

Porque a fin de cuentas, y ya sabemos los lectores del efecto Bolaño, con Carrère está pasando casi casi lo mismo: mucha fama, buenos libros, premios y galardones que les impulsan a publicar todo lo que haya escrito el autor, pasado o futuro. Novela o ensayo, qué más da.

Y así ha sido la publicación de El estrecho de Bering, o al menos así me la imagino yo. Porque este ensayo, publicado en 1986 andaba por ahí y no le interesaba a nadie. Hasta que en 2022 alguien decidió desempolvarlo y mandarlo directo a nuestros libros pendientes, con una más que llamativa fotografía en portada de Hitler y Stalin, para llamar aún más la atención. Con eso también contaban los señores de Anagrama.

En El estrecho de Bering el autor reflexiona sobre las ucronías, es decir, la ficción que surge cuando se cambia un capítulo de la historia. Acude a los primeros escritores ucrónicos para analizar qué habría podido suceder, si, por ejemplo, Napoleón hubiera tenido éxito en la batalla de Waterloo.

El planteamiento es interesante, ya que ficciona y también analiza los cambios que pudo suceder, los eventos que no habrían ocurrido o el impacto en la vida política del momento.

¿Habría escrito Flaubert «Madame Bovary» en Ucronía? Si bien casi todas las obras de arte nos parecen tributarias de su época, del estado de la sociedad, es decir, también de formas de escribir pasadas de moda cuya sucesión quizá esté tan decidida de antemano como la de las crisis ministeriales, ¿no existen algunas que parecen distintas, que no deben nada a nada, que no demuestran anda, huevos de ángeles caídos del cielo de las ideas?

Página 126

Sin embargo, el contenido es, por un lado, excesivamente reiterativo, y por otro, localista: un no francés se verá poco interesado por lo que nos ofrece el autor.

Mi cabreo ha sido máximo al ir avanzando, más y más y darme cuenta de que la fotografía de los dictadores iba a pasar sin pena sin gloria y no iba a tener relación con el contenido del texto. Porque no, en ningún momento Carrère aborda qué habría pasado de no haberse firmado el pacto Ribbentrop-Mólotov.

Pero claro, con eso ya contaban los señores de Anagrama.

Namaste.

Autor, Halfon, Literatura

Un hijo cualquiera, Eduardo Halfon

Si lleváis un tiempo por aquí ya sabéis que el guatemalteco Halfon se ha convertido en uno de esos autores a los que regreso de forma periódica.

En el blog podéis encontrar entradas de El boxeador polaco, Monasterio, Canción y Duelo y seguro que vendrán más, porque el resto de su obra la tengo en la lista de pendientes.

Así que con esos antecedentes al saber que Libros del Asteroide iba a editar este mismo año Un hijo cualquiera, me hice con él. Como los anteriores, se trata de un libro breve para degustar en la misma tarde.

Halfon nos lleva de nuevo a su mundo, un lugar que se relacionan futuro y pasado y donde siempre el tiempo es relativo. Su hijo lo lleva a reflexionar sobre su familia: sus padres y sus abuelos, y así todo está conectado por un hilo invisible en el que el carácter y las anécdotas llevan de los a unos a los otros.

Añade el autor fragmentos sobre el proceso de escritura, sobre los modos y la necesidad de plasmar por escrito su mundo. También hace lo mismo con el proceso de lectura, donde reconocer que fue un lector tardío que se obsesionó por leer en poco tiempo mucho de lo que tenía pendiente:

Me pregunté qué permanece, entonces, cuando un libro y su autor dejan de existir, cuando ambos se han convertido en polvo y tierra y papeles sueltos. Me pregunté esto: ¿qué debemos hacer, al final, con las bellas palabras escritas por una mano inmunda?

Página 124

Como suele ser habitual, ambos temas son los protagonistas y se va alternando, saltando de uno a otro incluso en el mismo capítulo. Además la autoficción y la autorreferencia son constantes y muchos de los detalles son los propios de su situación, de su visión y el nomadismo de Halfon, como es normal viniendo de tan particular familia.

Un hijo cualquiera adolece de falta de unión entre los relatos, como si faltara un hilo conductor que uniera la obra de manera más compacta. La sensación es que se han escrito en momentos diferentes y alguno de ellos ha sido rescatado de un cajón que no acaba de conectar con el resto de la obra, como si no correspondieran a al mismo contenido.

No es el título que más me ha gustado de Halfon, y si comenzáis a leerle os recomendaría empezar por otro título, pero si os gusta el autor, esta es una pieza más de un puzzle de recuerdos, historias de antepasados y cosas por venir aún por formar.

Y eso es la vida, ¿no?

FICHA:

Te gustará si te gustó Duelo, Eduardo Halfon.
Pros – El mundo propio que crea Halfon.
Contras – Falta de hilo conductor.

Namaste.

Autor, Literatura, Lomeña

Podio, Andrés Lomeña

Podio (Alianza Editorial, 2022) narra la historia de Paula Sen, una joven nadadora que busca el éxito en su carrera deportiva.

Paula sueña con llegar a lo más alto, con subirse a ese lugar que adelanta el título, con conseguir medallas y éxitos deportivos y, quién sabe, convertirse en una leyenda.

Pero de momento Paula es una adolescente, una muchacha que trata de hacerse un hueco en el inicio de su adultez y que intenta compatibilizar su vida con los esfuerzos y la disciplina de la natación. La acompañaremos en su camino donde se compatibilizan los entrenamientos con la ambición, las dudas en una misma con la comparación perpetua con sus competidoras.

Narrada en segunda persona a excepción de un capítulo, Podio ahonda en el esfuerzo y los sinsabores de los inicios de una carrera deportiva, con especificaciones propias de la natación y combinadas con la vida habitual de una adolescente. De lectura sencilla, tiene capítulos cortos, frases cortas y diálogos con los que es fácil y rápido avanzar. Su longitud lo hace perfecto para leer de una sentada.

Lo más complicado quizá sea tratar de hacernos partícipes de un deporte, describir las competiciones, los virajes y los momentos en el agua. Adolece además de algunos lugares comunes.

Gracias a Alianza por el envío.

FICHA:

Te gustará si te gustó – Libros sobre deporte. Para mí es el primero del tema.
Pros – Entretenido y de fácil lectura.
– Ideal para el público adolescente.
Contras – Los lugares comunes.

Namaste.

Autor, Le Floc´hmoan, Literatura, Mosley

Las Mitford o la pasión por la flema británica

Según avanzaba en la última temporada de los Peaky Blinders (Netflix), me preguntaba si, además de Oswald Mosley aparecería también Nancy Mitford, a la postre mujer del cabeza de los fascistas británicos.

La respuesta fue sí, y a raíz de esa situación me volví a mis estantes para comprobar cómo Las hermanas Mitford de Annick Le Floc´hmoan (Circe, 2003) y Cartas entre seis hermanas, Charlotte Mosley, (Tres hermanas, 2016) seguían esperando turno.

Decidí que había llegado el momento y para leerlas lo hice de forma paralela: leyendo primero el ensayo de Le Floc´hmoan, para recordar qué les ocurría a cada una de las hermanas en la época para después ir leyendo las cartas que se enviaban unas a otras.

Si no conocéis la vida de esta peculiar familia de aristócratas, Las hermanas Mitford de Annick Le Floc´hmoan es una opción perfecta para hacerlo, ya que partiendo cronológicamente va desgranando quién es quién en el conglomerado de los Mitford. Las circunstancias, sus cambios personales y los históricos, sus personalidades y caracteres y la vida que va generando que cambien la relación que tienen los unos con los otros se desmenuzan con bastante detalle.

Si ya conocéis a la familia Mitford, seguramente queráis saber más y prefiráis descubrirlas más detalladamente. En ese caso Cartas entre seis hermanas es una muy buena opción, ya que más allá de un biógrafo leemos las cartas que se han cruzado entre sí Nancy, Pamela, Diana, Unity, Jessica y Deborah. Y aquí es donde aparecen las sorpresas, porque la percepción que tenemos de cada una va cambiando.

Evidentemente la labor de selección, orden y edición de Charlotte Mosley, nuera de Diana, influye, pero creo que deja mucho más claro y sin menos interpretaciones cómo era cada una de ellas.

Si leyendo biografías tenemos la sensación de que Nancy, la novelista y autora de obras como Amor en clima frío, Trifulca a la vista o A la caza del amor es racional, divertida, simpática y muy inteligente, cuando lees sus cartas te das cuenta de que queda bastante peor parada que otras de sus hermanas: miente, exagera, promete y admite jugar a dos bandas.

Mientras, otras hermanas como Diana o Jessica, parecen más directas, más claras en sus intenciones. En definitiva: lo que hacen tiene más consonancia con lo que dicen.

Son muy interesantes la visión de Unity, amiga de Hitler, que se cartea con Diana con asiduidad, y también la de Jessica, en especial cuando emigra a Estados Unidos, de lo cual ya conoceréis si habéis leído Nobles y rebeldes. Sorprende por último, Deborah, la menor, que toma protagonismo en la última parte de las cartas, de la cual lo desconocía (casi) todo y de quien acaban de publicar ¡Esperadme!, de Catedral editorial, la memoria de la pequeña de las hermanas.

En definitiva, si queréis acercaros a la flema británica y pasearos por la historia europea del siglo XX a través de los ojos de una peculiar familia, las Mitford son todo lo que andáis buscando.


Namaste.

Autor, Literatura, Tolstoi

La muerte de Iván Ilich, Lev Tolstói

Allá por 2019, cuando tuvo lugar la Oda a Tolstói, anoté este título para hacerme con él en cuanto tuviera ocasión. Sabía que tras Guerra y paz, éste tenía que leer el siguiente del autor.

Admito desde ya que con los rusos, al menos con los dos mastodontes, Dostoiesvki y Tolstói, he empezado siempre por el final. En lugar de acometer primero lecturas cortas, me lancé con sus novelas insignias: Crimen y castigo y Anna Karénina, respectivamente. Tiempo después me he dado cuenta de que lo natural habría sido empezar por El jugador y por esta que os traigo hoy. Sea como sea, el orden influye, y la visión que tenemos del autor cambia según por dónde lo enfrentemos; pero para mí ya es tarde.

La muerte de Iván Ilich es la historia de un funcionario de la administración zarista cuyo objetivo es subir peldaños en su carrera profesional y ganar importancia en los ámbitos de la sociedad.

Sin embargo, su plácida existencia se ve truncada por varias cosas: la primera, sus expectativas, que se ven frustradas por lo rígido de la burocracia rusa y que además afectan al resto de su existencia. La segunda, el tiempo, que pasa demasiado deprisa.

El autor ya lo deja claro en las primeras páginas de la novela:

La vida de Ivan Ilich no podía haber sido más sencilla, más corriente ni más terrible.

Página 30

Iván Ilich es un tipo recio, trabajador, serio; que espera ascender y tener su vida lo más controlada posible, lo cual significa alcanzar lo que sugiere su estatus: poseer una vida tranquila, sin sobresaltos, en la que sea valorado y retribuido a todos sus niveles, esto es, un matrimonio sólido, una carrera profesional en ascenso y la satisfacción de su importancia social.

Con el paso del tiempo su ambición original y su satisfacción obtenida por los logros que va consiguiendo se van convierto en hastío y frustración. Las cosas no son como había planeado, y todo lo que un día pensó que le reportaría felicidad y tranquilidad no es suficiente.

Además, con el paso del tiempo, llega la enfermedad, lo que le hace replantear su vida, si ha vivido como debía, si algo de lo que ha hecho en sus años de vida tiene sentido, si mereció la pena.

Pero ¿qué había pasado? ¿Por qué? No podía ser. No podía ser que la vida fuera tan absurda y repugnante, ¿por qué morir, y además sufriendo? Había algo que no cuadraba.
<<¿Cabe la posibilidad de que no haya vivido como debería haberlo hecho? >>- se le pasó de pronto por la cabeza- Pero, ¿cómo es posible? Si he hecho siempre lo que correspondía en cada momento.

Página 131

La muerte de Iván Ilich fue escrita en 1886, en los años finales del autor, y trasmite la crisis existencial que vivió en aquélla época.

Muy diferente de sus novelas más largas, esta nouvelle de apenas 100 páginas trasmite a la perfección el cambio de expectativas y situaciones que sufre una misma persona en varios momentos de su vida, desde la ambición y la fuerza de la juventud hasta la duda de la mediana edad para acabar en tedio y decepción en la vejez.

Mención especial merece la edición de Nórdica, ilustrada, de tapa dura y gran calidad del papel, que hace la lectura mucho más agradable y placentera.

No me extiendo más, de haberlo empezado al comenzar a leer esta reseña ya habríais leído la mitad.

FICHA:

Te gustará si te gustó El jugador, Fiódor Dostoievski.
Pros – Con pocas páginas nos demuestra la calidad del autor.
– Ideal para comenzar con el autor.
– Las reflexiones que incluye.
Contras – Muy decimonónico.

Namaste.

Autor, Literatura

Trampa 22, Joseph Heller

Yossarian. Ese es el nombre. Quedaos con él.

No os preocupéis que va a ser difícil que se os vaya de la cabeza.

Yossarian es un piloto bombardero de un batallón acampado en una isla italiana en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

El muerto de la tienda de Yossarian era un engorro y a Yossarian le caía fatal, a pesar de no haberlo visto nunca. Tenerlo allí todo el día le molestaba tanto que había ido varias veces a la sala de instrucciones a quejarse al sargento Towser, que se negaba a admitir incluso que dicho hombre existiera, cosa que, naturalmente, había dejado de hacer.

Página 44

Yossarian quiere volverse a casa. Está harto de tanta misión, así que ha decidido hacerse el loco.

El problema es que, paradójicamente, el reglamento establece que nadie en su sano juicio querría pilotar un bombardero, así que alegar lo anterior demostraría que está cuerdo (¿qué loco presentaría una alegación en un procedimiento?), con lo que acaba cayendo en la Trampa 22, que le obliga a seguir pilotando.

– ¿Qué me harían si me negara a cumplir las misiones? – preguntó en tono confidencial.

– Probablemente te fusilaríamos – contestó Wintergreen.

– ¡Cómo que me fusilaríais! – exclamó Yossarian sorprendido -. ¿Por qué ese plural? ¿Desde cuándo estás de su parte?

– Si van a fusilarte, ¿de qué lado quieres que me ponga? – replicó Wintergreen.

Página 93

Para que Yossarian regrese a casa sólo ha de cumplir el número de batallas requerido. Ese es su principal su objetivo, hasta que se da cuenta de que jamás lo conseguirá: cuando está a punto de lograrlo, el general correspondiente siempre acaba aumentándolo.

– ¿Yossarian? ¿Quién demonios es ese Yossarian? ¿No será ese que se emborrachó (…)?

– El mismo. Es asirio.

– Ese loco hijo de puta.

– No está tan loco – objetó Dunbar- Jura que no piensa ir a la misión de Bolonia.

– A eso me refiero – replicó el doctor Strubbs -. Ese loco hijo de puta quizá sea el único cuerdo que queda.

Página 274

En Trampa 22 (Random House, 2019), Joseph Heller nos familiariza con la asombrosa fauna que plaga el ejército. Un elenco de personajes de todo tipo: orgullosos, ambiciosos, peligrosos especuladores, vagos y algún loco despistado que sólo quiere que se acabe la guerra.

Todos los oficiales y soldados tenían que invertir la paga entera en comer. Les quedaba otra alternativa -naturalmente, existía una alternativa, porque Milo detestaba la coacción y era un ruidoso defensor de la libertad de acción -: morirse de hambre.

Página 485

Estructuralmente, Trampa 22 es una novela muy interesante. Al empezarla, podría parecer que se trata de una novela lineal, cronológica y sin ningún tipo de pretensión. Sin embargo, cuando más avanzas más te das cuenta de lo complejo de la estructura, de los detalles que conectan unos capítulos con otros y de las situaciones circulares que se van explicando desde diferentes puntos de vista.

Para ello, Heller encabeza cada capítulo con el nombre del personaje, que aunque pareciera que se trata de la acción centrada en él, en ocasiones el mencionado sólo aparece tangencialmente. Otras, regresa a un evento conocido para narrarlo desde otro punto de vista, o para prestar atención a un detalle no mencionado antes, enfrentando la narración presente con la pasada.

Lo anterior, junto con los personajes que llegan al imaginario para quedarse, conforman una historia sardónica y desopilante, llena de humor negro, situaciones frustrantes e increíbles y diálogos maravillosos.

– El delito que ha cometido es muy grave, padre – dijo el comandante.

– ¿Qué delito?

– Aún no lo sabemos – contestó el coronel. – Pero vamos a averiguarlo. Y desde luego, sabemos que es algo muy serio.

Página 499

La multitud de personajes y su continua mención, en particular cuando acabamos de empezar la historia y aún no estamos familiarizados, hace que sea complejo saber quién es quién (si como a mí, os ocurre que la jerarquía del ejército os baila, ya ni os cuento).

Los diálogos y los razonamientos de los personajes merecen una mención aparte: son sardónicos, irreales, absurdos e increíbles, plagados de humor negro, de sátira, de crítica:

Pero lo contuvieron el recuerdo de su mujer (…) y la confianza que desde siempre había depositado en la sabiduría y justicia de un Dios inmortal, omnipotente, omnisciente, humano, universal, antropomórfico, angloparlante, anglosajón y pronorteamericano, y que había empezado a flaquear.

Página 379

Trampa 22 es una historia que reconozco, se puede hacer algo pesada, por la reiteración de las acciones, y la sensación de tedio que trasmite, pero nada es casual. Y lo mejor: merece la pena, porque es divertida, crítica, llena de humor y de absurdeces, frustrante y odiosa a la vez, sorprendente y brillante cuando menos te lo esperas.

Qué genial este libro, lectores. Qué pena no haberlo leído antes, haber conocido a este soldado que parecía tan cuerdo… ¿cómo se llamaba?

– ¿Es que no lo entiendes? Estoy majara (…) Soy un demente.

– ¿Y qué?

– ¿Cómo que y qué? – A Yossarian no le cabía en la cabeza que el doctor Danika no lo comprendiera -. ¿No te das cuenta lo que eso significa? Puedes darme de baja y mandarme a casa. No van a mandar a luchar a un loco para que lo maten, ¿no?

– ¿Y si no, ¿quién iría?

Página 405

Hacedme caso: leedlo.

FICHA:

Te gustará si te gustó Matadero cinco, Kurt Vonnegut.
Pros – Compleja estructuralmente, plantea muchos temas y es crítica y original.
– Los diálogos.
Contras – Hasta que conoces quién es quién la historia puede ser confusa.

Namaste.

Autor, Bloom, Literatura

El canon occidental, Harold Bloom

Os traigo uno de esos ensayos fundamentales a la hora de entender la literatura, y que se suele definir como lectura obligada: El canon occidental (Compactos Anagrama, 2001) del estudioso Harold Bloom, crítico y teórico literario.

Tenía pensado leerlo desde hace mucho, pero fue realmente el curso que hice de crítica literaria de José Carlos Breto el que acabó adelantando puestos a este libro.

No pretendo que este sea un análisis pormenorizado de un ensayo de un señor que sabe de libros mucho más de lo que puedo llegar a conocer jamás, sino sólo unas pinceladas para cualquier otro lector que se anime a considerar El canon occidental entre sus futuras lecturas.

En El canon occidental, Bloom trata de establecer una lista de libros básicos que han supuesto los cimientos y bases para la concepción de Occidente en la literatura. Así, va haciendo un repaso cronológico de los autores y obras fundamentales de nuestro imaginarios, analizando desde la temática hasta la creación de los personajes o la variación de los estilos literarios y justificando por qué ha de ser incluido en el canon.

Divide su ensayo en cinco partes o edades bien claras en sus inicios pero más complicadas de definir después: la edad teocrática, esto es, la base teórica y filosófica de la concepción de Occidente: con muchos griegos, otros tantos romanos y la Biblia y Homero para llegar a la Edad Media y San Agustín; la edad aristocrática, donde se sientan las bases de la novela, con Shakespeare y Cervantes a la cabeza y Goethe y Schiller como autores finales del periodo, la edad democrática, donde ya nos situamos en el siglo XVIII y principios del XIX nos lleva a Victor Hugo, Dickens, Dostoievski y Twain y la edad caótica. mucho más diversa, que engloba un elenco muy diferente de autores Malraux o Hardy, Woolf y Kafka, Borges y Faulkner.

Cuando uno comienza a leer un ensayo como este, sabe de antemano que la profusión de detalles es esperable, lo que sí que no esperaba eran las páginas reiterativas en su loa continua a Shakespeare. Porque el inglés no sólo tiene sus propios capítulos donde desgrana su obra, sino que en otros aparece casi más que el autor en cuestión, como bien ocurre con el capítulo de Shakespeare o Chaucer.

En este sentido, se nota claramente que Bloom es un autor anglófilo que lo más que ha leído ha sido literatura escrita en inglés. Sorprende sobre todo cuando, en el glosario final del libro, incluye títulos de referencia de literatura en francés o alemán y, centrándome en la literatura escrita en español, omite grandes títulos para incluir otros prácticamente desconocidos.

Muy interesante para conocer autores de esos que tenemos pendiente y motivarnos a subirles puestos en nuestra lista de pendientes, El canon occidental es un ensayo para leer poco a poco y para utilizar como referencia bien antes o después de las lecturas de los clásicos. Bloom puede poner luz en textos que quizá se nos puedan hacer complejos o pesados y ayudarnos a escoger lectura.

Aún con todo, no es un ensayo para recomendar a todo el mundo, pero si os interesa como a mí conocer más los entresijos de la literatura, este ensayo ha de figurar entre vuestros títulos.

Y ahora me doy cuenta de que cada vez leo más ensayos, ¿y vosotros?

Namaste.

Autor, Literatura, Phillips

La desaparición, Julia Phillips

Sé que no soy la única en confesar que calculo y repienso mucho las lecturas que voy a llevar a los viajes, y sobre todo a los que implican un avión de por medio.

No es tan fácil como podría parecer conseguir escoger una historia entretenida e interesante, que no sea demasiado densa, para poder leer 100 páginas de golpe si es necesario, pero que a la vez ofrezca algo memorable, interesante, digno de ser leído. También escoger los suficientes libros como para tener lectura para la ida y la vuelta pero no pasarse cargando peso de más.

Ya me pasó con Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan, que a pesar de lo duro de la historia resultó un ritmo estupendo para lo que andaba buscando.

En esta ocasión escogí La desaparición (Sexto Piso, 2019), un libro que me recomendó Marta, que compré en mi última visita a la librería Moito Conto.


La desaparición arranca con dos hermanas, Aliona y Sofia, de 11 y 8 años, que son interceptadas por un hombre en una zona aislada. Ellas acaban subiendo a su coche.

El resto de la trama pivota entorno al anterior suceso: el impacto, mayor o menor de habitantes, vecinos y otras personas de Kamchatka, el lugar donde se centra la acción pero que funciona como un personaje más y le da un tono y un ambiente muy particular.

Y es que, aunque podríamos pensar que la novela se centraría en la búsqueda, la autora lo lleva por otros derroteros; el de personajes secundarios que tienen más o menos relación con las niñas (su tía, sus vecinas, la mujer que se las cruzó cuando iban con el hombre), y también otras que conocen el caso y nada tiene que ver con ellas, a quienes les afecta en su día a día el nuevo ambiente de inseguridad.

Crees que estás a salvo, pensó. Te cierras en banda y mantienes tus reacciones a raya para que nadie pueda entrar. Obtienes un título universitario y un buen trabajo. Tienes tus ahorros en divisas extranjeras y pagas religiosamente tus facturas. Cuando tus compañeros de trabajo te preguntan por tu vida familiar, no respondes. Haces ejercicio. La ropa te queda bien. Las aristas de tu afecto, siempre afiladas, como un cuchillo, para que todo el que se te acerque sepa que tiene que tener cuidado contigo. Crees que has conseguido tener cierto nivel de protección, pero no es así, al final te das cuenta de que estás indefensa, expuesta a todo el mundo que has conocido.

Página 256

La desaparición es la historia de las niñas pero también las reacciones que generan en una sociedad tan pequeña y cerrada como la de la península de Kamchatka, con limitaciones de movilidad y suspicacias hacia el diferente.

Lo sorprendente de esta historia es que Phillips utiliza el caso para crear un ambiente de inseguridad e incertidumbre en el que nos puede mostrar la realidad de mujeres de la zona, de diversos orígenes y circunstancias, pero con mucho en común: la incertidumbre, la violencia que reciben, o como bien apunta Marta en su reseña, la constante infantilización en cada decisión que toman.

Te echo de menos -Tocó el acorde en sol mayor para Ruslán-. ¿Lo oyes? Estoy aquí. Estoy bien.

Página 112

La desaparición tiene todo aquello que necesita una historia para trascender: la sutileza al pincelar los temas que deja entrever, su descripción sin edulcorar ni exagerar y los silencios en los que el lector tiene parte activa en esta novela.

El equilibrio entre lo austero de la trama con un uso potente de la intriga, añadido a una genial ambientación, convierte a esta novela en una de esas que te absorben en su lectura, de las que quieres exprimir hasta conocer cada detalle y secreto de todo lo que sucede.

Incluso el final, momento complicado para muchas novelas, es resuelto eficientemente por Phillips.

Pensaba que me gustaría, pero sinceramente, no tanto. Creía que se iba a quedar en lo típico, lo confortable, lo de siempre. Pero por suerte no.

Gracias Marta por la recomendación. Ya ves que te hago caso.

FICHA:

Te gustará si te gustó El palacio de hielo, Tarjei Vesaas.
Pros – El ambiente de toda la historia.
– Las diversas historias que configuran la novela.
Contras – Deja mal cuerpo.

Namaste.