Tierra de mujeres de María Sánchez apareció en mis redes sociales y no se fue hasta pasado bastante tiempo. Aunque intento evadirme de este tipo de influencias (porque la lista de pendientes ya es bastante larga sin ellos y porque sé que este tipo de lectura no suele ser para mí), acabé comprando un ejemplar en la Feria del Libro.
Colé su lectura entre otras que en teoría iba a leer antes para conocer de primera mano este ensayo rural que nos ofrece María Sánchez.
Sánchez es una joven veterinaria que vive en la España rural, lo que muchos llamamos España vacía y lo que anteriormente se definía simplemente como pueblo. Trabaja con ganaderos y nos ofrece su visión de su vida y de la despoblación rural que obliga a muchos a emigrar y a otros a resistir. A lo largo de sus páginas rememora la vida de las mujeres que han trabajado en lo rural, además de reflexionar sobre el pasado y el porvenir de una tierra que en determinados momentos puede parece baldía.
Su visión incluye la relación de lo urbano con lo rural, el feminismo y la despoblación. En este sentido Tierra de mujeres es a la vez un ensayo y dos a la vez.
Querer, aferrarse.
Aferrarse una y otra vez a esa genealogía con voz y memoria de despensa llena de tarritos de semillas, de especias y aliños, de pesos y canastos que nunca tuvieron reparo a llenarse para compartir con los suyos.
Página 162
A primera vista pensé que su visión y la mía coincidirían en determinadas cosas: yo también soy una mujer joven que vive en una zona bastante despoblada, aunque no me dedique a lo rural y mi día a día sea muy diferente. Y lo cierto es que en algunas reflexiones coincidimos:
El medio rural y sus habitantes no necesitan que ninguna literatura los rescate. Necesitan que se los reconozca al fin, ocupar su espacio y recuperar su voz. Necesitan más que nunca que se afronten de verdad sus problemas y sus necesidades.
Página 96
Sin embargo, hay algunas otras cosas que me han hecho extrañarme. Durante toda la lectura he tenido la constante sensación de que la estructura o la edición no está del todo bien, que hay cosas que se repiten, otras que no se saben hasta la mitad del libro, otras interesantes de las que nos enteramos al final. Esto es, que parecen un conjunto de temáticas diferentes escritas en momentos temporales distintos que se han adicionado con posterioridad.
Además, con algunas otras cosas no puedo sino estar en desacuerdo:
Como tantas mujeres, yo no tengo habitación propia para escribir. (…) Escribo en la misma mesa en la que como.
Página 134
Me parece algo partidista utilizar la referencia a Virginia Woolf para ejemplificar un supuesto victimismo. Porque en el momento en el que estás viviendo sola, aunque tengas que escribir en la mesa en la que comes y donde trabajas ya tienes una habitación para ejercer tu libertad. Qué más habrían querido muchas.
No somos la España vacía.
Página 96
Creo que la referencia a La España vacía de Sergio de Molino es totalmente necesaria y obligatoria, teniendo en cuenta su importancia en la temática. Lo que no acabo de comprender es esa tendencia a utilizar el contenido de la palabra sin usar esa palabra, esto es, pareciera que queremos deslegitimizar al autor de la expresión sustituyéndola por otra que sin embargo significa lo mismo. En resumidas cuentas: para no usar La España vacía acabo acuñando La España vaciada para referirme a lo mismo. Lo justo sería, simplemente, admitir que el término de Del Molino es el más directo y el que más ha calado. Al César lo que es del César.
Así que en parte acabé dándome la razón a mí misma. Por un lado, me ratifico en la idea de que este tipo de lectura no es para mí, pero la verdad me ha parecido un libro interesante y creo que mi ejemplar va a pasar por distintas manos porque varias personas de mi alrededor podrán sentirse interesadas por su texto.
FICHA:
| Te gustará si te gustó |
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| Pros |
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| Contras |
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Namaste.

El libro se centra en el descubrimiento de un nuevo poema de Emily Dickinson, que aparece bastante tiempo después de encontrarse los demás. La composición aparece en una subasta de Sotheby´s en 1997, y desde el primer momento acapara el interés de múltiples compradores. Sin embargo, el responsable de su compra se da cuenta de que algo va mal cuando unas semanas más tarde aparece el nombre de Mark Hofmann entre los antiguos propietarios del poema, colocándolo en el punto de mira ante una posible falsificación.
Así que al enterarme de la publicación de este libro y al ver la novela recomendada por las redes sociales, me sorprendió el título y también la temática, alejada de la que yo esperaba y con la que había asociado al autor.
Como suele ocurrir con las modas, estuve tentada de comprarlo y de leerlo, pero algo me dijo que mejor lo dejaba pasar. Y como ocurre con las modas, el libro llegó un día que dejó de aparecer. Lo cruel y efímero de las modas (incluso de las literarias): puedes ver un título aparecer durante semanas y después, el silencio, la nada.
Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982): periodista y novelista. Ha publicado varios libros de periodismo, entre ellos Caracas hip-hop (Caracas, 2007) y Tráfico y Guaire. Es activa en redes sociales y mantiene el blog
Lanny Budd ya no es el playboy que conocimos en las anteriores partes de la saga, sino un tipo con un matrimonio estable, una hija de 5 años y una afán desmedido por dos cosas: el arte y la causa socialista. Como hemos visto anteriormente usará su primera afición para apoyar la segunda, consiguiendo financiar el socialismo alemán y aplacando sus sentimientos de culpabilidad al mismo tiempo.
Shalámov sabía de lo que hablaba: arrestado en 1937 por realizar actividades trotskistas
Leí este libro a principios de este año. No, no es una errata. Fue uno de los primeros libros que leí en este 2019. Después lo dejé en el estante de libros para reseñar y se quedó sepultado por otras lecturas que llegaron más tarde y salieron antes de ahí. Quizá os preguntaréis por qué.