Autor, Bolaño, Literatura

El secreto del mal, Roberto Bolaño

Hoy os traigo el último libro publicado por Anagrama del escritor chileno más rentable de las últimas décadas. Se trata de un compendio de fragmentos correspondientes al que habría de ser un libro de relatos.

 

En los textos y fragmentos encontramos aspectos comunes en la obra del autor, no sólo por la aparición de Arturo Belano, sino por la suspensión en el abismo de cada una de las frases, la deriva que trasmite en cada fragmento o los temas comunes.

Este libro permite encontrarse con una pequeña porción de la prosa de Bolaño, con una mínima parte de su estilo y su carácter a la hora de escribir. Y digo mínima porque es tan pequeña, tan insignificante que incluso se podría despreciar, esto es, son textos a medio hacer, a medio revisar, a medio escribir, islas en un universo de constelaciones, granos de arena que no permiten ver el desierto que conforman las verdaderas obras del autor. Entre otras cosas, por la longitud. Desde mi punto de vista, Bolaño es un autor con el que se conecta cuando se leen muchas páginas, una detrás de otra, más allá de Estrella distante o de cualquiera de sus novelas cortas, con novelas largas, potentes y ambiciosas, como con Los detectives salvajes.

Mi opinión, como lectora enamorada de su prosa, es que El secreto del mal no le hace justicia a este autor. Que cualquier lector que escogiera este libro como el primero para conocer al autor huiría espantado por desconocer la conexión, el hilo conductor, o por tratarse de un compendio de textos que no tienen un fin común. Y no le culparía.

Es cierto que se pueden encontrar frases destacables, descripciones interesantes o fragmentos, pero cualquiera que se parase a pensar un par de minutos podría colegir que se ha publicado este libro para que acudamos a comprarlo tras comprobar que en la portada aparece Roberto Bolaño. Pero en fin, eso lo dejo para los malpensados.

Namaste.

Autor, Literatura, Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer es una de las nouvelles comprendidas en la edición de Acantilado dedicada a Zweig que me regalaron recientemente. Aunque he oído grandes alabanzas de otras (como Carta a una desconocida), me decanté por esta cuando decidí volver al autor.

Aunque el anterior libro que leí fue Momentos estelares de la humanidad, lo cierto es que este que os traigo hoy nada tiene que ver con el anterior. Si aquélla era no ficción, esta sí lo es, si aquélla se distinguía por el momento en el que se encuadraba la historia, esta es una novela, una ficción, una breve historia.

La historia comienza en un hotel en el que varios huéspedes pasan el rato comentando la conmovedora historia de una mujer que ha abandonado a su familia para marcharse con un joven a las pocas horas de haberlo conocido. Los honorables y distinguidos huéspedes comienzan una conversación en la que se plasma la incredulidad de un enamoramiento tan rápido.

A raíz de este hecho, una de las señoras hace partícipe su propia historia, narrando un relato que cuenta por vez primera

Zweig desarrolla una historia instrospectiva, que analiza el comportamiento humano y sus deseos, así como la importancia de sus impulsos, de todo aquéllo que nada tiene que ver con la razón. Lo importante de esta novela es la forma con la que el austríaco nos envuelve en una prosa certera y elegante pero sin dejar de un lado el puro análisis, el conocimiento meridiano del carácter humano.

Destacan además las descripciones, en concreto una de ellas en la que se dedica a describir unas manos. Unas simples manos, pero que él consigue que sean algo más característico, de modo que al contarnos cómo se ven podamos conocer la personalidad del propietario de las mismas.

Sin embargo, la trama en sí, el secreto guardado de esa anciana abrumada por el recuerdo no me ha parecido tan interesante, sino más bien algo sencillo y quizá sin empaque. Por supuesto, soy consciente de lo diferente de la situación en la época en que Zweig lo escribió de ahora mismo, pero lo que está claro es que lo verdaderamente importante es leer a este autor, verdadero genio de las letras, elegante como pocos y capaz de diseccionar el alma humana en un librillo de menos de cien páginas.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • La disección del carácter humano.
  • El uso de las frases, analítico, elegante y certero a la vez.
Contras
  • La trama en sí es secundaria y anecdótica, una mera excusa para escribir.

 

Namaste.

Autor, Berges, Literatura

Un estado del malestar, Joaquín Berges

Un estado de malestar es la última novela de Joaquín Berges, autor de Vive como puedas, la primera que leí del autor.

El planteamiento es, a fin de cuentas, similar al de la novela anterior, esto es, un personaje principal que aunque posee todas las cualidades para ser feliz no lo es tal y trata de huir de su mundo con objeto de encontrar un motivo por el que continuar.

Ricardo Marco es un padre de familia, trabajador en una gran empresa textil, con dos hijos y una mujer, un trabajo estable y bien pagado. Su aparente estabilidad se rompe cuando en la empresa marcadora de tendencias absurdas (como los jeggins) deciden comunicarle su prejubilación. Ricardo ve así el abismo: horas y horas de ocio por rellenar. Para más inri, su moderna mujer trata de presionarle para que adquieran una nueva casa en uno de esos lugares de lujo alejados del centro de la ciudad donde viven.
Es entonces cuando Ricardo se rebela de la normalidad establecida, a partir de un cambio de actividad algo… surrealista (su amistad con varios personajes del mercadillo cercano a su oficina) pero que después fluye a través de un sinfín de diálogos entretenidos y muy rápidos, que podrían parecer simples pero que consiguen una cruel profundidad sin pedanterías.

Me ha gustado más que Vive como puedas porque la veo más compacta, con menos altibajos, mejor hecha, como si se hubieran suprimido capítulos redundantes o como si se hubieran tratado de equilibrar cada uno de los argumentos para que todo resultara igual de potente. Porque a fin de cuentas, tenemos varios hilos: su relación con su mujer y sus hijos, los nuevos amigos y algún que otro nuevo enemigo, el choque entre el pasado y el presente, entre lo que se debe y lo que se quiere hacer.

Así, inevitablemente el lector se pone fácilmente en el lugar del protagonista, al cuestionarse cosas que vemos normales pero que, si las analizamos fríamente resultan absurdas de todo punto, propias de una sociedad que consideramos más avanzada pero que siguen siendo estúpidas, la rigidez de un sistema en el que sólo servimos para producir y consumir, la pérdida de todos esos aspectos que nos acercan a nuestra naturaleza de animales, de seres que necesitan algo más que horarios y sistemas, que procedimientos y reglas.

Pero es que además, Berges vuelve a demostrar que es un autor inteligente, que entretiene con una chispa propia, con su natural ingenio, como nos demuestra aquí:

Inspiro y espiro profundamente, me relajo sobre la cama, cuento ovejas, muchas ovejas, pero al llegar a la tres mil mi mente está más despierta que antes, seguramente porque si tienes tantas ovejas eres ya un ganadero de cierto peso y tienes que empezar a preocuparte por el precio del pienso y el importe de las ayudas comunitarias. Cometo un grave error: miro el reloj. Cualquiera que padezca insomnio sabe que nunca hay que mirar la hora que es. Vuelvo a tumbarme y trato de asirme a algo candencioso, un sonido que guarde una pauta y acune mi sueño. Eso me relajará. No tardo en encontrarlo. Es un rugido vibrante y velar, seguido de un soplo de aire de timbre agudo. Es como el sonido de las olas del mar. Son los ronquidos de Juanmi.

Este estilo me gusta, me entretiene y me hace reír mientras dice verdades como puños y frases sarcásticas a cada rato. Quizá sus novelas mantengan esta línea, con una trama similar, pero tengo claro que es algo que me gusta. Ese algo familiar al que uno quiere volver, esa risa preparada ante una novela ligera que sienta muy bien en un calor infernal o ante momentos sin pausa. Y esa familiaridad es la típica que poseen los autores a los que volvemos de vez en cuando, no sé si sabéis a qué me refiero: la familiaridad de saber que cada otoño leemos a Auster, que en primavera llega un nuevo libro de Murakami o esperar a la publicación del próximo libro de Grandes. En esa lista no hay sitio para todos, pero desde mi desencuentro con Auster creo que hay de sobra para Berges.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El ingenio y el estilo del autor.
  • Entretiene y divierte.
Contras
  • El inicio, que puede parecer forzado.
  • La portada, que no me gusta.

De nuevo, gracias a la Editorial Tusquets por enviármelo a casa.

Namaste.

IMM

IMM (25)

Tras un parón en el que no he parado de leer pero en el que me ha faltado mucho tiempo, regreso para enseñarlos los nuevos libros que desde hace unos meses se han sumado a mis estanterías. Son los siguientes:

Foto 1

  • Un estado del malestar, Joaquín Berges. Tras leer Vive como puedas, me apetecía leer una novela fresca y aprovechar para regresar al estilo del autor. Cortesía de la editorial Tusquets.
  • El secreto del mal, Roberto Bolaño. Uno de los últimos libros publicados por Anagrama, del que no tenía referencias y que adquirí simplemente por el nombre del autor. (Inserte sonido de bocina AQUÍ).

Foto 2

  • Middlesex, Jeffrey Eugenides. A raíz de la publicación de su último libro, no paraba de ver el nombre del autor por todos los sitios. Finalmente, @gancedo me animó a hacerme con él y aproveché la Feria del Libro de Madrid (sí, en mayo) para comprarlo. Mejor en compacto, claro.
  • Una oración por Katerina Horovitzová. En este caso, la recomendación vino de la mano de Carol. Tenía muchas ganas de hacerme con él (eso sí, intenté no mirar ningún otro libro de Impedimenta, que nos conocemos), por las opiniones y por lo preciosa de la portada.

Foto 3

  • 1280 almas, Jim Thompson. Novela negra, influenciada, claro está por Aramys, el maestro samurái de estas lides. Tras una conversación por twitter, me quedé con ganas de volver a leer al autor que tanto me había gustado con El criminal. 12 euros, para que luego digan que los libros son caros.
  • La hierba roja, Boris Vian. Tranquilo todo el mundo. Sí, sí lo he leído. Pero lo tuve que devolver a la biblioteca, y tenía muchas ganas de que este título, que tanto ha significado para mí, formara parte de mi pequeña biblioteca personal. Y por supuesto de releerlo, claro está.

Mientras tanto, a pesar del mes de agosto, seguimos leyendo. Jean Valjean, ya queda menos.

Namaste.

Autor, Levrero, Literatura

El lugar, Mario Levrero

El lugar, de Mario Levrero, forma parte de la Trilogía Involuntaria, que comienza con La ciudad, continúa con París y se cierra con esta que os traigo hoy. Al ser involuntaria el orden es lo de menos, y fue Bartleby el que me recomendó que continuara con esta. No voy a llevarle la contraria a un experto del tema, así que dejé París para otra ocasión.

 

Levrero, como ya nos tiene acostumbrados, tiene un deje kafkiano muy marcado. Un elemento que se aprecia desde la primera línea de la novela: es capaz de iniciar la historia con un personaje protagonista que aparece en un laberíntico lugar, lleno de habitaciones y de puertas en el que sólo cabe la huida hacia adelante.

Un solitario muchacho que duda y desconoce por qué ha acabado allí, donde trata de encontrar una salida a priori inexistente. Inevitable es, pues, recordar El proceso, por ese ambiente desconocido en el que uno se encuentra sin saber por qué, y en el que en ocasiones ni se plantea el motivo: el objetivo es avanzar, salir, volver a la realidad.

Si bien la primera parte me ha parecido opresiva y llena de incertidumbre, la segunda cambia de registro, dando un giro de 180 grados al conseguir que nuestro protagonista salga del laberinto en el que se encuentra. Así, llega a un espacio abierto en el que por fin obtendrá alguna información sobre lo que le ha ocurrido gracias a otros personajes secundarios.. Aunque se agradece pasar a tener más de un personaje, el lector se mantiene en vilo al saber que, de nuevo, el camino se bifurca y que en la trama puede ocurrir cualquier cosa, real o irreal, previsible o no. En esta parte se manifiesta el contenido más social de la novela: un protagonista aislado del grupo, disconforme con muchas de las opiniones de estos, que busca algo diferente. Samsa. O una cucaracha, en definitiva es lo mismo, Kafka desde otro punto de vista.

Lo que llega después es, para mí, inclasificable: una tercera parte escatológica y sin sentido, absurda y extraña, que me ha parecido impostada, de pega, algo tan fuera de lugar que no sólo no me ha gustado sino que me ha aburrido, que me cansó y me pareció una tomadura de pelo, una idea feliz que en cualquier proceso creativo se habría descartado. Incredulidad por verla ahí plasmada, por pensar que a Levrero le pareció bien acabar la novela así.

Total, me he quedado con un gusto agridulce: no me ha acabado de convencer, quizá también porque lo comparo con La ciudad y esta me parece más lógica, más organizada. Sin embargo, sé que el estilo del uruguayo sí me gusta: es certero y sencillo, no necesita alardear con grandes frases para meternos de lleno en su extraño mundo, es inteligente y matemático, pero también muy psicológico.

Ahora la duda es cómo será París.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El inicio. Muy potente y muy kafkiano. Buena combinación.

Contras

  • Cómo se resuelve la trama. El final.

Pasad un buen fin de semana lleno de lecturas.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (X): Lorenzo Silva

Lorenzo Silva (Madrid, 1966): uno de los escritores españoles más famosos, conocido por sus novelas de temática policíaca entre las que destacan La flaqueza del bolchevique, El lejano país de los estanques o La marca del meridiano. A lo largo de los años ha obtenido importantes premios, como el Premio Nadal o el Planeta el pasado 2012.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Los soldados, Pablo Aranda.

Una novela de intriga en la que el punto de partida es el asesinato y en la que planea el terrorismo. Os recomiendo que leáis esta entrevista en la que el autor dice cosas tan interesantes como “me siguen interesando los mismos temas, los temas de gente de aquí y ahora que buscan su lugar en el mundo”. Cómo no, si para una buena novela no se necesitan grandes aspavientos, basta con aderezarlo con alguno de los miedos de los humanos y ya está. Novelón servido.

2.- Un libro que nos recomiendas.

Polvo en el neón, Carlos Castán.

 

Me ha venido a la mente La biblia de neón, de Toole, que por supuesto no tiene nada que ver.
Castán, del que Lorenzo Silva ha comentado que es el mejor escritor español vivo. ¿Exageración? No lo sé, porque no le he leído. Una novela corta (de apenas 100 páginas), que trata sobre el amor, la soledad y la huida. Opiniones más extensas y muy interesantes aquí y aquí.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Kafka.

Kafka. Qué decir de este autor, de este grande de la literatura que no haya dicho ya. Pues que a pesar de que La metamorfosis sea su novela más famosa, siempre recomendaré El proceso, verdadera trama de opresión y soledad. Quién sabe por qué la primera es más famosa que la segunda… sin embargo, soy de las que piensan que El proceso, al ser más larga y elaborada, nos mete de lleno en ese mundo propio del autor checo. Leí El castillo, me queda América. Antes de leer otro libro al que tengo muchas ganas: la novela gráfica en la que Robert Crumb cuenta la biografía del autor.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los libros que nos recomienda Lorenzo Silva? ¿Habéis leído alguno de sus libros? ¿Por cuál me recomendaríais empezar?

Espero que os haya resultado tan interesante como a mí.

Felices lecturas.

Namaste.

Actualidad, Literaria

Feliz Día del Libro

No necesitamos libros insignificantes, libros huecos, libros confeccionados para gustar.

 

No queremos libros escritos sin mimo, deprisa y corriendo: “Vamos, termíneme esto para julio, en septiembre se lo lanzo como es debido y vendemos cien mil ejemplares”, “Trato hecho”.

 

Queremos libros escritos para nosotros que dudamos de todo, que lloramos por nada, que nos sobresaltamos ante el más mínimo ruido.

 

Queremos libros que hayan costado mucho a su autor; libros en los que se hayan depositado sus años de trabajo, su dolor de espalda, sus crisis, su temor a veces a la idea de perderse, su desánimo, su valentía, su angustia, su cabezonería y el riesgo que ha asumido de fracasar.

 

Queremos libros espléndidos que nos sumerjan en el esplendor de la realidad y que nos mantengan ahí; libros que nos demuestren que el amor obra en el mundo al lado del mal, muy cerca, a veces de forma indistinta. Y así continuará, igual que siempre. El dolor desgarrará los corazones.

 

Queremos buenas novelas.

 

Queremos libros que no eludan nada de lo trágico de la condición humana ni de las maravillas cotidianas; libros que nos devuelvan aire a los pulmones.

 

La buena novela, Laurence Cossé.

 

Feliz Día del Libro.

Autor, Literatura, Martin

Canción de hielo y fuego (III): Tormenta de espadas

Tormenta de espadas es la tercera parte de la saga Canción de Hielo y Fuego. A nadie le voy a descubrir a estas alturas que se trata de una saga de siete libros, de los que a día de hoy hay publicados cinco.

Tras leer las dos primeras partes de la saga, es inevitable continuar leyendo. Martin lo sabe, y precisamente por ese motivo termina las novelas como las termina, justo en el momento exacto en el que el lector se plantea qué es lo que puede ocurrir a continuación.

Como sus predecesoras, Tormenta de espadas tiene batallas, pactos, amores y traiciones. En fin, que mirado desde una perspectiva alejada uno podría decir que es un culebrón. Y no andaría errado. Es un culebrón con algún que otro tinte fantástico. No quiero repetirme en lo que ya dije en las reseñas de Juego de tronos y de Choque de reyes, porque básicamente la estructura, los personajes y la trama continúan inalterables. Los Stark y los Lannister, los Targaryen y los Baratheon… todas las familias lucharán para conseguir el ansiado Trono de Hierro.

A diferencia de la segunda parte, Tormenta de espadas es una novela mucho más dinámica, que tarda bien poco en arrancar, que gana personajes y actividad desde un primer momento. Ahora bien, es el tipo de libro en el que antes de empezarlo uno ha de ser consciente de que tiene que tener tiempo suficiente como para conseguir que coja inercia. De lo contrario (por ejemplo, leer sólo un personaje por día), la historia se hace pesada y lenta. Eso fue precisamente lo que me ocurrió a mí: lo dejé estar un tiempo, y cuando lo volvía a retomar me costaba situarme, se me hacía lento, ¡incluso me planteé en dejarlo y pasarme a la serie de televisión!

Sin embargo, y como lectora que soy, he visto alguna que otra cosa en la serie que no me gusta, salidas del guión, simplificación en demasía de muchos aspectos (¡qué más da quién sea quién y cómo se apellide!). Todos esos pequeños detalles que a un lector le exasperan, como esa elección de la hermana de Theon (no me podía quedar sin decirlo, ¿¿quién ha podido seleccionar a esa actriz que podría pasar más bien por Brienne??), me hicieron querer continuar.

Volviendo al libro, lo que sí que he notado, en cuanto al estilo de Martin, es que la trama fluye a trompicones. Si al principio ocurren muchas acciones simultáneas, posteriormente se adentra en unas cien páginas (si no más) de calma chicha, para después acumular todos los capítulos interesantes en las últimas cincuenta páginas. Ocurre que, en muchas ocasiones echamos la vista atrás y pensamos ¿qué sé que no supiera antes de empezar ese libro? Y la respuesta es: poco más. Algún detalle, pero nada verdaderamente importante. Precisamente es al final, en esas últimas cincuenta páginas, cuando ocurre todo a la vez. Y todo es todo. He estado pensando el tema, si es que lo hace aposta, para mantener al lector en un estado de incertidumbre o interés, o si bien es falta de programación necesaria. Mi conclusión es que o bien a este señor le pagan al peso o tiene un esquema de lo que va ocurriendo, escribe las partes culminantes y después lo va colmatando con otros detalles hasta llegar a ese fin. No sé. Lo que sí que sé, es que seguiré leyendo. Una vez uno se ha adentrado al universo Martin es complicado dejarlo. Y menos que me lo troceen por televisión.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Entretenimiento sin pretensiones.

Contras

  • Por momentos se hace lenta. Otros se atropella.

  • Repetición de detalles obvios: ¿¡Que los Stark son del Norte!?

  • Ausencia de distinción entre qué/que.

  • Podemos discutir muy mucho las portadas cuasi-spoiler que se gastan los de la editorial.

Namaste.

Autor, Literatura

El cuaderno gris, Josep Pla

Esta reseña es una deuda que tengo pendiente. No sólo con vosotros, también conmigo misma. Y es una deuda compleja de saldar, de ahí que la lleve tiempo postergando sentarme a escribir esta reseña. No va a ser fácil.

Empecé El cuaderno gris hace muchos, muchos meses. Pensaba que era un tipo de libro muy diferente de lo que me encontré en realidad. Era una título que llevaba mucho tiempo en mi Plan Infinito. Como siempre, en el momento que un título se incluye en la lista, prefiero no saber nada de él. Ya está anotado por un motivo así que ni necesito ni quiero más información. Lo siguiente es leerlo.

En ocasiones esta manía mía genera trabas. Cuando empecé a leer El cuaderno gris lo leí como otro tantos libros, esto es, del tirón. Al desconocer que se trataba de un dietario no me había planteado la posibilidad de que se tratara de uno de esos libros que hay que leer de a poco. Eso lo descubrí más tarde.

El cuaderno gris se puede dividir en dos partes: una en la que se centra en el Ampurdán, provincia de Gerona, donde vive en la casa familiar, a la espera de regresar a Barcelona para continuar sus estudios universitarios. La mirada que extiende sobre la realidad se centra en sus vecinos y amigos, las vidas y la cotidianidad de sus paisanos, la reflexión sobre la tierra y el carácter.

Tras leer doscientas páginas seguidas me di cuenta de que El cuaderno gris hay que saborearlo. Como si se tratara de un buen vino, hay que tomarlo a sorbos, oliendo lo que nos ofrece, apreciando sus matices. Desde ese momento encaré la lectura de otro modo, leyendo algunas páginas cada día, justo antes de acostarme, dejando este dulce bombón para los momentos finales del día.

Comprender esto fue muy importante para mi visión de la lectura, porque me permitió apreciar más el estilo del autor, además de valorar de otro modo la grandeza de la obra. Ocurrió que en ocasiones estaba leyendo una novela corriente y que el mejor momento del día era cuando la dejaba y empezaba con El cuaderno gris.

En la segunda parte del libro Pla habla de Barcelona, de su vida universitaria y de todo lo que le rodea: de lo que lee, de lo que hace y de lo que piensa. Reflexiona sobre su futuro y su presente, sobre la vida de sus amigos y conocidos, sobre la idiosincrasia de Barcelona, sobre lo divino y lo humano.

Esta parte me ha gustado mucho más, quizá porque tengo más cerca la vida universitaria, o quizá porque me suele gustar esta temática, me gusta comprobar cómo los diferentes autores recuerdan su paso por la Universidad. Sin embargo, he observado que generalmente los autores enmascaran sus recuerdos o sus relatos con una pátina de nostalgia y de positivismo, probablemente a consecuencia de aquél refrán cualquier tiempo pasado fue mejor. La visión de Pla es diametralmente opuesta. No por ser negativa, sino por ser realista: se aburre con las clases, duda de la utilidad de muchas de sus asignaturas, está lleno de incertidumbre… etc. En definitiva, disecciona la vida universitaria sin ensalzar los puntos positivos, como un catalizador de la realidad. Además, su vida social se amplía, comenta sobre su círculo de amistades, sobre las discusiones en que se enzarzan, sobre lo peculiar de sus amigos. Nos enseña la Barcelona de las primeras décadas del siglo pasado, su ambiente de bares, su filosofía, su día a día.

Lo complejo de este libro y a la vez, lo maravilloso al saber que Pla lo escribió cuando apenas tenía veinte años. Y aún así sus palabras destilan una importante sencillez, de un lado, y por otro una visión exageradamente lúcida de su realidad. ¿Cuántos autores pueden demostrar esas capacidades por medio de un dietario? ¿Y cuántos lo hacen cuando son jóvenes?

Pero por encima de todo está el estilo, la suave elegancia de Pla, que combina con sus descripciones certeras, su análisis del conjunto sin perder importancia a los detalles, esa lúcida inteligencia que le hace ser capaz de comprender la realidad, no sólo la intelectual sino la humana.

Es un placer leer a Pla, ya lo dije en otra ocasión. Porque es complicado encontrar a un autor que abarque tantos temas, que tenga esa capacidad de aportar luz a cada uno de los embrollos, independientemente de qué se trate. Y al mismo tiempo, es un placer leer a un genio hablando de libros, de los libros con los que se topa, los libros que le quitan el sueño; esos autores que lee y relee, que marca como favoritos. Esa sensación compartida por todos los que leemos de amor a la lectura.

En muchas ocasiones terminaba la página con un suspiro. Otras, con risas, por su sátira y su sutil maldad recubierta de ironía. Incluso con melancolía, por verme reflejada en alguna de sus reflexiones.

Terminé El cuaderno gris hace un tiempo. Mi ejemplar de Austral ha quedado lleno de notas multicolores, que quieren marcar una ínfima parte de los fragmentos que más me han gustado. Sin dudarlo es el libro con más post-it de colores de todos los que he leído.

Qué pena que esta triste reseña no sea más que una gota en el océano de Pla. Pero espero que tengáis mis palabras en consideración y que os animéis a leerlo. Leerlo en catalán, si podéis, o en castellano, o en alemán. Da lo mismo. Las obras maestras hay que leerlas. Y esta es una de ellas.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La forma de diseccionar la vida.
  • Las múltiples referencias literarias.
Contras
  • No me acaba de convencer la edición de Austral. Tiene un papel demasiado basto. Recomiendo que la edición no sea de bolsillo.

Namaste.

Autor, Bolaño, Literatura

La pista de hielo, Roberto Bolaño

Cuando uno se acerca a Bolaño después de haber leído alguna de sus novelas más conocidas, como Los detectives salvajes o Estrella distante, sabe qué encontrarse. Sabe cómo escribe este chileno, cuáles son sus temas predilectos y cómo son sus personajes. El lector que conoce a Bolaño y al que le gusta este autor se encuentra cómodo. Como con cualquier otro escritor que nos gusta, lo asumimos como a un amigo al que le gusta hablar de música o de deportes, una característica más asociada a su personalidad.

Portada de
Portada de «La pista de hielo», edición Compactos Anagrama

Lo que no podía suponer, dado que evito leer las contraportadas de los libros, era que Bolaño se iba a atrever con el oscuro mundo del crimen, y no cualquier crimen, sino el de una muerte, un asesinato. Desde el primer momento el lector sabe que hay un muerto, pero desconoce quién es. Y a partir de ahí el autor siembra la semilla de la intriga. “¿Bolaño escribiendo una novela negra? No puede ser”, me dije. Y en cierto modo tenía razón, realmente no es una novela negra, por mucho muerto que aparezca, porque carece de los rasgos típicos del género. El autor utiliza ese hecho para hilar una narración en la que se mezclan otros muchos aspectos más bolañescos: la desaparición, el amor y el desamor y la inseguridad.

Así, nos encontramos con tres narradores distintos: un poeta chileno que acaba viviendo en España, un político catalán con ínfulas de grandeza y un mexicano que trabaja en un cámping. Todos testigos, de directa o indirectamente, de la situación que converge en el crimen, del misterio de una extraño palacio abandonado desde hace décadas.

He de reconocer que al principio tuve dudas sobre cómo se desarrollaría la trama, además de que en los primeros capítulos aparecen bastantes nombres de personajes de golpe. Sin embargo, una vez que nos situamos en la historia y sabemos quién es quién, entramos de lleno en una trama muy entretenida, auspiciada no sólo por saber quién es la víctima y quién el asesino, sino por conocer las relaciones entre los protagonistas, la importancia de los secundarios y ayudada por la técnica de intercalar cada uno de los narradores, con el consiguiente impulso.

Es aquí donde vemos cómo se despliega el estilo del autor, la magia de ofrecer brillantez en las descripciones o en los pensamientos y sentimientos de los protagonistas, así como los temas recurrentes en la obra del chileno: la ausencia y el desamor, la huida, el amor y la tristeza, la melancolía y la nostalgia. Y todo esto está presente en una novela de la que uno queda prendado desde la primera página, que gana dinamismo desde los primeros capítulos, que se extiende como una tela de araña, conociendo los vericuetos de las relaciones sociales. Es interesante apreciar los puntos de vista, las percepciones de unos y de otros, los perjuicios, la diferencia entre la valoración personal y la que hacemos a los demás. Imposible separarse de sus páginas, de sus cortos capítulos que invitan a seguir leyendo, como si siempre nos quedáramos a las puertas de descubrir los secretos, como si leyendo un capítulo más supiéramos la Verdad. Y la Verdad es, que sin comerlo ni beberlo llegamos al final, y nos da igual quién fuera el muerto y quién el asesino. Echamos la vista atrás y vemos el fino hilo de las relaciones personales, de las inseguridades y los problemas, la percepción de que para que unos ganen otros han de perder necesariamente.

Una novela que recomendaría a todos, pero en especial a aquéllas personas que quieren leer algo de Bolaño pero que no saben por dónde empezar. Es corto, es entretenido y es Bolaño. No se puede pedir más.

 FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo del autor.
  • Ideal para los que quieran leer algo de él pero no sepan por dónde empezar.
Contras
  • NO leáis la contraportada. No me fío de Anagrama.

Namaste.