Como ya os adelanté por twitter, tuve suerte y en el concurso que organizaron los amigos de Libros y literatura me tocó la pedrea, esto es, uno de los lotes de 5 libros que repartían entre los blogueros que nos habíamos apuntados. Mi lote era el último, así que fue la última de las pedreas.
El martes recibí el paquete, uno enorme, como os podéis imaginar, que incluía los siguientes títulos, todos de Maeva:
Libros lote concurso Libros y Literatura
El círculo, Mats Strandberg y Sara B. Elfgren.
El verano de mi vida, Maryann McFadden.
Just listen, Sarah Dessen.
Los trucos de las fracciones, Anna Cerasoli. Un pequeño librito en el que la autora pone ejemplos prácticos y sencillos para que los niños vean menos negra la asignatura de matemáticas. Ay, si hubiera tenido este libro en su día.
Entre tonos de gris, Ruta Sepetys.
No conozco ninguno de los títulos, a excepción de Just listen, que no sé por qué pero me suena la portada. En cualquier caso, quiero agradecer a Libros y literatura por seguir organizando un concurso de estas características, y a vosotros, lectores, informaros que además de publicar reseñas y organizar concursos, acaban de estrenar su librería online, os podéis pasar pinchando aquí.
Si una cosa me queda clara es que toca seguir leyendo. Y mucho.
Animada por las buenas críticas que leí de esta novela, y conociendo que Priceminister la regalaba a quien se quisiera apuntar, me apunté enseguida a su iniciativa, y aunque tardé más de lo esperado en recibirlo (cuando ya pensaba que estaría en el triángulo de las Bermudas o en algún lugar al otro lado del mundo), llegó.
Lo cierto es que este libro lo tenía en mi punto de mira, precisamente por su título. Un título que, desde mi punto de vista, parece arriesgado. Demasiado largo, y a la vez cargado de significado. Una de esas mentiras que oímos frecuentemente, que el dolor viene bien para aprender, para conocernos mejor a nosotros mismos. Es más fácil pensar que el dolor tiene una utilidad, sea la que sea.
Volviendo al tema que nos atañe, Algún día este dolor te será útil trata de la vida de James, un adolescente asocial que se replantea la posibilidad de ir a la universidad, básicamente porque no se encuentra cómodo con la gente de su edad, y porque le encantaría irse al campo a devorar libros.
Lógico sentir empatía hacia este chaval, por cómo es y por cómo ve su vida, y más si tenemos en cuenta un inicio rápido y fresco en el que el único personaje por el que podríamos sentir curiosidad es él, dado que tanto su hermana como su madre son diametralmente opuestas. El inicio del libro se pasa volando: diálogos sarcásticos e interesantes, narración sencilla y directa. Hasta ahí.
A partir de ese momento, la historia se vuelve monótona, repetitiva. Los diálogos ya no sorprenden tanto, el sarcasmo se debilita. James se crece, como lo haría un ególatra o un soberbio. Se vuelve obtuso, radical, extremo. Como consecuencia, la trama se estanca. En su momento pensé que era normal, ya que estaba esperando el gran evento del pasado de James que merodea en cada capítulo, en cada conversación con su psicóloga. Cuando finalmente se desvela la anécdota, no pude sino sentirme defraudada. No me pareció ni la mitad de interesante ni tan decisivo (me refiero al incidente de El aula norteamericana) en el comportamiento de James. Después mi relación con la novela fue de capa caída: James me parecía insufrible, demasiado, en todos los aspectos. Demasiado listo, demasiado asocial, una especie de exageración, de caricatura de un personaje que por extremo no puede ser sino irreal.
Por si fuera poco, mi sensación de que el autor no sabía adónde iba, que el desarrollo y posterior desenlace de la novela estaban hechos a bandazos, a trompicones, sin tener muy claro adónde quería llegar ni cuál era su propósito. No puedo concretaros el motivo de esa sensación, quizá porque desarrolla otras tramas en principio secundarias, quizá por su relación con otros personajes. En cualquier caso me di cuenta de que no iba por el buen camino.
Reconozco que en mi percepción me han perjudicado las excesivas recomendaciones de la historia. Muchas recomendaciones (como las de Lady Boheme, Bartleby, Cargada de Libros, Isi, por decir algunos). Quizá si en lugar de decirme que es una novela buenísima, la mejor y demás, me hubieran dicho que se deja leer, me habría gustado mucho más, sin duda alguna. Quizá si en lugar de ver montones de reseñas positivas hubiera visto alguna negativa habría puesto un listón más bajo. Pero mi expectativa estaba mucho más alta, y no se ha cumplido.
Pero qué queréis, si tiene un corte a lo El guardián entre el centeno y esa tampoco me gustó…
FICHA:
Te gustará si te gustó
El guardián entre el centeno, J.D. Salinger.
Pros
El inicio de la historia.
Los primeros diálogos.
Contras
A partir de la mitad del libro, la historia se ralentiza y da bandazos.
Después de la entrega sobre decepciones y abandonos, os traigo los mejores libros que he leído en 2012, por si queréis incluirlo como lectura para este año recién empezado.
Como otros años, he sido selectiva, podría haber incluido otros que me gustaron pero no quiero que se alargue la lista. He distinguido entre dos categorías, una, la de los libros recomendables y entretenidos, y de otro lado, los libros indispensables que no os podéis perder.
Muy recomendables
En esta categoría suelo incluir tan sólo los libros entretenidos, la ficción con la que se pasa un buen rato. Sin embargo, este año, y teniendo en cuenta lo que he leído, vais a encontrar libros muy dispares, con un denominador común: que me han gustado mucho, ya sea porque me entretuvieron, porque encontré una historia muy interesante o porque me gustó el estilo del autor. Lo cierto que es podría haber incluido otros muchos, pero he querido ser selectiva. Son los siguientes:
Canción de hielo y fuego (Juego de tronos y Choque de reyes), George R.R. Martin: ambos son entretenidos, interesantes, enganchan (a ratos, eso sí), y si os gusta la fantasía y además estáis pensando en ver la serie de televisión, no podéis dejar de leer esta saga. Aunque a veces se haga un poco pesado, dependiendo del libro o se ralentice la trama, la complejidad se pierde en la serie.
El lector de Julio Verne, Almudena Grandes. La segunda parte de Episodios de una guerra interminable es más ameno que su predecesor, Inés y la alegría, seguramente tenga que ver en que es sensiblemente más corto. Si habéis disfrutado con el estilo de Grandes, no os decepcionará esta novela. Es tierna, triste y además aparece un lector con el que muchos se podrán identificar.
La broma. Milan Kundera. Si con La identidad perdí la fe, La broma me la ha devuelto del todo. Este libro tiene todos los elementos necesarios para que me guste. Si los libros que nos gustan tuvieran una receta, ésta tendría los ingredientes necesarios para mi paladar.
La ciudad, Mario Levrero. Lo que son las cosas, el libro más kafkiano que he leído en 2012 lo escribió un uruguayo. Muy interesante. De este año no pasa para seguir leyendo su trilogía.
Gabrielle de Bergerac. Henry James. En un período de libros poco destacables, éste me rescató del aburrimiento. Un James inteligente que consigue crear, a partir de lo que pudiera ser una historia manida, una trama interesante que se lee rápidamente.
Cuadernos de Hiroshima. Kenzaburo Oé y Un mundo aparte, Gustaw Herling-Grudzinski. Ambas historias dolorosas, molestas, que nos muestran cómo ha sido el mundo, qué se puede esperar del ser humano (para bien y para mal), indispensables porque quizá son demasiado desconocidas, demasiado reales para que se conviertan en un best-seller, pero que por derecho propio han de figurar aquí.
Joyas
Os confieso que me ha sido muy complicado elegir, pero teniendo en cuenta el libro que más me ha gustado este año, tenía que ser todo en proporción.
El ruido y la furia. William Faulkner. Tengo la sensación de que esta novela eclipsa a cualquier otra que tenga al lado. Porque esta novela es gigante, superlativa, fantástica y ardua. Una de esas de las que sé que releeré, que recomendaré, de las que se quedan pedazos de fragmentos en el interior cuando uno termina el libro. Es tan grande, tan buena, que no sé cómo he podido dejarla estar tanto tiempo en la estantería.
El cuaderno gris, Josep Pla. He dudado la inclusión de este título no porque le falten méritos para entrar en esta categoría, sino porque fue un libro que no empecé en 2012, aunque bien es cierto que lo terminé en ese año. Dejando a un lado este punto, ya os adelanto que es un libro que tenéis que leer.
Watchmen. Alan Moore y Dave Gibbons. Un cómic que no os podéis perder. Hondo y más hondo aunque a priori trate de señores en mallas. Complejo e inteligente, con acción y ética, con filosofía y crueldad. Moore es un señor muy listo, un maestro en el arte de dibujar lo que quiere y cómo lo quiere. Sorprende y asusta. No prejuzguéis la apariencia, porque esto es un novelón como la copa de un pino.
Claus y Lucas. Agota Kristof. Los gemelos de letras intercambiables, los que te hacían revolver el estómago con sus ocurrencias o los que te hacían abrir la boca de par en par. Es curioso, menciono a estos dos gemelos cuando tengo entre manos otros dos gemelos, que, a falta de finalizarlo será igual de bueno que este libro. De gemelos va la cosa.
La pista de hielo. Roberto Bolaño. Cómo no podía estar Bolaño. Este 2012 he leído Estrella distante, pero he escogido La pista de hielo porque me ha sorprendido mucho más. Ya me extenderé más en la reseña que tengo pendiente sobre esta novela.
Con esto me despido, no sin antes desearos un buen 2013. Estoy segura de que Sus Majestades os han dejado muchos regalos, y de los buenos, de esos que formarán parte de nuestras lecturas de este año recién estrenado.
El rapto de Britney Spears arranca cuando el protagonista, miembro de una agencia de espionaje francesa, es avisado de una amenaza a la popular cantante. Él será el encargado de que no se produzca un posible secuestro a manos de una asociación terrorista. Con esta información, viaja a Los Ángeles para mantenerse cerca del entorno de Spears.
Portada de «El rapto de Britney Spears»
Sin embargo, para ser el protagonista, el supuesto héroe de la novela, no parece que sea una buena opción, ya que encarna el antónimo del buen investigador al aunar una serie de características que podríamos considerar, al menos, extrañas para la que es su profesión: no dispone de información alguna sobre el mundo de Hollywood o de la vida de Britney Spears y por no saber, no sabe ni conducir. ¿Cómo se puede pretender seguir entonces los pasos de alguien dependiendo, en una ciudad como Los Ángeles, del transporte público? Rolin utiliza estos rasgos para llevar a la cercana línea del ridículo a un protagonista de una historia que dispone de una trama propia de las novelas de intriga y espionaje. Con esto consigue darle una vuelta de tuerca: de un lado, el curioso protagonista, de otro, lo extraño de una historia de espionaje con un personaje como Britney Spears de por medio. Este segundo peculiar rasgo lo utiliza Rolin para reducirlo a lo absurdo: el porqué de un interés irracional por las estrellas de Hollywood, el parapeto de los paparazzis que les persiguen a todas horas, lo estúpido de un público más interesado en alegrarse de las desgracias ajenas que de preocuparse por su propio día a día.
Al final entre ambos elementos, Rolin, como un buen escritor inteligente que es, une la trama con una sutil ironía, sobre su visión de Estados Unidos o las ideas liberales de un país que critica la ausencia de democracia en algunos países pero que mantiene una cárcel como la de Guantánamo. El francés utiliza un sarcasmo muy europeo, ridiculizando determinadas visiones del otro lado del charco para mostrarnos que quizá no tengamos demasiado que envidiar de nuestros vecinos ricos.
Autobiográfico en muchos de sus capítulos, Rolin consigue crear una novela divertida y graciosa, estrambótica y sarcástica, con referencias a otros de sus libros (meridiana queda la referencia a Cristianos), con guiños sobre distintos temas. Aunque bien es cierto que hacia la mitad del libro se aleja del objetivo inicial, El rapto de Britney Spears es un alegato hacia un mundo insustancial y simplón que se agolpa en muchos de los programas de televisión, páginas web o publicaciones de las revistas rosas. Consigue que en el lector, crearle una sensación de melancolía, propia del reflejo de las opiniones de Rolin: un mundo de contrastes en los que unos cuantos gastan su dinero en un par de zapatos Loubotin mientras que muchas familias viven en la pobreza.
Claus y Lucas es una historia que me recomendaron hace mucho tiempo. De ahí pasó a mi lista, y por fin pude leerlo conjuntamente con los amigos del Café Literario.
Hay libros que se rumian, que se mascan cuando uno no está leyendo, que consciente o inconscientemente el cerebro piensa, valora, equilibra y desea seguir leyendo esa historia que le está quitando el tiempo de ver la realidad con los ojos y no con las letras de la historia.
Portada de «Claus y Lucas», de Kristof
Hay novelas buenas, de calidad. Hay novelas muy buenas. Luego hay otras, las que aplastan, las que trituran al lector, las que le encogen el corazón. Esas que dan pena terminar pero que en el fondo estamos deseándolo. Claus y Lucas es una de ellas.
Hay libros que además, son muy complicados de reseñar, bien porque uno teme contar de más o bien porque sabe que si no cuenta demasiado el que lea la reseña no se enterará de determinados puntos necesarios… Pues bien, este es uno de ellos.
Lo primero que tenéis que saber los que no habéis leído el libro es que Kristof escribió las tres partes de las que se compone la novela como historias independientes. Fue posteriormente cuando, en una misma edición, se publicaron las tres partes como parte de un todo. Mucho se ha comentado a este respecto. En su mayoría, las opiniones se sitúan en declarar que la primera parte es imprescindible y que la segunda es muy buena, mientras que la tercera se suele calificar como accesoria, prácticamente secundaria.
Claus y Lucas es la historia de dos gemelos en la época de la Segunda Guerra Mundial. Es el devenir de dos hermanos que viven en una ciudad fronteriza, de la que apenas sabemos nada.
En la primera parte, nos encontramos un relato escrito en presente y siempre en plural, donde comenzamos a conocer la suerte de los dos gemelos. No existe una diferencia entre uno y otro, son un todo, una explicación y un pensamiento global. Desde la primera línea se pasa rápidamente a la acción, por medio de los diálogos ágiles y rápidos. Su visión, desde el punto de vista de un niño de seis años, se basa en las percepciones. Así, con un estilo simple y sencillo, el lector se confía. Y la autora se aprovecha este punto para ofrecer algo más: la crueldad en el sentido más arduo. La sorpresa al pasar la página y empezar a leer algo que uno no espera, una maldad, una abundancia de sobresaltos a medida que uno avanza la historia.
La segunda parte cambia, ofreciéndonos nuevos personajes. La autora cambia de tipo de narración para, en tercera persona alejarse un poco de la historia. De repente la historia es otra, nos encontramos un escenario distinto y nuevas preocupaciones, pero con varios aspectos comunes: un cuidado estilo de Kristof, una triste historia y una búsqueda interior.
Y después llega la tercera parte. Una parte confusa, extraña, diferente de lo que hemos leído hasta ese momento, en la que se salta de la primera a la tercera persona, de presente a pasado. Entiendo que muchas personas se queden con las otras dos partes, porque nos muestran lo que son, nada más. Sin embargo, la tercera parte es ardua, compleja, nos hace dudar de lo que hemos leído. Es incómoda. Y como todo lo incómodo a veces es mejor obviarlo. Mi opinión es que no, que supone una guinda a un pastel de un libro complejo y duro, cruel y amargo. Un libro para releer y para recomendar.
Esta es mi humilde reseña. Si queréis saber más, podéis leer esta reseña, que cuenta mucho mejor que yo, en qué consiste este rompecabezas que es Claus y Lucas. Pero, por encima de todo, mi recomendación es que lo leáis. Ya sea mañana, la semana que viene o en navidades, pero que no dejéis de pasar la oportunidad de leer un libro único.
Exactamente. Por muy triste que sea un libro, nunca puede ser tan triste como la vida.
Vuelvo después de un parón no previsto. A pesar de tener varias reseñas en el tintero, por motivos de tiempo no he podido publicar hasta ahora mismo. Ruego disculpéis mi ausencia.
Preciosa portada la de «Gabrielle de Bergerac»
Como lectora que nunca ha leído una novela de Henry James, me acerco con desconfianza, con los prejuicios propios del que sabe que se “Gabrielle de Bergerac” se ambienta en la época previa a la Revolución Francesa.
Como lectora contemplo esa preciosa portada y trato de descifrar qué historia se aventura dentro de las páginas del libro de Impedimenta. Intento sacar alguna información de la mirada de la bella dama de la portada, pero sin éxito.
Como indecisa leo las tres primeras líneas y me sorprendo. La historia me engancha desde ese momento. Quedo atrapada por el inicio de una novela que comienza describiendo un retrato del que posteriormente conoceremos algo más. Y me convence, porque James expande su tela de araña a través de una trama bien hilada, por medio de unas potentes descripciones.
El argumento podría resultar típico: una joven de la nobleza rural a la que su hermano busca un pretendiente con el que casarse. Un hombre lo suficientemente rico bueno como para apuntalar una fortuna en decadencia.
Lo gratificante es que, detrás de esa fachada de historia trillada hasta la saciedad, en el que se incluye un mal de amores a tres bandas, el autor nos sorprende con la sutileza y elegancia con la que nos va desgranando una historia que se abre poco a poco, como si de una flor primaveral se tratara.
Y su técnica surte efecto, porque dice mucho con muy poco. Su estilo incluye diálogos teatrales y metáforas paisajísticas con un hilo común, un narrador niño que nos cuenta lo que puede vislumbrar de las conversaciones veladas de los adultos.
A fin de cuentas uno se para a pensar que los personajes son livianos, sutiles, es decir, desconocemos muchas cosas de ellos, pero la situación es vívida. La sensación que me queda es muy buena: engancha desde la primera línea. De hecho uno no se puede despegar de la novela hasta el final. El estilo del autor es interesante, inteligente, combina muchos rasgos que podríamos pensar antagónicos (lo tradicional del argumento con un uso menos romántico que en otros autores) con unos personajes que, a pesar de que no sean demasiados descritos (de hecho, nuestra Gabrielle no es más que un personaje secundario) quedan reflejados claramente en la imaginación del lector.
Me ha sorprendido gratamente. Una novela muy gratificante.
El joven vendedor y el estilo de vida fluido es la última novela de Fernando San Basilio. En su día acudí a la presentación, pero eso ya los lo conté en otra entrada.
San Basilio nos presenta a Israel, un vendedor que trabaja en una afamada marca de el centro comercial de La Vaguada (Madrid). Para ello utiliza una prosa fresca y ágil, con lo que consigue contar una historia desde el punto de vista del realismo y la cotidianidad.
La vida de Israel cambia cuando comienza a leer El estilo de vida fluido de Archibald Bloomfield y decide cambiar su comportamiento y actitud al adoptar ese estilo de vida fluido que recomienda el autor. A partir de este momento, acompañamos a Isra por un viaje de un solo día que le llevará de un lado a otro, pasando por diversas situaciones.
Lo genial es la ausencia de artificio, la realidad sin exageraciones o maquillajes, de crear situaciones comunes en las que el común de los mortales puede verse involucrado. Si en otras novelas se aprecia claramente que determinados hechos son exagerados, o los diálogos muy forzados, aquí tenemos un claro ejemplo de que, aunque no sea fácil, es posible escribir de un modo realista y a la vez, divertido. Porque durante toda la historia son frecuentes los puntos de humor (ya sean frases, chistes o un modo particularmente gracioso de contar algo).
Este punto no quita para que, de forma sutil se incluyan temas profundos, como el consumismo, la indecisión o la ingenuidad típica de la juventud o una forma muy real (casi palpable, como si nos lo contara un amigo cercano) del modo de tratar de llamar la atención de alguien. Son estos detalles, las pequeñas cosas, las que hacen que este libro se lea de un tirón: una prosa ágil, un período de tiempo de apenas un día (como si del Ulises se tratara) y mucho humor es una combinación perfecta a la hora de enganchar al lector.
Mención aparte merece la edición de Impedimenta: como siempre, muy cuidada, sin ninguna errata, y el prólogo de Mercedes Cebrián, que aúna características que considero indispensables para un buen prólogo: aporta una buena reflexión, es escueto, y no cuenta de más. Pocas veces uno se topa con un prólogo así.
En conclusión, El joven vendedor y el estilo de vida fluido es una novela divertida, peculiar y fresca, que invita a seguir leyendo hasta que se termina. Os invito a que la descubráis en cuanto podáis.
FICHA:
Te gustará si te gustó
Las buenas intenciones. Max Aub.
Pros
La forma sencilla y compleja, a la vez, de retratar la realidad.
Belén Gopegui (Madrid, 1963): licenciada en Derecho, escritora y articulista, Gopegui es considerada por Francisco Umbral como la mejor autora de su generación. Al hilo del movimiento del 15M publicó Acceso no autorizado (libro que no he leído pero que espera pacientemente su turno en mi estantería) con el que recibió críticas muy positivas. En conjunto, es una autora que muchos recomiendan con fervor, y que algunos desconocemos.
Desde aquí, cualquiera que lo quiera leer que me avise y organizamos una lectura conjunta en un momento.
1- ¿Cuál es el último libro que has leído?
Estoy leyendo Fresy Cool, de Antonio J. Rodríguez.
Tanto el título como el autor, desconocidos para mí.
Indagando por la web recuerdo haber visto este reportaje de Cámara Abierta, sobre el autor y Luna Miguel, ambos conocidos blogueros (pero no de los de estar por casa, de los cool). Total, que el blog del autor es este. Echando un vistazo a las reseñas de esta novela, no encuentro muy buenas opiniones: os dejo esta y esta.
Otro libro y otro autor que no conozco de nada. En este caso es complicado encontrar información. Si alguien lo ha leído, le agradecería que me informara del tema.
3.- Un autor por el que sientas fijación.
Raymond Williams.
Académico, crítico y novelista, Williams nació en Gales en 1926. Pronto destacó en sus escritos (artículos, libros, ensayos) por su análisis de la realidad de la mano de un basto conocimiento intelectual y político.
De nuevo y desde aquí, muchas gracias a todos los autores que colaboran en esta sección.
Y vosotros, ¿de quién os interesaría conocer sus gustos?
20 días han pasado desde mi última actualización del blog. Entono, de nuevo, el mea culpa, porque como desgraciadamente viene siendo habitual, no me faltan temas de los que hablar, sino tiempo para sentarme y publicar.
Dicho esto, os presento una novela que me prestó en su día Pedro, y que leímos conjuntamente algunos miembros del Café Literario.
El punto de partida de esta novela es la muerte. Desde el inicio sabemos que Rosamund ha muerto. Pero no por ello este personaje es menos importante, sino que es el principal, la base de este castillo de naipes, al dejar gran parte de sus memorias grabadas en cintas. Una de sus sobrinas será la encargada de entregar las cintas a Imogen, una misteriosa joven que desde el principio desconocemos qué relación mantuvo con la fallecida.
El modo de contarnos la historia es, pues, la narración en boca de la propia Rosamund de su vida, partiendo de las fotografías que tiene a su alrededor. De esta forma, las imágenes estáticas cobran vida y nos relata todo lo que recuerda de los momentos previos o posteriores a la instantánea. Esta particularidad es uno de los aciertos de Coe: porque nos lanza un jugoso anzuelo, una historia familiar que nos relata a pedazos. Así el autor evita las introducciones largas y pesadas para engancharnos desde la primera página.
Es curioso que, precisamente esos dos pilares de la trama (los personajes de Rosamund y de Imogen) no estén presentes en la acción, es decir, son sombras, personajes pasados o futuros, que están porque vemos su halo (Rosamund, con su voz grabada en unas cintas); o porque sabemos que dichos audios están destinados a Imogen (cuya presencia es continua pero de la que desconocemos su paradero) y que en realidad, vertebran toda la historia.
La forma de narrar la historia y el rasgo de que se trate de una saga familiar consigue que formemos parte de ese entramado y que, junto a Gill, queramos seguir descubriendo cómo termina una historia real como la vida misma, donde se van mezclando los temas: amor, crueldad, ausencia y odio, amistad y conmiseración… todos estos sentimientos se transmiten en cada página, sin exageraciones ni paliativos, simplemente narrando los acontecimientos que se rememoran.
Es cierto que pasada la novedad inicial parece que la historia pierde fuelle por un momento, y para mi gusto deviene en repetitiva, en aburrida. Sinceramente, esperaba más, por los comentarios que había leído, pensaba que me llegaría al fondo, y no ha sido así. Reconozco que no soy amiga de las novelas especialmente sentimentales, y seguramente este punto tiene mucho que ver en mi apreciación de la novela. Pero lo que está claro es La lluvia antes de caer es una novela para recomendar sin dudas, por lo bien que está escrita, lo fresca que resulta su estilo y por la temática que trata gustará a muchos. Una novela equilibrada, muy orientada al gran público y una buena opción para escoger como lectura para este verano.
Me da pena que novelas como ésta no tengan más lectores, habida cuenta de los libros que viven del tirón comercial y de la burda copia que se estila entre editoriales. (Pero esto da para otro post)
FICHA:
Te gustará si te gustó
La casa gris, Josefina Aldecoa.
Pros
El inicio, que invita a seguir leyendo.
El autor se muestra como alguien inteligente, que sabe qué escribir y cómo ponerlo para que resulte atractivo.
Contras
Puede resultar repetitivo.
Demasiado sentimental para mi gusto.
Otras opiniones
Atram. El porqué del título nos lo enseña Atram aquí.
En esta época del año, son comunes las ausencias en las actualizaciones de los blogs. Eso ya los sabéis los que seguís más de uno: vacaciones, viajes, o simplemente, ganas de desconectar. Lo mío no es ni lo primero ni lo segundo, quizá un poco de lo tercero. Son varias las entradas que tengo en la recámara, pero por unas causas o por otras (poco tiempo, pocas ganas de sentarse a escribir) acabo dejando el blog para el final. Todo esto es para explicaros por qué no he estado, no sólo es que actualice menos (siendo consciente de que es así), sino que en este mes prácticamente no me he asomado por estos lares. Dicho esto, paso a contaros algo sobre el libro que encabeza estas líneas.
Conocí este libro gracias a Goizeder. En su día, como tantos otros, este título pasó a formar parte de mi libreta donde anoto el Plan Infinito. Por fin, le llegó su momento.
Carreteras secundarias, Ignacio Martínez de Pisón
Carreteras secundarias narra el viaje iniciático de un hijo con su padre en la España de los años setenta. Ambos recorrerán la costa mediterránea mediante una de sus pocas posesiones: un Citroën Tiburón, que les llevará de un lugar a otro, sin rumbo fijo, en buscar de algo de dinero de una vida aparentemente normal.
Con apenas dos personajes, Felipe, el hijo, y el pobre diablo del padre, Martínez de Pisón extiende una prosa ágil, donde los capítulos son cortos, apenas de un par de páginas, en los que se afronta el tema de la adolescencia, de las relaciones entre padres e hijos y de la errática transición a la vida adulta.
Podemos distinguir dos partes claras en el desarrollo de la trama: de un lado, la primera mitad del libro, que nos encuentra la historia, donde conocemos el modo de vida de los protagonistas y sus forma de ser. De otro, la segunda mitad: conforme se va acercando el final se concretan determinados temas que se habían tratado con anterioridad, como el orgullo o el miedo al futuro y se comprueba la evolución en el personaje de Felipe, convirtiéndose ya en un adulto. Es esta segunda parte la más seria, la más compleja, pero también más agridulce y cruda que su antecesora. Y esto es porque la máscara que inicialmente veíamos en los personajes, la pantomima o representación que parecía que eran sus vidas, se reduce a la realidad, se quita la máscara y vemos lo que en realidad hay debajo.
Así, el lector podría llegar a pensar, al menos durante la primera mitad de la novela, que se tratan de unos personajes sencillos, simples y planos, casi cómicos, que no se toman en serio ni ellos mismos. Sin embargo, posteriormente nos damos cuenta que esos personajes son claramente redondos y que, además, analizando la parte cómica vemos mucha tristeza velada, mucho sentimiento en el trasfondo.
Al final, lo de menos es el viaje, el lugar al que se llega o desde el que se va. Y lo realmente importante son todas esas cosas que van ocurriendo en el camino. Como en la vida, lo importante no es la meta o el fin, sino lo que va aconteciendo a cada paso del camino.
Aunque en esta segunda parte gana complejidad, tengo que decir que esperaba más. No me ha disgustado, pero no me ha entusiasmado ni la mitad de lo que pensaba que lo haría. Un libro más, que pasará a formar parte de los libros que entretienen pero no de los que calan, de los que llegan hondo. Desgraciadamente, llevo muchos de estos este 2012.