IMM

IMM (25)

Tras un parón en el que no he parado de leer pero en el que me ha faltado mucho tiempo, regreso para enseñarlos los nuevos libros que desde hace unos meses se han sumado a mis estanterías. Son los siguientes:

Foto 1

  • Un estado del malestar, Joaquín Berges. Tras leer Vive como puedas, me apetecía leer una novela fresca y aprovechar para regresar al estilo del autor. Cortesía de la editorial Tusquets.
  • El secreto del mal, Roberto Bolaño. Uno de los últimos libros publicados por Anagrama, del que no tenía referencias y que adquirí simplemente por el nombre del autor. (Inserte sonido de bocina AQUÍ).

Foto 2

  • Middlesex, Jeffrey Eugenides. A raíz de la publicación de su último libro, no paraba de ver el nombre del autor por todos los sitios. Finalmente, @gancedo me animó a hacerme con él y aproveché la Feria del Libro de Madrid (sí, en mayo) para comprarlo. Mejor en compacto, claro.
  • Una oración por Katerina Horovitzová. En este caso, la recomendación vino de la mano de Carol. Tenía muchas ganas de hacerme con él (eso sí, intenté no mirar ningún otro libro de Impedimenta, que nos conocemos), por las opiniones y por lo preciosa de la portada.

Foto 3

  • 1280 almas, Jim Thompson. Novela negra, influenciada, claro está por Aramys, el maestro samurái de estas lides. Tras una conversación por twitter, me quedé con ganas de volver a leer al autor que tanto me había gustado con El criminal. 12 euros, para que luego digan que los libros son caros.
  • La hierba roja, Boris Vian. Tranquilo todo el mundo. Sí, sí lo he leído. Pero lo tuve que devolver a la biblioteca, y tenía muchas ganas de que este título, que tanto ha significado para mí, formara parte de mi pequeña biblioteca personal. Y por supuesto de releerlo, claro está.

Mientras tanto, a pesar del mes de agosto, seguimos leyendo. Jean Valjean, ya queda menos.

Namaste.

Autor, Literatura

El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald

El gran Gatbsy era uno de esos libros que se mantienen en la estantería meses. Y años. Intenté leerlo una vez que me sentía animada, pero lo dejé tras la primera página. Tras ver anunciada la versión cinematográfica y debido a mi aversión a enterarme de cualquier cosa que tuviera que ver con la narración, decidí leerlo.

El gran Gatbsy es uno de esos libros que todo el mundo recomienda. Que se sitúa como uno de los indispensables de la literatura norteamericana.

Si contara la trama de la novela podría terminar la reseña en dos líneas. Básicamente es una historia de amor, salpicada por elementos de misterio e intriga (quién y qué hace el enigmático Gastby), con muchas infidelidades y un gran punto de cinismo. Una novela inteligente, que nos deja frases como las que siguen:

It was nine o´clock-almost inmediately afterward I looked at my watch and found it was ten

O esta:

I´m glad it´s a girl. And I hope she´ll be a fool – that´s the best thing can be in this world, a beautiful litlle fool.

Con un inicio fuerte y potente, se pasan volando las primeras páginas. Así, el lector quiere seguir leyendo, conociendo la verdad de ese extraño vecino que hace fiestas llenas de gente al otro lado de la verja del jardín.

Posteriormente, la historia se ralentiza, ganan fuerza los diálogos, los personajes aparecen y desaparecen. Al final, de nuevo, la acción se precipita y todo ocurre en unas pocas páginas.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, no me ha parecido esa obra magna de la literatura. Quizá es que me había hecho una idea equivocada de la novela, que tuviera una expectativa muy alta o que esperaba otra cosa, pero lo cierto es que me ha parecido una historia entretenida y sencilla, con ingenio pero para nada brillante. La sensación es, directamente, agria. Como si la novela prometiera más de lo que después acaba ofreciendo, porque nada es realmente tan brillante o tan interesante como se plantea inicialmente, o porque me parece exagerada la clasificación de esta novela como una de las joyas del siglo XX.

¡Otra vez me pasa como con El guardián entre el centeno! ¡La misma sensación! ¡Esa sensación de que no podía ser este libro del que todo el mundo habla maravillas, como si se hubieran equivocado en mi edición! ¡Esa duda conmigo misma por si me había perdido algo mientras lo leía! ¡No, no y no!

¿Que es un libro interesante? Sí. ¿Que tiene ingenio? Vale. Pero de ahí a ensalzar la historia de amor o el estilo de Fitzgerald en sí, como que no.

Esperaba más. Esperaba algo diferente: una trama compleja, o un estilo muy diferente al común (me viene ahora mismo a la mente Nabokov aunque su Lolita no me encantara), y sin embargo se queda en agua de borrajas. Una historia sencilla, con cuatro personajes bien construídos y con un estilo lineal, trabajado pero a fin de cuentas, sencillo, como el de los demás. Mediocre, si queréis. Para mí, indiferente.

En este caso, al contrario de Metafísica de los tubos, sí que recordaré este libro. Como una decepción, como algo que han vendido como oro y no pasa de cobre.

Al final de todo esto me entra una duda: si no tendría que alejarme de la “gran novela norteamericana”. Pero después pienso en Faulkner y se me pasa.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • El guardíán entre el centeno, Salinger.
Pros
  • El inicio.
  • Las múltiples frases que indican la inteligencia del autor.
Contras
  • Esperaba más.
  • El final me ha parecido precipitado.

Namaste.

Autor, Literatura, Nothomb

Metafísica de los tubos: el despelleje

Como todos sabemos, los libros de Amélie Nothomb se distinguen en dos categorías: de un lado, los autobiográficos, del otro la ficción. La opinión mayoritaria es que de entre sus novelas destacan las del primer grupo. Aun sabiendo esto, y habiendo leído buenas opiniones, como la de Cargada de Libros, me lancé a su lectura.

La protagonista es un bebé, un ser autoproclamado Dios que tras comer chocolate funda su existencia en la obtención de placer. El inicio parece interesante: un planteamiento extraño, un bebé que no se queja, al que sus propios padres denominan “La Planta”, partes ingeniosas e ideas absurdas.

Sin embargo, una vez pasado el estupor inicial, y habiendo leído algo de Nothomb con anterioridad (de ambas categorías, además), se nota algo forzado, rígido, una naturaleza impostada, un humor ensayado. Con partes entretenidas, sí, pero poco naturales.

¿A qué se debe esta sensación? Le he estado dando vueltas y tengo la impresión de que se debe al trabajo. Esto es: la belga es una autora que siempre ha declarado tener un método para escribir, que se levanta siempre a una determinada hora, que escribe y escribe y después filtra. A esto me refiero. Ella es inteligente, y lo sabe. Tiene tablas, y lo sabe. Pero lo que se nota, desde este lado del libro, es que la frescura de sus otras novelas no se ve en esta, el humor que sale solo aquí es otra cosa, menos natural. Considero que esta es la palabra clave: la naturalidad, el fluir de las palabras, el devenir de los acontecimientos sin que el lector note nada que chirría. Aquí resulta forzado, a trompicones, sin final del túnel, perdidos, sin saber a dónde quiere llevarnos.

Sinceramente, creo que tiene que ser duro para Nothomb admitir que la verdadera chispa de su literatura, lo que realmente le distingue de sus contemporáneos sean sus recuerdos, esas situaciones insólitas y ese modo natural y absurdo de contárnoslo que tienen sus novelas autobiográficas. Porque, ¿qué ocurrirá cuando se le acaben los recuerdos? ¿Qué le queda? ¿Seguirá escribiendo reseñas con un ingenio matemático, una inteligencia entrenada después de años de práctica? ¿Nos iremos atascando en sus letras? ¿Tratará de generar nuevos recuerdos que superen a los anteriores?

En fin, me ha parecido una novela aburrida, y eso a pesar de que no tiene más de 150 páginas. Lenta y sin mucho sentido. Y sobre todo, una de esas novelas de las que uno sabe que no recordará cuando pasen unos meses, unas de esas que no dejan huella, que no te aportan como lector. En cambio, tengo una preciosa edición de anagrama en mi estantería y no sé qué hacer con ella. ¿Regalársela a alguien aún a sabiendas que no me gustó? ¿Venderla? ¿Abandonarla en el parque? ¿Y si no se la lleva nadie? ¿Y si alguien deja una nota diciendo que deje alguna otra novela más interesante?

Menos Nothomb y más Dostoievski.

Mientras tanto, sigamos leyendo (a Dostoievski, claro).

Namaste.

Autor, Literatura, Nothomb

Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb

A estas alturas a nadie voy a sorprender si digo que cada lector es subjetivo, que plasmamos en nuestras reseñas nuestra opinión (¿aleatoria? ¿Arbitraria?). Una opinión que no sólo depende de la lectura del libro en sí, sino de otros muchos factores.  ¿A dónde quiero llegar con esto? Pues a que cuando me senté a escribir la reseña de este libro me salió un despelleje. De tomo y lomo. Al ir a guardar el archivo me di cuenta de que ya existía un archivo con el mismo nombre. Cuál fue mi sorpresa que me encontré una reseña del mismo libro que nada tenía que ver con la que había escrito. No sabía qué hacer: ¿publicar una? ¿Sólo la última? ¿Las dos? Hecha la consulta en twitter, decidí publicar las dos. Al final todo esto demuestra que somos volubles, que la opinión depende del ánimo que tengamos a la hora de escribir.

Esta primera es la reseña que haría el Doctor Jekyll, educada y (ante todo) sincera. Las dos han salido de mis manos. Ambas reflejan una percepción diferente del mismo libro. ¿En qué se distinguen? Probablemente en el momento de realizar la reseña: esta, justo terminar el libro. La otra, pasados unos días. La verdad tiene dos caras, así que os toca a vosotros decidir con cuál os quedáis.

 

Metafísica de los tubos tiene como protagonista a una niña. Más concretamente, a una recién nacida que nos cuenta sus tres primeros años de vida. Pasado el estupor inicial, nos damos cuenta de que a pesar de la limitada experiencia de la niña, es capaz de analizar su vida de un modo muy coherente, poniendo en duda a aquéllos adultos a los que debería creer a pies juntillas.

Y es que esta niña no es una recién nacida cualquiera, sino un Dios que se da cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor y que, por si fuera poco, es consciente de su deidad. Su venida al mundo la contempla como un acto casual, algo que tiene que suceder, y desde ese momento presta mucha atención a sus padres, principales actores en su vida.

La novela presupone una filosofía ególatra, pero no por menos lógica: la vida del bebé cambia cuando, tras probar el chocolate blanco, decide consagrar cada uno de sus minutos al placer. Cuando   pone más atención a aquéllas personas que le veneran. Cómo no, ¡cómo no huir de lo que nos causa dolor e invertir nuestro tiempo a las cosas placenteras de la vida!

Nothomb consigue, desde el primer instante, plantear una trama extraña y compleja, rara y ajena, pero no por eso al margen de nuestra realidad, ya que cada uno de los argumentos y pensamientos bien podrían haber salido de una mente adulta y cabal. Y para ello, qué mejor que la ironía y el sarcasmo, la ridiculización de muchos de nuestros puntos diarios que damos por sentado pero, que parándose a pensarlo no lo parecerían tanto. La belga es una autora inteligente, con una mente lúcida que exprime cada una de las frases hasta encandilar a un lector que, una vez empezado, no puede hacer otra cosa más que terminar el libro. Porque, además, y como nos tiene acostumbrado, las suyas son novelas cortas, escuetas y dinámicas, que se terminan en un suspiro que no por ello se hacen simplonas o fáciles. Esa síntesis es la que consigue combinando una trama que atrapa con un estilo fresco e inteligente. Ella lo sabe, y precisamente por eso es franca: no pretende llevarnos al poderoso universo de las descripciones, o de las novelas largas, porque eso no es lo suyo. Nothomb conoce sus cartas y las explota, es una estratega que sabe cómo se juega a este universo complejo que es la literatura.

Namaste.

Literatura

Lecturas veraniegas

Dicen que en verano tendemos a leer libros más largos, quizá porque de uno u otro modo salimos de la rutina y la mente pide cambiar, leer tochos, o quizá intentarlo con los clásicos.

No sé si esta afirmación es cierta, pero la verdad es que conmigo han acertado. Fue en verano cuando leí Crimen y castigo, cuando lo intenté con el Ulises de Joyce, y es precisamente ahora cuando me he embarcado con Los miserables.

La novela de Victor Hugo es una obra magna de la literatura, pero también de la historia y de la filosofía. Es una novela que abarca todo, que cuenta el devenir de Jean Valjean pero que el autor aprovecha para darnos a conocer la Francia de la época, la situación histórica, religiosa, filosófica y social del momento. Inevitablemente teniendo tanto contenido no podía sino resultar un tocho, uno de 1800 páginas, que hay que leer de a poco, con tramos muy dinámicos y otros muy lentos. Una enciclopedia de la sociedad, aún a riesgo de resultar pesada en algunas partes.

Llevo más de un mes con ella, y sé que me queda otro tanto. Así que mientras, aprovecho para una lectura muy más liviana, la archiconocida novela La princesa prometida, de William Goldman. Apenas tengo recuerdos vagos de la película (claro, ¿a quién no le suena lo de “Me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, ¡prepárate para morir”?) pero otro tema es descubrir la historia de Buttercup y prestar atención desde el principio a la historia en sí.

La princesa prometida es el antónimo de Los miserables. Es rápida, en ocasiones demasiado rápida, divertida y humorística, absurda y entretenida. Va a lo esencial, es una novela de acción. La edición, que ya os mostré en el último IMM, corresponde a la reedición con motivo del 25 aniversario, y además forma parte del reto de Isi de leer 10 libros en inglés.

A este respecto, os confieso que voy retrasada con todos los retos que tengo activos. Hasta ahora, en relación a mi propósito lector, (que para ser sincera es el que más me preocupa porque me lo he planteado yo misma), tan sólo he leído 3 de los 10 que me he planteado. Cierto es que tengo pensado comenzar con Memorias de la casa muerta, de Dostoievski, en cuanto termine Los miserables, y que Tu rostro mañana (parte 1), de Javier Marías, no es demasiado largo. Pero, seamos sinceros, el que más me preocupa es esa piedra, la roca, ese libro que es necesario escalar llamado La montaña mágica.

Pero en fin, de Mann ya me preocuparé en octubre. Por de pronto continuamos disfrutando de la lectura en estos días de julio. Y cómo no, seguimos comprando libros, aunque mejor eso ya os hablaré en la siguiente entrada.

Y vosotros, ¿leéis más libros largos en verano? ¿Dejáis para este tiempo los libros más complejos o precisamente escogéis los más ligeros?

Felices lecturas.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (X): Lorenzo Silva

Lorenzo Silva (Madrid, 1966): uno de los escritores españoles más famosos, conocido por sus novelas de temática policíaca entre las que destacan La flaqueza del bolchevique, El lejano país de los estanques o La marca del meridiano. A lo largo de los años ha obtenido importantes premios, como el Premio Nadal o el Planeta el pasado 2012.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Los soldados, Pablo Aranda.

Una novela de intriga en la que el punto de partida es el asesinato y en la que planea el terrorismo. Os recomiendo que leáis esta entrevista en la que el autor dice cosas tan interesantes como “me siguen interesando los mismos temas, los temas de gente de aquí y ahora que buscan su lugar en el mundo”. Cómo no, si para una buena novela no se necesitan grandes aspavientos, basta con aderezarlo con alguno de los miedos de los humanos y ya está. Novelón servido.

2.- Un libro que nos recomiendas.

Polvo en el neón, Carlos Castán.

 

Me ha venido a la mente La biblia de neón, de Toole, que por supuesto no tiene nada que ver.
Castán, del que Lorenzo Silva ha comentado que es el mejor escritor español vivo. ¿Exageración? No lo sé, porque no le he leído. Una novela corta (de apenas 100 páginas), que trata sobre el amor, la soledad y la huida. Opiniones más extensas y muy interesantes aquí y aquí.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Kafka.

Kafka. Qué decir de este autor, de este grande de la literatura que no haya dicho ya. Pues que a pesar de que La metamorfosis sea su novela más famosa, siempre recomendaré El proceso, verdadera trama de opresión y soledad. Quién sabe por qué la primera es más famosa que la segunda… sin embargo, soy de las que piensan que El proceso, al ser más larga y elaborada, nos mete de lleno en ese mundo propio del autor checo. Leí El castillo, me queda América. Antes de leer otro libro al que tengo muchas ganas: la novela gráfica en la que Robert Crumb cuenta la biografía del autor.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los libros que nos recomienda Lorenzo Silva? ¿Habéis leído alguno de sus libros? ¿Por cuál me recomendaríais empezar?

Espero que os haya resultado tan interesante como a mí.

Felices lecturas.

Namaste.

Foschini

El abrigo de Proust, Lorenza Foschini

 El abrigo de Proust es todo un canto a la literatura, a la pasión de coleccionar objetos relacionados con los grandes autores, al esfuerzo de que no caigan en el olvido.

 Foschini nos enmarca en la historia de Jacques Guérin, un empresario de perfumes que tiene como afición la colección de libros y manuscritos. Casualidades de la vida, Guérin sufre una enfermedad y es tratado por Robert Proust, el hermano del insigne escritor. Movido por su imperiosa curiosidad trata de conocer a Robert para acceder a las primeras ediciones de Marcel. De este modo Guérin es infectado por una nueva enfermedad: la del coleccionista, la obsesión de acumular los objetos del novelista francés. Guérin es constante, y tras la muerte de Robert recibe la información de que la familia Proust están procediendo a quemar todas las posesiones de Marcel. A partir de ahí comienza una búsqueda incesante ante cualquiera de los objetos, manuscritos, dibujos o grabados que pudieran pertenecerle, hasta que obtiene una gran colección que hoy en día podemos ver en el Museo Carnavalet.

¿Qué habría sido de la historia sin la constancia de Guérin? Está claro: que todo se habría perdido, que la viuda de Robert habría quemado cada uno de los papelujos, que todos los objetos que hoy en día están expuestos habrían sido abandonados en cualquier sitio: la cama en la que pasó gran parte de su vida, sus útiles y su universal abrigo, que da título al libro.

El abrigo de Proust es una oda al fanático literario, al incansable lector que sabe que todos esos papeles viejos son mucho más que garabatos. Y algo más: es un homenaje a Guérin, al incansable pesado que no hacía más que preguntar, buscar y volver a preguntar sobre el paradero de todas las cosas que pertenecieron a Marcel Proust.

Si algo se le puede criticar a Guérin es su posterior subasta de los manuscritos y primeras ediciones. Como un clásico coleccionista, su misión era obtener el objeto y guardarlo en un cajón. Quisiera pensar que en esos momentos anteriores de su muerte los verdaderos impulsores de la venta fueran su herederos.

En cualquier caso, está claro que Guérin sabía reconocer a los genios, y de ese modo llegó a coleccionar objetos de muchos autores y pintores.

¿No es acaso una paradoja que el nombre de Guérin ni siquiera figure en la página del museo? ¿No tiene la vida la dulce sátira de que el salvador de los objetos no sea reconocido ni mencionado?

Una historia tan ficticia, tan exagerada, tan casual que no podría si no ser cierta. Cómo son las cosas. Una historia que encantará a cualquiera al que le guste la literatura.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Historia interesantísima, que parece irreal.
  • Es muy corto y muy ameno. Perfecto para los fetichistas que tenemos curiosidad lectora.
Contras
  •  La realidad de la situación en sí. 

Namaste.

Autor, Literatura, Vargas Llosa

Conversación en La Catedral, Mario Vargas Llosa

Por fin empiezo a saldar cuentas con alguno de los autores pendientes que tengo en mi lista. En concreto, me refiero al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, al que incluí en mi propósito lector de 2013 tras leer La ciudad y los perros y Los jefes. Los cachorros.

Acercarse a la obra más aclamada de un autor no es fácil, y menos cuando el propio escritor nos deja su opinión en la contraportada:

Si tuviera que salvar del fuego una sola de las novelas que he escrito, salvaría ésta.

Conversación en La Catedral es una novela compleja. Una historia que sitúa la trama en el Perú de la década de los cincuenta, una turbulenta época de represión y corrupción. Desde el primer momento se nos presentan los personajes, sin existir preludio ni introducción, y así conocemos a Santiago, el protagonista de la novela, al que encontramos mirando a su alrededor preguntándose qué pudo haber sido y qué es, no solamente en relación a su vida sino a la trayectoria de Perú. Así, se hace la siguiente pregunta en las primeras líneas de la novela:

¿En qué momento se había jodido el Perú?

Vargas Llosa aporta, además, sus marcas de la casa: los habituales saltos temporales o los personajes que vienen y van sin que, al menos al principio, tengamos claro quién es quién en este rompecabezas. Si bien es cierto que los capítulos son cortos, lo cual nos deja respirar y coger aire.

Según vamos avanzando, sabemos que hay o hubo o habrá una revolución, que afectará de lleno a la amalgama de personajes, entre los que podemos encontrar desde empresarios hasta militares, pasando por jóvenes adolescentes.

Cuando le hemos cogido el ritmo de lectura, el varía su rumbo. En la segunda parte se da un salto temporal y los capítulos se recortan hasta lo básico, creando paradas cada media hoja. Si bien a priori uno podría pensar que se complica la lectura, ocurre precisamente lo contrario. Estos secundarios que antes aparecían mencionados ahora resultan ser los verdaderos protagonistas que nos muestran cómo han sido muchas partes de su vida. Así, las frecuentes paradas no hacen sino invitar a continuar leyendo.

En la tercera parte se desvelan, y se intuyen muchos de las dudas y secretos que se plantean en la primera mitad de la obra, pero no es hasta el final hasta que no conocemos el devenir de cada personaje.

Vargas Llosa destaca por su estilo, que combina a la perfección diálogos y descripciones, reflexiones personales y algunas ausencias de información claramente estudiadas a fin de que ir desentrañando la historia. Y es que, nada es lo que parece, hay que andarse con pies de plomo porque corremos el riesgo de perder información. Para muestra, os dejo una de las conversaciones que podemos encontrar en las primeras páginas de la novela. Ojo al dato.

  • No quiere entrar en la Católica sino a San Marcos -dijo la señora Zoila. Eso lo tiene hecho una noche a Fermín.

  • Yo lo haré entrar en razón, Zoila, tú no te metas- dijo don Fermín-. Está en la edad del pato, hay que saber llevarlo. Riñéndolo, se entercará más.

  • Si en vez de consejos le dieras unos cocachos te haría caso-dijo la señora Zoila-. El que no sabe educarlo eres tú.

  • Se casó con ese muchacho que iba a la casa -dice Santiago- Popeye Arévalo. El pecoso Arévalo.

  • El flaco no se lleva bien con su viejo porque no tiene las mismas ideas -dijo Popeye.

  • ¿Y qué ideas tiene ese mocoso recién salido del cascarón? -se rió el senador-.

  • Estudia, recíbete de abogado y podrás meter tu cuchara en política-dijo don Fermín- ¿De acuerdo, flaco?

Al empezar puede resultar complejo no sólo entender quién está hablando con quién y de qué, sino el momento temporal en el que se encuadra cada uno de ellos. Ahí radica gran parte de la gracia del libro. Aunque pueda parecer caótico, no es para nada complejo, ya que no hay demasiados personajes.

A fin de cuentas esta es una historia de personajes jodidos. Personas que pudieron ser felices, que tuvieron el mundo a sus pies, pero que de un modo u otro, ya sea por ambición, por amor o por orgullo, se tropezaron con él, convirtiéndose en uno más, o mejor, en uno peor: uno que tuvo las verdadera oportunidad de ser alguien, de hacer algo por sí mismo, de tener resuelta la vida. Alguien que, quizá, si hubiera sido menos ambicioso o más egoísta o más humilde, habría sido una persona feliz. Pero no pudo ser, y en lugar de eso nos encontramos con personajes dolidos, lamentados de su pasado, llenos de hipóteis: ¿qué habría pasado si yo…? ¿Cómo habría sido mi vida de no ser por…? ¿Dónde estaría ahora si entonces…? De nada sirve. De nada vale. Lo que cuenta no es aquél caramelo que todo el mundo anhelaba y sólo unos pocos alcanzaron, sino la triste cebolla, cruel recuerdo en comparación, de aquél pasado que prometía mucho más de lo que acabó ofreciendo.

Revisando mi reseña me doy cuenta de que no he dicho nada. No he contado la trama principal, no he resumido nada de la historia. Pero precisamente esa es la gracia, porque las novelas de Vargas Llosa se pueden resumir en tres líneas. Eso no es lo principal. Lo verdaderamente importante es cómo el autor utiliza sus métodos para meternos en una historia llena de melancolía y tristeza, de oro que reluce y de esperanzas vanas. Vargas Llosa no sólo sabe elegir cada palabra, sabe escoger cómo contar lo que desea en el momento exacto.

Y es que a resumidas cuentas, todo está conectado, y cuando llegamos al final, tras acompañar a Santiago durante 700 páginas, uno se da cuenta que no sólo está jodido el Perú. Pobre Zavalita.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Los diálogos.
  • Una historia muy compleja, pero hilada a la perfección.
Contras
  • El principio puede desconcertar un poco.
Reto 50 libros
  • Progresando… 13/50.

Namaste.

IMM

IMM (24)

Abril es el mes de mi cumpleaños, así que os traigo un botín literario compuesto por los libros regalados, y por qué no, los autoregalados.

Son los siguientes:

Woolf, Persépolis, Zweig y Proust
Woolf, Persépolis, Zweig y Proust
  • Virginia Woolf, Grazier. El primer cómic que publica la editorial Impedimenta se basa en la vida de la insigne escritora, de la que sabía poco hasta que lo leí y además, de la que nunca he leído nada. Tengo que enmendarlo.

  • Persépolis, Satrapi. Una novela gráfica recomendada por todos, una película famosa y conocida, y además su versión de bolsillo. No pude evitar llevármelo a casa.
  • Novelas, Stefan Zweig. Tenía en mi punto de mira esta edición desde hace mucho tiempo: un conjunto de muchos de sus relatos, entre los que se encuentran Novela de ajedrez o Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Sin embargo, me echaba para atrás el precio. ¿Solución? Que me lo regalaran. ¡Gracias @Castillodnaipes!
  • El abrigo de Proust, Lorenza Foschini. Cortesía de Impedimenta. Quedé prendada de la historia desde que escuché de qué trataba, así que era inevitable que lo acabara leyendo. ¡Además tengo en mente empezar En busca del tiempo perdido!

En inglés…

Goldman y Collins
Goldman y Collins
  • The princess bride, William Goldman. ¡La famosa princesa prometida! ¡La novela en la que se basaron para la famosa película! En fin, creo que no necesita presentación. Personalmente es una historia que habré visto en televisión, como todos, pero de la que apenas recuerdo nada (probablemente la haya visto hace mucho tiempo o bien sólo a parches). Han sido varias las personas que me han recomendado este libro, y desde que Isi la comentó en su blog, aprovechando además el 40 aniversario de su publicación, decidí comprarlo. ¡La edición es muy bonita!

  • Catching fire, Suzanne Collins. La segunda parte de Los juegos del hambre, un libro que me gustó y que invita a leer más. Era cuestión de tiempo que continuara con la trilogía. A ver qué tal.

Por último, un regalo muy especial:

Relojlogo

Un mueble de una conocida marca nórdica, del que me enamoré desde la primera vez que lo vi. Tenía pensado su hueco, qué libros iba a poner y demás. Así que cuando me lo regaló mi hermana no pude menos que sonreír.

Una paradoja hecha mueble: parece como si recordara los minutos que nos quedan, con todo lo que tenemos pendiente por leer. En fin, si achináis los ojos encontraréis mis próximas lecturas. En concreto, en una de las baldas he incluido todos los libros que están en mi propósito de 2013. Mirándome, preguntándome que cuándo les toca el turno… ¡Pronto, pronto!

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los libros que traigo? ¿Qué os parece mi mueble-reloj?

Regresaré en breve. Ahora queda por contar los libros que han caído/caerán en la Feria del Libro.

Namaste.

Autor, Cossé, Literatura

La buena novela, Laurence Cossé

El inicio de La buena novela bien podría pasar por un thriller, una novela de suspense en la que, desde el primer momento se nos plantea un misterioso ataque a los miembros de un Comité. Así, la primera pregunta que se plantea el lector es “¿Quién ataca a los miembros del Comité?” y aún más, “¿Quién compone ese Comité? ¿Con qué fin fue creado?” Cossé empieza arrojando el anzuelo del despiste con el fin de atrapar a un lector presuroso de seguir leyendo, de conocer cuál es la verdad en todo el asunto.

 

Sin embargo, pronto nos damos cuenta que La buena novela no es una novela de intriga. Los personajes echan la vista atrás, con objeto de contarnos cómo se fraguó la idea de la librería, por qué se creó y cómo se hizo. Así nos enteramos que La buena novela es una librería peculiar, una librería que tan sólo vende buenas novelas.

Ivan y Francesca, los propietarios, cansados de leer novelas mediocres surgidas del marketing, deciden iniciar un negocio en el que se establecería una calidad en cada una de sus libros. De este modo deciden que tan sólo venderán libros que perduren en el tiempo, novelas sobresalientes, las que dejan al lector sin aliento, las que se encuentran lejos de las listas de ventas o de los premios literarios pero que merecen un lugar en las estanterías del local. Pero, en este mundo en el que se publican centenares de libros cada año, ¿cómo distinguir las verdaderas joyas de los libros publicados en masa? Esta ardua tarea queda en mano de un Comité de expertos que se desconocen entre sí y que deberán de elegir lo que, a su juicio son los libros más destacados.

Desde este momento el lector disfruta viendo pasar multitud de recomendaciones, autores y tendencias, además de continuar con una trama agridulce en la que, por supuesto La buena novela es acogida con alegría, pero en la que, también, con resentimiento, para todos aquéllos (editores, autores) que no ven sus libros vendidos en la librería. Se plantea en este momento una diatriba entre elitismo-generalidad, muy común en esto de los libros: ¿Quién se considera una autoridad para decidir qué libros están por encima de otros? ¿Qué insinúa la librería, que no todo el mundo puede traspasar sus fronteras? Esto y mucho más se plantea como inicio de un enfrentamiento que conducirá a los ataques que conocíamos en las primeras páginas.

En definitiva, La buena novela es una historia sobre el amor por los libros. Sobre aquéllos lectores que entienden la literatura como algo más que un entretenimiento cualquiera, para aquéllos que ven el acto de leer como parte de su vida, como un pilar fundamental en el que entender su realidad, del que refugiarse cuando están perdidos o al que acudir cuando tienen miedo. Una novela que se lee de una sentada, perfecta para aquéllos que saltan de referencia a referencia literaria, para los que buscan historias de libros.

Una novela interesante, entretenida, que me ha hecho pasar un buen rato, enmarcada además en una cuidadosa edición y traducción. Una delicia.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • La elegancia del erizo, Barbery. Aunque ésta no trata de literatura, sí que genera un debate similar: o gusta o no gusta, sin términos medios. Ambas podrían resultar pretenciosas.
Pros
  • El amor por la lectura que destila el libro. Las recomendaciones.
  • Genera debate: ¿es factible una librería así? ¿Quién puede decir qué tiene y qué no tiene calidad literaria?
Contras
  • La trama falla por determinados puntos: demasiadas casualidades, los personajes no acaban de convencer.
Otras opiniones

Namaste.