Autor, Literatura, Rydahl

El ermitaño, Thomas Rydahl

La novela de Thomas Rydahl que ya os comenté cuando asistí a la presentación del libro, comienza con un accidente de tráfico y un muerto. El protagonista es un taxista danés que lleva bastante tiempo viviendo en Fuerteventura, desde que dejó todo para comenzar una solitaria rutina.

Mi primera impresión no fue buena. No soy demasiado aficionada a los espectáculos gores o desagradables como es el de cogerle el meñique a un muerto para llevarlo en el bolsillo. Llamadme pusilánime, si queréis. Pero si contamos que es el inicio del libro, que el asunto en sí roza el surrealismo y que no encontré fundamentada actuar de ese modo, pues sí, es una forma de intentar llamar la atención del lector, supongo.

El-ermitañoPasado este capítulo, conocemos la vida de Jorgensen, su trabajo diario, su forma de vivir, los motivos por los que huyó de Dinamarca y sus amistades: un chaval rico que prefiere su compañía a la de los niños pijos de su edad (lo normal, vamos).

Además, nuestro protagonista se encontrará de cara con un misterio: el descubrimiento de un bebé en el maletero de un coche abandonado en una playa. Esta es la verdadera trama de la novela, el intento del protagonista por descubrir la verdad del asunto, la defensa de los desvalidos.

Y hasta aquí podéis leer si teníais pensado leer El ermitaño.

Porque, si os digo la verdad, leer El ermitaño ha sido un suplicio, un reto para mi paciencia y una afrenta para mi lista de pendientes. En primer lugar, por su repugnante inicio, que lanza el anzuelo para exclamar aquéllo de ¡Yo no soy como los demás! Efectivamente, no eres como los demás, no eres un bestseller tradicional, eres peor.

El libro se hace aburrido, con un estilo pesado, que lo quiere todo. Esto es: descripciones largas, páginas en las que no ocurre nada, detalles innecesarios… paja y más paja.

Pero ¡ay si nos fijamos en el detalle! Situaciones absurdas e increíbles, comportamientos que pretenden sorprender pero que van en contra de cualquier capacidad de raciocinio… ¡todo regado de diálogos manidos y falsos! Que sí, que lo sabemos: escribir diálogos no es sencillo, pero claro, si eres un escritor danés que recreas conversaciones entre españoles y te lee alguien de la meseta… es fácil que te pillen.

No cuadra, porque España no es Nueva York, porque estamos hartos de escuchar o leer una y otra vez el mismo diálogo que parece sacado de una película de las tardes de Antena 3. Es forzado, no es fluido, se nota la impostura.

– Mira a tu alrededor, Ermitaño. No estás en tu querida wonderful Dinamarca.

Página 306

Pero, claro, es que Rydahl se ha metido en el patatal de recrear una historia en España y de ahí no podía salir sino mal parado… para un hispanohablante es complicado meterse en la historia, porque no sólo la trama es extraña, exagerada y poco plausible, sino que… ¡los personajes tienen nombres raros! ¿Palabras? ¿Quién se apellida Palabras en este país? ¿No valía un Gómez? ¿Un Pérez? ¿Un González?

– Venga ya. Un vehículo sin matricular y que sólo ha hecho cincuenta y un kilómetros. Una chica de Porto, y una puta mierda… ¡Me cago en Dios!

– En esta oficina hay buenos creyentes, debes hablar con respeto, Ermitaño.

Página 93

Personalmente, para mí El ermitaño ha resultado ser una novela con escenografía de croma verde. No he sido capaz de meterme en la historia porque desde el inicio no me la creía: ni los motivos de los personajes, ni las situaciones que se les daban, ni la lógica que exhibían. Para mí eran actores interpretando un papel extraño, ajeno a la realidad, de un mundo que no es este: ni en el tiempo ni el lugar adecuados. Los nombres de los personajes y sus diálogos sólo generaban que me sintiera más y más fuera de la novela, mirando el reloj para contar cuánto quedaba para que terminara la pantomima.

No soy especialista en novela negra, para eso ya está Marta o Aramys… pero sí que sé lo que busco cuando leo una novela del género: una historia que me atrape y sorprenda, con la que quiera leer más, y para ello es necesario que me meta en la trama, que la sienta como propia.

No ha sido el caso.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La sensación de tristeza que trasmite es muy vívida.
Contras
  • Situación y personajes irreales, que parecen de artificio.
  • Los diálogos, por impostados. Demasiada paja.

Namaste.

Fitzgerald, Literatura

La flor azul, Penelope Fitzgerald

¡Aquí estoy de nuevo! ¿Pensabais que me había marchado de vacaciones? ¡Pues no! La realidad es otra: estas semanas estoy leyendo mucho pero lo que no me apetece demasiado es sentarme a escribir reseñas, pero ya va siendo hora, ¡que se me acumulan los libros de los que os quiero hablar!

la-flor-azulEl libro que os traigo hoy es La flor azul, de Penelope Fitzgerald. Si sois habituales por aquí, os habréis dado cuenta de la frecuente aparición de la británica, y es cierto que desde que la Editorial Impedimenta comenzó a publicarla, no hago más que leer los libros que van sacando. Desde La librería, pasando por El inicio de la primavera e Inocencia. Éste es el que me quedaba por leer.

La novela comienza el día de la colada, el momento en el que Jacob Dietmahler llega con su compañero de estudios a la casa de éste. Jacob conoce a partir de ese momento a la familia Hardenberg, con el barón a la cabeza. Aunque inicialmente parece que él es el protagonista, el verdadero personaje principal es Friedrich Von Hardenberg, escritor romántico que queda prendado de Sophie, una joven de cabellos oscuros.

Y es que Fritz existió, por lo que tenemos una biografía novelada, en la que el centro de la historia es La flor azul, el símbolo central del romanticismo, mencionada en la novela desde que conoce a su amada.

Al igual que en sus otras novelas, Fitzgerald despliega una historia aparentemente sencilla para ahondar en temas de la propia sociedad: su forma de vida, los cambios del gobierno, la diferencia entre clases sociales… etc, siempre con el hilo de conexión del poeta Novalis. Más oscura que otras de sus novelas, más recia y amarga, La flor azul es una novela de la que me es difícil contar algo, porque lo que más me ha sugerido han sido sensaciones. El saber, mientras pasaba sus páginas, que esta autora cada vez me gusta más, por el modo que tiene de organizar la historia, de colocar cada capítulo donde tiene que ir para cerrarlo y que todo tenga sentido: que aquél detalle del inicio del libro case a la perfección con el final de la historia.

Como ya he comentado en otras ocasiones, la autora despliega una prosa precisa y elegante a la vez, con lo que con pocas palabras nos envuelve y nos traslada a la Alemania de la época de Novalis.

Cabe incluso, la sátira y los toques humorísticos, donde destaca el personaje de Sidonie.

—¡La ropa! Todavía hace demasiado frío como para desnudarse por la noche. Yo no me desnudo por la noche, ni siquiera en verano, desde hace por lo menos doce años.

—¡Y has tenido ocho hijos! —exclamó Sidonie—. ¡Líbreme Dios de un matrimonio como el tuyo!

Sin embargo, quizá esta novela sea la más oscura de todas las que he leído hasta este momento, ¿quizá por ser la última que escribió? Quién sabe.

Mención aparte merecen los postfacios de las novelas de Fitzgerald. En este caso corre a manos de Terence Dooley, que ayuda a revisar aspectos que podamos haber pasado por alto y analiza los puntos más importantes de la historia.

En definitiva, os recomiendo leer La flor azul, y más aún: si no conocéis a Penelope Fitzgerald os aconsejo escoger cualquiera de sus novelas y comenzar a sumergiros en su universo. Personalmente, y esto no es algo que me suceda con frecuencia, cada vez que termino de leerla, me digo a mí misma: tienes que releer este libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo nos trasporta la autora a la historia.
  • Edición impecable de Impedimenta. Mención de honor al postfacio.
Contras
  • La portada, que no es mi preferida. 😉

Namaste.

Actualidad

Crónica del Ignatius Day

El pasado jueves 9 de julio se celebró en Madrid el Ignatius Day, una jornada que homenajeaba La conjura de los necios, la desopilante novela de John Kennedy Toole.

Los amigos de Casa del Lector consiguieron organizar un programa completo que pude conocer gracias a que me dejaron un comentario en la reseña de la novela (¡gracias, gracias y gracias! ¡Quizá sin el comentario no me habría enterado de la propuesta!).

El Ignatius Day comenzó con un recorrido por la ciudad de Nueva Orleans, verdadera protagonista de la historia. Además se proyectó el documental John Kennedy Toole, The Omega Point, dirigido por Joe Sanford, que no sólo fue su premier sino que acercó a los asistentes a la figura del autor, bastante desconocida para mí.

A continuación, Cory MacLauchlin, autor de la biografía de Toole, Una mariposa en la máquina de escribir, nos relató algunas partes de la vida de neorlandés además de comentar su trabajo de recopilación de datos, las conversaciones y las dificultades para acceder e investigar cada uno de los pasos del autor.

Fotografía de un momento de la conferencia de MacLauchlin, es de https://amvelandia.wordpress.com/
Fotografía de un momento de la conferencia de MacLauchlin, es de https://amvelandia.wordpress.com/

Posteriormente fue Jorge Herralde, editor de Anagrama, el encargado de rememorar cómo consiguió los derechos de la novela en español, allá por 1980, antes de recibir el premio Pulitzer. Las dudas de publicar una desconocida novela de un autor muerto, considerada demasiado larga, fueron vencidas por la fuerza de la historia, así que, a pesar de los iniciales prejuicios la novela se publicó. Y es que no sólo porque se trata de un libro imperecedero y una obra maestra sino que además se vende muy bien: ¡en estas épocas de crisis están vendiendo 15,000 ejemplares al año!

En definitiva, una jornada interesantísima que pudimos disfrutar todos los que abarrotábamos el auditorio, donde además, se regalaban perritos calientes a aquéllos que contestaran bien las preguntas (¡adivinad quién fue una de ellas!) y que cerró la jornada con la actuación de un fantástico grupo de jazz.

Más información: El PaísEl Mundo.

Una celebración estupenda, una buena organización y un muy buen ambiente que ponen de manifiesto que los lectores que no estamos solos, ¡somos legión! Y ahora, si me disculpáis, en nombre de la decencia y el buen gusto, me marcho a leer a Boecio.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (XVIII): Thomas Rydahl

Thomas Rydahl (Aarhus, Dinamarca, 1974): sus inicios literarios comenzaron con los relatos, para debutar con El ermitaño, una novela negra que ha obtenido numerosos premios en Dinamarca, además de haberse traducido a diez idiomas. En estos momentos prepara su segunda novela.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Septiembre rojo, de una autora noruega y Espiritus, la magia del vino. Tengo que reconocer que me gusta leer un libro malo de vez en cuando.

No he podido localizar ninguno de los dos títulos que comentó el autor: el primero por el extraño nombre de la autora y el hecho de que no esté traducido al español y el segundo porque no lo encuentro. En fin, sí que creo que os podéis hacer una idea de los eclécticos intereses de Rydahl.

2.- Un libro que nos recomiendas.

El guardián entre el centeno, J.D. Salinger.

Esperable, uno de esos títulos que suelen recomendar mucho, que entra dentro de los probables. No es uno del que guarde buen recuerdo, la verdad.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Paul Auster, porque me gusta la tonalidad que aporta a sus textos, y Haruki Murakami, por la atmósfera de sus novelas.

Nada nuevo bajo el sol. Entre ambos prefiero a Auster. Aunque creo que ahora mismo atravieso la misma etapa con ambos: la de alejamiento por riesgo de hartazón. He leído a ambos y me han gustado, peeero quizá llegué a leer obras menores o que me convencieron menos, lo que provocó que hace mucho que no he vuelto a leerlos.

Y vosotros, ¿habéis leído El guardián entre el centeno? ¿Sois más de Auster o de Murakami?

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (37): adquisiciones en la Feria del Libro de Madrid

La Feria del Libro de Madrid siempre es un buen momento para acercarse a los puestos, dar una vuelta por el Retiro, y por supuesto, comprar libros. Continuando con la filosofía del año pasado, me armé de valor para aguantar filas y conseguir más firmas que en años anteriores. Aunque, en mi contra, tengo que admitir que todos los libros que me han firmado han sido de nueva adquisición. En definitiva, una tradición que cualquier amante de los libros no puede desaprovechar.

Este año las nuevas compras son:

IMM37

  • Lo contrario de la soledad, Marina Keegan. A raíz de un reportaje publicado en El País, conocí la historia de Keegan, una joven que falleció en un accidente de tráfico, dejando por publicar parte de sus obras, de las que todos hablaban maravillas. Me entró la curiosidad, algo que se materializó cuando me acerqué a una caseta y allí estaba el libro. No tenía pensado comprarlo, la verdad.

  • El honor perdido de Katharina Blum, Heinrich Böll. Anotado en mi libreta hace mucho tiempo, fui a la feria con la idea de que lo publicaba Impedimenta y no Seix Barral. Una vez sacada de mi error, lo compré y lo traje para casa. Es cortito y hablan maravillas de él.

  • Sefarad, Antonio Muñoz Molina. Aprovechando que el autor firmaba en la feria, decidí que era el momento de seguir leyéndole, porque Plenilunio me gustó pero no he vuelto a leer nada de él, así que me llevé también El invierno en Lisboa.

  • Lolito, Ben Brooks. El año pasado hizo furor, y como yo voy a mi (espantoso) ritmo, me decidí a comprarlo ahora. La edición es muy bonita y corre a cargo de Blackie Books.

  • Las hermanas Romanov, Helen Rappaport. El único ensayo de mi lista, le había echado un ojo y después se lo vi a Cargada de Libros, que me lo recordó. Últimamente me estoy animando con los ensayos, de un tipo u otro. Era mi asignatura pendiente, así que estoy contenta.

  • El caso Tuláyev, Víctor Serge. No sé quién ni cuándo me lo recomendó, pero lo tenía apuntado y tenía que comprarlo. Fui con la idea clara de llevármelo a casa, por fin. Edita Capitán Swing.

  • Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre, Belén Barroso (aka Loque). Conseguí ponerle cara a Loque (jamás la llamaré Belén), me firmó el libro y encima me lo llevé a casa. Os iré contando.

  • Un millón de gotas, Víctor del Árbol. Recomendado por la gurú Atram, aprovechando que el autor firmaba lo compré. Me da que lo empezaré dentro de poco, aunque me echa para atrás lo largo que es.

FdL 2015
Servidora con Muñoz Molina, un tipo muy simpático

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los libros que os traigo? ¿Qué os parecieron? ¿Habéis leído a Muñoz Molina? ¿Y Lolito? ¿Sois aficionados a las ferias como ésta? ¿Y si el fin de los dinosaurios fue por una caída estrepitosa de libros?

¡Que levante la mano quien me recomendó El caso Tuláyev!

Namaste.

Literatura

Alguien dice tu nombre, Luis García Montero

Cuando un lector se topa con un autor que le ha encantado es normal que repita y le vuelva a leer. Así que, tras la lectura de Mañana no será lo que Dios quiera, tenía que regresar a García Montero antes o después, para comprobar cómo desarrolla otra trama.

Alguien-dice-tu-nombreAlguien dice tu nombre fue el libro escogido. Situado en la España de los años sesenta, un tiempo gris y aburrido lleno de funcionarios franquistas, León, un joven estudiante, comienza a trabajar como vendedor de enciclopedias en una pequeña empresa del sur del país.

Desde el primer momento al lector se le deja claro de qué trata esta novela, y no es sino de la vida, de la juventud, de la ilusión y de las promesas de futuro. Vamos, de los inicios. Ya en la página 14 encontramos el siguiente fragmento:

El camarero dice que se quedó viudo el diecinueve de abril de mil novecientos sesenta y que desde entonces su vida perdió sentido. Se ha plantado el día de mi santo. Vaya casualidad. Aunque yo prefiero no relacionar esa quietud con la muerte, sino con la falta de vida. No es lo mismo. Los muertos están en los cementerios, rodeados de flores o de olvido. La falta de vida sale todos los días a la calle, va a trabajar o a estudiar, toma café en los bares y se nos mete en el cuerpo a la hora de pensar y de soñar.

Lo que no sabe León es lo que se va a encontrar en el trabajo, no sólo sus compañeros y su jefe, sino la red de contactos que establecerá allá donde va a tratar de colocar los pesados tomos de su enciclopedia. Su táctica, una avasalladora retahíla de demostración sobre las iniciales del cliente. Para muestra, lo intenta con su propio nombre:

Mire usted, Lev Nikolaievich, conde de Tolstoi, señor León, mamífero carnívoro perteneciente a la familia de los félidos, conviene mucho saber que hay otros animales que empiezan por la letra L, como el leopardo, que es también muy fiero, aunque no tenga una melena en la nuca. La L está en nuestro cuerpo a través de los lunares, y en el cielo gracias a la luna, y en la literatura por maestros como Luis de Góngora, como Fray Luis de León, que tiene una doble L en el sosiego de una vida retirada, o como León Tolstoi, usted sin ir más lejos. Y quien dice en la literatura dice en la historia, porque hubo muchos papas que se llamaron León, y muchas reinas que fueron bautizadas como Leonor, y un revolucionario de su mismo país llamado Lenin, y leyendas interesantes que necesita conocer un hombre de letras para que en sus libros aparezcan las tierras africanas de Lesoto, y los palacios de Letonia, y las sequías del Líbano. Para la mala vista nada mejor que unas lentes, para la lectura nocturna una linterna y para la sequía litros y litros del líquido elemento.

¿Qué le voy a decir yo a usted, León? Que esto es un ejercicio propio de lerdos. Un lerdo es como un tonto escrito con L. Una letra maravillosa para pensar en el huevo del piojo llamado liendre, y en la enfermedad llamada lepra, y en la mano manchada de lefa, y en las mentiras que aquí se cuentan sobre la palabra libertad, y en los problemas de limpieza cuando falta el agua, y en la mala suerte de Santiago de Liniers, que fue un marino francés del siglo XVIII, tuvo la infeliz ocurrencia de hacerse español y acabó fusilado en el Río de la Plata. ¿Qué quiere que le diga? Que no me resisto a quedarme aquí, en este piso de estudiante abandonado, y que ahora mismo me voy a la calle.

(Página 40)

Si bien en el fragmento anterior el autor acude a su tradicional prosa poética, notamos que en general, el tono es bien diferente: gana la prosa, la trama y su desarrollo, en detrimento de metáforas y adjetivos. Nada que ver con Mañana no será lo que Dios quiera.

En el plano de la trama, tenemos una relación amorosa previsible y que me ha recordado demasiado a El lector, de Bernhard Schlink. El tono, la diferencia de edad, incluso las actividades que realizaban (la recurrente opción por la ducha, enmarcada esta vez en un momento de sequía estival) no me han dejado abstraerme para disfrutar de los capítulos en los que aparecía la pareja. Más bien me daba la sensación de estar viendo a El lector reloaded, una mezcla entre la historia del alemán con aspectos españoles y clichés varios.

En cuanto a la trama subyacente, que se desvela al final de la novela, no me pareció esperable (como me comentó María, que había leído decir a otros blogueros), aunque tampoco me pareció que le diera demasiado empaque a la historia en sí. Creo que no era necesario que todo estuviera hilado por algún motivo, pero me temo que la voluntad del autor era que, gracias a ese golpe de efecto, todo lo demás trascendiera y pusiera en valor el resto de detalles.

Sin embargo, tengo que reconocer que me ha gustado el tono juvenil acorde con su narrador, la visión de la fuerza por querer hacerlo todo a la vez, la sensación de querer comerse el mundo y de que su momento ha llegado.

A Consuelo tengo que explicarle que resulta absurdo sacrificar las tardes próximas por el día de mañana. Necesito atracar el banco del tiempo, transformarme en un ladrón profesional para vivir la vida sin perder un segundo.

En definitiva, una historia entretenida, pero de la que esperaba bastante más. En general creo que es un buen acercamiento a la obra novelística de García Montero, pero mis expectativas eran otras. No puedo evitar recordarme a mí misma, cuando colocaba el marcapáginas al terminar un capítulo, ladeando la cabeza y diciendo psé. Y eso es una mala señal.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El lector, Bernhard Schlink. (Si omitimos muchas tramas adyacentes)

Pros

  • La fuerza juvenil que desprende.

Contras

  • La previsibilidad de la trama amorosa.

 Namaste.

Autor, Bolaño, Literatura

2666, Roberto Bolaño

Cuando compré este libro no conocía tanto la obra de Bolaño como para lanzarme a leerlo directamente. Un lector me recomendó que leyera primero Los detectives salvajes, y así lo hice. Tras continuar leyendo al chileno, tenía claro que ya era hora de ponerme con 2666, así que empecé a leerlo.

2666_selloSe da la circunstancia que el coche de uno de mis vecinos tiene matrícula 2666. Cada vez que salía de mi casa, aparcado de manera casual, notaba que los dígitos bailaban y me preguntaban, desde su armazón de chapa y pintura, por qué motivo no me embarcaba en tamaña lectura. ¿Acaso tenía miedo?

¿Miedo yo? ¡Claro que no! Si bien es cierto que una no puede sino sentir respeto hacia un libro tan idolatrado, y tan largo como es este.

Tras leer unas cientos de páginas, Gancedo me comentó por twitter que me recomendaba no leerlo todo de golpe y seguido. El motivo es bien simple: Bolaño planeaba vender cada una de las cinco partes por separado, pero sus editores decidieron después juntarlas en un mismo volumen debido a la relación de su trama. De nuevo, le hice caso. Me alegro mucho. No olvidemos que 2666 se trata de una novela de más de mil páginas.

Como decía antes, 2666 se divide en cinco partes, la primera de las cuales es la parte de los críticos. La más liviana, quizá por ser la primera. Nos presenta a los críticos que coinciden investigado al poeta Archimboldi: Pelletier, Morini, Espinoza y Norton se conocen y comienzan una relación profesional que les llevará a seguir la pista del alemán más allá de Europa.

La leyó, le gustó, buscó en la biblioteca de su college más libros del alemán de nombre italiano y encontró dos: uno de ellos era el que ya había leído en Berlín, el otro era Bitzius. La lectura de este último sí que la hizo salir corriendo. En el patio cuadriculado llovía, el cielo cuadriculado parecía el rictus de un robot o de un dios hecho a nuestra semejanza, en el pasto del parque las oblicuas gotas de lluvia se deslizaban hacia arriba, después la oblicuas (gotas) se convertían en circulares (gotas) que eran tragadas por la tierra que sostenía el pasto, el pasto y la tierra parecían hablar, no, hablar no, discutir, y sus palabras ininteligibles era como telarañas cristalizadas o brevísimos vómitos cristalizados, un crujido apenas audible, como si Norton en lugar de té aquella tarde hubiera bebido una infusión de peyote.

Pero la verdad es que sólo había bebido té y que se sentía abrumada, como si una voz le hubiera repetido en el oído una oración terrible, cuyas palabras se fueron desdibujando a medida que se alejaba del college y la lluvia le mojaba la falda gris y las rodillas huesudas y los hermosos tobillos y poca cosa más, pues Liz Norton antes de salir corriendo a través del parque no había olvidado coger su paraguas.

(Página 23)

La segunda parte es la de Amalfitano, uno de los profesores de la universidad de Santa Teresa con el que coinciden los críticos. La tercera, la de Fate, un periodista que va a cubrir un combate de boxeo.

Estas tres partes son linealmente más constantes, rápidas y ágiles, recuerdan a muchas otras historias cortas de Bolaño. No son excesivamente largas y se pueden leer de corrido.

No hay amistad, dijo la voz, no hay amor, no hay épica, no hay poesía lírica que no sea un gorgoteo o un gorjeo de egoístas, trino de tramposos, borbollón de traidores, burbujeo de arribistas, gorgorito de maricones.

(Página 268)

Cuando llegamos a la página 450 llega el verdadero hueso de 2666: la parte de los crímenes, la descripción de la muerte de las mujeres acaecida en Santa Teresa. Más de 350 páginas de asesinatos y descripciones, sin diálogos y sin (aparentemente) hilo conductor. Paciencia, amigo lector, no dejes de leer. En mi caso, algunas semanas apenas avanzaba 10 páginas. Lo importante es seguir leyendo, porque aquí y allá nos encontramos con fragmentos como estos:

Siempre hay que hacer preguntas, y siempre hay que preguntarse el porqué de nuestras propias preguntas. ¿Y sabes por qué? Porque nuestras preguntas, al primer descuido, nos dirigen hacia lugares hacia donde no queremos ir. ¿Puedes ver el meollo del asunto? Nuestras preguntas son, por definición, sospechosas. Pero necesitamos hacerlas. Y eso es lo más jodido de todo. Así es la vida.

(Página 553)

O este:

¿Usted cree que el nombre sea el destino? No, dijo Sergio, y más me vale que no lo crea. ¿Por qué?, suspiró sin curiosidad la diputada. Tengo un nombre común y corriente, dijo Sergio mirando las gafas negras de su anfitriona. Durante un momento la diputada se llevó las manos a la cabeza, como si tuviera jaqueca. ¿Quiere que le diga una cosa? Todos los nombres son comunes y corrientes, todos son vulgares. Llamarse Kelly o llamarse Luz María en el fondo es lo mismo. Todos los nombres se desvanecen. Eso tendrían que enseñárselo a los niños desde la primaria. Pero nos da miedo hacerlo.

(Página 755)

Llegar a la quinta y última parte es encontrarse con la historia de Archimboldi, la de Hans Reiter o el niño alga. Porque después de enumerar crímenes, Bolaño se saca de la manga la historia de la disgregación de Prusia, de los combates de la Segunda Guerra Mundial, del hijo de la tuerta y el cojo, una historia muy diferente a las que hemos leído anteriormente.

¿Qué es, por tanto, 2666? Una novela global, la llaman. ¿Qué carajo significa eso? Que cabe todo. Que tenemos amor, exilio, la tradicional búsqueda bolañesca de un poeta, pero también la soledad y desazón, la violencia y los crímenes, tanto a este como al otro lado del Atlántico. Cabe la lección de historia, la aridez de la tierra de México pero también la soledad del terreno prusiano, el amor de una madre, las historias del Bronx o la vida en la cárcel.

2666 es una zona de arenas movedizas. Ves el charco, pisas la tierra y te hundes hasta la médula, te revuelves y acabas más dentro, sepultado por palabras y palabras, por personajes unidos por distintos motivos, hasta acabar debajo de una historia grande, sublime, fantástica. Una de esas historias que te erizan la piel, aquéllas que consiguen que se te llenen los ojos de lágrimas al llegar al final, al aprehender la complejidad de la historia, al sentirse más solo y más triste que antes de leerlo. Un libro superlativo, exagerado, brutal.

Y sí, obviamente uno querría tragar menos tierra, sentirse un poco más seguro, pisar algo de terreno firme, o sentirse menos mareado. Pero, considero, es el coste que hay que pagar por querer conocer una de las novelas más famosas de la literatura. Un novelón.

Uno de esos libros con los que uno sabe que no es el mismo lector que comenzó a leerlo. Una historia que, una vez asimilada, consigue que se erice la piel.

Pobre lector el que decida comenzar a leerlo. Y pobre lector el que jamás lo intente.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Cómo se unen las historias. La diferencia de temas y lugares, personajes y tramas.

Contras

  • La parte de los crímenes se hace pesada. Ayuda leerlo poco a poco.

 Namaste.

IMM, Literatura

IMM (36)

Con un poquito de retraso os traigo las penúltimas incorporaciones a mis estanterías:

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  • Trilogía de Alejandría, Lawrence Durrell. Tras comentarlo en varias ocasiones en el Café Literario, me entraron unas ganas tremendas de leerlo. En una visita a una librería, al ver que la edición era de Edhasa, me terminó de convencer. Se compone de cuatro novelas: Justine, Balthazar, Mountolive y Clea. Últimamente estoy leyendo bastante sobre la Segunda Guerra Mundial así que de momento tendrá que esperar.

  • The picture of Dorian Gray, Oscar Wilde. Lo leí en castellano y anhelaba poseer esta preciosa edición. Me habría llevado todos y cada uno de ellos, pero al final me contuve. Coincidiendo con mi cumpleaños, @castillodnaipes me lo regaló. Así que ahí está, junto con la misma edición de Great expectations.

  • The silkworm, Robert Galbraith. No pensaba comprar esta novela, pero cuando llegué a la librería Bertrand de Lisboa decidí que tenía que llevarme un libro de recuerdo. Como libros en castellano escaseaban, me decanté por uno en inglés, y fue éste el escogido. Mi segundo propósito era ponerme las pilas con el Reto de Isi de leer en inglés. Tengo que admitir que no lo he conseguido.

  • Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. La idea de hacerme con una copia de mi adorado libro preferido me ha rondado los últimos meses. Casualmente mi biblioteca cercana lo tenía de expurgo, así que me lo llevé, aunque no es la edición que yo hubiera adquirido no me voy a poner a quejarme. El caso es tenerlo en el estante.

Por el momento esto es todo, aunque tengo más libros que enseñaros. Y mucho me temo que la pila aumentará coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid.

Tengo que confesar que además estoy atravesando una racha poco lectora. No sé si será la primavera, la alergia o el hecho de que haya concatenado varias lecturas flojillas, pero cuando me siento no leo demasiado. Espero que se me pase, a ver si alguno de los libros que tengo guardados para emergencias me ayuda…

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los libros que os traigo? ¿Tenéis épocas de sequías lectoras? ¿Cómo solucionáis las crisis lectoras? ¿Tenéis, como yo, algún autor para emergencias?

Namaste.

Aniversario

Seis años, seis

Hace seis años y un día decidí empezar con este blog. Tuve una idea feliz que se materializó cuando le dí a “publicar” a la primera entrada de este espacio.

Es curioso cómo se nos quedan las fechas marcadas en la mente, porque para mí, el 23 de mayo es mi cumpleblog, algo de lo que acordarme, algo que celebrar.

¿Necesitamos realmente festejar el nacimiento de un espacio? ¿Tener un Día del Libro acaso nos hace mejor lectores? ¿Vivimos mejor por celebrar un cumpleaños? Pues no necesariamente. Pero siempre viene bien echar la vista atrás, recordar el camino seguido, ver en perspectiva lo pasado.

Quizá tengamos tendencia a focalizarnos en el futuro, pero a fin de cuentas lo de atrás nos indica mucho de nosotros mismos.

Y lo que dice de mí es que este año he cumplido 30 años pero no me ha dado tiempo a leer mis lecturas del reto; que cada año celebro el Día del Libro como una fiesta, un motivo para leer con más ahínco, y que cumplo seis años en este espacio, un blog de La hierba roja llamado así en honor a mi libro favorito de Boris Vian.

Un espacio que no es otro que el reflejo de mis opiniones y lecturas, con entradas más (o menos) regulares, con cosas a mejorar. Pero a fin de cuentas, MI ESPACIO. El lugar en el que decido qué y cómo se publica, en el que cuento lo que me da la gana y cómo me da la gana.

Si dejara de ser eso, si estuviera obligada de algún modo a publicar con una periodicidad determinada, a decir algo que no quiero o a enmascarar alguna opinión, dejaría de ser mi espacio para convertirse en otra cosa. En un recuerdo de lo que me habría gustado que fuera.

A fin de cuentas, algo me ha quedado claro en estos seis años: que hay que ser fiel a uno mismo. Que en un momento puntual podemos sonreír cuando no lo sentimos, lanzar una mentira piadosa para evitar un evento incómodo, callarnos lo que tenemos en la punta de la lengua. Pero no podemos hacer eso todos los días de nuestra vida. Ni es sano ni recomendable.

Total, que soy honesta y os confieso que me gusta celebrar el Día del Libro y que recuerdo el 23 de mayo de 2009 con cariño. Porque a fin de cuentas iniciar un nuevo proyecto o una nueva actividad siempre nos genera ilusión. Por aprender, por hacer las cosas bien y por conocer algo más del tema.

Y como la ilusión no es algo que nos sobre, mejor aprovechamos todas y cada una de las fechas que nos hacen esbozar una sonrisa, que nos recuerdan aquél día que comenzamos la andadura.

Aunque también os digo a los que no os convezca mi argumento: que ayer fue mi sexto aniversario y lo celebro porque me da la gana.

Namaste.

Autor, Literatura, Schlink

El lector, Bernhard Schlink

Hoy os traigo uno de esos libros que compramos porque todo el mundo los recomienda pero que después han de esperar meses y años hasta que son finalmente leídos. Lo compré hace mucho, mucho tiempo a Lady Boheme, y desde entonces esperaba paciente en la estantería.

Hace poco decidí que se iba a colar en mis siguientes libros y aprovechando que es corto lo leí rápidamente.

el_lector_selloEl lector narra la historia de Michael Berg, un adolescente que mantiene una relación amorosa con una mujer mucho mayor que él. Posteriormente, los caminos de ambos se vuelven a cruzar en una situación totalmente diferente. De este modo Michael puede responder a alguna de las dudas que le inundaban los recuerdos. Las cosas que parecían ilógicas se muestran ahora racionales.

Uno de los temas principales en la novela es, ya lo dice el título, la lectura. Michael lee historias a Hanna, grandes novelas o pequeñas historias. Pero por encima del amor a la lectura y de las referencias literarias, en El lector aparecen otros temas como el deseo, la incertidumbre y la traición.

Con una historia aparentemente sencilla, Schlink consigue dotar a los personajes y a la relación que les une de mucho empaque, añadiendo otras cuestiones a su (inicialmente) simple historia de amor.

El alemán es un autor inteligente, que sabe utilizar las palabras y los silencios de un modo muy equilibrado, donde lo simple se torna en complejo si lo vemos desde otro punto de vista. Para ello, juega con las percepciones y los recuerdos, aprovechando la inocencia de un joven que no necesita analizar su relación con Hanna.

Posteriormente, y no quiero contar de más, todo se torna claro bajo la luz del sol. Entra entonces en juego la culpa y la valoración moral de actos pasados que juzgamos desde la posición del ahora.

Ya por entonces, cuando me llamaba la atención ese aturdimiento, y especialmente el hecho de que no afectara sólo a los criminales y a las víctimas, sino también a nosotros (…) cuando comparaba entre sí a los criminales, las víctimas, los muertos, los vivos, los supervivientes y los nacidos más tarde, no me sentía bien, ni me siento bien ahora tampoco. ¿Es lícito hacer tales comparaciones?

(…)

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque e que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin?

(Páginas 98 y 99)

En definitiva, El lector es un libro muy recomendable. Schlink es uno de esos autores a los que no hay que perder de vista. Un acierto siempre que se escoge algo de él. Sin duda, continuaré conociendo su obra.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El fin de semana, Bernhard Schlink.

  • No puedo evitar que Schlink me recuerde a Auster. ¿Sólo me ocurre a mí?

Pros

  • El uso de los silencios, la importancia de saber qué contar y qué no.

Contras

  • El inicio, que se me ha hecho abrupto.

 Namaste.