Autor, Bolaño, Literatura

2666, Roberto Bolaño

Cuando compré este libro no conocía tanto la obra de Bolaño como para lanzarme a leerlo directamente. Un lector me recomendó que leyera primero Los detectives salvajes, y así lo hice. Tras continuar leyendo al chileno, tenía claro que ya era hora de ponerme con 2666, así que empecé a leerlo.

2666_selloSe da la circunstancia que el coche de uno de mis vecinos tiene matrícula 2666. Cada vez que salía de mi casa, aparcado de manera casual, notaba que los dígitos bailaban y me preguntaban, desde su armazón de chapa y pintura, por qué motivo no me embarcaba en tamaña lectura. ¿Acaso tenía miedo?

¿Miedo yo? ¡Claro que no! Si bien es cierto que una no puede sino sentir respeto hacia un libro tan idolatrado, y tan largo como es este.

Tras leer unas cientos de páginas, Gancedo me comentó por twitter que me recomendaba no leerlo todo de golpe y seguido. El motivo es bien simple: Bolaño planeaba vender cada una de las cinco partes por separado, pero sus editores decidieron después juntarlas en un mismo volumen debido a la relación de su trama. De nuevo, le hice caso. Me alegro mucho. No olvidemos que 2666 se trata de una novela de más de mil páginas.

Como decía antes, 2666 se divide en cinco partes, la primera de las cuales es la parte de los críticos. La más liviana, quizá por ser la primera. Nos presenta a los críticos que coinciden investigado al poeta Archimboldi: Pelletier, Morini, Espinoza y Norton se conocen y comienzan una relación profesional que les llevará a seguir la pista del alemán más allá de Europa.

La leyó, le gustó, buscó en la biblioteca de su college más libros del alemán de nombre italiano y encontró dos: uno de ellos era el que ya había leído en Berlín, el otro era Bitzius. La lectura de este último sí que la hizo salir corriendo. En el patio cuadriculado llovía, el cielo cuadriculado parecía el rictus de un robot o de un dios hecho a nuestra semejanza, en el pasto del parque las oblicuas gotas de lluvia se deslizaban hacia arriba, después la oblicuas (gotas) se convertían en circulares (gotas) que eran tragadas por la tierra que sostenía el pasto, el pasto y la tierra parecían hablar, no, hablar no, discutir, y sus palabras ininteligibles era como telarañas cristalizadas o brevísimos vómitos cristalizados, un crujido apenas audible, como si Norton en lugar de té aquella tarde hubiera bebido una infusión de peyote.

Pero la verdad es que sólo había bebido té y que se sentía abrumada, como si una voz le hubiera repetido en el oído una oración terrible, cuyas palabras se fueron desdibujando a medida que se alejaba del college y la lluvia le mojaba la falda gris y las rodillas huesudas y los hermosos tobillos y poca cosa más, pues Liz Norton antes de salir corriendo a través del parque no había olvidado coger su paraguas.

(Página 23)

La segunda parte es la de Amalfitano, uno de los profesores de la universidad de Santa Teresa con el que coinciden los críticos. La tercera, la de Fate, un periodista que va a cubrir un combate de boxeo.

Estas tres partes son linealmente más constantes, rápidas y ágiles, recuerdan a muchas otras historias cortas de Bolaño. No son excesivamente largas y se pueden leer de corrido.

No hay amistad, dijo la voz, no hay amor, no hay épica, no hay poesía lírica que no sea un gorgoteo o un gorjeo de egoístas, trino de tramposos, borbollón de traidores, burbujeo de arribistas, gorgorito de maricones.

(Página 268)

Cuando llegamos a la página 450 llega el verdadero hueso de 2666: la parte de los crímenes, la descripción de la muerte de las mujeres acaecida en Santa Teresa. Más de 350 páginas de asesinatos y descripciones, sin diálogos y sin (aparentemente) hilo conductor. Paciencia, amigo lector, no dejes de leer. En mi caso, algunas semanas apenas avanzaba 10 páginas. Lo importante es seguir leyendo, porque aquí y allá nos encontramos con fragmentos como estos:

Siempre hay que hacer preguntas, y siempre hay que preguntarse el porqué de nuestras propias preguntas. ¿Y sabes por qué? Porque nuestras preguntas, al primer descuido, nos dirigen hacia lugares hacia donde no queremos ir. ¿Puedes ver el meollo del asunto? Nuestras preguntas son, por definición, sospechosas. Pero necesitamos hacerlas. Y eso es lo más jodido de todo. Así es la vida.

(Página 553)

O este:

¿Usted cree que el nombre sea el destino? No, dijo Sergio, y más me vale que no lo crea. ¿Por qué?, suspiró sin curiosidad la diputada. Tengo un nombre común y corriente, dijo Sergio mirando las gafas negras de su anfitriona. Durante un momento la diputada se llevó las manos a la cabeza, como si tuviera jaqueca. ¿Quiere que le diga una cosa? Todos los nombres son comunes y corrientes, todos son vulgares. Llamarse Kelly o llamarse Luz María en el fondo es lo mismo. Todos los nombres se desvanecen. Eso tendrían que enseñárselo a los niños desde la primaria. Pero nos da miedo hacerlo.

(Página 755)

Llegar a la quinta y última parte es encontrarse con la historia de Archimboldi, la de Hans Reiter o el niño alga. Porque después de enumerar crímenes, Bolaño se saca de la manga la historia de la disgregación de Prusia, de los combates de la Segunda Guerra Mundial, del hijo de la tuerta y el cojo, una historia muy diferente a las que hemos leído anteriormente.

¿Qué es, por tanto, 2666? Una novela global, la llaman. ¿Qué carajo significa eso? Que cabe todo. Que tenemos amor, exilio, la tradicional búsqueda bolañesca de un poeta, pero también la soledad y desazón, la violencia y los crímenes, tanto a este como al otro lado del Atlántico. Cabe la lección de historia, la aridez de la tierra de México pero también la soledad del terreno prusiano, el amor de una madre, las historias del Bronx o la vida en la cárcel.

2666 es una zona de arenas movedizas. Ves el charco, pisas la tierra y te hundes hasta la médula, te revuelves y acabas más dentro, sepultado por palabras y palabras, por personajes unidos por distintos motivos, hasta acabar debajo de una historia grande, sublime, fantástica. Una de esas historias que te erizan la piel, aquéllas que consiguen que se te llenen los ojos de lágrimas al llegar al final, al aprehender la complejidad de la historia, al sentirse más solo y más triste que antes de leerlo. Un libro superlativo, exagerado, brutal.

Y sí, obviamente uno querría tragar menos tierra, sentirse un poco más seguro, pisar algo de terreno firme, o sentirse menos mareado. Pero, considero, es el coste que hay que pagar por querer conocer una de las novelas más famosas de la literatura. Un novelón.

Uno de esos libros con los que uno sabe que no es el mismo lector que comenzó a leerlo. Una historia que, una vez asimilada, consigue que se erice la piel.

Pobre lector el que decida comenzar a leerlo. Y pobre lector el que jamás lo intente.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Cómo se unen las historias. La diferencia de temas y lugares, personajes y tramas.

Contras

  • La parte de los crímenes se hace pesada. Ayuda leerlo poco a poco.

 Namaste.

IMM, Literatura

IMM (36)

Con un poquito de retraso os traigo las penúltimas incorporaciones a mis estanterías:

IMM36_sello

  • Trilogía de Alejandría, Lawrence Durrell. Tras comentarlo en varias ocasiones en el Café Literario, me entraron unas ganas tremendas de leerlo. En una visita a una librería, al ver que la edición era de Edhasa, me terminó de convencer. Se compone de cuatro novelas: Justine, Balthazar, Mountolive y Clea. Últimamente estoy leyendo bastante sobre la Segunda Guerra Mundial así que de momento tendrá que esperar.

  • The picture of Dorian Gray, Oscar Wilde. Lo leí en castellano y anhelaba poseer esta preciosa edición. Me habría llevado todos y cada uno de ellos, pero al final me contuve. Coincidiendo con mi cumpleaños, @castillodnaipes me lo regaló. Así que ahí está, junto con la misma edición de Great expectations.

  • The silkworm, Robert Galbraith. No pensaba comprar esta novela, pero cuando llegué a la librería Bertrand de Lisboa decidí que tenía que llevarme un libro de recuerdo. Como libros en castellano escaseaban, me decanté por uno en inglés, y fue éste el escogido. Mi segundo propósito era ponerme las pilas con el Reto de Isi de leer en inglés. Tengo que admitir que no lo he conseguido.

  • Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. La idea de hacerme con una copia de mi adorado libro preferido me ha rondado los últimos meses. Casualmente mi biblioteca cercana lo tenía de expurgo, así que me lo llevé, aunque no es la edición que yo hubiera adquirido no me voy a poner a quejarme. El caso es tenerlo en el estante.

Por el momento esto es todo, aunque tengo más libros que enseñaros. Y mucho me temo que la pila aumentará coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid.

Tengo que confesar que además estoy atravesando una racha poco lectora. No sé si será la primavera, la alergia o el hecho de que haya concatenado varias lecturas flojillas, pero cuando me siento no leo demasiado. Espero que se me pase, a ver si alguno de los libros que tengo guardados para emergencias me ayuda…

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los libros que os traigo? ¿Tenéis épocas de sequías lectoras? ¿Cómo solucionáis las crisis lectoras? ¿Tenéis, como yo, algún autor para emergencias?

Namaste.

Aniversario

Seis años, seis

Hace seis años y un día decidí empezar con este blog. Tuve una idea feliz que se materializó cuando le dí a “publicar” a la primera entrada de este espacio.

Es curioso cómo se nos quedan las fechas marcadas en la mente, porque para mí, el 23 de mayo es mi cumpleblog, algo de lo que acordarme, algo que celebrar.

¿Necesitamos realmente festejar el nacimiento de un espacio? ¿Tener un Día del Libro acaso nos hace mejor lectores? ¿Vivimos mejor por celebrar un cumpleaños? Pues no necesariamente. Pero siempre viene bien echar la vista atrás, recordar el camino seguido, ver en perspectiva lo pasado.

Quizá tengamos tendencia a focalizarnos en el futuro, pero a fin de cuentas lo de atrás nos indica mucho de nosotros mismos.

Y lo que dice de mí es que este año he cumplido 30 años pero no me ha dado tiempo a leer mis lecturas del reto; que cada año celebro el Día del Libro como una fiesta, un motivo para leer con más ahínco, y que cumplo seis años en este espacio, un blog de La hierba roja llamado así en honor a mi libro favorito de Boris Vian.

Un espacio que no es otro que el reflejo de mis opiniones y lecturas, con entradas más (o menos) regulares, con cosas a mejorar. Pero a fin de cuentas, MI ESPACIO. El lugar en el que decido qué y cómo se publica, en el que cuento lo que me da la gana y cómo me da la gana.

Si dejara de ser eso, si estuviera obligada de algún modo a publicar con una periodicidad determinada, a decir algo que no quiero o a enmascarar alguna opinión, dejaría de ser mi espacio para convertirse en otra cosa. En un recuerdo de lo que me habría gustado que fuera.

A fin de cuentas, algo me ha quedado claro en estos seis años: que hay que ser fiel a uno mismo. Que en un momento puntual podemos sonreír cuando no lo sentimos, lanzar una mentira piadosa para evitar un evento incómodo, callarnos lo que tenemos en la punta de la lengua. Pero no podemos hacer eso todos los días de nuestra vida. Ni es sano ni recomendable.

Total, que soy honesta y os confieso que me gusta celebrar el Día del Libro y que recuerdo el 23 de mayo de 2009 con cariño. Porque a fin de cuentas iniciar un nuevo proyecto o una nueva actividad siempre nos genera ilusión. Por aprender, por hacer las cosas bien y por conocer algo más del tema.

Y como la ilusión no es algo que nos sobre, mejor aprovechamos todas y cada una de las fechas que nos hacen esbozar una sonrisa, que nos recuerdan aquél día que comenzamos la andadura.

Aunque también os digo a los que no os convezca mi argumento: que ayer fue mi sexto aniversario y lo celebro porque me da la gana.

Namaste.

Autor, Literatura, Schlink

El lector, Bernhard Schlink

Hoy os traigo uno de esos libros que compramos porque todo el mundo los recomienda pero que después han de esperar meses y años hasta que son finalmente leídos. Lo compré hace mucho, mucho tiempo a Lady Boheme, y desde entonces esperaba paciente en la estantería.

Hace poco decidí que se iba a colar en mis siguientes libros y aprovechando que es corto lo leí rápidamente.

el_lector_selloEl lector narra la historia de Michael Berg, un adolescente que mantiene una relación amorosa con una mujer mucho mayor que él. Posteriormente, los caminos de ambos se vuelven a cruzar en una situación totalmente diferente. De este modo Michael puede responder a alguna de las dudas que le inundaban los recuerdos. Las cosas que parecían ilógicas se muestran ahora racionales.

Uno de los temas principales en la novela es, ya lo dice el título, la lectura. Michael lee historias a Hanna, grandes novelas o pequeñas historias. Pero por encima del amor a la lectura y de las referencias literarias, en El lector aparecen otros temas como el deseo, la incertidumbre y la traición.

Con una historia aparentemente sencilla, Schlink consigue dotar a los personajes y a la relación que les une de mucho empaque, añadiendo otras cuestiones a su (inicialmente) simple historia de amor.

El alemán es un autor inteligente, que sabe utilizar las palabras y los silencios de un modo muy equilibrado, donde lo simple se torna en complejo si lo vemos desde otro punto de vista. Para ello, juega con las percepciones y los recuerdos, aprovechando la inocencia de un joven que no necesita analizar su relación con Hanna.

Posteriormente, y no quiero contar de más, todo se torna claro bajo la luz del sol. Entra entonces en juego la culpa y la valoración moral de actos pasados que juzgamos desde la posición del ahora.

Ya por entonces, cuando me llamaba la atención ese aturdimiento, y especialmente el hecho de que no afectara sólo a los criminales y a las víctimas, sino también a nosotros (…) cuando comparaba entre sí a los criminales, las víctimas, los muertos, los vivos, los supervivientes y los nacidos más tarde, no me sentía bien, ni me siento bien ahora tampoco. ¿Es lícito hacer tales comparaciones?

(…)

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque e que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin?

(Páginas 98 y 99)

En definitiva, El lector es un libro muy recomendable. Schlink es uno de esos autores a los que no hay que perder de vista. Un acierto siempre que se escoge algo de él. Sin duda, continuaré conociendo su obra.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El fin de semana, Bernhard Schlink.

  • No puedo evitar que Schlink me recuerde a Auster. ¿Sólo me ocurre a mí?

Pros

  • El uso de los silencios, la importancia de saber qué contar y qué no.

Contras

  • El inicio, que se me ha hecho abrupto.

 Namaste.

Actualidad, Literaria, Presentaciones

Presentación de «El ermitaño», de Thomas Rydahl

Con motivo de la presentación de la novela El ermitaño, del danés Thomas Rydahl, la editorial Destino organizó un encuentro bloguero que tuvo lugar ayer en Madrid.

Situado en la isla de Fuerteventura, el protagonista es Erhard, un solitario taxista que se enfrenta a un misterio que pretende resolver. No cuento más. Para más información os remito a la página web, donde encontraréis la sinopsis y el book trailer.

Aunque no conocía el libro ni al autor, y a pesar de que últimamente estoy bastante desligada de la novela negra, decidí conocer de cerca algo más sobre esta historia.

Rydahl es un autor que ha conseguido el éxito con su primera novela, recibiendo el premio a la mejor novela danesa del año, además de conseguir su traducción a 10 idiomas distintos.

invitación-Madrid-12-mayo-2015 (1)

Con estos antecedentes, en el encuentro nos encontramos un autor cercano, que nos explicó muchas cosas, tanto su proceso de escritura (en el que destaca cómo a día de hoy sigue compaginando su trabajo con la escritura), así como el origen de la novela o el carácter de su peculiar protagonista.

Rydahl es un tipo cercano, que admite no leer demasiada novela negra, interesado por la psicología y los vinos, que reconoció escribir desde la alegría, al contrario que otros escritores que lo hacen desde el dolor.

Es cierto que en la novela hay añoranza y miedo generado desde el pasado, pero pasa un poco como en la vida, que tenemos períodos con alegría pura y otros muy difíciles.

En definitiva, un rato agradable rodeada de gente que habla de libros. Qué más se puede pedir. Pues sí, pido más: por ejemplo, desvirtualizar a María, de De todo un poco y terminar la tarde hablando de más libros…

Muchas gracias a la editorial por invitarme a este evento.

Namaste.

Autor, Forsythe Hailey, Literatura

Una mujer de recursos, Elizabeth Forsythe Hailey

Cuando abrí el buzón y leí la sinopsis de Una mujer de recursos, de Elizabeth Forsythe Hailey publicada por Libros del Asteroide, no pude sino tener un prejuicio: que no me iba a gustar por las novelas epistolares no son para mí, que lo más probable era que me costara leerla.

Una-mujer-de-recursosLa historia que nos cuenta Una mujer de recursos está inspirada en la vida de la abuela de la autora. La primera carta data de 1899, cuando una jovencísima Bess Steed escribe a su compañero de juegos, el que después sería su marido.

A partir de este momento, se suceden las cartas, en las que en primer lugar están llenas de alegrías, ilusiones y buenas noticias, para después incluir otras cartas trágicas y duras.

Con cada una de las cartas que se incluyen, la información que se aporta y la que se silencia, comprobamos cómo la inocente y recién casada Bess evoluciona poco a poco hasta convertirse en una mujer fuerte, con las ideas muy claras. Aunque en determinados momentos no veamos directamente este cambio, ya sea porque la protagonista está más centrada en negocios o en la crianza de sus hijos, hacia el final del libro vemos la imagen completa.

Por favor, no te tomes esta confesión como una falta de de gratitud para tu constante preocupación, pero no puedo esperar que tú me devuelvas el sentido de la identidad, que tan mermado tengo ahora: el amor propio viene de dentro, no de fuera.

Y así, poco a poco, carta a carta y año a año, aquélla Bess se convierte en madre y abuela, en una mujer que rememora su historia, las tristezas y alegrías.

El poder de la memoria es que conserva las imágenes intactas, aunque el tiempo las deslustre un tanto.

Llegados a este punto, tras varias sorpresas y mazazos, mi prejuicio volvió a aparecer para susurrarme al oído que la autora no iba a ser capaz de conseguir un buen final, que no iba a ser fácil cerrar la historia.

De nuevo me equivoqué. Entre otras cosas por el despliegue de la autora en las últimas páginas, consigue un esplendoroso final al mostrarnos cómo Bess afronta sus últimos años, la valoración de su vida, la importancia de la independencia, la libertad y el conocimiento. Esas ilusiones que le acompañan hasta su muerte, por conocer, ver y aprender.

Una vez alcanzada la madurez física, el proceso natural no nos permite seguir creciendo. Sólo el individuo puede crecer, cobrar relieve y enriquecerse con un esfuerzo de voluntad y de imaginación. Si no se le opone resistencia, la vida sólo resta. He dejado de creer que un individuo pueda cambiar el destino de otros por mucho que los ame, pero no renunciaré a la responsabilidad de mi propia vida hasta el día en que me muera.

En conclusión: Una mujer de recursos es una delicia de libro, ameno e interesante, divertido y doloroso a veces, con sorpresas y con un gran cierre. El hecho de que sea una novela epistolar no hace sino darle más dinamismo al libro, acelerar cuando conviene y ralentizar en ocasiones.

Una historia que me ha gustado mucho y que os recomiendo encarecidamente a todos.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La evolución de la protagonista.

Contras

  • Segunda Guerra Mundial va en mayúsculas. Siempre.

 Namaste.

Autor, Literatura, Pynchon

La subasta del lote 49, Thomas Pynchon

Mi primer Pynchon. No es baladí comenzar a leer un autor tan renombrado como este.

lote49Tengo que reconocer que llevo varios días dándole vueltas a la cabeza a lo que podría contar de esta historia. Entre otras cosas, porque es el tipo de libro que una vez finalizado dan ganas de volverlo a leer, precisamente porque al terminar uno se queda con la sensación de que se ha perdido en el intrigado argumento, que ha perdido el hilo o que no ha comprendido la totalidad de lo leído.

En fin, mejor empiezo por el principio. La subasta del lote 49 es un libro pequeño, corto, de menos de 200 páginas. Además la letra es bastante grande para la edición del libro.

En las primeras líneas ya se nos presenta la protagonista de la historia: Edipa Maas, una mujer a la que se le ha nombrado albacea de la herencia de un millonario. Hasta aquí, bien. La señora Maas deja su casa y su ciudad para comenzar un viaje en el que se irá cruzando con gente variopinta, donde le asaltarán misterios y extrañas coincidencias.

– Si es que no me entendéis -dijo Driblette exasperándose-. Sois como los puritanos con la Biblia. Fanáticos de la literalidad. Tú sabes dónde está la obra, ¿verdad? No está en el archivador, ni en el libro que buscas, sino -salió una mano del vaporoso sudario de la dicha y señaló la cabeza suspendida en el aire- aquí dentro. Para eso estoy yo. Para dar corporeidad al espíritu. ¿A quién le importan las palabras? Son ruidos mecánicos para apoyar el ritmo de los versos, para penetrar en la barrera ósea de la memoria de un actor, ¿no? Pero la realidad está en esta cabeza. La mía. Yo soy el proyector del planetario, todo el cerrado microcosmos que se ve en el círculo del escenario sale de mi boca, de mis ojos y a veces también de otros orificios.

Lo de menos, quizá, sea el misterio de R.E.S.T.O.S. o el verdadero pasado del finado. Lo verdaderamente destacable es el estilo de Pynchon, abundante en referencias culturales, citas, películas, metáforas y simbolismo. Cada párrafo es un golpe en el rostro del lector, por lo que aturulla y noquea, por toda la información que acarrea cada una de las palabras escogidas.

Y sin embargo, no es un ejercicio de demostración como el que a veces leemos en otras novelas. Pynchon no necesita demostrar que sabe mucho, que lee mucho, que conoce mucho. Porque le basta y sobra una frase para dejar tiritando al lector que no sabe lo que se le viene encima. Otros, los rimbombantes, demuestran y exageran en cada línea. Pynchon es capaz de dejar el exceso de palabras a un lado y añadir múltiples recursos, como el humor, la sátira y la absurdez de determinadas situaciones (el episodio del sexo con el abogado o la recurrrente aparición de Los Paranoides) para ligar un estilo serio con un contenido extraño.

Extraño, es la palabra. Porque la historia desorienta, la trama es compleja, discontinua, aparece y desaparece hasta que no sabemos adónde quiere llegar. Pero no importa, porque aunque a día de hoy no tenga claro si me ha gustado o no, sí que queda claro que la demostración de calidad del autor y su inteligencia van por delante. Que a Pynchon hay que leerle, aunque yo no me sienta preparada para él.

Siempre nos quedará cantar, como Los Paranoides, con la melodía de Adeste fideles

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco

Os hemos, ciudá-danos, birlado un bá-arco…

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El despliegue de referencias, estilo y al mismo tiempo que el autor sea capaz de incluir humor y sátira. Completísimo.

Contras

  • Compleja lectura y difícil de seguir la trama.

 Namaste.

Actualidad, Literaria

Feliz Día del Libro

Leer, parafraseando a un autor, es un acto íntimo, de relación entre el lector y la historia. Pero también según la situación del lector. Y es que no somos los mismos lectores cuando leemos por primera vez que cuando releemos, del mismo modo que no somos la misma persona hoy que hace 10 años.

Leer, añado yo, es un acto tan íntimo que al igual que un viaje recordamos la historia como parte de nuestra memoria y recuerdos. Por eso, igual que en mi memoria recuerdo Lisboa con luz y calor y toneladas de hachís, recuerdo Grazalema lluviosa y Ciudad Real con mosquitos. Esa fuerza es el poder evocador de un libro, la asombrosa capacidad de trasladarnos al momento en el que leíamos una historia.

Tan es así, que en mi memoria veo el primer libro que cogí de una biblioteca, cuando aún no sabía leer. Un libro con ruedas y forma de automóvil, al que yo hacía rodar por encima de una mesa. Recuerdo la omnipresente presencia de mi hermana, que me llevaba en sus visitas a la biblioteca, de aquéllos peldaños de piedra que me parecían enormes, del aire que se respiraba allí.

Me viene a la cabeza la imagen de la pequeña y febril Laura que trataba de leer Gallinas supergallinas, un libro de gallinas revolucionarias que me pareció absurdo entonces y que siguió pareciéndome absurdo cuando fui capaz de terminarlo una vez superada la fiebre.

Posteriormente me veo con doce años, esquelética y con ortodoncia, preguntándole a mi madre si podía gastarme mi asignación semanal en libros. Mi universo se revolucionó, como comenta Atram, cuando empecé a pararme en la sección de libros de unos grandes almacenes cada vez que asistía al dentista. Esperaba con inesperada ilusión las citas al dentista, pues sabía que después aprovecharíamos para hacer la compra. Y así iba palpando cada libro, ahorrando cada peseta para ir gastándome las 495 pesetas en los ejemplares de la colección de Agatha Christie.

Después, el inevitable paso de libros de infantil a adultos. La sensación de ir a ciegas, de que hubiera muchas opciones y no saber qué escoger. De nuevo, la guía de mi hermana indicándome por dónde tirar. Los regalos de mis padres, libros en Navidad, en el cumpleaños, libros en verano. Siempre libros.

Recuerdo tener un examen de literatura y no poderlo estudiar porque necesitaba terminar el libro del Capitán Alatriste que entonces tenía entre manos.

También que mi primer libro normal en inglés fue Animal Farm, la fantástica novela de Orwell, que me dejó obnubilada y que he releído varias veces.

Ya en la época universitaria, recuerdo en qué línea de metro me encontraba cuando terminé las líneas de La hierba roja, de Boris Vian, mientras trataba de aguantar las lágrimas que se me escapaban.

Veo, como si estuviera en ella, el tipo de silla en el que estaba sentada mientras leía el inicio de El ruido y la furia de Faulkner, o la habitación de hotel mientras terminaba Fin de Monteagudo. La lluvia en el cristal del coche mientras leía a Modiano o el calor de Toledo al terminar Del amor y otros demonios, de García Márquez.

Eso es leer. Leer no es una afición, no es una actividad que hacemos dos días por semana o quince días en agosto. Algunos lectores no leemos para entretenernos. Leemos porque no entendemos la vida sin un libro en la mano. Porque forma parte de nuestra esencia, de lo que somos como personas. Leer no es una moda. Es una forma de vida.

Sigamos leyendo.

Feliz Día del Libro.

Namaste.

Autor, Cercas, Literatura

El impostor, Javier Cercas

Conocí este libro, el último de Javier Cercas, gracias al programa Página 2. Reconozco que no veo demasiado el programa porque me genera unas enormes ganas de comprar todo lo que comentan, lo cual produce estragos en mi economía.

Total, además de verlo en televisión, durante un tiempo asistimos a una programada campaña de márketing en la que El impostor se presentaba como la historia definitiva, una de las que había que leer el año pasado. Por entonces, decidí comprarlo.

Os ofrezco, en exclusiva, la receta del éxito de El impostor. Los ingredientes son los siguientes:

  1. Citar a los grandes de la literatura, en particular Faulkner, por ejemplo: el pasado no pasa nunca, es sólo una parte del presente. Primo Levi también sirve.

  2. Referencias a historias de no ficción famosas en la literatura: A sangre fría de Truman Capote es una buena opción.

  3. Obligatorio mencionar El Quijote. Si hay una comparación con el protagonista, mejor que mejor. Todo el mundo sabe que si algo se puede comparar al Quijote es bueno. Si no, es que no has buscado demasiado, porque la clave es la siguiente: TODO SE PUEDE COMPARAR CON EL QUIJOTE.

  4. Recalcar el aspecto de no ficción de la historia. Incluir, si es necesario, comentarios sobre esposas, hijos y situaciones domésticas.

  5. Repetir, repetir y repetir los puntos 1, 2 y 3. Para que todo quede bien clarito.

  6. Para desdecirse lo expuesto en el punto 4, añadir una conversación imaginaria que tira por tierra lo de no ficción.

  7. Perdonar, SÍ, olvidar, NO. Como mantra.

Comenzamos explicando la intrahistoria: explicando bien por qué no se quiere contar lo que se va a contar. Añadir la bibliografía del autor si es necesario. Que el lector sepa que está leyendo a uno de los grandes. Para reforzar esta imagen, añadir párrafos de 1.

El-impostor-selloDespués, contar, como si de una biografía cualquiera se tratara, los orígenes de Enric Marco, el protagonista de la historia. Un señor que fue capaz de hacerse pasar por superviviente del Holocausto hasta que 40 años después se le desenmascara. A partir de aquí, añadimos los ingredientes 1, 2 y 3 para posteriormente seguir con el 5 y el 4.

Añadimos saltos temporales, podemos empezar con su nacimiento pero rápidamente nos movemos a otros frentes, añadir una pizca de 1, 5 y 7. Salpimentar con 4.

Cuando lo tenemos todo bien mezclando, añadimos el toque final: 6. Servir con 1, 3 y 5, al gusto.

En definitiva, ¿qué es El impostor? Una historia de no ficción fragmentada, repetitiva, soporífera y absolutamente prescindible. Una buena historia real que se podría haber contado en cien páginas, que peca de repetición desde la primera línea por algo que menciona Cercas: que él no pretendía escribir una novela, sino un reportaje periodístico. Así que, para aprovechar el trabajo ya hecho, seleccionó los artículos que ya tenía y los unió por medio de recursos repetitivos, citas literarias y comparaciones absurdas para conformar una especie de conglomerado que se tambalea desde el principio.

Se consigue lo imposible: aburrir a un lector que simplemente quiere conocer la historia, que no necesita saber dónde come Cercas, las crisis existenciales de su hijo o en qué piso vive. Para culminar esta desfachatez lo termina con un diálogo con el propio Marco que es imaginación del autor. En un libro del que proclama mil veces que es de NO FICCIÓN.

En mi caso, recordaré El impostor por un libro que he mascado en muchas ocasiones. Porque me han dolido los 22,50 euros que me he gastado en el libro. Porque he tenido la constante sensación de que Cercas trata al lector por tonto. Porque he invertido un tiempo que no necesitaba. Y sobre todo por rabia, porque la historia me atraía lo suficiente como para acercarme a ella, y con la mitad de la mitad ya habría colmado mi curiosidad.

En fin, sobre este libro hay comentarios de todo tipo. Os dejo la reseña de Bartleby, como positiva pero equilibrada, y la de La medicina de Tongoy, que incluye párrafos del libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • A sangre fría, Truman Capote. (¡JA!)

Pros

  • La historia de Marco, jugosa y real.

Contras

  • Repetitivo hasta la saciedad.
  • Sobran páginas. 300, más o menos.

 Namaste.

IMM, Libros, Literatura, Malpaso, Novelas

IMM (35)

Aquí os dejo las últimas adquisiciones que han llegado a mi biblioteca.

IMM_35_sello (1)

  • Una mujer de recursos, Elisabeth Forsythe-Hailey. Envío por sorpresa de la editorial Libros del Asteroide. Presa de un prejuicio como otro cualquiera, pensé que no me iba a gustar porque las novelas epistolares no son lo mío. Me equivoqué de cabo a rabo. En breve la reseña.
  • La subasta del lote 49, Thomas Pynchon. Recomendación recurrente de blogueros, lectores y escritores. Ya me tocaba leer a Pynchon, y decidí que fuera con este titulo.
  • El levante, Mircea Cărtărescu. Como ya sabéis, soy una incondicional del autor rumano, así que no pude evitar comprarlo, y más si viene con una portada y edición tan cuidada como la de Impedimenta.
  • La inconcebible aventura del hombre que fue otro, Manou Fuentes. Envío de Malpaso. No tengo referencias de él, ¿alguno de vosotros lo ha leído?

Y vosotros, ¿habéis leído a Pynchon? ¿Qué me recomendáis de él? ¿Os gustan las novelas epistolares?

¡Felices lecturas!

Namaste,